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“Star Wars: El despertar de la fuerza” (Álvaro Sanjurjo Toucón).

 

Star Wars

38 años después.

El programa que habitualmente se entrega a los espectadores en los espectáculos de ópera, suele incluir una detallada sinopsis del argumento de cada acto. En lo personal, su lectura nos resulta sumamente confusa, optando por disfrutar del espectáculo prescindiendo de la anécdota. Con Star Wars puede hacerse lo mismo. No obstante, ofrecemos estas sinopsis argumentales de cada episodio de la saga. Las mismas fueron tomadas de la muy documentada página web “filmaffinity”, y sugerimos leerlas: a) en forma correlativa, b) según su año de producción (Episodios 4, 5, 6. 1, 2, 3 y 7), c) en el orden en que el lector vio los films, d) en cualquier orden.

 

Episodio 1:

Ambientada treinta años antes que La guerra de las galaxias (1977), muestra la infancia de Darth Vader, el pasado de Obi-Wan Kenobi y el resurgimiento de los Sith, los caballeros Jedi dominados por el Lado Oscuro. La Federación de Comercio ha bloqueado el pequeño planeta de Naboo, gobernado por la joven Reina Amidala; se trata de un plan ideado por Sith Darth Sidious, que, manteniéndose en el anonimato, dirige a los neimoidianos, que están al mando de la Federación. El Jedi Qui-Gon Jinn y su aprendiz Obi-Wan Kenobi convencen a Amidala para que vaya a Coruscant, la capital de la República y sede del Consejo Jedi, y trate de neutralizar esta amenaza. Pero, al intentar esquivar el bloqueo, la nave real resulta averiada, viéndose así obligada la tripulación a aterrizar en el desértico y remoto planeta de Tatooine…

Episodio 2

Corren tenebrosos tiempos para la República, que continúa envuelta en luchas y sumida en el caos. Un movimiento separatista, formado por centenares de planetas y poderosas alianzas encabezadas por el misterioso conde Dooku, amenaza la galaxia. Ni siquiera los Jedi parecen capaces de conjurar el peligro. Este movimiento provoca el estallido de las guerras clones, que representa el principio del fin de la República. Para allanar el camino, los separatistas intentan asesinar a la senadora Padme Amidala. Para evitar futuros atentados, su seguridad es encomendada a dos caballeros Jedi.

Episodio 3:
…capítulo de la saga de Star Wars, en el que Anakin Skywalker definitivamente se pasa al lado oscuro. En el Episodio III aparece el General Grievous, un ser implacable mitad-alien mitad-robot, el líder del ejército separatista Droid. Los Sith son los amos del lado oscuro de la Fuerza y los enemigos de los Jedi. Ellos fueron prácticamente exterminados por los Jedi hace mil años, pero la orden del mal sobrevivió en la clandestinidad.

Episodio   4
La princesa Leia, líder del movimiento rebelde que desea reinstaurar la República en la galaxia en los tiempos ominosos del Imperio, es capturada por las Fuerzas Imperiales, capitaneadas por el implacable Darth Vader, el sirviente más fiel del Emperador. El intrépido y joven Luke Skywalker, ayudado por Han Solo, capitán de la nave espacial “El Halón Milenario”, y los androides, R2D2 y C3PO, serán los encargados de luchar contra el enemigo y e intentar rescatar a la princesa para volver a instaurar la justicia en el seno de la galaxia.

Episodio 5:

Tras un ataque sorpresa de las tropas imperiales a las bases camufladas de la alianza rebelde, Luke Skywalker, en compañía de R2D2, parte hacia el planeta Dagobah en busca de Yoda, el último maestro Jedi, para que le enseñe los secretos de la Fuerza. Mientras, Han Solo, la princesa Leia, Chewbacca, y C3PO esquivan a las fuerzas imperiales y piden refugio al antiguo propietario del Halcón Milenario, Lando Calrissian, en la ciudad minera de Bespin, donde les prepara una trampa urdida por Darth Vader.

Episodio 6:

Para ir a Tatooine y liberar a Han Solo, Luke Skywalker y la princesa Leia deben infiltrarse en la peligrosa guarida de Jabba the Hutt, el gángster más temido de la galaxia. Una vez reunidos, el equipo recluta a tribus de Ewoks para combatir a las fuerzas imperiales en los bosques de la luna de Endor. Mientras tanto, el Emperador y Darth Vader conspiran para atraer a Luke al lado oscuro, pero el joven está decidido a reavivar el espíritu del Jedi en su padre. La guerra civil galáctica termina con un último enfrentamiento entre las fuerzas rebeldes unificadas y una segunda Estrella de la Muerte, indefensa e incompleta, en una batalla que decidirá el destino de la galaxia.

Episodio 7:

La séptima entrega de la saga Star Wars continuará 30 años después de El regreso del Jedi, con Luke Skywalker intentando restablecer el orden en la galaxia mientras Leia y Han Solo trabajan con la Nueva República contra los restos del Imperio… El episodio VII fue confirmado en octubre de 2012, cuando Walt Disney Company compró LucasFilms por 4.000 millones de dólares.                                                                                                                       

Álvaro Sanjurjo Toucón (Semanario Crónicas, 18/12/2015)

“Star Wars: El despertar de la fuerza” (Álvaro Sanjurjo Toucón).

Star Wars
Ordenando el cosmos: Toda la historia.

El estreno de Star Wars: El despertar de la fuerza, nuevo capítulo de la saga creada por George Lucas, pretexta estos apuntes acerca de esa presencia y algunas otras cosas (caprichosamente) conexas.

Cuando en 1963, se publica la novela Rayuela del argentino Julio Cortázar, el autor propone varias formas de abordar su lectura.

Ellas fueron:

– la lectura normal, leyendo secuencialmente de principio a fin.

– la lectura por él propuesta, leyendo secuencialmente desde el capítulo 1 hasta el 56 y prescindiendo del resto.

– el orden que el lector desee

– la establecida por el autor en el tablero de dirección (que se encuentra al inicio del libro): saltando y alternando capítulos.

Catorce años más tarde, George Lucas, realizador y productor cinematográfico norteamericano, seguramente sin proponérselo, inicia un relato en varios capítulos (uno por film), que en caso de haberse visto de un modo tradicional, a medida que se van estrenando, pueden, con las diferencias del caso, haberse transformado en émulo del texto cortaziano. Tal lo ocurrido con Star Wars o La guerra de las galaxias como se le conoció en sus inicios.

Esos vaivenes cronólógicos distantes tanto de las propuestas del argentino, como del “puzle” wellesiano de El ciudadano, o los magníficos malabarismos de Alain Resnais, halla su explicación en las muy directas motivaciones señaladas por George Lucas:

“No mucho tiempo después de que comenzara a escribir Star Wars, concluí que la historia daba para más de lo que una simple película podía dar cabida. Mientras completaba la saga de los Skywalker y los caballeros Jedi, empecé a visualizarlo como un relato que tomaría lugar en, por lo menos, nueve películas —tres trilogías— y decidí continuar justo entre los hechos precedentes y los sucesivos, partiendo entonces con la historia intermedia.”

A continuación se ordenaron los siete capítulos existentes y su fecha de producción:

STAR WARS 1.- 1999

STAR WARS 2.- 2002

STAR WARS 3.- 2005

STAR WARS 4.- 1977

STAR WARS 5.- 1980

STAR WARS 6.- 1983

STAR WARS 7.- 2015

La lista que sigue ordena los capítulos de Star Wars según año de producción, indicándose entre paréntesis año y título de su estreno local, así como realizador y actores principales:

Star Wars 4.- 1977 (1978, La guerra de las galaxias), en 1997 habrá una nueva versión. Dir. : George Lucas, con Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Allec Guinness.

Stsr Wars 5.- 1997 (1997, El imperio contraataca). Dir.: Irvin Kershner, con Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher. En realidad fue una edición especial del film de 1980 (The Empire Strikes Back)

Star Wars 6.- 1997 (1997, El regreso del Jedi) Dir. Richard Marquand. Con Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fsher. En realidad es una edición especial de The Return of Jedi. 1983

Star Wars 1.- 1999 (1999, Star Wars: Episodio 1 – la amenaza fantasma). Dir. George Lucas.. Con: Liam Neeson, Ewan Mc Gregor, Natalie Portman.

Star Wars 2.- 2002 (2002, Star Wars: episodio II – El ataque de los clones). Dir. George Lucas. Con: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen.

Star Wars 3.- 2005 (2005, Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith) Dir.: George Lucas. Con Ewan McGregor. Matalie Portman.

Star Wars 7.- 2015 (2015, Star Wars: el despertar de la fuerza) Dir.: J.J. Abrahams. Con: Harrison Ford, Mark Hamill, Carrie Fisher y hasta Max von Sydow a los que se suman nuevas figuras con roles quizás tan importantes como los de estas añejas estrellas del episodio inaugural de 1977 (el cuarto).

O sea que la “lectura” normal de los (por ahora) siete capítulos de la saga cinematográfica Star Wars tuvo el siguiente orden: 4, 5, 6, 1, 2, 3, y 7.

Este séptimo capítulo llega luego que “The Walt Disney Company” adquiriera los derechos de “Lucasfilm Lts.”, la empresa de George Lucas, anunciándose a su vez los capítulos 8 y 9; seguramente en ese orden.

Según la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo y el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador, para Star Wars espacio y tiempo parecen depender de la voluntad del productor y la imaginación del guionista.

Álvaro Sanjurjo Toucón (Semanario Crónicas, 18/12/2015)

Ettore Scola (1931-2016) (Carlos Oroño)


Muere en Roma el director de cine italiano

A los 84 años se apagó la vida de Ettore Scola, uno de los directores italianos con más talento. Lo conocí personalmente hace unos años en un Festival de Cine de Valladolid adonde asistí como jurado y donde fue a recoger la Espiga de Oro de Honor de la Seminci.  Como sello de su amistad me regaló un libro suyo debidamente firmado. Era un encanto de persona. Lo recuerdo con mucho afecto.

“Con él se despide un cine militante, un cine que hablaba con y sobre la calle”. De la generación de creadores que catapultaron al cine italiano en la segunda mitad del XX tan solo quedan vivos los hermanos Taviani , pero la huella de Scola es mas profunda, humana y sobrecogedora”. Sus películas destilaban bonhomía y animaron el ego del pueblo. Ha muerto el rojo Scola.quien llegó a decir que el pesimismo es mucho más progresista que el optimismo, encierra más fe en el futuro. El optimismo es cosa de beatos. Como director debutó en 1964 con Hablemos de mujeres y al año siguiente ya había logrado cierta fama con Un caso fortuito y El diablo sabe por diablo. Su gran década fue “la de los setenta: Celos estilo italiano , ¿Me permite? Rocco Papaleo, Nos habíamos amado tanto, Sucios, feos y malos, y su obra Señoras y señores, buenas noches. Pero su película más trascendente fue Un día muy especial donde Sofía Loren encarnaba a una mujer malcasada y aburrida y Marcello Mastroiannii a un periodista homosexual. Ambos eran vecinos y la película transcurría durante la visita de Hitler a Roma en 1938. Me interesan más, los diferentes que los iguales. Yo nunca trabajé una vez con un actor, sino que repetía mucho. Porque cuanto mas les conoces más les sacas. Gassman era el más inteligente, opinaba. Mastroianni fue candidato al Oscar por esa película y la película a la estatuilla al mejor filme de habla no inglesa, premio al que aspiraron trabajos de Scola en otras cuatro ocasiones.

En los años ochenta y noventa siguió con su mirada a la historia y a Italia a través de personajes muy humanos y a menudo anónimos. La Noche de Varennes, Macaroni, La familia, Splendor, ¿Qué hora es?, Mario, María y Mario, La cena y en 2001, Competencia desleal. En 2003 pareció despedirse con Gente de Roma, con la que subrayó la importancia de esa ciudad en su vida y en su carrera. Pero faltaba la despedida, una década después, a su amigo Fellini. Con humos y admiración aseguraba que el recuerdo imperecedero “es una fuga que se les permite solo a los grandes,Maquiavelo, Leopardi, Fellini…Solo ellos consiguen huir de la muerte, refugiándose en la inmortalidad”.
Desde anoche, junto a esa pléyade, ríe también Ettore Scola..

Carlos R. Oroño con la colaboración periodística de Gregorio Belinchón (20/01/2016)

Georgina Torello y “El pequeño héroe del arroyo del Oro” (Álvaro Sanjurjo Toucón).

Georgina Torello y “El pequeño héroe del arroyo del Oro”
Aunque pueda parecer un acto de vanidad, para referirnos a una importante comprobación de la periodista e investigadora Georgina Torello, debemos comenzar mencionando nuestro reciente libro “Los programas hablan”. Allí se dice: “Mayoritariamente, se ha coincidido en señalar 1929 como año de producción de El pequeño héroe del arroyo del Oro, hay quienes sostienen, de acuerdo a referencias en la prensa de la época, que sería de 1932. Una incógnita a dilucidar.”

En la edición de “la diaria” del jueves 24 de diciembre de 2015, Torello, al reseñar el libro, señala que nuestra cita es “es muestra de varios mecanismos. Para empezar, de lo que podríamos pensar como una historia “oficial” instalada que, sin discutir el origen de las fuentes citadas, construye una red de citas recíprocas cuyo origen se pierde en el tiempo, funcionando sin datos comprobables (el “mayoritariamente” no supone la existencia de diferentes documentos, sino la datación a posteriori del film y, a partir de ella, una cadena de reiteraciones del dato).”

Efectivamente así ocurre, y tuvimos ocasión de comprobarlo cuando, años atrás, al investigar acerca de la real ubicación del “Salón Rouge”, nuestra primera sala cinematográfica, comprobamos que diversos autores simplemente se repetían unos a otros, no haciendo más que ratificar un error sin investigar acerca de la veracidad del dato.

Torello señala nuestra duda respecto a la fecha de producción de El pequeño héroe del arroyo del Oro, a la vez que despeja la incógnita con una rotunda prueba que merece destaque, y no puede dejarse como mera referencia en la reseña de nuestro libro.

Manifiesta Torello, que con motivo de sus investigaciones sobre cine silente en el Uruguay, está directamente involucrada en el asunto, y que en lo relacionado con la fecha de producción del film en cuestión, “Tres tipos de fuentes indican, sin ambigüedades, que la película de Carlos Alonso es de 1932. La cobertura en la prensa de la época es la más inmediata (por ejemplo, el 15 de marzo de 1932 se anuncia en El País la exhibición privada de la película, un tipo de proyección usualmente realizada antes del estreno en cines comerciales), y es corroborada por los primeros programas de mano conservados (de 1932 o posteriores, como el que aparece en Los programas hablan). La segunda es de carácter bibliográfico: la publicación Monumento al Pequeño Dionisio. Iniciativa del departamento de Treinta y Tres por moción del ex edil Carlos Alonso (1953), en la que aparece una amplia cobertura de las proyecciones en todo el país, iniciadas en 1932. Y, por último, una entrevista con Hilda Quinteros, que era bebé cuando interpretó en ese film a Marina Ramos Díaz, la hermana salvada por el pequeño héroe. En 2011 Quinteros, hoy fallecida, me contó generosamente lo que su madre le había relatado de la filmación y confirmó aquello que las otras fuentes gritaban desde hacía tiempo: nacida en noviembre de 1930, cuando interpretó el personaje -me dijo- tenía un año y medio.”      

Si bien las dos primeras fuentes parecen sobradamente concretas sobre la fecha en discusión, puede hallarse en ellas un pequeño sitial para la controversia, en tanto la tercera, se corrobora con la documentación existente acerca del nacimiento de la pequeña actriz.

De esta manera, el cine nacional (exhibición y realización) posee información indiscutible respecto a que el “Salón Rouge” funcionó en uno de los salones comerciales (el situado en el extremo oeste) del edifico, aún existente, ubicado en el Padrón 3060, sito en la calle 25 de Mayo, entre Zabala y Misiones; y que el film El pequeño héroe del arroyo del Oro, fue rodado en 1932.

Dos importantes confirmaciones a no olvidar.

Álvaro Sanjurjo Toucón (06/01/2016)

“En primera plana” (Paula Montes).


Inteligente, rigurosa investigación periodística.

Internet se ha vuelto la gran conspiradora del llamado y muy loable periodismo de investigación, que se hacía otrora, como el de los periodistas que exhumaron, expusieron el escándalo de Watergate, que se plasmara en el oscarizado film de Alan J. Pakula de 1976, titulado Todos los hombres del Presidente.

En primera plana, un film dirigido y guionado por Tom MCarthy, que se basa en hechos reales, tiene como tema la urticante investigación llevada a cabo de forma coral, por un grupo de periodistas pertenecientes a “The Boston Globe”, sobre el abuso sexual practicado a niños, adolescentes, por alrededor de noventa sacerdotes, pertenecientes a la Iglesia Católica, en la muy católica ciudad de Boston, en los Estados Unidos.

Este servicio investigativo-periodístico, fue premiado con el otorgamiento del Pulitzer en 2003, y el opus del director McCarthy, está nominado a seis de los premios Oscar otorgados por la Academia: película, dirección, libreto, montaje, actor y actriz de reparto.

Con un elenco de primera línea, integrado por Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel Mc Adams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, – entre otros -, el film va sorteando los obstáculos, interpuestos a una serie de periodistas, que desde una sección del Boston Globe, denominada Spotlight, – ubicada en el sótano escondido, casi secreto de la redacción -, hacia el 2001 fueron propuestos por Martin Baron, el nuevo director jefe, de origen judío, para investigar la pedofilia ejercida por muchos sacerdotes, párrocos, ministros de la Iglesia, durante décadas, de forma impune, puesto que la Institución, la Arquidiócesis, al más alto grado, a nivel cardenalicio, en las superiores esferas religiosas, político-sociales, legales, ejercía una enérgica protección de los curas victimarios. Así a los hacedores de los escarnios, los trasladaban de diócesis infinitamente, los ponían en supuestos “centros” de tratamientos, y/o de rehabilitación psiquiátricos, hacían desaparecer cualquier tipo de documentación que avalara estos hechos impúdicos, aberrantes, ominosos, denunciados a la “justicia” por algunas víctimas, sin ninguna fortuna. No hay más que detenerse en los encuentros que tiene la troupe periodística, con el reticente, satánico abogado de la Curia, en el contexto de esta maraña laberíntica, tentacular, “kafkiana”.

Las víctimas de los abusos pertenecían en general a la clase baja, provenían de hogares destruidos, y en el devenir fílmico se ven imágenes de “sobrevivientes”, que han caído en la alienación del alcohol, y/o de la drogadicción, o en la muerte elegida; en la incapacidad de poder superar las secuelas, los traumatismos ocasionados a sus personas, sin ninguna ayuda de tipo psicológico o moral.

Hay una escena patética de un agonista, que llega a plantear la descreencia de que las acciones del periodismo, se atrevan a cuestionar a fondo, a las autoridades eclesiásticas y demás, a sacar a luz las perversidades, para así poner algún freno a la continuidad de tales autoritarias, poderosas arbitrariedades, en red.

Sin embargo los reporteros explanan una dura lucha, – hay valiosísimas entrevistas a víctimas que explicitan sus relatos, quedando fuera de campo las imágenes violentas, aberrantes, también hay insistencias varias de otros agonistas claves en cuanto a la revelación de las verdades ocultadas, encubiertas, respecto de ciertos personajes -. Realizan estudios minuciosos de “guías diocesanas”, de diarios de la época, guardados en sobres de manila, y un largo etcétera. También hay miedo frente a la fuerza de los manipuladores, de los corruptos poderes establecidos. Pero también hay valentía, frente a las insinuaciones de abandonar la tarea de revelación.

La imagen final de los diarios que se están imprimiendo, con la buena noticia del triunfo de la verdad, que llegase a desatar una gran crisis en la Iglesia Católica bostoniana, y en las instituciones eclesiásticas del mundo entero, que comenzaron a poner la mirada más austera, atenta, crítica, sobre estos hechos deleznables, monstruosos, que hasta entonces consecuentemente habían sido soterrados, no deja de ser gloriosa y heroica.

Valdría la pena que En primera plana, fuera la gran ganadora de la noche del Oscar, o se tuviera en cuenta en alguno de sus rubros, para los cuales ha sido nominada. Es una apuesta por la verdad, la vida de seres inocentes, desvalidos, en crecimiento, y por el equipo periodístico que consiguió llegar a “estos resultados asombrosos”. Spotlight, el faro metafórico giratorio, la unidad de investigación, ha señalado con su luz y tenacidad las complicidades abisales de lo siniestro.

Basta pensar en el párroco del suburbio de Weston, John Geoghan, que llegó a abusar de más de 100 niños, para que esta película de denuncia institucional, recoja el galardón de mejor película, y así el tema de la pederastia encubierta, tratado en el thriller dramático con gran solvencia, dosificación y una ética mayor, logre dar la vuelta al mundo.

“En primera plana” (Spotlight), Estados Unidos, 2015. Dirección: Thomas McCarthy. Guión: Thomas McCarthy, Josh Singer. Música: Howard Shore. Fotografía: Masanobu Takayanagi. Elenco: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, Neal Huff, Brian D’Arcy James.

Paula Montes (02/02/2016)

“Un gran dinosaurio” (Gonzalo Palermo).

Un gran dinosaurio
La grandeza de lo clásico.

La premisa es una ucronía: el asteroide que hace 65 millones de años habría extinguido a la mayoría de los dinosaurios no impactó con la Tierra y siguió de largo. Como resultado, aquellos gigantes siguieron evolucionando hasta cruzarse con una especie no tan evolucionada bastante parecida a los humanos. En este marco, Un gran dinosaurio (dirigida por Peter Sohn) se centra en una familia de Apatosaurus, el nacimiento de tres hermanos, la vida diaria de cultivos y riegos y demás componentes de un retrato con toques de humor.

Lo primero que salta a la vista es un impactante apartado visual. Un gran dinosaurio es probablemente la película de Disney/Pixar visualmente más espectacular. Nunca antes se vio, en animación, un nivel como este, desde el diseño de personajes a los paisajes, pasando por las texturas de los planos detalle (hasta el siempre molesto 3D puede servir de algo en un par de momentos). Hay, además, un puñado de momentos visualmente muy poéticos.

Ese –el estético- es el gran paso de dinosaurio de esta película. Lo segundo es el diseño de algunos personajes: el protagonista tiene las cuotas justas de encanto y fracaso (el solitario pero adorable héroe en la línea Wall-E) y se cruza, en una suerte de recorrido típico del western clásico, con un puñado de personajes atrapantes cada uno a su manera. Se destacan un triceratops y, desde ya, el niño-perro que lo sigue durante todo el relato y que nos pone a pensar, al final, en quién es más dinosaurio, si el humano o el propio dinosaurio.

Pero, ¿qué pasa con la historia? Si comparamos a esta con la otra apuesta de Pixar del 2015, Intensa-Mente, podemos decir sin dudar que no tiene ni por asomo las sutilezas narrativas, la ironía y las ocurrencias de aquella, pero, desde ya, no apuesta a eso. Un gran dinosaurio va en un plano más directo: su historia sale directamente desde el manual de guión de Pixar (no sorprende pero funciona, siempre) y sus golpes son más emotivos y directos. Hay un par de excepciones bienvenidas: los villanos de turno (más sangrientos de lo que se espera) y una breve escena alucinógena que funciona a todo nivel. El que espere una película “infantil” y “sin tristezas” –si es que acaso, y lamentablemente, sigue existiendo tal persona- va a salir bastante espantado después de 100 minutos de aventuras, tristezas, caídas y resurgimientos.

“Un gran dinosaurio” (A Good Dinosaur). Director: Peter Sohn. Guión: Meg LeFauve (Historia: Peter Sohn, Erik Benson, Meg LeFauve, Kelsey Mann, Bob Peterson). Género: Animación. Duración: 100 minutos.

Gonzalo Palermo (El País, 26/12/2015)

“Mi madre” (Hugo Acevedo).

Mia madre
El drama y el compromiso social.

La compleja conjunción entre el cine de denuncia social que disfraza la realidad de ficción con un desgarrador drama familiar de impronta existencialista, es la desafiante propuesta de Mí madre, el nuevo opus del talentoso realizador italiano Nanni Moretti.

