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“Ha vuelto” (Andrés Carto Berta)

El retorno (incómodo) de Hitler

A través de la plataforma Netflix apareció una película alemana de 2015 que resulta asombrosa, por lo irreverente, transgresora y de un mensaje absolutamente ambiguo en relación a la figura de Hitler.

Ha vuelto (en alemán Er ist wieder da, que traducido sería MIRA QUIÉN ESTÁ DETRÁS) se basa libremente en la novela de TImur Vermes que lleva ese nombre, y que resultó un libro de los más vendidos en su momento.

La película, también, resultó primera en la taquilla de los cines alemanes y fue nominada a los Oscar como producto germano, aunque no pasó (obviamente) la censura hollywoodeana.

Dirigida por David Wnendt (prestigioso guionista y director) cuenta una historia que da para reflexionar, manejando el filme como un falso documental, aunque la mayoría de las imágenes con alemanes que se encuentran con “Hitler” son reales, lo que le da al producto un viso preocupante de realidad, ya que las respuestas que se escuchan distan de defenestrar a este personaje.

LA HISTORIA

Adolf Hitler, un 23 de octubre de 2014 se despierta (luego se comprobará que de forma inexplicable fue transportado en el tiempo hasta ese año, desde las mismas entrañas de su bunker)

Vuelto a la vida, después de 70 años, sorprendido, en los primeros momentos no entiende mucho lo que está pasando. El mundo ha cambiado.

En su recorrido por Berlin, angustiado, llega a un kiosko donde encuentra protección del diariero, que lo toma para la broma, y allí comienza a leer en los periódicos lo que sucede en el mundo de hoy.

Un pobre empleado que expulsan de un canal de televisión filma sin darse cuenta ese renacimiento, y lo protege pensando en que ese imitador del führer lo devolverá el empleo perdido.

Juntos recorren gran parte de Alemania, donde Hitler conversa con mucha gente (esa parte es documental) y se nota en todos ellos una admiración por su figura.

Ese director de cine frustrado, Sawatzki, lleva a Adolfo al canal y ahí, la directora comienza a introducirlo en cuanto programa hay, primero como un objeto de burla, pero a medida que Hitler comienza a hablar, cada vez logra más adeptos.

Si bien la imagen de él matando un perro que le muerde un dedo, genera repulsa en los alemanes, eso no dificulta que siga creciendo su prestigio.

Finalmente escribe un nuevo libro que es un éxito de ventas, y eso lleva a que se filme una película donde él es protagonista.

La película termina con el Führer triunfante, recorriendo las calles alemanas y preparando su nuevo asalto.

Previamente es atacado por algunos neonazis que creen que es un actor, mientras una vieja es la única que se da cuenta que ese personaje es el real.

Ella y Sawatzki, quien intenta pararlo y termina internado en el manicomio.

El tema judío apenas se toca en pocos minutos y de pasada, y lo que abunda en la película es la relación que establece Hitler con la gente en la calle, con quienes dialoga (esto es improvisado), escucha, cuestiona a los políticos actuales, acusa, promete y exige.

El actor ítalo alemán Oliver Masucci asume la caracterización de este hombre, y si bien su parecido no es mucho, a través del metraje se va mimetizando y terminamos reconociendo a Hitler en él.

¿Cuál es el fin de esta película? No lo sé. Me resulta ambiguo, preocupante. Por un lado, no deja de ser una comedia (o al menos así se nos presenta), pero por el otro, las frases son contundentes, atraen, cuestionan, traen al presente sus pensamientos, les da valor.

También muestra como un experimento vivencial, cómo sus ideas están presentes en la población alemana, muy lejos de lo que se nos quiere mostrar, y marca, de ser así, que todo está pronto para el renacer del nazismo.

Esto señalado en las entrevistas en la calle, filmadas con “Hitler”, y por otro por la buena recepción que tuvo este filme en la taquilla (Primera en Alemania, catapultada como muestra oficial para el Oscar de ese año)

Ha vuelto es una intensa película, que cuestiona la realidad, y se coloca en una posición ambigua frente a esta problemática política actual.


Mucha gente se va a enojar con ella, pero también otros la tomarán como un punto de partida para el retorno…

La dirección es de David Wnendt, quien hizo el guión junto a Mizzi Meyere, basado en la novela de Timur Vermes.

El elenco es muy bueno, y están como protagonistas, Oliver Masucci, Fabian Busch, Christoph Maria Herbst, Katja Riemann, Franziska Wulf, Lars Rudolph, Michael Kessler, Michael Ostrowski, Gudrun Ritter, Christoph Zrenner

Andrés Caro Berta (Diario Cambio, 17/02/2018)

“The Cloverfield Paradox” (Andrés Caro Berta)

Un desastre espacial

La verdad es que me llamó la atención este estreno de Netflix, tan anunciado. Hubo dos películas previas (que asumo que no vi), pero todo el tema espacial, ligado a J.J. Abrahams como productor, prometía.

Sin embargo, cuesta mucho terminar de ver este mamarracho espacial que se vale de cientos de ejemplos anteriores, hace un pastiche y genera algo que no veía desde hace mucho tiempo.

Y es la acumulación de los lugares comunes.

Este filme logra que uno como espectador, sepa lo que se viene en la siguiente escena.

