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36º Festival de Cinemateca (Guilherme de Alencar Pinto)

Montevideo es una fiesta

Por suerte, no es el último festival de Cinemateca, o así lo deseamos todos los cinéfilos del Cono Sur. Le pusieron de título o eslogan El Último Festival porque es la oportunidad para despedirnos “de los viejos templos”, es decir, las salas históricas de Cinemateca en la calle Carnelli, y Cinemateca 18. A esta altura del año que viene, Cinemateca estará instalada, totalmente reequipada, en su nuevo local cerca del Teatro Solís. La Sala Pocitos seguirá activa, así que al menos ese, de los “viejos templos”, persistirá.

El 36º Festival Internacional de Cine comprende poco menos de doscientos títulos y se extenderá desde hoy jueves 29 hasta el sábado 7 en las salas de Cinemateca y además en las dos del Cine Universitario (Chaplin y Lumière), en la sala del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y en Sala B, con algunas proyecciones esporádicas en la Sala Zitarrosa. Habrá películas de un montón de cinematografías raras, que difícilmente aparezcan en las carteleras locales durante el resto del año (y si lo hacen, probablemente será en la programación de la propia Cinemateca), como ser Argelia, Armenia, Bangladesh, Bolivia, Cabo Verde, Costa Rica, Eritrea, Grecia, Holanda, Japón, Indonesia, Lituania, Luxemburgo, Malasia, Montenegro, Noruega, Polonia, Portugal, Ruanda, Serbia, Suiza, Ucrania, Venezuela o Yemen, aparte de sumar a cinematografías menos ausentes (que tampoco es que abunden por acá), como Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Corea, Cuba, Dinamarca, España, Francia, Irán, Italia, México, Rusia, Suecia y del sector independiente más alternativo de Estados Unidos. Y tendremos las que parecen ser las primeras exhibiciones nacionales de varias películas uruguayas, 7 largometrajes (inclusive de directores consagrados como Alicia Cano y José Pedro Charlo) y 14 cortos. Habrá competencias de largos internacionales, largos iberoamericanos, Nuevos Realizadores, Derechos Humanos, cortos internacionales y cortos uruguayos, y habrá muestras de cine internacional (largos y cortos), un focus de cine brasileño, una muestra de cortos del Festival de Rosario, la sección Ojo con el Cine de películas sobre cine, y Ensayo de Orquesta, de películas sobre música.

Recomendaciones entusiastas

El festival abre hoy jueves 29 (21:30 hs en Cinemateca 18) con una maravilla: Caras y lugares (Visages, villages, Francia) es un documental codirigido por la veteranísima Agnès Varda y el treintañero JR, artista especializado en intervenciones urbanas mediante pegatina de impresiones gigantográficas de fotos propias o ajenas. Los dos salieran a recorrer aldeas de Francia en el camión de JR, conociendo gente, entrevistando, fotografiando, exponiendo sus imágenes en algún muro de la propia aldea y registrando la reacción de la gente. Quien vio otros documentales de Varda sabe de su calidad para encontrar gente increíble y sacar a relucir lo mejor de cada uno frente a cámaras. Eso pasa con varias decenas de los personajes mostrados, pero ella siempre tiene una atracción especial por los rebeldes y resistentes: es muy macanudo el granjero que le explica la conveniencia de extirparles los cuernos a las cabras, pero la heroína es la que se rehúsa a hacerlo y que no quiere usar máquinas de ordeñe. Otra señora, última moradora de un abandonado barrio obrero que ella se rehúsa a dejar porque tiene sentido de pertenencia, casi llora cuando ve que, durante la noche, JR decoró la deslucida fachada con la imagen de ella. Mientras tanto, Agnès y JR se trasladan, cambian ideas, charlan, actúan pequeñas escenas bienhumoradas. Debido a sus 88 años de edad y a un serio problema oftalmológico, Agnès se despide de varias zonas que supo recorrer y que, probablemente, no volverá a ver. En algún caso, JR pegatinea una impresión de una foto que Agnès sacó en ese mismo lugar hace sesenta años. La escena más emotiva con respecto a lo último es la visita frustrada a Godard. Deliciosa, bienhumorada, conmovedora, bella, divertida, sensible, crepuscular, esta obra maestra sólo no recibió más premios porque su coautora es demasiado venerada para competir. Entre sus muchos méritos, ahora abre este tremendo festival montevideano.

Otro documental francés, París es una fiesta (Paris est une fête, de Sylvain George) combina múltiples tendencias. Hay partes que remiten al cinéma pur (una construcción de imágenes y sonidos basada, sobre todo, en lo formal), otras al documental lírico y a la “sinfonía de la ciudad” (observación poética de imágenes y eventos), otras se acercan a lo observacional (la cámara examina determinado contexto, aparentemente sin interferir en él, y construye por acumulación una visión sobre lo mostrado), hay momentos más periodísticos y otros que sobrepasan lo “documental” y parecen lindar más bien con lo experimental (la carrera de cuatro minutos por el campo de girasoles hasta encontrar con un hombre desnudo acostado). Está sutitulado Una película en 18 olas. “Olas” es un excelente nombre para las secciones formales, que vienen y se van, se insinúan, se definen, se intensifican y luego pierden energía y se agotan, dejando paso a la siguiente oleada. Está toda en un blanco y negro maravilloso en sus matices, en la intensidad de sus extremos de oscuridad y luz, aun más notable porque casi toda la película está tomada de noche (con excepción de las manifestaciones populares —contra el estado de urgencia y las leyes de flexibilización laboral—). Hay una excepción al blanco y negro, la imagen de un muro de ladrillos iluminado, coloreado en los costados con rojo y azul respectivamente, delineando la bandera francesa. La película es profundamente política: se planta junto a los refugiados, los indigentes, los estudiantes y obreros que protestan. Pero al mismo tiempo se deja fascinar con las rimas y correspondencias visuales, con los encuadres, con los ritmos, con el choque/armonía entre una imagen montada con otra. Es decir, está plantada en la premisa del modernismo político: la sensibilidad abierta a la visión desfamiliarizada es la misma que permite contemplar la “realidad” con apertura crítica y desconstruir paradigmas enajenantes. Así que vemos la belleza de las luces electrónicas y la del claro de la luna, de la lluvia sobre una estatua, nos incomodamos frente al vago poder simbólico de planos cercanos de peces muertos con sus ojos inermes, empatizamos con Mohamad y su punzante relato de cómo migró desde Guinea, pulsamos junto a la energía de la ciudad. Es una realización magistral en lo formal, tributaria de tradiciones centenarias del cine francés que siguen actualizándose y conservando su valor de vanguardia, y profundamente cargada de humanidad. (Lunes 2 a las 23:15 hs en Cinemateca 18; viernes 6 a las 17:30 hs en Sala Cinemateca.)

Los buenos modales (As boas maneiras, de Juliana Rojas y Marco Dutra, Brasil/Francia). Sin ser tan radicalmente original como los dos títulos mencionados arriba, esta película es más desconcertante, justamente porque empieza mucho más encuadrada en un tópico habitual y vira en forma inusitada a cosas totalmente distintas. Al inicio parece ser una película brasileña más en lidiar, en forma de drama naturalista, con la relación entre una patrona y su mucama, algo tan característico de la sociología brasileña y cuyas modificaciones en las últimas décadas vienen siendo ilustrativas de cambios sociales e ideológicos, además de ser, en algún sentido, traumáticas para quienes están implicados en su profunda trama emotiva. Si el giro lesbiano que se insinúa pronto en la historia implica un vuelco sorpresivo, esto no es nada comparado a lo que se viene después: cine fantástico o de terror, y con elementos aislados de Alien, musical, historieta y Frankenstein, además de un cambio total de ambiente (desde un apartamentazo en un barrio moderno de San Pablo a una casa humilde en un suburbio pobre). Brillan las actrices principales Izabél Zuaa y Marjorie Estiano, el guion es estupendo (en cuanto a la manera sutil en que planta todas las motivaciones, los diálogos, todo), la dirección de arte y la fotografía son formidables. Falla un poco el reparto infantil. Los efectos especiales son el aporte primermundista de los coproductores franceses y son excepcionales para una película brasileña, pero siguen siendo de segunda para los estándares internacionales. Aunque la película funciona muy bien como drama psicológico y como juego con los géneros, es imposible esquivar los posibles subtextos que tienen que ver con la ebullición social en Brasil, los conflictos de clase, la grieta. Parece joda, pero mirando los créditos finales veo que el actor que actúa de lobizón se llama Miguel Lobo, debidamente seleccionado por una directora de reparto llamada Alice Wolfenson. (Sábado 31 a las 23:25 en Cinemateca 18; viernes 6 a las 21:40 hs en Sala Pocitos).

Otras recomendaciones

Las cinéphilas (María Álvarez, Argentina) es un documental delicioso sobre mujeres jubiladas de distintas ciudades (Buenos Aires, Montevideo y Madrid) que van al cine prácticamente todas las tardes. Muchos de los espectadores del Festival de Cinemateca se sentirán identificados con la forma en que una señora porteña planifica cuidadosamente su grilla para asistir a varias películas por día en el Festival de Mar del Plata. Hay una señora Lucía, frecuentadora asidua del Cine Universitario, en Montevideo, que se roba la película con sus observaciones sobre la vida y, sobre todo, con sus descripciones vívidas de algunas escenas que tiene impresas en su memoria, de Fellini, Bergman, Kurosawa o Konchalovsky. En buena medida ve el mundo a través del cine. Sólo parece un poco contradictoria la música de tono vetusto y melancólico que recubre las imágenes con cierto sabor a naftalina y desvía hacia la decadencia crepuscular una película que evidentemente pretende un tributo a una forma de expresión que anima la vida. (Sábado 31 a las 18:25 hs en Sala Lumière; domingo 1º a las 17:30 hs en Sala 2.)

Estoy acá (Mangui fi) (de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik, Argentina) es un documental que hurga en el mundo de la creciente población de inmigrantes senegaleses en Buenos Aires. Acompaña a dos jóvenes amigos, Ababacar y Mbaye, que llevan cinco en la ciudad. Vemos imágenes de un Senegal árido, pobre y sin perspectivas, y sin embargo ambos amigos sueñan con regresar, porque les resulta triste en Buenos Aires la vida aislada que llevan las personas encerradas en sus casas, extrañan la sociabilidad barrial-callejera y el espíritu de convivencia familiar de su país de origen. Hay un significativo contraste entre lo que (al menos a nuestros ojos) luce como la profunda religiosidad en la gran mezquita de Touba, y la actitud más evidentemente predadora de los predicadores evangélicos en las calles porteñas. A los dos personajes principales los acompañamos en sus actividades cotidianas, en entrevistas a cámara (en un español rudimentario pero ya suficiente) y en extensas conversaciones entre ellos en wólof (con sutítulos), y son sencillamente entrañables. (Viernes 30 a las 17:10 hs en Sala 2; martes 3 a las 19:30 hs en Sala Pocitos.)

La historia de Sambá (de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, República Dominicana) transcurre en el ambiente sórdido del boxeo no-estelar de un país tercermundista. Coimas, matones que acosan por la devolución de plata prestada, un personaje cuyo hijo es delincuente, la esperanza de salir adelante, son algunos de los ingredientes en juego. El montaje es sumamente ágil, las actuaciones muy buenas (especialmente Ettore D’Alessandro como ex-boxeador italiano que pretende oficiar como agente de un nuevo talento) y la insólita banda musical entrevera rap, merengue y Wagner. (Hoy jueves 29 a las 17:40 hs en Sala Cinemateca; jueves 5 a las 17 hs en Sala B.)

Recomendaciones con un pie atrás

El sonido interno (Gopon, de Ashraf Shishir, Bangladesh). A veces es complicado entender, y aun más evaluar, películas oriundas de cinematografías que desconocemos, como es el caso de la de Bangladesh (un país que produce unos 60 largos por año), sobre todo si parecen manejar convenciones locales que nos son ajenas. Así, en bruto, esta película deja una impresión bastante bizarra. Es una producción de bajo presupuesto, vinculada al cine de arte europeo en el hecho de que el personaje principal es un “cineasta fallido y poeta fracasado” que intenta realizar su nueva obra —que se parece bastante a la película que estamos viendo— basada en una novela de una escritora renuente. La idea de un álter ego del autor del film queda reforzada por el hecho de que el personaje del cineasta se llama casi igual (Ashraf Kabir), y su película anterior se titula Gaariwala, como la pieza previa de Shishir. En algún momento nos enteraremos de que Kabir no existe, sino que es, como casi todos los demás personajes, un invento de la mente esquizoide de la escritora. Mientras tanto, tenemos a un señor hipócrita que maneja una agencia de protección de derechos de la mujer pero que es él mismo un abusador sexual, un acto revolucionario sangriento, tortura policial, reflexiones sobre la guerra de independencia, los ideales políticos derrotados, escenas melodramáticas de pareja e incluso un número musical, todo eso sonorizado con una música híper-emotiva y diversificadísima, con una presencia invasiva en la mezcla de sonido, que, por lo demás, es sumamente tosca, así como la fotografía. El montaje, sin embargo, es imaginativo, complejo y de alto impacto. Hay incluso, como parte del juego modernista, una escena que se repite dos veces con pequeñas variantes (emulando quizá el proceso de imaginación de la escritora que inventó al cineasta, o del cineasta que inventó a la escritora). (Hoy jueves 29 a las 20 hs en Sala Lumière.)

Invisible (de Pablo Giorgelli, Argentina en coproducción con cuatro otros países) tiene un enfoque realista muy influido por los hermanos Dardenne, y tremendamente bien realizado, incluida una actuación sobresaliente de Mora Arenillas como la joven con un embarazo no deseado. El vuelco final es una lástima, porque queda muy cerca de una posición conservadora “pro-vida”. (Viernes 30 a las 19 hs en Sala Pocitos; domingo 1º a las 21:25 hs en Cinemateca 18.)

Diario de mi mente (Journal de ma tête, de Ursula Meier, Suiza) está basada en el hecho real de un joven que, sin motivo aparente, mató a sus padres, se entregó a la policía pero envió un detallado relato de ello a su profesora de literatura que venía estimulando a sus alumnos a expresar sus sentires personales. Eso pone a la profesora en la incómoda situación de mentora del gurí psicópata. El inicio es intrigante y está tremendamente bien montado, pero luego la cosa no avanza hacia ningún lado. Fanny Ardant oscila, como casi siempre, entre su modo “hada madrina” y su otro modo de “señora afectada por noble sufrimiento”. Y, claro, se nos cae la baba con el sistema carcelario suizo. (Domingo 1º a las 19:30 hs en Cinemateca 18; viernes 6 a las 16:45 hs en MTOP.)

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 29/03/2018)

21er Festival Internacional de Cine de Punta del Este – FilMusic Fest (Guilherme de Alencar Pinto)

Así, como suena

Por tercer año consecutivo, el Festival de Punta del Este incluye la sección FilMusic Fest, coordinada por Juan José Morialdo. Consiste en una selección de ejemplares de esa veta cada vez más extendida de documentales sobre música (sobre algún individuo o banda, o sobre algún movimiento). Por supuesto, ese tipo de trabajos involucra pericia cinematográfica, pero la clave siempre estará en el interés que susciten el personaje y su música para el espectador.

Charco / Canciones del Río de la Plata (Julián Chalde, Argentina) lidia con la corriente de afecto y entendimiento entre las músicas de Montevideo y Buenos Aires. El músico argentino Pablo Dacal se va encontrando, sucesivamente, con músicos de ambas orillas, con quienes dialoga y a veces interactúa musicalmente. Hay muchas versiones cruzadas (Franny Glass canta a Dino, Jorge Drexler a Fernando Cabrera, Fito Páez a Charly García) y el recurso sirve para traer a la película algunos músicos ya fallecidos (Cabrera canta a Osiris Rodríguez Castillos, Hugo Fattoruso a Mateo, Mandrake Wolf al Príncipe, Sofía Viola a Gilda, Vera Spinetta a su padre Luis Alberto Spinetta, Ana Prada a Darnauchans). Hay conversaciones y/o números musicales además con Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Melingo, Miguel Grinberg, Pipo Lernoud, Eduardo Da Luz, Edú Lombardo, Washington Benavides, Jorge Serrano (de Auténticos Decadentes) y Pablo Lescano (de Damas Gratis). La idea parece haber sido pintar un panorama, pero de pronto fue tan grande la amplitud que se buscó que algunas áreas quedaron confinadas a un solo representante, lo cual, por supuesto, es poco. La película termina teniendo el aire de una colección de postales, con conversaciones entrecortadas e insuficientes, reducidas a frases sueltas que pretenden valerse por su swing, recurso que nunca llega a compensar una enunciación más extensa y articulada. Para peor hay varios episodios ensayados donde las personas hacen de sí mismas (pero lo actúan, por lo general, muy mal), tipo “¡Bienvenido al Uruguay! Tenía el mate acá, preparadito.” Hay imágenes muy bonitas de los paisajes urbanos de ambas ciudades, y además del Tigre y la pampa, de algunos cafés porteños, de los estudios Sondor y del teatro Solís. El vínculo entre los dos países, quitando el hecho de que es un argentino el que hace las entrevistas, nunca llega a realmente delinearse, porque esencialmente los argentinos hablan de sus antecedentes argentinos y los uruguayos, de uruguayos (Hugo hace la deferencia de referirse a Manal, y Cabrera a los folcloristas argentinos). Al final Martín Buscaglia y Dacal hacen una payada/duelo en broma, en la que cantan respectivamente las virtudes de las propias culturas. Pero el vínculo y la interinfluencia son mucho más ricos que lo que da a entender esta realización. Musicalmente hay algunos grandes momentos (destaque especial para Mandrake haciendo “Ángel de la ciudad”). (Martes 20 a las 21:40 hs, Cantegril, con la presencia de Andrés Mayo, idealizador, productor y sonidista del proyecto)

Ábalos: una historia de cinco hermanos (Josefina Zavalía Ábalos, Argentina) no es precisamente lo que dice el título. La historia y la calidad del famoso grupo folclorista Los Hermanos Ábalos (activo de 1939 a 1999) es el trasfondo de mucho de lo que vemos, pero la película gira más bien alrededor de Vitillo Ábalos, quien es, desde 2008, el último sobreviviente de los cinco hermanos. La película se filmó entre 2013 y 2017, y ese hombre nonagenario sigue tocando como los dioses el bombo legüero, canta bárbaro, baila chacareras e incluso zapatea. Es un ser entrañable, de esos señores cuyo vestir, siempre formal e impecable, no es sino la expresión exterior de una manera de ser, cuidadosa, modesta, gentil, caballerosa. Recuerda y narra con precisión muchísimas anécdotas, pero no vive en el pasado ni lamenta la juventud perdida, quizá porque nunca la perdió: agradece lo vivido y sigue haciendo planes para seguir haciendo cosas. En una ocasión nombra a los Beatles y su interlocutor no entiende qué dijo, y don Vitillo explica: “Los Beatles, los chicos de Liverpool, de los cerquillitos…” Su sobrino nieto Juan Gigena Ábalos (guitarrista de Ciro y los Persas) se reencontró con él y decidió llevar adelante el proyecto de un disco en que el viejo versiona canciones del repertorio de Los Hermanos Ábalos, junto a grandes músicos de distintos ámbitos (Juanjo Domínguez, Jaime Torres, Jimmy Rip, La Bomba de Tiempo y un ensamble enorme —y excelente— integrado por descendientes de los Ábalos). La película muestra aspectos de su cotidiano, conversaciones con ese hombre con el que uno pasaría horas charlando en un boliche, y algunas de las grabaciones del disco y espectáculos. Esto va alternado con unas pocas filmaciones de archivo de Los Hermanos Ábalos, incluida la aparición, que los proyectó a la fama, en La guerra gaucha, de Lucas Demare (1942). (Miércoles 21 a las 22:15 hs, Cantegril, con la presencia de la directora y de Juan Gigena)

Yo Sandro (Miguel Mato, Argentina) aborda la vida del ídolo latinoamericano (1945-2010). Se apoya sobre todo en una grabación sonora de calidad técnica deficiente, en que el cantante contó de forma muy simpática su vida. Muchas veces lo escuchamos en voz over, en otras ocasiones las palabras de Sandro aparecen interpretadas en la voz de alguien con entonación y voz muy similares a las del locutor de las últimas propagandas de Macromercado. Algunos de los episodios de su infancia aparecen reconstruidos con actores. Ninguno de esos recursos aporta demasiado. Luego hay una abundancia de imágenes de archivo, de Sandro actuando, de fragmentos de sus muchas películas, de momentos cotidianos (Sandro en la piscina, Sandro caminando de un lado a otro), y de las multitudes que solían acogerlo y en especial de las mujeres claramente erotizadas por sus contorsiones corporales y la emocionalidad enfática, volcada con una formidable técnica vocal. Los realizadores trataron de hacer un montaje cuidado (varias secuencias de planos cortos vinculados a determinada temática, o alguna superposición significativa, como cuando el cantante describe sus orígenes muy humildes y la cámara se pasea por el decorado kitsch de su vivienda muy suntuosa). No hay análisis, no hay apreciación de su música, influencia o impacto, con la excepción, cerca del final del metraje, de una entrevista aislada a la cantante Lucecita Benítez. Incluso los datos quedan un poco confusos: ¿en qué ámbito actuaba en sus inicios?, ¿en qué año fue el festival internacional en que se proyectó?, ¿en qué países se proyectó?, ¿qué impacto tuvo el éxito en su vida y cuánto duró? La película se ocupa de su formación y la eclosión de su éxito, y no hay palabra sobre sus últimos años ni sobre su muerte. Vale para ver las muestras filmadas de esa figura algo bizarra, cuya popularidad mostró algo acerca de Argentina, Latinoamérica, los gustos masivos y la atracción erótica. (Jueves 22 a las 20:45 en la Casa de la Cultura de Maldonado, con la presencia del director)

Chavela (Catherine Gund y Daresha Kyi, Estados Unidos/México/España) cuenta la vida de la mejicana (nacida en Costa Rica) Chavela Vargas (1919-2012). El material básico es una extensa entrevista filmada a la cantante en 1991, que las directoras alternan con imágenes diversas de archivo y entrevistas tipo “cabezas parlantes”, filmadas especialmente, a testigos de su vida y colegas. La vida de la artista sugirió una estructura en cinco secciones —prólogo, formación, momento oscuro, renacer triunfal, epílogo—, donde el episodio central consiste en la debacle y los 12 años de inactividad debido al serio alcoholismo, y el renacer es su sorpresivo regreso a las tablas, de la mano de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, justo en un momento en que sus canciones llamaban la atención del mundo al colorear películas de Pedro Almodóvar, quien cumplió un papel importante en presentarla al público español y luego al francés, hasta propiciar un regreso triunfal a México. Es de esa etapa la mayor abundancia de actuaciones filmadas, así que finalmente tenemos algunos ejemplares más o menos extensos de esas rancheras apasionadas y desgarradoras que sólo parecen ganar su pleno sentido luego del tercer vaso de tequila. Junto a la carrera propiamente musical, la película aborda las dificultades de Chavela con su familia por su actitud masculinizada, luego la constitución de su imagen pública como “mujer más macha que los más machos”, y finalmente su asunción pública (recién en los años noventa) como homosexual, y la importancia enorme que tuvo para las lesbianas de México. El retrato es vívido, emotivo y bien estructurado, la música es imponente, y entre lo mucho que se dice, merecen un destaque especial algunas frases llenas de poesía de Almodóvar, Miguel Bosé y la propia Chavela. (Viernes 23 a las 20 hs, Casa de la Cultura de Maldonado).

Dejo para último la película que abre el ciclo, esta noche, lunes 19 a las 21:30 hs en Cantegril. Vinicius (Miguel Faria Jr., Brasil) no es una película nueva (es de 2005) y ya tuvo exhibición en Uruguay en su momento, pero se incorpora al ciclo por cuenta de la oportunidad de tener a Mariana de Moraes, nieta del artista, ella misma una excelente cantante, presentándola al público de Punta del Este. Ninguna de las películas del ciclo refiere a una figura tan compleja: Vinicius (1913-1980) fue poeta, dramaturgo, diplomático, se sumó a una tendencia fascistoide cuando joven, luego se hizo de izquierda y finalmente un bohemio que, como dice el texto hablado de la película, “era un ateo materialista que decidió creer en el misterio sensual de los orishás” y fue a vivir a Bahía. Como letrista de canciones, tuvo su presencia en la “época de oro” de la canción brasileña, fue uno de los fundadores e ideólogos de la bossa nova y luego de algunas de las escapadas de la bossa nova (la música de influencia nordestina con textos políticos asociada con la segunda etapa de Carlos Lyra, los afro-sambas asociados a Baden Powell, la veta bahianista asociada con Toquinho). En su etapa final con Toquinho hizo más de mil presentaciones mundo afuera como cantante, convirtiéndose, además de en un autor reconocido, en una estrella y personaje muy conocido. Era una figura extremadamente calurosa, generosa, desprendida, que vivió la vida tratando de sacarle todo el provecho posible en cuanto a amor, amistades y belleza. De todas las películas del ciclo es la única que analiza con alguna profundidad el alcance de su obra, gracias a una colección de invitados de una inteligencia y sensibilidad envidiable: Antônio Cândido y Ferreira Gullar hablando de su literatura, Tonia Carrero, Maria Bethania y tres de las hijas de Vinicius hablan de su vida, y de ambas cosas más la música, gente como Caetano Veloso, Chico Buarque, Francis Hime, Gilberto Gil, Edu Lobo, Toquinho. Estos últimos, como parte de las entrevistas, hacen versiones exclusivas de algunas canciones de Vinicius (imponentes, porque todos cantan bien y los tres últimos son eximios guitarristas). Una representación teatral de estatus indefinido (¿preparada especialmente para la película?) da pie a que dos actores lean textos suyos y narren aspectos de su evolución y, al parecer en el mismo contexto, varios otros músicos invitados hacen canciones suyas en arreglos preparados especialmente. En paralelo a la vida del Poetinha, imágenes documentales retratan la evolución del país y de aspectos de la cultura que informan su papel en todo eso. Y hay además imágenes de archivo con el propio Vinicius. Así que la película conceptualiza, informa y además implica un baño de música y poesía.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 19/02/2018)

Festival Internacional de Punta del Este

Un panorama latinoamericano

En la noche inaugural del 21er Festival Internacional de Punta del Este fue homenajeada la familia Barreto, representada en la ocasión por el nonagenario y siempre vigoroso patriarca Luiz Carlos Barreto, su esposa Lucy y su hija Paula. Las decenas de películas que produjeron incluyen hitos del cine brasileño como Tierra en trance (1967) y Doña Flor y sus dos maridos (1976). Remitiendo a una categoría de Rossellini, Luiz Carlos abogó por un cine útil por oposición a uno fútil. Su manera de comprender esa utilidad, sin embargo, es bien distinta de la de Rossellini, ya que, terminada la etapa cinemanovista, los Barreto se vienen asociando a un cine de “calidad” entendida como narrativa clásica, valores de producción y asuntos con un ostensivo valor cultural, expresamente destinado a un público masivo, y así han construido la más poderosa productora cinematográfica de América Latina.

