«La peste blanca» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Un film checo de amenazadoras premoniciones (pandemia similar a la del coronavirus, entre otras), resurge con vigor más de ochenta años después, y deja al descubierto posible fuente inspiradora para El Gran Dictador de Chaplin.

UNO.- Fantasías verdaderas

Los inventos presentados por Julio Verne en sus novelas, asiduamente se convirtieron en realidad. No ocurriendo lo mismo con la sociedad que los cobija. Una fractura de aparentemente imposible superación es la existente entre la sociedad imaginada por quien escribe un relato o realiza un film cuya acción se sitúa en el futuro, y los adminículos allí presentes.

Bastaría con dar un vistazo a esa magistral aventura donde Stanley Kubrick ha materializado, desde un 1968 real, el mundo del año 2001. En su film 2001: odisea del espacio, las estaciones tripuladas ya eran una realidad, al igual que el teléfono con imagen (utilizado por Dick Tracy en comics de los ’30), si bien habían desaparecido dos emblemas de las grandes potencias. Una situación impensable en los agitados ’60 a que pertenece el film: PanAm presente en un bolso de viaje, ya no existe en el 2001 real, ha dejado de ser una marca representante de los EE.UU. en el transporte aéreo de pasajeros; mientras que las aerolíneas soviéticas Aeroflot, presentes en otro bolso de viaje, subsisten en un mundo donde la URSS ha implosionado.

La sociedad ultracontrolada en que hoy vivimos (nos vigilan invisibles cámaras, nuestras compras de supermercado identifican preferencias individuales, los teléfonos lo registran todo al igual que las redes sociales, las tarjetas de débito y crédito conocen nuestra intimidad económica, la internet, registra su uso más mínimo y a su usuario más anónimo, etc.), materializó, con otras formas, el panóptico imaginado por el filósofo Jeremy Bentham a fines del siglo XVIII. Acaso de manera más perversa.

DOS.- Gente que escribe y cuestiona.

Ievgueni Zamiatín (1884-1935), escritor ruso malamente conocido, escribió su novela Nosotros acerca de una sociedad totalitaria donde el individuo (“el yo”) desaparecía, para ser sustituido por “el nosotros”. Había aquí un opresivo sistema de vigilancia, y un control total de hombres y mujeres. Según lo reconociera George Orwell, la obra de Zamiatin fue la inspiradora de su célebre 1984 (llevada un par de veces al cine), reconociéndose asimismo su impronta sobre la obra de otros autores. En particular Aldous Huxley, quien también reconoció la impronta de Orwell en Un mundo felíz, y en el Farenheit 451 de Ray Bradbury (de sus versiones fílmicas es rescatable solamente la de François Truffaut).

Aunque Zamiatin había adherido desde temprana hora a la Revolución Soviética, las autoridades vieron en Nosotros una crítica hacia el régimen, que llevó a su autor a emigrar, falleciendo en París en 1937, en medio de la pobreza. Tenía 53 años.

Karel Cepak, escritor de lengua checa, nació en el Imperio Austro Húngaro en 1890, falleciendo en Checoslovaquia en 1938, a los 48 años. Al igual que sus contemporáneos Orwell y Zamiatín, se comprometió en la lucha contra los totalitarismos que ganaban espacio en la Europa de los años ’30. De su literatura surge el término “robot”, hoy de uso universal, y en su obra se encuentran pronósticos políticos, sociales y sanitarios, implacablemente concretados.

TRES.- Hitler, la Pandemia de 2020 y otras plagas.

En La guerra de las Salamandras (1936), Karel Cepak plantea en términos irónicos una crítica al nazismo, por entonces en pleno auge, dando a conocer al año siguiente la pieza teatral “Bila Nemoc” (La peste blanca), llevada al cine en ese mismo año por el realizador checo Hugo Haas, quien mas adelante huyendo de la persecución racial de Hitler, se radicará en los EE.UU. donde desarrolla frondosa trayectoria como actor, guionista y realizador. También será muy abundante la presencia de Karel Cepak en el cine de los EE.UU., llegando hasta nuestros días a través de la adaptación de sus obras a cine y TV.

En 1937, en el film “Bila Nemoc”, asistimos al delirante discurso de un delirante dictador europeo, de país innominado, el que proclama la necesidad de nuevos territorios. Un espacio vital necesario para satisfacer las demandas de su pueblo (el “anchluss” hitleriano de los años inmediatos), la necesidad de mantener la pureza de la raza, y el exterminio de aquellos que ya no son aptos para trabajar. Si a alguien quedan dudas de a quien se refiere el film, ellas se despejan con la visión de enardecidas y embanderadas multitudes aclamando a su líder.

A su vez, el principal abastecedor de armas del dictador del film, es un aristócrata “Barón Krug”, con no pocas resonancias de la familia Krupp, cuyas acerías abastecieron al nazismo y funcionan actualmente.

Inquietantemente, irrumpe en ese país, una misteriosa peste (por momentos identificada con lepra), proveniente de China, la que se ensaña particularmente con las personas de cierta edad y baja condición económica, con lo cual se daría solución a la organización social planificada. La lucha por un antídoto (cuando la peste ataca a las clases gobernantes) y el manejo interesado de este, parafrasean lo ocurrido hoy en nuestro planeta con la pandemia del Coronavirus-19.

A lo largo de su metraje, La peste blanca se sumerge de lleno en un melodrama político social también presente en la posterior El gran dictador (1940) de Charles Chaplin, surgiendo parecidos que obligan a pensar en un conocimiento previo del film checo, o al menos de la pieza teatral primigenia, por parte del hombrecillo del bombín y bastón. Parecidos que no quedan aquí e incluyen los discursos finales de ambas realizaciones, el jugueteo con los mapas en La peste blanca y su correspondencia con el juego con el globo terráqueo en El gran dictador, etc.

Cuatro.- El estilo de una época

Chaplín se resistió al cine sonoro, recién lo aplica totalmente en El gran dictador. Y el film revela que el manejo de la voz humana y su discurso no alcanzaban la estatura de su obra muda. Mientras que La peste blanca, dirigida por Haas, hace de una pieza de teatro un film donde lo visual adquiere pleno vigor.

La época y seguramente una proximidad geográfica y cultural con Alemania, dejan al descubierto imágenes propias del “expresionismo germano”, con especial presencia de fogonazos caligarianos.

Las escenografías despojadas de algunos interiores y las coreografías de los personajes (en especial los guardias y la multitud) abrevan a su vez y por encima de su inmovilidad, en un cine de Hollywood propio de Busby Berkeley.

Las interpretaciones enfáticas del expresionismo, y quizás algún buscado parecido físico con el monumental Emil Jannings, ponen también lo suyo.

La peste blanca puede verse gratuitamente en la plataforma “zoowoman”, en espléndida copia subtitulada. Un film que, como pocos, se vuelca con acierto, hacia su futuro inmediato y otro más lejano, a la vez que se abre sobre posteriores referentes fílmicos.

«Bilá nemoc» (La peste blanca). Checoslovaquia 1937. Dir.: Hugo Haas. Guión: H. Haas, sobre pieza teatral de Karel Capec. Con: Hugo Haas, Bedrich Karen, Zdenek Stepánek.

Álvaro Sanjurjo Toucon (especial par accu web, 07/03/2021)

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