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«Downtown Abbey» (Analía Filosi)

Debería regresar de tanto en tanto

Si se la considerara en forma aislada, quizás se podría decir que Downton Abbey es una película más, que podría perfectamente pasar desapercibida. El tema es que hay que evaluarla en el contexto de lo que fue la serie televisiva británica, una de las mejores de los últimos años, porque allí es que uno entiende la riqueza y los detalles que encierran cada escena o cada personaje. Si bien se muestran situaciones cuyos diálogos permiten explicar algunas cosas para aquellos que no conocen la serie o no la siguieron de principio a fin, es cierto que todo es más disfrutable y redondo si uno está empapado de todo lo sucedido a lo largo de las seis temporadas. Desde los condes de Grantham, pasando por todo lo que representa Lady Mary o el sarcasmo tan necesario de Violet Crawey (aplaudan de pie a Maggie Smith una vez más), llegando a cada uno de los principales integrantes de la servidumbre y todos los personajes laterales (de arriba o de abajo), todos tienen algo que decir sea personal o sobre el gran «problema» en torno al cual gira la primera película de la serie: la visita y estancia de los reyes en el majestuoso castillo de Downton Abbey. Alojarlos, «competir» con la servidumbre real y solucionar un viejo secreto vinculado a la dama de compañía de la Reina, son los pilares de un guión que llega a las dos horas. Estas no se sienten siendo fanático de la serie (es mi caso), pero quizás pueda resultar algo largo para los que no están tan involucrados con la historia. Eso pasa porque, lo que para algunos son escenas sin importancia, para otros están cargadas de contenido y viejas historias. Decir que la recreación de época, la música (entre ella, el inconfundible tema de la presentación) y el elenco están al mejor nivel, es solo confirmar lo que se esperaba de la creación de Julian Fellowes, autor también del guión de la película. Por eso es que considero que Downton Abbey cumple ampliamente con las expectativas de los seguidores y nos hace pensar que, un regreso de tanto en tanto, sea con una pequeña temporada o con una película de dos horas, sería ampliamente reconfortante… y hasta necesario.

Analía Filosi (Columnas de Analía, 9/11/2019)

«El laberinto del fauno» (Sergio Moreira)

El laberinto del facho

Se pre-estrena en Cinemateca 18 la nueva peli de Guillermo del Toro, El laberinto del fauno. Otra obra mayor del director mexicano, ambientada -nuevamente- en una época conflictiva de la historia española.

El director del Toro regresa con una nueva aventura; después de sus adaptaciones de comics, llega con una nueva incursión en la España franquista.

FANTASÍA Y REALIDAD VAN DE LA MANO

La filmografía de Guillermo del Toro está cargada de elementos fantásticos y no existe uno de sus largos que no tengan estas características. Desde su primera Cronos (1993), pasando por Mimic (1997), El espinazo del diablo (2001), Blade II (2002) o Hellboy (2004), en todas el elemento fantástico es primordial. 

En este caso continúa la historia iniciada en El espinazo del diablo, en lo que será una trilogía sobre la guerra civil y el franquismo que continuará con 3993.

Cuando Guillermo del Toro se internó anteriormente en la historia de España, hizo una excelente película en la que narraba la historia de un viejo orfanato en el medio del campo, donde iban a parar los hijos de quienes iban a luchar por sus ideales en la guerra civil. Allí todos los niños convivían con una bomba sin explotar que había caído en el medio del patio, pero también entre ellos habitaba el fantasma de otro niño que clamaba por venganza.

En El laberinto del fauno, del Toro nos cuenta lo que sucede cinco años después en la misma España – durante el quinto año de paz -, cuando una mujer embarazada y su hija, Ofelia, van al encuentro del nuevo esposo de ella. La niña no está conforme con la nueva relación de su madre y su forma de escape son los cuentos de hadas; el asunto se complica cuando los personajes de estos cuentos se mezclen con la realidad. 

