«La chancha» (Pablo Delucis)

Marcas indelebles

Franco Verdoia, en su primer largo en solitario – sus anteriores trabajos, Chile 672 (2006) y La vida después (2015), fueron codirigidos junto a Pablo Bardauil – plantea una película que si bien bordea más de un género, puede ser catalogada perfectamente como un por demás interesante thriller sicológico.

Todo comienza cuando Pablo, luego de muchos años, vuelve a su pueblo natal, Las Varillas, una localidad ubicada en la provincia de Córdoba. En este viaje, lo acompañan su esposa e hijastro, ambos brasileños. Poco después de alojarse en una estancia turística – con animales sueltos incluidos -, Pablo se percata que en el lugar, también está hospedado Miguel, alguien un poco mayor que él y que no le trae precisamente buenos recuerdos relativos a su infancia.   

A partir de ese encuentro entre dos personas a los que la casualidad les juega una mala pasada, somos testigos del desasosiego de Pablo y también de la incomodidad de Miguel, mientras que las respectivas esposas y Joao, el hijastro de Pablo, van como rodeando a los dos hombres, planteando involuntariamente situaciones en que el cara a cara se vuelve inevitable. Todo esto está registrado con una cámara generalmente en mano y que hace del fuera de foco un recurso quizás algo repetido pero eficaz en relación a la esencia de lo que quiere mostrar.

El personaje de Pablo pasa por varios estados. El desconcierto y hasta cierta vergüenza inicial, va dando lugar a la ira, la culpa y la represión. El hecho de que el motivo de su drama personal se vaya intuyendo, no le quita interés ni tensión a una trama que mantiene hasta el final la incertidumbre de hacia dónde derivará toda esa sensación de desborde contenido que prima a lo largo de la historia. Todo esto se ve potenciado por un ambiente en que el comportamiento de los animales y la lluvia casi constante generan una opresión que va de la mano con lo que viven los personajes principales.

El mérito principal de Verdoia, es que la película no se la va de las manos en ningún momento. Si tenemos en cuenta que la historia roza algunas situaciones que el propio director vivió en su niñez, el equilibrio y la madurez con que aborda el tema, es un gran acierto.

En el elenco está otro de los puntos altos. Esteban Meloni como Pablo, es toda una grata revelación. Si bien hablamos de un actor con experiencia – en especial en roles secundarios- aquí brinda una composición sensible y comprometida. Gabriel Goity como el antagonista Miguel, se basa en gestos más que en palabras, y transmite cabalmente la sensación de alguien a los que sus fantasmas interiores le han hecho mella. La brasileña Raquel Karro y Gladys Florimonte, como las respectivas esposas, completan ajustadamente el cuarteto principal.

En suma, estamos ante un trabajo que nos habla de cómo ciertos demonios que creemos a raya, en el momento menos pensado nos ponen en el aprieto de tener que enfrentarlos. En esa disyuntiva, acertar o no, puede ser decisivo.

Pablo Delucis (Cartelera, 28/10/2020)

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