«1917» (Mathías Dávalos)

La máquina infernal

La elección de un falso plano secuencia para contar esta historia ubicada en la Primera Guerra Mundial es el sello menos distinguido de 1917. La posible sorpresa del recurso —apoyada por fortuna en el sonido— decae con el paso de los minutos y afecta a otra parte del relato, huérfano de subtramas y del desarrollo de los personajes.

En el norte de Francia, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) son los soldados británicos encargados de llevar un mensaje vital para la suerte de un batallón, a punto de ser emboscado por los alemanes. Las líneas de comunicación están rotas y hay que adentrarse en tierra de nadie.

Mendes, con su aparente cuidadosa dirección delimitada por el falso plano secuencia, rompe además con la que quizá es la mayor posibilidad que puede ofrecer esta catástrofe bélica narrada desde el campo, llevada con mérito por realizadores como John Ford (La patrulla perdida, 1934), Stanley Kubrick (La patrulla infernal,
1957) o Steven Spielberg (Rescatando al soldado Ryan, 1998), por nombrar a tres. El orden visual atenta contra la representación de la hecatombe humanitaria. Jean Cocteau abrió su novela Thomás el impostor con la frase “La guerra comenzó en medio de un gran desorden”. Aquel inicio fue en 1914 y tres años después la cosa era bastante peor. Batallas como las del Somme o la de Verdún aquí no superan la ínfima mención o la referencia distante. La visión de 1917 es patrióticamente británica y no me parece descabellado que el film sea una metáfora del Brexit, como alguien ha dicho por ahí.

Mendes se encapricha con su búsqueda de elegancia en las tomas y coreografías marcadas más por efectos digitales que por presencia de actores y de extras. La transmisión del sentimiento fracasa, a pesar de un soldado que hunde su mano en un cuerpo expuesto devorado por ratas, de un largo travelling que revela esqueletos hundidos en el barro, o de un plano general con vacas muertas. El
talentoso director de fotografía Roger Deakins y los editores de sonido Oliver Tarney y Rachel Tate parecen ser los únicos que sostienen la ambiciosa idea del director, pero no es suficiente.

El fracaso mayor de Mendes lo sintetiza en una escena. Un soldado es apuñalado y su rostro se emblanquece como la leche en segundos, mientras muere. Este efecto, tan burdo como indigno, es un justo ejemplo de que el tiempo le jugó una mala pasada a Mendes: buscó lo espectacular con su plano secuencia de 119 minutos, mientras la Gran Guerra, que duró 4 años y dejó historias para el resto de los
tiempos, queda por fuera de esta anécdota familiar más ausente de sensibilidad que de sensatez.

Dirección: Sam Mendes. Guion: Sam Mendes, Krysty Wilson-Cairns. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Lee Smith. Elenco: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Benedict Cumberbatch, Colin Firth. 119 minutos.

Mathías Dávalos (Exclusiva para accu.uy, 23/02/2020)

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