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“A Very Murray Christmas” (Pablo Staricco)

 

De parranda con Bill Murray.

Netflix y Sofía Copppola se unieron para realizar un especial navideño que resume la entrañable figura del comediante.

La fecha: desconocida. El lugar: McDonald’s, Wendy’s o una de las tantas otras cadenas estadounidenses de comida rápida. El evento: una persona comía papas fritas. De repente, Bill Murray se acerca a su mesa y se sienta con él. Sin explicación alguna, el comediante comienza a comerle las papas fritas. Mientras el comensal lo mira atónito, Murray dice: “Nadie te va a creer”. Luego, el actor se para y se retira del local, como si nada hubiese pasado.

La anécdota, que puede encontrarse con diferentes variaciones a lo largo de internet, es parte de un fanatismo fabuloso que rodea a la estrella de Hollywood. Es que Murray, quien ayer estrenó A very Murray Christmas –un programa especial de Netflix–, se ha vuelto una personalidad célebre no solo por su carrera en televisión y cine, sino por sus locuras en la vía pública. Todo esto lo han convertido en una figura excéntrica, entrañable pero sobretodo, entretenida.

El sitio Bill Murray Stories es la prueba de ello. La página se dedica a reunir “historias clásicas” del humorista, presentadas como cuentos contados en primera persona que comienzan siendo creíbles pero que luego toman un giro extraño que implica a Murray haciendo algo ridículo. Muchas pueden ser inventadas, otras no. No importa, ya que existen varias anécdotas reales que prueban el afán bufonesco del actor.

Algunas de las mejores: la vez que Murray se coló en las fotos de una pareja a punto de casarse; la vez que acompañó a una joven a una fiesta y lavó los platos y vasos de la casa; la vez que, en lugar de firmar un autógrafo, prefirió en cambio filmar una caminata en cámara lenta junto a cuatro desconocidos; o la vez que, tras conversar con un taxista y oír sobre sus aspiraciones musicales, intercambió de lugar con el conductor y dejó que tocara el saxofón en el asiento de atrás mientras Murray conducía.

Encanto instantáneo

Murray nació en Chicago en 1950, hijo de un vendedor de madera que murió cuando el actor tenía 17. Según un perfil de la Rolling Stone, Murray se acercó a la improvisación tras abandonar sus estudios de medicina y pasar su 20° cumpleaños en la cárcel por posesión de marihuana.

Antes de cumplir 30 años fue el primer “chico nuevo” del primer elenco en Saturday Night Live al reemplazar a Chevy Chase. Rápidamente y utilizando cierta perspicacia y cercanía con la audiencia (en un segmento llegó a pedirle directamente a los espectadores su apoyo), rápidamente se elevó a la altura de otros comediantes de peso del programa como John Belushi o Dan Aykroyd.
Saturday Night Live fue la catapulta a una carrera en el cine que, pese a valerle una popularidad mundial, no hizo que cambiara su comportamiento atípico para Hollywood.

Es sabido que durante gran parte de su vida profesional, Murray no ha trabajado con agente y en su lugar instaló un número de teléfono 0800 en el que recibía las ofertas e ideas de películas. “Si es interesante, te devolveré la llamada”, decía su mensaje.

Mientras que directores independientes como Wes Anderson y Jim Jarmusch sí lograron cautivar su atención, esta modalidad poco convencional de contratación ha hecho que otros directores y actores trataran de ofrecerle un papel a Murray y fallaran simplemente al no poder encontrarlo. Algunas de las películas que se perdió fueron Iron Man: el Hombre de Hierro, Monsters ,Inc. y Pequeña Miss Sunshine.

Otra de las cineastas que también tuvo suerte fue Sofia Coppola, quien supuestamente dejó cientos de mensajes en esa casilla de voz hasta que finalmente pudo proponerle a Murray protagonizar su segunda película, Perdidos en Tokio. El filme le valió a la directora hileras de reconocimientos, con varias nominaciones y un Oscar a Mejor guión original incluido.

Inyección de humor

A very Murray Christmas, que puede verse desde ayer en Netflix, significa la primera colaboración de Coppola y Murray desde Perdidos en Tokio.

Se trata de un homenaje a los clásicos programas navideños de variedades, rodado en el interior del emblemático Hotel Carlyle de Nueva York. Inicia con el actor preparándose para presentar un programa navideño en vivo, cuando una tormenta de nieve interrumpe la transmisión. El comediante supera ese altercado cantando y divirtiéndose con amigos (George Clooney, Chris Rock y Miley Cyrus, entre otros) y empleados del hotel, en una obra que bien podría ser la antítesis de la solitaria y contemplativa Perdidos en Tokio.

Y aunque la figura de Murray ha quedado ligada mediante sus trabajos a ciudades como Nueva York y Tokio, el actor también disfruta de rondar por Estados Unidos sin rumbo. En los últimos años se ha asentado en la ciudad de Charleston, en Carolina del Sur, donde es dueño de una liga menor de baseball. Pero nada impide que en unos años siente cabeza en otro extremo del país.

Según el diario New York Times, Murray se ha convertido en un equivalente folklórico de un hada padrino, apareciendo de forma inesperada en momentos oportunos. Su vida se ha transformado en una forma de stand-up sin fin, impulsado por su propia celebridad y cuyo fin parece ser el de inyectar un poco de humor en los momentos más mundanos de la vida, sin importar la situación.

Pablo Staricco (El Observador, 05/12/2015)

“Víctor Frankenstein” (Fernán Cisnero)

 

Cuando Harry conoció al monstruo.

Este es el show de Daniel Radcliffe no de un monstruo vuelto a la vida y ni siquiera de Víctor Frankenstein, el científico que le da título a esta nueva revisión de un clásico.
Radcliffe interpreta a Igor, el asistente de Frankenstein que no está en la novela de Mary Shelley, sino que es un invento de Hollywood y años después de presentado, Marty Feldman lo definió totalmente en El joven Frankenstein. Acá, además de ser quien cuenta la historia, es claramente el protagonista y co-inventor del monstruo.

Lo hace con un despliegue gestual que, se supone es parte de su intento para reivindicarse ante todos aquellos para los que siempre será Harry Potter. Acá hace de un jorobado y maltrecho payaso de un circo muy mala onda, con una facilildad innata por la ciencia. Victor Frankenstein (James McAvoy) lo rescata y lo hace su socio. La relación entre ellos es un verdadero bromance, anglicismo que refiere a un platónico romance entre hombres.

El vínculo entre ellos — marcado por una lealtad incomprensible—, ocupa más espacio que los sustos o la propia creación del monstruo. Otra gran parte de la película se lo lleva el interés romántico de Igor por Lorelei (Jessica Brown-Findlay, la añorada Sybil de Downton Abbey) que, sin temor al lugar común, es una trapecista.

El director Paul McGuigan (7, el número equivocado; Push) lleva el asunto aprovechando al máximo una puesta en escena generada por computadora y queriendo imponer algo de ritmo con movimientos de cámara abruptos y sobreimpresos pero de nada sirve: el mal ya estaba instalado en el guión de Max Landis que en determinado momento, demasiado cerca del principio, empieza a desbarrancar.

Victor Frankenstein es una pariente pobre de las Sherlock Holmes de Guy Ritchie. Y eso no es ni cerca un mérito.

“Victor Frankestein” Estados Unidos, 2015. Título original: Victor Frankestein. Dirección: Paul McGuigan. Guión: Max Landis sobre novela de Mary Shelley. Música: Craig Armstrong. Fotografía: Fabian Wagner. Dirección de arte: Grant Armstrong, Oliver Carroll y Tom Weaving. Elenco: Daniel Radcliffe, James McAvoy, Jessica Brown Findlay, Daniel Mays, Andrew Scott. Estreno: 26 de noviembre.

Fernán Cisnero (El País, 27/11/2015)

“Los Juegos del Hambre: Sinsajo – El final” (Analía Filosi)

El final de Los juegos del hambre.

Con esta película concluye una de las mejores sagas juveniles de los últimos tiempos. Para quienes crean que solo se trata de una historia de una chica valiente que sabe tirar flechas y pelear, no es así. Los Juegos del Hambre, basada en las novelas de Suzanne Collins, tiene todo un trasfondo que incluye duras críticas a los medios de comunicación, los sistemas de gobierno y la falta de libertades. En Panem rige la dictadura de Snow, que lidera el Capitolio y tiene controlados a doce distritos que componen esa nación. En el Distrito 13 están los rebeldes, para los cuales es carta fundamental Katniss Everdeen, conocida como el Sinsajo. Al comienzo de este film la idea es buscar la unión de todos los distritos para derrocar a Snow.

Si se hace bajo las condiciones de Alma Coin, la cabeza de los rebeldes, o de Katniss, que suele actuar por las de ella, se verá. La joven no deja que le digan qué hacer ni qué decir, solo flaquea a la hora de tomar una decisión romántica: ¿Peeta o Gale? Los problemas que plantea la película son dos: el primero es que con un film por año muchos espectadores necesitarían una recapitulación que no existe, va directo al grano; el segundo es el comercialmente necesario estiramiento de un libro en dos films y se nota. Superado eso, es un muy bien logrado relato de acción sin descuidar a cada uno de sus personajes, que son varios y todos tienen sus complejidades. Hay vuelta de tuerca, así que el final –salvo que se hayan leído los libros- no es tan evidente como se podría suponer. No solo es la última vez de Jennifer Lawrence en este rol, también es el último estreno que llega del enorme Philip Seymour Hoffman, un motivo más para estar ahí. Una despedida a la altura del fenómeno.

Título original: The Hunger Games: Mockingjay – Part 2. Director:Francis Lawrence. Actores: Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Philip Seymour Hoffman, Julianne Moore. Género: Aventura. Duración: 137′

Analía Filosi (Sábado Show, 05/12/2015)