Veamos apenas algunos ejemplos: Acá, como hoy los negros no son los primeros en morir en las películas, a quien le toca la primera partida es al ruso, personaje protestón y medio oscuro, a pesar de su color rubio. (Los rusos, hoy tan cuestionados en la política norteamericana)

Otra que marcha es la china, mmmmm, quien además no deja de hablar en su idioma, algo que se contradice con el sentido común de comunicarse en un idioma en común.

Ah, perdón. No les hablé de la historia que se cuenta. Bueno, aquí voy.

Todo es muy desordenado. La vida en la Tierra en el 2028 está a punto de desaparecer por una crisis energética. Todo depende de una estación espacial donde un generador devolvería a nuestro planeta la energía necesaria para nuestra existencia.

Pero, por más que lo intenten, los técnicos de dicha nave, fracasan.
Entonces, de entrada, en un estancamiento de autos, una pareja conformada por la muchacha negra, científica, y su pareja, negro y doctor entablan la primera charla trascendente. Él le dice que se vaya nomás al espacio, aunque pasen más de seis meses sin verse, porque… la Humanidad está primero. Ella se niega (apenas unos segundos) y así, la vemos casi enseguida, junto a un grupo de científicos de varios países luchando en la estación espacial para recuperar lo poco que va quedando.

Y claro, otro lugar común. En el siguiente intento de salvar al mundo (ya van varios) fracasan. Y quedan tres más y nada más. Así, como espectadores ya sabemos que los dos que siguen no van a servir y al final, en el último está la solución…

Como ya el tema de los aliens es muy manido, aparece otro peligro, una mujer que surge de la nada y que es muy misteriosa y que viene a buscar al alemán del equipo porque… en su dimensión él es el malo de la película.

Antes de eso, muere el ruso, les decía. Y ahí sí es la secuencia más parecida a Alien. Desaparecen los bichos (tipo gusanos grandes) de una cubetera, y resulta que, no van a creerlo, están dentro de él, y después de que se le tuerzan los ojos y la piel se le estire, comienza con convulsiones y… no se imaginan lo que sale de su boca, mientras va muriendo… Los gusanos. Todos… Y no aparecen más en la película. ¿Para qué estaban en la nave…? Un misterio que solo los guionistas saben. O no.

Volvamos a la mujer misteriosa. Ella resulta que es de otra dimensión. En ese mundo paralelo, más allá del lío que trae con alemán que acá es bueno pero allá no, le cuenta a la muchacha negra del principio que esta en su mundo es amiga de ella, y que los dos hijos que acá están muertos en un incendio, allá están vivos. Lágrimas, lágrimas… Más lugares comunes que se desatan de ese revelador dato.

Lo que sigue son explosiones misteriosas dentro de la nave, necesidad de reparaciones que se frustran, objetos que vuelan libremente por el espacio, uno que pierde un brazo, y este aparece suelto y camina (como en Los locos Adams) y además es inteligente y hasta les escribe (cuando le alcanzan una lapicera) un mensaje tratando de ayudarlos.

La tontería avanza en The Cloverfield Paradox, con un lugar común atrás del otro.

Ya cerca del final, cuando quedan tres astronautas (ah, porque es necesario que vayan muriendo trágicamente uno a uno) logran en el último intento (¿se acuerdan?) hacer funcionar el aparato que va a salvar a la Tierra, y regresan a nuestro planeta solo dos: el alemán y la negra.

Todo es genial. Aleluya… Pero había que preparar el cierre para que haya una cuarta película… entonces… de la nada, cuando ellos dos están bajando en la cápsula, el esposo de la muchacha se entera que están llegando y grita en el celular que no los dejen aterrizar, que no, que no porque aparece un… Bueno, no se los cuento…

Huya si puede… Y si quiere, vea de nuevo Alien y sus secuelas. Al menos, estaban bien hechas…

La dirección de Julius Onah, yo que sé… El guión de Oren Uziel y Doug Jung es el culpable de todo este desastre espacial.

En el reparto está Chris O’Dowd, un buen comediante irlandés que vimos en la serie The IT Crowd y aquí está totalmente desperdiciado.

El resto… La película… para una tarde aburrida de televisión…

Andrés Caro Berta (Diario Cambio, 10/02/2018)

“The Disaster Artist: Obra maestra” (Enrique Buchichio)

Al artista, con cariño
Tommy Wiseau es esa clase de personaje de la vida real que, si no existiera, habría que inventarlo. De lugar y fecha de nacimiento desconocidos (se supone que nació en algún país de Europa del este, probablemente Polonia, hacia 1955, aunque él nunca lo ha reconocido públicamente), se sabe que vivió algunos años en Francia antes de radicarse en Estados Unidos, donde adoptó su nombre actual e intentó convertirse en actor y cineasta. No tuvo suerte, pero alentado por su amigo, el también aspirante a estrella Greg Sestero, dio el salto a escribir, producir, dirigir y protagonizar su propia película. “El gran drama americano”, le llamaba. No tenía la menor idea de lo que estaba haciendo.

