Recordando películas: «La celebración» (Alberto Postiglioni)

Recordemos a veinticinco años de su creación a “Dogma 95”.

VOTO DE PUREZA: “Juro cumplir con el siguiente conjunto de reglas establecidas y confirmadas por Dogma 95”.

  1. El rodaje debe ser realizado en locaciones. La utilería y la escenografía deben transportarse hasta allí (si se necesita un elemento determinado para la historia, debe elegirse una locación donde esos elementos puedan ser encontrados).
  2. El sonido nunca debe producirse separado de las imágenes o viceversa. (La música no debe ser utilizada al menos que salga del lugar donde se filma la escena).
  3. Debe filmarse con cámara en mano. Está permitido cualquier movimiento o inmovilidad logrado por medio de la mano. (El filme no debe desarrollarse en el lugar en el que está emplazada la cámara; el rodaje debe transmitir donde se desarrolla el filme).
  4. El filme debe ser en colores. No se acepta iluminación espacial. (Si la luz es insuficiente, debe cortarse la escena o puede atarse a la cámara una sola lámpara).
  5. Están prohibidos filtros y procesos ópticos.
  6. El filme no debe contener acción superficial. (No deben aparecer asesinatos, armas, etc.).
  7. Está prohibida la alteración temporal y espacial. (Quiere decir que el filme debe desarrollarse aquí y ahora).
  8. No se aceptan películas de género.
  9. El formato del filme debe ser 35mm.
  10. El director no debe aparecer en los créditos.

Copenhague, lunes 13 de marzo de 1995.

Lars von Trier, Thomas Vinterberg.

Todavía hay algunos europeos que intentan vendernos espejitos de colores. Pero hace veinticinco años las ambiciones de los cineastas Lars von Trier (1956) y Thomas Vinterberg (1969), abarcaban mucho más allá de los confines de América. Porque estos dos señores pretendieron que su manifiesto al que llamaron pomposamente Dogma 95, fuera apreciado como una novedad inteligente que modificaba el lenguaje cinematográfico, por medio de 10 reglas, que ellos juraron fidelidad y que ellos mismos en la práctica violaron. El número 10 de ese manifiesto decía que: “El director no debe aparecer en los créditos”. Para subrayar ellos escribieron un “voto de pureza”, en el cual afirmaban, entre otras cosas, “ya no soy un artista. Juro renunciar a la creación de una obra, porque consideramos el instante más importante que el todo”.

                        La celebración

 Sin embargo, en 1998, Vinterberg filma La celebración realizado en base a una idea del director y su nombre aparecía en todos los repartidos de prensa, y en los lugares que fue exhibida la película, incluido Uruguay.

La celebración, podría dividirse en dos. Por un lado, el relato dramático que desmenuza hasta límites perverso a una familia danesa.  Y, por otro lado, la técnica empleada por Vinterberg.

En el primero, el cumpleaños de un hombre mayor amerita una reunión familiar, un encuentro con los hijos, parientes y amigos, que pronto se convierte en confesionario de maldades y aberraciones.

El relato se transforma en un implacable cuestionamiento de falsas apariencias y doble moral. En una progresión sin pausas se van descubriendo incestos, pasiones ocultas, prepotencia machista, malos tratos a la mujer y hasta posturas racistas.

Vinteberg introduce al espectador en un laberinto que desciende a la parte más oscura de los humanos. En todo ello el filme logra estremecer, provocando en el espectador malestar y hasta rechazo.

Pero, por otro lado, está la segunda parte de la supuesta división, antes mencionada: la parte técnica del rodaje. Siguiendo las reglas del Dogma 95 que no permite usar luces artificiales, ni filtros, ni procesos ópticos, además del sonido que debe acompañar a las imágenes y grabado en el momento.  Empero, no olvidemos que la tecnología ha permitido en la historia del cine que éste avanzara como relato dramático, utilizando los inventos ópticos y sonido. Aprovechando cada uno de ellos, en distintas épocas, el cine llega actualmente a la digitalización, beneficiando al espectador con una definición de imagen que permite apreciar detalles visuales y sofisticados sistemas de sonido que lo distinguen de otras artes. Ignorar esos avances hasta los extremos que la falta de luz dificulte la apreciación de los primeros planos, cuando estos subrayan los momentos dramáticos, es correr riesgos que resultan gratuitos.

La celebración, desnivela la forma y el contenido, aquella buscando una estética singularmente llamativa que irrumpa en el lenguaje cinematográfico con sus irreverentes “novedades” y el contenido con su carga ética queda desprendido, suspendido sin sustento. También es cierto que un elenco dotado de buenas cualidades histriónicas hace todo lo posible para apoyar la propuesta (léase contenido).

“La celebración” (Festen) Dinamarca 1998. Dirección: Thomas Vinterberg. Guion Thomas Vinterberg y Morgen Rukov (basado en una idea de T. Vinterberg). Fotografía: Anthony Dod Mantle. Montaje: Vladis Ókarsdóttir. Música: Lars Bo Jensen. Elenco: Ulrich Thomsen, Henning Moritzen, Thomas Bo Larsen, Paprika Steen, Birthe Neuman, Trine Dyrholm, Helle Dolleris, Therese Glamh, Klaus Bondan, Bjaene Henrikeen, Ybatokai Dakinah, Lasse Lunderskos. Duración: 105 minutos, Estrenada el 6 de octubre de 1999, en las salas: Cinemetro 1, Pta. Carretas 7, Plaza Arocena.

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 30/11/2020)

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