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«Silverado» (Álvaro Loureiro)

Hoy obra del talentoso Kasdan

En estreno simultáneo de los cines Censa y Punta Gorda llega hoy Silverado, un filme de Lawrence Kasdan, quien fuera libretista de Mi nido o el tuyo (Continental Divide), Los cazadores del arca perdida y El regreso del Jedi y también promisorio director de Cuerpos ardientes (Body Heat) y, especialmente, de Reencuentro (The Big Chill), un sugestivo estudio de lo que es hoy la generación de la década del sesenta y setenta estadounidense a través de un grupo de amigos que se reúnen luego del funeral de un compañero.

La acción de Silverado vuelve a transportar al cine norteamericano a las praderas del Far West, una costumbre que Clint Eastwood y su reciente El jinete pálido parecen haber reimplantado. La historia presenta a cuatro hombres unidos en una aventura como único modo de defender sus vidas. Esos protagonistas son Paden (Kevin Kline, el de Reencuentro), una figura sin rumbo de cuya lealtad se puede dudar, Emmett (Scott Glenn, Madre por encargo, Nashville), un vaquero decidido, Yakes el hermano rebelde de este último (Kevin Costner) y Mal (Danny Glover), un héroe taciturno que viaja a Silverado para reunirse con su familia. Las presencias femeninas corren por cuenta de Stella (la diminuta Linda Hunt, la de El año que vivimos en peligro), tabernera del «saloon» Midnight Star y de Hannah (Rosanna Arquette, la talentosa ex-ama de casa de Desesperadamente buscando a Susana), quien busca convertirse en ranchera. Los demás papeles fueron cubiertos, entre otros, por John Cleese, Brian Dennehy y Jeff Goldblum. La anécdota muestra a personajes que obedecen a distintas razones, «seres que, de cierta manera, se encuentran buscando una familia», comenta Kasdan. Pero Silverado contiene, además reflexiones acerca del hogar, la amistad y el código del Viejo Oeste, temas que el director y su hermano y colibretista Mark Kasdan decidieron incluir en homenaje a un pasado en el que juntos no se perdían ningún gran título del género western.

«Me interesa hacer películas con buenos argumentos, personajes fuertes películas que puedan entretener en diferentes niveles a personas de todas las edades. Un western ofrece muchas oportunidades en ese sentido. El público quiere siempre ver buenos filmes, sin importarle el género y es por eso, que creo volverá al apogeo del western. Vale la pena que el público vea y recuerde los westerns. En el momento en el que parecieron pasar de moda, muchos niños se perdieron las imágenes de carretas, tierras vírgenes y caballos al galope que fueron tan importantes durante mi niñez. Creo que también ahora esas imágenes son importantes para los adultos».

Silverado fue filmada en los alrededores de Santa Fe en Nuevo México, un escenario que brindó a Kasdan las posibilidades de mostrar un pueblo lleno de vida y de gente experimentando nuevas maneras de ser. La fotografía en color, un rasgo casi inevitable de un western que se precie de serlo, pertenece a John Bailey, estando la música a cargo de Bruce Broughton.

De acuerdo a comentarios extranjeros Silverado cumple sus propósitos de resucitar a un género que muchos daban por desaparecido, a la vez que confirma el prestigio ganado por el realizador con sus dos títulos previos. Habrá entonces que acudir al recuerdo de las inolvidables La flecha rota, A la hora señalada, El desconocido y tantos otros títulos de John Ford, Anthony Mann, Delmer Daves, Howard Hawks, Raoul Walsh y demás maestros del western, como modo de establecer una comparación con Silverado.

Álvaro Gustavo Loureiro (Últimas Noticias)

Recordando películas: “Hable con ella”

Hable con ella, es una de las propuestas mejor logradas del director español Pedro Almódovar. Recordarla puede resultar un grato encuentro con un cine que despierta el interés del espectador.

En el comienzo dos mujeres danzan en un escenario poblado de sillas que un hombre va apartando presuroso para que ellas puedan bailar. Es Café Müller y una de las bailarinas es Pina Bausch artista alemana (fallecida el 30 de junio de 2009), a quien Almodóvar admiraba. Entre el público del teatro donde tiene lugar la extraña coreografía dos hombres se destacan, uno es Benigno (Javier Cámara) el otro es Marco (Darío Grandinetti). Ellos no se conocen, sin embargo el destino los va a unir; cada uno de ellos arrastrando amores y pesares diferentes, pero con el común denominador de estar enamorados de mujeres que están en el mismo hospital en estado de coma.

            Amores contrariados, amistad, incomunicación

Es un comienzo prometedor de historias interesantes a las que Pedro Almodóvar enriquece con ingredientes que lo han acompañado desde sus principios cinematográficos; amores contrariados, la amistad, la soledad, la incomunicación. Pero está vez colocados y desarrollados de tal manera que convierten a la película en un relato que va atrapando paulatinamente al espectador.

Todo tiene un motivo y todo encaja perfectamente como un ejercicio matemático, resuelto con la elegancia de un maestro que domina el difícil arte narrativo. Cruzado por “flash-back” (idas al pasado y regresos al presente) de Benigno y Marcos que recuerdan o cuentan (en ocasiones) fragmentos de sus vidas, por lo tanto la película se apoya en el montaje excelente de José Salcedo que compagina trozos de vidas de esos seres uniéndolos a las exigencias  de Almodóvar buscando resaltar emociones. Las lágrimas de Marcos ante el bello espectáculo de ballet, también escuchando la melodiosa voz de Caetano Velloso que lo transporta a su pasado  de engaños y sufrimientos. Por otro lado las emociones de Benigno despiertan en los monólogos frente a la muda presencia de su amada.

                               Amante menguante

Las emociones dominan el panorama visual y prevalecen en el contexto como una coherencia a la cual Almodóvar se aferra.

La incomunicación entre los humanos es tratada sutilmente; que mejor ejemplo que el amor no correspondido, seres que no tienen respuesta favorable a sus sentimientos y se hunden en estados melancólicos y solitarios. Para ser más elocuente el ejemplo están los amores de Benigno por Alicia inconsciente en una cama y de Marcos que no logra reconciliar sentimientos. En medio de todo ello nace la amistad casi imposible (por ser tan distintos) de Benigno y Marcos unidos por circunstancias similares.

Al relato central se introduce una película muda, “Amante menguante”, que Benigno ve y luego cuenta a Alicia, además de una pequeña joyita, se relaciona con los acontecimientos; una ficción que anuncia lo que ocurre después, que es mejor no adelantar al futuro espectador. Si vale mencionar porque subraya el inteligente manejo del guión.

No es casual que se comience con una escena de baile y cierre con “Mazurca Fogo”, porque guardan una estrecha relación con el acontecer de los dos hombres. Sería injusto finalizar sin mencionar la labor de los actores y actrices: Javier Cámara compone a su enfermero Benigno enamorado y solitario con una credibilidad que emociona, Darío Grandinetti tiene la naturalidad que le permite entrar en su personaje y mostrar su íntima fragilidad. Rosario Flores y Leonor Watling, la primera como la torera y la segunda como Alicia tienen la difícil tarea de actuar buena parte del relato mudas prestando sus cuerpos y no sus voces y las dos salen muy bien de las exigencias de sus personajes. En papeles secundarios pero importantes cada uno de ellos están: Geraldine Chaplin, Chus Lampreave , entre otras y otros.

Hable con ella está dentro de lo mejor de la filmografía de Pedro Almodóvar.

“Hable con ella”. España- 2002. Dirección: Pedro Almódovar. Guión: Pedro Almódovar. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Montaje: José Salcedo. Música: Alberto Iglesias. Elenco: Javier Cámara, Darío Grandinetti, Leonor Watling, Rosario Flores, Mariola Fuentes, Geraldine Chaplin, Chus Lampreave, Elena Anaya, Lola Dueñas, Pina Bausch, Caetano Veloso, Malou Airaudo, Ana Fernández, Roberto Álvarez, Adolfo Fernández. Duración: 112 minutos. Exhibida el 26 de octubre de 2002 en el I Festival de Cine de Montevideo. Estrenada el 15 de noviembre de 2002 en las salas: MovieCenter Montevideo, Pta. Carretas, Portones, Plaza y Alfabeta. Elegida por ACCU como la mejor película del año junto a “El color del paraíso” (Majid Majidi).

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 06/07/2020)

Recordando películas: “Barton Fink”

Continuando con el repaso de películas que han interesado a espectadores y crítica nos detenemos en los hermanos Coen , Ethan y Joel, y su filme Barton Fink.

Con un tema aparentemente pequeño de joven dramaturgo, Barton Fink, de origen judío que ha triunfado en Broadway con algunas obras teatrales. Es aconsejado por amigos para que vaya a Hollywood a probar suerte escribiendo libretos, tarea muy bien remunerada. Así  que es contratado por un estudio, el Capitol Film, que realiza películas de bajo nivel artístico.   

Es el año 1941, poco antes de que EE. UU. entrara en guerra contra el eje Alemania, Italia y Japón. Pero hay pocas referencias a ese acontecimiento histórico, salvo algunos soldados y marineros bailando antes de partir a la batalla o el jefe del Estudio vestido de oficial.

                Un medio vulgar y hostil

El relato se centra en el encuentro de Barton Fink con Hollywood, un medio vulgar y hostil, especialmente para escritores idealistas. Este choque provoca un bloqueo creativo que no le permite escribir.

Hasta aquí podría pensar el espectador que la película va a girar en torno a los problemas existenciales de Fink, pero el talento de los hermanos  Coen va introduciendo otros datos que dan otras pistas; un vecino algo extraño vendedor de seguros, un escritor al que Hollywood le quitó toda ilusión vive de borrachera en borrachera, una secretaria sumisa y ambigua. Estos personajes dan una imagen de seres decadentes. Pero también hay un espacio dedicado a productores y hombres que manejan la industria cinematográfica con una actitud arrogante, castrando toda intención innovadora. Quizás no esté ajeno lo que le sucedió a Orson Welles y a Erich von Strohem, por nombrar a dos creadores que vieron peligrar sus carreras y sus películas fueron mutiladas. A escritores como Scott Fitzgerald que sucumbieron a la frialdad e indiferencia.

                     Los elementos visuales

Pero la inventiva de los Coen no se agota en esos ejemplos sugeridos sutilmente, los elementos visuales adquieren un valor importante. Casi todo el relato se desarrolla en espacios cerrados; un hotel de baja categoría con largos y deprimentes pasillos, habitaciones con poca luz, el papel que se desprende de las paredes por un extraño calor y la insoportable humedad, los molestos mosquitos que no dejan en paz al escritor y la hoja de papel en blanco puesta en la máquina de escribir. Son recursos usados para crear el ambiente donde la creatividad de Barton Fink se detiene. Un hecho criminal aporta la cuota de incertidumbre y confusión y permite que el filme maneje, sin decidirse, otros géneros cinematográficos.

La habilidad de los Coen logra que los espectadores se mantengan atentos en las casi dos horas de duración. Barton Fink quedó en la memoria de los aficionados que se encontraron con una propuesta diferente, recordarla o verla por primera vez puede ser una buena experiencia.

“Barton Fink” (Barton Fink) EE.UU. 1991. Dirección: Joel Coen y Ethan Coen (sin acreditar). Guión: Joel Coen y Ethan Coen. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Joel Coen y Ethan Coen (en los créditos figura como Roderick Jaynes). Música: Carter Burwell. Elenco: John Turturro, John Goodman, Judy Davis, Michael Lerner, John Mahoney, Tony Shalhoub, Jon Polito, Steve Buscemi, David Warrilow, Richard Portnow, Christopher Murney. Duración: 116 minutos. Estrenada el 28 de mayo de 1992 en la sala Libertad.

Elegida por ACCU como la mejor película del año, premio compartido con “Thelma y Louise” (Ridley Scott).

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 29/06/2020)