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“La ley de la jungla” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Surrealismo, buen humor y del otro

Esta desorbitada y surrealista comedia acerca de funcionario francés al que se encomienda supervisar la instalación de una pista para esquiar en la tórrida selva de la Guayana Francesa, es una jocosa burla a la burocracia pero también a los venerables organismos internacionales a cuyo amparo se cobijan los intereses personales por sobre los nacionales.

Para cumplir su misión, el enviado contará con la asistencia de una (bella) integrante del trajín cotidiano, llamada Tarzán, y ambos se verán sumergidos en peripecias –mayormente selváticas- que en caótico aluvión contiene reideros instantes en los que pueden reconocerse humoradas al estilo de las legendarias “Road to…”, con Bob Hope, de los films de los Hermanos Marx, de Alex de la Iglesia, del Javier Fesser de El milagro de P. Tinto, y otras de gran efectividad, alternando con tontas instancias cercanas a Abbott y Costello. Aunque es curiosa la semejanza con un raro y exitoso film uruguayo cargado también de risas surrealistas y filos políticos: Misión No Oficial.

Su propuesta es tan enloquecida que las frecuentes caídas no molestan.

Vimala Pons aporta lo necesario para erigirse en despojada atracción independiente.

La ley de la jungla” (La loi de la jungle). Francia 2016. Dir.: Antonin Peretjatko. Guión: Antonin Peretjatko y Frédéric Cirez. Con: Vincent Macaigne, Vimala Pons, Mathieu Amalric, Pascual Légitimus.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas)

“Verano 1993” (Pablo Delucis)

Porque llorar

Los fuegos artificiales nos dicen de una celebración. Es la noche de San Juan, y Frida, con sus 7 años y aún en el desconcierto de haber perdido a su madre poco tiempo atrás, contempla todo desde una cierta lejanía. Es que su interés está puesto casi exclusivamente en ese rumor apenas audible que trae los comentarios de los mayores, y en los que de alguna manera entrevé e imagina su futuro. Ni siquiera la pregunta de un amiguito acerca de porque no llora (ese tipo de comentario que proveniente de un niño, puede justificarse por inocencia y/o curiosidad, pero que, si lo hiciera alguien con sólo algunos años más, podríamos hablar de maldad lisa y llana) logra cambiar su ánimo y su atención.

Y efectivamente, en esas conversaciones entre abuelos, tíos y primos, se estaba definiendo que la niña abandonaría la bulliciosa Barcelona en la que vivía con sus abuelos, para trasladarse a una zona rural de Cataluña donde la esperarían su tío, hermano de su madre, junto a su esposa y Anna, la hija de la pareja, unos pocos años menor que Frida. En primera instancia esto no parece alterarla demasiado; hasta en su postura en el auto en el que viaja, de dar la espalda casi inmediatamente al coro que la despedía para mirar hacia adelante, se percibe además de la lógica inquietud, cierto grado de esperanza. Estos sutiles, pero a la vez intensos primeros 5 minutos, adelantan lo que veremos en el resto del filme. Los ojos y oídos del espectador serán los de Frida. Todo lo veremos con su mirada y de una forma casi literal, ya que la cámara se posa generalmente a la altura de sus ojos y lo que ellos no captan o sus oídos no oyen, quedará casi siempre fuera de plano o con algún recorte muy parcial.

Carla Simón presenta con esta película su ópera prima y las referencias autobiográficas son muy claras. Cuando tenía 4 años, su padre muere de sida y dos años más tarde pasa lo mismo con su madre. Es en el verano de 1993 que se da todo lo narrado en el principio de este comentario.

El cine español tiene dos referencias muy claras al momento de contar historias que parten desde la mirada infantil en relación al tema de la muerte como algo tangible y de la toma de conciencia de que es algo que también puede pasarle a su entorno más querible y cercano. Ellas son El espíritu de la colmena (Víctor Erice-1973) y Cría Cuervos (Carlos Saura-1975), las dos protagonizadas por la niña Ana Torrent a sus 7 y 9 años respectivamente.

Esta película presenta el tema partiendo de dos premisas ante las que no claudica y que son uno de los muchos puntos fuertes del relato. La sencillez y la honestidad. Todo lo que Frida va viviendo y sintiendo, está mostrado con una imponente naturalidad, y no es una contradicción. Su duelo, la forma en que recuerda a su madre, sus dificultades de adaptación a una nueva familia que le brinda amor y contención, pero que por momentos involuntariamente le hace sentir que es la recién llegada y hasta en sus pequeños caprichos, algún enojo y hasta alguna mezquindad, no se recurre a golpes bajos ni al melodrama, sino que parten desde la más pura lógica del comportamiento infantil.