Corte clásico

El festival abrió con una producción Barreto, João, el maestro (João, o maestro, Mauro Lima, Brasil). Es la biopic del gran pianista João Carlos Martins (nacido en 1940). La película supera los problemas de las biopics al concentrarse en la personalidad compulsiva de Martins, en un retrato singularmente poco complaciente (teniendo en cuenta que el artista participó activamente en el proyecto), valorizado en las tremendas actuaciones de Rodrigo Pandolfo y Alexandre Nero, que incorporan el personaje, respectivamente, en la juventud y madurez. Una de las seis semanas de rodaje se hizo en Uruguay. Esto incluye la extensa secuencia que transcurre en este país, pero los montevideanos podrán reconocer también, presuntamente en Bulgaria, nuestro edificio de la Aduana y el estudio Sondor.

En El último traje (Pablo Solarz, Argentina/España) Miguel Ángel Solá interpreta a un nonagenario argentino que la película describe, en forma cómica pero aparentemente cómplice, con algunos de los estereotipos de lo judío: tacaño, astuto, manipulador, orgulloso, sentimental, tribal. Decide regresar por primera vez a su Łódź natal, adonde no iba desde 1945. Su intención es reencontrarse con el amigo de la infancia que le salvó la vida en aquel entonces, y de quien nunca más tuvo noticias. Abraham aterriza en Madrid y hace en tren el resto del recorrido a Polonia, con una serie de contratiempos que ayudan a rellenar el metraje y motivan situaciones que construyen una dinámica de road movie. Durante el periplo conoceremos su historia y datos punzantes sobre sus padecimientos durante el dominio nazi. La anécdota se basa en el recurso medio empalagoso de hacer que todos quienes se cruzan con Abraham decidan pasar por arriba su antipatía, le adivinan virtudes y lo quieren lo suficiente para, además de ser gentiles, querer pasar tiempo con él, ir a despedirlo a la estación, esforzarse en convencerlo de que está equivocado en algo, o incluso pedir licencia en el trabajo a fin de llevarlo en auto de una ciudad a otra. El asunto del Holocausto es escasamente novedoso, pero no por ello deja de mover sentimientos con todas sus implicaciones terribles, y además la película lidia con los recuerdos lejanos, los seres queridos perdidos, la condición anacrónica de la vejez, y el reencuentro tras una separación larguísima. Fue quizá la película concurrida por más público en lo que va del festival, y la más masivamente aplaudida. Está prevista para estrenarse a la brevedad en la cartelera comercial.

Ausencia (Claudio Marcone y Liu Marino, Chile) está centrada en el conocido triángulo amoroso entre la chilena Carmen Arriagada, su marido Eduard Gutike y su amante el dibujante bávaro Moritz Rugendas. Las más de doscientas cartas de Arriagada a Rugendas son una referencia fundamental para la historia de la vida privada y de la mujer en una colonia española del siglo XIX. El ritmo es contemplativo, el tono es relativamente seco. Hay escenas muy interesantes (el día en el campo junto al cazador, y sobre todo el diálogo entre Gutike y el Intendente Concha). Los preciosistas planos paisajísticos, aunque poco tienen que ver con el estilo de Rugendas, pueden ser una alusión a su interés por la naturaleza, o expresión lírica de los sentimientos de Carmen. Quizá los abundantes desnudos de la bella actriz Daniela Ramírez busquen expresar visualmente las pulsiones eróticas de Arriagada, pero su estilo delata el origen del director Marcone en el cine publicitario.

Fantasía

En …y de pronto el amanecer (Silvio Caiozzi, Chile) un escritor, ausente desde 1973, regresa, pasados más de cuarenta años, a las islas patagónicas de Chiloé, donde nació y creció. Su reencuentro con algunos viejos amigos y con ese contexto a la vez familiar y extraño se va alternando con las imágenes del libro que va creando, mezcla de imaginación fantasiosa y flashback. La idea es interesante y la acumulación de situaciones termina trasmitiendo en forma muy convincente esa sensación de lo vivido, de la nostalgia, de lo irrecuperable, del acopio de recuerdos, que es el principal encanto de la película. Todo eso queda comprometido por el tono “poético” de los episodios, situaciones y parlamentos, acentuado por el estilo teatral de las actuaciones y la música dulzona y sobreexplicada. El señor lunático que se obsesiona con agarrar el sol con las manos parece una idea de Eliseo Subiela, y es medio primaria la retórica de oponer el poeta romántico, vital y enamorado, al milico frío, seco y malo. Tenemos que simpatizar con el intrépido amante que, en tren de hacer un gesto romántico inconsecuente pone en riesgo no sólo su propia vida sino la de al menos tres otras personas. El estilo visual es rebuscado, dramatizando incluso los gestos más sencillos (Pancho habla por el celular y la cámara gira a su alrededor; Luciano se para de la silla y la cámara se le acerca desde abajo y lo muestra en un majestuoso contrapicado).

En Averno (Marcos Loayza, Bolivia/Uruguay) la sencilla tarea asignada al lustrabotas Tupah de ubicar al tío músico para que toque en un entierro da pie a un periplo fantástico, en el que se cruzan elementos de la mitología aymara, de la cultura de masas, tribus urbanas de delincuentes, las rutinas de los bares de La Paz, el catolicismo, la historia. Aparte de buenos momentos de humor y del interés que pueda tener ese ejercicio mítico/surreal/absurdo, es interesante ver ese tipo de juego narrativo asociado a un pibe de un barrio marginal. La fotografía es muy cuidada, y la dirección de arte, elaboradísima (algunos de los interiores recuerdan instalaciones artísticas). Hay un complejo juego de símbolos y motivos que se repiten. Todo el trabajo de posproducción sonora fue hecho en Uruguay, y es creativo y técnicamente excelente (el diseño de sonido es de Federico Moreira, y la música es de Gabriel Estrada).

Alternativa e invención

El estilo de Matar a Jesús (Laura Mora, Colombia) tiene puntos de contacto con el cine bruto de José Campusano: actores no profesionales, cámara en mano, ámbito marginal, crudeza en el enfoque. Un hombre es asesinado en la calle delante de su hija, una estudiante universitaria. Ella alcanza a ver al sicario que se aparta en moto y logra reconocerlo cuando se cruza con él, en forma fortuita, meses después. Decide acercársele para buscar una forma de vengarse. Al actuar como la casi novia de Jesús, sin embargo, ella termina sintiéndose un poco como tal (en un vínculo más afectivo que erótico). Las actuaciones y los diálogos son rústicos, pero el físico y el acento de las personas filmadas rinden una autenticidad muy difícil de emular por actores, y hay mucha fineza sicológica en el trazado del vínculo entre Paula y Jesús. La película se tironea entre el horror de la violencia y el imperativo ético de contemplar la humanidad del criminal. Hay momentos muy poéticos que involucran los traslados en auto, moto o bicicleta y la visión de Medellín desde los cerros que la circundan. El uso del sonido es tremendamente creativo (cuando Paula reconoce a Jesús en el baile y entra al baño, la música bailable se detiene en un loop fuertísimo hasta que ella vomita, y de pronto la música regresa a su estatuto de ambientación sonora naturalista). Aparte de contar su historia y reflexionar sobre sus implicaciones morales, hay un toque de manifiesto estético en el hecho de que Paula es fotógrafa (y sus fotos “ven” tanto a su padre como a Jesús) y en la clase universitaria sobre el arte latinoamericano y política. Una película poderosa, valiente, que se juega por una estética totalmente apartada de lo televisivo, realizada con inteligencia y creatividad.

Bio (Carlos Gerbase, Brasil) es una pequeña obra maestra. El título refiere a que es la biografía (ficticia) de un biólogo nacido (como Gerbase) en 1959. La película se concentra en momentos localizados (uno o dos por década de vida). Cada momento es contado por tres personajes, que relatan los hechos a cámara, como si fuera una entrevista. Los personajes que narran nunca se repiten de un episodio a otro, y la mayoría de la película consiste en sus “cabezas parlantes”. En cada episodio, el relato oral se va alternando en forma ágil entre los tres personajes, que nunca interactúan unos con otros en cámara. Esa estructura bastante estricta se ve constantemente intervenida por algunos flashbacks visuales y/o sonoros, por lo normal bien breves (y que casi nunca trasgreden el principio de una sola persona en pantalla a la vez). Muy ocasionalmente, algunas de esas visualizaciones muestran algún aspecto de la historia que se está contando. Por lo más, la biografía nos es relatada en forma oral. Jamás vemos al biólogo del que se habla. Al igual que en las entrevistas documentales de Eduardo Coutinho, el espectáculo se bifurca: imaginamos la historia narrada en forma oral, y vemos el festival de rostros y expresiones de quienes cuentan. La biografía tiene, como todas, unos pocos elementos excepcionales y una masa de ocurrencias prosaicas: la fascinación de lo cotidiano bien hallado y contado, alternada con aspectos bizarros, absurdos, bienhumorados, emotivos. Todo ello connotando un enorme placer en el narrar, en contar historias. Aparte de esos elementos, vale acompañar los componentes paramétricos de la realización (los valores de planos, la ubicación de los personajes en pantalla, las inserciones visuales y sonoras, las apariciones mudas de personajes de un episodio en el otro, las maneras como a veces los tres personajes que narran están en sincro —es como si escucharan el uno al otro y se fueran complementando—, pero a veces no, y ahí tardamos en entender qué vínculo tiene lo que cuenta uno con lo de los otros dos (otro factor más de actividad espectatorial). Es una felicidad encontrar en el cine latinoamericano una película como ésta, radicalmente creativa y realizada en forma tan magistral.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 23/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Días cuatro y cinco

Continúa con buen marco de público esta vigésimoprimera entrega del Festival de Punta del Este. En estos dos días han seguido desfilando directores y actores presentando sus película con un público siempre receptivo y agradecido.

En el correr de estos días hemos visto una variada selección de películas, que nos trajo desde la co-producción boliviano-uruguaya Averno a la primera exhibición en nuestro país de Las olas, de Adrián Biniez.

Averno merece comentarse por algo más que por ser la primera co-producción entre Bolivia y Uruguay, es una de las pocas veces que el cine latinoamericano se atreve a entrar en el mundo de lo fantástico, pero con nuestro propio lenguaje, hay mucho de la cosmogonía andina y aún así hay mucho que nos remite a lo ya conocido por nosotros. Con referencias a muchos filmes (un claro ejemplo del amor por el cine de su director, Marcos Loayza), entre los que podemos ver Los guerreros de Walter Hill o incluso a Laberinto, aquella maravilla de Jim Henson con Jennifer Connelly y David Bowie.

En Averno se narra el viaje de un lustrabotas por este lugar, en la búsqueda de su tío músico, en este recorrido hacia el averno, pasa por varias estaciones y en cada una de ellas hay situaciones muy oníricas, algunas mucho mejor logradas que otras, en un in crescendo que lo llevará a enfrentarse con un ser para poder recuperar a su abuelo. Las locaciones construídas para la ocasión, así como la fotografía del uruguayo Nelson Wainstein valen mucho el visionado del filme, así como la mano de Loayza en algunas secuencias magistrales, como su encuentro con dos guardias que terminarán luchando entre si, la llegada a una cantina donde la gente camina con sus pies hundidos en litros de cerveza o los guardianes con delay. Un filme extraño pero interesante, a quien alguien por allí lo comparó con la brasileña Macunaíma o con el realismo mágico (que algo de eso tiene).

Todo el año es Navidad es un documental muy gracioso, en el estilo que nos tiene acostumbrados su director Néstor Frenkel (Buscando a Reynolds, El gran simulador, Los ganadores). Aquí el tema es las personas que trabajan de Papá Noel, en una colección de entrevistas que nos hace encontrar con gente encariñable (y con otros atemorizantes), con un amor por lo que hacen. El documental tiene una edición genial, que juega constantemente con la película Todo el año es Navidad de 1960, dirigida por el uruguayo Román Viñoly Barreto, donde Papá Noel bajaba a la tierra para mezclarse con los mortales despojado de su disfráz. Aquí vemos a cada uno de quienes hacen de Papá Noel en su día a día, con sus trabajos diarios y sus pasiones. Al final incluye una fotografía de posibles Papás Noel, incluyendo grabaciones en Maldonado durante el Festival del año pasado, cuando exhibió Los ganadores. Super recomendable documental, entrañable y hecho con mucho cariño a sus entrevistados por Frenkel.

Como nuestro padres es el filme brasileño que ganó a mejor película en el último festival de Gramado y cuenta la historia de Rosa, una mujer cansada de su marido y que está en una pelea constante con su madre, quien un día le dice que su padre amado no es su padre, sino que ella es fruto de una noche de pasión en un evento al que concurrió. Esto desata la confusión en una persona que suponía tener sus ideas claras, tras ese batacazo inicial, comienza a cuestionarse todo, pero sobretodo a su propio matrimonio (aunque no al matrimonio en si). Rosa deberá volver a encontrarse a si misma y entender hacia donde debe ir su vida. Un gran filme que se sostiene no solo por un buen guión, sino por la labor titánica de su actríz Maria Ribeiro, a quien conocemos de Tropa de élite 2 y de telenovelas como Imperio o La esclava Isaura.

Por último fue el estreno en nuestro país de Las olas, el nuevo opus de Adrián Biniez, director de Gigante y de El 5 de Talleres, esta última recibió el premio a mejor actriz a Julieta Zylberberg por la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay (ACCU). Aquí el director juega mucho más que en sus dos películas anteriores, presentando un filme totalmente fantástico, Alfonso interpretado por Alfonso Tort, cada vez que se sumerge en el mar sale de él viviendo algún verano del pasado, esto incluye su niñez que él rememorará con su cuerpo actual. Un filme experimental si se quiere o surrealista, que necesita que el espectador entre en ese juego; para quien quede ajeno verá una serie de cortos sobre la vida de Alfonso. Como en toda colección de cortometrajes, hay algunos mucho mejor logrados que otros y el director aprovecha a liberar su imaginación, pero también a homenajear a algunos directores como David Lynch y a las playas uruguayas, que terminar convirtiéndose en la locación más importante del filme. Una apuesta difícil que tendrá su prueba de fuego en su estreno por Montevideo, pero una apuesta necesaria para darle un giro al cine uruguayo y demostrar que aún hay mucho terreno sin recorrer.

Hoy continúa el Festival con la exhibición de Cabros de mierda, del chileno Gonzalo Justiniano a las 18:45 horas en Sala Cantegril, Benzinho co-producción brasileño-uruguaya a las 21 horas y culmina la jornada con Una cuestión privada de los hermanos Taviani.

En Casa de la cultura de Maldonado se exhibe Dominguinhos, filme que integra el Filmusic Fest a las 18 horas, seguido por Chavela a las 20 horas, también parte del Filmusic Fest y un gran homenaje a Chavela Vargas.

En Life Cinema Punta Shopping se exhibe a las 18 horas Los gigantes no existen, filme de Chema Rodríguez que nos llega desde Guatemala, Handia filme vasco de Jon Garaño y José Mari Goenaga y por úlitmo la nominada al Oscar como película extranjera Una mujer fantástica de Sebastián Lelio.

En el Anfiteatro Margarita Xirgú (Teatro de verano de San Rafael) se exhiben los cortos integrantes de Maldonado filma, que incluyen Bucle, No él, Despertar en Maldonado, La playa y Murga La Clave: Ruido a Carnaval. Luego de ellos va el filme El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismaki, representando a Finlandia.

De más está decir que todas las exhibiciones (salvo las de Punta Shopping) son de carácter gratuito. ¡Buen Festival y nos vemos en las funciones!

Sergio Moreira (23/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Días dos y tres

El lunes continuó el Festival con varias exhibiciones presentadas por sus directores e incluso con el arranque del ciclo FilmMusic Fest, el espacio musical del FICPE.

En Sala Cantegril, a las cinco de la tarde y con buena asistencia de público se presentó la última película del director chileno Silvio Caiozzi, Y de pronto el amanecer. Un filme extenso, dura tres horas y cuarto, donde se cuenta la historia de un escritor y sus vivencias en el pueblito de Chiloé, durante varios años; incluyendo la dictadura militar.

La película, contada con voz en off, ya que trata de un libro que se va escribiendo al mismo momento que vemos las imágenes, se excede en lo que se sobreentiende. Hay una acentuación de lo oido con lo que se ve, tornando un poco tediosa la sobreexplicación. De todas formas Caiozzi le da un vuelo poético gracias a su fotografía y a la música, compuesta por su hija Valentina en base a la obra anterior de Luis Advis. Las composiciones de los personajes son muy buenas, y las actuaciones logran una emotividad que ayuda al relato. El filme se alarga un poco, con su metraje de 195 minutos, y deja la sensación de poder haber sido más efectiva con menos minutos de duración.

Este filme abrió las funciones de Sala Cantegril, que continuaron con Ausencia y cerraron con Vinicius, documental que inaugura el Filmusic Fest.

Mientras tanto en Casa de la cultura de Maldonado, se exhibía Violeta al fin, seguido por una mesa redonda sobre el Festival de Viña del mar y finalizando con Las dos Irenes, del brasileño Fabio Meira, quien presentó su filme y luego se quedó a recibir los comentarios provocados por su debút.

El filme es una pequeña gran obra sobre una niña llamada Irene, que descubre que su padre tiene otra familia con una hija de su edad, que lleva su mismo nombre. Allí va tejiendo un plan que la lleva a hacerse amiga de la otra Irene y tratar de identificar porqué su padre vive también con esta familia. El trabajo con las actrices es excelente y la película se mueve con una sutileza que pocos directores han logrado, la fotografía tiene grandes momentos y Las dos Irenes nos trae a un director debutante sin miedo a enfrentarse a temas difíciles.

En cuanto al Martes 20, en Sala Cantegril se vieron tres filmes de variadas procedencias. Desde Venezuela llegó Tamara, dirigida por Elia Schneider, que tuvo presentación a cargo de ella y su marido, el productor uruguayo José Ramón Novoa. En un discurso teñido por el dolor de ver al país en el que viven, según ellos ya como una dictadura, dieron paso a su filme; en él se cuenta la historia de Tamara Adrián (en el filme Tamara Almanza), la primera diputada transgenero de latinoamérica. El filme cuenta la indecisión del personaje en tomar la posición definitiva que lo llevaría a ser quien es hoy, es de entender que ese conflicto no era nada fácil, cambiaría toda su vida (literalmente), no sólo su cuerpo. Es en esa ambiguedad del personaje que se va manejando bien el filme, las consultas con la psicóloga son los momentos mejor logrados; lamentablemente – si bien la actuación de Luis Fernández es muy compleja – el personaje no termina de empatizar con el público, quizás -justamente- por esas idas y vueltas, pero sobretodo por no establecer una buena conexión con su entorno. En la secuencia en la que Teo (aún no Tamara) le dice a su esposa que está tomando en cuenta la posibilidad de ser mujer, no había ningún antecedente en su relación con ella que indicara que esa era su preocupación, si la notamos como espectadores, sobretodo por como está contado el relato; pero no así su familia, por lo que es entendible la reacción de su esposa. Lo mismo sucede con su novia posterior, si bien ella tiene todas las armas para poder intuir su decisión, no hay una comunicación clara de él hacia ella. Es allí quizás donde el guión no completa su romance con el espectador, posiblemente fuera buscado así, pero no logra comunicarse muy bien. El filme es una biopic, por lo que el centro está en su personaje principal y podemos sufrir con él sus cambios, sus frustraciones y la maldad del entorno ante alguien que consideran diferente. Tamara es un filme atendible, realizado en el momento en que esta discusión se está tomando, pero que -lamentablemente- no termina de emocionar, no nos permite acercarnos por completo al personaje. De más está decir que por las características del relato, era una tarea muy ardua de antemano y que frente a eso, es muy valiente por parte de Schneider haber asumido el reto. De todas formas no es una película que pase desapercibida en ningún lugar donde se exhiba, es el filme necesario para continuar con una discusión que no muchos quieren siquiera iniciar.

Luego fue el turno de la coproducción argentino-española El último traje de Pablo Solarz, presentado por el actor Miguel Ángel Solá y la productora Vanessa Ragone. Cuenta la historia de Abraham Bursztein, un anciano judío de 88 años; que decide escapar de su país hacia su Polonia natal, cuando ve que sus hijas lo quieren internar en un geriátrico. Es en ese momento que quiere cumplir con una vieja promesa y va en búsqueda de un amigo que le salvó su vida en 1945, cuando huyó de los nazis. En esa travesía se encuentro con un argentino, una española y una alemana que lo ayudarán a concretarla, a pesar de su negación a cualquier ayuda. Una tragicomedia muy interesante, construída con grandeza desde la enorme actuación de Miguel Ángel Solá, el filme funciona y cumple con lo que busca, emocionar y hacernos reir con un personaje entrañable, que también tiene un crecimiento en su personalidad a pesar de su edad. Si bien no aporta nada nuevo al cine, esto no implica que no se pueda disfrutar de ella.

Por último el cierre fue con Charco: Canciones del Río de la Plata de Julián Chalde, en el marco del Filmusic Fest, versión final del corte que se había visto en Sala Zitarrosa el año pasado. Un gran documental en el que se demuestra que no hay fronteras definidas en las canciones uruguayas y argentinas, todo proviene de una misma raíz, pero aún así uno puede identificarlas. Un excelente trabajo de edición e investigación, que nos trae un recorrido realizado por el músico Pablo Dacal por Argentina y Montevideo, en búsqueda de las respuestas a esta relación entre las canciones de ambas partes del Plata. Una colección de interpretes a cada quien mejor que el anterior, donde pasan nombres argentinos como Fito Páez, Gustavo Santaolalla, Daniel Melingo, Onda Vaga, Palo Pandolfo, Jorge Serrano (de Auténticos Decadentes), Pablo Lescano de Damas gratis y los uruguayos Fernando Cabrera, Ana Prada, Hugo Fatorusso, Martín Buscaglia, Juan Campodónico, el Bocha Benavides, Mandrake Wolf y Eduardo Daluz, entre otros.

El gran mérito del director no está solo en los grandes nombres que aparecen (hay muchas ausencias, como es obvio en estos casos) sino en lograr borrar realmente las fronteras, a tal punto que cuando se mezclan imágenes de la ciudad, llegue un momento en que no podemos identificar cual es cual.

Un buen cierre de jornada, con muy buena música y buen cine documental.

Para hoy, día lluvioso e ideal para ver cine, tenemos estas opciones:

En Sala Cantegril, a las 17:00 hs. Matar a Jesús, filme Colombiano de Laura Mora, a las 18:45 hs. Averno desde Bolivia, de Marcos Loayza, a las 20:25 hs. Bio de Carlos Gerbase y a las 22:15, el Filmusic Fest nos trae Ábalos: Una historia de cinco hermanos de Josefina Zavalía Ábalos.

En la Casa de la Cultura de Maldonado, a las 19:30 hs. se exhibe Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini, a las 21:30 hs. Todo el año es Navidad de Néstro Frenkel, en su estreno mundial.

Finalmente, en el Centro Cultural Maldonado Nuevo, desde las 20:00 hs. podremos apreciar Manuela, filme cubano de1966, dirigido por Humberto Solás y a las 21:00 horas Niñas araña del chileno Guillermo Helo.

A seguir disfrutando de buen cine, que aún nos quedan algunos días de Festival.

Sergio Moreira (21/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Día Uno

El festival más antiguo del continente comenzó anoche con la exhibición del filme Joao, el maestro de Mauro Lima.

Desde antes de ver el filme se disfrutó de la inauguración del evento, con un gran grupo vocal que invitaba a quedarse a ver todo su show, que recorrió desde canciones de Abba, a una genial versión de “I Will Always Love You” de Whitney Houston y hasta Bandana y su Maldita noche; nada faltó. Este grupo oriundo de Maldonado, llamado Compás 15, presentó un pequeño show sin fisuras y que alienta, a quien lo ve, a seguirlo.

Nuevamente la alfombra roja esperaba a las estrellas del Festival y a quien se le ocurriera pasar sobre ella, a la hora señalada comenzó la presentación, y con ella el desfile de personalidades políticas y los homenajes (merecidos) a Silvio Caiozzi y a la familia Barreto, responsables de gran parte de la historia cinematográfica de Brasil (como olvidar a Doña Flor y sus dos maridos).

Luego de ello, se exhibió la última producción de los Barreto, sobre la vida del músico João Carlos Martins, quien obsesionado por el piano termina perdiendo la capacidad de tocarlo, algo que subsanó con inteligencia, para seguir viviendo de la música.

El filme es una biopic (película biográfica) muy bien narrada, con un cuidado guión, una excelente edición y un increíble casting, donde los actores que interpretan al pianista son muy parecidos entre si y guardan una coherencia estética muy poco lograda en otros filmes de este subgénero.

La música es excelente y mereció apreciarse de otra forma, el Cine Cantegril carece de las características técnicas para poder disfrutar del sonido de un filme así, no hay 5.1 y esto es esencial para el gozo de las escenas musicales (que son las mayorías en el filme), esto sumado a unos diez minutos en los que una luz detrás de la pantalla permanecía prendida, fue casi fatal para el filme que, de todas formas, sobrepasó los inconvenientes y terminó sinceramente ovacionado por el público.

Indudablemente los Barreto saben hacer buen cine, un cine que sabe contar historias y lo hace de manera formal. Un rodaje que reunió a Brasil con Uruguay, que contó con actores locales como Roberto Suárez y Néstor Guzzini, dentro de los más conocidos y que aprovecha locaciones uruguayas como el puerto de Montevideo o los estudios Sondor.

Un filme que esperemos que llegue a Montevideo, ya que es una gran muestra de buen cine biográfico y de buen cine a secas.

Para el día de hoy hay varias opciones:

En Sala Cantegril se verá a las 17:00 horas, el filme Y de pronto el amanecer del director chileno Silvio Caiozzi, seguido por Ausencia de Claudio Marcone, también chileno y culmina con Vinicius de Miguel Faria Jr., abriendo la sección Filmusic Fest.

También se podrán ver películas en Casa de la Cultura de Maldonado desde las 18 horas, con Violeta al fin de Hilda Hidalgo, desde Costa Rica, a las 19:00 horas una mesa redonda sobre el cincuentenario del Festival de Viña del mar y a las 20:30 horas se exhibirá Las dos Irenes, filme brasileño de Fabio Meira, presentado por su director.

Por último en el Centro Cultural Maldonado Nuevo, estará Leonardo Sbaraglia presentando El otro hermano de Adrián Caetano, que lo tiene a él junto a nuestro Daniel Hendler.

El festival ya se puso en marcha… ¡A disfrutarlo!

Sergio Moreira (19/02/2018)