«César debe morir» (Paula Montes)

Poder y grandeza del arte

Los hermanos Taviani (Paolo y Vittorio) ya octogenarios, con una extensa y magistral trayectoria cinematográfica (Padre padrone, La noche de San Lorenzo, Kaos, El sol sale también de noche) adaptan la tragedia histórica de William Shakespeare, Julio César, que permaneciera inédita hasta el Infolio de 1623, bajo el título César debe morir y la ambientan en una cárcel de máxima seguridad, en Rebibbia, en los alrededores de Roma.      

Los prisioneros que la habitan han sido condenados por delitos como el homicidio, el narcotráfico, la corrupción que connota la mafia, a penas máximas y/o a cadenas perpetuas, y encarnarán a los agonistas de la pieza shakespeareana y su traslación al mundo de los Taviani. César debe morir es una suerte de docu-ficción, en la cual “el autor de dos cabezas” se introduce en Rebibbia, donde el director de dramaturgia, Fabio Cavalli, y su jurado comenzarán a realizar el notable “casting” de los reclusos que tendrán a cargo poner en escena el drama romano, y los ensayos que culminarán con la representación de la obra frente al público, que ya en la época isabelina y en el mismísimo hoy tiene una vigencia total.

Así el film tavianiano se atiene a la desmesura que conlleva el poder, el costo que acarrea, la envidia que despierta en “otros”, la instigación de algunos a otros, la traición, el ansia de verdad de algún personaje y un largo etcétera que llevará al espectador a una profunda reflexión sobre la condición humana y sus miserias.

Los realizadores apelan al blanco y negro con la finalidad de acentuación del verismo; salvo en las imágenes coloreadas del prólogo que anticipan el desenlace y en algunas rememoraciones muy significativas.

En sólo 76 minutos, con un pulso narrativo y dramático genial, se asiste a la caída y magnicidio de quien se ha convertido en un dictador, desconociendo al Senado (Julio César interpretado por Giovanni Arcuri), a la conspiración llevada a cabo por un grupo de senadores en aras de la restitución de la libertad, a las diferentes y complejas inflexiones que tiene para los diversos conjurados, a los posibles ciudadanos representados por los encarcelados, que opinan de los sucesos detrás de los barrotes de sus ventanas que dan a los pasillos o a los patios de la prisión, y que primero aclaman lo ocurrido, para luego cambiar de posición frente al discurso de Marco Antonio (encarnado por Antonio Frasca), hombre sagaz, muy político y oportunista que aprovechará la muerte de César para su ascenso personal, y a la lectura del testamento del valiente, imperialista militar cuya sombra poderosa fluirá hasta el desenlace.

Shakespeare transformó la verdad histórica en verdad poética, y los hermanos toscanos en verdad político-social con un sesgo poético conmovedoramente humano. Se escenificará el enfrentamiento guerrero entre el hijo de César, Octavio, secundado por Marco Antonio y el grupo integrado por Bruto (Salvatore Striano), Casio (Cosimo Rega) —entre otros— que serán vencidos en los campos de Filipos.

El verdadero héroe trágico será Bruto, hombre poseedor de grandes virtudes, un instrumento en manos de Casio, envidioso de la gloria de César. A Bruto sólo lo movió actuar el restablecimiento de la república, de la libertad frente a la autocracia sin límites del ambicioso tirano, pero no podrá aceptar ni siquiera el recuerdo de su ayer homicida, de ahí su petición emocionante de que lo ayuden a morir, su posterior inmolación. Un cierto estoicismo a lo Séneca atraviesa toda la obra, muy rica en matices psicológicos.

Los presos han recitado sus parlamentos en sus dialectos de origen, y el bardo isabelino con sus complejos personajes, les ha permitido identificarse con sus pasados delictivos a la manera de una liberación y expiación. Algún presidiario piensa que Shakespeare se ha trasladado a su Nápoles natal. Afloran sus conflictos internos con gran fuerza y pasión, por lo cual el ensayo en ocasiones debe ser detenido.

El registro de cómo se va resolviendo la escena de quien desafió el sueño premonitorio de su esposa, hasta la puñalada mortal, el interjuego de la cámara acechante que no se perderá el momento en que surgen las palabras agónicas de César – “¿Tú también Bruto?” – es formidable.

La partitura musical es un leitmotiv que se repite en el devenir fílmico y subraya con magisterio las acciones, los conflictos. Las tomas nocturnas del edificio carcelario, tienen un alcance metafórico inconfundible.

El espectador ha formado parte del público presente en la cárcel, compuesto por familiares, autoridades, ex presidiarios. La representación se ha llevado a cabo en el pequeño teatro con enorme éxito. Las luces se van apagando. Los prisioneros son llevados a sus celdas, y mirando al espectador irrumpe la frase de Cosimo Rega devenido en el personaje de Casio: “Cuando me familiaricé con el arte, la celda se me tornó una verdadera prisión”. El arte “les dio la dimensión de todo lo que han perdido”. Les ha planteado en cierto sentido dilemas morales, emocionales.

El film ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2012, fue laureado por el Jurado Ecuménico, se privilegió con cinco premios David di Donatello, entre muchos más. Se pudo ver fugazmente en el reciente XII Festival de Cine de Montevideo, y anteriormente en la XXXI edición del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. César debe morir merece ser estrenado a la brevedad, puesto que se destacaría con fervor en la cartelera montevideana (*). Los hermanos Taviani son verdaderos creadores, capaces de instaurar la esperanza, la redención, la luz en un microcosmos de dolor y oscuridad. Sólo ellos podían hacer este docudrama, son únicos.

(*) Recientemente se exhibió en el canal de cable MovieCity (premières) dentro de un ciclo de cine independiente.

“César debe morir” (“Cesare deve morire”).  Italia, 2012. Dirección Paolo y Vittorio Taviani. Guión: Paolo y Vittorio Taviani, Fabio Cavalli sobre la tragedia de William Shakespeare, “Julio César”. Fotografía: Simone Zampagni. Música: Giuliano Taviani y Carmelo Travia. Elenco: Giovanni Arcuri, Salvatore Striano, Cosimo Rega, Juan Darío Bonetti, Vincenzo Gallo, Vittorio Parrella.

Paula Montes

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