Balance 2020 (Alberto Postiglioni)

Diciembre, último mes del año, es también mes de balances y recuerdos. Los críticos igualmente hacemos nuestro ejercicio memorioso, repasando lo más relevante de la temporada.

Empero, el 2020 es un año muy especial; la pandemia por Covid-19 dejó, entre muchas cosas, las salas de cine sin funciones desde el 13 de marzo al 20 de agosto, por lo cual los estrenos fueron muy escasos. Sin embargo, algunas películas se destacaron. En enero se estrenaron (según opinión de este cronista) los dos filmes más importantes: Parásitos (23-enero) y 1917 (30-enero).

Parásitos

El director surcoreano Bong Joon-Ho da un retrato cruel de la sociedad humana actual, reivindicando en este siglo XXI la «lucha de clases». Si, aunque para muchos es un término pasado de moda del siglo XX.

Para ello construye una metáfora alimentada con humor negro y, en situaciones, recurre al drama sórdido. Bong Joon-Ho lleva el ritmo del relato por vaivenes sorpresivos. Nada hace sospechar del comportamiento insólito de los distintos personajes ante una variedad de acontecimientos, de una escena a otra de una secuencia a la siguiente, incluidos las bromas al régimen de Corea del Norte.

Su contenido es directo, nada queda a la especulación, nada es gratuito, todo tiene un por qué. La forma atrevida (comedia, suspenso, drama), acompaña armoniosamente al contenido serio, trágico y comprometido con una realidad, que deja la reflexión como mensaje final sobre situaciones de desigualdades que existen en la sociedad moderna.

1917

El director inglés Sam Mendes ubica la acción en abril de 1917. Inspirado en relatos de su abuelo paterno (Alfred Mendes), que fue soldado en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Mendes toma como hilo conductor de la historia a dos soldados británicos, Blake (Dean-Charles Chapman) y Schofield (George MacKay), que tienen la misión de entregar un mensaje que puede salvar la vida de 1.600 hombres. El gran problema es que, para cumplir la orden, deben pasar por zonas ocupadas por el enemigo.

Es el comienzo de una travesía que se torna apasionante y peligrosa. Sam Mendes escribió el libreto junto a Krysty Wilson-Cairns, planificando cada detalle minuciosamente. Como si fuera poco, el relato está construido como si fueran dos larguísimos planos secuencias; el primero, hasta que uno de los dos soldados se enfrenta a un enemigo y todo queda oscuro, cuando la pantalla vuelve a iluminarse comienza el segundo plano secuencia que conduce al desenlace. Este efecto (en realidad es un trabajo excelente de edición, uniendo distintos planos secuencias) permite que el espectador acompañe en cada momento y movimiento a los protagonistas, haciendo partícipe del acontecer, involucrándolo en la suerte de los muchachos. Es un periplo con numerosos escollos donde la muerte está presente, metro a metro; cadáveres en estado de putrefacción de hombres y animales, barro, ratas, las trincheras sofocantes, los alambres de púas que lastiman. Todo, de un realismo devastador, va pautando las distintas etapas dramáticas.

Al repasar en su totalidad a la película, queda una sensación de amargura al comprobar tanta muerte, tanto sufrimiento, el desprecio a lo más valioso que tenemos los humanos: LA VIDA.   

Otras películas que llamaron la atención

El faro

El 5 de marzo se estrenaba este film dirigido por Robert Eggers. La idea en el comienzo fue de Max Eggers (hermano del director), que le propuso hacer una versión cinematográfica del relato sin terminar The Light Housede Edgar Allan Poe (fallecido el 7 de octubre de 1849 a los cuarenta años) y entre los dos escribieron el libreto.

Los cambios introducidos por los Eggers sirven de pretexto para incursionar en la psicología de dos hombres en circunstancias límites; el veterano Thomas Wake (Willem Dafoe), encargado de cuidar el faro de una pequeña isla de Nueva Inglaterra (EE. UU.) y el joven ayudante Ephraim Winslow (Robert Pattinson), a finales del siglo XIX, en ese lugar deben permanecer por un mes hasta que vuelva a recogerlos la embarcación que los llevó.

Desde el comienzo el espectador se encontrará con sugerencias que anticipan algo sombrío; fotografía en blanco y negro acentuando los oscuros, una elección estética manejada con maestría por Jarin Blaschke, con ratio de pantalla que reduce la imagen dando una sensación “opresora”.

Toda esa oferta visual sirve de apoyo para desarrollar una progresión dramática que, a medida que pasan los minutos, no da tregua ni a los protagonistas ni al público. Los dos hombres pasan la mayor parte del tiempo encerrados en un lugar de dimensiones reducidas, lo que permite el acercamiento físico. Empero, gradualmente se alejan; las conversaciones terminan en discusiones cada vez más violentas, en donde el alcohol y la ambigüedad de ciertas aptitudes aumenta la agresividad.

Toda la puesta en escena está cuidada y cada detalle es utilizado para crear la atmósfera que convierta al relato en un laberinto sin salida para los dos hombres, unidos a un destino fatal. Además de los estéticos, sutilmente se introduce ingredientes que tienen que ver con lo misterioso (la aptitud de Wake, no dejar que Winslow suba a lo más alto del faro) o la figura de una pequeña sirena tallada en un trozo de madera que Winslow encuentra y guarda para tenerlo como un fetiche erótico, a quien recurre para satisfacer sus necesidades sexuales. Las gaviotas, aquí dejan de tener el mensaje de paz y libertad que le diera Richard Bach en su novela (Juan Salvador Gaviota, 1970); Eggers las acerca al mito de Prometeo (en la mitología griega era un águila) en el film es una gaviota que devora las entrañas de Winslow.

Es una película para aquellos espectadores que tienen vocación de aficionados, es decir que van al cine buscando algo más que un entrenamiento, porque permite la reflexión sobre una generosa oferta creativa.

Varda por Agnés

Esta película se estrenó el 12 de diciembre de 2019. Agnés Varda (30 de mayo de 1930- 29 de marzo de 2019), en sus casi noventa años fue artista plástica, directora, guionista, editora de cine, actriz, directora de fotografía, profesora universitaria y particularmente feminista. Y, por, sobre todo, una mujer que amaba todo lo que hacia.

La película que nos ocupa hoy es un repaso a sus creaciones, comienza como una “Clase magistral” en un teatro con un público atento que sigue la conversación de la anciana sabia.

Sentada frente a sus espectadores, Varda dice: “He realizado muchos films en mi vida. Entonces necesito contarles que me llevó a trabajar en tantos años. Hay tres palabras importantes para mi; Inspiración, creación, compartir. La inspiración, es por qué hacemos un film, las motivaciones que ideas, las circunstancias y casualidades que encienden un deseo. Y, empiezas a trabajar la película. Creación, es cómo haces el film, ¿qué estructura? ¿sola o no? ¿con color o no?, la creación es un trabajo. La tercera palabra es Compartir, no haces un film para ti. Sino para mostrarlo. En lo profundo tienes que saber por qué haces esto”.

Más adelante agrega algo sumamente importante: “No es la necesidad de crear imágenes. Tengo ojos curiosos. La gente es el corazón de mi trabajo, la gente real”. En estas palabras se puede resumir toda su obra. La que la llevó a utilizar a personas alejadas de escuelas de arte dramático, (como los hermanos belgas Dardenne, el inglés Ken Loach, los italianos Taviani, el argentino Carlos Sorín, entre otros), comprometidos con el acontecer de la humanidad. Agnés Varda (aunque muchas veces recurrió a profesionales; Sandrine Bonnaire, Catherine Deneuve, Michel Piccoli, Robert De Niro) es con la gente común, que indaga en problemáticas donde “ellos” eran los protagonistas de sus propias historias.

Todo momento del film es disfrutable, en su forma, y rico en su contenido. Permitiendo la reflexión sobre la propuesta que incursiona sobre arte, si, pero también sobre la vida. El paso del tiempo. La política, la amistad, el amor, la vida y la muerte.

Es un privilegio que tenemos lo espectadores; escuchar y rememorar sus creaciones en la voz y recuerdos de Agnés Varda.

El escandalo (16 de enero)

La noticia de abuso sexual por parte de un jerarca de Fox News, en julio de 2016, adquirió volúmenes que trascendieron hasta alcanzar las altas esferas políticas, periodísticas y sociales. Las acusaciones llegaron en la voz de la periodista, antes Miss Estados Unidos, Gretchen Carlson. El acusado era nada menos que Roger Ailes, el “mandamás”, a cargo de Fox News, con amplios poderes, puesto por el poderoso empresario Rupert Murdoch en 1996,

De alguna manera, el caso Ailes se asemeja al del productor de cine Harvey Weinstein, acusado de abuso sexual por varias mujeres en 2017, año que Roger Ailes muere. Por ser personajes conocidos y el poder que estos dos hombres manejaban, motivó que la opinión pública pudiera estar al tanto de los acontecimientos. Permitiendo que movimientos femeninos como MeToo levantaran la voz, para que sus reclamos fueran oídos y sus derechos respetados.

Lo cierto es que la película llegó en un momento muy especial, cuando las sociedades de buena parte del mundo toman conciencia del sufrimiento padecido por muchas mujeres a través de siglos de autoridad machista.

El director Jay Roach y el guionista Charles Randolph toman estos hechos de la realidad y los convierten en una ficción. Que, si bien se centra en el abuso sexual, tiene otras lecturas que involucran al poder como elemento capaz de corromper, permitiendo el ejercicio perverso sobre los más débiles.

No me importa si pasamos a la historia como barbaros (23 de enero)

Película rumana de Radu Jude, que recuerda hechos trágicos de la historia de ese país europeo. La dictadura de Ion Antonescu que el periodo 1941-1943, simpatizó con la Alemania nazi y colaboró en el extermino de judíos, gitanos y comunistas. Años después el poder de la Unión Soviética se apoderaba (1944-1958) de Rumania. Rude Jude repasa esos hechos a través de una directora, que debe preparar un homenaje a las personalidades rumanas. Empero, la directora indaga en la parte oscura, en el silencio cómplice del pasado que llega al presente con su carga de antisemitismo y odio.

Una película que nos acerca la realidad de situaciones que involucran a mujeres y hombres. Y lo hace con solvencia y credibilidad.

Mujercitas (30 de enero)

Es la séptima vez (1917, 1918, 1933, 1949, 1994, 2018, 2019) que el cine se interesa en la novela “Little Women”, publicada en 1868 por la escritora estadounidense Louisa May Alcott (1832-1888). La novela se convirtió en un símbolo de la lucha de las mujeres de la época.

La actriz y directora Greta Gerwig realiza una versión diferente a las anteriores, ágil, sin apartarse del original literario. Indaga en el universo femenino de sus protagonistas y muestra la intimidad, la fragilidad y la fortaleza de sus comportamientos. Con un reparto de actrices: Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Laura Dern, Meryl Streep. Y, los varones: Timothée Chalamet, Louis Garrel, Chris Cooper. Todos se adaptan a las exigencias de la directora y guionista, brindando una versión querible.

Pienso en el final (4 de septiembre)

El tercer largometraje del guionista y director Charlie Kaufman llegó a través de Netflix.

“La imaginación al poder”, era el emblema de los estudiantes del mayo 68 francés. Y parece que es el objetivo por el cual Kaufman crea sus propuestas. Está vez es una novela, “I’m Thinking of Ending Things” de Ian Reid, que lo inspiró para trazar el mapa emocional de unos personajes que deambulan en el desconcierto de sus vidas. Sin embargo, en vez de acercarse a esos seres y mostrarlos tal cual son en una realidad que los resiste, va a la irrealidad de situaciones y destapa el interior oscuro, agregando elementos de diferentes géneros cinematográficos: thriller, terror y hasta musical.

Unidos para bucear en las dudas de la joven novia sobre su relación sentimental, pero también su propia existencia. En el hombre (novio) protagonista, los recuerdos se disparan imprevistamente, como escapados del almacenaje y su memoria, saltando al vacío de un presente inseguro. La inseguridad, es precisamente lo que une a todos los personajes que de alguna manera alteran el “orden temporal” de las situaciones que afectan los hechos reales o, ¿irreales?

Charlie Kaufman, hábilmente va hilando cada momento de la vida de sus personajes a un muestrario de perturbaciones. Para marcar aun más ese estado depresivo que acompaña la progresión dramática, la cámara del fotógrafo polaco Lukasz Zal (el mismo de Ida y Cold War, ambas de Pawel Pawlikowski)), achica la imagen (ratio 4:3) y maneja la ausencia de colores para exteriores y pocos atractivos para los interiores. Una manera de comunicar, al espectador, los procesos psicológicos por donde transitan esos seres desvalidos.

Es una película confusa y extrañamente atractiva, una ambigua relación que no afecta el buen resultado.

El amante fiel (27 de febrero)

Louis Garret (actor, guionista y director francés) es coherente en esta segunda película, con lo que proponía en su ópera prima, Los dos amigos (2015). En cuanto vuelve a interesarse por la amistad, los amores contrariados y la fragilidad de las relaciones.

Espectadores con algunos años o muchas películas, particularmente francesas de los años sesenta, setenta, encontraran puntos de encuentros con un cine dedicado a observar el comportamiento emocional de seres que se buscan, encuentran y separan dejando por el camino “retazos”, pedacitos de sus vidas íntimas que han gozado, sufrido y quizás olvidado.

Garrel sabe mostrar todo ello con una simpleza engañosa, porque esconde en su contenido la complejidad de los vínculos amorosos. Es probable que para lograr la credibilidad que llega a la platea, las dos actrices que lo acompañaron, Golshifteh Farahani en Los dos amigos y ahora Laetitia Casta hayan sido sus parejas, Casta todavía lo es.

Es oportuno saber que las referencias de directores que admira son: Orson Welles, Luis Buñuel, Nanni Moretti. Tres creadores con un poder de comunicación que perdura en el recuerdo de cinéfilos. Louis Garrel, salvando distancias, logra conectarse y transmitir emociones y sentimientos.

El cine uruguayo se hizo presente con el largometraje “Alelí”

“Alelí” (5 de marzo)

Es el segundo film y el primero en solitario de Leticia Jorge. El primero fue Tanta agua (2013) en colaboración con Ana Guevara, en dirección y guion. Jorge prefiere dar un tono de comedia a su relato acompañado por pasajes dramáticos, la muerte de un padre siempre lo es. Empero, en esta ocasión es el pretexto para incursionar en los sentimientos de los cuatro personajes principales de la familia Mazzotti; la mamá Alba (Cristina Morán), los hijos; Ernesto (Néstor Guzzini), Lilián (Mirella Pascual) y Silvana (Romina Peluffo).

El conflicto que se plantea es la venta de la casa de los Mazzotti en un balneario, que algunos quieren y otro (particularmente Ernesto) rechaza la idea. Ese desacuerdo es bien aprovechado por el guion (en el cual también colaboró Ana Guevara). Estos personajes están bien delineados, los espectadores quedan enterados, en escenas breves y efectivas, de las personalidades de cada uno.

Toda esa información ayuda a la comunicación, siempre necesaria, que se establece entre la propuesta y el espectador. Pero además hay otros factores que se suman y aportan al buen resultado; el ritmo adecuado, logra el objetivo de la comedia: reflexionar divirtiendo y en ocasiones hasta hacer reír. 

Alberto Postiglioni (Exclusivo para accu.uy, 14/12/2020)

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