Dennis Farina (Eduardo Alvariza)

La última jugada

Falleció el 22 de julio de 2013 con 69 años y nos dejó su mejor papel, que es en definitiva la suma de todos sus papeles: The Last Rites of Joe May (2011, exhibida en Max recientemente), escrita y dirigida por Joe Maggio. Allí, Dennis Farina interpreta a un estafador de poca monta que sale del hospital, vuelve a su departamento en Chicago y encuentra que ahora viven allí una mujer con su pequeña hija. No tiene adonde ir, no sabe qué hacer, ni siquiera encuentra en la azotea las palomas que había criado. En el ómnibus le ofrecen el asiento y eso le molesta. Está viejo aunque él mismo lo niegue y diga que aún le quedan un par de movimientos y varios amigos que le darán trabajo, radios y electrodomésticos para vender, cosas en las que él se movía muy bien. En definitiva, la vieja historia del perdedor en busca de redención, pero filmada con un despojamiento y una sobriedad a prueba de balas.

Toda la historia cae sobre sus hombros. Lo vemos por las calles con su abrigo de cuero color melón, jugado, arruinado, ir de un lado hacia el otro, mientras el invierno arrecia. Los primeros planos nos acercan ese rostro cortado a hachazos, acostumbrado a meterse en la piel de mafiosos y policías no muy honestos. Pero Farina, como nunca en su carrera, compone desde el interior, hace pelear sus afectos, matiza la tristeza, sugiere. Él, un duro de toda la vida, se encariña con la mujer y su pequeña hija. Se emociona con la voz de Caruso y las viejas óperas italianas, el único placer que tal vez le queda. Visita a un viejo amigo e intenta convencerlo de volver al ruedo, a las andanzas, al trapicheo barato. Pide laburo a un asqueroso sujeto (Gary Cole, estupendo) que siempre está en un restaurante y no se levanta de la mesa ni para saludarlo. Intenta vender un trozo de carne congelada. Todo infructuoso. Hasta los perros le ladran, literalmente.

Farina siempre fue un actor secundario. Había nacido en Chicago el 29 de febrero de 1944, en el seno de una familia italonorteamericana. Su madre, un ama de casa; su padre, un médico siciliano. ¿Qué hizo Dennis? Se metió en la Policía, donde prestó servicios durante 18 años y llegó a ser detective. Dicen que tuvo que contener algún que otro disturbio generado a partir del asesinato de Martin Luther King. Farina, era policía auténtico, de verdad, hasta que Michael Mann le vio potencialidad y lo sacó de las calles (“No era muy bueno, no tenía puntería”, dijo el propio Dennis) para alojarlo en los estudios de cine y TV.

Comenzó a actuar con 37 años. Fue un rostro conocido en la pantalla chica gracias a La ley y el orden, Vicio en MiamiLa historia del crimen (1986-88, el primer episodio dirigido por Abel Ferrara), entre otros enlatados. Tuvo participación en películas importantes como Cazador de hombres (1986, Michael Mann), Men of Respect (de William Reilly, la tragedia de Macbeth llevada a la mafia, 1990), Mac y sus hermanos (1992, John Turturro), Al filo del abismo (Romeo Is Bleeding, 1993, de Peter Medak), Rescatando al soldado Ryan (1998, Steven Spielberg) y Cerdos y diamantes (2000, de Guy Ritchie), quizá su trabajo más recordado.

Y ahora, antes de irse, nos deja esta perla cinematográfica, una balada del hombre sin destino, del héroe anónimo, desencantado, que inexorablemente se disuelve en el olvido pero deja estampada una última jugada.

Eduardo Alvariza (Semanario Búsqueda, 24/10/2013)

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