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Montevideo Comics 2018 (Sergio Moreira)

Un fin de semana en Ciudad Gótica

Este fin de semana se viene un nuevo Montevideo Comics, el evento que empezó en 2002 y que no ha parado de crecer en todo este tiempo. Ya han pasado tres lustros y va por más, en dos años ya pasará la mayoría de edad y se ha instalado en el público, de tal manera que esos días – en los alrededores de la Convención- vas a ver pasar mucha gente encarnado a su héroe favorito.

Una gran cantidad de invitados de distintas partes del mundo estarán brindando charlas y firmando autógrafos, saludando y hablando directamente con quienes quieran hablar con ellos. Aquí les contamos cuales son algunos de los invitados que llegarán:

John Layman: Autor de las historietas Marvel Zombies: Army of Darkness y Chew, esta última llevada al cine por Jeff Krelitz, en una animación que cuenta con la voz de David Tennnat (quien encarnara no solo al Dr. Who, sino también a Kilgrave en la serie Jessica Jones). Dará una conferencia el domigo a las 18:30 hs.

Dol Bae: La artista Hye Won Chang es una artista de webtoons y videojuegos. Es autora de El cuento del hada de Gyeryong que pronto será llevada a la pantalla en formato serie.

Alexis Nolent (Matz): Autor de historietas, con algunas llevadas al mundo del cine, como Una bala en la cabeza, dirigida por Walter Hill, con las actuaciones de Sylvester Stallone y Christian Slater. También es creador de la serie televisiva francesa Antigone 34.

Salvador Sanz: Autor de historietas, editadas en su país natal (Argentina), así como Europa y Estados Unidos. Ha dirigido dos cortometrajes (El inivisor y Gorgonas), actuado en dos largos (Vivir así y Suspiros del corazón) y en una serie televisiva (Señor Alcalde). El sábado a las 21 horas, presentará el largometraje Necronomicón, donde participa como autor del arte conceptual, junto a él estará Luciano Saracino, guionista del filme.

Philippe Girard: Desde Canadá llega este autor, reconocido por su obra Killing Velázquez y que verá como su Danger Public será llevado en breve al cine.

Rodolfo Mutuberría: Es conocido por su creacion de Dibu, en Mi familia es un dibujo, también ha trabajado en cine, con Dibu: La película, Dibu 2: La venganza de Nasty y Valentina, la película. Estará el domingo a las 16:15 hs.

Andrés Lozano: El historietista, animador y docente, autor de Los crichos, tiene experiencia como sonidista, editor, fotógrafo y productor del corto documental Negro con negro da calor (2004). Estará los dos días, en el Stand de Comic.ar y en el de Montevideo Comics.

También por MC pasan grupos cantando covers de series y animés, así como otros que se dedican al K-Pop, tampoco hay que olvidar al ya clásico concurso de Cosplays; pero algo que nos interesa y mucho a los viejos cinéfilos, es ver las diferentes exhibiciones de cortos y largos que – como año a año – podremos disfrutar durante los dos días.

Aquí va la lista de los filmes a exhibirse:

Von Doom. Desde Estados Unidos llega este fanfilm realizado el año pasado por Ivan Kander, que cuenta una historia enmarcada en el Universo de Los 4 fantásticos.

Sandman: 24 Hour Dinner. En este caso es un fanfilm pero de Canadá, dirigido por Nicholas Brown y Evan Henderson, adaptando una historieta de Sandman.

Neige y los árboles mágicos. Esta colección de cuatro cortos franceses, realizados por niños de 4 años, llega gracias a la Embajada de Francia.

Voces anónimas presenta: La llorona. Guillermo Lockhart presenta este corto y habla de su nuevo espectáculo y de su libro Épico.

En el universo de Philippe Girard. Un documental sobre este autor canadiense, que estará en la Convención. Lo dirige Sophie Cadieux y lamentablemente llega sin subtitular.

Rebel Scum. Un fanfilm basado en el universo Star Wars. Otro aporte canadiense.

Poppin Q. Anime. Un filme japonés, dirigido por Naoki Miyahara, sobre cinco chicas que llegan a un mundo fantástico en peligro.

La peste. Corto uruguayo de Guillermo Carbonell.

Necronomicón. ¿Qué pasa si el libro de los muertos descansara en la Biblioteca Nacional Argentina? Dirigida por Marcelo Schapces, con Daniel Fanego y Federico Luppi.

Voldemort: Orígenes del heredero. Fanfilm italiano, dirigido por Gianmaría Pezzato, inspirado en el universo de Harry Potter.

La joven sin manos. Otro trabajo que nos llega por cortesía de la Embajada francesa, en este caso una animación sobre un hombre que vende a su hija al Diablo.

El apóstol. Película española de animación, ya exhibida en nuestro país en el Festival de Montevideo. Un muy interesante trabajo animado, con una historia muy oscura y atrapante.

Spider-man: Eclipse. Fan film británico, sobre el arácnido personaje de Marvel.

Wonder Woman. En este caso un fan film sobre la Mujer Maravilla, realizado en Estados Unidos por Sam Balcomb.

La última fase. Gabriel Díaz, el director de Noctámbulo vuelve al cine con este filme sobre el fenómeno OVNI. El autor nos acerca unas imágenes en exclusiva.

Tooth Fairy. Corto ganador del concurso de Fede Álvarez, dirigido por Jeremías Segovia y Gonzalo Torrens, quienes lo presentarán en vivo.

Esto es parte de lo que se verá el sábado 16 y el domingo 17 de junio, desde las 12:00 hasta las 22:00 horas, en el Auditorio del Sodre y en el Centro Cultural de España. Las entradas salen 390 para aquellos mayores de 10 años, quienes vayan con su Cosplay solo abonarán 280 pesos y los menores de esa edad entran gratis.

A llenar nuevamente Montevideo Comics y seguir cruzando los dedos para que el próximo año llegue Stan Lee. Mientras esté entre nosotros, podemos seguir soñando.

Sergio Moreira

Muestra de Cine Coreano (Guilherme de Alencar Pinto)

Selección nacional

La Muestra de Cine Coreano es una gran iniciativa de la Embajada de la República de Corea (Corea del Sur) junto al Korean Film Council, asociados con la cadena Life. Las funciones son en el Alfabeta con entrada gratuita. La muestra contornea los directores de mayor circulación internacional y no hay ningún título de los pocos autores coreanos cuya obra haya estado medianamente representada en pantallas uruguayas (Hong Sang-soo, Kim Ki-duk, Park Chan-wook, Lee Chang-dong, Lee Jeong-hyang). Con una excepción, es nuestro primer contacto con seis directores de distintas generaciones de una de las cinematografías más potentes de la actualidad. La Muestra se extiende hasta mañana miércoles, así que todavía hay oportunidad para asistir a algunos de sus seis títulos.

Una fantasía en pleno verano (Han yeo-reum-ui pantaji-ah, de Jang Kun-jae) es la única coproducción de la muestra. Partió de un encargo de la prefectura de Nara, Japón, para realizar, en un plazo mínimo y con presupuesto exiguo, una película original en esa región japonesa. En la primera parte, en blanco y negro, un director de cine explora la ciudad de Gojo y una aldea cercana, entrevistando personas y recogiendo insumos en entrevistas con los lugareños, que hablan a cámara en estilo documental. De pronto todo cambia a color y empieza otra historia que, poco a poco, nos percatamos que podría ser la realización concebida a partir de ideas sugeridas en la primera parte. Esta sección es una historia de amor fugaz de viaje entre una turista coreana y un joven de Gojo, que combina las extensas caminatas con conversaciones, a la manera de Antes del amanecer, pero en forma más quieta e irresuelta, como en Perdidos en Tokio. El esquema de la segunda parte no es tan original, pero la realización es sensible y afectiva, y los personajes entrañables. Pero lo más interesante es la manera en que elementos de la primera parte —una locación, una foto, un sueño, una anécdota— dan origen a elementos de la película de la segunda parte, en forma siempre impredecible. El aspecto más evidente es el vínculo del director ficticio con su bonita traductora/asistente: todo es muy educado y cordial, pero la despedida escueta de ellos en la puerta del hotel se trasmuta, en la segunda parte, en un momento de gran sensualidad y emoción amorosa. Ambas personajes femeninas están interpretadas por la misma actriz, sugiriendo que el director de la ficción eligió a su asistente como actriz para su película. La gran directora japonesa Naomi Kawase es una de las productoras e impulsoras de esta obra conmovedora y delicada. (Hoy, martes, a las 19:30 hs.)

La primera vuelta (Cho-haeng) es la segunda película de Kim Dae-hwan, y fue reconocida en el último Festival de Locarno con el Leopardo al Mejor Director Emergente. Seguimos a la pareja de Su-hyeon (él) y Ji-young (ella), dos jóvenes que viven juntos hace siete años. No tienen hijos, pero ella quizá esté embarazada: qué momento. Hacen visitas (algo incómodas) a los padres de ella en un barrio lejano de Seúl, luego a los de él en un pueblo costero. Los planos son extensos y con cámara en mano, y cada uno equivale a una secuencia (nunca hay cortes en una misma escena). Las escenas parecen ser recortes caprichosos de momentos de la vida: Su-hyeon se percata de que no recuerda dónde dejó el auto y se ponen a buscarlo; corta y los vemos adentro del auto en pleno viaje. Están en la carretera y se dan cuenta de que no están seguros de qué camino tomar; corta y ya llegaron a destino. Desde el punto de vista estrictamente narrativo, la pérdida del auto o el desubique en la carretera son desperdicios anecdóticos. El efecto principal es llamar la atención para el corte y la elipsis. El espectador aprecia la película con dos canales paralelos: sigue qué ocurre con los personajes, y al mismo tiempo contempla una cierta “deliberada falta de propósito” (el término es de John Cage) en la composición de la obra. El vínculo vago entre escenas es pretexto para un juego temporal intrigante: hacia la mitad de la película hay una escena en que suena un llanto de bebé fuera de campo y Ji-young se para, quizá para atenderlo. ¿Es un flashforward —afirmando que finalmente sí tendrán el bebé—? ¿Es alguna otra cosa? ¿Me habré perdido de algo? El recurso está tan por fuera de todo que tenemos la tendencia a desconsiderarlo. La película construye un clímax casi al final, en la bonita escena con el auto parado en la mañana fría: los personajes salen del auto pero la cámara permanece, y el diálogo lo tendremos que inferir por sus gestos y actitudes. Como impresión más general y antropocéntrica, queda la visión muy tierna de una pareja especialmente compenetrada, donde los dos personajes siempre tienen cosas para decirse, y siempre se escuchan y buscan comprenderse. Queda claro que nada de eso es suficiente para evitar roces e insatisfacciones (la inseguridad de Su-hyeon con respecto al embarazo sobrepasa la necesidad de contención que siente Ji-young). Pero en definitiva hay un bello optimismo en la idea de dos personas que están entregadas a hacerse compañía y seguir la vida juntos. (Mañana, miércoles, a las 22 hs.)

Un aspecto característico de esta muestra, al menos en sus dos últimas ediciones, parece ser el empeño en promocionar, a la par del cine “de arte” o “autoral”, el cine coreano de entretenimiento. Quizá el fenómeno del K-pop ayudó a pasar el mensaje de que los países asiáticos pueden volver a ser exportadores globales masivos de entretenimiento.

Y bueno, quizá sí. Selección nacional 2 (Gukgadaepyo 2, de Kim Jong-Hyeon), por ejemplo, es tremendamente divertida y emotiva. Es también, como mucho del K-pop, muy imitativa, sin el grado de originalidad que se puede encontrar en el cine arte coreano. Se trata, en sus líneas generales, de una clásica película deportiva. Está basada en la historia real del equipo nacional femenino de hockey sobre hielo. Según la película, el equipo fue formado como una especie de fachada, porque su existencia era requisito para que Corea pudiera candidatearse a albergar los Juegos Olímpicos de 2004. No había un solo equipo femenino de ese deporte en el país, y la “selección” se armó a partir de un llamado para el que aceptaron mujeres con poca o ninguna calificación, algunas de las cuales nunca antes habían jugado hockey. Sin embargo, se partieron el lomo practicando y, cuando se enteraron de que en realidad no había un plan real de enviarlas a torneo alguno, se sintieron traicionadas y protestaron. Finalmente fueron enviadas a los Juegos de Invierno de Japón en 2003, y aunque no sacaron medalla, no hicieron mala figura y ganaron apoyo popular como para seguir existiendo. (De hecho, en forma increíble, actualmente está calificado como el 16º del mundo en su categoría.) Lo que la película tiene de más exótico para nosotros es quizá lo menos atractivo, es decir, un tipo de humor que se nos hace ingenuo e infantil: el entrenador alcohólico y torpe, la jugadora grandulona y bruta, la coqueta que sólo piensa en maquillarse, el niño que se hace caca encima y huele mal. Pero la película no se limita a eso. Como quien no quiere la cosa, se arma una historia bastante sólida y no tan simple con respecto a los vínculos humanos. La cinematografía de los partidos es espectacular, y sumada a la trama anecdótica que los pone en contexto, te guste o no te guste el hockey sobre hielo, querés saltar de la silla hinchando por esas muchachas. Hay otra línea importante, además, que tiene que ver con la protagonista, Ji-won, una defectora norcoreana. La situación, cuidadosamente preparada en detalles que parecían superfluos pero que, veremos que fueron plantados en el guion como en un mecanismo de relojería, estalla en el partido de Corea del Sur contra Corea del Norte, y acá moviliza otras cuestiones: la de la lealtad, la de una nación partida al medio, la de los lazos familiares y el afecto entre hermanas. Y también puede llevar a las lágrimas. Esta película es mucho más divertida y emotiva que la mayoría de las cosas que hay en la cartelera. (Hoy, martes, a las 22 hs.)

Mañana miércoles a las 19:30 hs exhiben también el drama histórico Dongju: El retrato de un poeta, de Lee Joon-ik, a la que no pude asistir. Las demás películas ya no se vuelven a dar, pero son, por suerte, las menos lucidas de esta muestra.

Detective 2: El secreto de la isla perdida (Joseon Myeongtamjeong: Sarajin nobeui ddal, de Kim Seok-yun) llevó casi 4 millones de espectadores en Corea. Es la segunda entrega de una serie alrededor del detective Kim y su ayudante Seo-pil, y tiene una escena después de los créditos que prepara la tercera película (anunciada para este año). Kim es una mezcla de McGiver, Indiana Jones, Sherlock Holmes y Jack Sparrow (Piratas del Caribe). La acción transcurre a fines del siglo XVIII. La producción es vistosa: amplias escenografías, vestuarios elaborados, efectos especiales, montones de extras, movimientos de cámara llamativos, locaciones preciosas, mucha acción. Hay unos cambios de tono que, al menos para nosotros extranjeros, suenan extrañísimos, porque esencialmente se trata de una comedia ligera con carreras desenfrenadas, y de pronto, sin anestesia, estaremos lidiando con asuntos trágicos, que tienen que ver con la miseria y la esclavización de mujeres. La imagen desgarradora del mar lleno de cadáveres de niñas flotando —poderosa alegoría feminista— convive con escenas circenses en que una mujer retratada como ridícula persigue a Seo-pil, que la esquiva porque es gorda y ya no es joven. Lo que no creo que sea imputable a diferencias culturales son los saltos lógicos de la historia: ¿por qué, luego de una misión exitosa, Kim es confinado al exilio? ¿Qué interés tiene el alto funcionario interpretado por Jung Won-joong en ayudar a Kim si, luego, veremos que eso va frontalmente contra sus intereses?