Esta es una película contundentemente conmovedora, en la medida que plantea dos situaciones extremas que discurren en forma simultánea: el trauma de los obreros de una fábrica que corren el riesgo de perder su fuente laboral y la enfermedad terminal de una anciana.

El personaje femenino que articula ambas situaciones es Margherita (Margherita Buy), una directora de cine que rueda un film sobre una empresa italiana adquirida por inversores norteamericanos, que se propone realizar una profunda reestructura de su plantilla laboral.

Como sucede en estos casos, habrá masivos despidos, tensión, resistencia y angustia colectiva, acorde a las reglas de un mercado implacable y carente de las adecuadas regulaciones.

Este es precisamente el disparador temático de una ficción cinematográfica que demanda todo el compromiso de su autora, en la medida que constituye un auténtico espejo de cuadros demasiado frecuentes en el modelo capitalista concentrador.

Así lo asume la protagonista, quien simultáneamente debe lidiar con una madre enferma en tránsito hacia la muerte, una conflictiva hija adolescente y una pareja en crisis.

Con estos componentes, Nanni Moretti elabora un drama de impronta intimista y de acento si se quiere autobiográfico, en tanto evoca el fallecimiento de su propia madre mientras estaba rondando Habemus Papa.

No en vano el director se reserva un papel cercano al núcleo del conflicto, encarnando a Giovanni, el hermano de la inquieta realizadora.

Empero, al rodaje de la película –ya de por sí complejo- y a la enfermedad de su progenitora, se suma el desafío de interactuar con Barry Huggins (John Turturro), el actor norteamericano de origen italiano que protagonizará este film testimonial.

En efecto, además de profesar un divismo cuasi patológico propio de la peor tradición narcisista de Hollywood, el intérprete tiene enormes dificultades para adaptarse a las pautas de la propuesta cinematográfica.

Por supuesto, todas estas situaciones condicionan a la directora, quien carece de la indispensable paz espiritual para encarar un proyecto artístico de esta naturaleza.

Para ella, la película no es por supuesto una propuesta de neto corte comercial, sino asumir el compromiso de denunciar situaciones que impactan tanto a los países centrales como a los periféricos.

Transformada en una suerte de alter ego femenino del propio Moretti, la cineasta otorga un real sentido a su vida, que está jaqueada por una peripecia personal amarga y desencantada.

Es claro que la propia voz de Moretti se expresa a través de la de su colega de ficción, quien profesa los mismos valores humanistas del creador de Caro diario (1993), Abril (1998) y La habitación del hijo (2001), entre otros recordados títulos de su prolífica y significativa producción cinematográfica.

Más allá de su mero desarrollo temático y argumental -que discurre en varios planos paralelos- esta obra es un verdadero ejemplo de cómo se puede insertar el cine dentro del propio cine.

Si bien el formato no resulta totalmente novedoso, el diferencial lo otorga la sabiduría y la sensibilidad de un creador con mayúscula como Nanni Moretti.

En ese contexto, el relato confronta la realidad -que es la traumática experiencia existencial de la propia protagonista- con la ficción, que, en este caso concreto, no está para nada ajena a la propia realidad.

Esta dicotomía genera en la atribulada Margherita una suerte de múltiple personalidad, ya que es, a la vez, directora y actriz de su propio drama familiar.

Ello corrobora que el cine, cuando asume rasgos testimoniales y se involucra como corresponde con temas realmente trascendentes, es una suerte de retrato de la propia vida.

Empero, corroborando que la peripecia del ser humano es también una comedia, Nanni Moretti imprime a su película algunos apuntes humorísticos, que corren por cuenta del delirante personaje encarnado por el monumental John Turturro.

Mí madre es un drama realmente conmovedor y en el buen sentido políticamente correcto, que reflexiona en profundidad sobre el cine, la economía, los conflictos familiares, el amor y la muerte.

Es también una suerte de velado autorretrato de su propio creador, quien imprime a sus personajes toda su carga emotiva y los erige en voceros de la pasión y el compromiso que ha caracterizado a toda su obra.

“Mi madre” (Mía madre). Italia-Francia2015. Dirección: Nanni Moretti Guión: Nanni Moretti, Francesco Piccolo y Valia Santilla. Fotografía: Arnaldo Catinari. Edición: Clelio Benevento. Reparto: Margherita Buy, John Turturro, Giulia Lazzarini, Nanni Moretti, Beatrice Mancini, Stefano Abbati, Enrico Ianniello y Anna Belato.

Hugo Acevedo (Revista Onda Digital, 14/12/2015)

“En la mente del asesino” (Álvaro Sanjurjo Toucón).

En la mente del asesino

El colega bueno del Dr. Lecter.

Las lascivas miradas que el Dr. Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), debidamente contenido por un bozal y cadenas, lanza muy justificadamente a una provocativa Jode Foster en El silencio de los inocentes, hicieron del actor una suerte de especialista en individuos diabólicos y/o con poderes sobrenaturales que signarán su extensa trayectoria.

En En la mente del asesino, Hopkins (también productor), interpreta al Dr. John Clancy, un buen hombre que colabora con el FBI en su intento por descubrir a un asesino en serie. Ocurre que Clancy posee poderes paranormales, los cuales, entre otras cosas, le permiten conocer vida y milagros, pasados y futuros, de quienes se hallan a su alrededor, ya se encuentren vivos o muertos.

Semejantes dotes, y a pedido de parte interesada, serán puestas al servicio de una pareja (hombre y mujer), de investigadores del FBI. La investigación, que se inicia de forma muy similar a la de un rutinario “thriller”, provoca un alud de imágenes en la mente de Clancy. Por allí pasan toda clase de conflictos vinculados con las víctimas, sus familias otros seres vivos y muertos, y también con los investigadores del FBI. Lo que permite a la realización transitar el melodrama, la historia “audaz”, con ligeros toques “light” de homosexualidad y heterosexualidad, el cine policial, desde luego, y otros géneros.

