«Pienso en el final» (Alberto Postiglioni)

Nada es lo parece

Para ver una película del guionista y director estadounidense Charlie Kaufman, el espectador se debe preparar para recibir un aluvión de sugerencias nada convencionales.

Por eso es conveniente hacer un repaso por la filmografía de Kaufman, para “entrar” con conocimiento de causa y saber que nos espera. Conocido como guionista sorprendió con su obesa imaginación a partir de ¿Quieres ser John Malkovich? (1999) dirigida por Spike Jonze. En 2002, otro film de Spike Jonze El ladrón de orquídeas llamaba la atención, particularmente de la crítica y de aficionados. El actor, productor y director George Clooney requirió de sus habilidades para escribir el guión de Confesiones de una mente peligrosa (2002). El realizador Michel Gondry nuevamente (había sido su guionista de Human nature en 2001), lleva a la pantalla un libreto de Kaufman en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004).

En 2008, el propio Kaufman decide dirigir su primer largometraje, Todas las vidas, mi vida.  Su segunda película, escrita y dirigida por él, Anomalisa (2015), incursiona en la animación con la técnica “stop motion”.

Los que vieron estos filmes saben que todos, tanto en los que fue guionista como en los que dirigió, no son nada convencionales y requieren una atención especial de los espectadores, aunque a veces no basta. Los que no han visto sus películas, verlas puede resultar una experiencia siempre interesante.

                      “Pienso en el final”

Su tercer largometraje, Pienso en el final, llega a través de Netflix (el streaming que en época de epidemia COVID 19, se convirtió en refugio de muchos cinéfilos, huérfanos de salas de cine).

En el comienzo una mujer joven (Jessie Buckley) espera en la vereda a su novio Jake (Jesse Plemons) que la invitó a conocer a sus padres, que viven en una granja alejada de la ciudad. Mientras los pensamientos de la mujer se convierten en una voz en “off” que ocupa la banda sonora, informando al espectador las dudas que se apoderan y crecen progresivamente. Ésta es la base del esqueleto argumental: las dudas. Claro, que la propuesta no se agota en ello y a medida que avanza el relato va engordando con ingredientes distribuidos en dosis diferentes, en ocasiones confusas, por ejemplo, el nombre de la mujer: en el comienzo el novio la llama Lucy, después Louise, más tarde en el celular aparece Ivonne. Así como la profesión; poetisa (recita un poema, creado por ella, en el auto que viajan), luego estudia física cuántica, también es pintora, o puede ser camarera de un restaurante). Cabe una pregunta: ¿Es una mujer o varias con el mismo cuerpo y la misma cara? A Kaufman no le interesa aclarar, deja que el espectador naufrague en las aguas embravecidas y turbias que él agita sin piedad, y en medio de todo deja la libertad de indagar por las sugerencias que desliza.

                     Las partes de un todo

Se puede dividir la narración en tres partes.

Primero, cuando los novios viajan en auto hacia la granja, donde en un contrapunto, singularmente excesivo, los pensamiento de ella y los diálogos que mantiene con Jake acompañan la fría presencia del paisaje helado azotado por una tormenta de nieve, donde se mezclan, además, varios puntos a tener en cuenta; referencias cinéfilas (al actor y director John  Cassavetes, a la actriz Gena Rowlands, a la película Una mujer bajo influencia), la interferencia que asemeja un estribillo, de un personaje (el sereno de un liceo), que aparentemente está fuera de contexto.

Segundo, cuando llegan a la granja familiar ese lugar sombrío habitado por la madre (Toni Collette) y el padre (David Thewlis) y donde comienzan a suceder cosas por lo menos extrañas; el rechazo de Jake a las caricias de su madre, la cena en la cual los personajes van de momentos agradables hasta con alguna risa, pasando por otros que se acercan a incomodidades compartidas. Empero, hay otros, el más notorio es el brusco cambio de los padres (primero maduros, luego ancianos, enseguida decrépitos). Claro, que también hay un sótano misterioso, ovejas y cerdos muertos en circunstancias muy raras.

Tercero, el regreso de los novios desandando el camino helado acompañados por el inhóspito paisaje y donde ocurren hechos que alteran lo incomprensible; la actitud por lo menos insólita de Jake, ir a comprar un postre en una heladería ubicada en medio de la nada en donde las tres empleadas del lugar se comportan de manera rara, visitar su “viejo” liceo.

Cada una de estas partes son como piezas aisladas de un perverso juego que se deberá armar, o intentarlo. Kaufman a lo largo del relato va dejando pistas que unen en cierta manera unas con otras; dos libros encontrados en la granja, uno tiene que ver con el poema recitado por Lucy (¿Louise, Ivonne…?) otro es de la crítica de cine Pauline Kael (1912-2001), es probable que se recuerde porque nunca creyó en Cassavettes (tampoco en Orson Welles). Pero lo más sorprendente es la coreografía que se introduce y que de alguna manera une al sereno con los protagonistas.

                  “La imaginación al poder”

Este era el emblema de los estudiantes del Mayo 68 francés. Y, parece que es el objetivo por el cual Charlie Kaufman crea sus propuestas, esta vez es una novela, “I’m Thinking of Ending Things”, de Iain Reid (editada en 2016) que lo inspiró para trazar el mapa emocional de unos personajes que deambulan en el desconcierto de sus vidas. Sin embargo, en vez de acercarse a esos seres y mostrarlos tal cual son en una realidad que los resiste, va a la irrealidad de situaciones y destapa el interior oscuro, agregando elementos de diferentes géneros cinematográficos; thriller, terror y hasta musical.

Unidos para bucear en las dudas de la mujer sobre su relación sentimental, pero también sobre su propia existencia. En Jake los recuerdos se disparan imprevistamente, como escapados del almacenaje de su memoria y saltan al vacío de un presente inseguro.  La inseguridad, es precisamente lo que une a todos los personajes a un destino confuso. Los otros personajes (los padres de Jake, el sereno y las tres vendedoras de la heladería) de alguna manera alteran el “orden temporal” de las situaciones que afectan los hechos reales o irreales.

Kaufman, hábilmente, va hilando cada momento de la vida de sus personajes a un muestrario de perturbaciones. Para marcar aun más ese estado depresivo que acompaña la progresión dramática la cámara del fotógrafo polaco Lukasz Zal (el mismo de Ida y Cold War, ambas de Pawel Pawlikowski) achica la imagen (ratio 4:3) y maneja la ausencia de colores para los exteriores y pocos atractivos para los interiores. Una manera de comunicar al espectador los procesos psicológicos por donde transitan los personajes.

Es una película confusa y extrañamente atractiva, una ambigua relación que no afecta el buen resultado. Y, de la cual cada actriz y actor suman a ese resultado, destacando la muy buena labor de Toni Collette.

“Pienso en el final” (I´m Thinking of Ending Things) EE.UU. 2020. Director: Charlie Kaufman. Guion: Charlie Kaufman (basado en la novela “I´m Thinking of Ending Things” de Iain Reid). Fotografía: Lukasz Zal. Montaje: Robert Frazen. Música: Jay Wadley. Elenco: Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Hadley Robinson, Gus Birney, Abby Quinn, Colby Minifie. Duración: 134 minutos. Estrenada el 4 de septiembre de 2020 (Netflix).

Alberto Postiglioni (Exclusiva para accu.uy, 14/09/2020)

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