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“Faroeste Caboclo” (Analía Filosi)

Western en Brasilia

Basada en la exitosa canción homónima de Legiao Urbana, cuenta la historia de Joao, un joven negro que debió hacer frente a la vida en solitario desde muy chico y la delincuencia fue el primer camino que encontró huyendo del pobre noreste brasileño. Yéndole bien en el delito, en Brasilia se enamora de la hija de un senador e intenta cambiar. No le será sencillo en un Brasil en dictadura, lleno de crisis, discriminación y pocas oportunidades. La película fluye como un entretenido western, destacando las actuaciones tanto del trío protagonista como del uruguayo César Troncoso, que hace de traficante y primo peruano de Joao. Mezcla de policial e historia de amor, bien musicalizada y rodada, exhibe un encare moderno que contribuye a que no sea una película más.

Faroeste Cabocolo”. Brasil, 2013. Director: René Sampaio. Con Fabricio Boliveira, Isis Valverde, Felipe Abib, César Troncoso. Dur. 103’.

Analía Filosi (Sábado Show, 09/11/2013)

“Escape imposible” (Analía Filosi)

Ellos lo valen

Un experto en seguridad carcelaria que testea prisiones transformándose en preso e intentando escapar de ellas, acepta probar «La Tumba», un recinto de máxima seguridad que actúa en las sombras y en la más absoluta ilegalidad. Allí se dará cuenta de que ha caído en una trampa y que deberá aliarse con otro prisionero para salir. Una historia que atrapa desde el vamos, incluso a aquellos que creen que juntar a Stallone y Schwarzenegger es apostar a pura piña y acción sin sustento. Todo lo contrario, los actores se divierten y nos divierten con una trama tan bien construida como condimentada de humor y guiños. Los reyes de la acción de los 80 se adueñan de códigos y estética de los 90 para mostrarnos que siguen vigentes y campantes. Único reparo: Caviezel como villano.

Escape Plan”. EEUU, 2013. Director: Mikael Hafström. Con Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jim Caviezel, Vincent D’Onofrio, Vinnie Jones, Sam Neill. Dur. 116’.

Analía Filosi (Sábado Show, 09/11/2013)

“Faroeste caboclo” (Diego Faraone)

Troncoso salva el día

Adaptaciones al cine de textos las hay de todo tipo y color, pero no es común encontrarse con una que provenga de la letra de una canción. Para esta película se echó mano a uno de los temas más recordados de la banda Legião Urbana, “Faroeste caboclo”, escrito e interpretado por Renato Russo, en el que se habla de un tal João de Santo Cristo, un niño que desde pequeño ya piensa en ser matón, y que, caído en desgracia por el asesinato de su padre, pasa su adolescencia confinado en un reformatorio. De mayor intentaba ganarse la vida como carpintero, trabajando día y noche sin poder sustentarse, arrojándose finalmente, historia de amor mediante, a una vida de delincuencia y narcotráfico.

Siguiendo los principales lineamientos impuestos por la letra aunque sin cumplirlos a rajatabla, se presenta entonces una suerte de western urbano, ambientado principalmente en la Brasilia de los años ochenta, durante los estertores de la dictadura. La apariencia remite al western; antihéroes al margen de la ley, enfrentamientos armados, planos de rostros a lo Leone y parajes desérticos, pero por la historia de amor y la sucesión de dolorosas desventuras podemos asegurar que nos encontramos ante un clásico y sufrido melodrama. La conjunción es válida y atractiva, pero en el guión parecerían querer incorporarse demasiados elementos y personajes, sin profundizar demasiado en ninguno y sin posibilidad de que exista verdadera intensidad en la acción. No hay hondura psicológica ni se logra la empatía con ninguno de los personajes y en consecuencia las escenas de duelo se presentan como tiroteos rutinarios, sin que la audiencia pueda involucrarse con ellos.

Lo mismo ocurre con las escenas de sexo: al no haber química alguna en la anécdota romántica, lucen como ejercicios mecánicos, carentes de gracia. El problema puede estar en la ineficaz dirección de actores, en un guión que quiere abarcar mucho sin lograr apretar nada, o en las dos cosas juntas. En definitiva, el ritmo de la película decae y el metraje (que no es mucho, sólo 108 minutos) se siente desmedido.

Pese a todo esto, hay una buena razón para ver esta película: César Troncoso. En un papel secundario, el actor uruguayo encarna notablemente a Pablo, contrabandista de poca monta, descrito en la canción como “un peruano que vivía en Bolivia y muchas cosas de allá traía”. Aunque su carácter no parece bien desarrollado desde el guión (no termina de cuadrar su giro heroico final), Troncoso logra dotarlo de gracia y carisma, convirtiéndolo en el único personaje querible y cuestionable al mismo tiempo. Probablemente lo que se quiso hacer, infructuosamente, con todos.

«Faroeste Caboclo». Brasil, 2013. Título en inglés: «Brazilian Western». Dirección: René Sampaio. Guión: Marcos Bernstein y Victor Atherino. Fotografía: Gustavo Hadba. Música: Philippe Seabra. Elenco: Fabrício Boliveira, Isis Valverde, Felipe Abib, Antonio Calloni, César Troncoso, Marcos Paulo, Cinara Leal, Giuliano Manfredini, Rodrigo Pandolfo, Juliana Lohmann, Léo Rosa.

Diego Faraone (Semanario Brecha, 08/11/2013)

“La paz” (Diego Faraone)

Encontrarse a sí mismo

Liso acaba de salir de un psiquiátrico. Las razones por las que estuvo allí se ignoran, y nunca podrán saberse por completo, sólo intuirse. El registro en que está filmada esta película apunta a esto: a no dar nada por cierto, a sugerir, a transmitir un clima. Pero no se trata de una atmósfera de esas que envuelven desde el primer minuto, sino que se va construyendo paulatinamente, a medida que comprendemos las razones por las que ese universo que comienza a habitar el protagonista, la casa de sus padres, es un micromundo opresivo, asfixiante. El estilo del brillante director de teatro (primero) y cineasta (en segundo lugar) bonaerense Santiago Loza es aquí cálido e intimista, pero no por ello condescendiente. 

Desde un comienzo parecería que Liso tiene todas las comodidades a las que podría aspirar: apenas sale de su confinamiento sus padres le regalan una moto, se traslada junto a ellos a una residencia con un gran jardín y piscina, no le falta dinero y hasta tiene el visto bueno de sus progenitores para continuar su vida como le apetezca. Pero Liso tiene sobre sus hombros la ardua responsabilidad de encauzar su existencia, y lo vemos visitando a su abuela y cuidándola con especial atención, aprendiendo labores de una empleada doméstica de origen boliviano, intentando reconciliarse con una ex, intentando tejer nuevos vínculos. Sin embargo el protagonista no parece pasarla bien, y sus desordenes psíquicos amenazan con desbordar, otra vez.

 

Los elementos para comprender su desequilibrio no están expuestos con alevosía sino que son desplegados sutilmente, de forma que el espectador deba obrar activamente para atar los cabos dispersos en la narración. De a poco pueden llegar a entenderse las razones por las que, a pesar de que los padres del protagonista son sumamente atentos, parecerían contribuir a su enfermedad psíquica. La madre, en escenas que parecen bordear lo incestuoso, busca contenerlo como si fuera un bebé, prodigándole cariños físicos casi sin tapujos; en otra escena vemos cómo bosqueja el rostro de su hijo cuando era un niño pequeño, como una forma de perpetuarlo en la infancia. El padre no es más beneficioso: le aconseja que se acueste con alguien, le da dinero para salir, le dice que busque trabajo, busca imponerle un camino hacia la integración social. En un intento de hacerlo descargar su ira lo lleva a prácticas de tiro, en un ejercicio que, más bien, parecería catártico para sí mismo y sus propias frustraciones. 

