Recordando películas: “Zoo: Una zeta y dos ceros” (Alberto Postiglioni)

Desde el filme El retrato del pintor, el espectador uruguayo quedó impresionado con su director, el británico, nacido en Newport, Gales, Peter Greenaway (78). Un realizador con un talento singularmente frío, calculador, a veces obsesivo siempre polémico. Claro, que las opiniones se dividieron, algunos rechazaron las propuestas, otros se sumergieron en las posibilidades que ofrecía su manera de hacer cine, capaz de exponer temas con una fuerza visual y con llamativa creatividad, que le permitió moverse en sus películas por varias lecturas.

Recordemos las películas de Greenaway y el año de producción,  estrenadas en Uruguay; El  retrato del pintor (1982), El vientre del arquitecto (1987), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), Zoo, una zeta y dos ceros (1985), Conspiración de mujeres (1987), La Tempestad (1991), El bebe de Macon (1993), Escrito en el cuerpo (1995), 8 1/2  mujeres (1999), Visiones de Europa (2004) en esta ocasión Greenaway fue uno de los directores de este film realizado por cortos de veinticinco minutos, Acuso a Rembrandt (2008), este fue el último estreno (2/9/2010). Los títulos, están en el orden que fueron estrenados y pueden resultar una ayuda memoria para ubicarnos en las preferencias del director, es oportuno también recordar que, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante fue elegida por ACCU como la mejor película de 1991.

Antes de estos largometrajes había realizado varios cortos: Un paseo por la N (1972), Ventanas (1974) Querido teléfono (1976), His for house (1976), Walter Wrackets (1978), Acto de Dios; relámpagos (1980). Donde mezclaba el humor con las fantasías de raras situaciones, exhibidos por Cinemateca Uruguaya a finales de octubre de 1987.

                        “Zoo, una zeta y dos ceros”

Así llegamos a esta película de 1985, que nos ocupa. Una rebuscada propuesta, con un Peter Greenaway obeso de sugerencias.

A partir de un accidente automovilístico donde mueren dos mujeres casadas con dos hermanos, una tercera mujer, amiga, que conducía sobrevive con la desgracia que le tienen que amputar una pierna.

El lamentable suceso y la muerte de sus esposas afecta profundamente a los hermanos (de profesión biólogos), mientras van relacionando los hechos provocados por un cisne que intentaba escapar del zoológico, donde ellos trabajan. 

    Los acontecimientos toman un ritmo alucinante

Greenaway utiliza el relato como vehículo para deslizar algunas de sus preocupaciones; la vida, el sexo, la muerte. A los que se suman las teorías de Charles Darwin, particularmente el concepto materialista, que incluye en la historia.

La vida, está presente en los hermanos, en la mujer lisiada y su embarazo, también en los animales del zoológico.

El sexo, sobrevuela a estos seres como un feroz, pero inútil intento de comunicarse y permanecer.

La muerte, paradójicamente lo que desencadena los conflictos de estos seres es el cisne blanco (símbolo de la pureza) que provoca el accidente y la muerte. Y, que luego se descompone junto con las frutas, en un estudio obsesivo y perverso que hacen los hermanos a propósito de la descomposición, en un lento pero inexorable camino hacia la muerte total absoluta.

                            El color, la luz y la simetría

La pintura, el color y la luz tienen una importancia relevante en los filmes de Greenaway, y en Zoo… se introducen a través del pintor holandés Vermeer y la enfermiza admiración que tiene uno de los personajes que trata de imitar la luz y el color de algunos de sus cuadros y la simetría de las figuras representadas en las telas. Esto se torna en un acto cruel, tanto, así como de querer amputarle, a la mujer del accidente, la pierna sana buscando la simetría perfecta.

Todos estos personajes forman parte de la “fauna” humana de esta propuesta que mantiene al espectador en constante atención, tratando de seguir las posibles lecturas que pueda tener, no obstante, de lo confuso que resulta, sobre todo para un público desprevenido.

                           El contenido y a la forma

Empero, Greenaway logra un equilibrio entre contenido y forma: un contenido rico en sugerencias y una forma audaz.

El director británico no da tregua, el espectador es “bombardeado” casi de continuo: algunas escenas tienen una agresividad en contrapunto con una belleza visual iluminadas por el fotógrafo Sacha Vierney. Una forma estética que se comunica con un contenido ético de difícil penetración.

Claro, Greenaway no hace un cine de fácil “digestión”, es posible que esa postura artística-intelectual lo vuelva más atractivo para aquellos que van al cine en busca de ejercitar la inteligencia. También es cierto que otro sector del público queda afuera de la propuesta, que busca en el cine un simple entretenimiento. Las dos decisiones tienen validez.  Asimismo, es respetable la obra de un creador y Peter Greenaway lo es. Una prueba de ello es la aceptación o el rechazo que sus películas provocan, lo cierto es que nadie queda indiferente.

“Zoo, una zeta y dos ceros” (A Zed and Two Noughts) Reino Unido, Holanda 1985. Director: Peter Greenaway. Guion: Peter Greenaway. Fotografía: Sacha Vierny. Montaje: John Wilson. Música: Michael Nyman. Elenco: Andréa Ferreol, Brian Deacon, Eric Deacon, Frances Barber, Joss Ackland, Jim Davidson, Agnés Brulet, Guusje van Tilborgh, Gerard Thooley, Ken Campbell, Wolf Kahler, Geoffrey Palmer, David Attenborough (voz en off). Duración: 115 minutos. Estrenada el 3 de octubre de 1991 en la sala: Libertad.

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 21/09/2020)

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