Recordando películas: “El paciente inglés” (Alberto Postiglioni)

Las arenas del desierto, en una toma aérea, parecen extrañas y gigantes figuras femeninas con sus ondulaciones y hendiduras excitantes. Un pequeño avión sobrevuela esas soledades, y su sombra parece que las acariciara. 

Hay una estrecha relación entre el piloto que conduce la avioneta, el desierto y las curvas de un cuerpo de mujer. De esas combinaciones que provocan a los sentidos, surge un relato que fascina. Tiene un origen literario, que el director inglés Anthony Minghella (1954-2008) supo adaptar con singular encanto a un lenguaje cinematográfico.

                       Una novela como inspiración 

El escritor Michael Ondaatje (nacido en el territorio que se llamó Ceilán y que ahora se distingue con el nombre exótico de Sri Lanka), es desde hace muchos años ciudadano canadiense. En 1992 ganó el codiciado premio inglés Booker Prize por la novela “The english patient”, que entusiasmó a Minghella, también al productor Saul Zaentz (1921-2014), hombre del negocio del cine con buen “olfato” para los éxitos, The New York Times los distinguió como: “…uno de los últimos grandes productores independientes”. Entre sus producciones se cuenta, entre otras; Atrapado sin salida, Amadeus, La insoportable levedad del ser.

Había, entonces, antecedentes como para que el resultado cinematográfico fuera atractivo; reunía una novela exitosa y a dos hombres de cine preocupados por una estética visual y una historia atractiva a desarrollar. Sin embargo, no siempre esas combinaciones han tenido buenos resultados, pero en este caso particularmente adquieren una singular seducción, que progresivamente va creciendo a medida que la narración avanza.

Minghella, que además escribió el libreto, se las ingenió para transmitir a su versión los ingredientes que combina la novela: intriga, aventura, romance. Y, un constante juego con el pasado y el presente que enlaza el relato y lo envuelve en franjas ocultas que el espectador irá descubriendo, con el mismo afán que se leen los capítulos de una novela que atrapa con su propuesta.  

             Una historia de amor y algo más

Hay en la estructura una historia de amor, que sostiene como una columna vertebral al relato. Pero las ramificaciones que se van desprendiendo del robusto centro, son los puntos luminosos que encienden el interés de la platea. La ficción y la realidad se cruzan y se descruzan, intercambiando información. El relato contiene datos históricos reales; la Segunda Guerra Mundial, fechas (1942) y zonas geográficas (Sahara) que coinciden con verdaderos acontecimientos bélicos. Sumados a personajes reales como el militar alemán Mariscal de Campo Erwin Rommel, o el mismo protagonista el conde húngaro Laszlo Almásy, un hombre culto y aventurero que algunos acusan de traidor, y probablemente no tenía el romanticismo de su homónimo cinematográfico, aunque también se comenta que era seductor.  Estos datos son el apoyo con que la ficción coquetea con la realidad, dejando entrever un pasado tumultuoso con mujeres y hombres que se movían entre traiciones y apasionamientos.

Minghella rescata de las páginas de la novela lo misterioso que flota en ella, y el movimiento de vaivén con que se desplaza el relato; del primer encuentro y sucesivo romance en El Cairo, en 1938, de Almásy con Katherine la esposa de un supuesto explorador-aviador inglés, hasta los horrores de la guerra. 

El pasado surge del cerebro del paciente inglés, que inválido y desfigurado por las quemaduras de un accidente de aviación, yace en una cama cuidado por una obstinada y solicita enfermera. Hechos vividos, particularmente la historia de “amor prohibido”, vuelven una y otra vez, fraccionados por la memoria del paciente, incitada por la música, o el sonido imperceptible de los más insólitos objetos, despiertan los fantasmas que acuden al presente.   

                    Las sutilezas del relato    

Las referencias a las escrituras de Heródoto, (484-425 A.C.) célebre historiador a quien Cicerón llamó el “padre de la historia», es un detalle sutil manejado con habilidad. Almásy recurre a esos escritos como una guía conductora de los acontecimientos más sobresalientes de su vida: escucha el relato de amor de Giges, escrito por Heródoto, de la boca de Katherine iniciando en él una pasión que no podrá controlar, una especie de “amor fou”, sin límites. Pero, además el libro de tapas de cuero que contiene las historias de Heródoto es el lugar para guardar los escritos secretos de Almásy, entre las páginas se mezclan fotografías, apuntes geográficos, descubrimientos arqueológicos y anécdotas de los encuentros clandestinos de los amantes.

