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21er Festival Internacional de Cine de Punta del Este – FilMusic Fest (Guilherme de Alencar Pinto)

Así, como suena

Por tercer año consecutivo, el Festival de Punta del Este incluye la sección FilMusic Fest, coordinada por Juan José Morialdo. Consiste en una selección de ejemplares de esa veta cada vez más extendida de documentales sobre música (sobre algún individuo o banda, o sobre algún movimiento). Por supuesto, ese tipo de trabajos involucra pericia cinematográfica, pero la clave siempre estará en el interés que susciten el personaje y su música para el espectador.

Charco / Canciones del Río de la Plata (Julián Chalde, Argentina) lidia con la corriente de afecto y entendimiento entre las músicas de Montevideo y Buenos Aires. El músico argentino Pablo Dacal se va encontrando, sucesivamente, con músicos de ambas orillas, con quienes dialoga y a veces interactúa musicalmente. Hay muchas versiones cruzadas (Franny Glass canta a Dino, Jorge Drexler a Fernando Cabrera, Fito Páez a Charly García) y el recurso sirve para traer a la película algunos músicos ya fallecidos (Cabrera canta a Osiris Rodríguez Castillos, Hugo Fattoruso a Mateo, Mandrake Wolf al Príncipe, Sofía Viola a Gilda, Vera Spinetta a su padre Luis Alberto Spinetta, Ana Prada a Darnauchans). Hay conversaciones y/o números musicales además con Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Melingo, Miguel Grinberg, Pipo Lernoud, Eduardo Da Luz, Edú Lombardo, Washington Benavides, Jorge Serrano (de Auténticos Decadentes) y Pablo Lescano (de Damas Gratis). La idea parece haber sido pintar un panorama, pero de pronto fue tan grande la amplitud que se buscó que algunas áreas quedaron confinadas a un solo representante, lo cual, por supuesto, es poco. La película termina teniendo el aire de una colección de postales, con conversaciones entrecortadas e insuficientes, reducidas a frases sueltas que pretenden valerse por su swing, recurso que nunca llega a compensar una enunciación más extensa y articulada. Para peor hay varios episodios ensayados donde las personas hacen de sí mismas (pero lo actúan, por lo general, muy mal), tipo “¡Bienvenido al Uruguay! Tenía el mate acá, preparadito.” Hay imágenes muy bonitas de los paisajes urbanos de ambas ciudades, y además del Tigre y la pampa, de algunos cafés porteños, de los estudios Sondor y del teatro Solís. El vínculo entre los dos países, quitando el hecho de que es un argentino el que hace las entrevistas, nunca llega a realmente delinearse, porque esencialmente los argentinos hablan de sus antecedentes argentinos y los uruguayos, de uruguayos (Hugo hace la deferencia de referirse a Manal, y Cabrera a los folcloristas argentinos). Al final Martín Buscaglia y Dacal hacen una payada/duelo en broma, en la que cantan respectivamente las virtudes de las propias culturas. Pero el vínculo y la interinfluencia son mucho más ricos que lo que da a entender esta realización. Musicalmente hay algunos grandes momentos (destaque especial para Mandrake haciendo “Ángel de la ciudad”). (Martes 20 a las 21:40 hs, Cantegril, con la presencia de Andrés Mayo, idealizador, productor y sonidista del proyecto)

Ábalos: una historia de cinco hermanos (Josefina Zavalía Ábalos, Argentina) no es precisamente lo que dice el título. La historia y la calidad del famoso grupo folclorista Los Hermanos Ábalos (activo de 1939 a 1999) es el trasfondo de mucho de lo que vemos, pero la película gira más bien alrededor de Vitillo Ábalos, quien es, desde 2008, el último sobreviviente de los cinco hermanos. La película se filmó entre 2013 y 2017, y ese hombre nonagenario sigue tocando como los dioses el bombo legüero, canta bárbaro, baila chacareras e incluso zapatea. Es un ser entrañable, de esos señores cuyo vestir, siempre formal e impecable, no es sino la expresión exterior de una manera de ser, cuidadosa, modesta, gentil, caballerosa. Recuerda y narra con precisión muchísimas anécdotas, pero no vive en el pasado ni lamenta la juventud perdida, quizá porque nunca la perdió: agradece lo vivido y sigue haciendo planes para seguir haciendo cosas. En una ocasión nombra a los Beatles y su interlocutor no entiende qué dijo, y don Vitillo explica: “Los Beatles, los chicos de Liverpool, de los cerquillitos…” Su sobrino nieto Juan Gigena Ábalos (guitarrista de Ciro y los Persas) se reencontró con él y decidió llevar adelante el proyecto de un disco en que el viejo versiona canciones del repertorio de Los Hermanos Ábalos, junto a grandes músicos de distintos ámbitos (Juanjo Domínguez, Jaime Torres, Jimmy Rip, La Bomba de Tiempo y un ensamble enorme —y excelente— integrado por descendientes de los Ábalos). La película muestra aspectos de su cotidiano, conversaciones con ese hombre con el que uno pasaría horas charlando en un boliche, y algunas de las grabaciones del disco y espectáculos. Esto va alternado con unas pocas filmaciones de archivo de Los Hermanos Ábalos, incluida la aparición, que los proyectó a la fama, en La guerra gaucha, de Lucas Demare (1942). (Miércoles 21 a las 22:15 hs, Cantegril, con la presencia de la directora y de Juan Gigena)

Yo Sandro (Miguel Mato, Argentina) aborda la vida del ídolo latinoamericano (1945-2010). Se apoya sobre todo en una grabación sonora de calidad técnica deficiente, en que el cantante contó de forma muy simpática su vida. Muchas veces lo escuchamos en voz over, en otras ocasiones las palabras de Sandro aparecen interpretadas en la voz de alguien con entonación y voz muy similares a las del locutor de las últimas propagandas de Macromercado. Algunos de los episodios de su infancia aparecen reconstruidos con actores. Ninguno de esos recursos aporta demasiado. Luego hay una abundancia de imágenes de archivo, de Sandro actuando, de fragmentos de sus muchas películas, de momentos cotidianos (Sandro en la piscina, Sandro caminando de un lado a otro), y de las multitudes que solían acogerlo y en especial de las mujeres claramente erotizadas por sus contorsiones corporales y la emocionalidad enfática, volcada con una formidable técnica vocal. Los realizadores trataron de hacer un montaje cuidado (varias secuencias de planos cortos vinculados a determinada temática, o alguna superposición significativa, como cuando el cantante describe sus orígenes muy humildes y la cámara se pasea por el decorado kitsch de su vivienda muy suntuosa). No hay análisis, no hay apreciación de su música, influencia o impacto, con la excepción, cerca del final del metraje, de una entrevista aislada a la cantante Lucecita Benítez. Incluso los datos quedan un poco confusos: ¿en qué ámbito actuaba en sus inicios?, ¿en qué año fue el festival internacional en que se proyectó?, ¿en qué países se proyectó?, ¿qué impacto tuvo el éxito en su vida y cuánto duró? La película se ocupa de su formación y la eclosión de su éxito, y no hay palabra sobre sus últimos años ni sobre su muerte. Vale para ver las muestras filmadas de esa figura algo bizarra, cuya popularidad mostró algo acerca de Argentina, Latinoamérica, los gustos masivos y la atracción erótica. (Jueves 22 a las 20:45 en la Casa de la Cultura de Maldonado, con la presencia del director)

Chavela (Catherine Gund y Daresha Kyi, Estados Unidos/México/España) cuenta la vida de la mejicana (nacida en Costa Rica) Chavela Vargas (1919-2012). El material básico es una extensa entrevista filmada a la cantante en 1991, que las directoras alternan con imágenes diversas de archivo y entrevistas tipo “cabezas parlantes”, filmadas especialmente, a testigos de su vida y colegas. La vida de la artista sugirió una estructura en cinco secciones —prólogo, formación, momento oscuro, renacer triunfal, epílogo—, donde el episodio central consiste en la debacle y los 12 años de inactividad debido al serio alcoholismo, y el renacer es su sorpresivo regreso a las tablas, de la mano de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, justo en un momento en que sus canciones llamaban la atención del mundo al colorear películas de Pedro Almodóvar, quien cumplió un papel importante en presentarla al público español y luego al francés, hasta propiciar un regreso triunfal a México. Es de esa etapa la mayor abundancia de actuaciones filmadas, así que finalmente tenemos algunos ejemplares más o menos extensos de esas rancheras apasionadas y desgarradoras que sólo parecen ganar su pleno sentido luego del tercer vaso de tequila. Junto a la carrera propiamente musical, la película aborda las dificultades de Chavela con su familia por su actitud masculinizada, luego la constitución de su imagen pública como “mujer más macha que los más machos”, y finalmente su asunción pública (recién en los años noventa) como homosexual, y la importancia enorme que tuvo para las lesbianas de México. El retrato es vívido, emotivo y bien estructurado, la música es imponente, y entre lo mucho que se dice, merecen un destaque especial algunas frases llenas de poesía de Almodóvar, Miguel Bosé y la propia Chavela. (Viernes 23 a las 20 hs, Casa de la Cultura de Maldonado).

Dejo para último la película que abre el ciclo, esta noche, lunes 19 a las 21:30 hs en Cantegril. Vinicius (Miguel Faria Jr., Brasil) no es una película nueva (es de 2005) y ya tuvo exhibición en Uruguay en su momento, pero se incorpora al ciclo por cuenta de la oportunidad de tener a Mariana de Moraes, nieta del artista, ella misma una excelente cantante, presentándola al público de Punta del Este. Ninguna de las películas del ciclo refiere a una figura tan compleja: Vinicius (1913-1980) fue poeta, dramaturgo, diplomático, se sumó a una tendencia fascistoide cuando joven, luego se hizo de izquierda y finalmente un bohemio que, como dice el texto hablado de la película, “era un ateo materialista que decidió creer en el misterio sensual de los orishás” y fue a vivir a Bahía. Como letrista de canciones, tuvo su presencia en la “época de oro” de la canción brasileña, fue uno de los fundadores e ideólogos de la bossa nova y luego de algunas de las escapadas de la bossa nova (la música de influencia nordestina con textos políticos asociada con la segunda etapa de Carlos Lyra, los afro-sambas asociados a Baden Powell, la veta bahianista asociada con Toquinho). En su etapa final con Toquinho hizo más de mil presentaciones mundo afuera como cantante, convirtiéndose, además de en un autor reconocido, en una estrella y personaje muy conocido. Era una figura extremadamente calurosa, generosa, desprendida, que vivió la vida tratando de sacarle todo el provecho posible en cuanto a amor, amistades y belleza. De todas las películas del ciclo es la única que analiza con alguna profundidad el alcance de su obra, gracias a una colección de invitados de una inteligencia y sensibilidad envidiable: Antônio Cândido y Ferreira Gullar hablando de su literatura, Tonia Carrero, Maria Bethania y tres de las hijas de Vinicius hablan de su vida, y de ambas cosas más la música, gente como Caetano Veloso, Chico Buarque, Francis Hime, Gilberto Gil, Edu Lobo, Toquinho. Estos últimos, como parte de las entrevistas, hacen versiones exclusivas de algunas canciones de Vinicius (imponentes, porque todos cantan bien y los tres últimos son eximios guitarristas). Una representación teatral de estatus indefinido (¿preparada especialmente para la película?) da pie a que dos actores lean textos suyos y narren aspectos de su evolución y, al parecer en el mismo contexto, varios otros músicos invitados hacen canciones suyas en arreglos preparados especialmente. En paralelo a la vida del Poetinha, imágenes documentales retratan la evolución del país y de aspectos de la cultura que informan su papel en todo eso. Y hay además imágenes de archivo con el propio Vinicius. Así que la película conceptualiza, informa y además implica un baño de música y poesía.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 19/02/2018)

Festival Internacional de Punta del Este

Un panorama latinoamericano

En la noche inaugural del 21er Festival Internacional de Punta del Este fue homenajeada la familia Barreto, representada en la ocasión por el nonagenario y siempre vigoroso patriarca Luiz Carlos Barreto, su esposa Lucy y su hija Paula. Las decenas de películas que produjeron incluyen hitos del cine brasileño como Tierra en trance (1967) y Doña Flor y sus dos maridos (1976). Remitiendo a una categoría de Rossellini, Luiz Carlos abogó por un cine útil por oposición a uno fútil. Su manera de comprender esa utilidad, sin embargo, es bien distinta de la de Rossellini, ya que, terminada la etapa cinemanovista, los Barreto se vienen asociando a un cine de “calidad” entendida como narrativa clásica, valores de producción y asuntos con un ostensivo valor cultural, expresamente destinado a un público masivo, y así han construido la más poderosa productora cinematográfica de América Latina.

Corte clásico

El festival abrió con una producción Barreto, João, el maestro (João, o maestro, Mauro Lima, Brasil). Es la biopic del gran pianista João Carlos Martins (nacido en 1940). La película supera los problemas de las biopics al concentrarse en la personalidad compulsiva de Martins, en un retrato singularmente poco complaciente (teniendo en cuenta que el artista participó activamente en el proyecto), valorizado en las tremendas actuaciones de Rodrigo Pandolfo y Alexandre Nero, que incorporan el personaje, respectivamente, en la juventud y madurez. Una de las seis semanas de rodaje se hizo en Uruguay. Esto incluye la extensa secuencia que transcurre en este país, pero los montevideanos podrán reconocer también, presuntamente en Bulgaria, nuestro edificio de la Aduana y el estudio Sondor.

En El último traje (Pablo Solarz, Argentina/España) Miguel Ángel Solá interpreta a un nonagenario argentino que la película describe, en forma cómica pero aparentemente cómplice, con algunos de los estereotipos de lo judío: tacaño, astuto, manipulador, orgulloso, sentimental, tribal. Decide regresar por primera vez a su Łódź natal, adonde no iba desde 1945. Su intención es reencontrarse con el amigo de la infancia que le salvó la vida en aquel entonces, y de quien nunca más tuvo noticias. Abraham aterriza en Madrid y hace en tren el resto del recorrido a Polonia, con una serie de contratiempos que ayudan a rellenar el metraje y motivan situaciones que construyen una dinámica de road movie. Durante el periplo conoceremos su historia y datos punzantes sobre sus padecimientos durante el dominio nazi. La anécdota se basa en el recurso medio empalagoso de hacer que todos quienes se cruzan con Abraham decidan pasar por arriba su antipatía, le adivinan virtudes y lo quieren lo suficiente para, además de ser gentiles, querer pasar tiempo con él, ir a despedirlo a la estación, esforzarse en convencerlo de que está equivocado en algo, o incluso pedir licencia en el trabajo a fin de llevarlo en auto de una ciudad a otra. El asunto del Holocausto es escasamente novedoso, pero no por ello deja de mover sentimientos con todas sus implicaciones terribles, y además la película lidia con los recuerdos lejanos, los seres queridos perdidos, la condición anacrónica de la vejez, y el reencuentro tras una separación larguísima. Fue quizá la película concurrida por más público en lo que va del festival, y la más masivamente aplaudida. Está prevista para estrenarse a la brevedad en la cartelera comercial.

Ausencia (Claudio Marcone y Liu Marino, Chile) está centrada en el conocido triángulo amoroso entre la chilena Carmen Arriagada, su marido Eduard Gutike y su amante el dibujante bávaro Moritz Rugendas. Las más de doscientas cartas de Arriagada a Rugendas son una referencia fundamental para la historia de la vida privada y de la mujer en una colonia española del siglo XIX. El ritmo es contemplativo, el tono es relativamente seco. Hay escenas muy interesantes (el día en el campo junto al cazador, y sobre todo el diálogo entre Gutike y el Intendente Concha). Los preciosistas planos paisajísticos, aunque poco tienen que ver con el estilo de Rugendas, pueden ser una alusión a su interés por la naturaleza, o expresión lírica de los sentimientos de Carmen. Quizá los abundantes desnudos de la bella actriz Daniela Ramírez busquen expresar visualmente las pulsiones eróticas de Arriagada, pero su estilo delata el origen del director Marcone en el cine publicitario.

Fantasía

En …y de pronto el amanecer (Silvio Caiozzi, Chile) un escritor, ausente desde 1973, regresa, pasados más de cuarenta años, a las islas patagónicas de Chiloé, donde nació y creció. Su reencuentro con algunos viejos amigos y con ese contexto a la vez familiar y extraño se va alternando con las imágenes del libro que va creando, mezcla de imaginación fantasiosa y flashback. La idea es interesante y la acumulación de situaciones termina trasmitiendo en forma muy convincente esa sensación de lo vivido, de la nostalgia, de lo irrecuperable, del acopio de recuerdos, que es el principal encanto de la película. Todo eso queda comprometido por el tono “poético” de los episodios, situaciones y parlamentos, acentuado por el estilo teatral de las actuaciones y la música dulzona y sobreexplicada. El señor lunático que se obsesiona con agarrar el sol con las manos parece una idea de Eliseo Subiela, y es medio primaria la retórica de oponer el poeta romántico, vital y enamorado, al milico frío, seco y malo. Tenemos que simpatizar con el intrépido amante que, en tren de hacer un gesto romántico inconsecuente pone en riesgo no sólo su propia vida sino la de al menos tres otras personas. El estilo visual es rebuscado, dramatizando incluso los gestos más sencillos (Pancho habla por el celular y la cámara gira a su alrededor; Luciano se para de la silla y la cámara se le acerca desde abajo y lo muestra en un majestuoso contrapicado).

En Averno (Marcos Loayza, Bolivia/Uruguay) la sencilla tarea asignada al lustrabotas Tupah de ubicar al tío músico para que toque en un entierro da pie a un periplo fantástico, en el que se cruzan elementos de la mitología aymara, de la cultura de masas, tribus urbanas de delincuentes, las rutinas de los bares de La Paz, el catolicismo, la historia. Aparte de buenos momentos de humor y del interés que pueda tener ese ejercicio mítico/surreal/absurdo, es interesante ver ese tipo de juego narrativo asociado a un pibe de un barrio marginal. La fotografía es muy cuidada, y la dirección de arte, elaboradísima (algunos de los interiores recuerdan instalaciones artísticas). Hay un complejo juego de símbolos y motivos que se repiten. Todo el trabajo de posproducción sonora fue hecho en Uruguay, y es creativo y técnicamente excelente (el diseño de sonido es de Federico Moreira, y la música es de Gabriel Estrada).

Alternativa e invención

El estilo de Matar a Jesús (Laura Mora, Colombia) tiene puntos de contacto con el cine bruto de José Campusano: actores no profesionales, cámara en mano, ámbito marginal, crudeza en el enfoque. Un hombre es asesinado en la calle delante de su hija, una estudiante universitaria. Ella alcanza a ver al sicario que se aparta en moto y logra reconocerlo cuando se cruza con él, en forma fortuita, meses después. Decide acercársele para buscar una forma de vengarse. Al actuar como la casi novia de Jesús, sin embargo, ella termina sintiéndose un poco como tal (en un vínculo más afectivo que erótico). Las actuaciones y los diálogos son rústicos, pero el físico y el acento de las personas filmadas rinden una autenticidad muy difícil de emular por actores, y hay mucha fineza sicológica en el trazado del vínculo entre Paula y Jesús. La película se tironea entre el horror de la violencia y el imperativo ético de contemplar la humanidad del criminal. Hay momentos muy poéticos que involucran los traslados en auto, moto o bicicleta y la visión de Medellín desde los cerros que la circundan. El uso del sonido es tremendamente creativo (cuando Paula reconoce a Jesús en el baile y entra al baño, la música bailable se detiene en un loop fuertísimo hasta que ella vomita, y de pronto la música regresa a su estatuto de ambientación sonora naturalista). Aparte de contar su historia y reflexionar sobre sus implicaciones morales, hay un toque de manifiesto estético en el hecho de que Paula es fotógrafa (y sus fotos “ven” tanto a su padre como a Jesús) y en la clase universitaria sobre el arte latinoamericano y política. Una película poderosa, valiente, que se juega por una estética totalmente apartada de lo televisivo, realizada con inteligencia y creatividad.

Bio (Carlos Gerbase, Brasil) es una pequeña obra maestra. El título refiere a que es la biografía (ficticia) de un biólogo nacido (como Gerbase) en 1959. La película se concentra en momentos localizados (uno o dos por década de vida). Cada momento es contado por tres personajes, que relatan los hechos a cámara, como si fuera una entrevista. Los personajes que narran nunca se repiten de un episodio a otro, y la mayoría de la película consiste en sus “cabezas parlantes”. En cada episodio, el relato oral se va alternando en forma ágil entre los tres personajes, que nunca interactúan unos con otros en cámara. Esa estructura bastante estricta se ve constantemente intervenida por algunos flashbacks visuales y/o sonoros, por lo normal bien breves (y que casi nunca trasgreden el principio de una sola persona en pantalla a la vez). Muy ocasionalmente, algunas de esas visualizaciones muestran algún aspecto de la historia que se está contando. Por lo más, la biografía nos es relatada en forma oral. Jamás vemos al biólogo del que se habla. Al igual que en las entrevistas documentales de Eduardo Coutinho, el espectáculo se bifurca: imaginamos la historia narrada en forma oral, y vemos el festival de rostros y expresiones de quienes cuentan. La biografía tiene, como todas, unos pocos elementos excepcionales y una masa de ocurrencias prosaicas: la fascinación de lo cotidiano bien hallado y contado, alternada con aspectos bizarros, absurdos, bienhumorados, emotivos. Todo ello connotando un enorme placer en el narrar, en contar historias. Aparte de esos elementos, vale acompañar los componentes paramétricos de la realización (los valores de planos, la ubicación de los personajes en pantalla, las inserciones visuales y sonoras, las apariciones mudas de personajes de un episodio en el otro, las maneras como a veces los tres personajes que narran están en sincro —es como si escucharan el uno al otro y se fueran complementando—, pero a veces no, y ahí tardamos en entender qué vínculo tiene lo que cuenta uno con lo de los otros dos (otro factor más de actividad espectatorial). Es una felicidad encontrar en el cine latinoamericano una película como ésta, radicalmente creativa y realizada en forma tan magistral.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 23/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Días cuatro y cinco

Continúa con buen marco de público esta vigésimoprimera entrega del Festival de Punta del Este. En estos dos días han seguido desfilando directores y actores presentando sus película con un público siempre receptivo y agradecido.

En el correr de estos días hemos visto una variada selección de películas, que nos trajo desde la co-producción boliviano-uruguaya Averno a la primera exhibición en nuestro país de Las olas, de Adrián Biniez.

Averno merece comentarse por algo más que por ser la primera co-producción entre Bolivia y Uruguay, es una de las pocas veces que el cine latinoamericano se atreve a entrar en el mundo de lo fantástico, pero con nuestro propio lenguaje, hay mucho de la cosmogonía andina y aún así hay mucho que nos remite a lo ya conocido por nosotros. Con referencias a muchos filmes (un claro ejemplo del amor por el cine de su director, Marcos Loayza), entre los que podemos ver Los guerreros de Walter Hill o incluso a Laberinto, aquella maravilla de Jim Henson con Jennifer Connelly y David Bowie.

En Averno se narra el viaje de un lustrabotas por este lugar, en la búsqueda de su tío músico, en este recorrido hacia el averno, pasa por varias estaciones y en cada una de ellas hay situaciones muy oníricas, algunas mucho mejor logradas que otras, en un in crescendo que lo llevará a enfrentarse con un ser para poder recuperar a su abuelo. Las locaciones construídas para la ocasión, así como la fotografía del uruguayo Nelson Wainstein valen mucho el visionado del filme, así como la mano de Loayza en algunas secuencias magistrales, como su encuentro con dos guardias que terminarán luchando entre si, la llegada a una cantina donde la gente camina con sus pies hundidos en litros de cerveza o los guardianes con delay. Un filme extraño pero interesante, a quien alguien por allí lo comparó con la brasileña Macunaíma o con el realismo mágico (que algo de eso tiene).

Todo el año es Navidad es un documental muy gracioso, en el estilo que nos tiene acostumbrados su director Néstor Frenkel (Buscando a Reynolds, El gran simulador, Los ganadores). Aquí el tema es las personas que trabajan de Papá Noel, en una colección de entrevistas que nos hace encontrar con gente encariñable (y con otros atemorizantes), con un amor por lo que hacen. El documental tiene una edición genial, que juega constantemente con la película Todo el año es Navidad de 1960, dirigida por el uruguayo Román Viñoly Barreto, donde Papá Noel bajaba a la tierra para mezclarse con los mortales despojado de su disfráz. Aquí vemos a cada uno de quienes hacen de Papá Noel en su día a día, con sus trabajos diarios y sus pasiones. Al final incluye una fotografía de posibles Papás Noel, incluyendo grabaciones en Maldonado durante el Festival del año pasado, cuando exhibió Los ganadores. Super recomendable documental, entrañable y hecho con mucho cariño a sus entrevistados por Frenkel.

Como nuestro padres es el filme brasileño que ganó a mejor película en el último festival de Gramado y cuenta la historia de Rosa, una mujer cansada de su marido y que está en una pelea constante con su madre, quien un día le dice que su padre amado no es su padre, sino que ella es fruto de una noche de pasión en un evento al que concurrió. Esto desata la confusión en una persona que suponía tener sus ideas claras, tras ese batacazo inicial, comienza a cuestionarse todo, pero sobretodo a su propio matrimonio (aunque no al matrimonio en si). Rosa deberá volver a encontrarse a si misma y entender hacia donde debe ir su vida. Un gran filme que se sostiene no solo por un buen guión, sino por la labor titánica de su actríz Maria Ribeiro, a quien conocemos de Tropa de élite 2 y de telenovelas como Imperio o La esclava Isaura.

Por último fue el estreno en nuestro país de Las olas, el nuevo opus de Adrián Biniez, director de Gigante y de El 5 de Talleres, esta última recibió el premio a mejor actriz a Julieta Zylberberg por la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay (ACCU). Aquí el director juega mucho más que en sus dos películas anteriores, presentando un filme totalmente fantástico, Alfonso interpretado por Alfonso Tort, cada vez que se sumerge en el mar sale de él viviendo algún verano del pasado, esto incluye su niñez que él rememorará con su cuerpo actual. Un filme experimental si se quiere o surrealista, que necesita que el espectador entre en ese juego; para quien quede ajeno verá una serie de cortos sobre la vida de Alfonso. Como en toda colección de cortometrajes, hay algunos mucho mejor logrados que otros y el director aprovecha a liberar su imaginación, pero también a homenajear a algunos directores como David Lynch y a las playas uruguayas, que terminar convirtiéndose en la locación más importante del filme. Una apuesta difícil que tendrá su prueba de fuego en su estreno por Montevideo, pero una apuesta necesaria para darle un giro al cine uruguayo y demostrar que aún hay mucho terreno sin recorrer.

Hoy continúa el Festival con la exhibición de Cabros de mierda, del chileno Gonzalo Justiniano a las 18:45 horas en Sala Cantegril, Benzinho co-producción brasileño-uruguaya a las 21 horas y culmina la jornada con Una cuestión privada de los hermanos Taviani.

En Casa de la cultura de Maldonado se exhibe Dominguinhos, filme que integra el Filmusic Fest a las 18 horas, seguido por Chavela a las 20 horas, también parte del Filmusic Fest y un gran homenaje a Chavela Vargas.

En Life Cinema Punta Shopping se exhibe a las 18 horas Los gigantes no existen, filme de Chema Rodríguez que nos llega desde Guatemala, Handia filme vasco de Jon Garaño y José Mari Goenaga y por úlitmo la nominada al Oscar como película extranjera Una mujer fantástica de Sebastián Lelio.

En el Anfiteatro Margarita Xirgú (Teatro de verano de San Rafael) se exhiben los cortos integrantes de Maldonado filma, que incluyen Bucle, No él, Despertar en Maldonado, La playa y Murga La Clave: Ruido a Carnaval. Luego de ellos va el filme El otro lado de la esperanza de Aki Kaurismaki, representando a Finlandia.

De más está decir que todas las exhibiciones (salvo las de Punta Shopping) son de carácter gratuito. ¡Buen Festival y nos vemos en las funciones!

Sergio Moreira (23/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Días dos y tres

El lunes continuó el Festival con varias exhibiciones presentadas por sus directores e incluso con el arranque del ciclo FilmMusic Fest, el espacio musical del FICPE.

En Sala Cantegril, a las cinco de la tarde y con buena asistencia de público se presentó la última película del director chileno Silvio Caiozzi, Y de pronto el amanecer. Un filme extenso, dura tres horas y cuarto, donde se cuenta la historia de un escritor y sus vivencias en el pueblito de Chiloé, durante varios años; incluyendo la dictadura militar.

La película, contada con voz en off, ya que trata de un libro que se va escribiendo al mismo momento que vemos las imágenes, se excede en lo que se sobreentiende. Hay una acentuación de lo oido con lo que se ve, tornando un poco tediosa la sobreexplicación. De todas formas Caiozzi le da un vuelo poético gracias a su fotografía y a la música, compuesta por su hija Valentina en base a la obra anterior de Luis Advis. Las composiciones de los personajes son muy buenas, y las actuaciones logran una emotividad que ayuda al relato. El filme se alarga un poco, con su metraje de 195 minutos, y deja la sensación de poder haber sido más efectiva con menos minutos de duración.

Este filme abrió las funciones de Sala Cantegril, que continuaron con Ausencia y cerraron con Vinicius, documental que inaugura el Filmusic Fest.

Mientras tanto en Casa de la cultura de Maldonado, se exhibía Violeta al fin, seguido por una mesa redonda sobre el Festival de Viña del mar y finalizando con Las dos Irenes, del brasileño Fabio Meira, quien presentó su filme y luego se quedó a recibir los comentarios provocados por su debút.

El filme es una pequeña gran obra sobre una niña llamada Irene, que descubre que su padre tiene otra familia con una hija de su edad, que lleva su mismo nombre. Allí va tejiendo un plan que la lleva a hacerse amiga de la otra Irene y tratar de identificar porqué su padre vive también con esta familia. El trabajo con las actrices es excelente y la película se mueve con una sutileza que pocos directores han logrado, la fotografía tiene grandes momentos y Las dos Irenes nos trae a un director debutante sin miedo a enfrentarse a temas difíciles.

En cuanto al Martes 20, en Sala Cantegril se vieron tres filmes de variadas procedencias. Desde Venezuela llegó Tamara, dirigida por Elia Schneider, que tuvo presentación a cargo de ella y su marido, el productor uruguayo José Ramón Novoa. En un discurso teñido por el dolor de ver al país en el que viven, según ellos ya como una dictadura, dieron paso a su filme; en él se cuenta la historia de Tamara Adrián (en el filme Tamara Almanza), la primera diputada transgenero de latinoamérica. El filme cuenta la indecisión del personaje en tomar la posición definitiva que lo llevaría a ser quien es hoy, es de entender que ese conflicto no era nada fácil, cambiaría toda su vida (literalmente), no sólo su cuerpo. Es en esa ambiguedad del personaje que se va manejando bien el filme, las consultas con la psicóloga son los momentos mejor logrados; lamentablemente – si bien la actuación de Luis Fernández es muy compleja – el personaje no termina de empatizar con el público, quizás -justamente- por esas idas y vueltas, pero sobretodo por no establecer una buena conexión con su entorno. En la secuencia en la que Teo (aún no Tamara) le dice a su esposa que está tomando en cuenta la posibilidad de ser mujer, no había ningún antecedente en su relación con ella que indicara que esa era su preocupación, si la notamos como espectadores, sobretodo por como está contado el relato; pero no así su familia, por lo que es entendible la reacción de su esposa. Lo mismo sucede con su novia posterior, si bien ella tiene todas las armas para poder intuir su decisión, no hay una comunicación clara de él hacia ella. Es allí quizás donde el guión no completa su romance con el espectador, posiblemente fuera buscado así, pero no logra comunicarse muy bien. El filme es una biopic, por lo que el centro está en su personaje principal y podemos sufrir con él sus cambios, sus frustraciones y la maldad del entorno ante alguien que consideran diferente. Tamara es un filme atendible, realizado en el momento en que esta discusión se está tomando, pero que -lamentablemente- no termina de emocionar, no nos permite acercarnos por completo al personaje. De más está decir que por las características del relato, era una tarea muy ardua de antemano y que frente a eso, es muy valiente por parte de Schneider haber asumido el reto. De todas formas no es una película que pase desapercibida en ningún lugar donde se exhiba, es el filme necesario para continuar con una discusión que no muchos quieren siquiera iniciar.

Luego fue el turno de la coproducción argentino-española El último traje de Pablo Solarz, presentado por el actor Miguel Ángel Solá y la productora Vanessa Ragone. Cuenta la historia de Abraham Bursztein, un anciano judío de 88 años; que decide escapar de su país hacia su Polonia natal, cuando ve que sus hijas lo quieren internar en un geriátrico. Es en ese momento que quiere cumplir con una vieja promesa y va en búsqueda de un amigo que le salvó su vida en 1945, cuando huyó de los nazis. En esa travesía se encuentro con un argentino, una española y una alemana que lo ayudarán a concretarla, a pesar de su negación a cualquier ayuda. Una tragicomedia muy interesante, construída con grandeza desde la enorme actuación de Miguel Ángel Solá, el filme funciona y cumple con lo que busca, emocionar y hacernos reir con un personaje entrañable, que también tiene un crecimiento en su personalidad a pesar de su edad. Si bien no aporta nada nuevo al cine, esto no implica que no se pueda disfrutar de ella.

Por último el cierre fue con Charco: Canciones del Río de la Plata de Julián Chalde, en el marco del Filmusic Fest, versión final del corte que se había visto en Sala Zitarrosa el año pasado. Un gran documental en el que se demuestra que no hay fronteras definidas en las canciones uruguayas y argentinas, todo proviene de una misma raíz, pero aún así uno puede identificarlas. Un excelente trabajo de edición e investigación, que nos trae un recorrido realizado por el músico Pablo Dacal por Argentina y Montevideo, en búsqueda de las respuestas a esta relación entre las canciones de ambas partes del Plata. Una colección de interpretes a cada quien mejor que el anterior, donde pasan nombres argentinos como Fito Páez, Gustavo Santaolalla, Daniel Melingo, Onda Vaga, Palo Pandolfo, Jorge Serrano (de Auténticos Decadentes), Pablo Lescano de Damas gratis y los uruguayos Fernando Cabrera, Ana Prada, Hugo Fatorusso, Martín Buscaglia, Juan Campodónico, el Bocha Benavides, Mandrake Wolf y Eduardo Daluz, entre otros.

El gran mérito del director no está solo en los grandes nombres que aparecen (hay muchas ausencias, como es obvio en estos casos) sino en lograr borrar realmente las fronteras, a tal punto que cuando se mezclan imágenes de la ciudad, llegue un momento en que no podemos identificar cual es cual.

Un buen cierre de jornada, con muy buena música y buen cine documental.

Para hoy, día lluvioso e ideal para ver cine, tenemos estas opciones:

En Sala Cantegril, a las 17:00 hs. Matar a Jesús, filme Colombiano de Laura Mora, a las 18:45 hs. Averno desde Bolivia, de Marcos Loayza, a las 20:25 hs. Bio de Carlos Gerbase y a las 22:15, el Filmusic Fest nos trae Ábalos: Una historia de cinco hermanos de Josefina Zavalía Ábalos.

En la Casa de la Cultura de Maldonado, a las 19:30 hs. se exhibe Ata tu arado a una estrella de Carmen Guarini, a las 21:30 hs. Todo el año es Navidad de Néstro Frenkel, en su estreno mundial.

Finalmente, en el Centro Cultural Maldonado Nuevo, desde las 20:00 hs. podremos apreciar Manuela, filme cubano de1966, dirigido por Humberto Solás y a las 21:00 horas Niñas araña del chileno Guillermo Helo.

A seguir disfrutando de buen cine, que aún nos quedan algunos días de Festival.

Sergio Moreira (21/02/2018)

21° Festival internacional de cine de Punta del Este

Día Uno

El festival más antiguo del continente comenzó anoche con la exhibición del filme Joao, el maestro de Mauro Lima.

Desde antes de ver el filme se disfrutó de la inauguración del evento, con un gran grupo vocal que invitaba a quedarse a ver todo su show, que recorrió desde canciones de Abba, a una genial versión de “I Will Always Love You” de Whitney Houston y hasta Bandana y su Maldita noche; nada faltó. Este grupo oriundo de Maldonado, llamado Compás 15, presentó un pequeño show sin fisuras y que alienta, a quien lo ve, a seguirlo.

Nuevamente la alfombra roja esperaba a las estrellas del Festival y a quien se le ocurriera pasar sobre ella, a la hora señalada comenzó la presentación, y con ella el desfile de personalidades políticas y los homenajes (merecidos) a Silvio Caiozzi y a la familia Barreto, responsables de gran parte de la historia cinematográfica de Brasil (como olvidar a Doña Flor y sus dos maridos).

Luego de ello, se exhibió la última producción de los Barreto, sobre la vida del músico João Carlos Martins, quien obsesionado por el piano termina perdiendo la capacidad de tocarlo, algo que subsanó con inteligencia, para seguir viviendo de la música.

El filme es una biopic (película biográfica) muy bien narrada, con un cuidado guión, una excelente edición y un increíble casting, donde los actores que interpretan al pianista son muy parecidos entre si y guardan una coherencia estética muy poco lograda en otros filmes de este subgénero.

La música es excelente y mereció apreciarse de otra forma, el Cine Cantegril carece de las características técnicas para poder disfrutar del sonido de un filme así, no hay 5.1 y esto es esencial para el gozo de las escenas musicales (que son las mayorías en el filme), esto sumado a unos diez minutos en los que una luz detrás de la pantalla permanecía prendida, fue casi fatal para el filme que, de todas formas, sobrepasó los inconvenientes y terminó sinceramente ovacionado por el público.

Indudablemente los Barreto saben hacer buen cine, un cine que sabe contar historias y lo hace de manera formal. Un rodaje que reunió a Brasil con Uruguay, que contó con actores locales como Roberto Suárez y Néstor Guzzini, dentro de los más conocidos y que aprovecha locaciones uruguayas como el puerto de Montevideo o los estudios Sondor.

Un filme que esperemos que llegue a Montevideo, ya que es una gran muestra de buen cine biográfico y de buen cine a secas.

Para el día de hoy hay varias opciones:

En Sala Cantegril se verá a las 17:00 horas, el filme Y de pronto el amanecer del director chileno Silvio Caiozzi, seguido por Ausencia de Claudio Marcone, también chileno y culmina con Vinicius de Miguel Faria Jr., abriendo la sección Filmusic Fest.

También se podrán ver películas en Casa de la Cultura de Maldonado desde las 18 horas, con Violeta al fin de Hilda Hidalgo, desde Costa Rica, a las 19:00 horas una mesa redonda sobre el cincuentenario del Festival de Viña del mar y a las 20:30 horas se exhibirá Las dos Irenes, filme brasileño de Fabio Meira, presentado por su director.

Por último en el Centro Cultural Maldonado Nuevo, estará Leonardo Sbaraglia presentando El otro hermano de Adrián Caetano, que lo tiene a él junto a nuestro Daniel Hendler.

El festival ya se puso en marcha… ¡A disfrutarlo!

Sergio Moreira (19/02/2018)

Monfic 17 (Guilherme de Alencar Pinto)

Un poco de todo

La 16ª edición del Festival Internacional de Cine de Montevideo (Monfic 17) mantiene el nivel concentrado de las anteriores ediciones, combinando preestrenos con exhibiciones de títulos que quizá no se lleguen a exhibir regularmente en Uruguay. El festival se extiende hasta el domingo 5. Van aquí comentarios y recomendaciones de algunos de los 45 títulos exhibidos.

Argentina

La cinematografía argentina tuvo un destaque especial en la programación, y el festival abrió con Yo soy así: Tita de Buenos Aires (de Teresa Costantini), el biopic de Tita Merello. Hasta donde supe, las funciones estuvieron abarrotadas de público, anticipando un muy buen desempeño en la boletería. Esta película tiene una producción muy ambiciosa para un film latinoamericano: muchos actores, extras, músicos y bailarines en escena, escenarios distintos recargados con objetos de época, cachilas, vestuario, peinados, todo eso para enfrentar el desafío de pintar un mundo habitado por personajes que resultan ser Francisco Canaro, Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo, Hugo del Carril, Luis Sandrini, Juan Domingo Perón y Evita. Está muy bien hecha, y cualquiera que lleve el tango en el alma o que tenga algún vínculo afectivo o curiosidad por la cultura porteña de la primera mitad del siglo XX se va a sentir tocado, y ni que hablar para los fans específicos de Tita Merello. Sin ser sectaria, la realización apela a una sensibilidad “nacional y popular” que en Argentina va a pegar especialmente fuerte entre las personas de simpatía peronista. Como todo biopic, el elemento decisivo es la actuación de la protagonista, y Mercedes Funes hace un trabajo sensacional. (Hay funciones mañana jueves 2 a las 15:05 hs y viernes 3 a las 21:40 hs.)

Ninguno de los títulos del festival disputa el prestigio de Zama (coproducción con Brasil y ocho países más). Es el esperado cuarto largometraje de Lucrecia Martel, nueve años luego de su anterior La mujer sin cabeza. Es su primera película de época (basada en la novela de Antonio Di Benedetto), y la ambientación en el siglo XVIII demandó el laborioso ensamblaje de aportes de financiación y trabajo de 16 productoras de 11 países (constando, entre los productores, nombres como Pedro Almodóvar y Gael García Bernal, prestos a cooperar con una de las directoras más importantes de la actualidad —es la figura que, en el controvertido panel de Cinemateca 18, figura al lado de Buñuel, Hitchcock y Fellini). La película se puede describir como una especie de Aguirre, la ira de Dios radicalizada en su austeridad, en la decepción, en la noción de insignificancia y falta de control sobre el destino. En lugar de la portentosa escenografía amazónica de Aguirre tenemos la vegetación bajita y el relieve llano de un centro colonial deslucido; en vez de un soldado aventurero tenemos a un burócrata de la corona; el personaje central aquí no aspira a encontrar El dorado sino meramente a lograr una transferencia desde ese lugar de mierda hacia Buenos Aires, donde vive su mujer —quien, de todos modos, hace mucho que no le escribe y vaya uno a saber si sigue siendo “su mujer”—. Aguirre tenía una banda musical mágica que superponía rock progresivo con la Amazonia colonial, mientras que aquí tenemos una terrenal y más obviamente anacrónica serie de boleros, guaranias y foxtrots por los Índios Tabajaras, alternada con los climas más esotéricos de un electrónico glisando de Shepard (descendente, para quedar más bajoneante). Lope de Aguirre era demente y cometió las crueldades habituales en los conquistadores, pero suscitaba la fascinación de los soñadores ambiciosos. En cambio Diego de Zama lucha torpemente sobre todo contra la humillación cotidiana: mironea a unas indias desnudas y cuando ellas lo ven, una de ellas avanza sobre él —no entendemos si para castigarlo o para corresponder a su disposición libidinosa—, pero el hecho es que Zama más bien se asusta y termina golpeando a la pobre mujer; los sucesivos gobernadores se muestran totalmente desganados ante su pedido de transferencia, que enfrenta un kafkiano muro de trámites complicados y extensos; doña Luciana parece cortejarlo y lo tienta pero luego se va con otro. Finalmente Zama, en el tercio final de la película, decide probar, como táctica para destacarse, cometer la heroica hazaña de capturar un bandido mítico, con resultados desastrosos. La narrativa, como es habitual en Martel, es lacónica, elíptica, esquiva: hay cosas que no entendemos porque requieren una enorme atención, otras que probablemente no entendemos porque no se explican. Por ejemplo, creo que nunca se entiende bien cuál es la función de Zama en el gobierno, nunca se aclara si él es bueno en lo que hace y tiene mala suerte o si es simplemente un banana. El paso del tiempo tiene pocas referencias (el único marco que impone cierto límite a nuestra reconstrucción de los plazos es la barba que le creció a Zama cuando empieza el tramo final). Hay unos pocos planos paisajísticos, pero mayormente tenemos una filmación claustrofóbica, que nos mantiene casi siempre con el rostro fuerte de Zama (un formidable Daniel Giménez Cacho). Para resaltar ese efecto, Martel y el fotógrafo portugués Rui Poças (el de Tabú) decidieron omitir totalmente de la puesta en escena ese rasgo tan característico del cine de época que son las velas, lámparas y fogatas —con los que, en forma creciente, se vienen regodeando los realizadores esteticistas desde que Kubrick logró por primera vez, en Barry Lyndon (1975), la proeza de filmar esos elementos sin el agregado de iluminación eléctrica—. Como siempre en Martel, el tratamiento de sonido es magistral, y toda la sala parece vibrar con los ruidos de insectos y ranas, los murmullos de personas a lo lejos, la brisa, el agua, el crujido de los objetos. Estos sonidos amplifican nuestra ansiedad por ver lo que no vemos (el fuera de campo), y esa ansiedad se proyecta también al montaje: saltamos muchas veces sin explicación de una situación a otra sin entender cómo se dio el proceso. Es una película cruel con su personaje, con una visión despiadada del mundo. Esa visión se nos comunica en el relato, pero además se nos provoca en las frustraciones mismas que la película suscita en su expresa privación de satisfacciones. Pero, obvio, esa privación, para el espectador compenetrado, va a ser la más sutil y refinada de las satisfacciones en la apreciación del juego formal y expresivo de esta gran película. (La dan mañana jueves 2 a las 17:30 hs, y sábado 4 a las 19 hs.)

Es un contraste un poco cobarde, pero El pampero (de Matías Lucchesi, coproducción con Uruguay y Francia) también se puede asociar con Aguirre, la ira de Dios, porque aquí hay una travesía en barco por un río en medio del bosque, ambientada con una música ambient parecida a la de Popol Vuh para la película de Herzog. Salvo que aquí estamos en la era moderna y esa magia debe aplicarse al puerto de Carmelo luego de cursar el Tigre y cruzar el Plata. Es un thriller sicológico demasiado confiado en el valor del clima que genera: todo el tiempo se insinúan peligros, misterios, se acumula tensión. Hay un yate, una bella mujer escapando de algo, un tipo medio perverso que acosa a los personajes principales y una tormenta que coincide con el momento más tenso: termina siendo como un Cabo de miedo descafeinado, ya que lo poco que ocurre se resuelve fácil y rápido, mientras que, por el contrario, pasamos largo rato contemplando las miradas perdidas en el horizonte. (La dan el sábado 4 a las 22 hs).

