Archivo de la categoría: Quienes Somos

Comisión Directiva (Período 2016-2018)

Guilherme de Alencar Pinto (Presidente)
Gonzalo Palermo (Vicepresidente)
Mariángel Solomita (Secretaria)
Agustín Acevedo Kanopa (Tesorero)
Christian Font (Vocal)

Comisión Fiscal
Diego Faraone
Rodolfo Santullo
Yamandú Marichal

Suplentes

Andrés Caro Berta

Sebastián Sánchez

Juan Andrés Ferreira

Mathías Dávalos

Nicolás Tabárez

Pablo Staricco

Gonzalo Curbelo

PAGINA WEB

Diseño
Andrea Rodríguez

Editor general
Sergio Moreira

Colaboradores habituales

HUGO ACEVEDO

GUILHERME DE ALENCAR PINTO
MATHIAS DAVALOS
PABLO DELUCIS
PAULA MONTES
SERGIO MOREIRA
ALVARO SANJURJO TOUCON
ANDRÉS VARTABEDIAN

 

Comisión Directiva (Período 2014-2016)

Sergio Moreira (Presidente)
Agustín Acevedo Kanopa (Vicepresidente)
Mariangel Solomita (Secretaria)
Alberto Postiglioni (Tesorero)
Leonardo Abete (Vocal)

Suplentes
Jorge Gatti
Miguel Blanco
Martín Reyes
Diego Faraone
Christian Font

Comisión Fiscal
Guilherme de Alencar Pinto
Pablo Delucis
Yamandú Marichal

Suplentes de Comisión Fiscal
Sebastián Sánchez
Mathías Dávalos
María José Olivera

PAGINA WEB

Diseño y mantenimiento
PABLO BORCHE

Editor general
SERGIO MOREIRA

Colaboradores habituales

LEONARDO ABETE
AGUSTIN ACEVEDO KANOPA
GUILHERME DE ALENCAR PINTO
EDUARDO ALVARIZA
ANDRES CARO BERTA
MATHIAS DAVALOS
PABLO DELUCIS
ANALIA FILOSI
PAULA MONTES
SERGIO MOREIRA
ALVARO SANJURJO TOUCON
MARIANGEL SOLOMITA
GUILLERMO ZAPIOLA
DIEGO FARAONE
ROSALBA OXANDABARAT
FERNÁN CISNERO
GONZALO PALERMO

René Arturo Despouey Genio y figura (Ángeles Blanco)

Por Ángeles Blanco (*)

René Arturo Despouey Casamayou nació en Montevideo el 29 de setiembre de 1909. Fue conferencista, crítico, periodista, escritor, dramaturgo y actor; un talento inusual que supo adquirir diversas formas. Desde Cine Radio Actualidad, su firma estampó las brillantes notas que lo consagrarían como padre de la crítica cinematográfica nacional. Orador excepcional, de desbordante cultura y atuendo extravagante, su pluma y su conducta desafiaron los recatados códigos de los años treinta. “Si la película no me transmite una idea u emoción, no me importa”, solía decir. Emoción para crear, y emoción para vivir; una imperiosa necesidad expresiva que envolvió sus textos, su imagen, y hasta las cartas que desde el extranjero, enviaba a sus amigos.

Su vida fue una auténtica novela. Todo comienza en la casa del comerciante Juan Arturo Despouey y su esposa, María de las Mercedes Casamayou, ubicada en la calle Orillas del Plata N° 857. Fue el segundo de tres hijos, y un niño talentoso, capaz de leer a Homero con tan sólo seis años. Esta verdadera pasión literaria marcó su vida y su obra, aún bajo los rigores de la actividad periodística. Un sinnúmero de referencias y de citas literarias pueden poblar uno sólo de sus artículos: “Se ha repetido así, con una obra de esta época —con un espectáculo, una serie de imágenes que ha de suponerse de alcance fugaz en el recuerdo— el fenómeno producido con ‘Don Quijote’, espejo de la vida, libro eterno, capaz de todas las interpretaciones y de todas las iluminaciones.” (“Para un análisis de Tiempos Modernos”, Cine Actualidad, Montevideo, 29 de mayo de 1936). Dueño de un excelente dominio del inglés y del francés, se vio a sí mismo como un “europeo trasplantado”, noción que en la primavera de 1942 motivaría su autoexilio en el viejo continente. Antes de ello, en su capítulo montevideano, tuvo Despouey bailes de carnaval en el Teatro Solís,  visitas familiares a Buenos Aires, charlas infinitas en el Tupí Nambá, y un fuerte vínculo con el Instituto Cultural Anglo Uruguayo. Su vida social y cultural fue intensa, un gran escenario a escala real. Por allí paseó su figura de dandy irreverente, cita obligada en estrenos, tertulias y conciertos.

En 1927, un Despouey aún adolescente publica su primera novela, Santuario de extravagancias. Esbozo de crítica social, la obra descubre esa relación un tanto áspera del autor con su sociedad: “…las risas con que mucha gentuza de todas las clases sociales de Montevideo habían saludado su entrada en la adolescencia, su timidez, su tartamudez, y luego sus flores en el ojal, su bombín requintado, la insolencia de su testa siempre echada para atrás”, escribiría en su Quijote 44, novela autobiográfica, inédita, que confirma esa rispidez entre Despouey y un entorno en el que ciertamente no sintió cabida, pero en el que, curiosamente, supo acumular fervientes admiradores. La paradoja del rechazo y del elogio sufrida en su tierra, entonces, aviva el recuerdo de otro transgresor, Oscar Wilde. Ingenio en la charla y excentricidad de conducta fueron constantes en la vida de ambos. Poco después, en 1930, Despouey vuelve a publicar una novela: Episodio (Film literario). El cine desde la literatura, o la literatura desde el cine, Episodio es un anticipo de la reflexión que Despouey realizaría sobre el séptimo arte con una seriedad y un profesionalismo sin precedentes. Fue en El Nacional precisamente, donde comienzan los primeros pasos en esa reflexión.

Cine Radio Actualidad

Por los años treinta, el cine continúa siendo un espectáculo de masas. Sólo unos pocos, entre ellos Despouey, se atreven a entenderlo como arte. Es así como en 1936, con la fundación de Cine Actualidad, se abre un capítulo nuevo en su carrera, y en el ambiente cultural nacional. Pocas semanas después, la revista pasaría a llamarse Cine Radio Actualidad, nombre extraído de un programa radial dirigido por Emilio Dominoni, donde en cierta ocasión, Despouey hacía gala de su prodigiosa memoria recitando el Romancero Gitano de García Lorca. Tanto Despouey como Dominoni coinciden entonces en la necesidad de una revista especializada en cine, que se concreta en Cine Actualidad. Lo que sigue a ese encuentro, ya es historia.

Por ese entonces, Despouey también se ganaba la vida como encargado de biblioteca en ANCAP. Sus zapateos y las representaciones de personajes realizadas para sus compañeros, eran motivo de alboroto colectivo. En toda circunstancia planeaba el humor agudo, de puntas irónicas, presente en sus artículos y hasta en las risotadas que desde alguna platea montevideana, supieron incomodar a la concurrencia. Acompañando el desenfado, la imperiosa vocación de actor: en las reuniones, en el cine, en el trabajo… puro histrionismo a flor de piel. La fascinación por Don Quijote, cita obligada en sus artículos y conferencias, fue algo más que una referencia. Él mismo, en ocasiones, se compararía con el célebre hidalgo manchego: “¡El cine! Para aquel Quijote montevideano la ‘fábrica de sueños’ había sido lo mismo que los libros de caballerías para Don Alonso Quijano el bueno: materia que enciende el cerebelo y proyecta fuertemente al hombre fuera de su realidad municipal.” (“Larga noche de Londres”, Quijote 44).

Conviviendo con el escritor, el orador por naturaleza. Si bien en la charla Despouey solía tartamudear, sus conferencias sobre cine fueron ejemplo de elocuencia y retórica perfectas. Curiosa paradoja. Así lo recuerda Alsina Thevenet, amigo y discípulo de Despouey: “Hablando contigo, tartamudeaba, pero cuando daba una conferencia hababa perfectamente. Además, sacaba la conferencia de memoria. Era un tipo prodigioso. La dimensión que transmitía, reviviendo un texto, es una de las cosas que me han deslumbrado en la vida”.

Para muchos, es en las críticas de cine y teatro donde el talento de Despouey brilló con mayor fuerza. Toda una generación de críticos le toma como modelo, y lo consagra como su maestro: “… fue un maestro (…) con el ejemplo notorio de sus conocimientos, con el volumen de sus textos, con la inverosímil fluidez de su estilo, con la honestidad y hasta la intransigencia de sus juicios sobre cine y teatro, que podían ser personalísimos, como lo eran su vestimenta y su manera de hablar” (Alsina Thevenet).

Explicar la crítica de Despouey, implica detenerse en ciertos rasgos característicos. El primero de ellos, una extraordinaria cultura. “Era un hombre muy culto. (…) Como no tenía muchos recursos, caminaba desde la Unión hasta el SODRE, con su chaleco de seda… notable personaje, se privaba de otras cosas, para poder participar en una vida cultural de la cual él mismo formaba parte”, recuerda su amigo Mario Trajtenberg. El segundo, la sólida fundamentación de ideas y comentarios: “…un día yo estaba en la revista, y entra él con un libraco bajo el brazo sobre la vida de Rembrandt, ¿por qué tenía que leer la vida de Rembrandt? Porque quería ver la película de Rembrandt, de estreno inminente. Y fue desde ese momento que pensé, caramba, no alcanza con ver cine, hay que documentarse” (Alsina Thevenet).

Claro que sin ingenio y sensibilidad, la fórmula no hubiese surtido efecto: “Él tenía una virtud de sensibilidad; sabía dónde estaba el centro de la emoción (…) Yo creo recordar que el  mismo día en Cine Radio, podía criticar Muelle de las Brumas, y al mismo tiempo, Blancanieves y los Siete Enanitos, y en cada caso escribir lo que correspondía. Además, tenía ingenio,  mucho ingenio” (Alsina Thevenet). En 1940 Despouey deja Cine Radio Actualidad. Pero ya en 1939, goza de una connotada reputación como crítico y conferencista. No es raro que Marcha, poco antes de su partida, captara ese talento.

El último dandy

Alto, apuesto, de rostro anguloso y bigotito, su presencia en estrenos y conciertos impactaba con los detalles de un cuidado atuendo: polainas y guantes claros, chaleco blanco solapado, bastón, saco ribeteado muy entallado, sobretodo con cuello de piel o de terciopelo, y galera. Por sobre todas las cosas, Despouey fue un espíritu crítico que supo desnudar, a través de sus escritos o vestimenta, la inmadurez de una sociedad atada a las apariencias. Modos tan personales en el actuar y en el vestir, levantaron comentarios sobre una posible homosexualidad. En su Quijote 44, sin embargo, Despouey recordaría con nostalgia las románticas aventuras que lo vincularan a varias mujeres en el Río de la Plata. Fiel a su propia interpretación del amor, escribiría: …“El crítico agazapado dentro de él le decía que ser feliz en el amor le costaba a cualquiera el rendir su yo, vale decir, vivir en perpetua angustia: la máxima de las contradicciones de la vida…” (“Larga noche de Londres”, Quijote 44). El gran complemento llegó con Luz Escalona, su inseparable compañera, una andaluza de carácter abierto y vivaz, con quien se casó en Europa.

El adiós a Montevideo

 …“Sí… Una copa para despedirnos… Al fin me voy de Montevideo ¡Al fin…! A Europa, a Londres”… (citado por Ángel Curotto en el suplemento dominical de El Día, 26 de febrero de 1984). Así se despedía Despouey de su grupo de amigos una tarde de 1942, en la Confitería Americana.  El adiós a una ciudad pequeña, al encierro de ANCAP —“que tantas horas robó a mi talento”— y a una sociedad con la cual, en definitiva, nunca armonizó. Resulta interesante observar que, mientras los europeos seguían buscando la tranquilidad de nuestro suelo, Despouey se empeñara en probar suerte en el Viejo Mundo. Nueva  paradoja, y la convicción de un destino a la medida de su talento.

“Cuando anunció que se iba, le hicimos una despedida. El viaje era muy curioso, en un barco de guerra, camuflado, sin fecha firme de partida. Tenía que tener la valija pronta, y cuando le avisaran por teléfono, se iba al puerto. Estábamos en guerra, y el espionaje alemán existía. En esos términos, tenía que salir, y en esos términos, Despouey me dijo: ‘me voy hoy de tarde a las siete’. Fuimos con Hugo Alfaro, Hugo Rocha, yo, y alguno más.‘Mi último abrazo, y buen viaje a Londres’, le dije, y se fue en un barco que no tenía ni nombre”. (Alsina Thevenet). De ese viaje, no habría regreso, excepto en breves ocasiones durante enero del 1954, y en alguna fecha imprecisa entre las décadas del cincuenta y sesenta.

A través del Concejo Británico, Despouey viaja a Londres con una beca para realizar estudios de lengua inglesa. A pesar de las restricciones impuestas por la guerra, sabe disfrutar de aquella ciudad tantas veces recorrida desde los libros o el cine. Una serie de contactos personales es la llave para ser admitido en la BBC de Londres. Es así como dirige e interpreta una recordada versión radial de Don Quijote, la cual le valiera el prestigio internacional, y que años más tarde significaría su incorporación a la UNESCO, dirigiendo la  versión española de El Correo. Concluida la guerra, un acontecimiento sería determinante en su vida y en su trabajo.

En una de sus visitas a Montevideo durante la década del cincuenta, Despouey es consultado por Marcha sobre cine. Al respecto, recuerda Trajtenberg: “… no me quiso decir cuál era su película preferida; él ya no quería hablar de cine. Me dijo que desde que había entrado en los campos de concentración nazis, en el año ’45 —él participó, como funcionario de las Naciones Unidas, de una avanzada que abrió los campos de concentración alemanes— no quería hablar más de ese tema”. “Quedé inutilizado —o una expresión así— para hacer crítica cinematográfica”.  Los mismos ojos que vieron el horror absoluto, ya no podrían volver a ver la Belleza. Poco a poco, el idilio iba llegando a su fin: …“No le costó mucho olvidar The Palm Beach Story, la película de la noche anterior. Más cine era todo lo que él estaba viviendo. Ahora sabía él lo que Hollywood no quería saber, y en 1942 menos que nunca: que en el mundo empezaba a reventar una visión nueva de la vida” (“Larga noche de Londres”, Quijote 44).

En Montevideo, la magia de la pantalla fue un refugio. En Europa ya estaba en ese mundo; el cine era la vida real. A partir de entonces, concentrar toda la energía en el teatro fue su gran empresa, hasta el final. No obstante las interminables gestiones, sus comedias nunca se llevaron a escena. Sólo una, Puerto, fue estrenada hacia 1941 en el Teatro 18 de Julio de Montevideo, con una muy buena recepción del público y la prensa. Despouey escribió la obra, la dirigió, y hasta actuó en uno de sus papeles. En 1966, dirigida por Eduardo Schinca, se subió a escena una traducción hecha por Despouey de La escuela del escándalo, de Sheridan. Durante dos meses en cartel, la obra fue un éxito que le motivó a escribir obras como Yo soy la morocha, y Bienvenida a Buenos Aires. Otras obras de su autoría son también Adiós a la carne, y Zaraza para la Banda Oriental. En sus últimas cartas, hablaba de una nueva comedia titulada Drole de Pétrin.

Una imagen difusa

Luego de su partida hacia Europa, el recuerdo de Despouey para los montevideanos se fue borrando lentamente. Sus breves retornos al Uruguay y la escasa mención en los medios masivos, envolvieron su nombre en un injusto olvido. En los años sesenta, sale a la luz una novela de Carlos Martínez Moreno, El Paredón. La identificación de uno de los personajes del libro, Menárquez, con Despouey, aumentó aún más el clima de tensión desatado por la propia trama del libro. Pero como lo señalara Rodríguez Monegal en su Literatura uruguaya del medio siglo: … “Menárquez es sólo la parte exterior, absurda, barroca, de Arturo Despouey y no contiene nada de la cálida entraña y la angustia del ser vivo. Una caricatura no es un retrato”.

Una  de las tantas cartas  enviadas a su amigo Hugo Rocha, fechada el 27 de setiembre de 1976, da testimonio de la última paradoja que envolvió su vida. “De mí vale más no hablar. Un tratamiento de speech therapy ha servido para indicarme la extensión y profundidad de la atrofia de músculos de lengua y garganta. Una terrible sensación de impotencia, de estar tullido e inservible por el resto de mis días ha seguido a las clases (…). Proceso largo, me repiten.¿Cuán largo?¿Dos, cinco años? A los sesenta y siete cumplidos el miércoles pasado, 29 de setiembre, esos plazos parecen directamente emparentados con la muerte”.

La contradicción de un hombre que de la comunicación hizo una forma de vida. Aquella imperiosa necesidad expresiva volcada en la palabra y en los gestos inconfundibles de una avasallante personalidad, era amordazada en un cuerpo incapaz de respuesta. Es así que en Jaén, pueblo de su esposa Luz, fallece Despouey la mañana del 5 de setiembre de 1982. Le restaban pocos días para cumplir 73 años. Suyo es el honor de haber escrito un capítulo memorable del periodismo cultural nacional.

(*) Publicado originalmente en El País Cultural, Nro. 752, como extracto de una monografía académica sobre la vida y la obra de Arturo Despouey.

Nombres para el recuerdo

La siguiente lista en estricto orden alfabético incluye los nombres de quienes ejercieron la crítica cinematográfica en Uruguay. 
Si algún atento lector encontrase alguna ausencia flagrante o un error en los medios de prensa que aparecen citados, agradeceríamos nos lo haga saber de inmediato. 

Abbondanza, Jorge (El Ciudadano, El País, Nuevo Film, Cinemateca Revista)
Alfaro, Hugo R. (El País, Marcha)
Alsina Thevenet, Homero (Cine Radio Actualidad, Marcha, Film, El País, Cinemateca Revista)
Alvarez, José Carlos (La Mañana, revistas Cine Club, Cuadernos de Cine Club)
Alvariza Mantero, Eduardo (revista Cine Club)
Andrade, Milton (Cuadernos de Cine Club, La Mañana, El Diario)
Andreón, Roberto (Acción, El País, Nuevo Film, Cinemateca Revista)
Arteaga, Jorge Angel (Marcha, Acción, BP Color, radios Ariel, El Espectador)
Arroyo, Carlos (Izquierda, Acción, Cuadernos de Cine Club)
Batista Sierra, Wilson (Radio Centenario)
Beceiro, Ildefonso (La Tribuna Popular, Montecarlo TV, Últimas Noticias)
Benedetti, Mario (Marcha, La Tribuna Popular)
Beretche Gutiérrez, Pedro (El Bien Público)
Bergeret, Bernardo (El Plata)
Berlangeri, Carlos (Extra)
Billotto, Dardo (El País)
Blanco Pongibove, Gastón (El Plata, Film, Nuevo Film)
Borrat, Héctor (Marcha, El Bien Público, radio Ariel)
Botet, Jaime Francisco (Cine Universitario, codirector de Film)
Brogno, Jorge (Teledoce, Nuevo Film)
Burel, Jorge (Opción)
Capozzoli, Omero (Justicia)
Caro Berta, Andrés (CX 26 Sodre, Diario Cambio de Salto)
Castellanos, Alfredo (El Bien Público)
Castiglioni, Juan Carlos(Acción, El Día)
Concari, Héctor (Opción)
Costa,
Jaime E. (Cine Universitario, Cinemateca Revista, C X 44, Últimas Noticias)
Cravea, Julio R.(El Día)
Darino, Eduardo(Extra, Tribuna)
Dassori Barthet, Walther(Fundador de Cinemateca Uruguaya, Epoca)
De Arteaga, Eduardo (revista Cine Club)
De Arteaga, Julio(revista Cine Club, El Diario)
Dell’Acqua, Pierluigi(Epoca)
Despouey, René Arturo(El Nacional, cofundador de CRA, Marcha)
Dominoni Font, Roberto(cofundador y director de CRA)
Echegoyen, Maruja(El Plata, El Bien Público)
Elbert, Luis(Cine Universitario, Epoca, Nuevo Film, Ya!, El Eco, La Hora, Cinemateca Revista, Opinar)
Fernández, Gualberto(Acción)
Fernández, Mario César (Marcha, Acción)
Ferreira Aldunate, Wilson(Marcha, El País)
Gadea, Raúl(Cuadernos de Cine Club, Marcha)
García Otero, Francisco (CRA como El Diablo Cojuelo)
Grompone, Antonio J.(Cine Club, La Mañana, emisoras del Sodre)
Gutiérrez, Carlos María(Marcha)
Hintz, Eugenio(Cine Club, Cuadernos de Cine Club, Justicia)
Irigoyen, Oribe(Justicia, El Popular)
Kmaid, Iván (El País, Canal 10)
Jacob, Mario(El Popular, Hechos)
Jiménez de Aréchaga, Eduardo (CRA)
Jiménez, Wilfredo(CRA)
Lacalle, Carlos(El Bien Público)
Lagomarsino, Alfredo(La Razón)
Larreta, Antonio(Film, El País)
Marichal, Yamandú (BP Color, radios Nacional y Carve)
Martínez Carril, Manuel(Cuadernos de Cine Club, La Mañana, El Popular, Izquierda, Última Hora, El Eco, Cinemateca Revista, etc.)
Melzer, Ronald (Brecha),
Mercier, Lucien (Marcha)
Mérica, Ramón(El País)
Migdal, Alicia (El Día, Cinemateca Revista)
Montaldo, J.A. (La Razón)
Mosteiro, Luciano (CRA, Acción)
Moreno, Julio L.(Film, Marcha)
Müller, Mauricio (Marcha como Verdoux)
Navarro, Marita(Teledoce, El Día, radio Nacional)
Navarro, R.(El Debate)
Oroño, Carlos R.(El Popular, CX 42)
Panzera, Raúl (Carve, El Espectador, El Tiempo, Universal, Emisoras del Sodre, Oriental, Canal 4, Canal 5, Canal 10, Canal 12)
Pares, Mario(La Razón)
Paz, María del Carmen(La Mañana, El Diario)
Percivale, Andrés(El Día)
Pérez del Castillo, Daniel(El Bien Público)
Pignataro Calero, Jorge(Epoca, La Mañana, El Diario)
Pollero, Enrique(El Bien Público)
Ponce de León, Julio C.(El Bien Público)
Podestá, Beatriz (El País)
Podestá, José María(Uruguay, La Razón, Cine Actualidad, Mundo Uruguayo, Marcha, El Plata)
Ramírez de Traibel, Juana(El Plata)
Rauschert Chiarino, Carlos(El Bien Público)
Robertié, Enrique(CRA)
Rocha, Hugo (CRA, El País, El Día, Marcha, Film)
Rodríguez Monegal, Emir(Marcha como Calvero, El País, Hechos)
Romano, Ruben (El Sol)
Ruegger, Gustavo Adolfo(El País, revista Match, radio Universal, TV)
Saratsola, Osvaldo(El Popular)
Sanjurjo Toucon, Álvaro(Cine Universitario, Nuevo Film, Acción, Últimas Noticias)
Segura, Henry (Cinemateca Revista, El País)
Solares, JorgeRicardo (BP Color, Cinemateca Revista, El Diario, El Observador)
Suárez, Julio E. (revista Peloduro)
Toscano, Huáscar(La Mañana, El País, Cinemateca Revista)
Trajtenberg, Mario (Marcha)
Traverso, Jorge(El País, Ya!, Última Hora, El Eco, radios Carve, Sarandí, Nacional, Canal 10)
Trelles, Danilo(La Razón, fundador y director de Cine Arte del Sodre)
Troncone, Carlos(Cuadernos de Cine Club, Epoca, Marcha)
Tron, Silvia (El Día)
Valetta, Antonio(El Debate)
Wainer, José (Cuadernos de Cine Club, Marcha)
Zani, Giselda (El Diario, Film, radio El Espectador)
Zapiola, Guillermo (Cinemateca Revista, El País)

SOCIOS DE ACCU

Leonardo Abete
Agustín Acevedo Kanopa (La Diaria)
Hugo Acevedo (Onda Digital)
Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria/Brecha)
Eduardo Alvariza (Búsqueda/En perspectiva)
Soledad Bauzá
Juan Andrés Belo (Revista Film)
Miguel Blanco
Enrique Buchichio (Cartelera)
Myriam Caprile (Platea VIP)
Soledad Castro (Brecha)
Fernán Cisnero (Diario El País)
Gonzalo Curbelo (Escaramuza)
Mathías Dávalos (El País cultural, accu.uy)
Pablo Delucis (Cartelera)
Alina Dieste (Radio Sarandí)
Miguel Ángel Dobrich (Del Sol)
Micaela Domínguez Proust (LatAm Cinema, La Diaria, Lento, Revista Film)
Carlos Dopico (Teledoce)
Judith Echartea
Diego Faraone (Brecha)
Agustín Fernández (Revista Film)
Pablo Fernández (Vix)
Juan Andrés Ferreira (Búsqueda)
Analía Filosi (Sábado Show)
Christian Font (Canal 4/El Espectador)
Jorge Gatti (TNU/Azul FM)
Nils Helander (Cine Universitario)
Gustavo Iribarne (La República)
Jorge Jellinek
Luis Julien (Radio Nacional)
Heraclio Labandera
Sebastián Lasarte (Cine en uy)
Flavio Lira (Revista Film)
Álvaro Loureiro (Brecha)
Patricia Mantarás (Galería)
Yamandú Marichal (Radio Carve)
Schubert Míguez (Canal 7 de Maldonado)
Paula Montes (Propuesta)
Sergio Moreira (Aspen FM/accu.uy)
Fabián Muro (El País)
Amílcar Nochetti (Semanario Voces)
Carlos Oroño
Rosalba Oxandabarat (Brecha)
Gonzalo Palermo (Brecha)
Fernando Palumbo (Radio Centenario/La Juventud)
Ana Pañella (Radio Universal)
Andrea Pérez (Revista Film)
Alberto Postiglioni (Radio Imparcial)
Débora Quiring (La Diaria)
Alberto Restuccia (Océano FM)
Martín Reyes (El Espectador)
Rossana San Martín (Visión Ciudadana de San José)
Sebastián Sánchez (FM del Sur)
Álvaro Sanjurjo Toucón (Radio Universal/Crónicas)
Rodolfo Santullo (El Observador, Socio Espectacular, Brecha, Escaramuza, Lento)
Gonzalo Sobral (La X, NSTV)
Mariángel Solomita (El País)
Pablo Staricco (El País)
Nicolás Tabárez (El Observador)
Alejandra Trelles (Brecha, La Diaria)
Wilmar Umpiérrez (Radio Nacional/Radio Uruguay/Caras y Caretas)
Andrés Vartabedian (Vadenuevo Revista Digital)
Alejandro Yamgotchián (Arte7.com.uy)

SOCIOS HONORARIOS
Jorge Abbondanza
Luis Elbert
Raúl Gadea
Daniel Lucas
Guillermo Zapiola

 

Otra mirada (Manuel Martínez Carril)

LA ACCU COMO INSTRUMENTO DE LUCHA

Por Manuel Martínez Carril

Creo que mi ingreso a la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay fue algo posterior a los comienzos de ACCU. Yo empecé como crítico diario en el verano de 1958, y la Asociación era algunos años anterior ¿en el 52 puede ser? De los jovenzuelos de la época creo que Jorge Abbondanza fue el menor en empezar a publicar en “El Ciudadano”, y por tanto ahora sigue siendo el mayor de nosotros. Creo que esa primera Asociación merece recordarse con un poco más de seriedad que otra Asociación posterior  auspiciada por FIPRESCI que disolvió la Asociación del 52, la discontinuó y modificó algunos de los principios iniciales que habían dado origen a una idea por lo menos rigurosa.
Curiosamente en esa segunda Asociación, durante la dictadura militar de la época, se entendía que los críticos no debíamos estar sometidos a ningún tipo de interés venal, lo que parecía a primera vista razonable. Por lo cual, sin embargo, y contra toda lógica, se cuestionó a quienes siendo críticos militábamos también en las instituciones de cultura cinematográfica, lo cual nos impedía según se argumentó, ejercer el periodismo crítico con ecuanimidad.
Si la cultura cinematográfica era para nosotros cumplir nuestro primer objetivo de formar espectadores, la crítica cinematográfica era entonces un instrumento idóneo. Así lo entendimos varios de nosotros que en aquel momento renunciamos a la Asociación. Algunos regresaron, otros nunca volvimos. Algunos habíamos sido además durante años, antes de la dictadura, directivos (presidentes, secretarios generales, tesoreros) de la ACCU, que cumplió por entonces una intensa actividad de lucha contra la censura y organizó a mediados de los años sesenta hasta el comienzo de los setenta, el Movimiento Cultural de Lucha Contra la Censura, que encabezaba la Asociación.
Los comunicados, declaraciones y manifiestos públicos, la discusión sobre la necesaria libertad de expresión a través de programas periodísticos en televisión y en general en los medios escritos de la época, acciones que generaron un amplio movimiento de opinión social y de los sectores de la cultura artística, se conservan en el Centro de Documentación Cinematográfica, y también se conserva un boletín semanal publicado durante muchos meses con las fichas técnicas de todos los estrenos de cada semana, comerciales y no comerciales.
Por temor al olvido prefiero no mencionar a los integrantes de esa primera Asociación, que fue el origen de otras experiencias culturales que se dieron en el Uruguay de la época. Pero quiero dejar en cambio mi recuerdo y mi admirada constancia por quienes empujaron primero: Homero Alsina Thevenet, Giselda Zani, Antonio Larreta, Hugo Rocha, Jaime Francisco Botet. Y otros, porque siempre hubo otros.

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA ACCU (Álvaro Sanjurjo Toucón)

Por Álvaro Sanjurjo Toucon

Orígenes. La Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay fue fundada en 1952. De ello da testimonio un artículo publicado en Internet por la página “Lazos” (año 2, Nº 13) al reseñar la trayectoria de Homero Alsina Thevenet señala: “Fue cofundador y presidente de la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay (1952)”.
Una revisión de la prensa de la época puede confirmar el dato e incluso documentar sobre los miembros de la entidad, entre los que se hallaban el referido Alsina, Emir Rodríguez Monegal, Gustavo Adolfo Ruegger (todos ellos vinculados al diario “El País”), José Carlos Álvarez (“La Mañana”), Julio R. Cravea (“El Día”) y varios otros de no menor importancia.
Para ingresar a la ACCU la gestión debía realizarse con José Carlos Álvarez (se le encontraba al atardecer en la redacción de “La Mañana”, Bmé. Mitre y Bs.As.), donde se informaba al postulante que los derechos plenos (gestiones de carnets de pase libre)  que se obtenían luego de un año de ejercicio de la crítica, lo cual debía probarse mediante presentación de las críticas publicadas (la crítica no escrita prácticamente no existía). Mientras tanto se tenía derecho a asistir a las funciones privadas (experiencia de 1964 de quien esto escribe).
Carnets para los críticos. Eran otorgados individualmente por cada empresa: Censa (Compañía Exhibidora Nacional SA, con los cines Censa, California, Ambassador, Luxor), CCC (Compañía Central Cinematográfica, con el Plaza y Central), Cine Metro (que se manejaba con un sistema de tarjetas que poseían en boletería) y Glücksmann Cinesa (Trocadero, Ariel, Radio City, Coventry, Eliseo, Rex). Mientras que esta última reunía todas sus salas en un carnet único las demás tenían un carnet para cada una. Los carnets poseían talones donde a cada semana del año se otorgaban dos entradas. Glücksmann se manejaba perforando las tarjetas en casillas impresas a esos fines.
Funciones privadas: Censa la realizaba en el microcine del primer piso de su edificio de la calle Colonia. Glücksmann en el microcine ubicado en el primer piso del cine Rex. Todas las restantes (de las diversas distribuidoras) tenían lugar en el microcine de la distribuidora Discina en la calle Yi.
Los “monstruos”: Las presencias que más impactaban al crítico novato en aquellas concurridas “privadas” (una veintena de críticos) eran las de H. Alsina Thevenet, José Carlos Alvarez, Emir Rodríguez Monegal, Jorge Ángel Arteaga, Oribe Irigoyen, Gustavo A. Ruegger y Julio R. Cravea. Otros de la época eran Beatriz Podestá y Antonio Larreta, fiaguras del diario “El País”, periódico al que se incorporaría Jorge Abbondanza, proveniente de un semanario de escaso tiraje.
Tambíén estaba el grupo de los jóvenes “turcos” de críticos nucleados en torno a Cine Club y/o el semanario Marcha, cuya presencia, a excepción de Milton Andrade (“El Diario”) y José Wainer (“Marcha”) era menos asidua que los “cero falta” antes señalados. Los críticos jóvenes estaban encabezados por Manuel Martínez Carril y más o menos a su alrededor Carlos Troncone, Roberto Andreón, Carlos Arroyo, Otto Cisneros, Raúl Gadea, Mario Jacob y otros. Entre los más novatos de aquellos promediales años sesenta aparecían tímidamente algunos otros, entre ellos Luis Elbert, Pierluigi Dell’Acqua, Carlos Oroño y Alvaro Sanjurjo Toucon.
Había también alguna figura difícil de inscribir en grupo alguno, tal el caso de Yamandú Marichal, María del Carmen Paz (seudónimo de una señora de apellido Olave que terminaba todas sus notas casi invariablemente con la frase “la recomendamos muy sinceramente) y Gastón Blanco Pongibove, de polémica trayectoria.. El mayor de todos ellos era Pedro Beretche Gutiérrez, vocero de medios católicos como “El Bien Público” y luego “BP Color”.
“Cuadernos de Cine Club”, revista de esa entidad con dirección (nominal) de José Carlos Álvarez y Eugenio Hintz, directivos de la institución, tiene como editor a MMC, verdadero “propietario” de la publicación. Es allí que en nota titulada “Chau, a los supercríticos”, MMC establece por escrito la ruptura generacional entre dos sectores de la crítica.
Las filiaciones. Los medios de prensa estaban nítidamente identificados política y filosóficamente, aunque no necesariamente la filiación de los críticos coincidía con la línea editorial de los diarios y semanarios en que se desempeñaban. Existían sí algunos casos de crítica firmemente impregnada de la ideología del medio, tal los casos de Oribe Irigoyen en “El Popular”, órgano oficial del Partido Comunista (donde también escribía Carlos Oroño) y Pedro Beretche Gutiérrez desde los medios católicos ya mencionados.
En el lado opuesto, firmemente adherido al batllismo de “El Día” estaba Julio R. Cravea, marcadamente anticomunista si bien en su pasado había estado vinculado a la actividad teatral de El Galpón, que aunque no oficialmente y dada la militancia de la mayoría de sus integrantes, adhería a un Partido Comunista que le apoyaba, también extraoficialmente, en el área económica. Cravea era capaz de no comentar películas de la URSS, así como su diario ignoraba hasta competencias futbolísticas locales donde interviniera algún equipo como el Dínamo de Moscú.
Los premios: un testimonio. En el documentado catálogo “Cinestrenos” (fácilmente accesible en Internet), erudito complemento del libro “Función completa, por favor”, ambos de Osvaldo Saratsola (desaparecido miembro de la ACCU, investigador e historiador de la exhibición y distribución del cine en Uruguay), en el capítulo dedicado a los premios anuales a los mejores films se detalla que estos fueron concedidos de diferentes maneras. A partir de 1960 y hasta 1973 los premios fueron otorgados por ACCU, que en ese período tuvo como integrantes y/o directivos a varios de los señalados precedentemente y a notorias figuras entre las que cabe citar a Jorge Abbondanza, Manuel Martínez Carril, Yamandú Marichal, Jorge Ricardo Solares, Jorge Pignataro, Carlos Oroño, Oribe Irigoyen (estos dos últimos marcharían al exterior) y el propio Alsina Thevenet que se radicó fuera del país desde 1965.
Los años de fuego. A finales de los sesenta o comienzos de los setenta se realiza en el primer piso de Cine Club (Rincón 567, en la misma cuadra en que se hallaba “Marcha” y a pocos metros del café Los Inmortales, Rincón y J.C. Gómez esquina NW, donde escribíó Florencio Sánchez) se efectúa simultáneamente la elección de autoridades de la ACCU y de las mejores películas. Como mejor film uruguayo es elegido un título de neto contenido político. Ante el hecho, José C. Álvarez, que acababa de ser electo presidente, renuncia al cargo ya que presidir una entidad que eligió a un panfleto político de izquierda como mejor película uruguaya, implicaría su expulsión como crítico de “La Mañana”, de cuya página de espectáculos era jefe. En consecuencia, la presidencia y vicepresidencia de la ACCU pasan a ser desempeñadas por Oroño y Sanjurjo Toucon.
Tras el golpe de Estado de junio de 1973 (en la carátula del programa mensual de Cine Club de julio aparece un puño cerrado dando un golpe, viñeta perteneciente a “The Knack”, film no exhibido en ese mes), el hecho de que exista una Asociación (gremial al fin) que realiza elecciones secretas anualmente (aunque sea para elegir mejores películas) implicaba riesgo para sus integrantes y especialmente sus directivos.
Es entonces cuando los integrantes de ACCU buscan una estratagema. Se abandona el nombre de ACCU sustituido por el aparentemente más inocuo de Círculo de Críticos Cinematográficos de Montevideo (incorporar a alguna muy ocasional figura del interior implicaba utilizar la palabra Uruguay que nos colocaría bajo la lupa de los militares que ya buscaban “proyectores rusos” y otro material subversivo en los cineclubes). La palabra “elección” fue desterrada de los comunicados del CCCM y se eligió otra fórmula para elegir los mejores films de cada año. Los críticos “celebraban” con “cena de camaradería” (término afín a la jerga castrense) la llegada del fin de año (motivo inocuo) y en la ocasión “determinaban” o “seleccionaban” (se utilizaron ambos términos) cuáles fueron los “mejores films del año”. Las “cenas de camaradería” del Círculo se celebraron casi sin excepciones en el restaurante Morini.
Aproximadamente en 1983, procurando una cierta apertura de la labor de la ACCU, ahora mutada en Círculo de Críticos, se crea la Sección Uruguaya de FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) y paulatinamente se retoma el viejo nombre que aparece con una ligera variante: Asociación de Críticos de Cine del Uruguay. Así que a partir de 1983, siempre según Saratsola, los premios anuales pasan a ser otorgados por FIPRESCI Uruguay. A fines del período dictatorial todavía no había libertad de agremiación, por lo que a instancias de Jorge Abbondanza se reunieron todos los críticos en actividad (el plantel se había renovado bastante en esos años, aunque algunos se veían solamente en las funciones privadas) y se decidió funcionar como la sección local de una federación internacional, lo que obviaba tener estatutos propios, elección de autoridades y toda connotación gremial.
Los nuevos tiempos. Recuperada la democracia, ACCU volvió a utilizar su vieja denominación como lógico vínculo de continuidad, con algunos de sus viejos integrantes aún en actividad y mucha sangre nueva. Los impulsos se volcaron a organizar muestras cinematográficas, realizar cursillos y tratar de dar mayor trascendencia pública a una labor que viene desarrollándose hace ahora exactamente 60 años. El mundo ha cambiado, de aquella docena de publicaciones escritas de antes quedan muy pocas, la televisión, la radio (en AM y FM) y hasta Internet son medios efectivos para ejercer la profesión y ACCU supera hoy las 50 afiliaciones, el mayor número de su larga historia.

Nacer a los 65 (Jaime Costa)

 

Un hecho sorprendente: la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay (ACCU) cumple 65 años. Un artículo de Álvaro Sanjurjo Toucon que se publica aquí mismo data su nacimiento en 1952, porque lamentablemente no se tenía a mano ningún documento que confirmara exactamente la fecha de su fundación, pero ahora aparece un dato mucho más contundente en el libro “Homero Alsina Thevenet. Obras incompletas – Tomo I”. En  la página 674, hablando del 2º Festival de Punta del Este, el texto dice que H.A.T. “apeló a su condición de directivo y fundador de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay, creada en 1947, y fue uno de los propulsores de la conformación del Jurado de la Crítica”.
Uno de los autores de ese libro, Álvaro Buela, proporcionó la fuente de donde fue extraído ese dato, un ejemplar del semanario “Marcha” del 8 de agosto de 1947. En un recuadro destacado que se titula “Asociación de Críticos Cinematográficos” se dice que:

“En Asamblea reunida el sábado 2 de agosto quedó fundada la Asociación del título, cuyos objetivos son la defensa de los diversos intereses de sus integrantes, la relación con Asociaciones similares del extranjero, la intensificación de un mejor conocimiento del arte y de la industria de la cinematografía, y la elección anual de los mejores valores del cine exhibido durante cada temporada.
“Fue elegido asimismo, por mayoría de votantes, el Comité Directivo de la entidad, que durará un año en sus funciones. Quedó integrado por los señores Andrés Percivale (El Día), Emilio Dominoni Font (Cine Radio Actualidad), Danilo Trelles (La Razón), Homero Alsina Thevenet (Marcha) y Hugo R. Alfaro (Marcha).
“El domicilio provisorio de la institución es Bulevar Artigas 1026”.

Si se tomaba antes la fecha de 1952 es porque no se podía establecer claramente otra, y porque es un hecho que el Festival de Punta del Este de ese año tuvo un Jurado de la Crítica y sus miembros pertenecían a una Asociación. Ahora se sabe que fue precisamente el 2 de agosto de 1947, o sea que ACCU debe festejar este año su 65º aniversario.
Esa larga trayectoria tuvo alguna interrupción en la época de la dictadura, pero su continuidad quedó reafirmada en 1983 cuando Jorge Abbondanza reunió a los críticos de cine en actividad y refundó la Asociación, que se llamó entonces “Filial Uruguaya de Fipresci” para no dar pautas al gobierno de facto que vigilaba muy de cerca todas las actividades culturales, no precisamente para apoyarlas. La ironía es que en todo ese tiempo nunca se concretó la Personería Jurídica de la institución, por lo que siempre funcionó como una Asociación de hecho, sin estatutos aprobados ni condición de Sociedad Civil legalmente constituida.
Por ello es que ahora, justamente cuando se cumplen los 65 años, ACCU celebra esa fecha al mismo tiempo que nace con fuerza legal. La Asamblea Fundacional del 22 de marzo de 2012 podrá tomarse en adelante como un hecho trascendental, pero sería erróneo considerarla como fecha de nacimiento, ignorando injustamente esos ricos 65 años que la preceden y que deben señalarse con el debido orgullo por todo lo hecho en ese tiempo, pero al mismo tiempo con humildad y seriedad para ser dignos de ese pasado. Y por supuesto que con respeto y admiración para quienes nos precedieron, una larga lista de nombres que oportunamente integrará el cuadro de honor de la institución.

J.E.C.