«Risttuules» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Original crónica de la barbarie

Risttuules que en idioma estonio puede traducirse como “En el cruce de los vientos”, se exhibió en países de habla inglesa como “In the Crosswind”. Su título en castellano bien pudo ser “Torbellino”, “Huracán”, o término equivalente.

No estrenado en nuestro país, sin noticias respecto a su existencia, nuestro conocimiento del mismo proviene de una búsqueda aleatoria de películas en el portal gratuito “zoowoman”, que ofrece magníficas copias, casi todas ellas con subtítulos en castellano, de films de todos los tiempos.

1.- Lo relatado por el film

Risttuules se inicia con leyenda indicatoria en cuanto a que en 1941, unos cuarenta mil ciudadanos estonios, lituanos y letones fueron deportados a los “gulag” siberianos, cumpliendo el plan de Stalin de limpieza étnica de las repúblicas bálticas. El guión se basa en cartas escritas por Erna Tamm, una prisionera, durante el período que va de 1941 a la liberación tras la muerte de Stalin (1953).

2.- Un complejo marco histórico.

Risttuules se propone –y lo consigue estremecedoramente- presentar la tétrica cotidianeidad de aquellos hombres, mujeres y niños deportados, despojándolos de la complejidad política del momento. Por demás difusa, como puede verse seguidamente.

El pacto nazi-soviético, firmado por los ministros Molotov y Ribbentrop, acordaba, entre otras cosas, que Estonia, Letonia y Lituania (disputadas desde siglos por los imperios europeos) quedaban bajo la órbita de la URSS. Rota la alianza por los germanos, las tres repúblicas bálticas, que en algún caso se hallaban bajo dictaduras, fueran primero invadidas por los nazis y posteriormente por el Ejército Rojo. Ello trajo como consecuencia que sectores de la población se unieran a los contingentes que respondían a Moscú, sostenedor de la condición de Repúblicas Soviéticas, integrantes de la URSS, para aquellos territorios; en tanto otros se ubicaron junto a Berlín, entre los que aparecían los nacionalistas confiados en obtener la independencia ante una eventual victoria nazi.

3.- En el “gulag”.

Desde la banda sonora de Risttuules, una voz femenina perteneciente a una prisionera, lee las cartas escritas en presidio. Son las de Erna Tram, en que se basa el film. El absoluto aislamiento, el frio constante, el hambre, la pérdida de seres queridos o su incierto destino, el bosque helado y su función de implacable celador, la búsqueda de nuevos afectos quizás traicionando amores truncos, los castigos, el desesperado empeño de no perder la dignidad propia de la condición humana, se suceden sin pausa.

Mientras tanto, la cámara, en una aparente toma única, disimulando cortes con blancos totales de la nieve o la oscuridad de un barracón, se convierte en ese testigo que viaja en el tiempo, con imágenes ininterrumpidas, en un “continuum” que es la propia existencia.

La “toma única” de La soga (1948), de Hitchcock, fue un disfrutable alarde narrativo (haciendo que en el preciso momento en que se agotaban los nueve minutos de los rollos de negativo de la época, la cámara se hallase ante una espalda que abarcaba toda la pantalla); la “toma única” de Aleksandr Sokurov en El Arca Rusa (2002) (lograda con enganches electrónicos invisibilizando las interrupciones), se amalgama con las diferentes épocas superpuestas y mezcladas por el guión, haciendo de su utilización un atendible componente dramático; en 1917 (2019), el realizador Sam Mendes construye una falsa percepción, en cuanto a que trabaja sobre gigantesca toma única (combina recursos de Hitchcock y de Sokurov) dando paso a un sesgo documental a la lucha en trincheras de la Primera Guerra Mundial.

4.- Un estilo propio

El realizador estonio Martti Helde (Tallinn, 1987) deambula con su cámara entre personajes “congelados”, absolutamente inmóviles, ni tan siquiera un pestañeo, moviéndose ocasionalmente alguna tela, parte de una vestimenta, obligada por el viento. Estas criaturas entran en cuadro cuando el realizador lo determina, un plano general o un primer plano acentúan o atenúan el rigor de la palabra que escuchamos a través de una voz única.

No deben confundirse estas imágenes congeladas con la inmovildad de la fotografía. La foto nos deja imágenes del pasado, en Risttuulles deambulamos en los sucesivos presentes de los personajes. No existen los límites de la fotografía, ni en tiempo ni en espacio. Circulamos entre seres captados en una ínfima fracción de tiempo, aquella de mayor expresividad.

El color aparece brevemente, evocando un pasado de felicidad, mientras el contrastado blanco y negro imperante, captura al espectador cuando luego de unos minutos ha sido cautivado por la forma novedosa, totalmente amalgamada a su tema.

Este magistral film, se coloca en lugar destacado en una filmografía acerca de los campos de concentración y exterminio y diversas formas represivas en la que aparecen: Noche y bruma (Resnais), El niño con el piyama a rayas (Herman), Kapó (Pontecorvo), El calabozo (Mekas), El prestamista (Lumet), Shoah (Lanzmann), Los gritos del silencio (Joffe), El hombre de mármol (Wajda), Sol ardiente (Mijalkov), La noche de 12 años (Brechner), La confesión (Costa-Gavras), Estado de sitio (Costa-Gavras), entre muchos otros.

Risttuules. Estonia 2014. Dir.: Martti Helde. Guión: Martti Helde y Llis Nimk. Con: Tarmo Song, Mirt Preegel, Laura Peterson, Ingrid Isotamm, Einar Hillep.

Alvaro Sanjurjo Toucon (Exclusiva para accu.uy, 03/03/2021)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *