«Mujercitas» (Álvaro Loureiro)

Crecer y encontrarse

No transcurren muchos años sin que, a través del  cine o de la televisión, no aparezca una nueva versión de la famosa novela de la estadounidense Louisa May Alcott (1832-1888), acerca de una tal Jo y sus tres hermanas. La primera se rodó en 1933, contaba con la dirección del siempre inspirado George Cukor y un elenco encabezado por la gran Katharine Hepburn, en el papel de Jo. Entre nosotros, se conoció como Las cuatro hermanitas. La adaptación de 1949 estaba dirigida por Mervyn LeRoy, disponía de todos los lujos de los productos de la Metro y un reparto  que contaba con la Jo que componía la inquieta June Allyson, junto a una todavía adolescente Elizabeth Taylor. En 1994 asoma  otra vez la historia de la mano del australiano Gillian Armstrong. Y es muy probable que el asunto, dentro de unos años, se vuelva a rodar, una reiteración que mucha gente gusta de justificar con rapidez señalando un tema  que revela la preocupación de Alcott en cuanto al lugar que el sexo femenino merece ocupar en un mundo que, a menudo y todavía hoy, posterga a las mujeres en diversos sentidos. Todo eso es verdad, por más que los desvelos de la autora la confirman más bien como una firme defensora de los postulados de pensadores como Emerson y Thoreau y una verdadera seguidora de la filosofía transcendentalista, la cual se refería tanto a los problemas de las mujeres como a los de los mismos hombres. Es que Louisa May Alcott se preocupaba, en realidad, por el propio ser humano en general y en particular, un detalle que se advierte también en otros libros suyos. tales como Hombrecitos y Los muchachos de Jo. La referida preocupación se detecta también, por cierto, en Mujercitas, en cuya trama asoman personajes masculinos que tienen, a su vez, algo que decir y defender.

La presente versión, escrita y dirigida por Greta Gerwig, aparte de un lustroso elenco, cuenta con esmeros de ambientación y vestuario que le otorgan el marco adecuado a un desarrollo que implica las idas y venidas de un generoso puñado de siluetas que, recién en los tramos finales, parecen cobrar especial relieve. No sucede otro tanto, desafortunadamente con los otros tres cuartos de una película en la cual los tales personajes lucen poco nítidos, apareciendo y desapareciendo de la pantalla sin que el espectador advierta el peso de cada uno en una trama acerca de gente que crece y busca su lugar y otros que lo tienen, aunque no siempre sepan compartirlo. Tan elíptico sendero para un desarrollo que reclamaba trazos mucho más firmes conspira asimismo en contra de un nutrido grupo actoral que incluye nombres como los de Saorsie Ronan, Laura Dern, Emma Watson y la propia Meryl Streep, a quienes, recién al aproximarse la conclusión, se les confían parlamentos y escenas dignas de mayor atención.

Similar grado de incompatibilidad alcanza, por su parte, la banda sonora compuesta por el prestigioso maestro Alexandre Desplat, pródiga en acordes tan bellos como artificiales, en varias escenas que reclamarían una partitura y una ejecución que formasen realmente parte de la acción en transcurso. Las actuales candidaturas a los premios Oscar, sin embargo, brindan la impresión de haberse dejado llevar más por los atractivos del envase del producto que por el propio sentido de un relato que a la Alcott tanto le preocupara. Es seguro, claro está, que el cine volverá a acercarse con renovadas energías a estas cuatro hermanitas y a quienes las rodean.

«Mujercitas» (Little Women) USA, 2018   

Álvaro Loureiro (Exclusivo para accu.uy, 06/02/2020)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *