«Alelí» (Hugo Acevedo)

La “guerra” de los Mazzotti  

Las disputas familiares originadas en una pérdida inexorable con una herencia de por medio que tiene más valor afectivo que patrimonial, constituyen el disparador de Alelí, la disfrutable comedia uruguaya que fue presentada por nuestro país a la próxima edición de los premios Oscar de Hollywood.

La decisión de la Dirección del Cine Audiovisual Nacional anunciada en las últimas horas, es una suerte de revancha con esta producción compatriota que fue estrenada a fines del año pasado y se proyectó efímeramente en el circuito comercial, antes del compulsivo cierre de las salas cinematográficas impuesto por el decreto de emergencia sanitaria que rige desde el pasado mes de marzo.

En ese contexto, lo que se presumía iba a ser un resonante éxito de público por los buenos antecedentes de este largometraje y su reparto actoral de lujo, fue, en definitiva, una dolorosa frustración.

En efecto, al igual que otros films uruguayos y varios postergados estrenos internacionales en una industria virtualmente congelada a nivel global, Alelí se transformó en otra indirecta víctima de Coronavirus, por la paralización del circuito exhibidor capitalino.

Ahora, el film puede verse desde hace un tiempo a través de la plataforma Nexflix en el ámbito doméstico- en aparatos de televisión, computadoras o teléfonos móviles- aunque despojado de la aureola mágica que sólo puede proporcionar el cine de sala.

La circunstancia de su presentación para representar a nuestro país en la 93ª edición de los Premios Oscar -que serán entregados recién en el mes de abril de 2021 – y de aspirar a integrar la definitiva terna de nominados al galardón en la categoría Película Extranjera que otorga la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, repotencia notoriamente el interés por esta comedia, un género escasamente frecuentado por la producción audiovisual vernácula.

Antes de recalar en el circuito local, la película recorrió prestigiosos festivales cinematográficos como los de Biarritz, Málaga y Río de Janeiro, y fue presentada en el Festival de Cine Internacional de Montevideo.

Asimismo, resultó laureada en el festival de cine de Camboriú, Brasil, donde obtuvo el Premio del Público. En ese contexto, también fue galardonado Néstor Guzzini como Mejor Actor.

Contrariamente a lo que se puede presumir por su título, Alelí –que tuvimos la oportunidad de visionar en los primeros días de marzo en pantalla grande como corresponde antes de la clausura de los espectáculos públicos y su ulterior reapertura con protocolos absurdamente restrictivos- no refiere ciertamente a la flor sino a un tradicional chalé instalado en un balneario del departamento de Canelones. No en vano, el rodaje de esta obra transcurrió en Parque del Plata, Atlántida y Montevideo.

Como se trata de una propiedad de la familia Mazzotti, de más valor afectivo que patrimonial, la denominación coincide con las letras de los nombres de los miembros de  esa comunidad. En efecto, AL refiere a Alba y Alfredo, E a Ernesto y LI a Lilián. La única referencia que falta es la de Silvana, quien nació con posterioridad.

Este es el segundo largometraje de la realizadora uruguaya Leticia Jorge, quien, como se recordará, debutó en 2013 con Tanta agua, donde también se planteaban conflictos domésticos.

En esta oportunidad, el núcleo de confrontación, obviamente en términos muy civilizados acorde al vínculo sanguíneo que une a todos los protagonistas, es precisamente el inmueble del título.

El disparador que abona esa suerte de tensión de baja intensidad es el fallecimiento del cabeza de la familia y la ulterior sucesión, que genera la propiedad compartida de la casa entre todos los deudos.

Por supuesto, este infausto acontecimiento origina en todos una suerte de exacerbada hiper-sensibilidad, que incluso complica el necesario diálogo fluido entre los hermanos y la viuda.

En ese marco, los protagonistas de esta comedia agridulce son los tres hermanos herederos, encarnados precisamente por Néstor Guzzini (Ernesto), Mirella Pascual (Lilián) y la joven cantante y actriz Romina Peluffo (Silvana) y la madre Alba, que es interpretada por la nonagenaria y si se quiere legendaria periodista, conductora y actriz Cristina Morán, quien, luego de una extensa trayectoria en el teatro uruguayo, debuta finalmente en el cine.

El núcleo del conflicto, tensado por las inevitables secuelas del duelo por la partida del ser querido, es la intención manifiesta de vender la casa del balneario, más allá de su mero valor afectivo.

El que se opone férreamente al plan es el temperamental Ernesto, quien se enfrenta con la hermana mayor Lilián que comienza a apropiarse de algunos objetos, ante la prescindencia de la hermana menor, quien no parece demasiado interesada en participar en las decisiones.

Por supuesto, la mediadora es la anciana madre, que trata a sus hijos como si fueran niños y, pese a que todos son adultos, ejerce, cuando es menester, su autoridad de matriarca familiar.

El mayor pico de tensión se registra en un fin de semana crítico, en cuyo transcurso se debe dirimir la pulseada hacia el desenlace de la historia, evitando una eventual fractura familiar.

A diferencia de lo que puede suceder en otras historias, aquí no hay ambiciones materiales, ya que el inmueble no posee un importante valor patrimonial y el producto de su venta no le resolvería la vida a ninguno de los beneficiarios.

Aunque Alelí desdramatiza la pérdida devenida de la muerte de un personaje clave del entramado familiar como lo es el padre, no soslaya en modo alguno la amargura originada en la nostalgia de numerosos veranos en los cuales todos fueron felices bajo ese techo que cobijo el cariño y el amor.

Esa es precisamente la clave de una controversia aparentemente sin solución, la cual alimenta una comedia que genera empatía en el espectador, con abundantes momentos de humor bien teatral.

No obstante, esta producción de la cineasta Leticia Jorge- que abunda en diálogos inteligentes, chispeantes y hasta en dobles lecturas – jamás abusa de la carcajada fácil.

Alelí confirma, una vez más, que la producción audiovisual uruguaya está perfectamente capacitada para incursionar en el género de la comedia, en este caso con una fuerte impronta costumbrista y bien uruguaya, que permite una fácil identificación del público con los personajes de la ficción.

En este film bien recomendable y por cierto disfrutable, a los múltiples aciertos en materia de música y fotografía se suman las estupendas interpretaciones protagónicas de los ya consagrados Néstor Guzzini y Mirella Pascual y naturalmente de la longeva Cristina Morán, sin soslayar, naturalmente, la fugaz pero jugosa participación de la interminable comediante Pelusa Vera, quien encarna a una molesta e insufrible vecina del balneario canario.

Alelí. (Uruguay Argentina 2019). Dirección: Leticia Jorge. Guión: Ana Guevara y Leticia Jorge. Producción: Fernando Epstein, Leticia Jorge Romero y Ana Guevara Pose. Montaje: Eliane Katz Fotografía: Lucio Bonelli. Música: Maximiliano Silveira, Stefano Mascardi y Santiago Pedroncini. Reparto: Néstor Guzzini, Mirella Pascual, Romina Peluffo, Cristina Morán, Laila Reyes y Pelusa Vera.

Hugo Acevedo (Publicada en Revista Onda Digital)

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