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Plano Americano (Mariángel Solomita)

Plano Americano La tercera orilla

Los directores hablan de su cine

En 2015 un grupo de cineastas decidió salir del molde de creadores y protagonizar un ciclo de entrevistas entre colegas. El evento se llamó Plano Americano y se desarrolló con éxito en el Museo Zorrilla. Como uno de los objetivos era generar un acervo audiovisual, las charlas están online.

Hoy a las 20:00, pero ahora en la Sala Zitarrosa, se inaugura el segundo tiempo de esta iniciativa, que traerá un mano a mano que esta vez incluye a cineastas argentinos.

Organizado por Micaela Solé, Leticia Jorge, Germán Tejeira, Juan Álvarez, Pablo Stoll y Daniel Yafalian, propone una charla en la que un director elige una película de su colega y lo entrevista frente a un público que tendrá gratis una película y una charla.

Pablo Stoll, autor de 25 Watts, Whisky y 3, explica que “la idea nació de la urgencia por tender un puente entre las películas y el público. Queremos tratar de borrar la división artificial entre el que hace una película y el que la ve, porque los que hacemos cine somos antes que nada espectadores. Además, ¿cuántas veces nos hubiera gustado tener la posibilidad de salir del cine y charlar con el director de la película que acabamos de ver?”.

Stoll es uno de los nueve cineastas que integran la programación. Eligió entrevistar al argentino Martín Rejtman sobre su obra Dos disparos.

“Vimos que la gente está muy atenta a los aspectos más profundos de la creación, algo que nos tomó por sorpresa”, dice Stoll. “También notamos su interés en tener más acceso al cine hecho acá y en conocer a sus cineastas”.

Plano Americano abre hoy con la proyección de La tercera orilla de la directora argentina Celina Murga quien luego será entrevistada por la documentalista Mariana Viñoles. Mañana, jueves, será el turno de Acné: el director Federico Veiroj conversará con Murga.

El miércoles 13 le toca a Una novia errante, de la argentina Ana Katz, quien charlará con Enrique Buchichio. El jueves 14 se exhibirá el documental de Aldo Garay El hombre nuevo, elegido por Katz.

La última semana estará Norberto apenas tarde, ópera prima de Daniel Hendler. La película fue seleccionada por Rejtman quien charlará con Hendler (el miércoles 20) y al día siguiente Rejtman será entrevistado por Stoll por Dos disparos.

“Proponer una conversación entre dos realizadores es observar dos maneras de trabajar: desde el nacimiento de la idea al trabajo con los actores, desde la elección del lenguaje hasta la puesta en escena”, dice Stoll. “Esta experiencia está buena porque pone en duda las especulaciones sobre qué película hay que hacer y qué es lo que la gente quiere ver, ya que se concentra en hacer un camino de encuentro con el cine, que creemos que es lo que realmente hace falta”.

Ver y hablar de cine, siempre es una buena idea.

Dirección de actores exprés

El trabajo con los actores (profesionales y amateurs) es uno de los aspectos que más preocupa e intriga a los cineastas y a los espectadores.

Aprovechando que estarán de este lado del río, y los elogios que han recibido en el área, se organizaron unas “lecciones aceleradas de dirección de actores” a cargo de Celina Murga, Ana Katz y Martín Rejtman.

La cita es el jueves 7, el 14 y el 21 (respectivamente), a las 11 horas, en el Centro Cultural de España.

Mariángel Solomita (El País, 06/07/2016)

La tele y el cine uruguayos (Pablo Staricco)

Premiados por ICAU

¿En qué trabajan?

La Dirección del Cine y Audiovisual Nacional (ICAU) presentó los fallos de la categoría Producción de la convocatoria concursable anual del Fondo de Fomento Cinematográfico y Audiovisual, Creado en mayo de 2008, el programa se ha vuelto un recurso habitual para los realizadores en busca de un financiamiento para comenzar a elaborar nuevos largometrajes o series de televisión.

El ICAU entregó la primera de dos partes del fondo, que fue asignada a 15 proyectos en desarrollo y que aún no han pasado a la etapa de producción, un proceso que, por ejemplo, involucra la búsqueda de locaciones, la elección y el trabajo de actores, así como el rodaje.

Las obras seleccionadas incluyen películas de ficción y documentales, además de series dirigidas a un público infantil y contenidos concebidos para plataformas virtuales.

En conversación con El Observador, diez de los quince realizadores seleccionados adelantaron las premisas y desafíos de sus próximos proyectos.

Reajuste esperado

A diferencia de la edición pasada –en la que se asignó un monto de $ 889.000 para la primera convocatoria del fondo–, este año se entregaron $ 1.376.00.000.

El incremento se da luego de que, en octubre de 2015, la Cámara de Diputados aprobara un artículo que aumentó el Fondo de Fomento Audiovisual, tras un reclamo realizado por la Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay (Asoprod) que tomó mayor conciencia pública luego de varias movilizaciones y contactos a nivel parlamentario en agosto.

Sin embargo, el artículo no incluyó un reajuste del Fondo por el Índice de Precios de Consumo (IPC), otro de los mayores reclamos hasta el día de hoy del sector audiovisual.

LA MÚSICA DEL RÍO

Germán Tejeira y Alfredo Soderguit

Una película animada coescrita y codirigida entre Germán Tejeira junto a Alfredo Soderguit, con quien Tejeira trabajó en Anina. Según explicó Tejeira, La música del río “trata sobre un niño de sexto de escuela quien vive en un pueblo que atravesará una inundación que le cambiará la vida a todos sus habitantes”.

MONTE MÁGICO

Arauco Hernández

El director de fotografía y realizador de Los enemigos del dolor indicó a El Observador que prefiere no revelar los detalles de la trama de su proyecto Monte mágico hasta haber avanzado más en el guión, que aún se encuentra en sus primeras versiones.

EN SILENCIO

Eugenia Olascuaga

El primer filme de Olascuaga, quien trabaja como asistente de producción en Mutante cine, se basa en su experiencia personal al enfrentar problemas auditivos. En ella, la protagonista, Leonor, debe enfrentar una gran perdida: la perdida completa de su audición a los 30 años de edad.

PUEBLO CHICO

Walter Tournier

El creador de los Tatitos se encuentra trabajando en una nueva película animada. “Es sobre un pueblo chico y un hecho determinado que involucra los gases de las vacas y les dará a los habitantes la posiblidad de crecer económicamente”, adelantó Tournier.

UNO POR SÍ MISMO

Lucía Aljas

Será la ópera prima de Aljas, integrante de Montelona Cine (Clever). Sigue a un hombre que viaja a la ciudad para encontrarse con su hija de 11 años que no ve desde los 7. La fiesta de fin de año en la escuela será la excusa para reencontrarse.

SANTA CLARA

Sergio de León

Si bien el proyecto del productor Sergio de León no fue premiado con un monto, sí obtuvo una mención especial del jurado por su presentación de un “retrato cándido y sencillo de las aventuras y desventuras de un niño y de sus padres, forasteros, viviendo en un pueblo en tiempos de dictadura”.

DELIA

Victoria Pena

El documental seguirá la historia de Delia, una mujer que le mandaba una carta semanal a su esposo, Jorge, preso por la dictadura militar en Uruguay. “La película narra lo que Delia tuvo que hacer para sostener a su pareja y familia durante los años en que Jorge no estuvo en casa”, indicó la directora, Victoria Pena.

HISTORIAS DE LAS MUJERES EN URUGUAY

Dina Yael

La serie de nueve capítulos de la productora buscará trazar una historia de las mujeres en Uruguay, explicando cómo vivían en el pasado y qué luchas se dieron para conquistar sus derechos civiles como el voto, entre otras preguntas.

EL GRAN TEATRO MINÚSCULO

Germán Tejeira y Camila De los Santos

Dirigida al público infantil, la serie seguirá a un grupo de títeres que recorrerán Uruguay como una compañía de teatro. De carácter educativo, cada capítulo le hablará a los niños sobre la zona visitada.

SIN TÍTULO

Gastón Armagno

Presentada como una serie web de comedia y suspenso, el nuevo proyecto de Armagno –quien proximamente estrenará la película Neptunia– gira en torno a tres personajes que pasarán una semana en un hotel tras robar un premio.


Pablo Staricco (El Observador, 04/07/2016)

“Russell Brand: Comediante devenido analista” (Fabián Muro)

Russell Brand

Pasar de los excesos a los comentarios políticos

Hasta hace no tanto, Russell Brand era un comediante con una imagen pública sórdida y decadente. Con las distancias debidamente salvadas, algo así como la contracara cómica del irlandés Colin Farrell. Hoy es un “revolucionario”.

En 2010, la revista Rolling Stone lo puso en la portada, con el consiguiente extenso reportaje adentro. No hacía mucho que se había casado con la cantante Katy Perry y decía, entre otras cosas, que sus años de masivo consumo de drogas como cocaína y alcohol estaban por llegar a su fin. También iban a terminarse la compulsión a acumular relaciones sexuales con una mujer tras otra.

El matrimonio con Perry no duró mucho, pero Brand no volvió a su antiguo estilo de vida. Los medios sensacionalistas empezaron a quedarse sin historias sobre el melenudo y tampoco había muchas cosas para contar sobre él como actor: sus películas desde 2010 hasta hoy pueden contarse con los dedos de una mano.

En vez de eso, Brand se ha convertido en algo así como una cruza de periodista políticamente revoltoso y un mediático que se pelea, desde su canal de YouTube, con las posturas más conservadoras de su país y Estados Unidos a través de videos que casi siempre andan entre 100.000 y medio millón de reproducciones. Esas cifras ocasionalmente crecen hasta rozar o superar el millón cuando Brand discute con alguna figura pública, como cuando se enfrentó al conductor de la cadena Fox News Sean Hannity.

Hoy pululan varios videos del “nuevo” Brand y la imagen que adorna su canal de YouTube (llamado “The trews”) es una foto suya retocada para que se asemeje al famoso retrato de Alberto Korda del Che Guevara, en un furioso rojo y negro que remite a la combinación de colores anarquista.

¿Cómo fue que un decadente —y con un discutible talento para la comedia— actor se reinventó como una figura cuyas opiniones políticas son tomadas en serio y discutidas?

El camino parece haber empezado con uno de esos trucos publicitarios que a veces llevan a cabo los medios de prensa: la revista de política inglesa The New Statesman le pidió que fuese el editor invitado, lo que derivó en una entrevista para la BBC que se viralizó.

Eso fue el año pasado. Un año antes Brand había aparecido en un documental sobre sí mismo y su relación con las drogas: Russell Brand: de la adicción a la rehabilitación.

Sin la botella y las drogas, soltero y con una carga laboral que no es la más intensa (una película por año, algunos espectáculos de stand up y charlas sobre cómo superar las adicciones), Brand se metió de lleno en el debate político y sube videos a The trews de lunes a viernes.

Con un fervor que a veces recuerda a los recién conversos, Brand confronta con todos y todas: nada parece tan nimio como para dejarlo pasar sin un editorial de él hablando a cámara: desde el tenor de los comentarios en sus propios videos a, como ocurrió hace un par de días, la impactante cola de Kim Kardashian.

El punto de partida para la transformación

Jeremy Paxman es uno de los periodistas más prestigiosos de BBC, con un estilo de entrevista calificado como punzante, en particular cuando tiene a un político enfrente. Esa agudeza le vino bien a Paxman cuando le pusieron delante a un Brand exultante por el encargo de ser editor de una revista política. Lo que empieza como un duelo jocoso entre un veterano periodista político y una estrella mediática recién llegada a los asuntos republicanos, concluye en una conexión emocional entre dos hombres con orígenes más parecidos de lo que ellos mismos creían. Esa entrevista lleva más de diez millones de reproducciones.

Fabián Muro (El País, 17/11/2014)


“Escuadrón suicida” (Gonzalo Palermo)

Escuadrón suicida

Las caras de una broma infinita

En perfecto equilibrio entre la repulsión y la seducción, el Guasón es desde hace más de siete décadas el psicópata favorito de las masas de Ciudad Gótica. La película Escuadrón Suicida lo llevará de nuevo al cine en 2016 encarnado por Jared Leto.

En caso de confirmarse, Leto —que entra al proyecto después de que Ryan Gosling rechazara el papel por problemas de agenda— sería el cuarto actor en interpretar al antagonista de Batman por excelencia. Creado por Jerry Robinson, Bill Finger y Bob Kane, el Guasón se ha convertido con el tiempo en una presencia infaltable del universo de Batman. Su risa es un lenguaje universal y su maldad resulta paradójicamente atractiva, tanto que en ocasiones el público termina poniéndose de su lado incluso cuando esto supone disfrutar con el asalto violento a un banco o la explosión de un hospital. Son cosas horribles, está claro, pero el Guasón las hace con tanta dedicación y disfrute que termina convenciendo a cualquiera de que no había otra opción.

Tanto en las viñetas como en la pantalla, el Guasón ha sufrido varias metamorfosis, desde lo estético hasta lo psicológico. Aunque sus primeros pasos por las páginas de Detective Comics en la década del 40 lo mostraban en su expresión más maniática, llegó a la televisión en un tono mucho más liviano de la mano de la serie Batman (1966-1968) y encarnado por César Romero. Aquel Batman de Adam West tenía poco de gótico y bastante de sátira y tragicomedia, con traje gris y calzoncillos apretados, y en consecuencia el Guasón de Romero era más un bromista al estilo del payaso asustador de Northampton que un psicópata.

Más de dos décadas después sería Jack Nicholson el encargado de pintarse la cara y ponerse el traje violeta para Batman (1989) de Tim Burton, con Michael Keaton en el rol del encapotado. Esta versión marcó un regreso a las raíces del universo gótico en toda su expresión: Batman volvía a su traje oscuro y el Guasón de Nicholson daba más miedo que gracia. Nicholson era el Joker por naturaleza: no había otro capaz de hacerse el loco y hacer reír al mismo tiempo como él. Esta película llegó, además, en una época de Batman como caballero de la noche en épocas de luz. Este Guasón era presentado como un conocido gánster de Gótica que sufre un accidente y cae en un tanque con ácido, quedando con la piel blanca, el pelo verde y un trastorno mental. Burton siguió así la línea argumental sobre el origen del personaje que poco tiempo antes había explorado Alan Moore en La broma asesina (The Killing Joke, 1988), novela gráfica donde la visita de Batman al Asilo Arkham sirve de excusa para disparar numerosos flashbacks que iluminan el pasado del villano. La broma asesina —una puerta de entrada imprescindible al universo lunático del Guasón— sirvió para terminar de fijar esa imagen del personaje de ahí en adelante.

¿POR QUÉ TAN SERIO?

Durante los 90 Batman la pasó muy mal en el cine, especialmente por obra del director Joel Schumacher, el villano más letal al que alguna vez haya enfrentado. El Guasón, en tanto, brilló en la muy buena Batman: La serie animada (1992 1995), en la voz de Mark Hamill (La guerra de las galaxias).

El gran cambio empezaría en 2005 cuando Christopher Nolan retomó el personaje (Batman Inicia) y luego dirigió una segunda entrega (El caballero de la noche) que es, junto con Watchmen: Los vigilantes de Zack Snyder, la mejor adaptación de un cómic al cine. Y si esto es así se lo debe en gran parte a la interpretación que el australiano Heath Ledger hizo del Guasón. Después de esto, el de César Romero parecía un payaso para animar cumpleaños infantiles.

Los fanáticos se oponían casi unánimemente a Ledger, seguramente pensando que quien había hecho de cowboy gay en Secreto en la montaña (2005) no podría componer un personaje tan oscuro. El australiano se encerró en una habitación de hotel durante varias semanas a documentarse y meterse en el personaje, probando voces y gestos que luego quedarían grabados en la cultura popular. Aquella película manejó perfectamente a Batman y el Guasón como unidad.

Batman: ¿Por qué quieres matarme?

Guasón: ¿Matarte? Yo no quiero matarte. Tú me completas.

En el Guasón de Ledger (que murió poco después a los 28 años y se llevó el Oscar como Mejor actor de reparto), el más oscuro que el cine haya visto y el que más fuertemente grabado quedó en el imaginario colectivo, la referencia clave es Arkham Asylum: Una casa seria en una tierra seria (Grant Morrison y Dave McKean, 1989). En el plano visual, el trabajo de McKean es aterrador: cada página está cargada de detalles y segundos sentidos que van saliendo a la luz con cada relectura. Los trazos presentan a un Joker fantasmal, de corte diabólico. Se trata de un viaje a la mente atormentada del personaje, no apto (literalmente) para menores de 18 años. Desde lo argumental, Morrison ofreció aquí la lectura más profunda que se haya realizado jamás del payaso psicópata: el sadismo, la locura, los razonamientos circulares y la relación simbiótica entre Batman y el Joker son los temas principales de esta obra perturbadora.

Un ganador del Oscar para un rol de peso

El del Guasón es sin lugar a dudas un papel que da que hablar, siempre, ya sea para bien o para mal. César Romero lo llevó al registro cómico a fines de los años 60, generando lecturas encontradas. El que durante mucho tiempo fue el Guasón indiscutible fue Jack Nicholson, uno que por naturaleza tiene una risa loca y que de hecho siempre estuvo en la cabeza de Bob Kane para la primera película de Tim Burton. Y Jack cumplió.

Sin embargo, Heath Ledger, que a priori no parecía el ideal, fue un acierto enorme de Christopher Nolan y hoy su imagen no se puede despegar del personaje. Su estética, de hecho impactó en cómics posteriores como Joker (2008, Azzarello y Bermejo), publicada luego de El caballero de la noche y que toma de esta, por ejemplo, los cortes que el Guasón se realiza en la cara para marcar su sonrisa.

Un nuevo Guasón aparecerá ahora en Escuadrón Suicida (2016) de David Ayer. Este film, descrito por el propio director como un “Doce del patíbulo de supervillanos” tendrá al payaso asesino al frente del equipo de conocidos antihéroes del universo DC. El último ganador del Oscar por Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados, Jared Leto, es el principal candidato a encarnar este rol.

Margot Robbie (El lobo de Wall Street) ya ha sido confirmada como Harley Quinn, versión femenina del Guasón. Jon Bernthal, Will Smith y Tom Hardy también están en negociaciones.

Gonzalo Palermo (El País, 17/11/2014)

Abbas Kiarostami (1940-2016) (Gonzalo Curbelo)

kiarostami (1)

El embajador

Aunque el cine iraní fue pionero en Asia, existe desde hace más de un siglo y produce en forma constante y exitosa desde hace unas seis décadas, posiblemente pocos cinéfilos sabrían de él si no hubiera sido por Abbas Kiarostami. Cuando en 1997 su minimalista y existencial El sabor de la cereza ganó la Palma de Oro en Cannes, pareció abrirse una ventana a una cinematografía asombrosa por su madurez técnica y narrativa, así como por una distintiva voz que tomaba la posta de ciertos riesgos temáticos y formales que el cine occidental parecía haber abandonado. Pero cuando Occidente decidió reconocerlo, Kiarostami llevaba ya tres décadas trabajando como un cineasta total (director, guionista, fotógrafo y productor) y había generado toda una escuela (en la que se destaca su epígono, el rebelde Jafar Panahi, tal vez la principal figura del cine iraní actual), formada por realizadores que aprovecharon la puerta que él había abierto para demostrarle al mundo que la cultura de su país era mucho más rica y variada que la caricatura habitual de una nación hostil, uniforme y fanática.

No era realmente un pionero; Kiarostami había sido parte de la segunda generación del movimiento que a fines de los años 60 se llamó “nueva ola del cine iraní”, notablemente influenciada por la Nouvelle Vague francesa y que tuvo como figuras fundadoras a cineastas como Darius Mehrjui y Hajir Darioush, en el marco de una generación a la que Kiarostami se sumó como aprendiz y director de cortos, muchos de ellos dedicados al público infantil como parte de su trabajo en el centro Kanun, un organismo orientado al desarrollo de niños y adolescentes, donde descubrió su vocación. La revolución de 1979 pareció terminar con la férrea censura del régimen del sha Reza Pahlavi, pero esta fue suplantada por la censura de los ayatolás, por lo que el cine de Kiarostami y sus contemporáneos tuvo que desarrollar una extraordinaria sutileza para producir visiones profundas y críticas sobre su sociedad, en un estilo único que combinaba la ficción, lo documental y la metaficción (el registro del mismo proceso de creación), en una permanente búsqueda de un lenguaje expresivo propio y, al mismo tiempo, un máximo aprovechamiento de escuetos recursos económicos. La frutilla de la torta de este proceso fue El sabor de la cereza, film que sigue el trayecto de un hombre de mediana edad que busca contratar a alguien que lo entierre luego de su suicidio, convirtiendo a todo el trámite en una reflexión sobre la vida y su final.

Aunque se había resistido siempre a abandonar su país natal (un destino frecuente para los cineastas iraníes), la persecución directa al mundo del cine emprendida por el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad -que encarceló y censuró a Panahi- hizo que las últimas películas de Kiarostami fueran filmadas en Europa, donde murió ayer, aquejado por un cáncer por el que se estaba tratando desde hacía ya algún tiempo. Es sobrevivido, además de por sus hijos, por toda una generación de cineastas que han hecho frecuente ver apellidos persas entre lo mejor del cine contemporáneo.

Gonzalo Curbelo (La Diaria, 05/07/2016)

Michael Cimino (1939-2016) (Fernán Cisnero y Fabián Muro)

Cimino

Cinco escenas para recordar

El director de cine —famoso por sobre todo El francotirador falleció el pasado 2 de julio. Acá lo recordamos con cinco escenas de sus películas.

Fue triste el destino de Michael_Cimino. En 1979, El francotirador, su segunda película como director, le dio un Oscar y el crédito de que podía convertirse en el gran director de una generación que incluía a gente como Martin_Scorsese, Brian de Palma y Francis Coppola. Cimino murió el sábado a los 77 años y lejos de aquella gloria prometida.

El francotirador tuvo nueve nominaciones y ganó cinco Oscar, pero, principalmente, consiguió una contundente reflexión sobre la violencia y la guerra de Vietnam y las consecuencias de ambas en una pequeña ciudad. Un elenco extraordinario (Robert De Niro, Meryl Streep, Christopher Walken, John Cazale) y la clásica escena de la ruleta rusa, la convirtieron en un clásico recurrente.

Las razones por las que Cimino solo dirigió media docena de películas en 40 años son difíciles de desentrañar pero es una combinación de motivos personales, artísticos e industriales.

Para empezar se lo acusa de fundir United Artists, un estudio tradicional que se entusiasmó con su Las puertas del cielo, un proyecto ambicioso que mezclaba guerra, romance y western y que fue un fracaso de los importantes. Cimino fue más un chivo expiatorio que el verdadero responsable del cierre de United Artists (que tenía más problemas que un fracaso de taquilla o un director perfeccionista) pero parece haber pagado por eso el resto de su carrera. Fue además, el cierre de las toleradas inquietudes de toda una era de la industria del cine.

La película, que es una desmesura de tres horas y media es muy buena y fue muy mal vista por la crítica en su momento. Como le pasó a otra víctima de la libertad creativa absoluta, Orson Welles, Cimino pagó cara la posibilidad de hacer lo que quiso.

Desde entonces solo pudo hacer cuatro películas en las que, justo es decirlo, escaseaba el pulso de sus primeras obras. En Uruguay se estrenaron Especialista en crimen, El francotirador, Manhattan Sur con Mickey Rourke, El siciliano con Christophe Lambert y Horas desesperadas de nuevo con Rourke. Aunque en cada una de ellas había chispazos de genialidad, no es una filmografía a la altura de las expectativas generadas.

Un personaje en sí mismo, Cimino se volvió un ermitaño al que apenas se vio en público y que, se decía, se había vuelto adicto a las cirugías plásticas. Estaba convencido del valor de su obra y aunque aceptaba haber cometido algunos errores, estaba convencido que Las puertas del cielo será recordada como una obra maestra. Tiene razón, solo por sus dos peliculas más conocidas, Cimino será recordado como una promesa incumplida, sí, pero qué promesa.

Cimino arrancó con una película que de entrada anunciaba a un director con un estilo, que tenía cosas para decir más allá de lo que indicara el guión.

El debut fue Especialista en el crimen, con Clint Eastwood y Jeff Bridges. entre otros. Acá la secuencia inicial, donde ya queda claro cómo viene la mano: Bridges le roba un auto a un vendedor y se las toma para ir a buscar a Eastwood, que también huye.

El francotirador fue una de las películas más elogiadas de la década de 1970 y con razón: buenas actuaciones, un elenco espectacular y un tono y una atmósfera que captaba muy bien el espíritu de los tiempos y también el espíritu del cine que se hacía en esa época, con gente como él, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, el George Lucas anterior a Guerra de las galaxias, William Friedkin, Brian de Palma y varios más. Acá, una escena de esa película, los amigos discuten, se reprochan cosas desnudando conflictos y personalidades.

La puerta del cielo fue la película que hizo luego de El francotirador, y la que le valió muchas, tal vez demasiadas, críticas. La película, un western, perdió tanta plata que Hollywood le dio la espalda. Cimino no se recuperó más de ese golpe.

Manhattan sur, de 1985, fue el regreso de Cimino al cine. Acá, la historia es una de malandras y policías, con un Mickey Rourke en su mejor momento. Filmada con imaginación y sentido estético, la escena muestra que Cimino siempre tuvo un estilo, en parte parecido al de Scorsese.

El siciliano fue, como El Padrino, una película basada en un libro de Mario Puzo. Cimino hizo lo que pudo con el material, que no era el mejor de todos. Y tampoco la película resultó memorable. Tal vez fue la elección de protagonista. Christophe Lambert no es uno de los más dúctiles intérpretes.

Horas desesperadas, de 1990, fue la penúltima película de Cimino, una remake de una película de 1955 del mismo título, con Humphrey Bogart y dirigida por William Wyler. Cimino sale muy mal parado de la comparación. Y aún sin haber visto la original, la versión de Cimino no logra una impresión perdurable.

Fernán Cisnero y Fabián Muro (Versión adaptada de nota de El País, 04/07/2016)

Abbas Kiarostami (1940-2016) (Fernán Cisnero)

Kiarostami

Un director que pintó su aldea y mostró un mundo

Abbas Kiarostami fue de los últimos grandes directores de cine, consciente de la capacidad de un arte al que revolucionó desde la más aparente de las simplezas. Ayer Kiarostami, el más importante y relevante de los cineastas iraníes, murió en París a los 76 años.

“Ha muerto Abbas Kiarostami, quien había viajado a Francia por un tratamiento”, informó ayer la agencia de noticias semioficial iraní, Isna. En marzo de este año, el director había sido diagnosticado con un cáncer gastrointestinal, lo que lo había llevado varias veces al quirófano, informó The Guardian.

Al mismo periódico, el director Asghar Farhadi (el de La separación), le dijo que Kiarostami “no fue solo un cineasta. Fue un místico moderno, tanto en su cine como en su vida privada”. La trascendencia mundial del cine iraní (que permitió conocer otros grandes directores como Mohsen Makhmalbaf, Jafar Panahi y el propio Farhadi) se debe al reconocimiento del trabajo de Kiarostami, su más grande maestro.

De los 40 títulos de su filmografía oficial, en Uruguay se estrenaron 11 desde La vida continúa de 1991 a Copia certificada de 2010, que fuera su primera película occidental.

El estreno local de ¿Dónde está la casa de mi hermano?, A través de los olivos y, principalmente, El sabor de la cereza fue un pequeño festín para los cinéfilos uruguayos en la década de 1990.

Fue una pasión compartida con el resto del mundo. El sabor de la cereza —una historia mínima sobre hombre con intenciones suicidas que sale a buscar alguien que lo entierre cuando muera— ganó la Palma de Oro en Cannes en 1997.

Desde entonces, fue un número puesto en todas la ediciones del festival.

Sus dos últimas películas, Copia certificada, una reflexión sobre el arte a partir del encuentro de dos personajes estereotípicamente europeos (Binoche y William Shimell) y Like Someone in Love (que transcurría en Japón) lo mostraron como un cineasta en plena forma y con un enorme dominio de su lenguaje.

Larga carrera.

Kiarostami había nacido en Teherán el 22 de junio de 1940. Estudió arte y fue diseñador gráfico antes de ingresar al Kanun, el Centro para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adultos Jóvenes, donde fundó la sección de Cine. Allí empezó a desarrollar su carrera como director; los niños tendrían siempre un lugar en sus películas. Conservó el puesto cuando llegó la revolución liderada por el ayatollah Khomeini pero con el tiempo y más dedicado a un cine más personal, tuvo enfrentamientos con los censores; cuando asumió Mahmoud Ahmadinejad, el ambiente se puso hostil para su cine pero su trascendencia mundial le permitió desarrollar su carrera en el extranjero. Su prestigio crítico y su reconocimiento en festivales, siempre crecientes desde la década de 1970, fueron inversamente proporcionales a su suceso en taquilla.

Es que su cine, a menudo percibido como árido, es de un minimalismo poético en el que debate sobre asuntos como el arte, el cruce entre ficción y realidad, las relaciones humanas y cierta pérdida de la inocencia. Sabía del poder de las imágenes para transmitir ideas sobre el mundo y sobre el cine mismo.

Para confirmar su estatura de artista, por ejemplo, está la larga toma final de A través de los olivos, con esa muchacha alejándose en el campo; es uno de los finales más bellos del cine.

Y toda la obra de Kiarostami, ese director que escondía su mirada tras unas gafas oscuras, está llena de momentos de luz.

También murió Michael Cimino

El fin de semana murió Michael Cimino, el director estadounidense ganador del Oscar por El francotirador, responsable de uno de los grandes fracasos del cine (la desmesurada La puerta del cielo que fundió United Artists) y una promesa que no pudo concretarse. Supo ser el más prometedor de una generación que incluía a gente como Coppola, Scorsese y Brian De Palma. Pero solo dirigió una media docena de películas y se convirtió en un personaje raro: un ermitaño con demasiadas cirugías estéticas. Pero en su mejor momento, consiguió dos clásicos ineludibles del cine de Hollywood.

Fernán Cisnero (El País, 05/07/2016)

Cineclubes, Cinematecas, Críticos (Álvaro Sanjurjo Toucon)

De esto quiero hablar

De esto quiero hablar

Los cineclubes y las cinematecas tienen sus historias más o menos oficiales y diríamos que objetivas. Una objetividad que empero incluye omisiones, que no son mentiras pero sí parcializaciones acaso involuntarias.

La historia de Cine Club del Uruguay, fue escrita por Eugenio Hintz, la de Cine Universitario por Carlos Scavino y Jaime E. Costa, la de Cinemateca Uruguaya por Carlos M. Domínguez, y la de la Cinemateca del Tercer Mundo es un documental de Lucía Jacob.

No pretendemos enmendar la plana con estas líneas absolutamente subjetivas, sino dejar un testimonio, personal, intransferible y desde luego discutible, acerca de algunos episodios que hoy son historia y en su momento fueran “guerras” más o menos visibles.

Esta es la letra chica que suele quedar fuera de las historias públicas, y ahora ofrecemos como nuestro testimonio, sin deseos de entrar en polémica con aquellos que (si aún están vivos) ofrezcan un punto de vista diferente.

Los hombres pasan, las instituciones quedan”. A fuerza de repetición, la frase ha sido convertida en axioma. Es cierto cuanto dice, pero no debe olvidarse que las instituciones no son monumentos inmóviles, sino que asumen rasgos, características, comportamientos, políticas, etc. que les son conferidos por quienes les otorgan su personal impronta, ya sea desde cargos directrices oficiales o actuando desde diferentes sitios de la misma. Estas páginas pretenden registrar esas huellas individuales y su repercusión.

Cine Club y Cine Universitario: “se cayó el plomo”

En los años 60, y aún desde antes, Cine Club y Cine Universitario rivalizaban, entre otras cosas, por el espacio que los distintos medios de prensa daban a sus comunicados.

En el diario “El Día”, cuya página de espectáculos era dirigida por Julio R. Cravea, el espacio para los cineclubes dependía del humor del momento de dicho cronista, furibundo anticomunista, de carácter neurótico, con peculiar historia.

Previamente a su incorporación al periodismo, Cravea fue empleado de una institución bancaria. Una grave irregularidad descubierta en la misma, que aparentemente le involucraba, le llevó a abandonar su trabajo ocultándose durante varios días en un hotel en la ciudad de Buenos Aires.

Retornado al Uruguay, y ya sin su trabajo en el banco, fue auxiliado por otro bancario que conocía su interés por el teatro. Fue así como Atahualpa del Cioppo, notoriamente afín con el Partido Comunista, invita a participar en la actividad escénica a Julio R. Cravea.

Cravea, amable, sociable, con sus atildados modales, fue también uno de los asistentes a los tés servidos en casa de Anita Cherviere de Batlle Pacheco, esposa de Rafael Batlle Pacheco, uno de los propietarios de “El Día”. De ahí a su incorporación al matutino de 18 y Yaguarón no hubo más que un paso. Del Cioppo, el Partido Comunista y los teatreros ideológicamente afines, quedaron en el olvido.

Muy diferente era lo acontecido en “El País”, en cuya página de espectáculos refulgían las firmas de H. Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal. Los comunicados de ambos cineclubes tenían sitio, si bien podía percibirse cierta prioridad por los de Cine Universitario. No olvidemos que Alsina había sido contratado años antes por Cine Universitario para codirigir, junto a Jaime F. Botet, la revista “Film” editada por la institución.

Botet afirmó que su participación había sido casi totalmente nominal, a efectos de que alguien de la institución apareciese como codirector, y esa tarea no quedase ante el público como exclusiva de un periodista contratado (y vinculado a Cine Club de modo tangencial: Alsina se casó con Eva Salvo, secretaria de Cine Club, a la que conoció allí cuando desempeñaba esa tarea).

Botet fue asimismo encargado de la programación de Cine Universitario y redactor de los comunicados que se enviaban a la prensa (tarea en la que colaboraría un entonces joven Luis Elbert). En esa época los films proyectados por los cineclubes buscaban justificar su exhibición a través de la pertenencia a “ciclos” (por director, actores, temas, etc.), y a Botet lo maravillaba la inventiva con que su “rival” de Cine Club, José Carlos Álvarez, rotulaba aquellos ciclos. La mayor mezcla de admiración y sonriente “bronca” de Botet la provocó el ciclo “Formas de la angustia onírica y existencial”; y recordamos a Botet señalando que con tan prodigiosa inventiva (a Álvarez le) era fácil armar una programación donde podía incluirse cualquier título.

Pero Álvarez no solamente era la encarnación de Cine Club, sino jefe de la página de espectáculos del matutino “La Mañana”, donde difícilmente se hallase algún brevísimo comentario acerca de Cine Universitario, sistemáticamente desplazado por los pormenorizados detalles de cuanto se proyectaba en Cine Club.

En la superficie, los cineclubes y sus directivos eran buenos colegas. De ahí que Botet, en un encuentro con Álvarez, le reprochara la ausencia de los comunicados de Cine Universitario en “La Mañana”, a lo que Álvarez habría respondido: “Yo los dejé, seguramente al armar la página en el taller se cayeron las líneas de plomo” (se refería a los textos que eran compuestos en linotipo, ocupando cada línea una “barrita” de plomo).

El noble y acérrimamente cineclubista (de Cine Club) Álvarez, quien con los años fuera uno de nuestros más queridos amigos, fue demonizado. Salvo contadas excepciones, los folletos de Cine Universitario con comentarios de diversos críticos, reprodujeron sus notas. Quien esto escribe fue uno de los responsables. Lo del plomo “caído” no lo creyó nadie; tampoco había nadie con influencia suficiente para bloquear a Cine Club en ninguna página. Así era la competencia cultural.

Elitistas y populares

Alguien pudo señalar que las diferencias entre los dos cineclubes pasaban por la extracción social de sus directivos y respectivos círculos de amistades.

En Cine Club, fundándolo o vinculándose luego al mismo, se hallaban Alberto Mántaras Rogé (en cuyo chalet de Pocitos recibiría a Pablo Neruda), los hermanos De Arteaga (uno de los cuales fuera abanderado del diseño gráfico con su imprenta “As”), el propio Álvarez socialmente relacionado a notorias familias de Carrasco, Antonio M. Grompone (hijo del renombrado abogado, y también él abogado), el “dandy” pocitense Eduardo Alvariza Mantero (con lazos familiares con las hermanas Luisi), y el juvenil Eugenio “Yenia” Hintz, el “ruso” Hintz que llegaría a ser Jefe de Cine Arte del Sodre. Artistas plásticos del taller Torres García abundaron entre socios y colaboradores de Cine Club, y fueron quienes diseñaron el espléndido logotipo constructivista que le identificara.

Las muy exclusivas exhibiciones cinematográficas del poeta cinéfilo Fernando Pereda, en su casa, tuvieron a aquellas figuras entre sus espectadores. Artistas plásticos, notorios periodistas —muchos de la vecina y a su modo también elitista “Marcha”— , profesores universitarios de destaque (donde las hermanas García Brunel eran símbolo), se hallaban personalmente en el simpático bar de Cine Club, o con sus ilustraciones en los programas (Yenia Dumnova, Lili Salvo —que fuera esposa de Antonio Grompone y cuñada de Alsina Thevenet—, Olga Piria, Carlos Jaureguy, Isabel Gilbert, Darío Queijeiro, María Esther Gilio y un largo y lustroso etcétera).

Curiosamente, en Cine Club realiza su primera exposición pública un joven dibujante, luego plástico de primera línea a nivel mundial, que será el autor de las caricaturas de la revista “Film” de Cine Universitario: Hermenegildo “Menchi” Sábat. Sábat, al igual que Alsina, pertenece a la redacción de “El País”, y una vez desaparecida “Film”, será autor de dibujos y caricaturas para folletos y programas diarios de Cine Universitario. Este prodigio de las artes plásticas dibujaba con tinta litográfica directamente sobre las chapas de “offset” (ahorrando las costosísimas “películas”), tarea tan imposible como escribir con aceite sobre una barra de manteca. Testimonio de ello son las publicaciones en las que resaltan sus inolvidables Kane, Ophüls, Cooper, el magistral (film y dibujo) Caligari… y hasta una Marilyn que quedó como decenas de hojas impresas de un folleto no realizado. Hoy, verdaderas obras de colección.

Los blancos azulejos del “saloon” de Cine Universitario (más conocido como el bar de Lilí) en la sede de Andes 1382 (donde antes funcionara el cabaret Chanteclaire) al que se accedía luego de abrir las pequeñas y características puertas batientes de todo bar del “western” cinematográfico, estaban cubiertos por seres que Sábat había extraído de numerosos films del oeste.

También entre los socios de Cine Universitario había intelectuales, artistas plásticos y periodistas prestigiosos, pero su participación era más a nivel de socios que como colaboradores directos de la entidad como ocurría en Cine Club. Incluso las personalidades que dirigieran los primeros años de Cine Universitario (Jaime F. Botet, Alfredo Castro Navarro, Manfredo Cikato, Walther Dassori Bartet, el arq. Walter Chappe —diseñador del “ojo” isotipo de la entidad—, Nelson Nicoliello, Walther Dassori y otros) se movieron con perfiles más bajos que los de sus “contendientes”, independientemente de su extracción socioeconómica donde no faltaron quienes poseyeran dinero suficiente para apuntalar la entidad.

Los conocimientos técnicos de Castro Navarro en materia de fotografía y en especial de su variante en color, estaban a la altura de los de especialistas de los más importantes laboratorios. A nivel nacional, el perfil de Castro era menor que el de los dirigentes de Cine Club. Su modestia también lo determinaba.

Estas características eran completamente ajenas a las identificaciones ideológicas de los dirigentes —de todo el espectro político— de ambos cineclubes.

Nos hallamos a comienzos de unos años 60 que precipitarán definiciones.

Parricidas y filicidas

Aproximadamente a fines de los 50 llega a Cine Club un joven que escapa al modelo generacional del adolescente formado en el religioso consumo de matinés del fin de semana.

Manuel Martínez Carril viene de la literatura, más concretamente de vertientes surrealistas de la misma, que le conducen al cine luego de descubrir a Buñuel, Dalí y otros cineastas insertos en esa corriente.

Su capacidad deslumbra y José Carlos Álvarez le lleva a trabajar con él al diario “La Mañana”, cuya página de Espectáculos dirige. Álvarez, conjuntamente con Mario Benedetti, codirigían en ese diario la página semanal “Al pie de las letras”, donde las figuras consagradas compartían espacio con nuevas firmas, mereciendo destacarse la participación que se daba a artistas plásticos (dibujantes y grabadores en particular) cuyos trabajos ilustraban la página.

En “La Mañana” las autoridades del diario resuelven que la página de Espectáculos pase a ser codirigida por Martínez y Álvarez, si bien, así nos lo contó Alvarez, él se limitaría a comentar los films de clase “B” y teatro, mientras que el cine que importaba quedaba en manos de Martínez. Un relevo efectuado con cierta elegancia.

Simultáneamente en Cine Club del Uruguay, donde Álvarez y Martínez eran directivos, este segundo impulsa una nueva revista de la entidad: “Cuadernos de Cine Club”, denominación que por un lado podía asumirse como referencial a una anterior llamada “Cine Club”, de cuya dirección participara Álvarez, y por otra parte era inequívoca adhesión a rupturismos de diversa especie asociados con “Cahiers du Cinéma”.

Según constaba en el “staff”, Álvarez y Hintz serían los directores de “Cuadernos” y Martínez Carril el editor. Basta leer cuanto allí se publicaba para comprobar que la dirección efectiva era de Martínez —Álvarez reconoció que la designación de dos directores era protocolar— y que el cuerpo de redacción lo constituían jóvenes que seguían a Martínez y a la vez ocupaban la mayoría de los puestos de críticos en diarios y semanarios que, aunque hoy parezca imposible, eran muy leídos y ejercían influencia sobre el público. La lista impacta: Milton Andrade (“El Diario”), Roberto Andreón y Carlos Arroyo (“Acción”), Otto Cisneros (“Platea”, suplemento de “La Mañana”), Raúl Gadea (“Marcha”), Carlos Troncone (“Época”), etc.

Los viejos pontífices de la crítica entrarían en polémica con los “cuadernistas”. En realidad la polémica fue entre Emir Rodríguez Monegal y H. Alsina Thevenet por un lado (ambos de “El País” y próximos a Cine Universitario, al que solicitarían financiación para publicar su libro sobre Bergman) y Martínez Carril (de “La Mañana” y Cine Club). Nos atrevemos a señalar que la contienda fue fundamentalmente generacional, y las pertenencias culturales o empresariales quedaron al margen.

En “Cuadernos” aparecieron sucesivos artículos de Martínez, con títulos tan rotundos como “Chau, a los supercríticos” y “NO, a Wyler”. Fue este segundo el que enojó especialmente a los dos críticos de “El País”, dando lugar a varias notas, en las que se decía a los redactores de “Cuadernos” que les quedaba el consuelo de que la juventud era curable con los años, y al autor del “NO, a Wyler”, quien negara la existencia de las mujeres fatales de los films del cineasta, le deseaban que el día en que se casara no le tocara una de estas. De los aldabonazos provenientes de Alsina y Emir, solamente se salvó un joven crítico quien no temió reconocer el aburrimiento que le producía Antonioni.

Martínez se percató de los obstáculos a “Cuadernos” emanados de la directiva de Cine Club. ¿Casualidad o acción deliberada? Martínez comienza a publicar entonces notas en folletos del creciente e incipiente Cine Club Fax (dirigido por católicos de izquierda). La colaboración con los católicos desaparece rápidamente, “Cuadernos” está próximo a su extinción, y Martínez emprende un nuevo tránsito. Progresivamente alejado de Cine Club, afianza su influencia en la Cinemateca Uruguaya y logra una sede provisoria para la misma: en la planta alta de Cine Club. Mientras tanto, Cine Universitario le proporcionaba, también gratuitamente, su sala en la que se realizaban trasnoches.

En “La Mañana” al parecer tomaron conocimiento del apoyo que el Partido Comunista daba a la Cinemateca (por lo pronto poseía una columna en “El Popular”; también efectuaba exhibiciones en El Galpón y AEBU, instituciones, por lo menos, de izquierda), quizás también supieran que quien firmara “Xáfaro” y “Guillermo Tell”, en “El Popular” y “Época” era Martínez, y lo trasladaron al departamento de publicaciones de “comics”. En ocasión de una huelga periodística (1967) solamente aparecía un diario, editado por la Asociación de la Prensa. Se llamó “Verdad” (que en ruso se dice “Pravda”) y Martínez dirigió, como mínimo, su página de Espectáculos.

Unos cuantos años después, luego de la dictadura, Alsina Thevenet que había marchado a la Argentina y luego a España, retorna al Uruguay. Su visita primero y su retorno después, fueron alborozadamente celebrados por Martínez y la Cinemateca. En “La Mañana”, Álvarez reasumió la jefatura total de la página.

Parricidas y filicidas tenían suficientes años y cosas en común que permitieron restañar heridas pasadas.

Terceristas y bipolares

En un planeta oscilando entre los EEUU y la URSS, la llamada “tercera posición” siempre fue una entelequia. No así la presencia del denominado “tercer mundo”, término bajo el que se engloban a pobres y desposeídos de Latinoamérica, de ciertos bolsones étnicos existentes en los EEUU, a la mayoría de los africanos y a buena parte de asiáticos que hoy fabrican la producción destinada al consumismo del primer mundo, entre otros parias del planeta.

En el Uruguay de los sesenta, demostrando ser tan ilustrados como valientes, algunos críticos (Hugo Alfaro, José Wainer, Carlos Troncone, etc.) , cineastas (Mario Jacob, Mario Handler, Walter Tournier, etc.) y hasta un empresario (el distribuidor, exhibidor y productor Walter Achugar), vinculados al semanario “Marcha”, pero especialmente a sus festivales de cine y otras manifestaciones conexas, crean la llamada “Cinemateca del Tercer Mundo”. Harán films, muchos de ellos valiosos cortometrajes convertidos en dolorido testigo de la brutal dictadura militar que, entre otras cosas, liquidara a “Marcha” y la “Cinemateca del Tercer Mundo”.

Antes del avasallamiento dictatorial, Hugo R. Alfaro, cronista ciudadano, crítico de cine y administrador de “Marcha”, impulsa la “Revista de la Cinemateca del Tercer Mundo”. Con dos números de no demasiadas páginas y escaso tiraje, en un editorial, Alfaro, que ya escribía “yaz” en vez de “jazz” y convirtiera en héroes de la injusticia a inveterados delincuentes comunes, pedía se apostrofara a quienes en nuestro país publicaban costosas revistas con notas dedicadas a varios maestros del cine europeo.

La frase era un notable tiro por elevación de múltiple impacto:

1. Revistas costosas eran “Cuadernos de Cine Club” y “Nuevo Film” que editaban Cine Club y Cine Universitario. Esta última dirigida en sus tres primeros números por Luis Elbert y Álvaro Sanjurjo Toucon, y el cuarto y último solamente por Sanjurjo, ya que Elbert había dejado Cine Universitario pasando a ser activo colaborador de Cinemateca.

2. Entre quienes allí elogiaban a los censurados maestros europeos se hallaban Martínez Carril, indisolublemente identificado con la Cinemateca Uruguaya, rival política dentro de la izquierda de la Cinemateca del 3er. Mundo, y Elbert; ambos con artículos publicados en “Nuevo Film” y “Cuadernos”.

La Cinemateca Uruguaya poseía una columna en “El Popular”, vocero del Partido Comunista —también la tuvo en “Busqueda”, pero en tiempos más consumistas—, y llegó a integrar sus cuadros principales con un comisario del Partido Comunista. Mientras que la “Cinemateca del Tercer Mundo” se alineaba junto a La Habana.

La revista “Cine Cubano” publicó artículos acusando a Cinemateca Uruguaya, y su dirigencia, de estar al servicio del USIS (United States Information Service), los que aparecieron sin firma. Casualmente en esos mismos números se publicaron notas sobre Uruguay y la Cinemateca del Tercer Mundo, firmados por José Wainer, integrante de la C3M y crítico cinematográfico de “Marcha”.

Sobre “Nuevo Film” puede consultarse el testimonio aportado por quien escribe, publicado en la sección “Actualidad” de la página web de la Asociación de Críticos (www.accu.org.uy), bajo el título: “Nuevo Film”: historia de una revista”.

La conspiración de los Boyardos y otras intrigas

En la segunda mitad de los 60, con menos de 25 años de edad, quien esto escribe era uno de los tres directores ejecutivos de Cine Universitario, conjuntamente con los fundadores Jaime F. Botet y Alfredo Castro Navarro, y como responsable del Departamento de Publicaciones había planteado la posibilidad de que la institución tuviese nuevamente una revista, la que dirigiría conjuntamente con quien era fundamental figura de la entidad: Luis Elbert.

Habíamos arribado a esa posición, indudablemente gravitatoria, siguiendo una trayectoria habitual en Cine Universitario: primero colaborador en tareas menores (portero y encargado de “picar” matrices para los programas mimeografiados), lo que tras algunos meses implicaba la designación de “socio activo”, habilitante para integrar unas listas electorales frecuentemente únicas y confeccionadas amigablemente cada dos años.

En determinado momento, los colaboradores que actuaban como porteros proliferaron de modo inusual, aunque ello parecía lógico dado el creciente número de socios. El grupo comenzó a actuar independientemente dentro de Cine Universitario, y como integrantes de la “Comisión de Puerta” reclamaban cierta injerencia en una Directiva que aún no integraban. Su comportamiento casi conspirativo, que iba unido a un desconocimiento grave del cine como hecho artístico y cultural, hizo que quienes no les seguían les bautizaran como “los Boyardos”, cuya significación no entendiera aquel grupo endogámico.

El sistema electoral de Cine Universitario no era de representación proporcional, sino que la lista ganadora se llevaba los diez cargos directivos con los respectivos suplentes. La sangre difícilmente llegaba al río ya que, como señalamos, la contienda electoral solía no existir.

Los “Boyardos”, acaudillados por quien se había erigido en su caudillo, Nelson Esacerbi —llegado anónima y calladamente a Cine Universitario— presentaron en 1967 su lista para competir con la oficial. La diferencia de ambas listas se reducía a solo un nombre: el nuestro, que no aparecía entre los candidatos de los “Boyardos”. Los “oficialistas” triunfamos por una ajustadísima diferencia de dos o tres votos en un total de alrededor de sesenta y cinco, y ello indicaba que nuestra permanencia en la Directiva (y en “Nuevo Film”) dependía del accionar del grupo en los dos años siguientes.

Llegado un nuevo período electoral (1969) Esacerbi y sus “Boyardos” ponen como condición para integrar su lista que no se participara, como era permitido, en ninguna otra lista. Quienes pertenecíamos en ese momento a los cuadros directivos de Cine Universitario, hallamos que la maniobra “boyarda” nos había dejado sin socios activos suficientes para competir con ellos. En una hábil maniobra, Esacerbi ignoró a sus fieles seguidores de la “Comisión de Puerta” y buscó como compañeros de fórmula a figuras que aportaran la idoneidad de la que carecía aquel grupo. Entre ellas Jaime Costa, ajeno a los vericuetos conspirativos, Miguel Castro Grinberg que había retornado a la entidad tras años de alejamiento, y varios más sobre cuya “inocencia” nos quedan dudas. “Nuevo Film” había sido un éxito molesto desde el primer número, era muy costosa y había interesados en dar diferente destino a ese dinero. La lista única ya no representaba unanimidad y armonía sino a triunfadores de un combate.

Figuras de prestigio moral e intelectual reconocido, fundadoras de la entidad, como Jaime Botet y Alfredo Castro Navarro, fueron eliminados de todo cargo directivo, y permanecieron en la institución. Nosotros, hastiados de contiendas ajenas a la actividad propia de Cine Universitario, optamos por continuar la militancia cultural en Cine Club, donde también fuimos directivos y encargados de publicaciones (Martínez Carril había dejado Cine Club para volcar sus fuerzas en Cinemateca), hasta que la entidad desaparece cuando la dictadura expropia su sede de la calle Rincón 567, abonando una exigua suma que no alcanzó para revertir la mala situación económica largamente arrastrada.

En Cine Club descubrimos al verdadero José Carlos Álvarez, un ser entrañable que todo lo sacrificaba por la institución, y junto a él quienes allí permanecieron hasta el naufragio final: José P. Scopelli, Omero Capozzoli, Vicente Tormo, Margarita Loyo y pocos más.

Poco antes de que la sede de Cine Club fuera expropiada por la dictadura, había accedido al cargo de secretario (empleado único para toda tarea a excepción de las de proyeccionista, sereno y limpiador) un joven sumamente culto, perteneciente a una familia de la llamada “alta sociedad”, a quien se le compensaba con magra suma. “Fido”, que así le llamaban, trabajaba en el mismo horario en el Instituto Nacional de Carnes, ubicado a pocos metros, por lo cual saltaba de un sitio al otro durante toda la jornada. Su relativa eficiencia y la escasísima remuneración hacían que se tolerase la anomalía. Un sábado por la noche, un directivo de Cine Club que vivía en la Ciudad Vieja, observó luz que se filtraba por entre las cerradas puertas de la Institución. No fue difícil saber que “Fido” utilizaba el lugar para clandestinas reuniones con sus compañeros de la proscripta Unión de la Juventud Comunista. Se le solicitó desistiera de tal práctica; lo hizo y continuó trabajando en Cine Club donde asiduamente era visitado por jóvenes de ambos sexos, no socios, con los que mantenía largas conversaciones. Restablecida la democracia, “Fido” fue presencia frecuente en las fotos de las páginas de sociales: se había convertido en importante ejecutivo del mundo capitalista.

Ante la inviabilidad de Cine Club, se presentó en Directiva una propuesta peculiar. Los pocos pesos disponibles eran suficientes para editar a todo lujo un libro sobre cine. Si el mismo daba ganancia, la entidad podría convertirse en editora de libros sobre cine; en caso de fracasar, desaparecería dejando esa publicación. La idea era que el autor fuese José Carlos Álvarez, quien elegiría el tema a abordar. Fue Álvarez su tajante y rotundo opositor: “No quiero quedar como responsable de la desaparición de Cine Club”, y no se habló más del tema. Después de la dictadura, los escasos bienes de Cine Club fueron a dar a otra entidad en decadencia: Cine Universitario. La Cinemateca no fue considerada por insalvables diferencias con su conductor, al que se reprochaba haberse servido de Cine Club para entronizar(se en) la Cinemateca.

Pero retrocedamos al Cine Universitario de los triunfantes “Boyardos” de 1969. Esacerbi, cuya pertenencia al Partido Comunista no era ningún secreto —su ignorancia cultural tampoco— fue electo director ejecutivo; meses después abandonará la institución tan sigilosa y calladamente como había llegado. ¿Cuál había sido su misión o el interés que le impulsaba? Nunca se supo. Alguien le vio ocupado en su trabajo como visitador médico. Luego, en plena dictadura militar, otras cuestiones ideológicas sacudirán a Cine Universitario. Por no haber sido testigos presenciales, el relato de las mismas corresponde a quienes las vivieron.

Lejos de Vietnam, cerca del ring

En 1970 la C3M había adquirido el film “Lejos de Vietnam” y tras exhibirlo en funciones propias lo alquilaba. Cine Universitario abonó la suma pertinente y lo programó.

En forma (supuestamente) extraoficial, personas muy vinculadas a Cine Universitario habían acordado con la Cinemateca Uruguaya (o por lo pronto con Martínez Carril), que la copia sería llevada, antes de la función, a los laboratorios Orión (en la calle Jackson) donde se realizaría una copia “pirata” con destino a Cinemateca Uruguaya.

Sin embargo, alguien informó de la maniobra a los legítimos propietarios del film. Entre los sospechosos se citaba a un operador de Cine Universitario que habría mantenido discusiones con gente de la Cinemateca a causa de las funciones sabatinas de trasnoche, o bien a personal del laboratorio afín a la C3M.

Esa misma tarde, el laboratorio se convirtió en el ring donde dirimieran diferencias José Wainer y Manuel Martínez Carril, atribuyéndose la victoria (por puntos) al primero.

A partir de ese instante abundaron las zancadillas (y algo más) de ambas partes.

Años después, los integrantes de la Cinemateca Uruguaya y los de la C3M que desde el exilio regresaron al país, celebraron con calurosos abrazos la derrota de un terrorífico enemigo común: la dictadura.

Quien esto escribe, restaurada la democracia, acusó a Martínez Carril de colaboracionismo por haber efectuado, en el período dictatorial, funciones privadas para un grupo de militares y civiles fascistas (el general Ballestrino y Joaquín Martínez Arboleya, entre otros) en la sala de la calle Carnelli, con películas documentales de la Falange española que el propio Martínez Arboleya había fotografiado durante la guerra civil (1936-1939), las que eran precedidas por el “Cara al sol” entonado por los asistentes, con el brazo extendido en alto y aplausos espontáneos ante los discursos del Generalísimo Franco..

El pretexto era que Martínez Arboleya donaba a Cinemateca su colección de noticieros de las JONS a condición de que se le permitiera exhibirlas para su “colectividad”. El hecho nos había sido narrado por Jaime Costa —actual presidente de ACCU y crítico de “Búsqueda”—, que dada su condición en ese entonces de funcionario de Cinemateca, presenció la situación al menos en dos oportunidades.

La cuestión derivó en insultos mutuos —publicados en Cartas de los Lectores de “Búsqueda”— que nada aclararon.

Años después, el libro sobre Cinemateca de Carlos Ma. Domínguez recoge palabras de Sanjurjo y también las de Martínez Carril justificando aquella situación.

Tras la presentación del libro, se ofrecía una cena en el Café Libertad. A la misma asistieron “Manolo” y quien esto escribe. Ambos recorrieron buena parte de la plaza apoyados en sus respectivos bastones. La columna de la Paz, mal llamada estatua de la libertad, les contemplaba. Compartieron la mesa, por supuesto.

Álvaro Sanjurjo Toucon

Los que se fueron en 2013 (1) (Jaime Costa)

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En esta página se ha dado cuenta oportunamente de la desaparición física de varias personalidades cinematográficas en 2013: Ferruccio Mussitelli, Duilio Marzio, Elías Querejeta, Carlo Lizzani, Sarita Montiel, Bigas Luna, Julie Harris, Roger Ebert, Ray Harryhausen, Esther Williams, Dennis Farina, Peter O’Toole, Joan Fontaine y Eleanor Parker.

La síntesis siguiente completa el panorama (no exhaustivo) de otros nombres conocidos que han pasado a la inmortalidad, comenzando por el rubro realizadores.

DIRECTORES:

EDOUARD MOLINARO (1928) director francés falsamente vinculado a la Nouvelle Vague, hizo Acorralado (1958, con Jeanne Moreau, Maurice Ronet), Una adorable idiota (1964, con Brigitte Bardot, Anthony Perkins) y especialmente La jaula de las locas (1978, con Ugo Tognazzi y Michel Serrault) y su secuela de 1980.

GEORGES LAUTNER (1926) director de policiales y comedias desde 1958, con Lino Ventura (El gran golpe de los melenudos, 1965), Louis de Funès (Los alegres vividores, 1965), Alain Delon (Encuentro en la playa, 1974), Jean-Paul Belmondo (El profesional, 1981) y la última Jaula de las locas 3 (1985).

HAL NEEDHAM (1931) antiguo stuntman, se convirtió desde 1977 en director de acción para Burt Reynolds (Dos pícaros con suerte, Hooper el increíble, El que no corre vuela, Los locos del Cannonball II; etc)

NAGISA OSHIMA (1932) saltó a la fama dentro y fuera de Japón con El imperio de los sentidos (1976) pero luego no fue tan explícito con El imperio de la pasión (1978), Furyo (1983) ni Max mon amour (1986) que igual tenían sus audacias temáticas.

MICHAEL WINNER (1935) británico internacional, comenzó como director interesante vinculado al angry cinema inglés (La salvaje, 1964), pero luego se fue a Hollywood a filmar westerns (¡Yo soy la ley!, con Burt Lancaster, 1971), temas de espionaje (Scorpio, 1973, con Lancaster y Alain Delon) y policiales con Charles Bronson, de discutible incorrección política (El vengador anónimo, 1974, y dos secuelas) entre cualquier otro compromiso comercial.

PATRICE CHÉREAU (1944) francés con profusa y comprometida carrera teatral, incursionó en la pantalla con la misma desafiante actitud: La carne de la orquídea (1975), El hombre herido (1983), La reina Margot (1994), Los que me aman tomarán el tren (1998), etc.

TED POST (1918) venía de la TV y tuvo una carrera poco lucida, pero con Clint Eastwood (La marca de la horca, 1977; Magnum 44, 1973) pudo lucirse e incluso hacer una película anti-guerra de Vietnam con Burt Lancaster (Infierno si salida, 1978) que tenía lo suyo.

BRYAN FORBES (1926) correcto actor británico de reparto devenido director de títulos interesantes: Mientras sopla el viento (1961, con Alan Bates, Hayley Mills), El cuarto indiscreto (1962, con Leslie Caron), Al filo del abismo (1964, con Kim Stanley, Richard Attenborough), Caudillo de los desalmados (1965, con George Segal, Tom Courtenay), La caja equivocada (1966, con Ralph Richardson, John Mills), Caída mortal (1968, con Michael Caine), La loca de Chaillot (1970, sobre Giraudoux, con Katharine Hepburn).

RICHARD C. SARAFIAN (1930) también venía de la TV y será recordado por aquella vigorosa corrida hacia la libertad que se llamó Carrera contra el destino (1970), además de Furia salvaje (1971, con Richard Harris) y Las familias del odio (1973, con Rod Steiger, Robert Ryan, Jeff Bridges).

DAMIANO DAMIANI (1922) italiano de títulos intensos y polémicos, supo destacarse en denuncias políticas y sociales a través de El sicario (1960, con Sergio Fantoni), El día de la lechuza (1968, sobre Leonardo Sciascia, con Claudia Cardinale, Franco Nero), Confesión de un comisario a un juez de instrucción (1970, con Martin Balsam, Franco Nero), Todos estamos en libertad condicional (1971, con Franco Nero, Riccardo Cucciola) y hasta adaptaciones de Alberto Moravia (El deseo insaciable o La noia, 1963, con Bette Davis, Horst Buchholz).

DENYS DE LA PATELLIÈRE (1921) francés para todo servicio, sobre todo de la qualitè y de los grandes divos, debutó detrás de Pierre Fresnay (Los aristócratas, 1955) y estuvo detrás de muchas más de Jean Gabin (Los dioses de barro, 1958; Todo un rebelde, 1959; Poker de ases…inos, 1965; El adorado fanfarrón, 1965), pero también como artesano en espectáculos como Un taxi para Tobrouk (1965, con Lino Ventura, Charles Aznavour) y Marco Polo, el magnífico (1964, con Horst Buchholz, Anthony Quinn, Orson Welles, Omar Sharif).

JIRI KREJCIK (1918) checo que se hizo conocer por Conciencia (1948), el colectivo El espejo de la vida (1958), Condenados a vivir (1958), Altos principios (1959) y Misa de medianoche (1962) en tiempos en que el cine de Europa del Este era muy apreciado por críticos y cineclubistas.

Nota: el hecho de que estos directores no tengan títulos destacados más recientemente no obedece a la causa de que hayan permanecido inactivos sino a que en su gran parte fueron atraídos por la TV y allí se quedaron para siempre.

Jaime Costa

Plano americano

Plano americano

Cine y chalas entre cineastas rioplatenses en julio en la Sala Zitarrosa a las 20 hrs.

Tres cineastas uruguayos programarán su película preferida de tres cineastas argentinos. Esos tres cineastas argentinos programarán a su vez una película uruguaya que los haya cautivado.

ENTRADA LIBRE

6/7- Mariana Viñoes (UY) eligió La Tercera Orilla de Celina Murga (Arg).

7/7- Celina Murga (Arg) eligió Acné de Federico Veiroj (UY).

13/7 – Enrique Buchichio (UY) eligió Una novia errante de Ana Katz (Arg).

14/7 – Ana Katz (Arg) eligió El hombre nuevo de Aldo Garay (UY).

20/7 – Martín Rejtman (Arg) eligió Norberto apenas tarde de Daniel Hendler (UY).

21/7 – Pablo Stoll (UY) eligió Dos disparos de Martín Rejtman (Arg).

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Lecciones aceleradas sobre dirección de actores y puesta en escena

PLANO AMERICANO trata de aportar al intercambio de experiencia y la formación permanente en los oficios del cine. Este año aprovechando la presencia de realizadores extranjeros se llevarán adelante “Clases Magistrales” donde los invitados internacionales darán charlas sobre dirección de actores y puesta en escena con entrada gratuita.

Las charlas estarán dirigidas a estudiantes de cine y comunicación, de actuación y a profesionales del sector. El lugar será el Centro Cultural de España (CCE), la actividad dura 2 horas.

Jueves 7 de julio, 11 hrs

Celina Murga (Ana y los otros, Una semana solos, Escuela Normal, La tercera orilla)

Una de la características principales del cine de Celina Murga es su aproximación a los actores, en muchos casos niños y jóvenes con poca experiencia ante cámaras logrando actuaciones sorprendentes. Sobre su forma de trabajar y otras cosas hablaremos con Celina.

Jueves 14 de julio, 11 hrs

Ana Katz (El juego de la silla, Una novia errante, Los Marziano, Mi amiga del parque)


Ana Katz es una de las pocas directoras latinoamericanas contemporáneas que alterna el rol de directora y actriz en su propias películas. Sobre esa doble función y sus experiencias como actriz en películas ajenas, charlaremos con Ana.

Jueves 21 de julio, 11 hrs.

Martín Rejtman (Rapado, Silvia Prieto, Los Guantes Mágicos, Copacabana, Entrenamiento elemental para actores, Dos Disparos)

Un punto clave de la narrativa de las películas de Martín Rejtman es la actuación. En ellas, los actores no siempre reaccionan como uno pensaría que tendrían que reaccionar y así construye unos personajes extrañamente reales. Sobre su forma de dirigir, charlaremos con Martín Rejtman.

Del 6 al 21 de julio, en Sala Zitarrosa y Centro Cultural de España.