«Mank» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

CITIZEN MANKIEWICZ

El ciudadano (Citizen Kane, EE.UU.1941), primer largometraje del veinteañero Orson Welles, luce imprescindible a los potenciales espectadores de Mank, film acerca de Herman Mankiewicz, coguionista del clásico wellesiano.

La realización de Welles constituyó un hito en el cine, quizás no tanto por sus aportaciones, que ya tenían antecedentes, sino por su utilización orgánica en perfecta simbiosis. Allí están el expresionismo alemán y sus énfasis visuales, el relato múltiple y superpuesto de la literatura de John dos Passos, entre otros referentes. A su vez, la fotografía de Gregg Toland, incorpora varios recursos, siempre en función del relato.

Al origen teatral de Welles se atribuye la rigurosa captación de la realidad, utilizando la profundidad de campo y el relacionamiento del actor con el decorado, para a partir de allí crear una nueva sintaxis definida como “plano secuencia” o “montaje dentro del cuadro”.

La iluminación de Citizen Kane tuvo exigencias sin precedentes, ya que Welles consideró necesaria la visión de cielorrasos, habitualmente fuera de cuadro, en un espacio utilizado por parrillas de luces. Ello exigió falsos cielorrasos de tela traslúcida, que dejasen pasar una iluminación ubicada por encima de la tela, que a la vez actuaba como difusor.

En el plano esencialmente técnico-artístico, esto supuso disponer de lentes de especial luminosidad, y película de una sensibilidad hasta entonces inexistente.

La historia de Citizen Kane es la de un ambicioso millonario, hombre todopoderoso en los medios de prensa y radio, cuya influencia le había permitido dominar al espectro político a la vez que su vida sentimental veía fracasar su matrimonio cuando entra en escena una joven amante, sin condiciones artísticas, a la que  este hombre se empecina en convertir en cantante de ópera.

La situación se inspiraba en vida y obra del magnate periodístico William Randolph Hearst y su relación amorosa con la actriz cinematográfica Marion Davis. Para la que había construido el castillo de San Simeón (llamado Xanadú en Citizen Kane), en cuyos jardines se desplegaba inmenso parque zoológico, y fundado una empresa cinematográfica (convertida en una Ópera en el film de Welles).

Las virtudes y elementos nuevos de Citizen Kane, fueron analizados en diarios, revistas y libros publicados en todo el planeta, y se continúan hasta hoy. Los intentos de Hearst y algunos magnates de la industria del cine a su servicio (Louis B. Mayer, entre otros) por apoderarse de Citizen Kane e impedir su estreno, generaron un segundo lote de escritos sobre el film. Siendo a partir de 1971, cuando se publica el ensayo de Pauline Kael (crítica y ensayista de “The New Yorker”) titulado The Citizen Kane Book. Raising Kane, que surge  públicamente un cuestionamiento que circulaba ya en voz baja, acerca del guión de Citizen Kane, oficialmente de Orson Welles y el escritor y guionista Herman Mankiewicz (hermano del también realizador Joseph L. Mankiewicz).

Sostiene Kael que fue el guión de Mankiewicz un aporte fundamental a Welles, quedando el realizador en lugar secundario al respecto. Mientras que aquellos decididos a ver en Herman Mankiewicz un colaborador del joven cineasta sostienen: a) que mientras la carrera posterior de Welles contiene varios títulos magistrales, no ocurre nada similar en la trayectoria previa y posterior de Mankiewicz; en tanto la presencia de este se circunscribe al conocimiento directo de varios aspectos de Hearst y Marion Davis, por ser invitado asiduo a San Simeón.

Mank, dirigida por David Fincher, un eficaz artesano (Alien 3, Pecados capitales, La chica del Dragón Tatuado, etc.) trabajando sobre guión de (su padre) Jack Fincher, recrea la etapa en que el libretista Herman Mankiewicz, aislado en hotel en medio del desierto, dominado por su alcoholismo, escribe el guión que habrá de filmar Orson Welles.

El personaje de Welles apenas si aparece y es presentado oculto por densos maquillajes teatrales –referencia directa a su labor-, en contraluces, o bañado por iluminaciones resplandecientes, semejantes a la presentación de Cristo en algunos films religiosos. El estilo fotográfico expresionista (iluminación y ángulos de cámara) de Erik Messerschmidt, guarda absoluta correspondencia con el de Gregg Toland, a excepción del uso de enfoques y desenfoques, contrastando con la profundidad de campo del clásico wellesiano.

Un cinéfilo dispondrá de un material altamente regocijante, lleno de guiños que conducen con humor a Citizen Kane, el clásico de 1941: el personaje acostado, visto de perfil delante de una iluminada ventana que se oscurece; la fragmentación del relato y el carácter de puzzle de todo el film; mientras que otros referentes se desplazan sobre el delirante universo  hollywoodiano de la época (impagable la sala de guionistas y su reunión con David O. Selznick;  elocuente y vitriólico el retrato físico y moral de Louis B. Mayer, y un larguísimo etcétera cuya extensión depende del conocimiento de la Historia del Cine que posea el espectador.

Mank se convierte, en consecuencia, en un producto para diletantes. No resolviéndose en definitiva la cuestión de la autoría del guión de Citizen Kane, si es que ello se intentó. Si alguien entendiese que tal como se presenta a Welles, la autoría del guión fue solamente de Mankiewicz, ha de recordarse el diálogo de éste con el personaje de John Houseman, quien expresa que el escritor debe escribir sobre lo que conoce, y Mankiewicz fue asiduo visitante de San Simeòn, el castillo californiano de Hearst. Y por último, si el guión fuese totalmente de Mankiewicz, su montaje y puesta en escena son innegablemente de Welles.

Aquellos que se pierdan en el laberinto hollywoodiano desplegado por Mank, tendrá una visión real, si bien en tono de comedia agridulce, de una desaparecida Meca del cine llamada Hollywood.

Mank (Mank). EE.UU. 2020. Dir.: David Fincher. Con: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Lili Collins. Estreno de Netflix

Alvaro Sanjurjo Toucon (especial para página web de accu, 05/12/2020)

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