El resultado se llamó The Room, una película que costó la increíble suma de 6 millones de dólares (algo disparatado, considerando la calidad del producto) y que es considerada una de las “mejores peores” películas de la historia. Basta ver apenas unos fragmentos (los hay en YouTube) para comprobar que las actuaciones son todas espantosas, empezando por la del propio Wiseau (que se reservó el rol protagónico, obviamente), alguien que pretendía emular la intensidad dramática de sus dos actores favoritos (James Dean y Marlon Brando). Además, la construcción narrativa es un caos, abundan las escenas donde los personajes hacen o dicen cosas que no tienen ningún sentido en la trama, y lejos de ser un drama como él pretendía terminó logrando una suerte de comedia delirante que rápidamente se convirtió en un film de culto. Algo así como lo que sucedió en Uruguay con Acto de violencia en una joven periodista (1988), del misterioso cineasta Manuel Lamas, una película tan pero tan mala que tiene – cómo no – su grupo de fans que cada tanto llenan alguna sala para volver a verla entre risotadas cariñosas.

Lo mismo sucede con The Room, que fue un fracaso de crítica y público cuando su estreno en 2003, en una sala de Los Ángeles, pero que hasta hoy se sigue exhibiendo en funciones especiales en todo el mundo, convirtiendo a su director y protagonista en una verdadera estrella. Su amigo Sestero – coprotagonista en la película – publicó en 2013 el libro “The Disaster Artist” (El Artista del Desastre), en el cual narra los entretelones del rodaje. El libro cayó en manos de James Franco, actor y director para quien un personaje como Wiseau (que parece estar todo el tiempo bajo los efectos de alguna droga) es un anillo al dedo.

The Disaster Artist, la película, es una comedia en clave de homenaje al mejor estilo Ed Wood (1994), aquel fascinante retrato del director de Plan 9 del espacio sideral (1959), considerado el peor cineasta de la historia (algo difícil de afirmar, más con gente como Tommy Wiseau o Manuel Lamas haciendo películas por ahí). Solo que carece del rigor cinematográfico de Ed Wood (James Franco no es Tim Burton), un film hermoso desde todo punto de vista que no sólo recreaba el estilo visual de su homenajeado (en poderoso blanco y negro) sino que derrochaba cariño por sus personajes, incluyendo a un decadente Bela Lugosi (inolvidable Martin Landau).

The Disaster Artist también demuestra cariño por sus personajes (la película está narrada desde el punto de vista de Sestero, interpretado por Dave Franco, hermano del actor y director), pero no dista mucho del tipo de comedia de amigos más o menos alocados en que hemos visto a Franco y a su socio Seth Rogen – que aquí encarna al asistente de dirección – hasta el hartazgo (Piña Express, Este es el fin, Una loca entrevista). Claro que Wiseau es probablemente el personaje más jugoso que le ha tocado en este tipo de comedia, al menos desde el dealer fumado de Piña Express (2008).

Es probable que su reivindicación del artista como perseguidor de sueños, más allá de conceptos como el “talento”, la “calidad” y las opiniones de los demás – sean productores, agentes, críticos o espectadores – le haya valido el entusiasmo del jurado del Festival de San Sebastián, que le otorgó la Concha de Oro a la mejor película sin ser, precisamente, una gran película. Pero Tommy Wiseau es una estrella y The Room una película de culto, así que, ¿quién soy yo para opinar?

Enrique Buchichio (Cartelera, 21/01/2018)

The Room (Andrés Caro Berta)

Antes de The Disaster Artist

James Franco es uno de los actores más desagradables que conozco. Jim Carrey frente a él es un tipo potable… Pero además, este último es un buen actor que, lamentablemente, busca imitar a Jerry Lewis con una cantidad de gestos absurdos, lo que termina minando su capacidad.

James Franco es otra cosa. Me resulta un actor mediocre, con una sonrisa tonta y poca cabeza.

Ahora se embarcó en la tarea de hacer una película, junto a su hermano, que relata lo que ocurrió durante la filmación de la película The room (El cuarto) en 2003.

Se basa en un guión de Scott Neustadter y Michael H. Weber que adaptaron la novela del mismo nombre, de Greg Sestero que relata su experiencia durante el rodaje de The Room (El Cuarto), de Tommy Wiseau.

The Room

Además de opinar sobre esta producción de Franco, quise ver el filme en que se basan y así poder opinar mejor. La misma se encuentra en youtube, o sea que también ustedes pueden observarla.

Por tanto hablemos un poco de esta que dio origen a la actual.

The Room fue escrita, producida y dirigida por Tommy Wiseau, un polaco – norteamericano. Este trabajo independiente fue solventado por el propio Wiseau al no lograr ningún apoyo económico y resultó siendo considerada una de las peores películas de la historia del cine, aunque esto sea exagerado. Hay otras, mucho peores.

El resultado fue el fracaso absoluto. Pero, como ocurre con otras producciones, el que sea tan mala generó una corriente de admiradores que la consideraron “de culto” Gracias a ello, se mantiene en diversos ámbitos la admiración por ella.

La historia que cuenta (o pretende) es muy simple. Un banquero millonario está viviendo con su novia, con la cual está a punto de casarse luego de años de convivencia. Él la adora pero el espectador enseguida de comenzada, observa cómo ella no lo quiere, y busca conquistar al mejor amigo de su futuro marido. Lo que sigue, en una hora y media, es la concreción del engaño y finalmente su descubrimiento.

El filme es muy elemental desde todo punto de vista. Filmada básicamente en un apartamento y la azotea, matiza con imágenes de San Francisco, tomadas desde lejos.

Pero en lo argumental es cansina, con pésimos diálogos, arrumacos supuestamente eróticos y saltos en la narración que ponen la piel de gallina, porqué se llega a una siguiente escena, hay personajes que entran y a los minutos desaparecen, por momentos da la sensación de que el matrimonio ya se concretó (porque los hombres están de gala) y después se anuncia que este aún no se hizo, y así, docenas de errores.

Las actuaciones son básicas pero correctas, aunque el principal, o sea Wiseau resulta imposible de reconocerlo como un pésimo actor. Es espantoso. Me hizo acordar a Karina Jelinek cuando le pedían que hiciera de distintos personajes, y su rostro siempre terminaba en una sola actitud.

Greg Sestero, que hace de amante de la mujer, modelo, actor (participo en varias producciones de cine y televisión) escribió posteriormente su experiencia en The Room, libro que tuvo éxito titulado The Disaster Artist, que ganó el premio al mejor libro de No – Ficción, en los Premios Nacionales de Periodismo de Artes y Entretenimiento de Los Ángeles.

Eso llevó a que la productora Point Gray Pictures adquiriera los derechos de adaptación al cine.

Así llegamos a este desastroso filme dirigido por James Franco, en el que busca imitar, copiar el pésimo original.

Andrés Caro Berta (01/02/2018)

“Dr. Insólito” (Andrés Caro Berta)

Vuelven los B52 en la era Trump

Cuando la realidad supera a la ficción

La historia vuelve a repetirse… La noticia que sale en diversos periódicos habla de un retorno de los aviones B52, aquellos que durante los años 1958 y 1991 sobrevolaron el planeta las 24 horas, cargando letales bombas atómicas.

En ese año, tras finalizar “la Guerra Fría” entre Rusia y Estados Unidos, los aparatos volvieron a sus hangares, aunque parece que nunca fueron desarmados. Por el contrario, estuvieron siempre cuidados y al día para volar en el momento en que el Pentágono lo requiriera.

Ahora, con la amenaza de Corea del Norte surge nuevamente la posibilidad cierta de que tomen altura, cargados con las letales bombas… por las dudas…

Dice la información de los periódicos que el jefe de gabinete de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, General David Goldfain, en una entrevista de la publicación Defense One declaró que “Este es otro paso para garantizar que estamos preparados. No estamos planificando para un evento específico, sino que es más por la realidad de la situación global en la que estamos y cómo garantizarnos que estamos preparados” La noticia agrega que si bien no se sabe si la orden partió de este General, o del propio Presidente Trump, todo nos remite a la película de Stanley Kubrick, Doctor Insólito (título en español absolutamente ridículo para Dr. Strangelove o sea Dr. Amor Extraño) con el subtítulo “Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”)

Allí, un alucinado y fanático general norteamericano, excitado por cuidar al mundo de los peligros supuestos del agua contaminada, decide saltearse el Poder del presidente de su país y asumir el mando militar, para que los bombarderos B52 descarguen sus bombas atómicas sobre la Unión Soviética, lo cual genera una batalla contra reloj de la máxima autoridad, buscando evitar la destrucción de la vida en nuestro planeta, ya que los soviéticos tienen, para el caso de ser invadidos la bomba del “final del mundo”

Ficción y realidad vuelven a juntarse, y la primera es aplastada por la segunda. Trump amenaza no solo a Corea del Norte, sino a todo ser vivo.

En la película, el tal general Ripper (Destripador), con la actuación de Sterling Hayden (Mientras la ciudad duerme, entre otras) decide dinamitar toda posibilidad de acceso a su comando, incluso del propio presidente norteamericano, ante la desesperada compañía de un militar británico que trata de evitar que su locura termine con la destrucción de la humanidad.

Entre medio aparecen otros personajes, tan alienados como Ripper, en una sátira cargada de humor negro, y que dejaba en ridículo a mandos militares, los propios e ineptos pilotos de uno de los aviones con carga atómica (El que tiene a su cargo el avión, Mayor T.J. King Kong, interpretado por el comediante Slim Pickens), y el presidente de la Unión Soviética, más interesado en orgías que en la salvación del planeta, además de un pícaro embajador soviético (El británico Peter Bull). Sumado un pícaro general Buck Turgidson (interpretado por George C. Scott) que está más seducido por su secretaria que lo espera en la cama que en lo que pueda ocurrir con la bomba. Incluso, cuando parece que la única salida es construir de apuro refugios subterráneos y no salir por cien años de ellos, al enterarse que podrían haber muchas mujeres para pocos hombres, se entusiasma con la idea de ser él, uno de ellos.

Los dos únicos personajes coherentes y preocupados son el presidente norteamericano (Peter Sellers) y el militar de la Reina Lionel Mandrake (también el mismo actor).

Este comediante británico interpreta además un tercer personaje, el propio Dr. Stargelove, antiguo nazi, devenido en consejero militar del Pentágono, una cita a tener en cuenta dado que ante la caída de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, muchos fueron absorbidos por Estados Unidos (al igual de lo que hizo la Unión Soviética) para continuar trabajando en planes secretos. El más destacado fue Von Braun que asumió nada menos que la conducción de la Nasa, para la aventura espacial.

Vale la pena retornar a ver esta película, en blanco y negro de 1964, producida y dirigida por Stanley Kubrick, basada en un libro de Peter George: Alerta Roja: Dr. Strangelove, y observar cómo el mundo está gobernado por personas absolutamente irresponsables e incapaces que… ponemos nosotros mismos en esos lugares.

Andrés Caro Berta (Diario Cambio, 02/12/2017)

“The Disaster Artist: Obra maestra” (Andrés Caro Berta)

James Franco lo logró: su película es peor que la original

Para entender esta película hay que ver la original, es decir The Room (se encuentra en youtube) . Sin ello, se dificulta entender muchas de las cosas que observamos en la pantalla.

Porque este filme deja de ser la recreación del backstage de la anterior, y pasa a convertirse en una copia de la misma, en un remedo, en una ampliación de lo que ocurre en The Room.

The Room fue escrita, producida y dirigida por Tommy Wiseau, un polaco – norteamericano. Este trabajo independiente fue solventado por el propio Wiseau al no lograr ningún apoyo económico y resultó siendo considerada una de las peores películas de la historia del cine, aunque esto sea exagerado. Hay otras mucho peores.

El resultado fue el fracaso absoluto. Pero, como ocurre con otras producciones, el que sea tan mala generó una corriente de admiradores que la consideraron “de culto” Gracias a ello, se mantiene en diversos ámbitos la admiración por ella.

La historia es muy simple. Un banquero millonario está viviendo con su novia, con la cual está a punto de casarse luego de años de convivencia. Él la adora pero el espectador enseguida de comenzada observa cómo ella no lo quiere, y conquista al mejor amigo de su futuro marido. Lo que sigue, en una hora y media, es la concreción del engaño y finalmente su descubrimiento.

El filme es muy elemental desde todo punto de vista. Filmado casi todo en un apartamento y la azotea, matiza con imágenes de San Francisco, tomadas desde lejos.

Las actuaciones son básicas pero correctas, aunque el principal, o sea Wiseau resulta imposible de reconocerlo como un pésimo actor. Es espantoso. Me hizo acordar a Karina Jelinek cuando le pedían que hiciera de distintos personajes, y su rostro siempre terminaba en una sola actitud.

Greg Sestero, que hace de amante de la mujer, modelo, actor (participo en varias producciones de cine y televisión) escribió posteriormente su experiencia en The Room, libro que tuvo éxito titulado The Disaster Artist, que ganó el premio al mejor libro de No – Ficción, en los Premios Nacionales de Periodismo de Artes y Entretenimiento de Los Ángeles.

Aquí, en The Disaster Artist, apenas aparecen algunas actitudes dictatoriales del protagonista, su mala relación con el elenco, especialmente su coprotagonista femenina y los técnicos, sus dificultades para vivir en este mundo y no en su planeta, los ataques de ira porque no es querido por ninguno de los que le acompañan en ese empeño por hacer una película.

James Franco se enamoró de Jimmy, al punto que se mimetizó. Buscó hacer todo igual, como si se tratara de una remake.

Eso queda graficado al final, en medio de los títulos, cuando se muestran escenas de la original y esta producción.

Lo curioso es que, tan desastroso como su modelo, en esas muestras, todos casi milimétricamente actúan como los reales actores, en tanto él se equivoca en los tiempos.

Franco es un mediocre, tanto como su hermano Jimmy. Por tanto no puede tener vuelo. No conmueve, no es Johnny Deep interpretando a Ed Wood. En aquel filme había poesía, homenaje. (Recordemos que Martín Landau fue ganador de los Globos de Oro y el Oscar por su interpretación de Bela Lugosi)

Ed Wood, es un hermoso y tierno homenaje de Tim Burton al director que en los 50 hizo muchas producciones sobre extraterrestres, en un cine de clase B, o si se quiere Z, ya que más allá de los pésimos argumentos y actores, al no contar con presupuesto adecuado, elaboraba el decorado y las naves espaciales como podía, algo que luego (en una época donde no existían las computadoras) podía observarse al notar por ejemplo los hijos colgando y sosteniendo los platos voladores.

Acá, en esta The Disaster Artist lo que hay es copia, copia, copia.

No hay un trabajo serio de lo que ocurre fuera de cámaras, solo se muestra lo que debe haber sido. Y lo hace mal. No hay profundidad en los personajes. Estos son tan mal interpretados que es mejor ver el original. Se sabe que las copias…

James Franco asume la dirección y el protagonismo, en tanto Sestero, es interpretado por su hermano Dave Franco, tan mal actor como James.

Si puede, huya. Y busque en youtube el original. The Room. No es tan desastrosa.

Andrés Caro Berta (Diario Cambio, 20/01/2018)

“Todo el dinero del mundo” (Hugo Acevedo)

Riquezas y miserias

La mezquindad, el poder económico y la miseria moral son las tres vertientes que explora Todo el dinero del mundo, el impactante thriller del avezado y versátil realizador británico Ridley Scott, uno de los cineastas más talentosos, prolíficos y exitosos de los últimos cuarenta años.

Bastante antes de su estreno, esta película fue contaminada por la aureola del escándalo ya que su actor protagónico, Kevin Spacey, fue acusado públicamente de acoso sexual.

