Ingmar Bergman (Álvaro Sanjurjo Toucon)

El día que no caminó por Gorlero

Para muchos está catalogado como el descubridor del cine de Ingmar Bergman…
–Es un error de formulación. Soy uno de los once descubridores de Bergman en el mismo momento y en el mismo sitio.

– El origen de la leyenda

El diálogo anterior fue publicado en el diario argentino “página/12” y los interlocutores son un periodista de esa publicación y Homero Alsina Thevenet, uno de los mayores exponentes de la crítica cinematográfica del Río de la Plata.

Esos “once” descubridores a que hace referencia Alsina, son críticos uruguayos y argentinos, presentes en el II Festival Internacional de Cine de Punta del Este, realizado del 10 al 31 de enero de 1952, donde se maravillaran ante el film Juventud divino tesoro, de un para ellos desconocido director sueco llamado Ingmar Bergman. Un joven realizador, nacido en 1918, que para entonces ya había competido en los festivales de Cannes y Venecia.

La aclaración de Alsina obedece a que, con el transcurrir del tiempo, y especialmente de este lado del Río, se atribuyera el “descubrimiento” de Bergman exclusivamente a Alsina y a Emir Rodríguez Monegal (también presente en el evento), obviando a los críticos argentinos. Para finalmente hacer de Alsina el “único descubridor”, quizás a causa de ciertos reparos intelectuales a un Rodríguez Monegal que, como Alsina se había marchado del país, pero no pudo, no supo o no quiso mantener viva su “presencia” entre las nuevas generaciones; y las viejas también.

– Punta del Este no fue Maracaná

“Bergman fue descubierto en Punta del Este”, es la aseveración que sale a relucir constantemente, en especial ante cada nueva edición de un Festival Puntaesteño buscando en su pasado prestigios hoy perdidos.

El talento de Bergman fue lógicamente detectado por aquellos críticos/espectadores que no le conocían, a medida que sus películas se estrenaban. La deformación de la leyenda llevó a afirmar que sin aquellos “once” (o uno) difusores de los valores bergmanianos, el maestro sueco no habría trascendido.

Puntualicemos y supongamos:

Si a Bergman no lo conociera nadie, no significa que quienes por azar vieron primero sus películas y las valorizaran, fueran quienes detectaron un talento ignorado por los demás. Así, si un rioplatense viera en un Festival europeo a un realizador talentoso, desconocido por estas latitudes, mal puede proclamarse su “descubridor”. Término más adecuado a quien detectando aptitudes ignoradas por otros, se encargase de difundirlas.

No sería este el caso de Ingmar Bergman, unánimemente aclamado una vez que sus films arribaban paulatinamente a las salas del mundo, independientemente del episodio puntaesteño, sin repercusión extrarrioplatense.

Sintetizando toda esta “novela del descubrimiento”, el extinto crítico Jaime E. Costa, manifestó en “cinestrenos” que (estos acontecimientos) “dieron lugar a la leyenda de que Bergman había sido “descubierto” en Uruguay porque sus films no se habían exhibido aún fuera de Suecia”

Para el caso que el lector discrepe con la tesitura previa, debe señalarse que Ingmar Bergman tuvo toda la notoriedad que:

– en 1947 le brindara la presencia de su film Barcos para la India en el Festival de Cannes, donde compitiera. Faltaban cinco años para que un film de Bergman se conociera en Punta del Este.

– en 1948 generó el competir por el Gran Premio Internacional del Festival de Venecia, donde participaba con su film Música en la noche, producido un año antes. Faltaban aún cuatro años para el “descubrimiento” de Punta del Este.

Entre el 20 de agosto y el 12 de setiembre de 1952, en una nueva edición del Festival de Venecia, Suecia participa con el film Juventud divino tesoro, candidato al León de Oro, exhibida a comienzos de ese año en Punta del Este. No es imposible, pero si altamente improbable que autoridades de la “Mostra” y de “Svensk Filmindustri”, desconocieran la presencia previa de Bergman en Cannes y en la misma “Mostra” veneciana y hayan actuado al influjo del “descubrimiento“ puntaesteño. Punta del Este no concedió premios y el otorgado a Bergman lo fue por un Jurado (no oficial) de la Critíca.

– El libro, Filmoteca Nacional y Valladolid

El entusiasmo “uruguayizador” de Bergman se expandió. En 1964, cuando en Montevideo se publica “Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico”, con autoría de H. Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal, rápidamente proclamado el primer libro del mundo dedicado a Bergman. No se trataba de una aproximación orgánica al cineísta, sino como allí se aclara, de la utilización, en parte, de “una serie de artículos periodísticos publicados por los autores durante 1953-64 principalmente en el diario EL PAÍS de Montevideo, pero también en la revista REPORTER,, en un programa de Cine Arte del SODRE y en la revista FILM, …..Esos artículos han sido variablemente retocados para su edición conjunta y se han agregado asimismo otros textos nuevos.” El libro formato 14 x 19 cm. tiene 128 pp.

No sabemos si “Introducción al estudio de Ingmar Bergman” de Carlos Fernández Cuenca, es el primer libro del mundo sobre Bergman, detalle escasamente importante, pero si es anterior al volumen de Alsina y Rodríguez Monegal. El ensayo de Fernández Cuenca fue editado por Filmoteca Nacional de España, en el marco de la VI Semana Internacional del Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid, en 1961. El libro formato 24 x 17 tiene 77pp.

“Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico” fue muy bienvenida contribución al interés de los uruguayos por el cine. Sus autores fueron grandes figuras de la cultura nacional y su análisis, lúcido, es más importante que alardear al grito de un erróneo “descubrimiento”.

– Testimonio y confesión

Apartándonos de la visión uruguaya que unos y otros puedan poseer acerca de la trascendencia e importancia alcanzada por Ingmar Bergman antes de su difusión rioplatense en Punta del Este, es conveniente transcribir lo manifestado por el prestigioso ensayista, guionista y especialista en cine de su país, el sueco Bengt Idestam-Almquist y el no menos sueco Ingmar Bergman

  1. Bengt Idestam-Almquist

En “Cine Sueco (drama y renacimiento)*, de Bengt Idestam- Almquist, cuyas últimas páginas fueran escritas en 1952, se expresa:

Con respecto a la dirección de los actores, encontramos cualidades maravillosas y verdaderos refinamientos en los films de Molander. Pero para que no se halle falto de fuerza y originalidad, es necesario que esté animado por un espíritu superior y que sea mayor el entusiasmo que inspire a los autores de sus guiones: lo que ocurre por ejemplo en Eva (1948), escrito por ese Ingmar Bergman que se hizo notar por primera vez como autor del argumento de Suplicio (Hets, 1944) de Alf Sjoberg”

“En este momento, al lado de Sucksdorf y de Sjoberg, el guionista y director Bergman es uno de los mayores talentos cinematográficos de Suecia”. (pág. 288).

Más adelante (págs. 293-294) manifiesta Idestam-Almquist: “La primera vez que nosotros los de una cierta edad, resultamos verdaderamente consciente de la nueva dirección de Bergman, fue en el film Buque de la india (1947), ………No podíamos señalar con precisión donde estaba “lo nuevo”, pero sentíamos su presencia….. y que no se había mostrado visualmente antes en ningún film, y en ningún otro país”

“En el film de arte Prisión (Fangelse, 1948-49), Bergman ha desarrollado su tema con una riqueza tal de sonidos y de armonías que puede decirse que es una obra sin igual.”…..” Conseguí traer conmigo a dos turistas que visitaban Suecia, dos directores rusos, ganadores del premio Stalin: (Sergei) Guerasimaov y (Mijail) Chiaureli y les mostré Prisión. No comprendieron nada, naturalmente, del diálogo, pero asistieron a la proyección fascinados” ‘El muchaho sabe y puede mucho’ dijeron con voz llena de admiración hablando de Ingmar Bergman”

* existe versión en español, publicada en Buenos Aires (1958), en la colección “Estudios Cinematográficos” de Editorial Losange, traducción de su edición en italiano: “Dramma e rinascita del cinema svedese”.

b) Ingmar Bergman

En la página 103 de “Imágenes”, libro de memorias de Ingmar Bergman (traducción de 1992, del original sueco editado en 1990, Tusquets Editores), el realizador sueco señala:

El verano de 1941 cumplí veintitrés años y huí a la casa de mi abuela en Dalecaria. Mi vida privada era tumultuosa…. Yo ya había escrito algo, esporádicamente y sin intención de publicar… El resultado fueron doce piezas de teatro y un libreto para ópera.”

“Me llevé una de las obras a Estocolmo y se la entregue a Claes Hoogland,….Tuve la oportunidad de montarla en el otoño de 1941. Fue un modesto éxito.”

“Entonces ocurrió que me llamaron para que fuese a ver a Stina Bergman a las oficinas de Svensk Filmindustri. Ella había visto una de las representaciones y le había parecido vislumbrar un talento dramático que debía desarrollarse. Me ofreció un contrato a tanto alzado en la sección de guiones de Svensk Filmindustri.

– Conclusión y nueva leyenda

Bergman no fue “descubierto” en Punta del Este y se cuenta que cuando algún uruguayo de paso por Europa le quiso entrevistar y comunicarle la “proeza” celeste, no le recibió.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Exclusivo para accu.uy, 29/01/2020)

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