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Festival de Cine Europeo 2018 (Guilherme de Alencar Pinto)

Conflictos y esperanzas

Los Life Festivales son un supra-ciclo de valiosas muestras de distintas cinematografías, que suelen tener lugar en el ambiente privilegiado del complejo Alfabeta, en el que uno disfruta de muy buenas condiciones de proyección y confort, y que además ya tiene un público cautivo aficionado específicamente al “cine de arte”. En los últimos años hubo muestras de cine coreano, de cine brasileño, de cine judío, y otros. El Festival de Cine Europeo suele ser de los más concurridos y su edición 2018 se extenderá hasta el miércoles 21 en el Alfabeta y luego se trasladará a Punta del Este. Comprende nueve películas, de procedencias diversificadas (si un país aparece en más de una película, en una de ellas figura con una participación minoritaria en la coproducción).

El título estelar en la programación es El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen, de Aki Kaurismäki, Finlandia/Alemania). El estilo es bien Kaurismäki: una especie de comedia sobre trasfondo serio, y una comedia donde nadie nunca ríe (las manifestaciones de júbilo son abrazos, no risas). Seguimos a dos personajes, primero en paralelo, hasta que se encuentran: un finlandés que se separó de la mujer, ganó un platal en el póquer y decidió comprar un restorán, y un refugiado sirio que pide asilo. Es una película de silencios, entredichos, pequeños gestos de ternura, decisiones fortuitas no del todo explicadas. Se describe a Finlandia como un país solidario y comprensivo con los pueblos que, como los propios finlandeses, supieron estar sometidos por otros; luego, en forma absurda, las autoridades le niegan asilo a Khaled con el argumento de que los estudios indican que su lugar de procedencia (Alepo, nada menos) no está en una situación de peligro que amerite el exilio. A ello se suma la presencia constante de hooligans neonazis. Otras ironías tienen un efecto meramente lúdico, como en la desopilante escena en que intentan convertir el restorán en un local de sushi. Y otras aun sólo las verán espectadores muy atentos, como ser la mujer de ruleros sentada delante de un cactus esférico más o menos del tamaño de su cabeza. Las líneas de diálogo también cargadas de un ligero absurdo (“Decidí renunciar a todo, mudarme a México, tomar sake y bailar el hula-hula.”). En varias ocasiones la atención de la cámara se desvía de la anécdota para disfrutar el arte de músicos callejeros o de boliches, y para apreciar la poesía inherente a la imagen y a la actitud, de esos viejos jipis roqueros. Pese al estilo contenido de los actores y de la narrativa, la película moviliza mucha empatía, indignación, satisfacción cuando las cosas salen bien, y una ternura muy especial. El entorno de comedia nunca abarata o suaviza la contundencia de los comentarios políticos. Imperdible. (Hoy lunes 19 a las 22 hs, mañana martes 20 a las 15 hs, miércoles 21 a las 17:30 hs.)

Western (de Valeska Grisebach, Alemania/Bulgaria/Austria) lidia con la estadía, en los alrededores de un minúsculo pueblo búlgaro, de un grupo de obreros alemanes que está construyendo una central hidráulica. El título llama la atención sobre la presencia de elementos icónicos del western (rostros y actitudes viriles a la manera de las propagandas de Marlboro, caballos, paisajes, pueblito, juego de cartas) así como de tensiones diversas entre distintos pares de varones, de ésas que, por lo normal en una película, suelen escalar hasta un conflicto catártico y letal. Veremos gente desafiándose con o sin armas de fuego. Lo extraño es que nada llega a efectivamente estallar, más allá de algún empujón o, como mucho, una piña. Las tensiones surgen, pero luego sencillamente se apaciguan. Es decir, para los patrones cinematográficos habituales, la sensación superficial es de que no ocurre nada. Pero tampoco es así: si uno aprende el juego y anula las expectativas de género podrá simplemente disfrutar de pasar el tiempo con los personajes en un mundo riquísimo: choques de culturas y voluntades, la evolución en el vínculo de los obreros con las mujeres, las amistades que va tejiendo Meinhard y la influencia que va teniendo sobre sus compañeros, superación de barreras idiomáticas, y otras muchas cosas menores que hacen la sustancia de la vida. (Mañana martes 20 a las 17:30 hs.)

La maestra (Učiteľka, de Jan Hřebejk, Eslovaquia/República Checa) presenta uno de los personajes más odiosos del cine reciente. La profesora en cuestión es la representante del Partido Comunista en un colegio eslovaco en 1983. Tras su apariencia bondadosa vamos descubriendo su modus operandi de chantajear a los alumnos o a sus padres para que le presten servicios a cambio de buenas notas. La situación se presta a una especie de retrato microcósmico de la sociedad totalitaria: la manipulación amable y argumentando sobre el “provecho mutuo” oculta la presión forzada por el miedo (porque la profesora pertenece al Partido, porque si el gurí reprueba su futuro quedará comprometido). Algunos padres acceden alegremente a este esquema, porque implica, con un esfuerzo apenas moderado, garantizar la escolaridad de los hijos, y luego esos mismos padres serán los que defenderán a la profesora de las acusaciones de chantaje, sintiendo que interpelarla a ella es un poco también interpelarlos a ellos. Los que no disponen de las mismas facilidades para intercambiar favores correrán riesgos. La narrativa es muy ágil, llena de idas y vueltas en la cronología, a través de las cuales se nos van revelando de a poco las distintas facetas de la situación. Es magnífica la actuación de Zuzana Mauréry, oscilando entre lo amable, lo ridículo y lo siniestro. (Miércoles 21 a las 22 hs.)

La ley de la jungla (La Loi de la jungle, de Antonin Peretjako, Francia) es una comedia-comedia, de esas que abundaban en tiempos de Louis de Funès y que quizá se sigan haciendo en Francia, pero no suelen llegar aquí. La premisa es un plan gubernamental para montar una estación de esquí en la Guyana Francesa. El ritmo es veloz, pasa de todo y las tácticas humorísticas se yuxtaponen de manera irreverente: hay sátira política, de costumbres, chistes pavos repetitivos (el personaje que cada vez que dice que a los indios los va a caminar por arriba, se le clava una saeta de cerbatana en el cuello, que nadie sabe de dónde proviene ni tampoco se pregunta), superposiciones surrealistas (la estatua neoclásica en la jungla), exageraciones (en cinco o diez segundos pasamos del día a la noche —así siente un europeo la dinámica en latitud ecuatorial—). Varios de los chistes son irreverentemente tontos (el mono le afana el celular a Chataigne, la pareja principal que se descontrola cuando les sirven un poderoso afrodisíaco), pero el clima general desarma cualquier crítica. El campamento de jipis caníbales hace pensar en un sketch de Capusotto. Y hay varios chistes musicales, casi todos satíricos, lidiando con la majestad de piezas del barroco francés, pero es especialmente brillante el gusanito cuyo cuerpo parece un fuelle y cuyos movimientos están sonorizados por un acordeón. Diversión y alegría aseguradas. (Mañana martes 20 a las 22 hs.)

Las estrellas de cine nunca mueren (Film Stars Don’t Die in Liverpool, de Paul McGuigan, Reino Unido/Estados Unidos) cuenta el amor entre la actriz Gloria Grahame, ya entonces cincuentona, con un actor de 28 años. La narrativa alterna entre el momento en que se enamoraron (1979) y los últimos meses de la actriz, enferma de cáncer, en 1981. La primera línea tiene que ver con la superación de las inseguridades vinculadas a la diferencia de edad y de prestigio social, y con el tópico de la obsolescencia de las estrellas femeninas que fueron sobre todo objetos sexuales. La segunda línea es más bien de lacrimógena despedida, a lo Historia de amor (Love Story). La actuación de Annette Bening es espectacular. (Hoy lunes 19 a las 19:50 hs.)

El jugador de ajedrez (de Luis Oliveros, España) es, para los estándares españoles, una superproducción (extras, escenografías, autos, objetos y trajes de época, efectos de computadora). Cuenta la historia de un campeón de ajedrez español que, durante la invasión alemana de Francia, es injustamente acusado de espionaje. Durante cuatro años estará incomunicado con el exterior, y la mujer e hija asumirán que fue ejecutado. La historia está llena de eventos dramáticos que garantizan el entretenimiento y la atención, por más que algunas situaciones estén guionadas en forma un poco burda y ambientadas con una sobreexplicada música arty. La película recurre al clisé gastadísimo del oficial nazi refinado, tironeado entre la arrogancia de su ideología aria y la fascinación germano-romántica con los logros espirituales que lo superan (en este caso, la genialidad ajedrecística del protagonista, a quien mantiene vivo para no perderse unas buenas partidas además de discusiones filosóficas sobre la existencia de Dios). (Mañana martes 20 a las 19:50 hs.)

Liv & Ingmar (de Dheeraj Akolkar, Noruega/Suecia/India/Reino Unido) es una excepción en esta muestra. Es el único documental, y la única película anterior a 2016 (es de 2012). Fue incluida, seguramente, a propósito del centenario de nacimiento de Ingmar Bergman (1918-2007). El asunto es el vínculo entre el director sueco y la actriz noruega Liv Ullmann, contado por ella en una extensa entrevista, y también en fragmentos leídos de sus libros autobiográficos. Hay también cartas de Bergman a ella, leídas por un actor, y muchos momentos de las varias películas de Bergman en que ella actuó, que el montaje compara con los aspectos abordados por ella (en esos casos, el alterego del director siempre está actuado por Max von Sydow o Erland Josephson). Es una bella historia, que por desgracia está musicalizada con una música melosa insufrible. Y es medio desesperante que, en una película sobre esos grandes artistas, no se dedique ni medio minuto a que Ullmann diga algo sobre lo que pudo atestiguar del proceso creativo del ex-marido, y diga cómo la dirigía, o qué aportes esperaba de ella. (Miércoles 21 a las 19:50 hs.)

Cada una de estas películas, y las otras dos a las que no pude asistir (la alemana Paula y la búlgara Un minuto de gloria) se volverán a exhibir en el complejo Life del Punta Shopping, en Punta del Este, a donde se traslada la muestra desde el miércoles 22 al domingo 1º de abril, en horarios diversos.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 20/03/2018)

20º Bafici (Guilherme de Alencar Pinto)

Con el cine independiente

La 20ª edición del Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) tuvo una concurrencia estimada en unos 390 mil espectadores, que frecuentaron las 36 sedes repartidas por la ciudad de Buenos Aires. El festival cerró con Isla de perros, la aguardada nueva producción del estadounidense Wes Anderson, el más estelar de los indies del mundo; pero abrió con una producción argentina (Las Vegas, de Juan Villegas). El premio más importante (Mejor Película en la Competencia Internacional) fue para La flor, otra producción argentina, dirigida por el extraordinario Mariano Llinás. No encontré oportunidad para asistir a las 14 horas (sí, 14 horas) que dura esta obra, pero qué alegría que un jurado aplauda la desmesura antes que achicarse frente a ella. Con esa premiación, el Bafici refuerza la definición de un perfil estético específico (algo siempre valioso en un festival), que incluye el aprecio orgulloso del cine nacional y, dentro de éste, otorga un privilegio (no exclusivo, pero neto) a una escuela o movimiento determinado (la que incluiría a Llinás y también a Alejo Moguillansky, Santiago Loza, Iván Fund y Santiago Mitre, todos ellos receptores de importantes premios en distintas ediciones del Bafici). La Competencia Argentina fue ganada por Las hijas del fuego, de la valiente e inquieta Albertina Carri. El premio a la Mejor Película Latinoamericana fue para Averno, una coproducción boliviano-uruguaya (estrenada en Uruguay en el último festival de Punta del Este, y comentada en la ocasión).

Este festival que celebra, homenajea, difunde y promociona el cine independiente es el principal emblema de la política cultural del Pro (el partido de Mauricio Macri), el mismo que, en forma incongruente, viene modificando la política argentina con respecto al cine de una manera que tiende a ahogar la producción independiente y privilegiar los grandes medios de comunicación. Casi todos los directores argentinos que subieron a presentar películas en el festival alertaron sobre ese estado de cosas que puede comprometer una de las cinematografías más ricas del momento, y se coordinaron con el eslogan “Sin cine independiente no hay Bafici”.

Las 11 películas que pude asistir en tres días fueron una porción minúscula de los casi 400 títulos exhibidos. Acá van los comentarios sobre las más interesantes.

Documentales argentinos

Teatro de guerra (de Lola Arias). Un grupo de veteranos de la guerra de las Malvinas (dos británicos, un nepalés que combatió con los británicos, y tres argentinos) hacen una especie de psicodrama frente a cámara. El espectador visualiza en su cabeza las historias de 1982 que ellos cuentan o actúan, y al mismo tiempo estamos viendo a esos hombres hoy, en la situación menos extrema pero también movilizadora, de volver a entablar el contacto con aquellos episodios. Uno cuenta a otro que su tarea era disparar morteros sobre una posición determinada, y lo precisa, con cierta consternación: “donde estabas tú…” Hay cabezas parlantes, discusiones, conversaciones, una escena narrada manipulando soldaditos y objetos (pero sonorizada con un viento naturalista), presentaciones para los alumnos de un liceo, tableaux vivants, las instrucciones de cada uno de los veteranos a jóvenes actores que en otras circunstancias los van a representar, conversaciones entre los británicos que critican a los argentinos y otra en que los argentinos comentan las actitudes de los británicos que les molestan, Lou instruye a una maquilladora para reproducir en un actor la apariencia de un cadáver baleado en la cabeza y que él nunca pudo olvidar. Algunas escenas establecen un distanciamiento más que brechtiano (se ven los reflectores, el fondo infinito de papel y la sonidista con su boom) y otras están actuadas en un escenario naturalista. Nos encontramos con la locura de la guerra, la violencia extrema, el acto de matar, el relativo abandono de los ex-combatientes, los traumas y secuelas. Una película original, osada, por momentos desgarradora.

Tiburcio. Cristian Pauls, el director, regresa luego de cincuenta años a Fortín Tiburcio, un pueblito de la provincia de Buenos Aires donde pasó algunas de sus vacaciones cuando niño. Lo motiva reunir recuerdos de su abuela entre los lugareños, pero esa indagación es también un reencuentro con la propia infancia, el pasado, las raíces. El foco temático parece dispersarse, cuando la atención de Pauls es atrapada por las historias y personalidades de sus entrevistados, y ahí nos maravillamos con lo fascinante que puede ser la gente, como en los documentales de Eduardo Coutinho. Pero todo eso rebota en la línea inicial, ya que todos los cuentos lidian con la pérdida, lo irrecuperable, el paso del tiempo. El exterior de Tiburcio, musicalizado con el punzante “Heiliger Dankgesang” de Beethoven, resuena en el interior del autor de la película, verbalizado en su subnarración en voz over y mostrado en imágenes vinculadas a su memoria personal de niño: Giuliano Gemma, Cassius Clay, Salvador Allende. El alcance de esta obra sumamente sensible es mucho más amplio que lo que su temática parece sugerir.

Mujeres

Virus tropical (Santiago Caicedo, Colombia) es una animación basada en la historieta de coming of age autobiográfica de Powerpaola. Su vida es común, es decir, tan excepcional e intransferible como cualquier otra. Paola es la menor de tres hermanas de una familia medio disfuncional, nació en Quito en 1977 y se hizo adolescente en Cali en el auge del cartel de los Rodríguez Orijuela. Vemos el nacimiento de las inclinaciones artísticas, la educación católica, los preceptos sobre cómo debe comportarse una niña/mujer, las transgresiones a todos esos preceptos, el descubrimiento paulatino del sexo, los afectos entre las hermanas, las fantasías propiciadas por Barbies, telenovelas y varones fascinados con rock y cocaína. Powerpaola hizo los dibujos básicos de la película, vectorializados y espacializados luego en computadora. Es un estilo visual peculiar, de blancos plenos y negros plenos adornados con algunos elementos grises en los fondos. Cada escena es una sorpresa gráfica: la manera creativa y sugerente de dibujar y animar una piscina, el mar, la lluvia, el humo, las montañas de Cali o la naturaleza de Galápagos o los increíbles paisajes urbanos. Lo femenino está encarado de manera singularmente franca y casual, incluidos desnudos infantiles y adultos y un breve plano de sexo explícito no-pornográfico.

The Widowed Witch (Xiao gua fu cheng xian ji, China) es la ópera prima de Cai Chengjie. Cuenta la historia de una joven, Erhao, que tras la muerte de su tercer marido empieza a ser considerada una chamán por los lugareños de una zona de la China rural. Hay cierto humor en lo ridículo de algunas situaciones, que se mezcla con elementos sensibles y dramáticos, mostrados siempre en forma extrañamente distanciada. Las manifestaciones sobrenaturales tienen un estatus indefinido —alucinaciones, imaginaciones o realidad— como en el cine de Apichatpong Weerasethakul. Lo estilístico configura un discurso paralelo, a veces sin vínculo discernible con el relato (¿por qué algunos pocos planos, u objetos dentro de algunos planos, aparecen en color en una película que es casi toda en blanco y negro?). Hay muchos planos en que los personajes están tomados desde lejos, y esa distancia propicia algunas tensiones cognitivas (cuando Erhao encuentra el cuerpo de Siye y dialoga con él, es imposible discernir si están moviendo los labios o si esa conversación con un muerto se da a nivel mental o espiritual). Casi al inicio hay una escena de violación mostrada con cámara subjetiva desde la perspectiva de la víctima, algo que no recuerdo haber visto antes en una película. La violación quizá sea la motivación para que Erhao, que no parece creer en sus propios poderes de bruja, decida algunas veces usar la superstición de los pueblerinos para propiciar algunas causas feministas.

When She Runs (Robert Machoian y Rodrigo Ojeda-Beck) es una producción estadounidense súper-independiente. Acompañamos el cotidiano de una corredora de un pueblito del Utah, en los días previos a la prueba para ver si saldrá seleccionada para otra serie de pruebas, con la perspectiva muy lejana de una participación en las Olimpíadas. El tratamiento es súper-naturalista: escenas de la vida (el entrenamiento, el hijo, el ex-marido, una fiesta) sin una función narrativa precisa. Los tiempos “muertos” son la vida de la película, ya que, por acumulación, terminan investidos de un estatuto poético que los realizadores construyen con delicada habilidad: la reacción entretenida y fascinada ante los fuegos artificiales, la nenita que canta, la explicación sobre cómo preparar helados tipo raspadita: cada una de esas acciones se ve completa, y la película sólo funcionará si el espectador sabe disfrutar del pasar del tiempo, de la cotidianidad. Al inicio llegamos a sospechar si no se tratará de un documental. No, es pura ficción minimista. La carrera-clímax se da en un gimnasio deslucido, alrededor de una cancha de hándbol donde dos equipos se enfrentan indiferentes a lo que, para nosotros, es el centro de la atención.

Otros

Black Cop (Cory Bowles, Canadá). Un policía negro parece ser impermeable a los reproches de los activistas negros que se manifiestan contra el gatillo fácil y que lo consideran un traidor. Eso cambia cuando, en un día de descanso, vestido de civil, él mismo es acosado por policías blancos que consideraron su actitud sospechosa. Decide entonces salir por ahí asediando a blancos cualesquiera, de la manera como ve que los negros son tratados por los policías blancos. El espectador es golpeado con la imagen de gente “normal” y, en principio, “inocente” (es decir, blancos de clase media) que son atacados en forma flagrantemente caprichosa por un supuesto agente de la ley, y cuando manifiestan su justa indignación son castigados por “desacato”, “resistencia” o “agresión”. La película está filmada en forma potente, y el protagonista Ronnie Rowe Jr. es una masa de energía y furia acumulada.

Hitler’s Hollywood: German Cinema in the Age of Propaganda 1933-45 (Hitlers Hollywood: Das deutsche Kino im Zeitalter der Propaganda 1933-1945, de Rüdiger Suchsland, Alemania) es un fascinante montaje de fragmentos de la abundante y casi olvidada producción cinematográfica alemana durante el gobierno de Hitler. Esas imágenes preciosas o ridículas o repugnantes ayudan a entender la “normalidad” de un momento excepcional, y al mismo tiempo vuelven aun más misteriosa la demencia del nazismo, con la carga de enajenación evidenciada en su jovialidad histérica. Vemos hundirse el Titanic por primera vez en el cine sonoro (por responsabilidad de hombres de negocio judíos británicos), vemos al barón de Münchhausen volar arriba de la bala de un cañón, un culto a la muerte cercano a la necrofilia, frases patrióticas, la grandilocuencia de superposiciones fotográficas con carácter simbólico, antisemitismo y una inverosímil superproducción multimillonaria (Kolberg) bancada por el Estado en plena miseria del último año de la guerra. La película explora el infantilismo y la ausencia de ironía de muchas de las historias, sazonadas con comentarios teóricos de Siegfried Kracauer, Susan Sontag y Hannah Arendt. Conocemos grandes estrellas olvidadas (Gustaf Gründgens, Hans Albers o Ilse Werner), y episodios casi ocultados en las carreras de Ingrid Bergman o Douglas Sirk. Se muestra también las maneras increíbles en que cineastas como Georg Pabst o Helmut Käutner se las arreglaron para filtrar sentidos resistentes pese al estricto control ejercido por Goebbels.

Ryuichi Sakamoto: Coda (de Stephen Nomura Schible, Japón/Estados Unidos) acompaña al gran músico japonés cuando empezaba a reponerse del tratamiento contra un cáncer de garganta. La cámara lo filma en su cotidiano, volviendo a trabajar luego de dos años de forzosa inactividad. Sakamoto habla a la cámara, comunica sus ideas, intereses, fuentes de inspiración, motivaciones. Comenta la manera cómo los sonidos ambientales del cine de Tarkovsky le sugirieron un nuevo enfoque musical, nos cuenta anécdotas sobre sus creaciones pasadas. Alternado con eso, vemos material de archivo de espectáculos en vivo (desde la Yellow Magic Orchestra en 1979 hasta un concierto reciente junto a Jaques Morelenbaum), de las grabaciones de sus músicas para películas de Bertolucci, de sus excursiones por Guinea, el Ártico o Fukushima para “pescar sonidos” que luego oímos integrarse mágicamente en su computadora, frente a su propia mirada de entusiasmo. La película está tremendamente bien hecha, él es un personaje interesante y entrañable, y la música es formidable.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 24/04/2018)

Premios del 36° Festival Internacional Cinematográfico del Uruguay (Sergio Moreira)

En la noche de ayer se realizó la ceremonia de cierre de esta nueva entrega del Festival de Cinemateca (como todos lo conocemos), el más antiguo Festival de los que actualmente se realizan en Montevideo.  Con la actuación del dúo integrado por Queyi en voz y guitarra acústica y Julia Melo en guitarra eléctrica, y la conducción de dicha ceremonia a cargo de Aris Idiartegaray y Mónica Navarro, todo se hizo ameno y fluido, y uno a uno se fueron entregando los premios.

De la misma forma, se fueron sucediendo los agradecimientos enviados por los directores en mensajes que fueron leídos por distintos integrantes de Cinemateca, así como en video, siendo el más divertido el que registró la directora Alisa Berger, junto a varios amigos japoneses, quienes terminaron grabándose en la puerta de la Embajada de Uruguay en ese país.

Luego de estas presentaciones y con un lleno total en la sala Cinemateca 18, el Festival se despide hasta el próximo año, en el que nos recibirá en las nuevas salas. Aquí está el listado de las películas ganadoras:

COMPETENCIA DE LARGOMETRAJES INTERNACIONALES

Jurado integrado por: Aldo Garay, Cecilia Barrionuevo, Margarita Musto

 Mejor Largometraje Internacional:

Los buenos modales, de Juliana Rojas y Marco Dutra. (Brasil, Francia- 2017)

Menciones:

Djon África, de Filipa Reis y João Miller Guerra (Portugal, Brasil, Cabo Verde , 2018)

Por la representación de un viaje que tiene como fin una búsqueda identitaria en cuyo recorrido el personaje y el espectador encuentran un mundo mucho más vasto del originalmente buscado.

Era uma vez Brasilia, de Adirley Queirós (Brasil, Portugal, 2017)

Por la originalidad del abordaje y el uso del lenguaje cinematográfico en pos de una postura política pasada, presente y futura, a través de una mirada de autor

COMPETENCIA DE LARGOMETRAJES IBEROAMERICANOS

Jurado Integrado por: Alicia Torres, Gabriela Guillermo, Mercedes Martín Galante

Mejor Largometraje Internacional

Plaza París, de Lúcia Murat.(Brasil, Argentina, Portugal, 2017)

La directora presenta la ciudad de Río de Janeiro de manera inusual. No se ven panoramas generales que integren imágenes icónicas como el Cristo Redentor y las playas. Lo que tenemos son planos que nos muestran fragmentación, lo que permite hacer foco en temas extremadamente sensibles. En esta historia, la realidad parece irrumpir en un adentro que no es tal, alterando un vínculo que parecería hermético como lo es el de una paciente con su terapeuta. Sobre ese vínculo de una terapeuta blanca con una paciente negra, se van formando círculos concéntricos que integran a la Universidad, a la policía, al barrio, la cárcel y la familia. Y en todos esos círculos está presente el racismo, la exclusión y el miedo. Una película que muestra a las relaciones en su potencial de rescate, al mismo tiempo que trasmite de manera dramática cómo están evolucionando nuestras sociedades, con personas que son abusadas y muertas impunemente así como otras eligen su propia desaparición como forma de liberarse .

Menciones:

Al desierto de Ulises Rosell (Argentina, Chile, 2017)

Por la contundencia de su lenguaje cinematográfico, con una fotografía e integración del paisaje que acompañan la deriva de los personajes. Por la excelencia de las actuaciones que junto a un guión sólido sostienen la tensión de la pareja protagónica durante toda la película. Porque se presenta un buen relato sobre el viraje de esa relación, desafiando al espectador en el proceso, enfrentándolo a lo inesperado y a un final abierto. Porque la película nos lleva a pensar en el impacto del secuestro y también en el grado en que todo vínculo amoroso implica la pérdida y también el rapto de algo de lo propio.

COMPETENCIA NUEVOS REALIZADORES

Jurado integrado por: Ana Guevara Pose, Andrés Vartabedian, Ángela López Ruiz

Mejor Largometraje

Los cuerpos de los astronautas, de Alisa Berger (Alemania, 2017)

Menciones:

Las cinéphilas, de María Álvarez (Argentina, 2017)

Those Who Are Fine, de Cyril Schäublin (Suiza, 2017)

Ópera prima, de Marcos Banina (Uruguay, 2017)

COMPETENCIA DE CINE DE DERECHOS HUMANOS

Jurado integrado por: Juan Gallardo, Mariana Mota, Pablo Martínez Pessi

Mejor Largometraje

El otro lado de todo, de Mila Turajlic (Serbia, Francia, Catar -2017)

Por ser un documental que muestra con excelente guion y muy buena calidad narrativa, un relato que se desarrolla dentro de una casa que ha sido dividida en reflejo a los cambios políticos de un país signado por uniones, posteriores divisiones y desgarradoras guerras. La vida de la protagonista y su activismo en esas luchas por la democracia, adquiere las características de un relato universal desde donde convoca a proseguir esa tarea, marcada por avances y retrocesos, exiliada de verdades absolutas pero valiéndose de compromisos éticos que permanecen y que sostienen los postulados de las siguientes generaciones.

COMPETENCIA DE CORTOMETRAJES INTERNACIONALES

Jurado integrado por: Lucía Gaviglio, Mateo Vidal, Maximiliano Contenti

Mejor cortometraje internacional:

Negative Space, de Ru Kuwahata, Max Porter (Francia, 2017)

¨Por una historia entrañable contada de manera muy cuidadosa, con una animación sutil, y un final empacado a la perfección.¨

COMPETENCIA DE CORTOMETRAJES URUGUAYOS

Jurado integrado por: Lucía Gaviglio, Mateo Vidal, Maximiliano Contenti

Mejor cortometraje uruguayo:

Ya no, de María Angélica Gil (2017)

¨Por ser una mirada joven sobre un tema actual, la libertad de elegir de la mujer, mostrada en una historia simple que se destaca por sus elecciones estéticas.¨

Menciones:

Rumbo, de Augusto Goicoechea (2017)

¨Por la destreza técnica de la caracterización de los personajes que cuentan las diferencias generacionales de manera divertida.¨

El animal preferido de Dios, Marco Bentancor, Alejandro Rocchi (2017)

¨Por sus destrezas de realización y la creación de una atmósfera efectiva apoyada en muy buenas actuaciones.¨

COMPETENCIA DE LARGOMETRAJES INTERNACIONALES – JURADO ACCU / FIPRESCI

Jurado integrado por: Agustín Fernández, Fabián Muro, Pablo Staricco

Mejor Largometraje Internacional

Djon África, de Filipa Reis, João Miller Guerra (Portugal, Brasil, Cabo Verde, 2018) .¨

Porque es un relato que, con un aire de autenticidad y humildad, retrata los viajes de un joven hacia el descubrimiento de su ambigüegad cultural y nacional. Una roadmovie que revela tanto los  recorridos emocionales de su protagonista, como los choques y reconciliaciones entre dos culturas, y también entre pasado y presente en el Cabo Verde poscolonial.

Menciones:

Charleston, de Andreï Cretulescu (Rumania, Francia, 2017)

Por su humor lacónico y parco en una historia que une a dos hombres muy distintos, cuyo único punto en común es el amor a una misma mujer.

Era uma vez Brasília, de Adirley Queirós (Brasil, Portugal, 2017)

Por su inventiva visual y su arrojo para presentar una historia de ciencia ficción política de una manera que no hace otra concesión que hacia el propio relato.

COMPETENCIA DE LARGOMETRAJES IBEROAMERICANOS – JURADO ACCU / FIPRESCI

Jurado integrado: Myriam Caprile, Sergio Moreira y Débora Quiring.

Mejor Largometraje Iberoamericano

Plaza París, de Lúcia Murat (Brasil, Argentina, Portugal , 2017)

Primera mención: 

Febreros, de Marcio Debellian (Brasil , 2017)

VOTO DEL PÚBLICO

Mejor Largometraje

Diario de mi mente, de Ursula Meier ( Suiza, 2018)

Adiós a las salas clásicas que nos acompañaron tantos años: Sala Cinemateca, Sala Dos y Pocitos, que junto a Cinemateca 18 (la sala más reciente de la institución), dejarán de integrar nuestro circuito cinéfilo.

Sergio Moreira (08/04/2018)

36º Festival de Cinemateca (Guilherme de Alencar Pinto)

Montevideo es una fiesta

Por suerte, no es el último festival de Cinemateca, o así lo deseamos todos los cinéfilos del Cono Sur. Le pusieron de título o eslogan El Último Festival porque es la oportunidad para despedirnos “de los viejos templos”, es decir, las salas históricas de Cinemateca en la calle Carnelli, y Cinemateca 18. A esta altura del año que viene, Cinemateca estará instalada, totalmente reequipada, en su nuevo local cerca del Teatro Solís. La Sala Pocitos seguirá activa, así que al menos ese, de los “viejos templos”, persistirá.

El 36º Festival Internacional de Cine comprende poco menos de doscientos títulos y se extenderá desde hoy jueves 29 hasta el sábado 7 en las salas de Cinemateca y además en las dos del Cine Universitario (Chaplin y Lumière), en la sala del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y en Sala B, con algunas proyecciones esporádicas en la Sala Zitarrosa. Habrá películas de un montón de cinematografías raras, que difícilmente aparezcan en las carteleras locales durante el resto del año (y si lo hacen, probablemente será en la programación de la propia Cinemateca), como ser Argelia, Armenia, Bangladesh, Bolivia, Cabo Verde, Costa Rica, Eritrea, Grecia, Holanda, Japón, Indonesia, Lituania, Luxemburgo, Malasia, Montenegro, Noruega, Polonia, Portugal, Ruanda, Serbia, Suiza, Ucrania, Venezuela o Yemen, aparte de sumar a cinematografías menos ausentes (que tampoco es que abunden por acá), como Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Corea, Cuba, Dinamarca, España, Francia, Irán, Italia, México, Rusia, Suecia y del sector independiente más alternativo de Estados Unidos. Y tendremos las que parecen ser las primeras exhibiciones nacionales de varias películas uruguayas, 7 largometrajes (inclusive de directores consagrados como Alicia Cano y José Pedro Charlo) y 14 cortos. Habrá competencias de largos internacionales, largos iberoamericanos, Nuevos Realizadores, Derechos Humanos, cortos internacionales y cortos uruguayos, y habrá muestras de cine internacional (largos y cortos), un focus de cine brasileño, una muestra de cortos del Festival de Rosario, la sección Ojo con el Cine de películas sobre cine, y Ensayo de Orquesta, de películas sobre música.

Recomendaciones entusiastas

El festival abre hoy jueves 29 (21:30 hs en Cinemateca 18) con una maravilla: Caras y lugares (Visages, villages, Francia) es un documental codirigido por la veteranísima Agnès Varda y el treintañero JR, artista especializado en intervenciones urbanas mediante pegatina de impresiones gigantográficas de fotos propias o ajenas. Los dos salieran a recorrer aldeas de Francia en el camión de JR, conociendo gente, entrevistando, fotografiando, exponiendo sus imágenes en algún muro de la propia aldea y registrando la reacción de la gente. Quien vio otros documentales de Varda sabe de su calidad para encontrar gente increíble y sacar a relucir lo mejor de cada uno frente a cámaras. Eso pasa con varias decenas de los personajes mostrados, pero ella siempre tiene una atracción especial por los rebeldes y resistentes: es muy macanudo el granjero que le explica la conveniencia de extirparles los cuernos a las cabras, pero la heroína es la que se rehúsa a hacerlo y que no quiere usar máquinas de ordeñe. Otra señora, última moradora de un abandonado barrio obrero que ella se rehúsa a dejar porque tiene sentido de pertenencia, casi llora cuando ve que, durante la noche, JR decoró la deslucida fachada con la imagen de ella. Mientras tanto, Agnès y JR se trasladan, cambian ideas, charlan, actúan pequeñas escenas bienhumoradas. Debido a sus 88 años de edad y a un serio problema oftalmológico, Agnès se despide de varias zonas que supo recorrer y que, probablemente, no volverá a ver. En algún caso, JR pegatinea una impresión de una foto que Agnès sacó en ese mismo lugar hace sesenta años. La escena más emotiva con respecto a lo último es la visita frustrada a Godard. Deliciosa, bienhumorada, conmovedora, bella, divertida, sensible, crepuscular, esta obra maestra sólo no recibió más premios porque su coautora es demasiado venerada para competir. Entre sus muchos méritos, ahora abre este tremendo festival montevideano.

Otro documental francés, París es una fiesta (Paris est une fête, de Sylvain George) combina múltiples tendencias. Hay partes que remiten al cinéma pur (una construcción de imágenes y sonidos basada, sobre todo, en lo formal), otras al documental lírico y a la “sinfonía de la ciudad” (observación poética de imágenes y eventos), otras se acercan a lo observacional (la cámara examina determinado contexto, aparentemente sin interferir en él, y construye por acumulación una visión sobre lo mostrado), hay momentos más periodísticos y otros que sobrepasan lo “documental” y parecen lindar más bien con lo experimental (la carrera de cuatro minutos por el campo de girasoles hasta encontrar con un hombre desnudo acostado). Está sutitulado Una película en 18 olas. “Olas” es un excelente nombre para las secciones formales, que vienen y se van, se insinúan, se definen, se intensifican y luego pierden energía y se agotan, dejando paso a la siguiente oleada. Está toda en un blanco y negro maravilloso en sus matices, en la intensidad de sus extremos de oscuridad y luz, aun más notable porque casi toda la película está tomada de noche (con excepción de las manifestaciones populares —contra el estado de urgencia y las leyes de flexibilización laboral—). Hay una excepción al blanco y negro, la imagen de un muro de ladrillos iluminado, coloreado en los costados con rojo y azul respectivamente, delineando la bandera francesa. La película es profundamente política: se planta junto a los refugiados, los indigentes, los estudiantes y obreros que protestan. Pero al mismo tiempo se deja fascinar con las rimas y correspondencias visuales, con los encuadres, con los ritmos, con el choque/armonía entre una imagen montada con otra. Es decir, está plantada en la premisa del modernismo político: la sensibilidad abierta a la visión desfamiliarizada es la misma que permite contemplar la “realidad” con apertura crítica y desconstruir paradigmas enajenantes. Así que vemos la belleza de las luces electrónicas y la del claro de la luna, de la lluvia sobre una estatua, nos incomodamos frente al vago poder simbólico de planos cercanos de peces muertos con sus ojos inermes, empatizamos con Mohamad y su punzante relato de cómo migró desde Guinea, pulsamos junto a la energía de la ciudad. Es una realización magistral en lo formal, tributaria de tradiciones centenarias del cine francés que siguen actualizándose y conservando su valor de vanguardia, y profundamente cargada de humanidad. (Lunes 2 a las 23:15 hs en Cinemateca 18; viernes 6 a las 17:30 hs en Sala Cinemateca.)

Los buenos modales (As boas maneiras, de Juliana Rojas y Marco Dutra, Brasil/Francia). Sin ser tan radicalmente original como los dos títulos mencionados arriba, esta película es más desconcertante, justamente porque empieza mucho más encuadrada en un tópico habitual y vira en forma inusitada a cosas totalmente distintas. Al inicio parece ser una película brasileña más en lidiar, en forma de drama naturalista, con la relación entre una patrona y su mucama, algo tan característico de la sociología brasileña y cuyas modificaciones en las últimas décadas vienen siendo ilustrativas de cambios sociales e ideológicos, además de ser, en algún sentido, traumáticas para quienes están implicados en su profunda trama emotiva. Si el giro lesbiano que se insinúa pronto en la historia implica un vuelco sorpresivo, esto no es nada comparado a lo que se viene después: cine fantástico o de terror, y con elementos aislados de Alien, musical, historieta y Frankenstein, además de un cambio total de ambiente (desde un apartamentazo en un barrio moderno de San Pablo a una casa humilde en un suburbio pobre). Brillan las actrices principales Izabél Zuaa y Marjorie Estiano, el guion es estupendo (en cuanto a la manera sutil en que planta todas las motivaciones, los diálogos, todo), la dirección de arte y la fotografía son formidables. Falla un poco el reparto infantil. Los efectos especiales son el aporte primermundista de los coproductores franceses y son excepcionales para una película brasileña, pero siguen siendo de segunda para los estándares internacionales. Aunque la película funciona muy bien como drama psicológico y como juego con los géneros, es imposible esquivar los posibles subtextos que tienen que ver con la ebullición social en Brasil, los conflictos de clase, la grieta. Parece joda, pero mirando los créditos finales veo que el actor que actúa de lobizón se llama Miguel Lobo, debidamente seleccionado por una directora de reparto llamada Alice Wolfenson. (Sábado 31 a las 23:25 en Cinemateca 18; viernes 6 a las 21:40 hs en Sala Pocitos).

Otras recomendaciones

Las cinéphilas (María Álvarez, Argentina) es un documental delicioso sobre mujeres jubiladas de distintas ciudades (Buenos Aires, Montevideo y Madrid) que van al cine prácticamente todas las tardes. Muchos de los espectadores del Festival de Cinemateca se sentirán identificados con la forma en que una señora porteña planifica cuidadosamente su grilla para asistir a varias películas por día en el Festival de Mar del Plata. Hay una señora Lucía, frecuentadora asidua del Cine Universitario, en Montevideo, que se roba la película con sus observaciones sobre la vida y, sobre todo, con sus descripciones vívidas de algunas escenas que tiene impresas en su memoria, de Fellini, Bergman, Kurosawa o Konchalovsky. En buena medida ve el mundo a través del cine. Sólo parece un poco contradictoria la música de tono vetusto y melancólico que recubre las imágenes con cierto sabor a naftalina y desvía hacia la decadencia crepuscular una película que evidentemente pretende un tributo a una forma de expresión que anima la vida. (Sábado 31 a las 18:25 hs en Sala Lumière; domingo 1º a las 17:30 hs en Sala 2.)

Estoy acá (Mangui fi) (de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik, Argentina) es un documental que hurga en el mundo de la creciente población de inmigrantes senegaleses en Buenos Aires. Acompaña a dos jóvenes amigos, Ababacar y Mbaye, que llevan cinco en la ciudad. Vemos imágenes de un Senegal árido, pobre y sin perspectivas, y sin embargo ambos amigos sueñan con regresar, porque les resulta triste en Buenos Aires la vida aislada que llevan las personas encerradas en sus casas, extrañan la sociabilidad barrial-callejera y el espíritu de convivencia familiar de su país de origen. Hay un significativo contraste entre lo que (al menos a nuestros ojos) luce como la profunda religiosidad en la gran mezquita de Touba, y la actitud más evidentemente predadora de los predicadores evangélicos en las calles porteñas. A los dos personajes principales los acompañamos en sus actividades cotidianas, en entrevistas a cámara (en un español rudimentario pero ya suficiente) y en extensas conversaciones entre ellos en wólof (con sutítulos), y son sencillamente entrañables. (Viernes 30 a las 17:10 hs en Sala 2; martes 3 a las 19:30 hs en Sala Pocitos.)

La historia de Sambá (de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, República Dominicana) transcurre en el ambiente sórdido del boxeo no-estelar de un país tercermundista. Coimas, matones que acosan por la devolución de plata prestada, un personaje cuyo hijo es delincuente, la esperanza de salir adelante, son algunos de los ingredientes en juego. El montaje es sumamente ágil, las actuaciones muy buenas (especialmente Ettore D’Alessandro como ex-boxeador italiano que pretende oficiar como agente de un nuevo talento) y la insólita banda musical entrevera rap, merengue y Wagner. (Hoy jueves 29 a las 17:40 hs en Sala Cinemateca; jueves 5 a las 17 hs en Sala B.)

Recomendaciones con un pie atrás

El sonido interno (Gopon, de Ashraf Shishir, Bangladesh). A veces es complicado entender, y aun más evaluar, películas oriundas de cinematografías que desconocemos, como es el caso de la de Bangladesh (un país que produce unos 60 largos por año), sobre todo si parecen manejar convenciones locales que nos son ajenas. Así, en bruto, esta película deja una impresión bastante bizarra. Es una producción de bajo presupuesto, vinculada al cine de arte europeo en el hecho de que el personaje principal es un “cineasta fallido y poeta fracasado” que intenta realizar su nueva obra —que se parece bastante a la película que estamos viendo— basada en una novela de una escritora renuente. La idea de un álter ego del autor del film queda reforzada por el hecho de que el personaje del cineasta se llama casi igual (Ashraf Kabir), y su película anterior se titula Gaariwala, como la pieza previa de Shishir. En algún momento nos enteraremos de que Kabir no existe, sino que es, como casi todos los demás personajes, un invento de la mente esquizoide de la escritora. Mientras tanto, tenemos a un señor hipócrita que maneja una agencia de protección de derechos de la mujer pero que es él mismo un abusador sexual, un acto revolucionario sangriento, tortura policial, reflexiones sobre la guerra de independencia, los ideales políticos derrotados, escenas melodramáticas de pareja e incluso un número musical, todo eso sonorizado con una música híper-emotiva y diversificadísima, con una presencia invasiva en la mezcla de sonido, que, por lo demás, es sumamente tosca, así como la fotografía. El montaje, sin embargo, es imaginativo, complejo y de alto impacto. Hay incluso, como parte del juego modernista, una escena que se repite dos veces con pequeñas variantes (emulando quizá el proceso de imaginación de la escritora que inventó al cineasta, o del cineasta que inventó a la escritora). (Hoy jueves 29 a las 20 hs en Sala Lumière.)

Invisible (de Pablo Giorgelli, Argentina en coproducción con cuatro otros países) tiene un enfoque realista muy influido por los hermanos Dardenne, y tremendamente bien realizado, incluida una actuación sobresaliente de Mora Arenillas como la joven con un embarazo no deseado. El vuelco final es una lástima, porque queda muy cerca de una posición conservadora “pro-vida”. (Viernes 30 a las 19 hs en Sala Pocitos; domingo 1º a las 21:25 hs en Cinemateca 18.)

Diario de mi mente (Journal de ma tête, de Ursula Meier, Suiza) está basada en el hecho real de un joven que, sin motivo aparente, mató a sus padres, se entregó a la policía pero envió un detallado relato de ello a su profesora de literatura que venía estimulando a sus alumnos a expresar sus sentires personales. Eso pone a la profesora en la incómoda situación de mentora del gurí psicópata. El inicio es intrigante y está tremendamente bien montado, pero luego la cosa no avanza hacia ningún lado. Fanny Ardant oscila, como casi siempre, entre su modo “hada madrina” y su otro modo de “señora afectada por noble sufrimiento”. Y, claro, se nos cae la baba con el sistema carcelario suizo. (Domingo 1º a las 19:30 hs en Cinemateca 18; viernes 6 a las 16:45 hs en MTOP.)

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 29/03/2018)