A raíz de esta grave imputación, Scott decidió despedir al intérprete y reemplazarlo por el octogenario Christopher Plummer, lo cual impuso el desafío de volver a rodar numerosas escenas en tiempo récord y así cumplir con los plazos estipulados para el estreno.

Empero, si la circunstancia del rodaje fue controvertida, más aun lo es el tema que aborda el film, que recrea el caso real del secuestro del nieto del hombre más rico del mundo acaecido en 1973.

La complejidad del proyecto no arredró en modo alguno al experimentado director y guionista, quien, a esta altura, es una suerte de leyenda viviente capaz de embarcarse en cualquier producción por más ambiciosa que esta sea.

No en vano su vasta carrera cinematográfica presenta resonantes éxitos de taquilla algunos de superlativa calidad, que conjugan una obra tan variada como creativa.

En ese marco, su extensa filmografía incluye, entre otros recordados títulos, Los duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979), Blade Runner (1982), Thelma y Louise (1991) y la galardonada Gladiador (2000).

En ese marco, Scott elabora, con su habitual oficio, un producto que mixtura el thriller con el drama y hasta con el testimonio, en tanto los personajes evocados son, más allá de la mera controversia, protagonistas de la historia de la segunda mitad del siglo pasado.

Aunque obviamente el guión se toma algunas libertades, el relato evoca, en lo sustantivo, el desgarrador drama de los integrantes de uno de los grupos económicos más poderosos del planeta en los ya lejanos años setenta.

La familia damnificada fue el clan Getty encabezado por el magnate petrolero John Paul Getty, uno de cuyos nietos, Paul Getty III, fue secuestrado por la mafia calabresa que exigió un millonario rescate por su liberación.

La historia está ambientada en 1973, en momentos que el mundo árabe desafió al occidente capitalista con un embargo petrolero, a raíz de apoyo militar y logístico suministrado por las potencias a Israel, durante la denominada Guerra Yom Kippur.

La decisión de los productores de crudo reunidos en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) provocó efectos inflacionarios y una grave crisis en el mundo desarrollado, que debió apelar al racionamiento y a modificar sus políticas económicas para adecuarlas a la compleja coyuntura.

Obviamente, la situación afectó particularmente a John Paul Getty, quien observó la multiplicación de sus cuantiosas ganancias a raíz del descomunal aumento del barril de crudo por la disminución de la oferta.

Otro acontecimiento histórico que describe no tal subliminalmente la película es la irrupción en Italia de la organización revolucionaria de ultra-izquierda Brigadas Rojas, que por entonces enfrentó al estado italiano.

No es casual que la historia real se haya desarrollado precisamente en Italia, a donde se mudó Paul Getty II con su esposa e hijos, a los efectos de trabajar en una de las empresas de su poderoso padre.

Aunque la película comienza con una breve reseña biográfica del multimillonario, la trama se centra naturalmente en la angustia originada por el secuestro del adolescente Paul Getty III (Charlie Plummer).

En ese contexto, la tensa narración se desarrolla en dos planos: en el de los mafiosos que mantienen cautivo al joven burgués y en el denodado esfuerzo de su madre Gail Harris (Michelle Williams) por convencer a su suegro que pague el rescate, con la ayuda de Fletcher Chase (Mark Wahlberg), un ex agente de la CIA y empleado del millonario.

Mientras retrata descarnadamente la mezquindad del anciano magnate que se niega a cumplir con las demandas de los secuestradores, la cámara también se adentra en el dantesco cautiverio del atribulado joven.

Ridley Scott maneja el suspenso con su reconocida sabiduría, trasuntando además el drama de una familia fracturada por la falta de afecto y la hipocresía, situación que puso en serio riesgo la vida de uno de sus miembros.

Empero y más allá de una trama cinematográfica no exenta de convencionalismos, el film indaga en la vida de un hombre poderoso e implacable, que no duda en invertir en la compra de un valioso cuadro mientras se niega a pagar por la libertad de su nieto.

Si bien puede aducirse que los mafiosos en este caso están bastante estereotipados, el personaje de John Paul Getty con todas sus miserias, logra ser sumamente convincente merced a la magistral actuación de Christopher Plummer, quien, a los ochenta y dos años, luce su talento intacto como en la cima de su ya dilatada carrera cinematográfica.

No le va en zaga Michelle Williams, quien interpreta con singular brillo y realismo a una madre angustiada por el secuestro de su hijo y por la insólita actitud de un suegro tan rico como insensible.

Todo el dinero del mundo mixtura el thriller con el drama, logrando conformar un producto cinematográfico nada memorable pero plausiblemente elaborado y muy bien actuado, acorde con el prestigio y la trayectoria de un legendario director como Ridley Scott.

Todo el dinero del mundo” (All the Money in the World). Estados Unidos 2017. Dirección y producción: Ridley Scott. Guión: David Scarpa. Reparto: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Tomothy Huton, Andrew Buchan, Olivia Grant, Marco Leonardi, Andrea Piedimonte, Roy McCrerey, Giulio Base y Stacy Martin.

Hugo Acevedo (Publicada en Revista Onda Digital, 30/01/2018)

“Norman: El hombre que lo conseguía todo” (Pablo Delucis)

Zapatero a tus zapatos

Película bastante rara esta Norman, y en más de un sentido.

Joseph Cedar, su director, es un israelí nacido en New York, ciudad de la que emigró hacia Israel cuando tenía 6 años, y ha deslizado que la figura principal y omnipresente en el filme, no difiere en demasía de algunos personajes que tuvieron cierto vínculo con su familia en su juventud.

Norman – a primera vista un amable jubilado judío del que poco se sabe y al que nadie tomaría demasiado en serio – se gana la vida intentando, mediante artilugios bastante bizarros, conectar personas con la promesa de que los negocios que pudieran establecerse, los beneficiaría a todos, incluido a él mismo, claro. Al entrar en contacto con un político israelí – al que le regala un par de costosos zapatos a manera de inversión – que con el tiempo llegará a ser Primer Ministro, se dispara la anécdota central de una comedia dramática satírica, y contada por momentos a manera de una no muy afable fábula.

Como decía al principio, estamos ante un trabajo con algunas rarezas; la primera: la gran composición que logra Richard Gere dando vida a ese tan anodino como perseverante y sensible personaje. Su registro – muy lejos de la proliferación de mohines artificiales con que nos tiene acostumbrados -, su imagen y su postura corporal han dejado al menos por esta vez, al galán de lado. Su labor sostiene la película, y si no logra una empatía total con el espectador, es por una trama que al promediar el relato se torna un tanto entreverada y confusa. Otro aspecto por el que podemos hablar de un filme no común, tiene que ver con un original y efectivo manejo de cámaras que entre otros aciertos, por momentos divide la pantalla con una correlación directa con el estado interior de los personajes.

Lo mejor está al principio y al final. En esos pasajes se retrata cuasi a manera de comedia costumbrista el modo en que Norman trata de vender sus espejitos de colores, en el marco de su vínculo con la comunidad israelí del lugar. Ya luego de su encuentro con el político, el eje principal está en lo relativo a los temas políticos y empresariales, y en un tono cercano al thriller, trata de hincarle el diente a algunos manejos espurios y para nada éticos. Es aquí donde el filme carece de la fuerza narrativa necesaria, y lo que se hace notorio es el subrayado en relación a algunas obviedades que poco agregan. Para peor, ante tanto manejo de nombres y funciones, el relato pierde pie y genera confusiones varias.

Ya hacia el final, cuando se retoman temas ya más individuales y personales, el interés levanta y hasta hay lugar para algunas observaciones sicológicas y sociológicas interesantes.

Otro punto alto está en un elenco donde además de Gere se destacan los secundarios de Charlotte Gainsbourg y los siempre notables Michael Sheen y Steve Buscemi, esta vez en un rol muy distinto al que nos tiene acostumbrados.

En suma, estamos ante un trabajo irregular, que tiene sus mejores momentos cuando la mirada se pone en los sentimientos y conflictos internos del ser humano, no manteniendo el mismo nivel cuando intenta, generalmente sin éxito, trascender a asuntos más generales y mundanos.

Pablo Delucis (Cartelera, 23/01/2018)

“The Disaster Artist: Obra maestra” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Convencional historia de un film anticonvencional

Ed Wood (1924-1978), director, guionista, montajista y productor norteamericano, se ganó justicieramente el título de peor realizador de la Historia del Cine. Lo cual no impidió que buena parte de sus dos docenas de películas se transformaran en “films de culto” (Glen o Glenda, Plan 9 del espacio sideral, etc. etc.).

Film de culto” es una denominación de amplio espectro, destinada a films difíciles y/o polémicos admirados por pequeños grupos de espectadores comunes y/o críticos. El abanico va de algunas manifestaciones del “expresionismo alemán”, a producciones de clase “B” y también films caracterizados por su precariedad formal y conceptual.

Dentro del “film de culto” podemos ubicar al cine del binomio Bó-Sarli y, entre otros, a la ya citada filmografía de Ed Wood, personaje admirablemente recreado por Tim Burton (realizador) y Johnny Depp (intérprete) en el film homónimo de 1994.

Años atrás, el entonces Canal 5 del SODRE, exhibió un ciclo Ed Wood, acompañado de la correspondiente ubicación crítica.

En 2003, Tommy Wiseau (1955), un polaco con estudios de teatro y cine, marcha a Los Angeles junto a otro aspirante a actor, Greg Sestero, y tras no poder trasponer la fortuita y delgada línea que separa la fama del anonimato, Wiseau, de personalidad delirante y considerable fortuna, se erige en realizador, productor, guionista e intérprete del film The Room (estrenado en 2015, en Cinemateca Pocitos).

Sestero, escribirá un libro acerca de su relación íntima con Wiseau, el que será base de The Disaster Artist. Un film implacable en su retrato de la industria del cine y la TV norteamericanas, desmitificador del “glamour”, cuyo mensaje parece concentrarse en que si posees el dinero para comprar equipos de rodaje, técnicos y actores, lo puedes casi todo.

Los delirios fílmicos de Ed Wood, revelan una persona atolondrada, que gusta vestirse de mujer (adora la angora) sin ser homosexual, abordando sin drama las opiniones contrarias y el destino de sus trabajos. Wiseau es también un atolondrado, como Wood carece de la más mínima autocrítica, mientras hace de sus desvaríos parte de la tragedia del eterno fracasado. Rasgos que han de tomarse con pinzas, ya que los mismos provienen de Greg Sestero, quien se reserva un honroso sitial más allá de algunas humanas claudicaciones.