La directora Yim Soon-rye es la única de la muestra que ya había aparecido en la cartelera montevideana (su película El momento para siempre fue exhibido por Cinemateca en 2007). Su nueva realización Pequeño bosque está basada en un manga japonés conocido como Little Forest (2002). (El título coreano, Liteul poleseuteu, es una adaptación fonética del título en inglés, al igual que el original japonés Ritoru foresuto). Es una película feel good, sobre una muchacha que, desencantada con la vida en Seúl, decide regresar, luego de muchos años, a la propiedad rural familiar. Hay un elemento confuciano de integración social: en una nación cuyos aspectos más descollantes y mediáticos tienen que ver con el entorno urbano y la modernidad, la película pinta lo rural en forma positiva. El campo es precioso, no tiene estrés, y también puede verse como juvenil. En vez de mostrarse como ignorancia, la cultura rural aparece como un riquísimo patrimonio de saberes y de técnicas que los jóvenes son desafiados a dominar. Todas las posiciones sociales están bien: el cartero es sabio, responsable y útil, y también la vendedora de la feria. La película se estructura en función de las estaciones del año, fuertemente caracterizadas. Pero quizá lo que tenga de memorable son las múltiples escenas de cocina, en que Hye-won, la muchacha, hace una cantidad de platos exóticos con algunos ingredientes que son, para nosotros, insólitos (flores fritas, madera raspada, caqui resecado), todo fresquito, plantado o recogido por la protagonista, y preparado en una cantidad de utensilios de calidad como para dar envidia a cualquiera que sienta una mínima afición por la culinaria. Es medio deprimente salir de ver esta película y comer, yo qué sé, una muzarela. No hay conflictos ni antagonistas. Incluso el triángulo amoroso que se arma entre Hye-won, su amiga Eun-sook y el vecino Jae-ha, queda sin resolución, asexuado, en nombre de la armonía. Recién hacia el final hay un pequeño apunte sobre las trampas tendidas por el clima y los dolores de espalda propiciados por algunos tipos de cosecha, pero todo es superable.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 05/06/2018)

Al escudo le falta la “globa” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

EL Mariscal José Nasazzi, José Leandro Andrade “la merveille noir”, y Obdulio Varela “el negro jefe”, artífices del sentimiento de patria y nación

Los habitantes de la antigua Banda o Provincia Oriental, hoy devenidos en uruguayos, tuvieron en el fútbol un elemento identificatorio, y esa peculiaridad conformó una tardía unidad nacional, precursora de un sentimiento patrio, construido en torno a una pelota que heroicos supimos dominar. El cine uruguayo registró esa gesta, dentro de una temática inconfundible, el cine de los “celestes”.

El tema está sobre el tapete nuevamente, ahora con motivo del estreno del documental Sangre de campeones, de Sebastián Bednarik y Guzmán García (y del inminente Mundial de Rusia).

Vayamos al origen de los hechos. En los años veinte del Siglo XIX, el Imperio del Brasil, invade las Provincias Unidas del Río de la Plata, más concretamente la Provincia o Banda Oriental. La salida a esta usurpación, es producto de una convención celebrada en Río de Janeiro, en la que participaran: el representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina), el Emperador del Brasil, y el artero Lord Ponsonby, emisario de la Corona Británica. Las partes acordaron –aunque Rivadavia calificó a aquello de “pacto deshonroso”- que la Provincia Oriental, sería amputada a su unión con todas las demás a las que siempre perteneciera, en tanto el Emperador del Brasil la declaraba independiente (pero no a toda ella pues se quedó con las Misiones), y los ingleses, una vez más, dividían para reinar. Así, los habitantes de dicha Provincia –tan argentinos como los de las restantes-, sin quererlo ni reclamarlo, debieron apresurarse y redactarse una Constitución (debidamente tutelada por los firmantes del acuerdo). Lord Ponsonby lograba un territorio fácil para los intereses británicos. El historiador Guillermo Vázquez Franco ha ilustrado y documentado este proceso, sintetizado aquí rápidamente, luego de leer a tan autorizada pluma.

Esta es la verdadera, triste y poco heroica historia del nacimiento de la “República Oriental del Uruguay” (o R.O.del.U. que también es una pizzería), denominación a la que fueron totalmente ajenos los más tarde llamados “orientales” o “uruguayos”.

Las luchas intestinas dividieron en mitades al inventado país. Dos grandes caudillos, Manuel Oribe y Fructuoso Rivera, se disputaron muchas cosas (dícese que entre ellas a la actriz Trinidad Guevara), dando lugar a los Partidos Nacional o Blanco, y Colorado. Divisas luego asociadas con “el interior” y “la capital montevideana”, respectivamente. La división de aquella nacionalidad impuesta, se vió acentuada por las figuras de Batlle y Saravia. Ni la irrupción de socialistas, comunistas y anarquistas, borró la frontera divisoria, ya que unos y otros se decían marxistas, bakuninistas, o lo que fuera, sin dejar a un lado su “coloradismo” o “blanquismo” históricos.

Aquella Gran Bretaña representada por Ponsonby, no tuvo que esforzarse mucho para dominar a la nueva nación. Sin complicaciones políticas ni militares, ingleses fueron los frigoríficos, la empresa de aguas corrientes (Montevideo Waterworks), la del gas (The Montevideo Gas Company), buena parte de la banca nacional y extranjera, las empresas de seguros, los tranvías, etc. etc. Y tendrán (hasta hoy) su iglesia y su cementerio. Pero la presencia de la “pérfida Albión”, tendrá su mayor incidencia y dejará su huella más profunda con perdurable fuerza, a través del Ferrocarril. Un ferrocarril que una vez convertido en chatarra se utilizó para pagar la deuda por la carne que el Uruguay (Corned Beef Product of Uruguay) le vendiera a Inglaterra durante la guerra. Pero, dejemos a un lado rieles, vagones y durmientes. Porque los ingleses del ferrocarril tenían algo muchísimo más importante: un club, el CURCC, donde se practicaba un juego de pelota cuyas reglas eran, por supuesto, inglesas. Dicho deporte, llamado “foot-ball”, se extendió rápidamente. Lo hizo entre todas las clases sociales, pero en especial en aquellos sectores populares que lo castellanizaron como “fóbal”.

Consecuente con su eterna división, la ex Banda Oriental, también la tuvo en el “fóbal”: Peñarol, Nacional y los que vendrán detrás.

Sin embargo, el sentimiento unánime de pertenencia de los uruguayos a una nación común, lo logra la presencia y triunfo de los jugadores que luciendo la camiseta “Celeste” (color de la bandera de nuestra patria original), llevaron el nombre de Uruguay a lo más alto del podio olímpico en 1924 y 1928. El mundial del 30, con su peculiar final, será visto en próxima nota.

Y los inventados, los sometidos por el Imperio del Brasil, pudieron doblegar al mismo emperador, sus súbditos y los descendientes de todos ellos. Fue un 16 de Julio de 1950, en el mismo Río de Janeiro donde poco más de un siglo atrás, no nos dejaran “ni mirar la pelota”.

Amsterdam, Colombes, el estadio Centenario, Maracaná, el Mariscal Nasazzi, José Leandro Andrade, el inolvidable Obdulio “Negro Jefe” (insolentemente ladeado por muchos de quienes jamás pisaran tan siquiera “un campito”) y todos los jugadores celestes que les acompañaran, lograron unir a los orientales, permitiéndoles, finalmente, hallar la materia que los cohesionara, fraguando un sentimiento de identidad propia, en biunívoca correspondencia de nación y patria.

El país inventado tenía alma, el cine lo testimoniará.

Antes de 1948, las cámaras de cine de los uruguayos registraron eventos futbolísticos, pero no recordamos –probablemente lo haya- film alguno enteramente dedicado al tema fútbol. En ese año, el uruguayo Adolfo Fabregat dirige Uruguayos Campeones, largometraje con la actriz Chelita Linares –famosa por su personaje radiofónico de “La Chimba”, creado por Wimpi- y el recordado cantante de tangos Carlitos Roldán.

Nobel Valentini, creador del álbum “Goles y Dobles” y figura de otras actividades ligadas al deporte-, partícipe de Uruguayos Campeones, fue el narrador de un improvisado documental sobre el campeonato de Maracaná. Se trata de Campeones del mundo, estrenada a un mes del triunfo celeste. Si bien carecemos de mayores datos, el sentir la alegría de “ser celeste” llegó hasta la propaganda disimuladamente inserta en el film. Según recuerda el cinéfilo y futbolero Ricardo Rolando, en determinado momento, una pareja sentada en la mesa de un bar, bebe una “Coral” –bebida cola uruguaya que como “proustiana magdalena” nos conduce al dulzor intolerablemente empalagoso de los jarabes para la tos- y una naranjita “La Salteña”, de buen recuerdo. Ambas provenían de CUBSA (Compañía Uruguaya de Bebidas Sin Alcohol).

En 1953, el equipo de Uruguay enfrenta a Inglaterra en el Estadio Centenario. Los inventores del fútbol fueron derrotados 2 a 1, y el partido era parcialmente documentado en Maestros contra campeones, mediometraje con ligeros aspectos argumentales. A pocas cuadras del Estadio, se halla la Embajada Británica, sobre la calle Lord Ponsonby.

La derrota uruguaya del Mundial de 1954, no mitigó la devoción. Un documental sobre aquel campeonato, fue exhibido en el cine “Victory” (18 de Julio frente a “El entrevero”). Parte de lo recaudado, se dijo sin especificar porcentaje, estaba destinó a Obdulio Varela, cuya foto era obsequiada a los espectadores.

(Próxima nota: Sangre de campeones; en el cine de los Balcanes también recuerdan).

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 01/06/2018)

Andrés Caro Berta (1950-2018)

 

El 27 de mayo falleció el colega y amigo Andrés Caro Berta, de una manera sorpresiva… para todos, su familia y amigos.

Andrés fue muchas cosas en su vida: psicólogo, sexólogo, conductor radial, crítico de cine, escritor, dramaturgo, director teatral, él mismo bromeaba en las redes sociales con la frase “y tantas otras cosas que no alcanzan para vivir una sola vida”. Faltaba poco para que cumpliera sus 68 años, el 4 de junio más precisamente, pero no esperó; la muerte no esperó para llevarlo.

Esto no intenta ser una simple y fría necrológica, es más que nada el recuerdo para un amigo; un amigo con el que un tiempo estuvimos alejados y ni sabemos porqué, o quizás si… por política se podría decir, por un lugar en una lista de la ACCU. Una tontería, lo sabíamos, pero había sido suficiente para alejarnos.

Andrés me acunó cuando yo recién comenzaba en esta labor de crítico de cine, no fue el primer lugar donde comencé pero si el tercero. Tuvo la gentileza de ofrecerme un espacio en su programa Estados alterados, recién comenzado el Siglo XXI. Allí estuve con la sección “El hombre misterioso” -siempre que nos encontrábamos me llamaba así- y luego una segunda sobre bandas emergentes, llamada Baden Rock; muchas veces en este último espacio le llevaba grupos que realmente no le terminaban gustando, lo notaba en su cara y no me decía nada, la aceptaba, escuchaba lo nuevo, lo criticaba de la mejor forma y le daba el espacio para que estas bandas fueran conocidas. Así era Andrés.

Unos años después, cuando notamos que era tiempo de modificar algunas cosas en ACCU, frente a un nuevo llamado a elecciones, junto a él nos movimos para iniciar una lista. Cuando se hicieron las primeras reuniones, él no quedó en la directiva y lo sintió como una traición; esa fue la razón de nuestro alejamiento. Pero de todas formas, en los últimos años nos volvimos a encontrar y hablar, él se encargaba de parte del guión de la entrega de premios de la Asociación (evento que se realiza todos los diciembres) y este año había comenzado a publicar seguido en esta página (accu.uy). Por lo que nos escribíamos seguido, de hecho su última crítica publicada data del 19 de mayo y de ese mismo día es nuestro último correo.

Andrés era un tipo apacible, cálido, siempre con una sonrisa en su rostro y al que le gustaba hablar y, sobretodo, escuchar. Quizás por eso eligió también su tarea de psicólogo, le gustaba escuchar y aconsejar. Hay varios libros escritos por él en las librerías, también ha escrito obras de teatro por las que ha ganado premios, las cuales fueron estrenadas tanto en Uruguay como en el extranjero.

Andrés hizo todo lo que le gustaba hacer, no se negó a nada, de todas formas tenía muchos proyectos más y quedarán sin salir a la luz, lamentablemente.

En estas líneas estoy seguro que, por más que haya intentado dar un pantallazo de quien era él, no le he hecho justicia a todo lo que significaba. Se le extraña, sus oyentes en la radio, sus lectores en el Diario Cambio de Salto, sus colegas en sus distintas profesiones y sus amigos, ya sienten el vacío que ha dejado con su partida.

Sergio Moreira (31/05/2018)