Andrei Tarkovski (Manuel Martínez Carril)

“El sacrificio” culminó en 1986 la obra de un artista prohibido

Desde el comienzo Andrei Tarkovski fue sospechoso: sus poéticos vuelcos místicos (Iván), el hecho que mostrara sin identificar la redacción de Pravda para que los entendidos leyeran entre líneas (El espejo), la revaloración de un pintor de íconos del siglo XV (Andrei Rublev), una ciencia ficción con astronautas medio locos (Solaris), un tenebroso paseo por una zona amenazante (Stalker), eran cosas que daban que pensar. Entonces lo prohibieron por las dudas, pero seguía filmando y sus películas llegaban a los festivales a pesar de las prohibiciones, y hasta se exhibían, por ejemplo en Montevideo.

Meses después de expatriarse en occidente aterrizó en el Kremlin la perestroika de Mikhail Gorbachov, pero ya era tarde: murió en París de un cáncer terminal en 1986 y dos meses después una retrospectiva de toda su obra presentada en el cine Iliushin de Moscú por Elem Klímov fue un acontecimiento que conmocionó a la decadente Unión Soviética. Fueron necesarios más de veinte años para que el público soviético viera su obra.

EL SACRIFICIO. Filmada en Suecia y producida por el Svensk Filminstitutet, era una obra inusual concentrada en dos horas y media, con producción ejecutiva de Anna Lena Wybom, directora de la Cinemateca Sueca, fotografiada por Sven Nykvist, habitual colaborador de Bergman, y protagonizada por Erland Josephson, otro amigo del maestro sueco. Todos sabían que corrían contra el tiempo mientras el cáncer avanzaba rápidamente y paralizaba durante días a Tarkovski en el hospital.

Es el fin del mundo, ejecutado por una humanidad que se autodestruye. Desde el principio está claro que la destrucción atómica es un peligro. Lo afirma un monólogo muy obvio de Aleksandr (Erland Josephson), ante una cámara inmóvil ante el protagonista. Y que se mueve cuando los personajes (Aleksandr con su hijo) plantan un árbol en un terreno estéril. El niño, es decir el futuro de la humanidad, está en riesgo. Lo obvio del monólogo adquiere una fuerza sorprendente y una tensión que se prolonga a lo largo de una noche de festejos invadida por un temporal con truenos mientras se oyen misteriosas voces distantes. Desde la radio un locutor anuncia una catástrofe, quizás la tercera guerra mundial, que puede ser el definitivo desastre atómico. Entonces Aleksandr asume la culpa de todos y ofrece su sacrificio para salvar la humanidad. Todo sin palabras, solamente imágenes. Pero sembrado de referencias religiosas: con los créditos se ve la Adoración de los Reyes Magos de Leonardo y se oye la Pasión según San Mateo de Bach. Como alguien ha señalado abundan citas de Jesús, Gandhi y Nietzsche, que crean un clima extraño, sugestivo. Dentro de la casa todo es orden y limpieza; fuera el control humano no existe, hay barro y el mar amenaza. La secuencia final construida casi en una única toma quieta de doce minutos, mientras los personajes distantes van y vuelven, y el fuego todo lo destruye, cierra otra idea que sobrevuela desde el comienzo: el agua, el fuego, el viento, a eso se reduce la vida. La naturaleza, los colores mórbidos de los exteriores, aportan la idea de una sociedad enferma, la pérdida de espiritualidad, a la que alude la contaminación nuclear en tiempos de guerra fría.

UN PAÍS QUE CAMBIA. El sacrificio de Aleksandr no es percibido por los demás personajes que no saben qué quiere y lo abandonan en soledad. Para el espectador puede parecer la conducta de un loco. Por eso los efectos más potentes de la película son los de un devastador sacrificio y a la vez una misteriosa reafirmación de humanidad y fe. Desde luego estas ideas no eran bien vistas en la Unión Soviética, aunque con meses de diferencia se estrenaría en Moscú sin censura Arrepentimiento de Tengis Abuladze, una crítica feroz del socialismo real en cuya producción intervino sigilosamente Eduard Shevarnadzhe, canciller de Gorbachov. El sacrificio se anticipaba a los tiempos que llevarían al intento de un cambio radical del país. En rigor Tarkovski lo venía haciendo desde Andrei Rublev.

Filmografía Tarkovski

CORTOS DE ESTUDIANTE

1956: Los asesinos (Ubiytsy). Co dirección con Aleksandr Gordon y Marika Beiku. Sobre Hemingway.

1959: Hoy no nos vamos (Segodnya uvolneniya ne budet).

1961: El violín y la aplanadora (Katok i scripka).

LARGOS

1962 – LA INFANCIA DE IVÁN (Ivanovo detstvo). León de Oro en Venecia.

1966 – ANDREI RUBLEV (Strasti po Andreyu). Premio Fipresci en Cannes.

1972 – SOLARIS (Solyaris). Premio Fipresci y Gran Premio del Jurado en Cannes.

1975 – EL ESPEJO (Zerkalo).

1979 – STALKER /La zona (Stalker). Premio Ecuménico en Cannes.

1983 – TIEMPO DE VIAJE (Tempo di viaggio). Co dirección con Tonino Guerra. Documental. (En Italia).

1983 – NOSTALGIA (Nostalghia). Premio Fipresci, Ecuménico y Dirección en Cannes. (En Italia).

1986 – EL SACRIFICIO (Offret). Gran Premio del Jurado, Premio Fipresci y Ecuménico en Cannes. Primer premio en Valladolid. (En Suecia).

Manuel Martinez Carril (Publicado originalmente en el Semanario Brecha)

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