125 años de Cine en el Uruguay: 1896 – 18 de julio – 2021 (Álvaro Sanjurjo Toucon)

EL «SALON ROUGE», NUESTRA PRIMERA SALA CINEMATOGRAFICA AÚN EXISTE: SU HISTORIA Y UBICACIÓN                      

 por Alvaro Sanjurjo Toucon

Un lejano 28 de diciembre de 1895, en el “Salón Indien”, ubicado en el subsuelo del “Grand Café” de la ciudad de París, los hermanos Auguste y Louis Lumière ofrecían la primera exhibición pública de su “cinématographe”. Un prodigio que el mundo conocerá con una sencilla y elocuente denominación: “cine”.

         Seis meses y pocos días después, el 18 de Julio de 1896, en Montevideo, se realizaría la primera exhibición cinematográfica del país. La misma tuvo lugar en el llamado “Salón Rouge”, histórico recinto que aún existe y cuya precisa ubicación determinamos y comprobamos en investigación dada a conocer en marzo de 1996 (en el número 61 de la revista “graffiti”), año en que Montevideo fuese designada “Capital Iberoamericana de la Cultura” y celebrara el centenario de la primera exhibición cinematográfica en el Uruguay, realizada en el “Salón Rouge”, objeto del trabajo referido.

         Nuestra investigación fue aprobada por la Comisión del Patrimonio y autoridades del Museo Histórico Nacional de la época,  las que dispusieran en acuerdo con el Sodre y colaboración de la Comedia Nacional, reproducir, en acto público al que asistieron autoridades nacionales y municipales, la reconstrucción, el 18 de Julio de 1996,  de la primera exhibición cinematográfica ocurrida en el mismo recinto y con los mismos films de hacía exactamente un siglo.

         El documental 100 años de Cine en el Uruguay, de Ildefonso Beceiro, registró el evento.

LA INVESTIGACIÓN DE 1996

         Contrariamente a la opinión de muchos historiadores, y de acuerdo al «rescate histórico» efectuado  por Juan Carlos Sabat Pebet en 196l, podemos afirmar que el edificio que albergara a nuestra primera sala cinematográfica aún existe. Se trata del llamado «Palacio de Marmol”, también conocido como «Casa de Montero»   o «Casa de Roosen», según las épocas, y actual sede del «Museo Romántico», sito en la calle 25 de Mayo, entre Zabala y Misiones. Ubicación del «Salon Rouge» con la que también coincide -según nos manifestara verbalmente- el historiador Anibal Barrios Pintos.

         De acuerdo a la investigación desarrollada en el estudio que sigue, se corrobora lo afirmado por Sabat Pebet, y dando un paso más podemos precisar cual era el lugar que  dentro del edificio ocupaba el «Salon Rouge».

         En la planta baja del «Palacio de Marmol» existieron varios locales comerciales, cuyas puertas de acceso aún se conservan,  todos con entrada directa por la calle 25 de Mayo. Y nuestra primera sala cinematográfica ocupaba aquel local con puerta  más próxima a la calle Zabala. En consecuencia, el «Salón Rouge»  estaba situado en el recinto donde hoy se encuentra la sala de conciertos de la sección musicología que alberga el «Museo Romántico».

         Este trabajo, además de permitir una precisa ubicación del «Salón Rouge», aspira a convertirse, en base a testimonios diversos, en reconstrucción de aquellas jornadas en que deslumbrados montevideanos descubrían el «Cinematographe Lumière».

– TESTIMONIOS DE LA PRENSA MONTEVIDEANA DE LA EPOCA

a) diarios

LA RAZON, edición de la tarde, del día lunes 20 de julio de 1896 (1).

EL CINEMATOGRAFO

         «El sábado último se dio una sesión privada del Cinematógrafo, la maravillosa aplicación de la fotografía instantánea últimamente descubierta.

          Asistió un número reducido de invitados que admiraron y aplaudieron las bonitas vistas que ofrece.

          El movimiento de personas y vehículos, el oleage (sic) del mar está representado con una verdad y exactitud que maravilla.

          Entre las mejores vistas que se presentaron merece tomarse en cuenta el derrumbe de una pared; un almuerzo, la salida de operarios de unos talleres; El Higde (sic) Park de Londres y una playa de baños.

         Los concurrentes al estreno del cinematógrafo salieron muy bien imperesionados por el espectáculo.

         El cinematógrafo está instalado en la calle 25 de Mayo número 207 donde por un precio reducido podrá el público gozar de un buen rato con un espectáculo curiosísimo y novedoso.»

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LA RAZON, edición del día miércoles 22 de julio de 1896. (2)-

         «Nos ocupamos hace días, con motivo de su estreno, del maravilloso invento que con el nombre de Cinematógrafo se exhibe al público en la calle 25 de Mayo entre Misiones y Zabala… La persistencia de las impresiones en la retina, es la que producen todos estos aparatos de ilusión del movimiento…A esto se reduce el cinematógrafo, un aparato sencillísimo que no sólo permite tomar las vistas, sino proyectarlas de un modo maravilloso y sorprendente… De los efectos del aparato como espectáculo nada hay que decir, pues pocas persona habrá ya en Montevideo que no se hayan gastado 4 centéstimos (3) en el Cinematógrafo de la calle 25 de Mayo.

         Nosotros que nos complacemos en visitarlo con frecuencia, hemos observado que cuando es mucha la presión atmosférica…, los cuadros carecen de fijeza… La falta de color es el pero del invento… Y por último el ropaje decorativo del recinto, daña mucho la vista del espectador en los intermedios de los cuadros, irritando…la retina, sin duda con premeditación para que ésta conserve una impresión rojiza durante la visualidad de las imágenes.»

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EL SIGLO, edición del día martes 21 de julio de 1896. (1)

TEATROS Y FIESTAS

«El cinematógrafo.- No podemos quejarnos en materia de repercusión de todo cuanto en Europa aparece o se inventa. Hace bien poco que la prensa daba cuenta de haberse exhibido por primera vez en Paris el cinematógrafo y ya lo tenemos en Montevideo instalado en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Misiones.

         El cinematógrafo es una de las mil aplicaciones que ha hecho el gran Edison de sus maravillosos inventos.

         La mayor parte de nuestros lectores conocerán seguramente el kinetófono, que Figuer ha exhibido entre nosotros en los últimos años. Pues bien: el cinematógrafo es una magnífica ampliación del kinetófono. Las figuras y escenas que en este aparato se ven en pequeño se destacan en proporciones casi naturales en el primero reflejándose sobre un gran lienzo blanco. Es una maravillosa linterna májica (sic) a cuyas vistas comunica vida y movimiento la electricidad.

         Los ojos y el ánimo quedan absortos al contemplar los resultados obtenidos por el gran mago norte-americano. Aquello es un prodigio, es algo que despierta el ergullo (sic) del hombre al contemplar hasta donde ha llegado el poder de su inteligencia.

         Como es natural, las escenas se desarrollan en la oscuridad. Los rayos eléctricos enfocados en el aparato se reflejan sobre el lienzo blanco. Aparecen allí paisajes, ferrocarriles, vapores, bailes, escenas de costumbres, etc.»

   Siguen descripciones de los films exhibidos,  indudablemente las célebres películas de los Hermanos Lumière, a quienes no se menciona, mientras que se atribuye el cinematógrafo a Edison (ver apéndice sobre Edison y Lumière). El artículo de «El Siglo» concluye en los siguientes términos:

         «Todo esto, con los accesorios correspondientes, se ve claro y real gracias al cinematógrafo. La ilusión es completa. A aquellas figuras solo les falta hablar. Si para conseguirlo se empleara el fonógrafo, no quedaría nada por desear.

         Vale la pena visitar la modesta instalación de la calle 25 de Mayo y conocer una de las grandes maravillas del siglo.»

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EL DIA, edición del día martes 21 de julio de 1896. (2)

          «En la calle 25 de Mayo en los bajos de la casa de la familia Regalía, ha llamado la atención en estas noches pasadas un saloncito todo tapizado de rojo, alfombrado por dos o tres lámparas y adornado con algunas plantas…Después del salón rojo, el espectador pasa a otro salón completamente a oscuras, donde sólo se ve una gran pantalla blanca…En el fondo resalta sobre una pared negra con tres agujeros… Pero de estas vistas, una de las que más llama la atención es la llegada de un tren. Se ve avanzar la locomotora y el convoy. Se para el tren, se abren las portezuelas, los pasajeros bajan al anden, los empleados corren, se buscan los amigos…Todo esto aparece con un movimiento tan natural que el espectador queda maravillado. La salida de los operarios de una fábrica es también vista admirablemente. Se abre la puerta y un tropel de mujeres sale apresuradamente en todas direcciones. Algunos ciclistas pasan de carrera; sale un coche a todo escape, un carro más atrás. Se ven también escenas callejeras, un baile al son de un organillo…La concurrencia que asiste a las sesiones del Cinematógrafo es numerosa. Todos salen de allí maravillados. El aparato funciona desde las 7 hasta las diez de la noche.» (4)

         Nótese que la crónica del diario «El Día» hace mención a que la función tuvo lugar en los bajos de la casa de la familia Regalía, si bien el «Palacio de Marmol», contruído en 1831 por Antonio Montero, era conocido en 1896 como «Casa de Roosen». Pero, y según consta en el «Libro de los Linajes/3», de Ricardo Goldaracena (Ed. Arca; Montevideo, 1981), Matilde Regalía Montero, nieta de quien había hecho construir el edificio, había contraído matrimonio en 1889 con Germán Roosen. De ahí que la finca fuese identificada con el nombre de Roosen o bien de Regalía.

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LA TRIBUNA POPULAR, edición del día martes 21 de julio de 1896. (1)

EL CINEMATOGRAFO

         «El aparato que desde la noche del último sábado funciona en el salón rojo de la calle 25 de Mayo 207, llamado cinematógrafo, aunque no nuevo, constituye una de las cosas más curiosas de que puedamos formarnos idea.»….»…el aparato del señor Etienne ofrece un atractivo extraordinario…»

         El suelto de La Tribuna Popular, además de ratificar fecha y lugar de la primera exhibición, proporciona un curioso dato: el nombre de ese señor Etienne, al que cabe suponer uno de los camarógrafos de los Lumiere que como tantos otros de sus colegas recorría el mundo con su cámara y sus «vistas».

         Una posterior pesquisa a inicios del siglo XXI en los Archivos Lumiere, no reveló a nadie así llamado entre los camarógrafos enviados a América del Sur. Otros investigadores indagaron en el mismo sentido, sin resultado al respecto.

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         El día sábado 18 de Julio de 1896, los diarios montevideanos destacaban la inauguración del monumento a Joaquín Suarez en la Plaza Independencia y no faltaban pequeñas notas acerca de la “campaña en pro de un monumento al general José Gervasio Artigas”.

         Las carteleras de espectáculos, donde el cine no aparecía, señalaban que ese día se producía en el Teatro Solís el debut de la Gran Compañía Lírica Italiana con la representación de «Guillermo Tell»; el programa continuaría en días siguientes con «Manon Lescaut». Los precios para la función del día l8 oscilaban entre treinta pesos los palcos, seis pesos el sillón de platea y un peso el paraíso.

b) revistas

CARAS Y CARETAS, No. 126, pág. 329, del 26 de julio de 1896. (1)

 «El Cinematógrafo.- De esta diversión, que tiene su sede en la calle 25 de Mayo número 207, no diremos nada, porque todo fuera pálido e ineficaz para dar idea de ella.

         Es de lo más notable y sorprendente que puede concebirse y es perfectamente imposible que nadie se figure lo que es antes de verlo.

         Por eso deben ustedes ir á verlo.»

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= OTROS DOCUMENTOS

         Se insertan seguidamente:

   LAMINA A.- reproducción de una página de la «Guía del Siglo» correspondiente al año 1908; primera con Montevideo por calles, número de puerta y apellido de sus habitantes, en la que se reproducen los datos de la calle «25 de Mayo» referidos al presente estudio. (5)

    LAMINA B.- Números de puerta antiguos y actuales del «Palacio de Marmol», proporcionados por la sección «Nomenclatura y Numeración» de la Intendencia Municipal de Montevideo.

         Considerando que la Casa Roosen (antes Montero, luego Regalía, también  conocida como Palacio de Marmol y actual Museo Romántico) posee cinco puertas sobre la calle 25 de Mayo -una central, correspondiente a la vivienda, que tuvo el número 211- y cuatro de menor tamaño -dos a cada lado de la central-, que albergaron locales comerciales, podemos afirmar que la identificada con el número 207 -ubicación del «Salon Rouge»- es aquella que se halla más próxima a la calle Zabala.

          LAMINA C.- cartelera de «Espectáculos Públicos» del diario «La Razón» del 29 de julio de 1896.

= LA PALABRA DE LOS HISTORIADORES

         Los diferentes historiadores que han abordado el tema del cine en el Uruguay coinciden en señalar que el «Salón Rouge» fue nuestra primera sala cinematográfica. No obstante difieren en cuanto a la ubicación de la misma y en algunos casos también discrepan acerca de la fecha de esa primera función. A través de los documentos puede establecerse que la primera función tuvo lugar el 18 de julio de 1896 y que el «Salón Rouge» estuvo ubicado en el edificio que hoy alberga al Museo Romántico (el llamado «Palacio de Mármol» construido por Antonio Montero en 1831 y casa de la familia Roosen-Regalía en 1896). El nuestro no es un aporte totalmente original sino una investigación que ratifica, comprueba y amplía lo expuesto por el profesor Juan Carlos Sabat Pebet en artículo publicado en l96l en el «Almanaque del Banco de Seguros del Estado» (nota parcialmente reproducida en el ítem e)). Probablemente la única novedad aportada por el presente trabajo sea la de determinar cual fue la ubicación concreta del «Salón Rouge» dentro del viejo edificio de Antonio Montero.   

         Aunque los documentos citados y/o reproducidos son elocuentes, creemos que corresponde transcribir los principales textos sobre el tema publicados hasta la fecha y fundamentar, cuando corresponde, nuestro disenso con autores que, indudablemente, ocupan importante lugar en la historiografía del cine en el Uruguay.

         a) «Dos siglos de publicidad en la historia del Uruguay», de Jacinto A. Duarte (Montevideo, 1952; edición del autor).

         En el capítulo correspondiente a «La propaganda cinematográfica», Duarte señala:

         «El primer aviso sobre exhibición de cine auténtico, apareció en «El Día», el martes 28 de julio de 1896, exactamente 6 meses de la primera exhibición en París, decía así el aviso:

                      DIVERSIONES PUBLICAS

                          SALON ROUGE

                   «Calle 25 de Mayo No. 20.- Cinematographe, fotografía animada.- Secciones todos los días de 3 a 6 p.m. y de 7 1/2 a 10 p.m. Entrada $ 0,40.»

         Según Duarte el último aviso sobre el espectáculo fue publicado en el mismo diario el 8 de setiembre de 1896, diciendo:

         «A pedido de varias familias 15 días más en esta capital.

Gran novedad del día. El último invento del siglo XIX……..

Entrada general $ 0,40, para niños $ 0,20. Hora de entrada de 4 a 6 de la tarde y de noche de 8 a 10. Calle 25 de Mayo No. 207 entre Misiones y Zabala, frente al Banco Francés.»

         Este «Banco Francés» era, según la Guía del Siglo reproducida, el de Supervielle y Cia. y ocupaba los números 232 y 234 de la calle 25 de Mayo, no debiendo confundirse con el actual «Banco Francés» ubicado en la esquina de 25 de Mayo y Zabala, en el mismo edificio donde anteriormente funcionaran el «Banco Español del Río de la Plata», el Banco «Unión de Bancos del Uruguay (UBUR) y el Banco «Banesto».

         En la revisión de diversas publicaciones de la época pudimos ubicar, en la revista satírica El Negro Timoteo (No. 35, del 30 de agosto de 1896), un aviso similar al citado por Duarte, que reproducimos en estas páginas.

         .b) «El libro de Oro del Cine en el Uruguay» – edición especial de la revista «Cine Radio Actualidad» (Montevideo, setiembre 16 de 1955) con redacción de Luciano Mosteiro.

         Luciano Mosteiro, que dice haberse apoyado en el trabajo previo de Jacinto A. Duarte -indudablemente se trata de Dos Siglos de Publicidad en la Historia del Uruguay-, señala:

         «En julio de 1896 se anunciaba en el SALON ROUGE, de 25 de Mayo 207, entre Misiones y Zabala, frente al antiguo Banco Francés «la gran novedad del día», «el último invento del siglo XIX», «el cinematógrafo de Lumiére», «Secciones todos los días de 3 a 6 p.m. y de 7 1/2 a 10 p.m. Entrada $ 0,40». Puede suponerse que el programa estaría constituído por las primeras películas filmadas por los hermanos lioneses. En setiembre del 96 todavía funcionaba el «Rouge», habiendo eso sí, reducido los horarios (de 4 a 6 y de 8 a 10) y estableciendo un precio especial para menores, $ 0,20).»  

         c) «Cine en el Uruguay», folleto publicado por el Ministerio de Industrias y Trabajo con motivo de la Exposición Nacional de la Producción (s/fecha, seguramente 1956, y sin indicación de autor).

         Quien redactó este interesante folleto señala como sus fuentes el citado libro de Jacinto A. Duarte. En el mismo puede leerse:

         «En Montevideo, tenemos noticia de ello (la aparición del cine) por un aviso publicado en la prensa de la época el 28 de julio de 1896:

                            DIVERSIONES PUBLICAS – SALON ROUGE

         Calle 25 de Mayo No. 20. Cinematographe, Fotografía animada. Secciones todos los días de 3 a 6 p.m. y de 7 1/2 a 10 p.m. Entrada $ 0,40.»

         Se introducen aquí dos elementos de confusión. En primer término el señalar que se tiene noticia del Salón Rouge recién el día 28 de julio, cuando en realidad, y aunque no se trataba de avisos, la presencia del mismo había sido registrada por diversos diarios con varios días de antelación a la fecha consignada. En segundo término y seguramente por tomar los datos del aludido libro de Duarte, se ubica al «Salón Rouge» en el número 20 de la calle 25 de Mayo en lugar del 207.

         d) «Breve Historia del Cine Uruguayo», por José Carlos Alvarez (Ed. Cinemateca Uruguaya, Montevideo 1957), con  posterior edición revisada por el autor en la revista argentina «Tiempo de Cine» (1965).

         Título básico en la historiografía del cine en el Uruguay, el trabajo de José Carlos Alvarez -personalidad fundamental de la cultura cinematográfica nacional y uno de los fundadores de la actual Cinemateca Uruguaya (6)-, señala:

         «El 18 de Julio, en una exhibición privada efectuada en «Le Salon Rouge», se presenta por primera vez en Montevideo el Cinematógrafo….»

         Y a continuación puede leerse:

         «Le Salon Rouge» estaba ubicado en la calle 25 de Mayo No. 287, junto a la vieja casona de Roosen, en la sala donde antes habìa funcionado el Diorama»

         Álvarez es fiel a lo consignado por la prensa de la época en cuanto a que aquella primera función del 18 de julio de 1896 tuvo carácter privado. En cambio no es correcto el número 287 para ubicar en la calle 25 de mayo al «Salón Rouge». Seguramente se trata de una errata de imprenta, que transformó en 287 el original 207. El número, si consultamos la «Guía del Siglo» aquí reproducida, nunca pudo ser 287 pues en ese caso nuestra primera sala de cine quedaría fuera de la cuadra de  25 de Mayo  entre Zabala y Misiones.

         También existe la posibilidad de que el número 287 provenga de alguna interpretación errónea de la información de la época porque, según Duarte, en la prensa capitalina del 16 de enero de 1897 se informaba la existencia de un cinematógrafo Lumiere en 25 de Mayo 287, frente al Hotel de Paris. Para despejar cualquier duda sobre la existencia de ambos salones de cine, hay que subrayar que este aviso destacaba que su espectáculo era similar al ofrecido anteriormente en el Salón Rouge. 

         Y se contradice Álvarez con la crónica publicada por «El Día» en 1896 al situar a dicho salón fuera de la casa Roosen, si bien es correcto que en la calle 25 de Mayo funcionó el «diorama». (7)

         Consultado con motivo del presente trabajo y puesto en conocimiento de la nota aparecida en el diario El Día del 21 de julio de 1896, Álvarez se adhiere a la tesis que ubica al Salón Rouge en la casa de Roosen, sosteniendo que debe descartarse toda posibilidad de error por parte del cronista ya que la dimensión de la ciudad en la época permitía un amplio conocimiento de los edificios más notorios y de sus moradores.

     e) «Una reliquia arquitectónica – El Palacio de Mármol- La inicial salita de cine», por Juan Carlos Sabat Pebet, en el «Almanaque del Banco de Seguros del Estado» (Montevideo, 1961).

         En la primera parte de su artículo «Una reliquia arquitectónica», Sabat Pebet se refiere a su visita al Palacio de Mármol (también conocido como casa de Montero y luego casa de Roosen) en momentos de escribir su nota, cuando el edificio estaba siendo restaurado. Sabat ilustra sobre detalles de su construcción, se refiere a su primer propietario, Antonio Montero, y, entre otras personalidades vinculadas con la casa, cita a Germán Roosen Regalía.

         En el tramo final del artículo y bajo el subtítulo «El Salón Rouge, cine inicial», anota Sabat Pebet:

         «Montevideo, a lo largo del siglo XIX conoció todas las formas de espectáculos ópticos, tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres del cinematógrafo, en salitas de repartida ubicación. Pero, como una prueba más de que somos antena que capta rápidamente todas las novedades extra-oceánicas, a seis meses de que los Hnos. Lumiére sorprendieran con una inocentada genial a París, al pasar sus primeras películas el 28 de diciembre de 1895 en el «Grand Cafe», a seis meses repito, ya contábamos con el SALON ROUGE, en uno de los locales situados en la planta baja del PALACIO DE MARMOL. Los otros ambientes -y apelo a la memoria excepcional de mi gran amigo D. Roberto Lammers- estaban, más o menos hacia esa época, ocupados por una baulería, la agencia a cargo de D. Abelino Lammers de la compañía de seguros contra incendios «Transatlántica», con sede en Hamburgo, la sucursal de la cigarrería «La Giralda», de Soto Hermosilla y Cia., y la farmacia Cranwell.»

         Corroborando sus palabras, Sabat Pebet añade dos artículos periodísticos -el de «La Razón» (22-7-1986) y el de «El Día» (21-7-1896)- que transcribimos precedentemente.

     f) «Cuando el cine se llamaba biógrafo» artículo de Alfredo Castellanos publicado en el semanario «Marcha» (Montevideo, 15 de enero de 1965).

            Luego de varias referencias a los Hermanos Lumiére y al anuncio de su invento efectuado por el diario montevideano «El Siglo», Alfredo Castellanos escribe:

                   «…se anunciaba por la prensa, «la gran novedad del día», el «último invento del siglo XIX», el «Cinematographe de Lumiére», en el «Salón Rouge», 25 de Mayo 207, entre Zabala y Misiones; su exhibición dio comienzo el 23 de julio de 1896, prosiguiendo hasta enero del año siguiente, con sesiones diarias de 3 a 6 p.m. y de 7 1/2 a 10 p.m., al precio de cuarenta centésimos la entrada.»

                   «El edificio del «Salón Rouge» -presumiblemente una sala de bailes de la época-, se mantiene hoy como entonces, desde hace más de medio siglo, en la finca señalada con el número 418 de la referida calle céntrica; acaso fuera de interés para el Estado su adquisición con destino a alguna dependencia oficial vinculada con la actividad cinematográfica nacional.»

         Castellanos establece, en concordancia con los datos de la época, la dirección original del «Salon Rouge», pero luego ubica la misma en el actual número 418 de la calle 25 de Mayo. Hoy ese número corresponde a un baldío. Pero aparece muy claro que Castellanos lo sitúa fuera de la casa de Montero (o de Roosen, o Palacio de Mármol), al anotar que en el momento de escribir su nota aún subsistía el local cuya adquisición por parte del gobierno propone. No puede tratarse del Palacio de Mármol pues lo hubiera señalado y además el mismo ya era en ese momento propiedad estatal.

         El historiador Alejandro Giménez Rodríguez, en nota publicada en el periódico barrial «La Ciudadela» (Año 3, No. 28, de octubre de l995) hace mención similar a la de Castellanos. No se trata de la coincidencia de dos investigaciones sino que, según nos expresara el mismo Giménez, tomó los datos anotados por Castellanos.

         En su posterior y monumental “Historia del desarrollo edilicio y urbanístico de Montevideo (1829-1914)” (Montevideo, l97l, Ed. Junta Departamental de Montevideo, «Biblioteca José Artigas»), Castellanos hace mención al «Salón Rouge», aunque sin precisar otros datos de ubicación que la calle y el número. En el profuso detalle de las fuentes utilizadas en la citada obra, en lo concerniente al «Salón Rouge», Castellanos menciona al diario El Siglo, del 23 de julio de 1896, y al diario El Día, del 10 de octubre de 1896. Seguramente, de haber conocido la edición de El Día del 21 de julio de 1896, no ubicaría al cine fuera de la casa de Roosen. Lamentablemente, fue imposible determinar cuales fueron los documentos consultados por Castellanos para arribar a lo manifestado en su artículo del semanario “Marcha”.

          Sorprende también que Castellanos establezca como fecha de la primera función el 23 de julio de 1896 -seguramente tomada de la cartelera del diario “El Siglo” por él consultado- cuando ya el día 22, en la edición de la tarde de “El Siglo”, bajo el título «Diversiones Públicas» aparece la cartelera de espectáculos teatrales donde se incluye al cinematógrafo Lumiere del Salon Rouge.

         Si bien el espectáculo cinematográfico en nuestro país se inicia con la función privada del l8 de julio de 1896, quedan algunas dudas acerca del comienzo de las proyecciones para todo público. Dada la repercusión menor que el espectáculo tuvo en su momento, nada permite suponer que las carteleras de la prensa le incluyeran el mismo día en que las puertas del “Salon Rouge” se abrían a todos los ciudadanos.

     g) «Apuntes para una historia (I)», artículo de Guillermo Zapiola aparecido en «Artes & Espectáculos» del diario «El País» (Montevideo, 23 de febrero de 1985).

         Zapiola escribe: «…los diarios de la época informan de la primera sesión del «Cinematographe Lumiére» en Montevideo, que tuvo lugar el 18 de julio de 1896 en el llamado «Salón Rouge» de la calle 25 de Mayo 287. Una nota periodística de entonces (recogida por José Carlos Álvarez en su «Historia del Cine Uruguayo») da cuenta que la función incluía….»

         Sin lugar a dudas, en su detalle de los inicios del cine en el Uruguay, Zapiola se remite a Álvarez y no a las publicaciones de la época. De ahí la semejanza de sus afirmaciones, ubicando erróneamente al «Salón Rouge» en el número 287 de la calle 25 de Mayo, en lugar del correcto 207.

         h) «Historia y Filmografía del Cine Uruguayo», recopilación de Eugenio Hintz (Ediciones de la Plaza, Montevideo, Julio de 1988) del material señalado en d), f) y g).

         Este libro, en lo que corresponde a la «Historia del Cine Uruguayo», está constituido por un «collage» estructurado por Eugenio Hintz en base a los trabajos ya señalados de Álvarez, Castellanos y Zapiola. De ahí que Hintz interprete como posiciones coincidentes las de Álvarez y Zapiola -cuando en realidad el segundo se limita a reproducir al primero- y establezca una posible discrepancia de ambos con Castellanos. Quienes difieren son Álvarez y Castellanos y ello ya ha sido aclarado en los apartados d) y f).

         i) «Salones de Biógrafo y Cines de Montevideo de 1908 a 1992», por Rafael Vanrell Delgado (Ed. de la Plaza, Montevideo, junio de 1993).

          Formidable cantera de datos, este libro incluye numerosos errores y contradicciones internas. Aunque el año 1896 queda fuera de los propósitos de Vanrell Delgado, en el Capítulo 2 (pág. 9), destinado a Generalidades, el autor expresa:

         «El cine en nuestro país comenzó en julio de 1896, es decir, 7 meses después que los hermanos Lumiere lo mostraran al mundo en los bajos del Grand Café de París, frente a 33 espectadores el 28-12-895»

         «El Sr. Felix Oliver trajo a nuestro país los aparatos correspondientes y unas 500 películas. En la calle 25 de Mayo 207, entre Misiones y Zabala, casa de Don Antonio Montero, al lado de la casa de los Roosen, en lo que se llamó «SALON ROUGE», comenzó a dar cine.»

          Efectivamente, Felix Oliver estuvo vinculado al cine nacional en sus inicios, pero los hechos descriptos por Vanrell son posteriores y ninguna fuente permite relacionarlo con aquel espectáculo inaugural del 18 de julio en el «Salón Rouge». En cambio, Vanrell,  aunque no indica la fuente, ubica al «Salón Rouge» en el Palacio de Mármol de Montero, si bien supone que éste es contiguo a la casa de los Roosen cuando en realidad se trata de la misma finca.

= LA RATIFICACION

         A efectos de profundizar nuestra investigación, indagamos en la sección «Nomenclatura y Numeración» de la Intendencia Municipal de Montevideo, donde obtuvimos los datos que obran en las referencias gráficas incorporadas a este trabajo (lámina B).

         Mediante ellas se constata que el número de puerta 207 (de 1896) corresponde actualmente al 422, que si bien no aparece hoy en placa alguna, pertenece a los números de puerta de la Casa de Montero (actual Museo Romántico). Ello se comprueba fehacientemente al verificar que el número de puerta actual previo al Museo Romántico, es el 420, y el número que le sigue a ese edificio es el 438. Por lo que el número actual 422 (ex 207, donde funcionara el «Salón Rouge») es el de la puerta del Palacio de Mármol (Museo Romántico) más próxima a la calle Zabala.

         Procurando acopiar mayor documentación que ratificase esta teoría, consultamos en la Dirección General de Catastro el Título de Propiedad No. 7198, Padrón 3060 de Montevideo, correspondiente al actual Museo Romántico o Casa de Roosen. En el mismo se pudo constatar que los actuales números de calle del Museo Romántico son el 422, 426, 428, 432 y 434.

         Asimismo se comprobó que al padrón lindero (No. 3059), que a comienzos de siglo pertenecía a los Dres. Pedro y Ramón Díaz (actualmente un terreno baldío), corresponderían hoy los números de puerta 418 y 420.  

         Revisadas en la Biblioteca Nacional diversas ediciones del “Gran Almanaque de El Siglo”, popularmente conocido como “Guía del Siglo”, se obtuvieron los siguientes datos relativos a  numeración y ocupantes de las fincas de la acera sur de la calle 25 de Mayo entre Zabala y Misiones:

– año 1908 (primer año en que aparecen las calles, números y                  ocupantes de las fincas):

203.- Christian Weidemann, joyería.

205.- Abogados y escribanos (Elbio Fernández, Joaquín Secco Illa, etc.)

207.- Cifarelli y Di Bello, peluquería.

209.- Casanova y Cia. cambio.

209.- Suarez y Canessa, Ferro, rematadores y corredores.

211.- Doctor Germán Roosen, diputado (domicilio).

213-215.- Carnwell, farmacia.

217.- Hijos de Guillermo Vanrell, importadores de comestibles. 

– año 1909:

203.- idem

205.- idem

207.- idem

209.- Rematadores

211.- idem

213.- Cosentino Lanzallotti, taller de lustrar.

215.- Olivari, peluquería.

217.- idem

– año 1910:

203.- idem

205.- idem

207.- idem (Solamente aparece Severo Di Bello).

209.- J. Errecart, cambios y giros.

211.- idem

213.- idem

215.- Castaldo, sastrería.

217.- idem

– año 1911:

203.- idem

205.- idem

207.- idem

208.- idem

209.- idem

211.- idem

213.- idem

215.- idem

217.- idem

– año 1912:

203.- Di Bello, peluquería

205.- idem

207.- deshabitada

209.- idem

211.- idem

213.- idem

215.- deshabitada

217.- idem

         La peluquería de Di Bello se traslada al local contiguo, perteneciente a los Dres. Ramón y Pedro Díaz. El Sr. Duilio Di Bello Cifarelli, hijo y sobrino de los propietarios de la peluquería, nos manifestó recordar que era a estos profesionales a quienes su padre dijo abonarles el alquiler.

– año 1913:

203.- Zapatería

205.- Di Bello, peluquería (en 1912 aparecía en el 203).

207.- abogados y escribanos (en 1912 aparecían en el 205).

207a.- Viuda de López e hijo, peletería.

209.- idem

211.- idem

213.- idem

215.- Juliani, peluquería y sombrerería.

217.- idem

         En 1913 se nota un corrimiento de algunos números (205 y 207 entre ellos) respecto al año anterior y la aparición del 207a. O sea que el 205 era el anterior 203 y el 207 era el anterior 205. En consecuencia, el 207a era el anterior 207.

         Sobre esta duplicación mediante la letra a) no pudieron brindarnos dato alguno en la sección «Numeración y Nomenclatura» de la I.M.M.

– año 1914:

en este año se produce una modificación de los números de puerta (la que rige actualmente) y ubicamos entre paréntesis los números anteriores (aquellos que figuran en las ediciones de 1908 a 1913 del Almanaque de El Siglo).

(203) 416.- Fatorusso, zapatería.

(205) 418.- Di Bello, peluquería.

(207) 420.- Abogados y escribanos; y sastrería.

(207a) 422.- Viuda de López e hijo, peletería.

(209) 426.- J. Errecart.

(211) 428.- G. Roosen.

(213) 432.- Cosentino, taller de lustrar.

(215) 434.- Juliani.

         Cabe señalar que el núcleo de “Abogados y escribanos”, de acuerdo al número de puerta que poseía desde 1908, tenía sus oficinas fuera del Palacio de Mármol. Por lo tanto, la adjudicación del número 207 en 1913, correspondería atribuirla a una posible readecuación de números de puerta previa al cambio producido finalmente en 1914.

         Nuevamente se comprueba -a través de la ubicación de la peletería de “Viuda de López e hijo”- que el viejo número del «Salón Rouge» (el 207 convertido en 207a en 1913) corresponde al actual 422; numeración que de acuerdo con la Intendencia Municipal de Montevideo y el título de propiedad depositado en Catastro, pertenece al Museo Romántico. Concretamente, identifica a la puerta más próxima a la calle Zabala.

= EL «SALON ROUGE» EN LA ACTUALIDAD

         Ratificado que el «Salón Rouge» se hallaba en la casa de Montero (o Palacio de Mármol, o casa de Roosen)(8), y habiéndose determinado que ocupaba el área correspondiente al salón comercial cuya puerta es, de las cinco que posee el edificio, la más próxima a la calle Zabala, veamos que existe actualmente en ese lugar.

         En primer lugar corresponde señalar que si bien la fachada presenta un aspecto similar al que habrìa ofrecido en 1896, la misma es producto de una reconstrucción, pues en la primera mitad de este siglo los sucesivos comercios allí instalados construyeron vidrieras y puertas con la consiguiente alteración de las aberturas originales. 

         Aunque la arquitectura original ha sido modificada (9) y se practicaron en el interior del «Salon Rouge» aberturas que le comunican con el resto del edificio, este recinto -salón de actos del departamento de musicología- posee la planta característica de  una sala de espectáculos, casi un «microcine» como los que hoy han comenzado a proliferar en varios puntos de la ciudad.

         Si bien su uso al público está sumamente restringido, sería interesante se permitiese su visita y mediante una placa o similar se destacase la función que le cupo durante unas cuantas semanas a partir del histórico 18 de Julio de 1896, cuando el cinematógrafo Lumiere ingresó al país. Acontecimiento que  en aquella jornada  quedó a la sombra de los fastos cívicos producidos con motivo de la inauguración del monumento a Joaquín Suarez en la Plaza Independencia y por los canoros italianos que desde el Teatro Solís inauguraban una temporada de ópera que los montevideanos de entonces consideraron uno de los grandes espectáculos del año.

NOTAS

(1) Tomado directamente del ejemplar archivado en la Biblioteca Nacional. En el caso de la revista «Caras y Caretas», la misma fue consultada en los archivos del Cabildo de Montevideo.

(2)  Tomado del artículo «Una reliquia arquitectónica», de Juan Carlos Sabat Pebet, incluído en el «Almanaque del Banco de Seguros del Estado» (Montevideo, l96l)

(3) Seguramente se trata de un error de imprenta, pues abundantes fuentes coinciden en un precio de cuarenta centésimos.

(4) Una posterior edición de El Día, también de julio de 1896, que pudimos observar en la Biblioteca Nacional, da cuenta del petitorio del Presidente Idiarte Borda para que el cinematógrafo sea exhibido en su domicilio. Ante la imposibilidad del traslado, será el mandatario quien se sume a los concurrentes al Salón Rouge.

(5) El historiador Aníbal Barrios Pintos nos facilitó esta página de la «Guía del Siglo» y manifestó su convicción en cuanto a que el «Salón Rouge» formaba parte de la casa de Roosen, actual «Museo Romántico».

(6) Sobre la fecha de constitución de la actual «Cinemateca Uruguaya» y quienes fueron sus directivos-fundadores, tema que no ha escapado a la polémica, puede consultarse nuestro libro «Tiempo de Imagenes» (Ed. Arca, Montevideo 1994) y el artículo que sobre el tema publicáramos en el semanario «Búsqueda» (2-5-91). Debiéndose agregar la minuciosa “24 ilusiones por segundo” (Historia de la Cinemateca Uruguaya), de Carlos Ma. Dominguez, publicada en 2013.

(7) El «diorama» fue uno de tantos espectáculos que en el siglo XIX procuraban crear las condiciones de «realismo y movimiento» luego obtenidas por el cine. Según se consigna en «El libro de Oro del Cine en el Uruguay», el mismo habría funcionado en 1830 «en el Theatre Francais (antes Circo Olímpico, construido en 1824, en la actual calle 25 de Mayo).» Para añadir dudas señalamos que según Pablo Montero Zorrilla («Montevideo y sus teatros», eds. Linardi y Risso y Monte Sexto, Montevideo l988), el Teatro Francés de la «Rue del Portón» (hoy 25 de Mayo) habría funcionado entre 1843 y 1847. Acaso el «diorama» irrumpió cuando el recinto todavía era «Circo Olímpico». Por sus características es probable que el «diorama» se adaptase mejor a una sala circular u oval -el «circo»- y no a la planta tradicionalmente rectangular del teatro  decimonónico.

         Otros datos sobre el «Diorama» y el «Circo Olímpico» aparecen en un artículo de Juan Carlos Sabat Pebet acerca del cine en el Uruguay que fuera publicado en un suplemento del diario El Día, en l952, transcripto por Duarte en la obra citada en el inciso a). En él se lee:

         «La primera referencia sobre espectáculos ópticos en Montevideo la proporciona uno de los más grandes enamorados de la luz que haya vivido dentro de la ciudad, Juan Manuel Blanes, quien en carta de 1901, al señor Gómez Ruano, afirma: «El circo era para los tiempos notable construcción, bien que a uso francés, esto es, tirantillos y ladrillo, techado con tablillas, que los inviernos humedecieron tanto y tanto que al fin parecía un jardín pensil. Era de forma circular y tenía de diámetro unas 80 varas. Estuvo de pie hasta 1846 o 5, y allí vi en 1839 una representación de mímica francesa expresada con sombras sobre un telón transparente, siluetas muy interesantes, festejando la entrada de Rivera a Montevideo». Se trataba del Circo Olímpico de 1824, transformado después, por Mr. Burlé, en el Theatre Francais, de la «Rue du Porton» (25 de Mayo), llamado también «salle du Diorama».  

(8) El montevideano de hoy (1996), puede circular por la acera sur de la calle 25 de Mayo entre Zabala y Misiones y ubicará fácilmente la «casa de Montero» por hallarse allí el Museo Romántico, si bien el edificio carece del número correspondiente  fachada. Una fácil indagatoria permitirá saber que a la finca, y de acuerdo a la numeración vigente, corresponde el número de calle 428. Sin embargo si esa construcción desapareciera y los investigadores del futuro recurrieran a las guías telefónicas de los años noventa como fuente informativa, tendrían una tremenda confusión. En las mismas se han trastocado las direcciones del Museo Romántico y la Casa de Garibaldi. Ambos museos están sobre la calle 25 de Mayo, y al primero corresponde el señalado 428 mientras que a la que fuera residencia del soldado italiano corresponde el número 314. Pero, por esos deslices de quién sabe quien, los números han sido cambiados uno con otro. A los historiadores del futuro va dirigida la aclaración. A los responsables de la guía telefónica también. 

(9) El Museo Romántico ocupa solamente una porción de la antigua Casa de Montero, ya que la misma poseía originalmente una planta en forma de «L» con salida por la calle Misiones, según nos manifestara uno de los nietos de la Sra. Matilde Regalía de Roosen.

KINETOSCOPIO DE EDISON Y CINEMATOGRAFO LUMIERE

         Las corrientes históricas europeístas atribuyen el invento del actual cine a los Hermanos Lumiere (1895), mientras que las menos numerosas tesis norteamericanistas ubican el nacimiento del cine con el kinestoscopio de Edison (1893).

         Tanto el kinetoscopio como el cinematografo Lumiere utilizaron película fotográfica similar para sus registros. Si bien el kinetoscopio de Edison permitía únicamente la contemplación individual de la misma a través de la mirilla de un aparato que en un sinfin contenía la totalidad del film (ver grabado adjunto).

         Edison en realidad buscaba el cine sonoro, pues ansiaba lograr imágenes en movimiento que complementaran los sonidos reproducidos por su fonógrafo. Al no poder concretar sus propósitos se restringió al kinetoscopio; y por suponer que la contemplación masiva perjudicaría su negocio, no llevó adelante la proyección sobre una pantalla que al parecer había resuelto.

         Desde un punto de vista práctico, el cinematógrafo Lumiere aventajaba considerablemente al aparato de Edison. Pues mientras las películas del kinetoscopio eran registradas por una voluminosa cámara del tamaño de un escritorio de oficina de los de la época, el cinematógrafo Lumiere utilizaba una misma cámara, de unos cinco kilos y medio de peso, para las tomas y la proyección.

         Edison no fue personalmente el responsable del kinetoscopio sino que éste y la cámara filmadora (kinetógrafo) fueron desarrollados por uno de sus técnicos llamado William Kennedy Laurie Dickson. La falsa paternidad de Edison al parecer fue común a otros de sus varios y formidables inventos.

         En última instancia, el nacimiento del cine debe ser asumido como producto de un largo proceso, pues también puede otorgarse un rol preponderante al francés Emile Reynaud y su praxinoscopio (1876/77) que devino en el llamado Teatro Optico, donde ya existen los elementos básicos que darían lugar al cine: proyección sobre pantalla para espectadores múltiples, utilización de película transparente, etc. Reynaud trabajó con dibujos y no con fotografías, aunque señaló  la posibilidad de concretar la utilización del registro fotográfico. De ahí que el dibujo animado preceda al cine.

         Si nos adhirieramos a las tesis kinetoscópicas, este trabajo sobre los inicios del cine en el Uruguay, de acuerdo a lo manifestado en el diario El Siglo (Montevideo, julio 21 de 1896), debería retroceder aún más en el pasado e indagar en el «kinetófono» que en nuestra ciudad ofreciera un señor Figuer. Obivamente, la descripción del mismo (ver el apartado «Testimonios de la prensa de la época») corresponde al kinetoscopio, si bien el nombre «kinetófono» aquí utilizado tiene connotaciones sonoras. Estas incognitas abren paso a investigaciones que habrán de emprenderse en el futuro. Y desde ya quedan flotando varias atractivas interrogantes: ¿fue el kinetófono presentado por Figuer el mismo kinetoscopio de Edison rebautizado?, ¿acaso se experimentó en Montevideo y Buenos Aires alguna variante que incluyó voz o música?, ¿quien fue el señor Figuer y en que sala o local se presentó el aparato?

         El «misterioso» kinetófono aparecía publicitado en la prensa montevideana, según consta en aviso aparecido en el diario «La Razón» (edición del 29 de julio de 1896) que ilustra este apartado.

         Y por supuesto, también ha de indagarse acerca del praxinoscopio de Reynaud que para Duarte -según consigna en «Dos siglos de Publicidad en la Historia del Uruguay»- se presentó entre los muchos «gabinetes ópticos» que abundaron en el Montevideo del siglo XIX.

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