Orson Welles (Jaime Costa)

El ciudadano del mundo

George Orson Welles es considerado uno de los artistas más versátiles del siglo XX en el campo del teatro, la radio y el cine, en los que tuvo excelentes resultados. Su fama creció tras su muerte en 1985 y ahora se le considera uno de los más grandes directores de cine y teatro del siglo XX. En 2002 fue elegido por el British Film Institute como el mejor director de la Historia del cine.

Orson Welles nació en Kenosha, Wisconsin en 1915. Desde su nacimiento recibió una educación poco convencional de parte de sus eclécticos y adinerados padres, lo trataron como el prodigio de la familia y dirigieron su precoz talento hacia las diferentes formas de arte. Hizo su primera aparición en el escenario a los tres años en una representación de la obra Sansón y Dalila, en la Ópera de Chicago. En 1919 sus padres se separaron y Orson pasó a residir con su madre en Chicago, donde comenzó a introducirse en los círculos artísticos e intelectuales. El 10 de mayo de 1924, Beatrice Welles murió repentinamente de ictericia a la edad de cuarenta y tres. Tras la pérdida de su madre Welles vuelve a vivir con su padre

A la edad de diez años, mientras estudiaba primaria en Madison (Wisconsin), Welles se dedicó a ofrecer presentaciones escolares y dirigió y protagonizó su primera representación teatral, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Al poco tiempo ingresó en la Todd School de Illinois, una escuela de vanguardia dirigida por el profesor Roger Hill, que en numerosas ocasiones Welles citó como su mentor y la persona que le suministró las ideas artísticas y literarias en las que fundamentó toda su obra futura.

En 1931, a los 16 años, comenzó a trabajar en el teatro en Dublín, Irlanda. Pronto se trasladó a Nueva York, donde debutó al año siguiente en Broadway con la representación de Romeo y Julieta. Fundó posteriormente la compañía teatral Mercury Theatre, con la que obtuvo gran éxito. En 1938, junto con varios colegas de su compañía, representó por radio, en la cadena CBS, una adaptación de la obra de H. G. Wells La guerra de los mundos. El realismo fue tal que la emisión causó auténtico pánico en Nueva Jersey, donde, según la obra, estaba teniendo lugar la invasión de los extraterrestres. Este episodio le dio fama mundial, lo que llevó a la RKO Radio Pictures a contratarle en 1939 con plena libertad para escribir, producir y dirigir dos películas.

Sin experiencia como realizador cinematográfico, Welles comenzó a interiorizarse en la técnica y el lenguaje del cine. Mencionó como su principal inspiración la obra de John Ford (luego de haber visto 40 veces La diligencia), contribuyendo además con un estilo visual propio, inédito para la época, como el uso del «documental» dentro de la propia historia. Tenía 24 años cuando convenció al guionista Herman J. Mankiewicz para escribir una historia basada en la vida de William Randolph Hearst, magnate de la prensa, propietario de dos importantes periódicos. Tras unos retoques que él mismo realizó en el guión, Welles dirigió la película bajo el título de El ciudadano (“Citizen Kane”). Hearst intentó prohibir la proyección, pero se estrenó en 1941 con gran éxito de crítica, aunque no de taquilla, debido a las trabas que tuvo en la distribución, promovidas por Hearst. El ciudadano es considerada por muchos como la mejor película de la historia del cine, y recién fue desplazada en el 2012 del primer lugar de la encuesta de “Sight and Sound” por Vértigo de Alfred Hitchcock.

Para el guion de su segunda película, Soberbia (1942), Welles se basó en la novela ”The Magnificent Ambersons” de Booth Tarkington (Premio Pulitzer en 1919). La película reflejaba la vida de una familia norteamericana a principios del siglo XX. El montaje final de Welles fue alterado por la RKO hasta tal punto que el cineasta dijo que habían arruinado su obra. No obstante, la película conserva el vigor creativo de su director.

Con El extraño (1946) Welles se puso al frente de un proyecto en el que, como él mismo reconoció, su implicación personal fue mínima. A pesar de todo, demostró que también sabía ser un eficaz artesano.

La dama de Shanghai (1948), con su apariencia de thriller al uso de la época, y similar en varios aspectos al filme Vértigo de Hitchcock (1958) —la ciudad de San Francisco, California, el teñido del cabello de Rita Hayworth, el traje sastre gris— trascendió los límites del género y de un enrevesado argumento, para convertirse en una tela de araña que atrapa al espectador con una rara fascinación. Se recuerda especialmente la escena en la galería de los espejos.

Mr. Arkadin (conocida también como Raíces en el fango, 1954) se resintió de un argumento que parecía querer aprovechar muchas de las premisas de El ciudadano, así como de un reparto poco adecuado si exceptuamos la interpretación del propio Welles en su papel protagonista.

Sombras de mal (“Touch of Evil”, 1958) es su segunda obra maestra después de El ciudadano. En este subyugante thriller Welles se reservó el papel de un obeso inspector de policía que utilizaba métodos de una ética más que dudosa hasta llegar al asesinato. La película recorre un mundo onírico y de ambientes enfermizos que tiene ecos de drama shakespeareano. El film fue muy tocado en el montaje, e incluso se añadieron planos y escenas breves; hoy se ha repuesto dentro de lo posible con el plan original de Welles y con el título castellano de Sed de mal.

En El proceso (1962) Welles intentó adaptar la novela de Franz Kafka sirviéndose de su particular estilo cinematográfico. El resultado global fue desigual, aunque sobresaliente en muchas escenas, por su capacidad de crear un mundo paralelo al de Kafka.

Welles ofreció una personalísima y muy intensa visión del mundo de Shakespeare en tres películas aceptadas por todos como obras maestras: La tragedia de Macbeth (1948), Otelo (1952) y Campanadas a medianoche (1966). Ésta última, inspirada en diversas obras del dramaturgo inglés, es un monumento de inventiva visual y maestría interpretativa. La película tiene como hilo conductor a Sir John Falstaff, interpretado por el propio Welles.

En 1973, Welles estrena F for Fake (en España, Fraude), una película de corte experimental planteada como un falso documental que se anticipa a algunas propuestas del cine posmoderno y que fue reconocida como influyente por realizadores como Jean-Luc Godard. En la película aparecen Picasso y Oja Kodar.

Actor prolífico, Welles a menudo usaba su trabajo de actor para financiar sus proyectos como director. Fue uno de los directores de mayor talento de la historia del cine, El ciudadano, en su momento y ahora, representó (y representa) un prodigio de la técnica y narrativa cinematográfica. El plano secuencia inicial de Sed de mal (una toma ininterrumpida de varios minutos) demuestra un dominio de la puesta en escena y organización de los movimientos como sólo un cineasta de su categoría podía conseguir, si bien él no apreciaba esos planos en exceso. Incluso obras en apariencia menores, como El extraño, presentan rastros de su gran talento.

En ocasiones es difícil establecer la cronología exacta de su filmografía debido a las películas que inició y no pudo finalizar por falta de financiación, como su Don Quijote, jamás concluida.

Welles vivió un tórrido romance entre 1938 y 1942 con la actriz mexicana Dolores del Río, que apareció en Jornada de terror (1942) film que dirigió Norman Foster pero con notorias influencias del propio Welles. Según su hija Rebecca, Dolores fue el amor de su vida. Posteriormente,  estuvo casado breve tiempo con la actriz Rita Hayworth, a quien dirigió en La dama de Shanghai.

Era conocido su amor por España por lo que rodó  varias de sus películas en tierras españolas y cultivó la amistad de figuras conocidas del mundo de los toros de la época, como Antonio Ordóñez o Luis Miguel Dominguín.

Durante toda su vida tuvo un elevado ritmo de trabajo y muchos pleitos financieros, lo que a la larga le acarrearía la muerte. Welles murió de un ataque cardíaco en Los Ángeles en 1985. Sus cenizas fueron depositadas en el municipio malagueño de Ronda, en la finca de recreo de San Cayetano, propiedad de su amigo el matador de toros Antonio Ordóñez, según tal y como había expresado. Sin embargo hay otras versiones en las cuales se dice que Orson Welles no dejó testamento alguno donde expresara sus deseos luego de su muerte, por lo cual tanto su hija como su esposa acordaron que sus cenizas fuesen esparcidas en España, ya que concordaron que ése fue el lugar donde Welles se sintió más feliz en el transcurso de su vida.

Jaime E. Costa (Boletín Cine Arte del Sodre, Noviembre y Diciembre 2013)

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