C3M (Alvaro Sanjurjo Toucon)

Sobre una percepción brasileña

La revista académica “contemporánea”, publicación que en Montevideo se edita con la colaboración de la Universidad de la República, incluye en su volumen 3 un extenso artículo de la brasileña Mariana Villaça, de la Universidade Federal de Sao Paulo, titulado: “El cine y el avance autoritario en Uruguay – el “combativismo “ de la Cinemateca del Tercer Mundo (1969-1973)”.

Al concentrarse en la Cinemateca del Tercer Mundo (C3M), la autora otorga un lugar secundario, o bien prescinde, del entorno constituido por otras instituciones, ya desconociéndolas o bien minimizándolas.

Se llega incluso a crear atribuciones inexistentes a algún personaje.

Al pie de la página 245, llamada 6, se expresa “… Montevideo, capital que en la década de 1950 tenía numerosos cineclubes…” En esos años fueron Cine Club del Uruguay y Cine Universitario del Uruguay los que forjaron un público ávido por consumir cine, son los cinéfilos a que referirá más adelante, al tiempo que incluye entre los críticos con reputación internacional a Jaime Francisco Botet. Botet no solamente no fue crítico, sino que no escribió para las publicaciones de Cine Universitario, del que había sido fundador. Su profundo conocimiento del hecho cinematográfico, le permitió en cambio ser autorizado recopilador de textos ajenos que Cine Universitario incluía en sus revistas y folletos. Fue codirector de la revista “film”, editada por ese cineclub, cargo nominalmente compartido con H. Alsina Thevenet, contratado a esos efectos.

Al final de la página 245, se inicia una referencia a los cinéfilos montevideanos culminada al comienzo de la pag. 246, en la que se lee:

“Dichos cinéfilos tenían como uno de sus principales espacios de socialización la Cinemateca Uruguaya, fundada en 1952 tras un complejo proceso de fusión de cineclubes.”

La autora revela desconocer “24 ilusiones por segundo – la historia de la Cinemateca Uruguaya”, de Carlos Ma. Domínguez; “Por amor al Cine – Historia de Cine Universitario”, de Jaime E. Costa y Carlos Scavino; y “Algo para recordar – historia de Cine Club del Uruguay”, de Eugenio Hintz. Así comprenderá que no existió fusión de cineclubes alguna, que Cine Club y Cine Universitario (y en cierto modo Cine Arte del Sodre) acaparaban el único espacio existente para la socialización que llegará a Cinemateca años después, paralelamente al declive de los cineclubes. A su vez, en la segunda mitad de los 60 irrumpe con vigor “Cine Club Fax”, ligado a sectores progresistas de la Iglesia Católica.

Es totalmente inexacta la afirmación (pág. 247) en cuanto a que los “festivales ‘del SODRE’, por ejemplo, habían sido creados en contraposición al estilo del Festival Internacional de Cine de Punta del Este”…. Considerado por simpatizantes de izquierda un evento “burgués” extranjerizado, volcado al desfile de celebridades”. Tanto los “Festivales de Cine Documental y Experimental del Sodre”, como los de Punta del Este, contaban con apoyo estatal. Y ya en un delirio paroxístico, la autora del articulo expresa que “los festivales ‘del Sodre’ exhibían al público uruguayo filmes políticos”. Hubo si films de contenido social, pero no el cine de militancia política que se pretende, expresamente excluido por el reglamento vigente.

El Festival “burgués” de Punta del Este albergó al actor francés Gerard Philip, militante comunista, y sus andanzas por el balneario fueron registradas por un valioso cineasta, Ferruccio Musitelli, también comunista. Por su parte la interna del semanario “Marcha” se vió sacudida cuando algún crítico cinematográfico de la misma pretendía asistir al evento, contra la opinión de su director, el Dr. Carlos Quijano. Esa disputa interna de “Marcha” no fue siempre una controversia conocida por el público. Así, cuando Hugo Alfaro, administrador, crítico de cine y director de la sección cultural del semanario, comenzó a escribir “yaz” en vez de “jazz” y priorizar al Cine Club de Marcha y posterior C3M, halló una cierta oposición del Dr. Quijano, preocupado por el destino de su semanario.

En la página 249 se lee:

Con el apoyo de algunos cineclubes y donaciones internacionales, la C3M reunió, en poco tiempo, varios filmes latinoamericanos de difícil adquisición promovió exhibiciones y logró producir cuatro documentales además de una animación.”

Del apoyo de “algunos cineclubes” nada hubo, en tanto las donaciones internacionales cabe suponerlas ligadas a Cuba y el ICAIC, alineado en la defensa de la C3M, notoriamente visible en la revista “Cine Cubano”, donde se acusara a la Cinemateca Uruguaya y quien le había dado formidable impulso, Manuel Martínez Carril, de actuar al servicio del USIS (United States Information Center).

Las notas de “Cine Cubano” acusando a la Cinemateca Uruguaya y a Martínez Carril, carecían absolutamente de coherencia, ya que en el diario “El Popular”, órgano oficial del Partido Comunista Uruguayo, aparecía semanalmente la columna “Aquí Cinemateca”, con referencia a los films –políticos- programados por Cinemateca Uruguaya (exhibidos en la sala de la calle Mercedes del Teatro El Galpón).

La lectura de “24 ilusiones por segundo – Historia de Cinemateca Uruguaya-“ abunda en las múltiples polémicas de la institución, que hallaban en Martínez Carril una pluma difícil de rebatir.

Esta rivalidad de cinematecas, como bien señala la autora en la pag. 250, era la de “bolches” contra “tupas”, y comenzaba a adquirir ribetes duros. Integrantes de Cine Universitario y de la Cinemateca Uruguaya intentaron copiar el film Lejos de Vietnam, perteneciente a la C3M, amén de otros zancadillazos.

Cine Arte del SODRE fue un protagonista de primera línea en cuanto a la difusión del cine en el Uruguay, pero jamás fue un cineclub como se afirma en la pag. 248 del artículo.

La autora realiza afirmaciones respecto a propósitos de la C3M en flagrante contradicción con lo afirmado por la entidad.

Acerca de los artículos publicados en los dos únicos números de la revista “Cine del Tercer Mundo” se expresa en la pag. 252:

La presencia de Godard nos revela la preocupación de los editores en dejar claro que la C3M no rechazaba el lenguaje experimental y el arte de los cineastas extranjeros que se mostraban solidarios a la difusión del cine latinoamericano en Europa”.

Flaco favor le hace la frase anterior a la C3M, a la que se atribuye la aceptación del arte de los cineastas extranjeros a cambio de difundir cine latinoamericano.

El artículo se muestra más preocupado por el elogio antes que por un análisis desapasionado, concediendo sesudas interpretaciones a la revista “Cine del Tercer Mundo” publicada por la C3M.

La presentación del número 1 de “Cine del Tercer Mundo” es muestra de la intolerancia y el ”yo tengo razón” de una figura venerada por buena parte de los intelectuales de izquierda: Hugo Alfaro.

Alfaro pudo admirar al cine norteamericano, a Bergman y otros más en una primera etapa. Luego, erigido en factótum de la página cultural de “Marcha”, el “Festival de Marcha”, el Cine Club de Marcha, el Departamento de Cine de Marcha y otros rótulos, nos hace saber, en la presentación del número 1 de la revista “Cine del Tercer Mundo” que “nos fuimos especializando en tuercas y en vueltas de tuerca. Las vueltas que dan a su tuerca los Bergman, los Antonioni, los demás agonistas de la sociedad de la abundancia. Tuercas suntuosas de fino acabado, aptas para tornillos a su medida, tornillos suntuosos a su vez. ¿Podrán servirnos a nosotros, que no tenemos ni donde caernos muertos? En los países subdesarrollados se debería apostrofar públicamente a quien escribe ensayos sobre Bergman o Antonioni. En Montevideo, los cineclubes editan costosas revistas para publicar esos trabajos. Pero claro, nuestra situación es, afortunadamente, tan distinta.”

Es cierto, los cineclubes editaron costosas revistas (“Cine Club” y “Cuadernos de Cine Club”, en “Cine Club del Uruguay”; y “film” y “Nuevo Film”, en “Cine Universitario del Uruguay”). Eran financiadas con la cuota de sus socios, sus responsables eran honorarios, y varios integrantes de la C3M publicaron allí sus notas con entera libertad.

Cuando retornó la democracia y los ex integrantes de “Marcha” regresaron al país desde el exilio o salieron de la cárcel, Alfaro dejó su ocupación de “valijero” (vendedor ambulante de libros) y con ellos fundó “Brecha”, la que llegó a dirigir. No se opuso a que integrantes de la redacción asistieran a Festivales de Cine en Punta del Este, e incluso integrasen el jurado.

La C3M fue proscripta por la dictadura, muchos de sus integrantes conocieron la tortura y el exilio. Recuperada la democracia, sus integrantes no se reagruparon, prosiguiendo su labor cinematográfica, por separado, particularmente como documentalistas, técnicos y demás, abarcando con éxito también el cine publicitario.

Alvaro Sanjurjo Toucon (Exclusivo para accu.uy, 26/02/2021)

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