El fauno del título y otros personajes, como hadas o un monstruo sin ojos conocido como el hombre pálido; conviven con una realidad aún más cruel, donde habitan militares franquistas realmente temibles.

El director mezcla las situaciones fantásticas con las históricas de una forma sutil, incluso llegando a demostrar que lo que parece una fantasía quizás sea real. El hecho es que la crueldad del personaje de Sergi López (el capitán Vidal), el nuevo padrastro de Ofelia, es aún mayor que la del peor personaje de sus fantasías.

Entre lo negativo del filme está, justamente, el personaje del Capitán Vidal ya que su maldad es muy exagerada, quizás él está más cerca de un malo de cuento de hadas que los que la niña imagina. Ciertos gestos y actitudes parecen muy caricaturizados, contrastando con la veracidad con que quiere contar un hecho puntual de la post-guerra civil.

Lo que es indiscutible es la mano del director a la hora de presentarnos el universo fantástico, donde lo notamos más a gusto que en el mundo real. 

El laberinto del fauno es una muy buena obra de Guillermo del Toro, personal y madura; pero aún así no es su mejor filme. Si bien notamos que los temas que aborda en su cine no-Hollywood son un poco más sobrios (sin tanta parafernalia de acción y aventuras), esto no quiere decir que sea mejor que lo hecho en ese lugar.

Cada filme de del Toro es esencial, y es por eso que El laberinto del fauno no debe dejarse pasar.

Se exhibe en: Cinemateca 18 hasta el miércoles 31 y la distribuye Dispel (distribuidora de Warner en Uruguay).

«El laberinto del fauno» (2006) de Guillermo del Toro. Guión: Guillermo del Toro. Productores: Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Bertha Navarro y Frida Torresblanco. Con Ivana Baquero (Ofelia), Sergi López (Capitán Vidal), Doug Jones (Pan y el hombre pálido), Ariadna Gil (Carmen), Maribel Verdú (Mercedes), Álex Angulo (Dr. Ferreiro), Federico Luppi (Rey). Compañía productora: Wild Bunch. Duración: 118′.

Sergio Moreira (El Fantasticomm, Montevideo Portal, 20/01/2007)

«Guasón» (Andrés Vartabedián)

¡Somos tan patéticos!

Que sea el último León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia, es un motivo para su consideración. Que haya provocado que Michael Moore realizara una publicación panegírica viral, le otorga curiosidad. Aplaudida a rabiar o duramente denostada, es ya un fenómeno de taquilla. Controvertida, dura, sugestiva, con anhelos de poesía, cargada de actualidad… allí está, para su consideración.

“[…] Mi maldad es consecuencia de mi desgracia, de mi infelicidad. ¿No comprendes que mi perversidad es producto del constante desprecio que me hacen todos? […] ¿Cómo puedo ser generoso con los demás si los demás se muestran implacables conmigo? Si tú me precipitaras por estos barrancos helados, o me destrozaras con tus manos, ¿verdad que no lo considerarías un crimen? ¿Por qué, pues, he de respetar yo a quien me desprecia? Haz que el hombre, en vez de odiarme, me acepte […] y verás que en lugar del mal puedo atraer sobre él toda clase de beneficios y bendiciones. Pero sé muy bien que esto no puede realizarse, porque los sentimientos que animan al hombre son un muro invencible para nuestra unión. Yo no estoy dispuesto a someterme a la esclavitud más abyecta. Vengaré todas las injurias que se me hagan, y si no puedo inspirar amor, inspiraré terror. […]”

Mary Shelley – Frankenstein

Un aspecto importante del Joker (Guasón) de Todd Phillips, al menos para este comentador, es que trasciende en mucho el mero hecho de construirse a partir de, y en función de, Batman, su personaje, y la génesis de uno de sus antagonistas habituales, ya ultra-conocido y encarnado tantas veces para la pantalla grande -también en recordadas actuaciones, como en este caso-.

La construcción de este villano supera con creces la asociación directa al, aquí, niño y futuro héroe de Ciudad Gótica, transformándose él mismo en héroe. “Héroe”, no ya por sus hazañas y virtudes, ni por su asunción de acciones beneficiosas para nobles causas, sino en el sentido de verdadero protagonista, y en el de ese sujeto al que habrá quienes transformen en objeto de su más profunda admiración.

Guasón trasciende el cómic. Guasón trasciende a Batman. Batman se transforma en una mera referencia. Guasón la torna insignificante.

Y allí veremos la máscara en su dimensión propia y única, singularizando su significación; y veremos al hombre detrás de la máscara: al enfermo y al desvalido, al insano y al humillado. Veremos al hombre sujetado a una historia, y veremos al hombre sujeto de su historia. Víctima y victimario. Impotente y cruel. Inocente y culpable. Un hombre lindo; un hombre engendro.

Ubicado entre fines de los años ’70 y principios de los ’80 -dos estrenos cinematográficos que aparecen en la cartelera de la ciudad corresponden al año 1981-, nos encontramos a Arthur Fleck, un hombre maduro, enjuto, desgarbado, que aún vive con su madre -y cuida de ella-, y al que la vida no parece sonreírle especialmente. Aspirante a comediante de stand up en Ciudad Gótica, su capacidad para la hilaridad está dada más por la enfermedad mental que padece, que por sus dotes para el humor.

Trabaja como payaso para una empresa que promociona locales comerciales, a través de esa figura de clown, o anima distintos eventos, de índole diversa. No solo no es bien pagado, sino que, además, recibe desprecios y maltratos de múltiples dimensiones. Si a ello sumamos que, en determinado momento, su obra social, dejará de cubrir los gastos de sus medicamentos, el panorama se torna anímicamente devastador. Pintará su sonrisa, sobre base blanca, con su propia sangre. Será tan solo una mueca. Alrededor todo es basura y contaminación. El entorno está corroído por las ratas, y todo parece ser cuesta arriba. Solo cuesta arriba.

El descubrimiento de un pasado más impiadoso con él que lo que ya conocía, atizará aún más el tono colérico y desaprensivo que irá adquiriendo. Su madre le ha ocultado ser hijo de Thomas Wayne, el multimillonario -ahora devenido en político en campaña- para quien ella trabajara en su juventud. Pero su madre parece sufrir de alucinaciones, por lo que se torna difícil llegar a la verdad. Condenarla es un riesgo que duda en asumir, o que asume con temor. Él quizá también las padezca. El destello de un amor asoma como un atisbo de alegre ilusión. “That’s life” (Así es la vida) canta Frank Sinatra en la televisión.

Los medios de comunicación y su poder de compañía y de invasión, también se darán cita en Guasón. El “cubo atontador” tendrá su lugar de privilegio. El entretenimiento, la información y la burla conformarán una masa informe. Arthur pasará de espectador a invitado. El afuera invadirá el adentro. El hombre burlado, el denostado, el marginado, asumirá el centro. Tendrá voz y se hará escuchar. Su voz retumbará en las calles y en las avenidas. Su eco será réplica. Otros sin voz la harán suya. Los ofendidos, los indignados, los atontados. Cierta épica del mal tomará las cámaras. Será la luz de un nuevo camino; aunque pueda encandilar.

Hay un líder que no se asume como tal. He aquí su génesis. El Guasón se objetivará en “el mal”. Comenzará así su auto-reconocimiento. Sin comprensión cabal de lo que sucede en su entorno, ni pretensión de liderazgo, asoma tan insano y egoísta como las élites a las que intenta combatir el movimiento autogenerado. La opresión sufrida devendrá en destrucción desenfrenada. ¿Qué cambios perdurarán, si los hay? No lo sabremos. Cuando la violencia crece al límite de no tener reparos, perdemos todos. Y las puertas parecen ser únicamente de salida.

Quizá Todd Phillips psicologiza demasiado a su personaje -hay quienes le endilgan cierta pérdida de ambigüedad y enigma al ya clásico “payaso”-. Quizá Joaquin Phoenix sobredramatiza a su joker. Quizá existan demasiados subrayados editoriales en líneas claramente establecidas. Quizá. Quizá todo se tiña de la pintura sobredimensionada del clown. Pero Todd Phillips logra disimularlo de buena manera. Y logra, por momentos, que no percibamos la manipulación; que la asumamos sin cuestionarla. He allí el mérito. Nos sumerge en un ambiente ominoso y oprimente, carente de empatía, de ternura o solidaridad. Y nos vemos reflejados. Nos altera y perturba a partir de algunas tomas infrecuentes y su variación casi coreográfica, de la climática banda sonora, de la ralentización de ciertos movimientos y gestos, del manejo de la luz y su brillo. El lirismo se percibe solo como una búsqueda. La intención de lirismo no importa su logro.

Sin embargo, allí estamos dos horas después, intentando no ahogarnos en ríos de heridas y dolor; intentando salvar el amor y la razón; intentando aferrarnos a la esperanza; intentando no ser tan nosotros mismos. No será sencillo.

Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

Título original: Joker. EE.UU./Canadá, 2019, 122 min. Dirección: Todd Phillips. Producción: Todd Phillips, Bradley Cooper, Emma Tillinger Koskoff. Guion: Todd Phillips, Scott Silver. Música: Hildur Guðnadóttir. Fotografía: Lawrence Sher. Edición: Jeff Gross. Elenco: Joaquin Phoenix (Arthur Fleck; el Guasón), Robert De Niro (Murray Franklin), Zazie Beetz (Sophie Dumond), Frances Conroy (Penny Fleck), Brett Cullen (Thomas Wayne).

Andrés Vartabedián (Revista Digital Vadenuevo, 06/11/2019)

Fantasticomm awards 2007 (Sergio Moreira)

El voto popular

Como ya esperaban todos los lectores de este espacio semanal de Montevideo.com, aquí les dejamos lo que ustedes votaron como lo mejor del 2006.

Todos los géneros y todas las categorías, tal cual ustedes las votaron:

MEJOR PELI DE TERROR:
El descenso
(The descent, 2005) de Neil Marshall.

MEJOR PELI FANTÁSTICA:
V de Venganza
(V for Vendetta, 2005) de James McTeigue.

MEJOR ANIMACIÓN:
Cars
(2006) de John Lasseter y Joe Ranft.

MEJOR ADAPTACIÓN DE UN COMIC:
V de Venganza (adaptado de V for Vendetta de Alan Moore y David Lloyd.

MEJOR ADAPTACIÓN DE UN LIBRO:

Empate entre El código Da Vinci (The Da Vinci code, 2006) de Ron Howard, adaptación de la novela de Dan Brown y El diablo viste a la moda (The devil wears Prada, 2006) de David Frankel, adaptación de la novela de Lauren Weisberger.

MEJOR REMAKE:
La profecía
(The omen, 2006) de John Moore, nueva versión de La profecía (1976) de Richard Donner.

MEJOR REMAKE DE UNA SERIE:
Miami vice
(2006) de Michael Mann, remake de Vicio en Miami (Miami vice, 1984-1989) de Anthony Yerkovich.

MEJOR SECUELA:
Piratas del Caribe: El cofre de la muerte
(Pirates of the Caribbean: Dead man s chest, 2006) de Gore Verbinski, secuela de La maldición del Perla Negra (Pirates of the Caribbean: The curse of the Black Pearl, 2003) del mismo director.

PERSONAJE DEL AÑO:
V (V de Venganza), interpretado por Hugo Weaving.

MEJOR PELI DIRECTA A DVD:

Empate entre Final fantasy VII: El rescate (Final Fantasy VII: Advent children, 2005) de Tetsuya Nomura y Takeshi Nozue, y La máscara de los sueños (MirrorMask, 2005) de Dave McKean.

MEJOR SERIE EDITADA EN DVD:
Lost
(2004) de Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof.

MEJOR SERIE TELEVISIVA:
Lost
(2004) de Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof.

FESTIVAL DEL AÑO:
Montevideo Comics 5

MEJOR MAQUILLAJE ESPECIAL EN UNA PELI:
X-Men: La batalla final
(X-Men: The last stand, 2006) de Brett Ratner.

MEJORES EFECTOS VISUALES:
X-Men: La batalla final

¡Esto fue todo por hoy! Espero que hayan quedado conformes con sus votos y con los que El Fantasticomm les dio la pasada semana. Nos vemos en siete días con las críticas de los estrenos de este 2007.

Sergio Moreira (El Fantasticomm, Montevideo Portal, 12/01/2007)

“Guasón” (Hugo Acevedo)

Retrato de una sociedad enferma

La demencia como patología pero también como reacción a un sistema perverso e injusto que destila miseria humana, es la propuesta temática de la impactante Guasón, la película del realizador y guionista norteamericano Todd Phillips, que cosechó nada menos que el preciado León de Oro en el 76º Festival de Venecia.

Esta es una mirada deliberadamente desencantada e iconoclasta sobre el personaje creado en 1940 por el dibujante Jerry Robinson y por Bob Kane y Bill Finger, los padres literarios de Batman, el ya legendario hombre murciélago.

En efecto, a diferencia de sus anteriores apariciones en el formato historieta o en el cinematográfico, este Guasón no es el super-villano que enfrenta al héroe encapotado sino un ser humano que padece serios disturbios mentales, abandonado a su suerte por una sociedad incapaz de asumir sus responsabilidades con la realidad cotidiana.

Aunque a juzgar por los estrenos que anuncian las marquesinas de las salas de cine la película está ambientada en 1981, las imágenes remiten a una Ciudad Gótica (Nueva York) sucia, caótica y flagelada por la miseria y el desempleo.

Aunque no exista ninguna precisión temporal, la situación puede ser perfectamente asimilable a la tumultuosa década del setenta. No en vano, esa escenografía urbana es muy similar a la de la memorable Taxi driver (1976), un auténtico hito en la carrera del icónico Martin Scorsese.

En ese caso, el rostro de la patología estaba representado por Travis, encarnado magistralmente por un joven Robert de Niro, un veterano de guerra sin ideología pero de mentalidad fascista, que condensa todos los traumas de una sociedad con baja autoestima e impactada por los devastadores efectos de un conflicto bélico perdido.

Por cierto, esa década negra para los Estados Unidos estuvo jalonada también por la crisis económica provocada por el embargo petrolero de los países árabes contra Occidente, la renuncia del presidente Richard Nixon por el escándalo de espionaje político de Watergate y las heridas devenidas de una malograda aventura imperialista en Vietnam.

Aunque en esta película no se explicite el marco histórico referencial, el relato reconstruye una sociedad absolutamente caótica, con airadas protestas callejeras y exacerbación.

En ese contexto de violencia desenfrenada vive Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un marginal con graves problemas psicológicos, abandonado y desatendido por el Estado.

En ese marco, el mítico Guasón de la historieta muta de perverso villano y enconado enemigo del héroe Batman en una suerte de víctima de un sistema bastante más perverso que él.

Este Guasón es radicalmente diferente al antihéroe interpretado por el monumental Jack Nicholson y el no menos talentoso pero lamentablemente malogrado Heath Ledger, sino un mero desgraciado, despreciado, maltratado y vituperado.

No en vano los guionistas Todd Phillips y Scott Silver reconstruyen, desde el comienzo, a través de imágenes televisivas de la época, una contingencia de estallido social, en una ciudad devastada por la inseguridad, la pobreza, la suciedad, la corrupción y la furia generalizada que deviene en violencia.

Por supuesto, el protagonista, que inicialmente es un mero payaso con una patología que le produce una suerte de risa crónica incontenible, se transforma en una de las víctimas de esa escenografía de virtual devastación.

Este es precisamente el caso de Arthur Fleck, que vegeta malamente junto a su madre enferma y no puede esperar casi nada de un sistema indiferente al dolor humano y con un servicio estatal de salud deficiente, que obviamente carece de recursos económicos y de eventuales estrategias de contención.

Insólitamente, el único antídoto para mitigar el grave problema de este ser humano psicológicamente aniquilado que requiere ayuda, depreciado, rechazado y marginado, es un mero fármaco.

El propio paciente, durante una austera consulta con la psicóloga a cargo de su caso, en tono de amargo reproche, afirma: “usted en verdad nunca me escucha, aunque realmente existo”.

El otro eje de la historia se centra en el popular animador televisivo Murray Franklin (Robert de Niro), una suerte de inteligente bufón con audiencia presencial y a distancia, cuyo show opera, a la sazón, como válvula de escape ante tanta ira social contenida y es una grotesca expresión de una sociedad literalmente alienada y agobiada por la furia y el miedo.

Empero, Todd Phillips, director y guionista, imprime un giro explicito al relato cuando revela intimidades de la familia del personaje, particularmente de su madre, y hasta se permite ligar la peripecia del enajenado a la de un Bruce Wayne (futuro Batman) niño y su acaudalada familia.

Aunque la película contiene dos o tres muy bien logradas secuencias de violencia extrema, aquí la clave es realmente la violencia subyacente que contamina el sistema circulatorio de una comunidad enferma de soberbia y frustración.

Esta es realmente la potente apuesta de la removedora Guasón, un film testimonial de superlativa estatura dramática que trasciende a la mera ficción literaria y cinematográfica.

En todo caso, el personaje central de este relato con todos sus desvaríos y disfuncionalidades, es el arquetipo de un país azotado por las miserias humanas que se nutre recurrentemente de mitos, como el apócrifo y por supuesto malogrado sueño americano.

Al tenso pulso narrativo y a un guión ágil e inteligente –que convoca al espectador a sumergirse en una suerte de agobiante pesadilla- Guasón suma la memorable actuación protagónica del inconmensurable Joaquin Phoenix.

Guasón” (Joker) Estados Unidos 2019. Dirección: Todd Phillips. Guión: Todd Phillips y Scott Silver. Fotografía: Lawrence Sher. Edición: Jeff Groth. Música: Hildur Gudnadóttir. Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Brian Tyree Henry, Marc Maron, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge y Sharon Washington.

Sergio Moreira (Revista Onda Digital)

«Amigo lindo del alma» (Álvaro Loureiro)

Un grande en la memoria

El tiempo pasa y no siempre se hace justicia con respecto al recuerdo de las grandes figuras que tanto supieron aportar desde sus respectivas disciplinas. Tal lo sucedido con Eduardo Mateo (1940-1990), un verdadero talento en el área musical, con una riquísima contribución en los terrenos de la música, tanto en la ejecución de diversos instrumentos como en el acompañamiento en guitarra a renombrados artistas, y en  la propia voz. Hombre, por lo general, de pocas palabras y dueño de un temperamento evasivo, no era nada fácil entablar relación con él. De ahí a que cada una de las personas que lo conocieron más de cerca -si él así lo permitía- difiera en la descripción de su personalidad, no así en lo que concierne a su talento y creatividad. Vale entonces la pena apreciar el trabajo emprendido por Daniel Charlone, a partir, en forma inicial, de  las ideas y comentarios de Horacio «El Corto» Buscaglia, compañero de varias de las iniciales andanzas del músico. Pasaron varios años y, al cristalizar el proyecto, desafortunadamente, Buscaglia había también fallecido, de modo que le correspondió a Charlone la tarea final de reunir el material  que mostrara a Mateo en su salsa, así como el sondeo de juicios, valoración y anécdotas llevado a cabo por varios de aquellos que alguna vez había  trabajado a su lado.

El desfile, en verdad, impresiona, a pesar de que el número de imágenes que muestran al propio Eduardo Mateo luzca bastante menor de lo esperado. Tamaña carencia, sin embargo, inspiró a Charlone para utilizar con poético alcance la repetida aparición de la figura de un hombre que camina por una calle – ¿de la Ciudad Vieja?- con paso cansino como elemento de unión de las diferentes secuencias de la película. No resulta difícil asociar esa silueta que marcha de espaldas por paisajes reconocibles con quien tanto brindara a la música ciudadana.

La lista de gente que alternó con Mateo en diversas áreas es, de todas maneras, tan rica como ilustrativa. Comprende nombres como los de Jaime Roos, Ruben Rada, Fernando Cabrera, Hugo Fattoruso, Mariana Ingold, Diane Denoir, Estela Magnone, Guilherme de Alencar Pinto y Martín Buscaglia. Llama, sin embargo, la atención no haya sobrevivido ni una sola imagen de Mateo actuando en el recordado Discodromo, de Ruben Castillo, en Canal 12, acompañando allí a la cantante Roberta Lee en numerosas emisiones. Habida cuenta, de todas maneras, de la ardua e inspirada tarea de compaginación emprendida por Charlone, cabe destacar el estupendo apoyo de Marcelo Casacuberta, como director de fotografía. en gran parte, responsable  de suministrarle al film un tono uniforme, coherente, adecuado para  armonizar un conjunto de secuencias obligadamente dispersas. El total del material reunido y el sentido de una iniciativa dedicada a resaltar no solo una muestra convincente  del talento de la figura evocada sino también a provocar una reflexión profunda y abierta en cuanto a su personalidad convergen así en un trabajo tan disfrutable para quienes lo conocían como para aquellos que ahora se acerquen para poden  así exclamar un «hoy te vi» adecuado a quien se los inspira.

Álvaro Loureiro (exclusiva para accu.uy, 7/11/2019)

Fantasticomm Awards 2007

¡Feliz 2007 para todos! Por segunda vez les presentamos la lista con lo mejor – a mi criterio – que se ha visto dentro del género en este año pasado. 

La semana que viene realizaremos la lista con los votos de quienes envíen sus «mejores del año» a fantasticomm@montevideo.com.uy

MEJOR PELI DE TERROR: El descenso (The descent, 2005) de Neil Marshall.

MEJOR PELI FANTÁSTICA: V de Venganza (V for Vendetta, 2005) de James McTeigue.

MEJOR ANIMACIÓN: El increíble castillo vagabundo (Hauru no ugoku shiro, 2004) de Hayao Miyazaki.

MEJOR ADAPTACIÓN DE UN CÓMIC: V de Venganza (adaptado de V for Vendetta de Alan Moore y David Lloyd)
MEJOR ADAPTACIÓN DE UN LIBRO: Como si fuera cierto (Just like heaven, 2005) de Mark Waters, adaptada de la novela Et si c’etait Vrai de Marc Levy.

MEJOR REMAKE: Un papá con pocas pulgas (The Shaggy dog, 2006) de Brian Robbins, basada en El perro humano (The Shaggy dog, 1959) de Charles Barton.


MEJOR REMAKE DE UNA SERIE: Misión imposible 3 (Mission: Impossible III, 2006) de J. J. Abrams, adaptada de la serie televisiva Misión imposible (Mission: Impossible, 1966-1973) de Bruce Geller. 

MEJOR SECUELA: El juego del miedo 3 (Saw III, 2006) de Darren Lynn Bousman, secuela de El juego del miedo (Saw, 2004) de James Wan. 

PERSONAJE DEL AÑO: V (V de Venganza), interpretado por Hugo Weaving. 
MEJOR PELI DIRECTA A DVD: 1000 cuerpos (House of 1000 corpses, 2003) de Rob Zombie. 

MEJOR SERIE EDITADA EN DVD: Lost (2004) de Jeffrey Lieber, J. J. Abrams y Damon Lindelof. 

MEJOR SERIE TELEVISIVA: Médium (Medium, 2005) de Glenn Gordon Caron. 

FESTIVAL DEL AÑO: FantaPiria 2 
MEJOR MAQUILLAJE ESPECIAL EN UNA PELI: Destino final 3 (Final destination 3, 2006) de James Wong. 

MEJORES EFECTOS VISUALES: X-Men: La batalla final (X-Men: The last stand, 2006) de Brett Ratner. 

¡Esperamos sus votos! La semana próxima van los Fantasticomm Awards según el voto de los lectores y trataremos de hacerle llegar a los artistas ganadores las felicitaciones del caso (ya que copas o medallas todavía no hicimos), y quién les dice que en próximos años no realicemos una entrega de premios formal. ¡Qué la fuerza esté con nosotros! (y que alguien nos ayude a realizarla, je).

Sergio Moreira (El Fantasticomm, Montevideo Portal, 05/01/2007)

«Guasón» (Álvaro Loureiro)

Detrás de la máscara     

En principio, el tal Guasón (Joaquin Phoenix) no es otro que el personaje de Joker, el cual, aunque Batman no se asome en toda la película, se desplaza en una Ciudad Gótica que, a la vez, adquiere el aspecto de la Nueva York de algunos años atrás. El hombre, como es de suponer, cada poco tiempo, cubre su rostro con una máscara, de manera de poder desempeñarse como payaso en diversos trances que abarcan desde ciertas labores callejeras a las posibilidades de efectuar actuaciones en escenarios televisivos, tales como un programa conducido por el gran Robert De Niro, en intrigante caracterización. Esas andanzas, sin embargo, no constituyen más que el punto de partida para el guión que el realizador Todd Phillips (¿Qué pasó ayer?) y Scottt Silver concibieron con una mirada abierta al payaso o al verdadero ser que todos llevamos adentro y que quienes nos rodean no solo, a menudo, no comprenden, sino también rechazan y hasta agreden.     

Resulta así estimulante el clima de fábula realista que Phillips consigue inyectar a un desarrollo que, además, empuja a la platea a descubrir que la silueta animada por Phoenix puede tener puntos de contacto con otros de su misma condición y hasta con quienes, como ya se adelantara, al parecer, jamás se propusieron convertirse en comediantes. Mérito del director constituye, asimismo, deslizar  todo el asunto y sus proyecciones sin efectismos ni subrayados, a lo largo de una trama dedicada a seguirle los pasos a Joker en un peregrinaje pautado por la aparición de ricas siluetas secundarias y varias demostraciones de violencia que irrumpen como para probar que, aunque no se busque, el peligro acecha en cualquier esquina de una ciudad menos civilizada de lo que promete. Al finalizar la proyección de la película, el espectador abandona la sala con la sensación de haber asistido  a una historia que ahora se extiende  como para que cada uno extraiga sus propias conclusiones y descubra  intrigantes paralelismos.     

A los méritos de la ambientación y la fotografía que extraen el mejor provecho de las calles y de las luces de la gran ciudad, cabe agregar las referencias que Phillips, con la mayor naturalidad, efectúa con respecto a Charles Chaplin – eterno clown-, el tema musical Smile,(Sonríe) por éste compuesto, y la voz de Frank Sinatra cantando  When You´re Smiling (Cuando tú sonríes), habida cuenta entonces de la importancia de la sonrisa que aparece y se borra del rostro del payaso que Phoenix retrata con una riqueza de gestos, tonos y miradas merecedora de los mejores galardones.

Álvaro Loureiro (exclusivo para accu.uy, 7/11/2019)