Julie Harris (Álvaro Loureiro)

Una gran actriz

A pesar de que siempre fue una de las más solicitadas figuras del teatro estadounidense, en el cine —y hasta en la televisión— la recientemente fallecida Julie Harris había también dejado su huella. Oriunda del estado de Michigan, luego de completar su educación universitaria se dedicó a perfeccionarse en el método Stanislavsky en los mismos años en que Marlon Brando, Montgomery Clift, James Dean y otros compañeros de ruta comenzaban a atraer la atención.

Al despuntar la década del 50, ya ubicada en Broadway, le llega la oportunidad de encarnar a la adolescente de The Member of the Wedding, de Carson McCullers, donde cumplió una labor consagratoria que le valió ser llamada para protagonizar la versión cinematográfica de dicha obra —aquí se llamó Cruel desengaño (1953)—, bajo la dirección de Fred Zinnemann. Había que verla de patito feo, con el cabello cortado a lo varón, de pantalones, y sobrellevando el verano sureño junto al pequeño Brandon DeWilde (el niño de El desconocido) y las interrogantes que les provocaba a ambos una boda inminente en la familia.

Mientras los grandes elogios y las distinciones le seguían llegando del ámbito teatral, en 1955 se hizo tiempo para rodar en Inglaterra La historia de mi pasado (I Am a Camera), de Henry Cornelius, que no era nada más ni nada menos que la historia que inspirara el filme Cabaret. Como la alocada protagonista, la Harris estuvo espléndida. Con escaso tiempo de diferencia, se puso a las órdenes del maestro Elia Kazan para encarnar a la joven Abra que enamora al mítico James Dean en Al este del paraíso, a partir de la novela de John Steinbeck.

Sin abandonar nunca los escenarios, luego de otro par de títulos rodados en Inglaterra se vuelve a destacar en el papel de la novia en la intensa Réquiem para un luchador, de Ralph Nelson, junto al golpeado ex campeón que componía Anthony Quinn. Luego se la vería sobresalir en los poblados elencos de La casa embrujada (The Haunting, 1963), de Robert Wise; El blanco móvil (Harper, 1966)), de Jack Smight, al lado de Paul Newman; y Reflejos en tus ojos dorados (1967), de John Huston, con Elizabeth Taylor y, ahora sí, Brando. Varias incursiones por la pantalla chica y un par de labores dignas de mención en la estelar El viaje de los condenados (1976), de Stuart Rosenberg, y Gorilas en la niebla (1988), de Michael Apted, constituyeron otra pausa antes de que la pelirroja, delgada y, sobre todo, sensible Julie Harris volviera a escuchar los aplausos desde los escenarios.

Álvaro Loureiro (Semanario Brecha, 18/10/2013)

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