«Frontera» (Enrique Buchichio)

Una mujer fantástica

Es una de las películas más sorprendentes de estos últimos años. Y, oh casualidad, su guion se basa en un cuento del autor sueco John Ajvide Lindqvist, el mismo de Déjame entrar (o Criatura de la noche, como se conoció en Uruguay), una película realmente impactante de 2008 que tuvo su remake hollywoodense en 2010 (buena, no a la altura de la original, obviamente). Como en aquel antecedente, en Gräns (que literalmente quiere decir “límite”) vuelve a combinar elementos fantásticos con un poderoso drama que aborda algunos de los peores males de la sociedad contemporánea; en Déjame entrar era el acoso escolar (o bullying), la depresión infantil y lateralmente el alcoholismo y la pedofilia, que vuelve a aparecer aquí junto con la pornografía infantil, la discriminación y sobre todo la identidad de género.

Este es quizás el punto más interesante y el que eleva a la película en sus intenciones. La relación entre Tina y Vore, y sobre todo la crisis de identidad que desata en ella, son claramente una mirada sobre la construcción social en torno a la cuestión de género y sobre los vínculos que se establecen entre las personas a partir de ese concepto. ¿Qué es ser hombre, qué es ser mujer? ¿Cuál es el sentido de seguir atados a una lógica binaria cuando hay personas que no se identifican con su género biológico, ni siquiera con el opuesto? A partir de lo fantástico, sin intelectualizar sino naturalizándolo a partir del descubrimiento y la pérdida de la inocencia, la película invita a pensar en algunas de estas cuestiones tan vigentes en estos tiempos.

Por supuesto, lo que hay ante todo es la construcción de un personaje interesantísimo, el de Tina, una ¿mujer? que, a pesar de su apariencia poco convencional y que le ha generado rechazos toda su vida, se las ha arreglado para integrarse socialmente, o algo parecido a eso: tiene un trabajo para el cual es ideal, gracias a su increíble olfato que le permite detectar emociones en los demás (vergüenza, miedo, odio); tiene una casa en las afueras, en medio de un bosque, y hasta algo así como un compañero si bien su relación dista de lo idílico. También mantiene un vínculo afectuoso con su anciano padre, que vive en una residencia. Pero es evidente que Tina no es feliz; algo la inquieta, como un misterio o una pregunta esencial que no ha tenido respuesta, al menos hasta ahora. Se siente realmente libre en el bosque, como si ése fuese su hábitat natural, rodeada de vegetación y de animales salvajes que no le temen. ¿Quién es, realmente, Tina? O incluso, ¿qué es?

Estas y otras preguntas comienzan a tener respuestas a partir del encuentro con Vore, alguien sin duda muy parecido a ella en apariencia y entre quienes la atracción mutua se vuelve irresistible. No conviene revelar más al respecto (basta con saber que la historia se inspira en parte del folclore escandinavo), aunque sí agregar que lo monstruoso, como en Déjame entrar, se vuelve un tema en sí mismo: lo monstruoso en apariencia, y que en consecuencia se debe rechazar, en contraposición con la monstruosidad de los seres humanos, la especie más peligrosa y destructiva que ha pisado la Tierra, capaz de los horrores más impensados. “No quiero lastimar a nadie”, dice Tina, “¿es humano pensar de ese modo?” De nuevo la identidad, la identificación, las definiciones. El ser.

La película llama la atención sobre el talento del director Ali Abbasi, nacido en Irán en 1981 pero radicado en Dinamarca, donde estudió cine y filmó su primer largometraje, Shelley (2016). En Frontera, su segundo largo por el que recibió el premio “Un Certain Regard” en el Festival de Cannes, cuenta con al menos dos intérpretes excepcionales, Eva Melander y Eero Milonoff, tan desconocidos por acá como irreconocibles detrás del impresionante trabajo de maquillaje, que mereció una nominación al Oscar en 2019.

Enrique Buchichio (Cartelera)

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