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“Vinyl” (Gonzalo Curbelo)

Vinyl

Vinilo negro y drogas blancas

Seguramente debe de haber mayores fans de los Rolling Stones (incluyendo a algún colaborador de este diario) que Martin Scorsese, pero también es seguro que ninguno ha hecho tan pública y notoria su idolatría de la banda como el cineasta neoyorquino. Al menos cuatro de sus películas (Calles peligrosas, Buenos muchachos, Casino y Los infiltrados) presentan canciones de Jagger & Richards en su banda de sonido, llegando al cenit de su devoción en Casino (1995), donde se pueden escuchar seis temas del grupo, incluyendo una de sus más extensas composiciones -“Can’t You Hear Me Knocking?”- en su integridad.

Esa devoción ha sido un camino de doble vía, ya que Scorsese fue también el elegido por los Stones cuando debieron recurrir a un peso pesado de la dirección para que filmara su concierto contenido en el documental Shine a Light (2008). Era sólo una cuestión de tiempo para que esa relación, que además de profesional también es amistosa, tuviera como resultado algún proyecto audiovisual conjunto y más ambicioso que el simple documento de Shine a Light, sobre todo teniendo en cuenta el persistente interés en el cine que Mick Jagger ha demostrado desde fines de los años 60, período en el que incluso se especuló con la posibilidad de que abandonara su carrera musical para dedicarse a actuar, algo que hizo en varios films con resultados disímiles, siempre con el hándicap de parecerse demasiado a Mick Jagger.

En todo caso, ambos septuagenarios se reunieron para pergeñar -junto con el periodista y escritor Rich Cohen y el productor Terence Winter- Vinyl, una serie que, sin sorpresas para nadie, trata sobre los márgenes más delictivos de la industria del rock, ambientada en la década en la que ambos artistas brillaron más que nunca: los años 70.

Sodoma, Gomorra y Nueva York

Fue en la década de 1970 que Scorsese y una generación de cineastas irrepetible (Francis Ford Coppola, Peter Bogdanovich, Arthur Penn, Terrence Malick, etcétera) renovó y salvó a la industria cinematográfica estadounidense. La fórmula fue hacerles caso a sus instintos creativos por encima de las fórmulas narrativas y visuales a las que Hollywood se había aferrado demasiado tiempo, ignorando que en el resto del mundo había una revolución expresiva.

Entre los abundantes directores geniales surgidos en aquellos tiempos, posiblemente ninguno haya alcanzado un prestigio tan unánime como Scorsese, un cineasta obsesionado con la violencia callejera, la ciudad de Nueva York y el colapso de los valores tradicionales del american way of life ante el surgimiento de nuevas estructuras urbanas y culturales marcadas por el exceso y el nihilismo. Una mirada oscura -y común a muchos de sus coetáneos- que alcanzó su punto máximo de calidad artística con la demoledora Taxi Driver (1976), que convirtió a Scorsese en el director más representativo del turbulento zeitgeist de los 70. Pero a su vez aquellos años fueron la década dorada de Mick Jagger y los Rolling Stones. Es decir: está claro que la banda llegó al cenit musical entre 1968 y 1972, pero con una serie de discos (Beggar’s Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers y Exile on Main Street) que desde el comienzo no pertenecía a la década de las revoluciones floridas, el ácido y el amor universal, sino a un tiempo más amoral, hedonista y decadente, en el que el orientalismo espiritual era sustituido por los coqueteos con el satanismo, y la experimentación con ácido por la cocaína y la heroína.

Los Stones prefiguraron toda la cultura rock de los años 70, y su influencia en esos años superó a cualquier otra, incluyendo a las de The Beatles y Bob Dylan. En la mayor parte de esa década no consiguieron generar ninguna obra fundamental (su último disco realmente importante y renovador, Exile…, es, como se dijo, de 1972), pero se dedicaron a recoger los frutos de sus esfuerzos anteriores y a reconocer, como invitados de lujo, las flores venenosas crecidas de sus semillas en la obra de David Bowie, Alice Cooper, The Stooges, The Faces y T-Rex, entre otros, mientras palidecían lánguidamente, convertidos ya en integrantes de una nueva realeza melenuda e intoxicada.

Todo esto viene a cuento de que no sólo hay una lógica en que Jagger y Scorsese hayan decidido contar una historia ambientada en dicha década -y en la Nueva York mugrienta, peligrosa y excitante previa a la llegada del punk-, sino también en que el énfasis de esta serie no esté puesto en la trama en sí, sino en la recreación de un mundo que, visto con los ojos políticamente correctos de la actualidad, parece por momentos el de la Roma previa a la caída del imperio. Y en que el ámbito elegido para su reconstrucción sea el que reunía a la creatividad musical rockera y a las prácticas mafiosas, es decir, el de los ejecutivos de las compañías de discos.

Los hombres detrás de los amplificadores

Vinyl se centra en Richie Finestra (Bobby Cannavale), el dueño de American Century, una compañía ficticia de discos que ya ha visto sus mejores días y que está a punto de vender su catálogo y fusionarse con Polygram. Finestra, un personaje intempestivo y en muchos aspectos similar a los artistas a los que representa (incluyendo sus hábitos tóxicos), no sólo es un empresario algo violento, descontrolado y amante de la buena vida, sino también un melómano, que decide no vender la compañía e intenta en cambio -inspirado por un concierto literalmente demoledor de los New York Dolls- convertirla en líder de una nueva revolución musical. No es del todo la idea que se tiene hoy en día de los ejecutivos del sector, pero tampoco se trata de una criatura fantástica.

En los años 70, cuando incluso las grandes discográficas eran empresas en escala humana, que aún no tenían que someter todas sus decisiones a votos de conjuntos de directores ejecutivos -y cuando todavía podían permitirse incluir en sus balances rubros para equivocaciones y artistas desgraciados-, no era tan extraño que una compañía decidiera apostar por músicos innovadores o incluso de vanguardia en lugar de dedicarse, como hoy, a fabricar productos a salvo de riesgos. La idea era que un solo artista exitoso podía compensar los gastos de nueve apuestas equivocadas para descubrir a los nuevos Beatles, y fue gracias a esa política que se grabaron y actualmente podemos escuchar discos de gente notable pero poco vendedora como Nick Drake o Richard Thompson.

El modelo en el que se inspira el personaje de Finestra no está claro, pero bien podría ser el legendario Seymour Stein, de Sire Records, responsable de haber lanzado a buena parte de la new wave estadounidense (incluyendo a los Ramones, los Dead Boys y Talking Heads). Sea como fuera, no se trata de un empresario calvo, judío y de mediana edad como Stein, sino de uno de los clásicos personajes de Scorsese, torturado por el conflicto entre su desaforado tren de vida y su familia, y con un carisma tan rockero como el de los músicos que pueblan la serie y que en cierta forma son el sentido de su existencia.

Yo me llamo

Como decía antes, y como muchas películas en la etapa tardía de la obra de Scorsese, Vinyl es, más que una historia, una cuidadosa puesta en escena de un momento de Nueva York, muy fecundo en lo musical, y una de sus gracias es la reconstrucción visual de los conciertos de muchos artistas del momento y la interacción del protagonista con esos músicos. No son exactamente los de mayor éxito entonces, sino quienes con el tiempo se han vuelto el canon artístico del rock de los 70. Así, nos encontramos tanto con figuras de éxito de su tiempo, como Robert Plant o Alice Cooper, como con hermosos fracasos, como los New York Dolls o una banda protopunk ficticia (liderada por el hijo de Mick Jagger, en una decisión un poco nepótica que no explica muy bien por qué un rockero inglés está intentando triunfar en Nueva York) llamada Nasty Bits, con elementos de Rocket from the Tombs y Dead Boys.

Algunas de las imitaciones, como la de los New York Dolls, son geniales y parecen haber salido del túnel del tiempo (o haberse realizado con actores clonados de los auténticos músicos en su juventud). Otras, como el Alice Cooper de Dustin Ingram, caen en muchos clichés del personaje público creado por ese músico (pero con un excelente oído para su voz y sus modales), y otras se parecen muy poquito, como es el caso de un Robert Plant que más bien recuerda al rockero Paolo.

Sin embargo, el clima general, el entorno en el que se mueven, está representado con el habitual talento de Scorsese (que, al igual que en Boardwalk Empire, dirigió el primer episodio y definió la estética del resto de la serie), y no sólo el vestuario, sino también el físico y la gestualidad de los personajes remiten a otra época con menos cirugías plásticas, menos gimnasios y menos prejuicios. Por otra parte, algunas de las escenificaciones corresponden a flashbacks o ensoñaciones de los personajes, y no sólo aparecen imitadores de formaciones de los 70, sino también de Jerry Lee Lewis o The Velvet Underground (el personaje de la esposa de Finestra, interpretado por Olivia Wilde, es una ex superstar de Andy Warhol, lo que permite también bucear en el mítico entorno de la Factory).

Entre los elementos que componen esta oda a la nostalgia -que, sin embargo, no se percibe como nostálgica- de Scorsese y Jagger, está también una cantidad aterradora de cocaína, droga que muchos en los años 70 creían inocua, a la que tanto el cineasta como el cantante fueron afectos en algún momento de sus vidas, y que inunda la pantalla a lo Tony Montana, especialmente cada vez que Finestra toma alguna decisión comprometida. Es tal vez el único elemento de la serie que, como en El lobo de Wall Street, Scorsese utiliza en forma un tanto escandalosa, mientras que el resto de la atmósfera libertina, exagerada y amoral es presentada como lo que fue: un raro período de libertades casi absolutas en la cultura occidental del siglo XX.

Es difícil escribir la frase anterior desde Uruguay, uno de los países donde esa década fue, por culpa de la criminalidad totalitaria de los gobiernos militares, exactamente lo contrario, pero Vinyl recuerda aquellos años de Nueva York sin ponerlos como ejemplo de nada, aunque uno puede imaginarse a sus productores con una sonrisa lateral, recordando sus días salvajes con cierta melancolía por tiempos que hoy pueden ser juzgados como más perversos, pero que también eran más inocentes.

Narrativamente todavía no se puede decir que la serie haya justificado su existencia, pero HBO ya anunció una segunda temporada, e indudablemente es un escenario hermoso de observar, por más que de momento esté ocupado sobre todo por imitadores y recuerdos.

88° entrega de los Premios Oscar (Analía Filosi)

 

Y el año de Leo llegó
Tras cinco nominaciones y algunas omisiones, finalmente Leonardo DiCaprio se apoderó de la estatuilla que se le debía hacía tiempo. Si bien muchos calificaron de sorpresa lo de En primera plana como Mejor Película, se sabía que era la gran retadora de Revenant: El renacido. Mad Max: Furia en el camino fue la reina en los rubros técnicos.
Lo que sí fue sorpresa fue el Oscar de Reparto para Mark Rylance (Puente de espías), aunque haber ganado el BAFTA era una señal de alerta. En cuanto a las actrices, Brie Larson confirmó los pronósticos y lo dejó entrever al recibir el premio, sin fingir una sorpresa que no tenía justificativo. Mientras que Alicia Vikander, si bien debía pelear con la amenaza de la siempre efectiva Kate Winslet, sabía que tenía grandes chances de ganar. Tampoco causó extrañeza lo de Alejandro González Iñárritu ni lo de su director de fotografía, Emmanuel Lubezki, alias “El Chivo”, como lo de Intensa-Mente (Animación) o El hijo de Saúl (Film Extranjero). Pasando al terreno de la emoción, el podio lo ganó Ennio Morricone, que a sus 87 años obtuvo su primer Oscar (tenía uno Honorífico) por la banda sonora de Los 8 más odiados, tras una carrera de más de 50 años y más de 500 composiciones. También emocionó Lady Gaga con su sentida interpretación de Til it happens to you, la canción del documental The Hunting Ground, que aborda los abusos sexuales en universidades. Por último, decir que Chris Rock cumplió bien con su rol de maestro de ceremonias aunque, si bien manejó bien el polémico tema de las no candidaturas negras, llegó un momento en que saturó un poco. Igual aprobó y demostró que sabe llevar el barco a buen puerto.
Ganadores

Film: En primera plana.

Actor: Leonardo DiCaprio (Revenant: El renacido)

Actriz: Brie Larson (La habitación).

Actor de Rearto: Mark Rylance (Puentes de espías).

Actriz de Reparto: Alicia Vikander (La chica danesa).

Dirección: Alejandro González Iñárritu (Revenant: El renacido).

Guión Original: En primera plana.

Guión Adaptado: La gran apuesta.

Guión Original: En primera plana.

Banda Sonora: Ennio Morricone (Los 8 más odiados).

Canción: Writings on the wall (007 Spectre).

Película Extranjera: El hijo de Saúl (Hungría).

Animación: Intensa-Mente.

Documental: Amy.

Corto Documental: A girl in the river.

Fotografía: Revenant: El renacido.

Vestuario: Mad Max: Furia en el camino.

Maquillaje y Peinados: Mad Max: Furia en el camino.

Edición: Mad Max: Furia en el camino.

Diseño de Producción: Mad Max: Furia en el camino.

Corto Animado: Bear story (Chile).

Corto: Stutterer.

Edición de Sonido: Mad Max: Furia en el camino.

Mezcla de Sonido: Mad Max: Furia en el camino.

Efectos Especiales: Ex Machina.

Analía Filosi (Sábado Show, 05/03/2016)

Premios Oscar 2016 (Fernán Cisnero)

 

Una fiesta que siempre cumple

En primera plana fue la mejor película, pero Leonardo DiCaprio por fin tuvo su estatuilla.

Aunque no ganó en las categorías esas que motivan pencas y debates, Mad Max: Furia en el camino goleó en la 88ª ceremonia de entrega de los premios Oscar, una fiesta marcada -desde la conducción de Chris Rock a un par de viñetas- por la polémica ausencia de actores negros entre los nominados.

La mejor película fue En primera plana de Tom McCarthy que cuenta la historia del equipo del diario Boston Globe que investigó la red de encubrimiento que armó la iglesia católica de Boston para disimular los casos de abusos de menores por parte de sacerdotes; también ganó como mejor guión original. Otra película con un polémico asunto tomado de la historia reciente, La gran apuesta sobre la crisis financiera de la década pasada, ganó mejor guión adaptado.

Pero, en realidad, los Oscar de este año serán recordados como aquellos en los que, finalmente, se le dio un Oscar a Leonardo DiCaprio. El actor iba por su sexta nominación y lo esquivo que le era el premio se había convertido en una broma popular: ya nadie se va a reír de él. Su protagónico como el trampero que vuelve de la muerte en plan venganza sangrienta en Revenant: El renacido es por lejos su papel más demandante y de no darle el premio hubiera sido una gran injusticia.

Revenant: El renacido se hizo con otros dos Oscar: a mejor director (Alejandro González Iñárritu por segunda vez consecutiva, un mérito que solo tenían hasta ahora John Ford y Joseph L. Mankiewicz) y mejor fotografía (Emmanuel Lubezki, por tercera vez consecutiva).

“Hay una frase en el filme que dice que la gente no te escucha cuando ve el color de tu piel”, dijo González Iñárritu. “Así que qué gran oportunidad para nuestra generación para liberarnos de todos los prejuicios y de esta forma pensar y estar seguros de una vez por todas y para siempre de que el color de la piel es tan irrelevante como lo largo que tenemos el pelo”.

El presentador Chris Rock, de participación tirando a deslucida, dedicó gran parte de su presencia en el escenario (en una ceremonia que rondó las tres horas), a tratar ese tema aunque con esporádica gracia.

“Estoy en los Óscar de la Academia, también conocidos como los White people choice Awards. ¿Se dan cuenta de que si nominaran a los presentadores, yo no habría conseguido este trabajo?”, dijo Rock, un comediante que centra mucho de su obra en los vínculos raciales en Estados Unidos.

Rock destacó que ésta ha sido siempre la historia de Hollywood y que en la década de 1960 la gente no protestaba por ello. “Cuando tu abuela colgaba de un árbol, era difícil preocuparse si un corto documental extranjero había sido nominado”. A lo largo de la ceremonia se repitieron gags sobre el polémico tópico en una insistencia un tanto cansadora.

Los premios para Mad Max: Furia en el camino, dirigida por George Miller, fueron mejor vestuario, diseño de producción, maquillaje, montaje, edición de sonido y mezcla de sonido.

A pesar de que son premios técnicos es un gran mérito para una película de acción que rehízo una franquicia que parecía agotada a mitad de la década de 1980 y que se revitalizó como un espectáculo cinematográfico de esos que nacen para ser clásicos.

Brie Larson, por su papel de madre que vive secuestrada en un cobertizo con su hijo en La habitación, fue la mejor actriz y bien ganado lo tiene.

Sin embargo, las categorías de mejores secundarios no resultaron las más justa del mundo. El británico Mark Rylance está muy bien como el espía soviético en Puente de espías de Steven Spielberg pero parecía más indicado que se reconociera a Sylvester Stallone por su conmovedor regreso como Rocky Balboa en Creed: Corazón de campeón.

Y como mejor actriz secundaria parece un poco prematuro que se lo haya llevado Alicia Vikander por La chica danesa; uno hubiera preferido un reconocimiento a Jennifer Jason Leigh por Los 8 más odiados. La película de Tarantino, eso sí, le dio un demorado primer Oscar al compositor italiano Ennio Morricone.

Aunque la colombiana, El abrazo de la serpiente, no se llevó el Oscar a la mejor película extranjera (fue para la húngara El hijo de Saúl), América Latina sí tuvo su premio: la chilena Historia de un oso de Gabriel Osorio Vargas y Pato Escala Pierart fue el mejor corto animado. Es la primera vez que Chile consigue un Oscar.

El saldo final fue bueno y más de lo mismo pero así es todos los años. A la ceremonia le sobraron un par de momentos, pero los premios, que de eso se trata, fueron a donde se esperaba que fueran. Y todo el mundo contento.

Fernán Cisnero (El País, 29/02/2016)

“Película”, el antecedente olvidado (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Revistas de cine: rigores y frivolidades

Al igual que en todo el mundo, en nuestro país, las revistas “de cine” (y excluímos las de carácter técnico) pueden clasificarse en: aquellas cuyo contenido es riguroso, desvinculado de intereses empresariales, y aquellas donde la frivolidad se confunde con la información, la publicidad es escasamente disimulada en sus artículos, y las notas críticas, cuando las hay, son invariablemente auspiciosas.

De las primeras, hubo varias que hoy conforman la hemeroteca de la cultura cinematográfica nacional. “Cine Actualidad”, impulsada por René Arturo Despouey, conoció diez números entre abril y agosto de 1936, convirtiéndose luego en “Cine Radio Actualidad”, agregado imprescindible para lograr una subsistencia que, adaptándose a los cambios tecnológicos (luego incorporaría TV) implicaría también su decadencia.

Entre los años cincuenta y comienzos de los setenta, las revistas de los cineclubes, expresión de esa mirada adulta hacia el hecho cinematográfico, son: “Cine Club” y posteriormente “Cuadernos de Cine Club”; editadas por Cine Club del Uruguay: “Film” y luego “Nuevo Film”, editadas por Cine Universitario del Uruguay.

Desaparecidas “Cuadernos” y “Nuevo Film”, irrumpe brevemente, a inicios de los ‘70, la revista “Imagen”, financiada desde sectores católicos progresistas. A fines de esa década, en 1977, Cinemateca Uruguaya da a conocer “Cinemateca Revista”, la revista de cultura cinematográfica de más larga existencia. Y “rara avis”, no debe olvidarse a la políticamente embanderada revista “Cine del Tercer Mundo”, con dos combativos números en torno a 1970. Al culminar el siglo XX y comienzos del XXI, aparecen dos o tres publicaciones diferentes de efímera existencia y escasísima repercusión.

La aparente inviabilidad para una publicación independiente es quebrada con las publicaciones “on line”, que esforzadamente, sin real apoyo público, transitan por la brumosa línea que divide los dos tipos de revista a que se hace referencia al comienzo.

Es, presumiblemente, esta propuesta de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay, la que permitirá renacer aquellos criterios de extintas revistas, alejadas de toda forma de dependencia del negocio cinematográfico.

Un sector este último, en el que se inscriben publicaciones como la satinada “Cinemag”, editada desde una distribuidora cinematográfica, y también la ilustrativa “Movie Magazine”, que conoció unos dieciséis números publicados mayoritariamente a fines del siglo pasado, y se distribuyera gratuitamente en salas de ese circuito.

Menos interesantes para los sectores “cultos”, estas revistas no han sido objeto de una reseña y estas líneas no se proponen sino ser el punto de partida para ello. Por tanto señalamos que entre el 8 de abril de 1932 y el 1 de julio del mismo año, con rigurosa aparición semanal, se editó la revista “Película”. Una tapa en falsos colores a dos tintas, anticipaba 32 páginas formato 20 x 28cm., con muy abundante información sobre los films en carteleras montevideanas. Sus notas permeables a la publicidad, constituían una bienvenida base para quienes desearan adentrarse en el conocimiento del cine, por entonces prerrogativa de publicaciones periódicas y no periódicas del hemisferio. No aparecen en “Película” los nombres de sus responsables, constando solamente su dirección: Maldonado 1256.

Álvaro Sanjurjo Toucon

Andrzej Zulawski (1940-2016)

Cineasta del exceso

El miércoles falleció, a los 75 años, uno de los directores más extremos e inclasificables que haya dado Polonia. Una larga batalla contra el cáncer había tenido un buen tiempo contra las cuerdas a Andrzej Zuławski, pero pudo dejar un último film, Cosmos, un thriller neonoir metafísico inspirado en su compatriota Witold Gombrowicz y en Fernando Pessoa.

El término “neonoir metafísico” puede parecer extraño, pero la mutación de géneros, estéticas y temáticas fue una de las principales señas del director. Formado en Francia, Zuławski siempre tuvo una relación compleja con su país natal, y en la gran mayoría de sus films se puede reconocer ciertas corrientes subterráneas relacionadas con los tiempos del “socialismo real”. En el primero, La tercera parte de la noche (1971), partía de un retrato de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, un tema recurrente de la segunda ola de cineastas polacos, pero con un grado de estetización y exageración de puestas en escena, movimientos de cámara y, sobre todo, actuaciones que lo alejaban del realismo histórico y por momentos lo hacían bordear “peligrosamente” el surrealismo. Ya con la escena inicial, en la que la madre del protagonista era asesinada por un soldado alemán que entraba a su casa a caballo (una referencia bastante directa a los jinetes del Apocalipsis), uno se daba cuenta de que había algo que no cuadraba con los mandatos del realismo socialista para el cine (ni con el denostado cine de extracción nacionalista más romántica), pero tampoco con las nuevas generaciones de directores como Andrzej Wajda o Andrzej Munk, que en cierto modo daban una vuelta de tuerca política a aquellas bases. Zuławski parecía tomar ciertos mitos y procesarlos en una suerte de hipertrofia y expansión hasta convertirlos en algo que trascendía lo meramente histórico, tocando aristas más inesperadas.

Esa libertad expresiva terminó jugándole en contra en su segundo film, Demonio (1972), que fue duramente censurado, por razones diversas y contradictorias. La historia transcurre durante la invasión prusiana que hizo perder a Polonia su independencia por más de 100 años, y se centra en Jakub, un joven nacionalista encerrado en un manicomio/cárcel/sala de torturas y rescatado por un misterioso hombre que lo acompaña en su camino de regreso a su casa, o a los restos de ella, en un pueblo arrasado por la guerra. No se tarda en reconocer al acompañante como una suerte de Mefistófeles que induce a Jakub a cometer feroces asesinatos. El comité censor vio en aquella Polonia partida y en la locura galopante del protagonista una referencia a purgas realizadas en el Partido Comunista contra afiliados judíos, y a las protestas estudiantiles causadas por esas purgas, pero el toque de gracia lo dio un inusual aliado del régimen: la iglesia católica polaca. Jakub, con su oreja comida por el malevolente diablo, atraviesa un sinfín de vejaciones y actos de violencia, asesina con una navaja todo lo que se le cruza, se involucra en un incesto y no pocas veces juega de manera bastante iconoclasta con la imaginería católica. Uno podría calificar la trama de una mezcla lisérgica de HamletValerie and her Week of Wonders (Jaromil Jireš, 1970), en la que los traumas edípicos del protagonista se entrelazan con los de una nación huérfana y caníbal.

Esa extraña fusión de referencias se daría en toda la filmografía de Zuławski, que desde el vamos compartía con Jean-Luc Godard una particular fascinación por las citas, a menudo sin notas al pie explicativas. La referencia a Hamlet en Demonio queda chica en comparación con las versiones completamente libres de obras de Fiódor Dostoievski en las películas de su retiro a Francia, como La mujer pública (1984, inspirada en Los endemoniados) y L’amour braque (1985, inspirada en El idiota).

El film por el que Zuławski será seguramente más recordado es Una mujer poseída (1981), obra de quiebre que fue una de las piedras angulares del horror psicológico de los años 80 y terminó fundando un subgénero. Es difícil explicitar su temática: fundamentalmente, muestra una feroz y violenta separación amorosa entre Mark (Sam Neil), un espía que retorna a su casa tras una misión de espionaje, y Anna (Isabelle Adjani), pero desde el comienzo vemos algo extraño en la actuación y los móviles de los personajes. Las peleas entran en una creciente entropía y vamos tomando como algo normal que en medio de una discusión la protagonista agarre un cuchillo eléctrico y se lo coloque en el cuello. La cámara pasea anfetamínicamente entre primeros planos y travellings que siguen las súbitas corridas y gestualidades de los personajes, que parecen estar todo el tiempo al borde del colapso. Hasta ahí, es una película un tanto incómoda e intempestiva, pero recién a la hora y cuarto se introduce un elemento completamente imprevisto: el comportamiento de Anna se debe, en parte, a que está cuidando y nutriendo a una criatura en plena metamorfosis, que parece una combinación de los seres llenos de tentáculos de Lovecraft y las creaciones lisérgicas de William Burroughs en El almuerzo desnudo (libro que llevó a la pantalla David Cronenberg, posiblemente el director más emparentado con esta película inclasificable de Zuławski).

Luego hay mucho más: un amante new age y amanerado que compite con Mark por Anna, asesinatos sangrientos, una intriga de espionaje internacional, un holocausto nuclear, una escena de sexo tentacular que parece salida de los más oscuros nichos del porno hentai japonés, y la que posiblemente sea la escena icónica del film, el famosísimo y terrorífico rapto erótico/epiléptico/demoníaco de Isabelle Adjani en el metro. Nadie que haya visto esa escena vuelve a ser igual, y un poco por la belleza de Adjani estallando mientras golpea su bolsa de mandados contra la pared y un festín de fluidos la cubre de harina y huevos, uno percibe algo más ominoso incluso que las famosas posesiones de películas como El exorcista. Quizá lo más impactante de la escena no sean connotaciones demoníacas (que nunca llegan a estar del todo claras), sino el retrato más descarnado y espeluznante de un episodio delirante agudo. En las olimpíadas de la locura, nunca hubo una escena más enloquecedora.

Entre los mitos detrás del film se cuenta que Zuławski le indicó a Adjani que “se cogiera el aire”, y que la actriz, luego de tanto desgaste, terminó en un episodio depresivo que la llevó a un intento de suicidio. Si uno repasa los films del director, reconoce una capacidad inusual para explotar hasta la última gota a sus actrices, con actuaciones al borde del colapso y llenas de tics y arrebatos similares a los de la infausta escena de Una mujer poseída, y de ello (con Sophie Marceau, su esposa durante 15 años, como una de sus principales musas), derivaron un estilo y una temática centrales en sus films. The Most Important Thing: Love (1975), una especie de versión a lo Zuławski de La noche americana (François Truffaut, 1973), tenía a Romy Schneider como una actriz de cine clase Z, víctima de las demandantes indicaciones de una directora y obligada a actuar al borde del llanto. A su vez, La mujer pública también trataba sobre una actriz forzada a solapar su vida con la del personaje que interpretaba, llegando a niveles igualmente paroxísticos. Algo en la forma de tratar a sus actrices -con una mezcla de exigencia, maldad y mucho amor- parece haber permeado sus obras.

Revisitar películas como Una mujer poseída y L’amour braque (con actuaciones de todos los personajes que hacen ver a un film como Gato negro, gato blanco -Emir Kusturica, 1998- como una obra lenta y contemplativa) es brindarse a encontrar en ese exceso, en esos estallidos, algo que supo tomar las premisas de John Cassavetes sobre la actuación y potenciarlas hasta lo más oscuro. Nunca hubo nada igual, y como sucede con cualquier fruto exótico, para algunos puede resultar intragable, pero nunca será algo que resulte fácil de olvidar.

Ingmar BERGMAN y los mitos de la “URUGUAYEZ” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

–Para muchos está catalogado como el descubridor del cine de Ingmar Bergman…
–Es un error de formulación. Soy uno de los once descubridores de Bergman en el mismo momento y en el mismo sitio.

– El origen de la leyenda

El diálogo anterior fue publicado en el diario argentino “página/12” y los interlocutores son un periodista de esa publicación y Homero Alsina Thevenet, uno de los mayores exponentes de la crítica cinematográfica del Río de la Plata.

Esos “once” descubridores a que hace referencia Alsina, son críticos uruguayos y argentinos, presentes en el II Festival Internacional de Cine de Punta del Este, realizado del 10 al 31 de enero de 1952, donde se maravillaran ante el film Juventud divino tesoro, de un para ellos desconocido director sueco llamado Ingmar Bergman. Un joven realizador, nacido en 1918, que para entonces ya había competido en los festivales de Cannes y Venecia.

La aclaración de Alsina obedece a que, con el transcurrir del tiempo, y especialmente de este lado del Río, se atribuyera el “descubrimiento” de Bergman exclusivamente a Alsina y a Emir Rodríguez Monegal (también presente en el evento), obviando a los críticos argentinos. Para finalmente hacer de Alsina el “único descubridor”, quizás a causa de ciertos reparos intelectuales a un Rodríguez Monegal que, como Alsina se había marchado del país, pero no pudo, no supo o no quiso mantener viva su “presencia” entre las nuevas generaciones; y las viejas también.

– Punta del Este no fue Maracaná

Bergman fue descubierto en Punta del Este”, es la aseveración que sale a relucir constantemente, en especial ante cada nueva edición de un Festival Puntaesteño buscando en su pasado prestigios hoy perdidos.

El talento de Bergman fue lógicamente detectado por aquellos críticos/espectadores que no le conocían, a medida que sus películas se estrenaban. La deformación de la leyenda llevó a afirmar que sin aquellos “once” (o uno) difusores de los valores bergmanianos, el maestro sueco no habría trascendido.

Puntualicemos y supongamos:

Si a Bergman no lo conociera nadie, no significa que quienes por azar vieron primero sus películas y las valorizaran, fueran quienes detectaron un talento ignorado por los demás. Así, si un rioplatense viera en un Festival europeo a un realizador talentoso, desconocido por estas latitudes, mal puede proclamarse su “descubridor”. Término más adecuado a quien detectando aptitudes ignoradas por otros, se encargase de difundirlas.

No sería este el caso de Ingmar Bergman, unánimemente aclamado una vez que sus films arribaban paulatinamente a las salas del mundo, independientemente del episodio puntaesteño, sin repercusión extrarrioplatense.

Sintetizando toda esta “novela del descubrimiento”, el extinto crítico Jaime E. Costa, manifestó en “cinestrenos” que (estos acontecimientos) “dieron lugar a la leyenda de que Bergman había sido “descubierto” en Uruguay porque sus films no se habían exhibido aún fuera de Suecia”

Para el caso que el lector discrepe con la tesitura previa, debe señalarse que Ingmar Bergman tuvo toda la notoriedad que:

– en 1947 le brindara la presencia de su film Barcos para la India en el Festival de Cannes, donde compitiera. Faltaban cinco años para que un film de Bergman se conociera en Punta del Este.

– en 1948 generó el competir por el Gran Premio Internacional del Festival de Venecia, donde participaba con su film Música en la noche, producido un año antes. Faltaban aún cuatro años para el “descubrimiento” de Punta del Este.

Entre el 20 de agosto y el 12 de setiembre de 1952, en una nueva edición del Festival de Venecia, Suecia participa con el film Juventud divino tesoro, candidato al León de Oro, exhibida a comienzos de ese año en Punta del Este. No es imposible, pero si altamente improbable que autoridades de la “Mostra” y de “Svensk Filmindustri”, desconocieran la presencia previa de Bergman en Cannes y en la misma “Mostra” veneciana y hayan actuado al influjo del “descubrimiento“ puntaesteño. Punta del Este no concedió premios y el otorgado a Bergman lo fue por un Jurado (no oficial) de la Critíca.

– El libro, Filmoteca Nacional y Valladolid

El entusiasmo “uruguayizador” de Bergman se expandió. En 1964, cuando en Montevideo se publica Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico, con autoría de H. Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal, rápidamente proclamado el primer libro del mundo dedicado a Bergman. No se trataba de una aproximación orgánica al cineísta, sino como allí se aclara, de la utilización, en parte, de “una serie de artículos periodísticos publicados por los autores durante 1953-64 principalmente en el diario EL PAÍS de Montevideo, pero también en la revista REPORTER, en un programa de Cine Arte del SODRE y en la revista FILM, …Esos artículos han sido variablemente retocados para su edición conjunta y se han agregado asimismo otros textos nuevos.” El libro formato 14 x 19 cm. tiene 128 pp.

No sabemos si Introducción al estudio de Ingmar Bergman de Carlos Fernández Cuenca, es el primer libro del mundo sobre Bergman, detalle escasamente importante, pero si es anterior al volumen de Alsina y Rodríguez Monegal. El ensayo de Fernández Cuenca fue editado por Filmoteca Nacional de España, en el marco de la VI Semana Internacional del Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid, en 1961. El libro formato 24 x 17 tiene 77pp.

Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico fue muy bienvenida contribución al interés de los uruguayos por el cine. Sus autores fueron grandes figuras de la cultura nacional y su análisis, lúcido, es más importante que alardear al grito de un erróneo “descubrimiento”.

– Testimonio y confesión

Apartándonos de la visión uruguaya que unos y otros puedan poseer acerca de la trascendencia e importancia alcanzada por Ingmar Bergman antes de su difusión rioplatense en Punta del Este, es conveniente transcribir lo manifestado por el prestigioso ensayista, guionista y especialista en cine de su país, el sueco Bengt Idestam-Almquist y el no menos sueco Ingmar Bergman

a) Bengt Idestam-Almquist

En Cine Sueco (drama y renacimiento), de Bengt Idestam- Almquist, cuyas últimas páginas fueran escritas en 1952, se expresa:

Con respecto a la dirección de los actores, encontramos cualidades maravillosas y verdaderos refinamientos en los films de Molander. Pero para que no se halle falto de fuerza y originalidad, es necesario que esté animado por un espíritu superior y que sea mayor el entusiasmo que inspire a los autores de sus guiones: lo que ocurre por ejemplo en Eva (1948), escrito por ese Ingmar Bergman que se hizo notar por primera vez como autor del argumento de Suplicio (Hets, 1944) de Alf Sjoberg”

En este momento, al lado de Sucksdorf y de Sjoverg, el guionista y director Bergman es uno de los mayores talentos cinematográficos de Suecia”. (pág. 288).

Más adelante (págs. 293-294) manifiesta Idestam-Almquist: “La primera vez que nosotros los de una cierta edad, resultamos verdaderamente consciente de la nueva dirección de Bergman, fue en el film Buque de la india (1947), …No podíamos señalar con precisión donde estaba “lo nuevo”, pero sentíamos su presencia… y que no se había mostrado visualmente antes en ningún film, y en ningún otro país”

En el film de arte Prisión (Fangelse, 1948-49), Bergman ha desarrollado su tema con una riqueza tal de sonidos y de armonías que puede decirse que es una obra sin igual.”…” Conseguí traer conmigo a dos turistas que visitaban Suecia, dos directores rusos, ganadores del premio Stalin: (Sergei) Guerasimaov y (Mijail) Chiaureli y les mostré Prisión. No comprendieron nada, naturalmente, del diálogo, pero asistieron a la proyección fascinados” ‘El muchaho sabe y puede mucho’ dijeron con voz llena de admiración hablando de Ingmar Bergman”

* existe versión en español, publicada en Buenos Aires (1958), en la colección “Estudios Cinematográficos” de Editorial Losange, traducción de su edición en italiano: Dramma e rinascita del cinema svedese.

b) Ingmar Bergman

En la página 103 de Imágenes, libro de memorias de Ingmar Bergman (traducción de 1992, del original sueco editado en 1990, Tusquets Editores), el realizador sueco señala:

El verano de 1941 cumplí veintitrés años y huí a la casa de mi abuela en Dalecaria. Mi vida privada era tumultuosa… Yo ya había escrito algo, esporádicamente y sin intención de publicar…El resultado fueron doce piezas de teatro y un libreto para ópera.”

Me llevé una de las obras a Estocolmo y se la entregue a Claes Hoogland,…Tuve la oportunidad de montarla en el otoño de 1941. Fue un modesto éxito.”

Entonces ocurrió que me llamaron para que fuese a ver a Stina Bergman a las oficinas de Svensk Filmindustri. Ella había visto una de las representaciones y le había parecido vislumbrar un talento dramático que debía desarrollarse. Me ofreció un contrato a tanto alzado en la sección de guiones de Svensk Filmindustri.

– Conclusión y nueva leyenda

Bergman no fue “descubierto” en Punta del Este y se cuenta que cuando algún uruguayo de paso por Europa le quiso entrevistar y comunicarle la “proeza” celeste, no le recibió.

Álvaro Sanjurjo Toucon

“Animals” (Analía Filosi)


Animales con problemas muy humanos.

El viernes 12, a las 22:30, comienza en HBO, Animals, una serie animada para adultos que en Estados Unidos se estrenaba anoche.

Con una primera temporada de diez episodios y una segunda ya confirmada, se centra en las oprimidas criaturas que habitan uno de los medios más complicados de la Tierra: la ciudad de Nueva York. Desde ratas enamoradas, pasando por palomas que cuestionan su identidad, hasta chinches en medio de una crisis de mediana edad, todos son protagonistas de charlas incómodas, ambigüedad moral y problemas existenciales. Si bien se trata de animales, sorprenderá lo muy parecidas que son a las de los humanos las experiencias que atraviesan estas criaturas creadas por Phil Matarese y Mike Luciano, y llevadas a la pantalla con producción de Duplass Brothers Television.

Los creadores se conocieron trabajando juntos en una productora en Nueva York, donde mataban el tiempo poniéndole voz a las palomas que se reunían fuera de sus oficinas. Matarese, un ilustrador en su tiempo libre, propuso animar una escena de sus personajes para un evento de comedia de Luciano y fue ahí donde nacieron los cortes animados titulados Animals. En 2013, captaron la atención de los hermanos Jay y Mark Duplass cuando ganaron en la categoría de Mejor Comedia en el Festival de Televisión de Nueva York. Los Duplass los convencieron de abandonar su trabajo y comenzar la producción de Animals. Los dos primeros episodios se estrenaron en el Festival de Sundance en 2015, convirtiéndose en el primer programa independiente de televisión en hacerlo. Recibieron elogios de los críticos de The New York Times y Los Angeles Times.

La serie forma parte de la buena y continua relación entre HBO y los Duplass, cuya serie Togetherness regresa para su segunda temporada el próximo 21 de febrero.

Otro dato interesante es que Animals fue animada por Starburns Industries, que también está detrás de Anomalisa, película de stop-motion candidata al próximo Oscar en la categoría Animación y estrenada en Uruguay el pasado jueves.

Analía Filosi (Sábado Show, 06/02/2016)

“Man seeking Woman” (Analía Filosi)

Tropiezos amorosos

Como “una mirada dulce y surrealista al mundo de las citas amorosas” se define Man seeking Woman, la comedia que desde el próximo martes integrará la programación de FX. Se trata de la historia de Josh Greenberg (Jay Baruchel), un veinteañero en la búsqueda incesante del amor.

En esa aventura romántica, el joven vivirá citas de una sola noche, rupturas dolorosas, viajes en el tiempo y ¡hasta una cita a ciegas con un troll! Todo puede suceder en esta comedia que en Estados Unidos ya va por su segunda temporada. FX emitirá las dos temporadas en continuado, cada una formada por diez capítulos de media hora. Todos los martes, desde las 22 horas, se verán dos episodios.

Man seeking Woman está basada en el libro de Simon Rich, The Last Girlfriend on Earth (La Última Novia en la Tierra). El propio autor se ocupó de crear, producir y guionar la versión televisiva de su historia.

Además de Baruchel, integran el elenco: Eric Andre como Mike, el mejor amigo y confidente de Josh; Britt Lower como Liz, la intimidante hermana mayor del protagonista, y Maya Erskine como Maggie, la ex novia que Josh nunca pudo olvidar.

Analía Filosi (Sábado Show, 06/02/2016)

“Quantico” (Analía Filosi)

¿Una nueva conspiración?

Guerras, atentados terroristas y operaciones de espionaje han tenido, por lo general, una explicación detrás. Si fue cierta o no, ha sido tema de discusión en varios casos, dando lugar a la sospecha de conspiraciones. Sobre esta base es que surge la serie Quantico.

Sobre esta base es que surge la serie Quantico, que AXN estrena el lunes, a las 22 horas. La protagoniza la ex Miss Mundo, actriz y cantante india Priyanka Chopra, en lo que es su debut en la pantalla chica. La rodean caras conocidas y de las otras para dar vida a una galería de personajes en la que hay reclutas y directores del FBI, todos sospechosos de un atentado con bombas. ¿Quién es el culpable? Esa es la gran pregunta que guía a esta serie que en Estados Unidos retoma sus emisiones en marzo y que ya tiene segunda temporada confirmada.

Ocurre un enorme ataque terrorista con bombas en la zona del Grand Central, en Nueva York, el mayor luego del tristemente célebre del 11 de setiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Se sospecha que el autor intelectual podría estar entre el grupo muy diverso de jóvenes que ha llegado a la famosa base del FBI Quantico para realizar un entrenamiento intensivo.

Pasaron por un exigente proceso de selección, la base conoce al detalle sus vidas, son los mejores y los más inteligentes en lo suyo… ¿será posible que entre ellos esté el responsable del mentado atentado?

La lista de sospechosos incluye a:

Alex Parrish (Priyanka Chopra): Es la recluta top de Quantico y la mayor sospechosa del bombardeo en Grand Central. Desde el momento en el que descubrió que su padre había sido agente del FBI, soñó con llegar a Quantico y descubrir los secretos que él alguna vez le escondió. No solo ha encontrado su verdadera vocación, sino que también hizo grandes amigos y, posiblemente, haya encontrado el amor. Puede leer a una persona al instante, razón por la cual le cuesta confiar en los demás, y sus relaciones tienden a ser breves y apasionadas. Pensó que sería lo mismo cuando conoció a Ryan Booth en un avión, pero las cosas parecen ser diferentes esta vez.

Ryan Booth (Jake Maclaughlin): Es un ex marine que entabla con Alex una relación complicada, sexy, peligrosa y frustrante. Tras el ataque, pasó de ser un hombre que seguía órdenes a uno que solo se guía por sus instintos. Desde el segundo que conoció a Alex, ató su vida a ella, inclusive sabiendo que ello podría arruinar su carrera. Como ex soldado que estuvo en batallas, tiene muchas cicatrices, tanto físicas como mentales.

Nimah Amin (Yasmin Al Massri):Es una musulmana conservadora que mantiene su vida privada en secreto. Tiene un amor profundo por los Estados Unidos, pero debido a su religión es señalada y maltratada constantemente. Esto se ha convertido en motivo de frustración y aislamiento para ella, lo que hace que luzca misteriosa y desinteresada. Quizás esté harta de amar a un país que no confía en ella, y esto podría explicar por qué siempre se coloca objetivos inalcanzables. Tiene gran capacidad de observación y análisis. Fue reclutada por la Directora del FBI, Miranda Shaw (Aunjanue Ellis), así que probablemente conozca secretos a los que ninguno de sus compañeros tendrá acceso.

Shelby Wyatt (Johanna Braddy): Es una belleza sureña que entró al FBI para convertirse en especialista en armas. Quedó huérfana a los 16 años, lo que la lleva a ser muy centrada a pesar de sus aires de dulzura. Al llegar a Quantico, se hizo muy amiga de su compañera de cuarto, Alex. Sin embargo, desde el día del Grand Central pasaron a ser adversarias.

Simon Asher (Tate Ellington): Es el primer recluta homosexual que ingresa a Quantico, antes era contador. Es todo un misterio detrás de sus lentes de hipster, esconde grandes secretos y serias preguntas. Por ejemplo, ¿cómo es posible que un hombre que dedicó toda su vida a los números es todo un experto en disparar un arma? Quizás esté relacionado con un pasado en Medio Oriente. La única que podrá discernir eso es Nimah, ya que Simon tiene un interés muy fuerte por ella más allá de la amistad.

Caleb Haas (Graham Rogers): Es la oveja negra de la familia con un legado en el FBI de años. Vino a Quantico con mucho que demostrar, y es posible que su actitud osada se deba a serios problemas de seguridad internos. Es tan gracioso como frustrante y nadie lo sabe mejor que Shelby Wyatt. Tiene una manera de meterse en la mente de los demás y, en su primera semana en Quantico, su habilidad trajo consecuencias mortales. Pasó de inmaduro, incompetente y cool a todo un profesional en el equipo del FBI. Desafortunadamente para Alex, Caleb puede ser uno de los mayores obstáculos para su libertad.

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Curiosidades


Quantico ofrece una serie de detalles interesantes:

-Los actores recibieron entrenamiento especializado a cargo de verdaderos agentes del FBI.

-Los guionistas se inspiraron en la estructura de la recordada serie Lost. El relato se cuenta en dos tiempos: presente y futuro cercano.

-Cada personaje guarda algún secreto y cada uno tiene preparado algún giro sorprendente.

-La identidad del terrorista se dará a conocer recién en el último capítulo de la temporada, el número 22. Quantico sigue en producción, con segunda temporada confirmada, por lo cual los guionistas aún no han terminado de escribir la serie, así que ni siquiera ellos conocerían el nombre del culpable. Pero es uno de los aprendices de Quantico, en eso no habrá trampas.

Analía Filosi (Sábado Show, 13/02/2016)

“Vinyl” (Analía Filosi)

 

 LA SERIE DE MARTIN SCORSESE Y MICK JAGGER

Llega la serie creada por Martin Scorsese, Mick Jagger y Terence Winter. Hablamos de Vinyl, la historia de Richie Finestra, fundador y presidente de la compañía discográfica American Century Records. Con diez episodios protagonizados por Bobby Cannavale, nos traslada a la Nueva York de los años 70.

Entre las particularidades de la nueva ficción está la presencia de James Jagger, hijo de Mick, en el elenco, y el peso que tiene la música, con grandes artistas componiendo temas para la banda sonora. La misma ocupará un álbum de dos volúmenes que saldrán a la venta uno al comenzar la serie y el otro al finalizar. Scorsese dirigió el piloto, en tanto Winter destaca por ser uno de los responsables de otra gran serie, Boardwalk Empire. Se estrena en HBO.

Al inicio de esta historia, Richie Finestra se encuentra abocado a salvar su compañía, la discográfica American Century Records. Son los años 70 en Nueva York, y el fundador y presidente de esta empresa no solo atraviesa un mal momento profesional, sino también personal. Con la discográfica a punto de ser vendida y con falta de entusiasmo, Richie experimentará un acontecimiento que le cambiará la vida, reavivando su pasión por la música pero resintiendo la relación con su esposa Devon. Ex modelo y actriz que trabajó con el famoso artista Andy Warhol durante los años 60, ella pasa ahora sus días con los dos hijos que tuvo con Richie, en la ciudad suburbana de Greenwich, donde viven. Devon también deberá enfrentar sus problemas, en este caso el dilema que enfrenta su marido, lo que la hará regresar a sus raíces bohemias.

Otro personaje clave de la trama es Zak Yankovich, jefe de promociones y socio de American Century, que aporta años de experiencia y relaciones importantes a la empresa, aunque vive a la sombra de Richie. La relación entre los socios es tensa porque no se ponen de acuerdo en cuanto a cómo dirigir la compañía durante la evolución musical de 1973.

Vinyl se estrena mañana, a las 23 horas, por HBO, en simultáneo con los Estados Unidos. El episodio piloto es doble y está dirigido por el oscarizado Martin Scorsese. Los siguientes capítulos, de una hora de duración, se exhibirán semanalmente, además de estar disponibles en HBO GO y HBO On Demand tras su estreno en la señal.

Scorsese es productor ejecutivo junto a nada menos que el Rolling Stones, Mick Jagger, y a Terence Winter, responsable de Boardwalk Empire junto al realizador italiano y nominado al Emmy por ello, así como por su trabajo en Los Soprano. Winter fue además candidato al Oscar por el guión adaptado de El lobo de Wall Street.

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Gran elenco

Bobby Cannavale, ganador de dos premios Emmy, uno como Actor de Reparto por Boardwalk Empire y el otro como Actor Invitado por la comedia Will & Grace, fue el elegido para encarnar a Richie Finestra. En tanto Olivia Wilde, nominada al SAG como parte del elenco de Dr. House, encarna a Devon, y Ray Romano, a quien la comedia Everybody loves Raymond le ha dado tanto premios Emmy como nominaciones al Globo de Oro, es Zak Yankovich.

Detrás del trío protagonista aparecen los siguientes personajes: Lester Grimes (Ato Essandoh), el primer cliente de Richie en los 60; Julius “Julie” Silver (Max Casella), director de A&R de American Century, quien lucha por mantener relevancia en el mundo de rock n roll; Scott Levitt (PJ Byrne), abogado de la empresa y socio de American Century, cuya personalidad y decisiones legales juegan continuamente con la paciencia de Richie; Skip Fontaine (JC Mackenzie), jefe de ventas y socio de American Century, cuyas prácticas, a veces cuestionables, inflan las ganancias de la compañía; Ingrid (Birgitte Hjort Srensen), amiga de Devon; Jamie Vine (Juno Temple), la ambiciosa asistente de A&R en American Century que utiliza sus experiencias para sumarse a la escena musical de Nueva York; Clark Morelle (Jack Quaid), un ambicioso ejecutivo de A&R, y Maury Oro (Paul Ben-Victor), el mentor de Richie y propietario de Rondelay Records.

Lo anecdótico es que como la producción quería un actor que también fuese músico para interpretar a Kip Stevens, fundador, líder y vocalista de la banda punk rock The Nasty Bits, se eligió a James Jagger, hijo de Mick, quien venía trabajando como actor de teatro y, fundamental, tiene una banda de punk.

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Banda sonora

Es indudable que la música es la otra gran protagonista de Vinyl y la cosa no quedará en la serie, sino que se verá plasmada en un álbum dividido en dos volúmenes que incluirán composiciones de Otis Redding, Sturgill Simpson y Mott the Hoople, entre muchos otros. El primero se titulará Vinyl: Music from the HBO Original Series Volume 1.

Además, cada semana se publicará un EP (Extended Play) en formato digital con canciones inéditas del capítulo emitido. Las nuevas canciones estarán a cargo de artistas como Julian Casablancas, Iggy Pop, Chris Cornell, Charli XCX, The Arcs y Royal Blood, entre otros. Esos temas son los que integrarán el Volumen 2 del álbum, que saldrá a la venta dos días antes de que finalice la primera temporada de la serie. Con un presupuesto de seis cifras para la música por episodio, cada uno contará con más de treinta canciones.

El primer volumen incluirá dieciocho canciones que se escucharán en el capítulo estreno, que van desde temas de la época, como Its just begun, de Jimmy Castor Bunchs, o Frankestein, de Edgar Winter, a canciones utilizadas en secuencias de fantasía o flashbacks, como Mama he treats your daughter mean, de Ruth Brown, o Mr. Pitiful, de Otis Redding. A estas se sumarán temas interpretados por los personajes, como Rotten Apple, compuesto por Mick Jagger junto a su hijo James. También hay composiciones originales, a cargo de Iggy Pop, Chris Cornell y Nate Ruess, entre varios más.

Expectativas hay y muchas en torno a este estreno que promete y mucho, no solo en el mundo de las series de TV, sino también en el del ambiente musical.

Analía Filosi (Sábado Show, 13/02/2016)