Muestras de una ayuda infructuosa o directamente contraproducente, ambos padres ejemplifican actitudes humanas que suelen tomarse a la hora de asistir al prójimo en situaciones adversas. Ni la contención ni el condicionamiento social forzado son vías válidas, parecería decir Loza, y propone una tercera opción para la salvación, que surge a través de la muchacha boliviana: instruir, dar a conocer, facilitar las herramientas para que el individuo se sienta útil. La ironía final de hallar “la paz” en la ciudad de La Paz subraya hasta qué punto las creencias y el sentido común de la burguesía occidental bienpensante pueden estar completamente erradas. La Paz es una película para ver y pensar varias veces, y otra de las tantas muestras de la grandeza del cine argentino reciente.

La paz”. Argentina, 2013. Dirección y libreto: Santiago Loza. Con Lisandro Rodríguez, Andrea Strenitz, Fidelia Batallanos Michel, Ricardo Félix, Beatriz Bernabé. Duración: 73 minutos.

Diego Faraone (Semanario Brecha, 08/11/2013) 

“Solo” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

y mal acompañado

La historia del solitario cuarentón, trompetista sujeto a las rutinas de una orquesta, deseoso de triunfar individualmente, se parece a mil relatos previos que ha ofrecido el cine, y en el ámbito nacional ofrece ciertas semejanzas con Un vintén p’al judas (1959), de Ugo Ulive, la cual el realizador Rocamora, licenciado en Ciencias de la Comunicación, manifestó desconocer en absoluto.

Nelson, que así se llama el personaje, pertenece a la banda de la Fuerza Aérea Uruguaya, satisface rápidamente urgencias sexuales que hablan de una muy posible misoginia, y posee madrecita buena a la que visita en su cama de enferma. Su meta es triunfar en un concurso de cantantes, donde exhibe unas condiciones canoras que siembran la incertidumbre acerca de si el film desea señalar sus limitaciones o simplemente se trata de ausencia de rigor crítico por parte del personaje, los intérpretes, el realizador y guionista, conjunta o separadamente.

El más acartonado cine argentino de los años cuarenta es extrapolado por realizador y guionista (Javier Palleiro), y su retrato de la institución militar como organización bonachona y simpática, no ajena a cierta infantil ingenuidad de sus integrantes, es equivalente a lo que acorde con una mentalidad y una época, ofreciera el logrado cine popular porteño de Manuel Romero en La muchachada de a bordo (1936), con Luis Sandrini. Al respecto cabe anotar dos instancias de conmovedor didactismo: la de la médica militar señalando los inconvenientes de la ingesta de sal para la presión sanguínea, y la ilustrativa disertación del instructor aconsejando abrigarse en la Antártida pues la temperatura puede ser inferior a cero grado.

HOY Y AQUÍ. Desde la si se quiere prejuiciada visión de un uruguayo que soportó la dictadura militar, los simpáticos atributos con que se rodea a una Fuerza Aérea escapada de alguna (mala) opereta vienesa, resultan irritantes.

La Fuerza Aérea Uruguaya ofreció abundante apoyo logístico, según puede apreciarse, y no existen justificativos visibles para que el protagonista sea integrante de la misma, cuando bien su comportamiento pudo ser el de cualquier civil. Situación que el film no justifica aunque fuera de la proyección el coguionista Palleiro aclara: “Nacimos bajo la dictadura, pero somos demócratas”, acotando que pertenece a una familia con predominancia de “izquierdistas”. Uno de ellos el notable dibujante Carlos Palleiro, hoy radicado en el exterior, fue el autor de innovadores afiches que en los años sesenta provocaran agrias discusiones sobre realismo entre los fieles al “realismo socialista” del Partido Comunista al que pertenecía.

No es sin embargo nuestro subjetivo reparo al diseño del ámbito castrense lo que destruye al film, sino la ya señalada formulación anacrónica, elemental y rabiosamente pueril. Curiosamente, este título cuenta con participación de dos excelentes profesionales de nuestro cine: la fotógrafa Bárbara Álvarez y Fabián Oliver, responsable de un sonido directo que, lamentablemente en este caso, permite que se entiendan los diálogos.

Al igual que buena parte de las aeronaves de la Fuerza Aérea Uruguaya, el film no levanta vuelo. El cine uruguayo ha dado un paso gigantesco: hacia atrás.

Solo”. Uruguay / Argentina / Holanda, 2013. Dir.: Guillermo Rocamora. Con: Enrique Bastos, Fabián Silva, Bartolo Aguilar, Claudia Cantero.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 08/11/2013)

“La hermana” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Madura e implacable

Es esta otra “crónica de un niño solo”, con directos referentes cinematográficos: Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), que seguramente la realizadora francesa Ursula Meier no desconoce, y la argentina Crónica de un niño solo (Leonardo Favio, 1965), tributaria de la anterior, en una lista donde irrumpe también la brasileña Pixote (Héctor Babenco, 1981).

La ligazón de La hermana con esa galería fílmica, a la vez que real, de niños marginales, se materializa por ser este el retrato de un pequeño ladronzuelo que opera en lujosas estaciones de esquí, en procura del sustento para sí y su hermana mayor. Vínculo tamizado por una muy probable atracción incestuosa que el film desliza en principio con deliberada ambigüedad. La muchacha acaso ejerza algunas formas de prostitución.

Con un relato lineal y directo, Ursula Meier inscribe su film en una zona de trágico realismo presente en el cine europeo de las últimas décadas, que fuera a su vez vinculado con el neorrealismo italiano. Si bien el cine peninsular constituyó un retrato de la Europa herida de la posguerra, Meier, como los responsables de otras obras del viejo mundo, se vuelca sobre los marginales dentro de una sociedad de bonanza, consumista (el pequeño ladrón es un “especialista” en grifas que faciliten la comercialización) donde la crisis reciente no penetró las fronteras de ciertos estratos socioeconómicos.

Si ese es el marco escénico donde se desplazan los hermanos, el guión de la directora insinúa con agudeza, sin brindar mayores detalles, sobre los prejuicios generalizados, conducentes a un drama familiar de características que por instantes le asocian a la tragedia griega y en otros al folletín televisivo, que quizás, tomando a cada cual en su época, sean más similares en cuanto a anécdota de lo que suele suponerse.

La credibilidad del asunto halla su sustento en el depurado guión, donde nada falta ni sobra, mientras la revelación constante de los pliegues más ocultos de los hermanos se yergue en factor narrativamente recurrente, a su vez renovador de la historia y generador de dramática tensión. Y no menos gravitante es el sutilísimo trabajo actoral, que rehuyendo estridencias fáciles aporta el torbellino no visible en que viven, o más bien sufren estas criaturas, las que en sencilla y formidable escena final se cruzan, sin poder separarse, aunque marchen en direcciones opuestas. El destino es tan incierto como el del personaje de Truffaut que en la orilla del mar contemplaba el horizonte. Meier, a no dudarlo, es consumada cineasta y su cine, en contraposición a la parafernalia alienante con que hoy nos abruma el peor cine hollywoodiano, es bienvenida presencia. El mundo es así, sin Stallones ni Schwarzeneggers que para bien o para mal dicen moldearlo desde pantallas salpicadas por maíz acaramelado y refrescos cola.

La hermana” (L’enfant de l’haut). Suiza / Francia, 2012. Dir.: Ursula Meier. Con: Kacey Mottet Kelin, Léa Sydoux, Gillian Anderson.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 08/11/2013)

“Apuesta máxima” (Álvaro Sanjurjo Toucón)

No va más

El joven norteamericano es amonestado por las autoridades de la universidad a la que concurre por inducir a sus compañeros a realizar apuestas mediante Internet, obteniendo comisiones que le permitirán pagar su matrícula. Apostador él mismo, al perder el dinero ahorrado para solventar sus estudios analiza las jugadas llegando a la conclusión que fue víctima de trampas.

Como quien regentea el juego es inaccesible personaje residente en Costa Rica, el joven despojado se dirige a esa nación —corrupta y con agentes norteamericanos actuando como dueños de casa— donde será recibido por el “zar” del juego vía Internet, quien tras devolverle el dinero le contrata ofreciéndole buenos dividendos.

Luego llegan las complejas explicaciones acerca de las tramoyas de los tahúres cibernéticos, los gobernantes costarricenses corruptos, y las mujeres fatales inmersas en ambiente promiscuo convenientemente pasteurizado, para que el film obtenga benévolas calificaciones por parte de los comités de evaluación moral (el INAU, en nuestro país). No es menos cierto que ese alud de alianzas, traiciones, vueltas de tuerca (con rosca desgastada) y demás vericuetos del guión (con referencias al otro juego: el de la bolsa en Wall Street), propuesto según los más comerciales modelos de “best sellers”, exige ser especialista en juegos de azar, las cotizaciones de bolsa y otros oscuros esoterismos, so riesgo de entender parcialmente un asunto que no traspone los límites de un cine pensado para pasar rápidamente a la TV cable, el DVD o cualquier otra forma de visualización doméstica existente o a inventarse, donde el cine recibe escaso margen de atención al ser consumido conjuntamente con avatares familiares que suelen restar importancia a la incomprensión de lo ofrecido por la pantalla.

En las salas cinematográficas, donde las opciones de distracción fuera de la pantalla están minimizadas al máximo, este film demuestra plenamente que además de confuso (y tonto) es tedioso. El joven realizador Brad Furman, que concitó cierta expectativa con Culpable o inocente, se encargó de eliminar cualquier pronóstico positivo sobre su futuro cinematográfico. Es lo más semejante a un mal “thriller” de hace más de medio siglo.

Apuesta máxima” (Runner Runner). EEUU, 2013. Dir.: Brad Furman. Con: Ben Affleck, Justin Timberlake, Gemma Arterton.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 08/11/2013)

Premios Platino 2016 (Comunicado)

Platino Logo

Este domingo se entregará en Punta del Este la tercera edición de Premios PLATINO

Comienza la recta final de los Premios PLATINO, la gran noche del cine iberoamericano contará en su tercera edición con destacadas figuras como Ricardo Darin, Guillermo Francella, Edward James Olmos, Eduardo Noriega, Javier Cámara, Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Eugenia  Suárez, Inma Cuesta, Angie Cepeda, Hugo Silva, Adriana Barraza, y Pablo Trapero entre otros. Además, la conducción estará a cargo de Natalia Oreiro, Santiago Segura y Adal Ramones. Paulina Rubio, Jesse & Joy, Diego Torres, Cali y el Dandee, Rubén Rada y Álvaro Soler serán los encargados de darle ritmo a la noche. Esta gran ceremonia se podrá ver en vivo a través de TNT.

Entre los aspirantes a llevarse una de las estatuillas cabe destacar la presencia de algunos de los rostros más populares a uno y otro lado del Atlántico y que pondrán de manifiesto el poder de la industria cinematográfica iberoamericana: Javier Cámara, Inma Cuesta, Pablo Trapero, Guillermo Francella, Damián Alcázar, Alfredo Castro, Antonia Zegers, Lucas Vidal, Alvaro Longoria, Jayro Bustamante, Ciro Guerra o Gabriel Ripstein, se unirán al resto de equipos de las películas de ficción, documental y animación nominadas y al flamante Platino de Honor, Ricardo Darín, que en esta edición aspira también a llevarse el premio a Mejor Actor.

Los largometrajes que aspiran a un mayor número de premios son El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra e Ixcanul, de Jayro Bustamante, ambas nominadas en 8 apartados y El club, de Pablo Larraín y El clan, de Pablo Trapero, presentes en 6 categorías. Los Premios PLATINO servirán además para inaugurar el Centro de Convenciones de Punta del Este, en una gala que el Gobierno de Uruguay ha declarado de interés turístico y cultural.   

Los III Premios PLATINO contarán con un plantel de actuaciones musicales de excepción encabezadas por Paulina Rubio, Jesse & Joy, Diego Torres, Cali y el Dandee, Ruben Rada y Álvaro Soler. En homenaje al cine iberoamericano, la razón de ser de estos galardones, la gala se abrirá con un merecido homenaje a la música de esta cinematografía que correrá a cargo del cantante Pipe Bueno, los cantantes y actores Jencarlos Canela y la China Suarez, y una de las presentadoras de la gala, la también cantante y actriz uruguaya Natalia Oreiro.

La transmisión incluirá un Pre-Show exclusivo desde la Alfombra Roja, a cargo de experta pareja que cubre los Premios Oscar® por TNT, integrada por la conductora de TV mexicana Liza Echeverría (@lizaecheverria) y por el periodista y cineasta argentino Axel Kuschevatzky (@AxelKuschevatzk), productor asociado de Relatos salvajes y de El secreto de sus ojos, film ganador del Oscar®.

 EN VIVO desde el nuevo Centro de Convenciones de Punta del Este (Uruguay) el domingo 24 de julio a las 9p.m (ARG) / 8p.m. (CH / VEN) / 7p.m. (MEX / COL / PE / ECU / PAN) / 6p.m. (CR / GUA).

 También disponible a través de TNTGO en live streaming y catch up.

Los PLATINO son los primeros premios cinematográficos que engloban a toda industria audiovisual iberoamericana: 23 países unidos en un proyecto común. Organizados por EGEDA, con la FIPCA, nacieron en 2014 con la clara intención de convertirse en uno de los más importantes instrumentos de fomento y apoyo a la cinematografía iberoamericana.

 

“Julieta” (Mathías Dávalos)

De Pedro Almodóvar

En un principio Julieta iba a llamarse «Silencio», uno de los tres relatos de la escritora canadiense Alice Munro junto con «Destino» y «Pronto», incluidos en el libro Escapada (2004) en los que se basa libremente la vigésima película del director Pedro Almodóvar. También, siempre en un comienzo, el español pensó que este podría ser su primer film en inglés, con actores y escenarios norteamericanos. Según manifestara Almodóvar al Financial Times en 2015, la elección del título «Silencio» era por su condición de ser «el factor principal que impulsa las cosas peores que le suceden a la protagonista de la historia».

Esta protagonista es Julieta, interpretada por dos actrices, Adriana Ugarte y Emma Suárez, en una trama que se sitúa en España, entre mitad de los años ochenta y la actualidad. El film comienza con Julieta en su madurez, con más de cincuenta años (Suárez), que goza de una vida acomodada en Madrid y de futuro próximo en Portugal junto a su novio escritor Lorenzo (Darío Grandinetti). Un encuentro casual callejero de Julieta con una joven conocida introduce, más allá de una evidente ruptura en el relato, una de las obsesiones fundamentales de Almodóvar a lo largo de su obra: el paso del tiempo.

El cineasta recurre al flashback para contar la historia de la joven Julieta (Ugarte), la que presenta en los años ochenta viajando en un tren rumbo a Madrid, en una escena de aura onírica y de eficacia audiovisual apoyada en colores vivos. En Julieta, Almodóvar evoca a dos cineastas de influencias relevantes en su filmografía: al británico Alfred Hitchcock, en la oscilación narrativa entre comedia y thriller, con énfasis en el uso de la música y del montaje; y al alemán Douglas Sirk, maestro del melodrama clásico de Hollywood de la segunda mitad del siglo XX que con su retrato de las vivencias de una actriz viuda, su hija y una empleada negra brillara en Imitación a la vida (1959) y fascinara al director manchego.

En su film Almodóvar dirige con mesura y oficio este transcurrir de los años, con historias que se entrelazan entre personajes, que les dan forma como si se tratara de una labor artesanal (está el ejemplo de Ava y su taller de cerámica como metáfora), y que desarrollan las grandes desgracias, los pequeños triunfos y los brutales silencios de Julieta. Hija de campesinos, joven profesora de filología clásica, amante y esposa de un pescador, madre de Antía.

Entre los detalles que trabaja el director está la importancia que le brinda al color rojo, donde se luce el fotógrafo Jean-Claude Larrieu. En este caso no es una presencia absoluta como la que le otorgara el sueco Ingmar Bergman (otro maestro de Almodóvar) en otra gran historia de mujeres como Gritos y susurros (1972), sino que aquí se expone con sutileza y sin desdén, sea en el primer plano de la película a una bata de seda, y luego en una manzana, en una lámpara, en un sofá, en la tapa de un libro próximo a El amor de Marguerite Duras y en el poncho de la cantante mexicana Chavela Vargas, vieja amiga del manchego a la que le rinde homenaje en esta película no solo en una fotografía o en la canción «Si no te vas» de los créditos finales. Uno de los detalles más delicados de Julieta no solo es una de las imágenes más bellas que ofrenda, sino que representa, en un instante, el momento cumbre de este tránsito del tiempo que persigue el autor: la conducción física y circular del personaje de Julieta en su esencia, entre las actrices Ugarte y Suárez, con una toalla de por medio. Un truco visual que ocurre ante los ojos del espectador donde el tiempo arremete, una ilusión que ciertos magos han sabido utilizar y que pocos cineastas han podido registrar.

Julieta” España, 2016. Dirección y guion: Pedro Almodóvar. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Música: Alberto Iglesias. Montaje: José Salcedo. Elenco: Emma Suárez, Adriana Ugarte, Rossy de Palma, Darío Grandinetti, Daniel Grao, Blanca Parés, Michelle Jenner, Inma Cuesta, Nathalie Poza. 96 minutos.

Mathías Dávalos (Uypress, 19/07/2016)

«Carrie» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Molestias menstruales

Más de algún/a joven en plena crisis adolescente se habrá sentido marginado y soñó con poderes que le permitieran vengarse de sus compañeros generacionales. Ese sentimiento fue utilizado por Stephen King, autor de novelas de terror, para crear Carrie. Historia acerca de Carrie, tímida jovencita educada en solitario por madre fanática religiosa, empeñada en subrayar el carácter pecaminoso de la menstruación, provocando la marginación de la joven y subsecuente burla de sus condiscípulas. A King no le preocupa la problemática adolescente, sino los relatos sobrenaturales, en consecuencia esta muchachita poseerá telepoderes suficientes para convertir al baile de graduación en que la humillaran en apoteosis de sangre y violencia.

Semejante asunto fue llevado a la pantalla en 1976 en film homónimo (Extraño presentimiento, en castellano) con dirección de Brian de Palma, quien puso al servicio del film los logrados y operáticos despliegues audiovisuales exhibidos en su previa Fantasma en el paraíso y continuados en una carrera con altibajos en la que sobresalen Vestida para matar y Doble de cuerpo. Sissy Spacek fue la protagonista. El film dejó su secuela perpetrada por otros realizadores olvidables: una Carrie 2 aparece en 1999 y una “remake” televisiva del original irrumpe en 2002.

El cine “hollywoodiano” actual, generoso en escasez de ideas, no tuvo mejor ocurrencia que volver sobre Carrie, en rutinario, cansino y morosamente aburrido calco del film de 1976, dirigido impersonal y anodinamente por Kimberly Peirce, totalmente distante de su atendible Los muchachos no lloran.

Si en 1976 podía admitirse que una estudiante de secundaria ignorase la menstruación y se trastornara con su irrupción, en 2013, cuando la publicidad de “tampones”, protectores diarios y otros adminículos “ad honorem” inundan góndolas de supermercados y publicidad televisiva, la actitud de Carrie luce tan pasada de moda como todo el film.

«Carrie» (Carrie). EEUU, 2013. Dir.: Kimberly Peirce. Con: Chloë Grace Moretz, Julianne Moore, Gabriela Wilde.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 01/11/2013)