Esta vez, ese comportamiento no se muestra desde el tantas veces estereotipado y empalagoso tono que suele asemejar impunemente la conducta infantil con una especie de tontería un poco disimulada. Hay mucha profundidad en el sentir y devenir de Frida, y aquí lo más notable: esa profundidad no carece en absoluto de frescura y espontaneidad. El ejemplo mayor está en el entrañable, aunque no idealizado vínculo que se genera entre Frida y su primita Anna. Este punto merece una mención especial. Las actuaciones de Laia Artigas y Paula Robles – 7 y 4 años respectivamente – no hay forma de describirlas. Son de ese tipo de cosas que un comentario acerca de una película no puede llegar a describir, ya que solo se puede tener una idea viendo y sintiendo la película. Lo que sí se puede, es imaginar el trabajo y la paciencia de la directora y su equipo para lograr lo que se ve desde la pantalla. En este rubro, los roles de los adultos, en especial de David Verdaguer y Bruna Cusí, como los padres adoptivos de Frida, también rayan la excelencia.

El cine muchas veces nos enfrenta a nuestros sentimientos más primitivos. Esta obra de arte, lo logró – una vez más – con quien escribe esta nota. El final, no lo voy contar, solo señalo que no esperen desenlaces ampulosos ni rimbombantes. Eso sí, siempre en el marco de la naturalidad de la que hablé antes, estamos ante uno de los finales más emocionantes, humanos y liberadores que el cine ha brindado en los últimos años.

Pablo Delucis (Cartelera, 09/06/2018)

“El cuaderno de Sara” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Víctimas de siempre

El cuaderno de Sara, narra venturas y desventuras de una mujer (blanca y rubia), a la búsqueda en regiones selváticas de la convulsionada República del Congo, de una hermana funcionaria de una ONG, de la que carece de noticias.

El film se desarrolla en dos niveles. El primero y central, es la búsqueda emprendida por la valiente y arrojada mujer, deseosa de reparar deteriorados vínculos con la hermana perdida. Meta a alcanzar desplazándose sobre el segundo nivel de la realización, descubriéndonos un país destruido por brutales y violentas luchas intestinas, presencia de tropas de las Naciones Unidas, y variados intereses comerciales de todo origen.

Los obstáculos constantes signan esta búsqueda, a la vez que son invariablemente sorteados con auxilio de personajes europeos, prototipos del hombre malo de buen corazón, y de unos pocos nativos. El melodrama no titubea en irrumpir y el realizador gallego Norberto López Amado mueve el relato con agilidad y soltura, consiguiendo una actualizada aventura africana no demasiado diferente de apolillados films al estilo de Las minas del Rey Salomón (1937) y similares. El pintoresquismo de los pueblos aborígenes de aquellos títulos, es sustituido por las acciones de sangrientos enfrentamientos, secuestros y ancestrales luchas, mostrados a modo de telón de fondo de ese periplo selvático personal en el que parecen confluir la búsqueda del coronel Kurtz en Apocalypse Now, con las vistosas aventuras africanas de antaño.

El conocimiento, aunque superficial, de las fratricidas luchas, el despotismo autóctono, y las presencias de “blancos salvadores” cumplen una bienvenida función informativa.

El cuaderno de Sara” España 2018. Dir.: Norberto López Amado. Guión: Jorge Guerricaecheverría. Con: Belén Rueda, Manolo Cardona, Enrico Lo Verso, Marían Alvarez. Vista en Netflix.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas)

“El soldado desconocido” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

El drama eterno

Para el imaginario uruguayo contemporáneo, Finlandia es UPM y su polémica instalación de plantas fabricantes de celulosa en nuestro país, al igual que hace en China y otras naciones. Los aficionados al basquetbol y los ancianos, seguramente evocarán los Juegos Olímpicos de 1952, de Helsinki, capital de Finlandia, donde la selección uruguaya obtuviera medalla de bronce. Los cinéfilos podrán remitirse al realizador Aki Kaurismaki, y su veintena de films estrenados en Montevideo, sobre un total de ochenta películas sonoras finlandesas que recién irrumpieran en nuestras salas en 1955, con un film de 1953.

La industria papelera permitió a Finlandia otorgar un alto nivel económico social a su población, no obstante debió realizar, hasta comienzos de los años cincuenta, el pago de muy importantes sumas a la URSS como indemnización a consecuencia de la lucha entre ambas naciones en el marco de la II Guerra Mundial, que es el escenario en que transcurre El soldado desconocido.

Habiendo pertenecido a Suecia y posteriormente a la Rusia de los zares, Finlandia se independiza luego de la Revolución de Octubre que da paso a la URSS. No obstante, la complicada situación europea y la división de la población finlandesa entre pro-germanos y pro-soviéticos, da lugar a la intervención soviética en Finlandia, generando dos guerras entre ambas naciones: la “Guerra de Invierno” (1939-1940), y la “Guerra de continuación” (1941-1944) en la que Alemania nazi brindara asistencia militar a quienes enfrentaban al Ejército Rojo.

Väinö Linna (1920-1992), uno de los jóvenes finlandeses que participara en la “Guerra de continuación”, llevó un pormenorizado diario de lo vivido durante el conflicto junto a sus compañeros de armas. En tiempos de paz procuró publicar aquel diario y ante el rechazo de las editoriales lo quemó. Luego en su etapa como escritor, adquirió notoriedad creciente con su tercera novela “Tuntematon Sotilas” (El soldado desconocido), publicada en 1954 y basada en recuerdos provenientes del diario incinerado. Linna manifestó haberse sentido influenciado por Erich María Remarque y su Sin novedad en el frente, a la que conoció a través de la versión cinematográfica de Lewis Milestone, de 1930, pudiendo leer la novela tiempo después.

En tres oportunidades el cine de Finlandia llevó a la pantalla El soldado desconocido, siendo sus realizadores Edvin Laine (en 1955, con estreno montevideano en 1963), Rauni Mollberg (1985) y Aku Louhimies (2017).

Esta tercera versión de Aku Louhimies –no conocemos el original literario- se inscribe en una corriente pacifista y antimilitarista del cine bélico. Su propuesta es sumamente atractiva, ya que prescinde de las motivaciones del conflicto bélico para, a través de las vivencias de unos pocos soldados, volcarse sobre la tragedia colectiva que envuelve a quienes eran pacíficos ciudadanos.

Mientras el enemigo adopta un carácter casi anónimo e invisible, el ocasional aliado alemán es despojado de rasgos humanos, retratándolo brevemente, como producto de quienes se comportan en consonancia con la irracionalidad de la obediencia debida.

El heroísmo es reducido a la solidaridad entre hombres inmersos en un infierno de sangre y fuego en boscosas zonas de la frontera soviética finlandesa. La cámara es convertida en un combatiente más, “prestando sus ojos” a un espectador acosado y estremecido como pocas veces ha logrado el cine. Los pactos, tratados, el honor, las condecoraciones, el patriotismo y otros discursos enmascaradores del valor de la vida, son sustituidos por el miedo, el dolor y la angustia de enfrentar la muerte, en un film cuyo realismo le asemeja a un documental, y su dominio de los tiempos dramáticos trasmite fielmente angustias producidas por masacres que no necesitan del diálogo.

Estos combatientes no son los héroes cargados de gloria del cine bélico hollywoodiano más patriotero, sino víctimas, como mostraran hitos del pacifismo cinematográfico internacional que supieron apuntalar su humanismo con sólidas construcciones fílmicas. Honrosa lista en la que se hallan: Cuatro de infantería (Alemania 1930, de G.W. Pabst), el triptico La condición humana (Japón 1959-1960, de Masaki Kobayashi), La gran ilusión (Francia 1937, de Jean Renoir), La patrulla infernal (EE.UU. 1957, de Stanley Kubrick), Nacido para matar (Gran Bretaña 1984, de Stanley Kubrick), El último día (Bosnia 2001, de Danis Tanovic), Kanal (Polonia 1957, de Andrzej Wajda), Alma de valiente (EE.UU. 1951, de John Huston), Johnny cogió su fusil (EE.UU. 1971, de John Huston), Trampa 22 (EE.UU. 1970, de Mike Nichols), Sin novedad en el frente (EE.UU. 1930, de Lewis Milestone), y un extenso y muy respetable etc. Razones artísticas y humanitarias de lastimosa actualidad, justifican su revisión.

El soldado desconocido” (Tuntematon sotilas). Finlandia 2017. Dir.: Aku Louhimies. Con: Eero Aho, Johannes Holopainen, Jussi Vatanten. Vista en internet.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas)

“Animal” (Hugo Acevedo)

Estados alienados

La radical alienación como violenta respuesta ante las disfuncionalidades de un sistema injusto y las más flagrantes miserias humanas, constituye el potente eje argumental de Animal, el nuevo y removedor film del galardonado realizador argentino Armando Bó jr.

Este es el segundo largometraje del joven cineasta, autor de la promisoria El último Elvis -que fue su ópera prima- y ganador del Oscar al Mejor Guión Original por Birdman (2014), del mexicano y también oscarizado Alejandro González Iñárritu.

Como es notorio, este talentoso director es hijo del actor Víctor Bó y nieto del cineasta Armando Bó, que hace bastante más de medio siglo, sacudió a la pacata sociedad argentina de la época con sus películas de fuerte contenido erótico protagonizadas por la emblemática estrella porno Isabel Sarli.

Empero, el cine de este Armando Bó es diametralmente diferente a de su ilustre abuelo, en tanto indaga en las miserias y las grandezas de la condición humana.

Esa veta si se quiere existencialista está presente por ejemplo en El último Elvis, que es un -tan profundo como sensible- retrato de un personaje pequeño pero con obsesivos delirios de grandeza. No en vano el paradigma de este humilde obrero argentino es nada menos que Elvis Presley, el icónico Rey del Rock and Roll prematuramente fallecido a los 42 años de edad, luego de un proceso de agudo deterioro de su salud física y emocional.

En Animal, Armando Bó jr mixtura el drama con el thriller, en un ejercicio cinematográfico que destaca por sus situaciones extremas, aunque jamás cae en los excesos propios del gastronómico cine de industria.

La película es también una historia de terror psicológico, que trasunta el paulatino proceso de deterioro psíquico de un ser humano enfrentado a una auténtica encrucijada que pone el riesgo nada menos que su propia vida.

El protagonista del relato es Antonio Decoud (Guillermo Francella), un hombre maduro de estilo de vida pequeño burgués, que tiene un empleo muy bien remunerado en un frigorífico y una familia en apariencia ejemplar, integrada por su esposa Susana Decoud (Carla Peterson), tres hijos, un lujoso automóvil, una suculenta cuenta bancaria y una casa confortable de dos plantas emplazada en Mar del Plata.

Todo transcurre con absoluta normalidad para este individuo, que parece haber alcanzado el ideal de felicidad de las familias tipo de clase media, en una sociedad capitalista emergente que le rinde una cuasi religiosa pleitesía al éxito.

Empero, una inesperada patología renal transforma ese apacible presente en un auténtico infierno terrenal, que obliga al protagonista a permanentes sesiones de diálisis.

Ahora, el imperativo es someter al hombre a un transplante, para lo cual se requiere inscribirse en una lista de espera para recibir un riñón o bien conseguir un donante, lo cual no está permitido por la normativa vigente.

En ese contexto, la perversa legislación estatal que condena al enfermo a una tortuosa espera porque la donación privada es ilegal, dispara una tensa situación.

Para colmo de males, el adolescente hijo del protagonista se niega tajantemente a donarle un riñón a su padre e incluso huye despavorido antes de ingresar a la clínica donde debe realizarse los exámenes previos a la intervención quirúrgica.

La idea creativa surgió cuando Armando Bó leyó en un diario que una persona ofrecía una parte de su cuerpo a cambio de conseguir una casa, lo cual constituye una grotesca metáfora de hasta dónde se puede llegar en una situación de necesidad en las sociedades azotadas por las inequidades del sistema de acumulación capitalista.

Ese aviso de prensa, que naturalmente lo conmovió, le indujo a reproducir ese fragmento de cotidiana realidad en la ficción, en un film que resulta a todas luces impactante.

La segunda parte de esta historia –en la cual el drama muta en thriller, promueve nuevos focos de tensión cuando Armando entabla contacto con una pareja de marginales integrada por Elías Montero (Federico Salles) y Lucy Villar (Mercedes De Santis), quienes acceden a negociar con él. En este caso, el acuerdo consiste en que el hombre le done un riñón también a cambio de una vivienda.

No en vano ambos jóvenes –que esperan un hijo- están desocupados y tampoco tienen hábitos de trabajo. En esa situación, viven miserablemente en una pieza de pensión cuyo arrendamiento no pueden sostener por falta de ingresos.

Merced a un esmerado guión elaborado por Nicolas Giacobone y el propio Armando Bó jr, el relato adquiere una superlativa dimensión dramática, que indaga con singular agudeza en los propios entretelones de la condición humana.

Sin abandonar ese formato de intriga, la película promueve una aguda reflexión sobre la alienación provocada por el temor a la muerte y en torno a lo qué se está dispuesto a sacrificar para salvar la vida de un familiar.

Animal es un frontal y descarnado retrato social, que denuncia a una sociedad perversa e inhumana, que, en situaciones límite, induce a las personas a humillarse y degradarse.

Empero, la película –que está soberbiamente protagonizada por Guillermo Francella- indaga sobre la vanidad, el egoísmo, la crisis de los afectos, el desamor y las miserias humanas.

La excepcional banda sonora de Pedro Onetto y la panorámica fotografía de un Mar del Plata invernal, contribuyen a transformar a Animal en una producción de superlativa calidad artística.

Animal”. Argentina 2017. Dirección. Armando Bó jr. Guión: Nicolas Giacobone y Armando Bó jr. Montaje: Pablo Barbieri. Música: Pedro Onetto. Fotografía: Fotografía: Javier Juliá. Reparto: Guillermo Francella, Carla Peterson, Gloria Carrá, Marcelo Subiotto, Mercedes de Santis, Federico Salles, Majo Chicar y Joaquín Flammini.

Hugo Acevedo (Revista Onda Digital)