El peso de la ley es el debut como director de Fernán Mirás (el actor que hizo de Tanguito en Tango feroz). Tuvo un estreno muy limitado, pero el boca a boca la terminó convirtiendo, en forma comprensible, en un pequeño éxito. Hay algunas cosas que remiten al cine judicial estadounidense: abogada humilde pero íntegra, que trabaja para gente sin recursos, pone todo su tesón en el enfrentamiento con una fiscal poderosa para defender a alguien que ella asume como inocente, aun si, en un principio, tiene todas las de perder. Está basada en un caso real. La banda musical, casi que exclusivamente con piano y alrededor de música de Bach, puede recordar a The Firm (Fachada). La textura, sin embargo, no podía ser más distinta de Hollywood, porque se pone todo el acento en la precariedad de la parte más desvalida de Argentina: el lugar de trabajo triste cargado de carpetas (los avisos que se cuelgan en la pared —tipo “El baño no funciona”— se garabatean en el reverso de hojas sacadas aleatoriamente de expedientes a los que se atribuye poca importancia). Los casos se acumulan y hay que despacharlos en forma sumaria o el trabajo no da abasto, aun si la consecuencia de esa prisa (o de la demora) es que un eventual inocente pasará la mayor parte de su vida en cana. Para ir al pueblito donde ocurrió el supuesto crimen, la abogada (una petisa renga) tiene que tomarse un ómnibus roñoso, bajar en el medio del monte y caminar cientos de metros en medio de los árboles, para encontrarse con un panorama de policías ineptos y corruptos, analfabetismo, monotonía, violencia doméstica, explotación. Las pericias, que legalmente ganan el valor de prueba al estar firmadas por profesionales que tienen el título o cargo que corresponde, están realizadas de la manera más descuidada, precaria e insuficiente. La película hace catarsis contra la Argentina macrista, encarnada en la fiscal pituca odiosa que no puede admitir que su candidatura a jueza se vaya a perjudicar por un caso que involucra a “dos negros cochambrosos”. El casting es magnífico: brillan Paola Barrientos como la abogada, María Onetto como la fiscal y Darío Grandinetti como el juez. Esta película muy ágil implica un cruce entre cuestiones serias que involucran clase y género.

Mundo afuera

Amor.com (Un Profil pour deux, de Stéphane Robelin, Francia / Bélgica / Alemania) se publicita sobre todo como una comedia de líos sobre un anciano que trata de aprender a usar la computadora. La película parece aspirar a ese nicho de público de gente veterana que aprecia el cine ligero y, de hecho, está cargada de carnadas para viejas generaciones: la participación protagónica de Pierre Richard, la música de Vladimir Cosma (compositor de estilo vetusto, asociado sobre todo a las comedias de Yves Robert y Claude Zidi), y una propensión a mostrar los puntos turísticos más obvios de París —Alex parece que sólo se traslada en moto en las inmediaciones de la Torre Eiffel o del Arco del Triunfo—. Pero este film es un poco más interesante que eso: pese al asunto actual —citas por internet— se arma como una comedia de engaños del siglo XVIII. La premisa inicial, un poco a la Cyrano de Bergerac, es un poco absurda, pero el intríngulis se va armando hasta generar situaciones de suspenso en que se reúnen personajes que saben algunas cosas, tienen otras que ocultar, y tienen que inventar de urgencia alguna manera de zafar. Da para distraerse y reír bastante. Luego el final es medio deus ex machina, pero, en fin, es una comedia.

El ídolo (Ya tayr el tayer, Palestina en coproducción con cinco otros países) es una de las dos realizaciones del director de Hany Abu-Assad en este festival (la otra es la hollywoodense Más allá de la montaña). Es el biopic del joven cantante Muhammed Assaf, ganador en 2012 de la popular competencia televisiva Arab Idol. Su historia de vida es increíble: creció en la franja de Gaza, territorio palestino confinado y económicamente ahogado por las autoridades israelíes. Desde los cinco años mostró un talento musical excepcional y una voz privilegiada, y empezó a cantar en casamientos. Con cerca de veinte años pudo escaparse de Gaza con el expreso objetivo de participar en la selección para Arab Idol, en Cairo. Hay varias cosas en la película que están ficcionalizadas y son un invento, pero al parecer los detalles desde que llega al Cairo son todos verídicos: la manera en que se coló, cómo consiguió el número para la audición, su repercusión casi inmediata. Su ascenso fue meteórico, y se convirtió en un símbolo de unidad y resistencia para los palestinos y para el mundo árabe, siendo inclusive designado Embajador para la Paz por la ONU. El panorama de Gaza no está cargado de melodramatismo, pero de todos modos está bien presente el alambrado que bloquea la salida de sus ocupantes, hay un travelling punzante por las ruinas ocasionadas por los bombardeos, un contraste muy fuerte entre Gaza y ciudades más pujantes como Cairo y Beirut. Como siempre en Abu-Assad, la posición es moderadamente moderada, es decir, la narrativa parece favorecer una resistencia de tipo iluminista, argumentativa, conciliadora, que por su misma naturaleza se opone, pero no demoniza, a la oficialidad israelí o al radicalismo islámico. La impresionante voz en las canciones es la del Assaf verdadero. Pero, cosa curiosa: mientras que Assaf tiene una pinta espectacular de galán, el actor que lo encarna es casi feo, lo que contribuye bastante a desendulzar la pelicula, y además dicho actor —Tawfeek Barhom— tiene una presencia fantástica. También se destaca mucho la niña Hiba Attalah.

Llámame por tu nombre (Call Me by Your Name, de Luca Guadagnini, Italia / Estados Unidos / Brasil / Francia) tiene guion de James Ivory, primera actividad cinematográfica en ocho años de ese veteranísimo director casi nonagenario. Es esencialmente una historia de amor gay ambientada en 1983 en espléndidas locaciones del norte de Italia en el seno de una familia sin problemas económicos y entre gente dedicada al saber (arqueología, filología, música) y a la joie de vivre. Hay facetas prohibidas en esa atracción, en parte porque en 1983 los prejuicios contra la homosexualidad eran mucho más extendidos que en la actualidad, y en parte porque se trata del amor de un tipo de treinta por un gurí de 17. Ambas condiciones establecen un fondito de secreto en el vínculo, pero ninguna llega propiamente a activarse como un conflicto: la familia del gurí es comprensiva y benévola, el resto de su entorno también, el propio gurí (que hasta entonces, al parecer, se venía asumiendo como heterosexual, y quizá lo vaya a seguir haciendo) no parece hacerse problema por desear un varón. Así que la narrativa transcurre meramente como una lisa y muy corpórea elaboración del deseo homoerótico: hombres acostados boca abajo, calzoncillos, ropa ochentera informal pero cara, estatuas griegas, roces, miradas, frutas, todo eso ambientado en un magnífico entorno ensolarado lleno de edificios antiguos, lagunas y carreteras para pasear en bicicleta. Es sensacional la actuación de Timothée Chalamet, que no por nada viene recibiendo diversos premios y nominaciones como actor revelación.

Terror

7 deseos (Wish Upon, de John R. Leonetti, Estados Unidos) se destaca un poquito entre la masa de cine de terror mainstream. No tiene villano visible: la entidad malévola es una caja de origen chino, que realiza los deseos que uno le haga. Sólo que la protagonista tarda en lograr que se descifre la cláusula, estampada en chino antiguo, de que por cada deseo concedido la caja va a provocar la muerte violenta de unos de sus seres queridos. Si ella se deshace de la caja todos los deseos se “descumplen” y Clare, apegada a la nueva sensación de poder otorgada por esa posesión mágica, se fanatiza con la caja como Gollum con el anillo. La narrativa transcurre en ambiente liceal, así que, por un lado, procesa las habituales ansiedades vinculadas a ese ámbito: la rubia tipo Barbie que hace bullying, la atracción por el muchacho más lindo de la clase, la vergüenza frente al trabajo del padre (que es hurgador de desechos). Las escenas “de terror” descienden de las de La profecía (1976), es decir, la fuerza invisible va a provocar la muerte a partir de algún accidente. Aquí se procesa una ansiedad más interesante: el peligro de lo cotidiano, la noción terrible y enloquecedora de que a cualquier momento algo puede fallar entre las cosas que nos circundan y producir la muerte. Entonces se genera suspenso a cada vez que sentimos que la cámara se detiene en algún detalle insignificante: que uno va a entrar a la bañera, subirse a un ascensor, cambiar la rueda pinchada del auto, cortar una rama con la sierra eléctrica. (Viernes 3 en trasnoche, a las 24:10 hs.)

Jigsaw: El juego continúa (Jigsaw, Estados Unidos) es decepcionante como nueva realización de los hermanos Spierig —quienes se venían destacando en el circuito de cine fantástico independiente— pero cumple bastante bien en cuanto octava entrega de la franquicia de explotación El juego del miedo. Es decir, es bobísima, los personajes y actores son insufribles, con excepción de la presencia fuerte de Tobin Bell haciendo una vez más de John Kramer, y de Paul Braunstein, que es quien hace los chistes. Nuevamente tenemos a un grupo de personajes metidos en juegos basados en complejos mecanismos, en que cualquier mala decisión puede implicar la muerte o la mutilación propia o ajena. Hay mucho gore. El suspenso va a depender de que uno se mantenga prendido con personajes tan vacíos y una trama tan tonta; pero quizá la clave no esté en el suspenso, sino en el ejercicio de sadismo virtual en esa especie de seudo-reality show de torturas físicas y sicológicas. Hay un fundamento también en los Diez negritos de Agatha Christie: asesino justiciero va eliminando de a uno a los integrantes de un grupo confinado (esto se hace explícito en las etiquetas junto a cada cadáver: “And then there were three”, “And then there were two”, etcétera. Lo más interesante es el juego de la película con las temporalidades: asumimos que las acciones alternadas son paralelas (ocurren al mismo tiempo), pero pronto nos damos cuenta de que están en momentos distintos, pero la cuestión es saber bien dónde. (Viernes 3 a las 22 hs.)

Documental

Hokusai, más allá de la gran ola (Hokusai: Old Man Crazy to Paint, de Patricia Wheatley, Reino Unido / Estados Unidos / Japón) no es el tipo de documental que se suele programar en festivales de cine. Es más bien una “presentación especial”, que se suele proyectar en una o dos funciones por fuera de la cartelera habitual, en la que un presentador se dirige directamente al público para exponer una especie de clase de historia del arte, en este caso sobre el pintor y artista gráfico del título (1760-1849). Se hizo a propósito de la más ambiciosa exposición Hokusai ya realizada, que concluyó en agosto en el Museo Británico. En ese sentido, es uno de los lujos que brinda la combinación de modernidad tecnológica, riqueza económica y ambiente cultural curioso, una especie de extensión emancipada de la idea de lo que es un catálogo de exposición: quizá los comentarios son más sucintos, y no se lo puede llevar para casa, pero en cambio se disfruta de las posibilidades del cine para exponer detalles diversos de las obras, comentados por unos entusiastas especialistas (uno de ellos, curador de la exposición, se pone a llorar casi a cada vez que habla). Pero en fin, aunque la película no tiene la personalidad de un documental festivalero, qué importa eso: es tremenda lección, realizada en forma ágil y con muchos recursos, y realmente nos da un panorama biográfico y estilístico de uno de los grandes artistas plásticos de todos los tiempos. Los textos del propio Hokusai están leídos por Andy Serkis. La película nos expone la técnica con que se hacían los grabados en el siglo XVIII, nos cuenta e ilustra el épico “duelo pictórico” con Bunchō, el papel fundacional de Hokusai en la tradición del manga, en el paisajismo japonés, en la introducción en Japón de técnicas occidentales, y su contrapartida en una influencia casi inmediata en Europa (Van Gogh, Monet y otros). Hay estudios pormenorizados sobre algunas de sus obras más emblemáticas (La gran ola, El Fuji rojo, Pato nadando). Comenta su espiritualidad, su vínculo afectivo con la clase trabajadora, su humor, su afán de perfeccionamiento trascendente, y nos introduce tangencialmente al trabajo de su hija Oi, también artista. Eso sí, omite en forma alevosa la parte erótica (bah, pornográfica) de su obra. Ya no habrá funciones en el festival, pero estén atentos si hay alguna oportunidad de ver esto, que es una maravilla.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 02/11/2017)

Monfic 17: Previa (Guilherme de Alencar Pinto)

Más acá de Hollywood

Anoche, miércoles 25, tuvo inicio la 16ª edición del Festival Internacional de Cine de Montevideo (Monfic), con una función especial para invitados de Yo soy así: Tita de Buenos Aires, el biopic argentino sobre Tita Merello. El Monfic es actualmente el cuarto mayor festival uruguayo de cine (luego de los de Cinemateca, de Punta del Este y el Atlantidoc). Se va a desarrollar, como siempre, en las salas del Movie del Montevideo Shopping, desde hoy jueves hasta el domingo 5 de noviembre.

Están programadas 45 películas. Varias de ellas tienen previsto estreno regular en Uruguay en los próximos meses, pero algunas se exhibirán por aquí quizá en esta única ocasión.

El título que suscita la mayor expectativa a priori es Zama, el cuarto largometraje de la estupenda argentina Lucrecia Martel, sensación en el más reciente Festival de Venecia. Un título así ennoblece a cualquier festival.

Zama se exhibirá como parte del Ciclo Argentino, que incluye también Yo soy así y cinco películas más. Habrá también un Ciclo Nacional (casi todos documentales, y una coproducción de ficción con Argentina) y un Ciclo Retrospectiva, también de cine uruguayo, que constituye una escueta pero bienvenida muestra de este cuarto de siglo de consolidación de la producción local, desde El dirigible, de 1994, hasta Reus, de 2011.

El Ciclo Europeo es la sección más numerosa del festival, con 17 títulos de 14 países. Se viene dando un fenómeno de acomodamiento de mercados por el cual el cine europeo viene ocupando el nicho de películas de tipo ligero pero destinadas a un público maduro, normalmente relegado en la masa de estrenos provenientes de los Estados Unidos. Buena parte de los estrenos europeos son de esa veta, de la que hay comedias sobre las dificultades de un señor en manejar la computadora, los percances de una mujer en la menopausia, o las amistades en la vejez de la reina Victoria. Pero el ciclo también incluye películas con más filo y densidad, de directores excelentes como el rumano Cristian Mungiu (La graduación) y el veterano italiano Marco Bellocchio (Dulces sueños). Entre los diversos premios cosechados por varios de esos títulos europeos, El Nuevísimo Testamento, del belga Jaco Van Dormael fue la ganadora como mejor película del último Magritte (el “Oscar” belga francófono) y La graduación ganó el reconocimiento a la mejor dirección en Cannes.

Hay también un Ciclo Internacional, que incluye películas de Palestina, Túnez y Japón. Aquí, al menos a priori, el destaque es para la sensible comedia Detrás de la tormenta, nueva realización de Hirokazu Koreeda. En el espacio excepcional del festival, por una vez, el cine estadounidense es una relativa minoría, y las películas de ese origen están confinadas a este ciclo “internacional”, y son ambas obras de directores extranjeros: el israelí Joseph Cedar (Norman, el hombre que lo conseguía todo) y el palestino Hany Abu-Assad (Más allá de la montaña).

Bueno, la afirmación anterior sobre cine estadounidense es parcialmente falsa, porque, por primera vez, este Monfic va a incluir un Ciclo de Terror, integrado sobre todo por preestrenos de películas estadounidenses del género, a exhibirse en funciones tardías, y destinadas mayormente a un público juvenil. La que suscita más expectativa es Jigsaw: El juego continúa (inesperada octava entrega de la franquicia El juego del miedo). Este ciclo incluye también, como excepción, la producción argentina Aterrados.

En comparación con anteriores entregas del festival, se extraña una mayor variedad de cine latinoamericano, aunque por otro lado es muy bienvenido el incremento en la presencia de cine uruguayo (del nuevo y del histórico).

Entre los distintos títulos hay participaciones actorales estelares: Isabelle Huppert, Géard Depardieu, Ethan Hawke, Judi Dench, Catherine Deneuve, Richard Gere, Kate Winslet, Pierre Richard y otros.

Las entradas tienen un costo rebajado, y está además la posibilidad de adquirir cuponeras de 5 entradas en que cada función vale aun menos. Es otro estímulo más para aprovechar este concentrado lapso en que el espacio del Movie Montevideo cambia de perfil y se abre a una amplia variedad de cinematografías, modos de producción y enfoques, con varios títulos de especial interés.

GAP (La Diaria, 26/10/2017)