El californiano James Franco se sobrepone a larguezas y reiteraciones del guión, con el interés inherente a la industria del cine y la personalidad de Wiseau.

Un elenco solvente, completa esta atractiva página de la Historia del Cine de Culto. Una modalidad que no está libre de los “snob”, deseosos de notoriedad obtenida por su incondicional tributo a películas y autores las más de las veces despreciados por las “mayorías cultas”.

Irónicamente, The Disaster Artist es un buen film convencional, acerca del rodaje de otro que no lo es (The Room).

The Disaster Artist: Obra maestra” (The Disaster Artist). Dir.: James Franco. Con: James Franco, Dave Franco, Ari Gaynor.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 19/01/2018)

“Paraíso” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Artífices del odio

En las últimas décadas del siglo XX, las cinematografías soviética y rusa (que poseen sus diferencias) renuevan su prestigio internacional con la irrupción de un cine a caballo entre las aperturas del comunismo de la perestroika, y la posterior producción de corte capitalista. Los por entonces jóvenes directores, formados en institutos oficiales, insuflan nuevos brios formales a películas de temas comprometidos con la variable situación política y social de las etapas finales del comunismo.

Entre estas “nuevas” figuras destacan los hermanos Nikita Mijalkov-Konchalovski y Andrei Mijalkov-Konchalovsky, luego convertido en Andrei Konchalovski. A grandes rasgos el cine del primero hace prevalecer la impronta cultural rusa, y el segundo, sin abandonar totalmente sus raíces, impone una línea de mayor eclecticismo, ampliando el espectro al cual está dirigido el film de que se trate. Ese eclecticismo, ahora se vuelca sobre una temática frecuentada por las cinematografías del Este: la 2da Guerra, el nazismo, la resistencia, los judíos y los campos de concentración, el colaboracionismo y otros ítems con estos vinculados.

Una cámara fija, recoge testimonios de varios personajes, sucesivamente registrados en un primer plano, con neutra pared como fondo; es la encargada de conferir carácter documental a todo cuanto se dice ante ella. La realización se inicia con estas declaraciones, retomadas a lo largo de dos vibrantes horas de proyección. El significado de estas imágenes es testimonial y reflexivo. El costado testimonial se construye con la presencia aislada de los testigos –impecable recurso dramático-, en un estilo que remite directamente a Carl Th. Dreyer y La pasión de Juana de Arco con sus primerísimos primeros planos, llevando la historia por una ruta en la que ideas y motivaciones de los participantes del juicio, son abstraídas de su entorno, convirtiéndolas en imágenes de potente significado, con un uso dramático de las mismas, de manera que lo emocional deje espacio a la reflexión, que sectores de la critica, han calificado de Brechtianos.

Las declaraciones testimoniales –de víctimas y victimarios-, de buscada apariencia de registros precarios –las deficiencias de iluminación se encargan de imponer esa pátina-, quiebran su distanciamiento cuando la palabra se convierte en imagen, surgiendo con una reconstrucción de las masacres de los alemanes, cuya lacerante existencia alcanza y sobrepasa los límites de cuanto mostrara el cine de ficción al respecto. Irrumpe de este modo el clásico film de “campos de concentración nazis”, con la perversidad (indiscutida) de los germanos y los comportamientos de miles de prisioneros, solidariamente unidos en su infortunio. Kapó (Pontecorvo, Italia 1960), El gheto Terezin (Radok, Checoslovaquia 1950) y Noche y bruma (Resnais, Francia 1956), impactantes en su reconstrucción (ficción o documental) de los campos nazis, brutales testimonios, y otros films populares sobre el tema (con La lista de Schindler ese Jurassic Park en torno a la Shoah a la cabeza), apenas si rozaron un asunto que Paraíso aborda frontalmente: las divergencias entre judíos, que, incitados por los nazis y un atávico instinto de conservación, luchaban entre ellos, por una “sopa aguada”, un cigarrillo, o la entrega sexual como “seguro de vida”.

Paraíso agrega así una perversión mayor del nazismo: la mutua eliminación y lucha entre unos prisioneros dispuestos a salvar su vida a cualquier precio. El colaboracionismo en sus más diversas expresiones, los límites entre la traición y la claudicación ineludible,… y otros puntos aún peligrosamente existentes, denotarían la pervivencia de un ideario satánico, disfrazado de cierto aire de locura imperante, propia de quienes construyen su futuro y evocan su pasado sobre valores tan monstruosos como la religión, la “raza”, y el destino ineluctable.

Con su dramática fotografía en expresivo blanco y negro, y su “imposible” convergencia de estilos narrativos, Konchalovski nos deja un notable trabajo sobre valores morales y su ausencia, traiciones y claudicaciones… Sobre la fragilidad de los hombres. Ha contado para ello con clásicos referentes del cine ruso, soviético y alemán de todas las épocas.

Admirable y conmovedora. Genial.

Paraíso” (Ray). Rusia / Alemania 2014. Dir.: Andrei Mijalkov-Konchalovsky. Con: Yuliya Vysotskaia, Victor Sukhorukov, Jean Denis Romer.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 12/01/2018)