Buscando el toque culto, las caprichosas y mal resueltas vueltas de tuerca, incluyen semejanzas entre cuanto aquí acontece y la ópera “La Boheme” (para regocijo de melómanas se incluye el aria “Che gélida manina). Se sabe, que los manuales para elaboración de guiones utilizados por el cine comercial estadounidense, aconsejan determinados porcentajes de elementos favorecedores de la atención del espectador. Cumpliendo esos requisitos, no falta la persecución automovilística y la imprescindible dosis de tenue y constante erotismo, adecuadamente resuelto con la blusa de la blonda actriz Abbie Cornish, dos talles menores al que corresponde y todo a lo largo del film.

El director es el brasileño Afonso Poyart (1979), procedente del cine publicitario. Anthony Hopkins, es, por voluntad propia, fagocitado una vez más, por su estereotipado personaje.

Cumpliendo con la cuota de trascendentalismo de consumo rápido, el soporífero film es rematado con pretenciosos planteos acerca de dios y la moral.

“En la mente del asesino” (Solace). EE.UU. 2015. Dir.: Afonso Poyart. Con: Abbie Cornish, Anhony Hopkins, Colin Farrel, Jeffrey Dean Morgan.

Álvaro Sanjurjo Toucón (Semanario Crónicas, 29/01/2016)

“Star Wars: El despertar de la fuerza” (Mathías Dávalos).

Star Wars

Y la nave va.

Episodio VII: El despertar de la Fuerza es la primera parte de una tercera trilogía de la saga Star Wars creada por George Lucas. Un episodio de tránsito, una realización que busca afirmarse dentro de la gran historia narrada en las dos previas trilogías (Episodios IV, V, y VI, 1977-1983; Episodios I, II y III, 1999-2005) y que existe entre dos variables constantes del argumento esencial de la saga: el inexorable paso del tiempo y la lucha entre el bien y el mal. Todo en una galaxia muy, muy lejana. Han pasado unos treinta años desde lo ocurrido en El regreso del Jedi (Episodio VI, Richard Marquand, 1983). Luke Skywalker es un fugitivo, el último Jedi, héroe de la Resistencia, y lo persiguen las fuerzas de la Primera Orden.

Asimismo, como prioridad en su acción inicial de continuidad narrativa, el film expone la introducción y formación de nuevos personajes. Un proceso de transformación de cuerpo y alma de éstos con vistas a futuro, alejado de la trilogía de los Episodios I, II y III, precuela limitada en el tiempo y de menor factura que la inicial (audiovisual por su abuso en la animación digital, dejando detrás lo “artesanal” de su antecesora, y mucho más pobre en el desarrollo de sus diferentes y por momentos caóticos conflictos ante el argumento primario). En este Episodio VII estos nuevos personajes cuentan con fuertes lazos con otros de la primera trilogía (Episodios IV, V y VI). Aquí los de mayor desarrollo son dos jóvenes: Kylo Ren, alto miembro del ejército de la Primera Orden, y Rey, chatarrera del planeta desértico Jakku.

El antagonismo que se expresan estos dos personajes a su vez genera un aura de atracción mutua. Lo expresan sus miradas cara a cara, con énfasis de Abrams en los primeros planos. No es un vínculo sentimental o amoroso, sino que, en esta búsqueda del contraste entre dos sujetos con distintas finalidades, recuerda con reiteración una clásica presencia melodramática de Disney en esta nueva Guerra de las Galaxias. Kylo Ren y Rey son interpretados por Adam Driver y Daisy Ridley respectivamente, quienes muestran lo mejor de sus actuaciones en las escenas que comparten o en soledad. No con terceros.

Kylo Ren se debe, directa e indirectamente, a dos referentes de su vida. Uno es a quien sucede, Darth Vader, mítico líder del Imperio de la primera trilogía. Esta es una figura que lo obsesiona desde su vestimenta hasta sus confesiones más íntimas. Su otro referente de peso es una de las mayores sorpresas de la película. Por otra parte, Kylo rinde cuentas a Snoke, líder supremo de la Primera Orden y personaje heredero del Emperador Palpatine de la primera trilogía Star Wars, con un llamativo parecido a Lord Voldemort (villano de la saga de las películas de Harry Potter, 2001-2011). Kylo, en su característica de representante del Mal y en su ambición de líder y de tomar responsabilidades, evoca una concepción del personaje shakespeareano, entre la meditación del individuo y los designios del Ser (Hamlet), y el acto clave del poder: la ejecución (Ricardo III).

Por su parte, la actriz Daisy Ridley es pura expresión como Rey, llamada a tener un papel destacado en la Resistencia ante la opresión de los invasores. Una interpretación certera, física y fotogénica con gestos que siempre expresan inquietud. Revela con claridad que su personaje también está en busca de un mentor. Los personajes de Kylo y Rey nos recuerdan su búsqueda de madurez a través de la experiencia. Es lo que a fin de cuentas los mueve, lo sepan o no.

En la historia hay otro personaje, también joven, que acompaña a la chatarrera Rey en su camino. Finn, el stormtrooper desertor, interpretado por John Boyega, que por momentos roza lo insoportable en un papel de bufón o como una especie de Sancho Panza intoxicado (o, siguiendo con la presencia de Disney en la nueva historia, como un irrisoria mezcla entre los carismáticos Timón y Pumba de El rey león -1994-). No se destaca en los recurrentes gags y en el elemento de humor e ironía que le atribuye el guion escrito a varias manos de Lawrence Kasdan, Abrams y Michael Arndt, heredero particularmente de la primera trilogía iniciada con Una nueva esperanza (Episodio IV, George Lucas, 1977). El veterano Kasdan fue, junto con Lucas, el guionista de las dos primeras secuelas de Star Wars (Episodio V y VI).

No tan joven, y con poco peso en la historia, aparece Poe Dameron, piloto de la Resistencia. Interpretado por un talentoso actor en crecimiento como Oscar Isaac (El año más violento; Show Me A Hero), para las pocas escenas en las que participa en 135′ de metraje resulta un desperdicio.

A medida que avanza la película, Abrams comienza a deambular entre este “puente” de continuidad (que inicia con un notable gran plano general a una nave) y la idea de retomar la saga con una acumulación de referencias que pueden llevar a pensar al espectador si El despertar… no busca ser finalmente una remake total de la saga de ciencia ficción más popular que ha dado el cine. Un reto de ambición ante el paso del tiempo. Dos ejemplos evidentes: la inclusión de la escena en un antro que, sin sorpresas, recuerda la aparición de Han Solo en la cantina de Mos Eisley de la primera película; la presentación de un robot BB-8, sin decidirse en dejar en el pasado al histórico R2-D2. De todos modos, por su forma de narrar, Abrams, devoto heredero de Steven Spielberg desde sus series de televisión Alias y Lost, y ni que hablar con sus películas Star Trek y Super 8, conoce el factor de espectáculo extraordinario que requiere una maquinaria como Star Wars. El vertiginoso trabajo de montaje de Maryann Brandon y Mary Jo Markey, la cálida y colorida fotografía de Daniel Mindel (que rescata principalmente las influencias del western en el Episodio IV, Una nueva esperanza), y especialmente la presencia de la siempre magnífica música original de John Williams, funcionan en el cometido del director. Acción, aventuras, efectos especiales de avanzada, fantasía y comedia, esta última en la que en el guion del trío Kasdan-Abrams-Arndt se descansa en demasía, pero con acierto a fin de cuentas, en una figura como la del veterano Harrison Ford en el papel del rebelde cowboy del espacio Han Solo, siempre acompañado por el inefable Chewbacca (Peter Mayhew, a sus 71 años) y el Halcón Milenario. Por otro lado, los guionistas limitan dentro de la trama a un personaje predominante en la historia desde un comienzo: la princesa Leia, interpretada por Carrie Fisher. Otro desperdicio.

Con los créditos finales y el sonido de “La Marcha Imperial” de esta primera entrega de una nueva trilogía, Abrams ha apelado a lo fundamental: cumplir con el entretenimiento y no salirse de la línea de una mitología fuertemente estructurada con su gama de paisajes, diseños, construcciones, armamento, idiomas, criaturas y personajes arquetípicos. Un paso con cautela ante una nueva generación de espectadores y posibles fanáticos, sin jamás dejar de lado un aura de nostalgia. La importancia de una religión que supera lo audiovisual y que abarca desde seguidores cautos hasta groupies insoportables. En El despertar… el director prescindió de la densidad dramática que pueden llegar a dar los personajes de la historia, que encontrara su máxima expresión en la película más completa y compleja de la saga: El Imperio contraataca (Episodio IV, Irvin Kershner, 1980).

Sin Lucas como líder incuestionable del proyecto, una vez que en 2012 le vendió los derechos de su máxima obra a Disney, solo queda esperar que a Abrams y al resto del equipo la Fuerza los acompañe. Y la nave va: según el plan, Rian Johnson dirigirá el Episodio VIII y Colin Trevorrow el IX.

“Star Wars: El despertar de la Fuerza” (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens). Dirección: J.J. Abrams. Guion: Lawrence Kasdan, J.J. Abrams y Michael Arndt. Música: John Williams. Fotografía: Daniel Mindel. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Elenco: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Harrison Ford, Carrie Fisher, Peter Mayhew, Lupita Nyong’o, Max von Sydow. Duración: 135 minutos. 2015.

Mathías Dávalos (uypress.com, 21/12/2015)

“Puente de espías” (Guilherme de Alencar Pinto)

Puente de espías
Ver una película de Steven Spielberg tiene algo similar a asistir una banda de roqueros viejos, pongamos, como las que suelen acompañar a Ringo Starr (o, ya que estamos, los Rolling Stones): no sé si ésa es la música con la que pasaría la mayor parte de mi vida, pero me suele dar el placer gigante y trascendental de reencontrarme con una tradición querible y que, al menos en ese pequeño nicho, vive.

Ello se da en esta película en forma especial, porque aquí se casan muchas cosas: el tratamiento se puede asociar con la época en que transcurre la historia (durante la Guerra Fría, hacia 1960), y porque Spielberg suele lidiar especialmente bien con ese tipo de ámbito esencialmente masculino y que se concentra en cuestiones éticas antes que psicológicas o existenciales. También le cae muy bien ese tipo de saga en que un hombre más o menos común se ve metido en un lío de alcance internacional y termina haciendo un gran aporte gracias a su entereza moral. Aunque el tratamiento señala las incertidumbres y el laberinto de engaños mutuos que impregnan el mundo del espionaje internacional, esa incertidumbre no toma posesión de la película misma (como ocurría, por ejemplo, con El topo), sino que preserva puntos de apoyo en certezas sólidas. El guión es el más clásico imaginable, de esos en que cada detallecito que vemos va a servir para algo (va a ser un dato clave en la anécdota o si no va a servir para intensificar la poética de algún momento dramático). Fue concebido por Matt Charman, pero luego fue retrabajado por los hermanos Coen, que figuran como coautores.

Una de las cosas notables es cuánto reposa la narrativa en imágenes poderosas. Hay una cantidad de planos impactantes en su combinación de grafismo y de contenido anecdótico: los cuatro hombres expectantes alrededor del teléfono que suena, toda la secuencia nocturna en la lluvia, el travelling por el piso repleto de lamparitas quemadas de los flashes de los fotógrafos, el plano de establecimiento para el intercambio de espías en el puente del título (la secuencia fue filmada en el mismo puente Glienicke, en Berlín, en que ocurrió el hecho histórico en que está basada la película). Algunos planos derivan de imágenes emblemáticas que son más o menos de la época en que transcurre la anécdota: el jeep sin techo acercándose al avión U-2 es casi la tapa de Objetivo: la luna(1953), de Tintín. Y el increíble plano inicial, que empieza con una imagen de Rudolf Abel reflejada en un espejo y la cámara retrocede, mostrándonos al Abel propiamente dicho que se está mirando para pintar su auto-retrato, que finalmente entra en campo también: esa imagen triple (el pintor, su reflejo, su retrato) se vincula con el famoso cuadro de Norman Rockwell, Triple Self Portrait (1960), y es vagamente simbólica para un personaje que es un espía soviético en los Estados Unidos, que se hace pasar por otra cosa, cuyo conocimiento debe atravesar una compleja madeja de mentiras y de prejuicios.

Hay varias otras imágenes cargadas de simbolismo, como cuando Abel relata a Donovan la anécdota de la arpista, que se vincula con un ángel. En ese momento, la luz muy difusa que procede de la ventana al fondo parece bañar a Donovan en luz mágica, debidamente pronunciada por la música incidental celestial. Es parte del estilo de la película la presencia en varios planos de puntos de luz, siempre difusos, hacia el fondo. Por supuesto, todo fue rodado en fílmico, con su definición, su latitud, su textura particular y esos azulones fuertes que emulan el Technicolor y que aparecen en las secuencias en Estados Unidos. Aparte de la calidad fotográfica, la película impacta visualmente también por el detallismo excepcional de la reconstitución de época, basada en objetos, extras, escenografías construidas en los gigantescos estudios de Babelsberg, y locaciones “maquilladas”. Es decir, casi no se usaron efectos digitales, son los mismos recursos con los que se hizo, por ejemplo, El imperio del sol(1987). Varias de estas escenas deben haber tenido un costo no muy distinto del que se suele verter en batallas intergalácticas o tsunamis digitales, pero empleados para algo mucho más humilde, pero por eso mismo, en sus propios términos, más perfecto. Claro, la película está realizada por alguien que no se hace demasiado problema con ganar o perder unos milloncitos más o menos, porque total, luego Spielberg va y produce películas dirigidas por Michael Bay con sus continuos fuegos artificiales digitales y gana un platal con ellas: acá se da el lujoso gusto de hacer lo suyo, a su conservadora manera.

Buena parte de ese efecto visual está obtenido con base en que la mayoría de los planos muestran tipos humanos fuertes, netamente recortados: el policía veterano de Omaha Beach protestando contra la defensa del espía ruso, el juez gruñón y anticomunista, la elegante, viejita y algo consternada esposa del mismo juez, el comandante militar mandón de la misión de espionajes con los U-2. En el centro de todo está el rostro siempre expresivo y simpático de Tom Hanks como Donovan, el abogado de seguros que de pronto se ve involucrado en la impopular tarea de defender a un espía soviético en plena época de pánico nuclear. Sabiendo que ese rol va a suscitar la indignación de la masa de público que quiere ver al espía electrocutado o ahorcado, Donovan agarra la tarea en forma resignada, simplemente en nombre de la noción judicial genérica de que todo reo se merece la mejor defensa posible. Pero luego, el vínculo con Abel gana en profundidad en la medida en que Donovan empieza a constatar la cuota de honradez, firmeza, humanidad y sinceridad de ese hombre, y en la medida también en que se ve acosado por la presión diametralmente opuesta —ejercida por la CIA, la población en general e incluso el sistema jurídico— para sortear los formalismos constitucionales y castigar en la forma más sumaria posible al enemigo capturado.

La fuerza del vínculo con Abel no hubiera sido posible sin el trabajo increíble de Mark Rylance, un gran hombre de teatro shakespeareano (director durante más de un decenio del mismísimo Globe Theatre) que increíblemente nunca había sido llamado para un rol importante en el cine. Sus apariciones de por sí justifican la película. Y eso que, en cierta manera, es como si no hiciera nada, con su personaje apagado, inexpresivo, de alguien habituado a vivir en la penumbra y pasar desapercibido. Y sin embargo, como quien no quiere la cosa, el personaje se va revelando, el vínculo va creciendo, y finalmente desemboca en un momento crucial en la escena clímax, del intercambio del puente Glienicke.

La historia resuena en lo que fue una preocupación muy presente durante la era Bush, y que no perdió su vigencia: los esfuerzos de defensa pueden llevar a olvidar los factores de libertad y democracia que supuestamente se están defendiendo, y cada gesto agresivo que se haga tenderá a rebotar en contra de uno. La historia lidia también con el miedo al “otro”, la xenofobia, el tratamiento debido a los prisioneros y sospechosos extranjeros. En muchos sentidos, esta película está hermanada con Munich(2005). Es más ligera, tiene algún tenue elemento de humor, es menos ambigua, menos amarga, tiene menos violencia física, está más alejada del pesar del 11 de setiembre, tiene un espíritu constructivo, una moraleja más lisa, un sentido de resolución que nos lleva a salir reconfortados y aleccionados del cine. Pero es la versión light de una similar visión del mundo.

Hay dos cosas medio gronchas. Una es la música: el compositor John Williams tuvo un percance de salud y, por primera vez en treinta años, no pudo hacer la banda musical de una película de Spielberg. Convocaron entonces a Thomas Newman, que es otro gran compositor, pero en vez de hacer lo suyo se dedicó a componer “a lo John Williams”, lo cual parece ser, en su concepto, algo así como hacer la música más obvia, más melosa y más llena de clisés que le haya salido, sin tener ni ahí el brillo melódico de su veterano colega. Lo otro malo es el epílogo, que insiste e insiste en retomar escenas recordables de tramos anteriores de la película, pero ahora variados como consecuencia de las acciones heroicas de Donovan.
En algunos casos esos contrastes involucran la diferencia entre un Estados Unidos soleado y con colores relativamente vivos (sobre todo el citado azulón) y un bloque soviético tristísimo y confinado al negro, grises, marrón oscuro, el blanco de la nieve y algún amarillo pálido para las luces artificiales. (En ambos lados de la cortina de hierro, los rojos intensos están casi totalmente reservados para las banderas estadounidense y soviética.) Esa oposición es un clisé, y casi que se podría tomar, en otro contexto, como una actitud cinematográfica en sí misma muy “guerra fría”: el “mundo libre” contra las dictaduras. Y algo de eso hay. Pero en este contexto, cuando Donovan ve a los guachos saltando una reja en Brooklyn y recuerda a los fugitivos intentando saltar el muro de Berlín, está en juego no sólo el contraste positivo para los Estados Unidos, sino también la puesta en cuestión de la posibilidad de que en su paranoia anticomunista (ahora, antiterrorista) los Estados Unidos se convirtieran (se conviertan) en aquello mismo que temía (teme).

“Puente de espías” (Bridge of Spies), dirigida por Steven Spielberg. Con Tom Hanks, Mark Rylance, Scott Shepherd. Estados Unidos, 2015.
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Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 10/11/2015)