Archivo de la categoría: Actualidad

CARTA ABIERTA DE ALVARO SANJURJO TOUCON A DIRECTOR Y REDACTOR DE «TERCER FILM» A PROPÓSITO DE NOTA SOBRE CINE URUGUAYO EN DICTADURA.

Belo y Lema:                    

Seguramente esta es una previsible correspondencia no anunciada. Cierta vez que Jorge Ángel Arteaga visitara a Georges Sadoul, este último se hallaba trabajando en una voluminosa Historia del Cine  y solicitó al visitante un rápido resumen acerca de un cine rioplatense que aún no conocía. Aduciendo lógicos reparos, Arteaga le informó que semejante apremio no lo podría satisfacer en pocos minutos. Sadoul hizo oídos sordos y reprodujo malamente lo relatado por un Arteaga incapaz de la menor descortesía. El resultado fueron una escasas y demasiado genéricas líneas. En el artículo sobre cine uruguayo durante la dictadura, de mi tocayo Lema, hay algo de esto. Es obvio que no vio los films que cita y acudió a terceros (quizás en forma personal, aunque, peor, todo suena a lecturas ajenas). De otra forma no sería posible atribuir a Daniel Arijón intencionalidad denunciatoria en (el bodrio) El niño y la cometa, financiado con dineros de Cine Universitario cuando el mencionado realizador era la máxima autoridad de esa entidad. Cine Universitario también vio utilizado su prestigio  financiando «Tercer Film». Al parecer es una entidad que cría cuervos. Más difícil aún, atribuir connotaciones políticas a El lugar del humo algo que no creyeron productores y actores llegando hasta el último integrante de la ficha técnica que aparece en el film. Pero el gran ignorado, la verdadera víctima de esa nota, es el caudaloso movimiento «superochista». Me comprenden en demasía las generales de la Ley por haber sido militante del mismo. No obstante una mirada atenta a «Para mirarte mejor», el formidable libro de  Jorge Ruffinelli, era obligada y habría eliminado errores graves. En lo personal lamento que citen El coronel no tiene quien le escriba mientras omiten a El espejo y El último. Sobre el primero existe abundante material, incluso en un ensayo colombiano sobre García Márquez en el cine, y acerca de los otros dos films algo hallarán en imdb, la página web de la ACCU y otros sitios.                           La superficialidad de aquellas líneas de Sadoul fue luego compensada. El reproche a uds. es infinitamente menor que el que se hiciera a Sadoul. Simplemente, no son comparables.

Sanjurjo

La utilidad de las Bibliotecas (Álvaro Sanjurjo Toucon)

De archivos, papeles y opiniones arrepentidas

Papeles sueltos

El artículo periodístico más sesudo, solía forrar las domésticas latas de basura, como parte del papel (o sea el total de la publicación a la que pertenecía) utilizado con esos fines.

Las críticas de cine más enjundiosas (en un tiempo en que aún las había), no escapaban a ese inexorable destino, hallando la excepción en aquellas que atesoraban fanáticos de la pantalla y los archivistas de los cineclubes, que venían a ser más o menos lo mismo.

Las posibilidades de acceso a ese material eran de relativa facilidad, complicándose las cosas si el rigor de quien seleccionaba los textos se inclinaba por la producción de tal o cual crítico. El archivo de los artículos se indizaba según diversos criterios (realizador, año de producción o estreno, etc.) y nunca por autor.

Quien demostró poseer una visión crítica del asunto fue el prestigioso H. Alsina Thevenet que se afirma recopiló con variado criterio su vasta producción rioplatense y la más exigua de España, en numerosos volúmenes con material de archivo, ya que de otra “manera se perderían en desperdigados recortes”.

Aún así, Alsina supo que ese material se perdería entre las miles de páginas que en uno y otro volumen, preservaban análisis filmográficos, importantes estudios acerca de realizadores, escuelas, productores, hitos y demás piezas de una erudita, desarticulada y muy amena vivisección de cuanto refería al cine.

Esa veintena larga de libros sobre cine, podía ampliarse o reducirse si contabilizamos como originales o versiones corregidas algunos de aquellos formidables y concisos textos (alguien dijo que eran ejemplo del mejor periodismo norteamericano concebido en español).

El párrafo acerca del recorte efectuado a un film comentado en “Marcha” o “El País” se incorpora a alguno de los capítulos de “Censura y otras presiones sobre el cine”, luego parte de “El libro de la censura cinematográfica” (prácticamente réplica enriquecida del anterior).

La mayor recopilación sistematizada de la obra periodística y parcialmente bibliográfica de HAT, es concretada a partir de 2015, cuando el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata inicia la publicación de las “Obras Incompletas” de H. Alsina Thevent, integrada por varios fornidos tomos a su vez subdivididos en no menos fornidos volúmenes. Una gigantesca recopilación de Elvio Gandolfo, Alvaro Buela y Fernando Peña, con un precio más que accesible.

Este loable emprendimiento, procuró eludir la especulación comercial de los libreros –se vendía una unidad por persona-, lo que no impidió la irrupción en el mercado uruguayo de alguna librería que –para desazón del Festival marplatense- ofreciese los volúmenes a un precio considerablemente mayor. Constatándose a su vez, una inexplicable edición local muy parcial del trabajo de Gandolfo, Buela y Peña, de la uruguaya editorial “Irrupciones”.

Si adquirir los tomos de las “Obras incompletas” era una operación bastante complicada para los residentes en esta Banda Oriental, la dificultad es sorteada ya que el acceso al voluminoso trabajo es posible realizarlo en forma gratuita a través de internet.

Implacable y minucioso al señalar el error ajeno, a HAT le irritaba ser objeto de críticas. Las polémicas al respecto son inteligentes muestras de socarronería y ácido humor. Ese carácter –que a su vez dotó de su brillante estilo a nota propias y ajenas de “El País Cultural”- seguramente habría sido áspero señalando la falta de índices en las “Obras incompletas”. Labor que algún voluntarioso, erudito y preciso cinéfilo, habría encarado sin que tengamos noticias de su finalización.

El modelo HAT de la crítica tiene hoy quienes le cuestionan frontalmente, así como aquellos que preconizan el transitar por los caminos trazados por Alsina. Unos y otros seguramente tienen en el “debe” una aproximación total a su producción, acaso quimera de una docencia cuyos planes exigen revisión sistematizada de las propuestas teóricas hallables fácilmente el día que contemos con facilitadores índices.

Tenemos todo, no tenemos nada

A escala microscópica, los artículos periodísticos de HAT referidos precedentemente, reproducen ese “tener todo” = “no tener nada”, a que refiere Roman Gubern en sus ensayos sobre la cultura de la informática.

Señala Gubern que cuando buscamos información en internet sobre un tema “X”, apareciéndosenos en la pantalla cientos o quizás miles de opciones, enturbiando aún más nuestra difusa idea al respecto, estaremos desguarnecidos al igual que si no tuviésemos nada.

Cual hurgadores de las volquetas verdes, maldecidas ocupantes de un espacio envidiado por urgidos automovilistas, habremos de efectuar rápido descarte de aquello que es basura sin posibilidad de reconversión. Lo cual supone un mínimo de conocimientos previos.

Esos anillos concéntricos de información surgidos ante “X” (para el caso el hecho cinematográfico), poseerán diferencias de diámetro, de densidad de contenido e incluso de factibilidad.

Su análisis posibilitará una selección inicial, avalada sobre criterios personales.

Años atrás, cuando los PC estaban circunscritos a las huestes más sofisticadas y costosas de la informática, Gubern acuñó el término “democratización de la imagen”, tomando el aumento exponencial del acceso popular a registradores y almacenadores de imágenes: del 35 mm. original al 16mm., 8mm., Super 8 y otras variantes. Sin pensarse aún en los adminículos multifunción conocidos como “celulares”, cuya variante cine coloca a disposición del aficionado más elemental efectos especiales que ya hubiese querido Kubrick en 2001, movimientos de cámara que complicaron la existencia del fotógrafo Urusevski en Soy Cuba, y una parafernalia que los poseedores de estos adminículos jamás llegan a conocer.

Esa “democratización de la imagen” pasó a ser una democratización del almacenaje de la información. Esos “0” y “1” que a todo pueden conducirnos.

En lo que atañe a la crítica, el acceso de una persona a tal categoría, se vinculaba con el prestigio y seriedad del medio que lo contaba entre sus colaboradores. Y estamos hablando fundamentalmente de las publicaciones impresas, a las que el lector atribuía una categorización superior a radio y TV.

Los hábitos culturales se modificaron, prontamente la prensa escrita se percató de la fuga de consumidores hacia una radio y TV cuya superficialidad estaba en razón directa al número creciente de consumidores.

Lo sustancioso en diversas áreas, y el hecho cinematográfico es una de ellas, pareció condensarse en las revistas especializadas ya existentes. Paralelamente, los costos de la prensa papel tornan inviable en rápido eclipse a muchas revistas no comerciales y estas adhieren al formato informático, ya invadido por quienes libremente y a un costo ínfimo, poseían sus publicaciones de cualquier índole: arte, técnica y negocio del cine incluidos.

Nuestro medio no es ajeno al fenómeno. Textos responsables coexisten con aquellos que no lo son. Revistas comparten espacio con revistuchas donde el dislate impera. El punto de referencia se sitúa más allá de la unión de las paralelas. El medio se refleja.

No todo es negativo. Los periodistas libres, parecen serlo aún más. Investigan, denuncian. Ejercen sus derechos.

Por cierto, ya no es necesario recortar el artículo o la crítica de los jóvenes salvajes, libres de aguardar el sitial que un anciano predecesor les bloquea. La panacea del periodista y/o crítico está al alcance de la mano. El editor o el propietario del medio codo a codo con el recién llegado, apoyado en su convencida libertad de prensa.

Soy viejo, nostálgico y apegado a hábitos quizás perimidos.

La persona joven se doblegó. Su vieja denuncia ya no está en la web. Felizmente, había atinado a imprimirla e incorporarla a mis archivos, en una polvorienta carpeta ubicada en lo alto de la biblioteca, esa que atesora papeles amarillentos empecinados en recordarme que Gran Hermano no es un programa de Televisión, inspirado en Zamiatín.

Archívese.

Álvaro Sanjurjo Toucon (27/05/2019)