Aunque la película pone énfasis en el romance de Almásy-Katherine. Hay otras historias, incluso amores y también odios que establecen un vínculo directo con el paciente inglés y Hana la enfermera.

Caravaggio, es un personaje, que trae del pasado una “verdad” que puede torcer el desenlace. Este hombre, cuyo apellido recuerda al del pintor Miguel Ángel Amerighi (1571-1610), llamado Caravaggio, distinguido por el realismo de sus pinturas, es un toque delicado de unir a este personaje, que de alguna manera traía la realidad, a un estado confuso que cubría la existencia del paciente inglés.

          Los factores que marcaron el éxito

Sin dudas, esta película es capaz de satisfacer dos puntos importantes: por un lado, los gustos de Hollywood por los filmes épicos que mezclan traiciones y amores con hechos reales con gran despliegue narrativo, por otro lado, está el manejo de todo el material haciendo del contenido y la forma una simbiosis atractiva. En ello Minghella demuestra ser un inteligente traductor de la literatura de Ondaatje, hasta convertirla en una propuesta visual sugestiva. Lo que es más importante sin perder el contenido observador del comportamiento humano. Visualmente quedan presentes en el espectador escenas y secuencias de una belleza poética singularmente llamativas: Kip, (el amante hindú de la enfermera) enseñándole en la oscuridad iluminada por una bengala las hermosas pinturas de una capilla abandonada, en la Italia desgarrada por la guerra. También en la sutil manera de unir lo erótico de las ondulaciones del cuerpo de Katherine con el contorno de una montaña, o con las caprichosas formas del suelo del desierto.

El paciente inglés, logró la conjunción de varios factores de méritos individuales que sumados hacen un buen resultado. Es oportuno señalarlos, porque sintetizan el esfuerzo de un equipo; el libreto que reunió todo el material literario, el montaje que fue uniendo cada cuadro, escena, secuencia dándole una forma coherente, el elenco de excelentes intérpretes; Ralph Fiennes (el conde Almásy) es un actor que convence en cada representación, fue un perverso nazi (La lista de Schindler), un atormentado enamorado (Cumbres borrascosas) o un patético vendedor de ilusiones (Días extraños); Kristin Scott-Thomas (Katherine) tiene una sensibilidad que le permite encarnar a una esposa díscola (Perversa luna de hiel), los tonos de comedia (Cuatro bodas y un funeral), una mujer oprimida (Ángeles e insectos); Juliette Binoche tiene una larga lista de filmes donde demostró un talento que no deja indiferente a los espectadores, algunos de ellos, La insoportable levedad del ser, Bleu, Los amantes de Pont-Neuf; Willem Dafoe (Caravaggio) el actor estadounidense tiene méritos más que suficientes como para estar a la par de sus colegas europeos y una vez más demostró sus muy buenas cualidades. El resto del elenco demuestra impecable profesionalismo.

Este film inglés llegó a Hollywood conquistando espacios importantes, algunos de ellos fueron reconocidos, de las doce nominaciones de la Academia obtuvo nueve Oscar; Mejor Película, Mejor director (Anthony Minghella), Mejor actriz de reparto (Juliette Binoche), Mejor Fotografía (John Seale), Mejor Montaje (Walter Munch), Mejor Dirección Artística (Stuart Craig, Stephanie McMillan), Mejor Vestuario (Ann Roth), Mejor Música (Gabriel Yared), Mejor Sonido (W. Münch, M. Berger, D. Parkery, C. Newman). 

Todo lo que este cronista mencionó en esta nota y algunas más que el espectador encontrará, están en la propuesta prontos para disfrutarlos.

“El paciente inglés” (The English Patient) Reino Unido 1996. Director: Anthony Minghella. Guión: Anthony Minghela (basado en la novela “The english patient” de Michael Ondaatje). Fotografía: John Seale. Montaje: Walter Munch. Vestuario: Ann Roth. Dirección artística: Stuart Craig, Stephanie McMillan. Sonido: W. Munch, M. Berger, D. Parkey, C. Newman. Música: Gabriel Yared. Elenco: Ralph Fiennes, Kristin Scott-Thomas, Juliette BInoche, Willem Dafoe, Jürgen Prochnow, Kevin Whatoly, Naveen Andrews, Colin Firth, Julian Wadham. Duración: 162 minutos. Estrenada el 21 de marzo de 1997 en las salas: Trocadero, Alfa, Pta. Carretas, Carrasco.

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 16/11/2020)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *