Festival Internacional de Cine de Punta del Este (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Más allá de las películas

(un comunista expulsado, y un genio expropiado)

Al compás del reloj

El I Festival Internacional del Cine de Punta del Este (1951) tiene un inicio donde las normas de comportamiento socialmente aceptadas son ignoradas. El incidente fue premonitorio respecto a hechos más graves. La función de apertura del I Festival se realizó en un colmado cine Cantegril, con dos notorios sitios vacíos en su “Palco”- constituido por unas pocas filas de butacas ubicadas en la parte delantera del sector alto de la sala-, eran los destinados al Presidente de la República, Luis Batlle Berres y su esposa Matilde Ibañez de Batlle Berres.

Cuando ya hacía unos diez minutos, que con sensible retraso había comenzado la proyección, se encendieron las luces de la sala y la pantalla queda sin imágenes: el matrimonio presidencial había arribado. Una vez instaladas en el “Palco” aquellas figuras, únicas que podían competir en la atención público/periodística con las estrellas invitadas, se prosiguió con la función. Por cierto que el film volvió a arrancar de cero y los asistentes contemplaron por segunda vez los diez minutos iniciales del mismo.

El hecho, si se quiere menor, abriría la colección de destacables e increíbles anécdotas protagonizadas, décadas más tarde, por Intendentes de Maldonado, en ceremonias realizadas también en un atestado cine Cantegril.

  • Los tres caballeros

El intendente Camilo Tortorella (Partido Colorado), entusiasmado con su evocación de Festivales puntaesteños, señaló que su interés y el de su familia por todo cuanto para ellos representaba el cine, podía constatarse en el sitial privilegiado que ocupaba en su vivienda, el frasco conteniendo excrementos de la actriz Isabel Sarli, reverenciadamente recogidos luego que la diva hiciese uso del inodoro de su casa. En la sala del Cantegril, sumida en el silencio convocado por aquella confesión, se oyó a un corresponsal de la prensa alemana preguntando en alta voz: “lo dijo, o yo oí mal”.

Desligado de lo escatológico pero con ribetes necrófilos, fue la emocionada intervención del intendente Oscar de los Santos (Frente Amplio), cuando invitó a Paco Espínola a subir al escenario para recibir el tributo de público y autoridades. Espínola, fallecido hacía ya algunos años, lógicamente no se enteró. Como tampoco se enteró Antonio “Taco” Larreta, a quien realmente se homenajeaba en aquella jornada, mientras totalmente sordo y con muchos años, subía dificultosamente los escalones que le conducían al escenario donde recogería el objeto artístico con que el Festival le distinguía.

El intendente Domingo Burgueño (Partido Nacional), con su aire bonachón y un discurso llano y sencillo, se limitaba a destacar las bellezas naturales del lugar, sin asumir mayores compromisos. Una hija suya, conjuntamente con numerosos jerarcas municipales, integró las nutridas delegaciones que Burgueño enviara a Festivales europeos, a efectos de “conocer en directo los requisitos para organizar tales eventos” según nos confiara uno de los compatriotas presentes en la conferencia de prensa de la Seminci (Festival de Valladolid), ofrecida en el principesco hotel “Palace” de Madrid.

  • Gritos y susurros

El I Festival Internacional de Cine de Punta del Este, desarrollado entre febrero y marzo de 1951, es señalado como el evento que colocara al balneario en el centro de la atención internacional. Y así fue. Ello interesaba a las autoridades, desde luego, y muy especialmente al visionario empresario argentino, de origen judío, Mauricio Litman (1915- 1988), distanciado del gobierno de Perón en su país

En aquellos tiempos, Punta del Este como balneario apenas rebasaba los límites de la península. Litman, que había adquirido terrenos en una zona alejada de la playa y de la península, decidió construir allí chalets, a los que promocionaría con el nombre de Bungalows, y le era necesario jerarquizar y promocionar esa zona a la que bautizara como Cantegril.

El habilidoso Litman, donó una casa para uso del Presidente de la República, construyó el Cantegril Country Club (dotado de enorme piscina, en un balneario publicitado por sus playas) y en pocos meses junto al anterior edificio se erige el cine Cantegril, donde se realizaría el Festival de Cine. Litman apostó y ganó.

Las relaciones del Uruguay de Batlle Berres con la Argentina de Perón eran, por decirlo de alguna manera: ásperas. El Festival de cine puntaesteño pasó a ser, entre otras cosas, un acicateador de lo que podía ser su competidor: Mar del Plata, balneario socializado a través de las numerosas colonias turísticas para trabajadores impulsadas por Perón. No es difícil suponer que todo ello fue atentamente visto por Perón, quien en 1954 inaugura el 1er. Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que, a diferencia de su similar uruguayo, no otorgará premios en esa primera edición. Como antecedente del festival internacional marplatense, en 1948, en esa ciudad se realizó un Festival de cine Argentino. La alta burguesía argentina incrementó su presencia en las costas uruguayas, libres de “descamisados” y su sonora presencia marcada con el golpeteo de los bombos.

El cine Cantegril es relativamente pequeño, las delegaciones artísticas numerosas. Aparece como algo sumamente dificultoso acceder a aquellas iniciales jornadas cinematográficas, cuyo principal competidor eran unas fiestas que quienes asistieran calificaran de pantagruélicas.

  • El destino de un hombre

Tras aquel inicio, el Festival decayó rápidamente, y fue sustituido por “Muestras”, “Semanas” y eventos similares, dedicados aislada o conjuntamente a las cinematografias de diversas naciones europeas, e incluso de la Argentina. Estas últimas, proliferaron durante las dictaduras militares sufridas por ambas naciones. Ni los periodistas más democráticos de Uruguay y Argentina, se privaron de asistir a aquellos eventos. Punta del Este tenía sus encantos y no costaba demasiado mirar a un costado.

Sobre el Festival de Punta del Este, la página web “Tercer ojo” publicó el 16 de marzo de 2011, un vitriólico artículo titulado “La chiva no quiere salir de ahí” firmado por Marian (Mariángeles) Solomita y Ximena Alemán, del que reproducimos algunos fragmentos.

Señalan Solomita y Alemán que “Aunque hoy (2011) el festival esté institucionalizado, en 1997 fue Carlos Morelli quien propuso revivir las muestras de cine en Punta del Este. Argentino, reconocido por su conducción en el programa televisivo Función privada, y vinculado a la European Film Commission, organizó ‘Europa un cine de Punta‘ durante cinco años. Cobraba 90 mil dólares –contratado por un sueldo de 75 mil, más gastos por su gestión-. El Festival le costaba a la Intendencia cerca de 600 mil dólares anuales. Hasta que en 2001 fue noticia por corrupción: desaparecieron 78 mil dólares de ventas de publicidad y 16 mil por ventas de entradas. Se descubrieron 530 alojamientos injustificados, y que el nombre del Festival había sido patentado por Morelli a su nombre.”

La prensa y los críticos uruguayos y argentinos, eran numerosos y las invitaciones durante el período de Morelli fueron generosas: comprendían alojamiento y comidas en buenos hoteles y restaurantes. En menor cantidad, los burócratas de cinematografías europeas, eran alojados en Casapueblo. España le condecoró con la orden de Isabel la Católica. Tras su periplo puntaesteño, brindó similares servicios al INCAA, de Argentina.

El ciclo puntaesteño de Morelli, según Solomita y Alemán, habría concluido cuando se supo que éste y cinco funcionarios de la Intendencia, “viajaron al Festival de Cine de Cannes a presentar un stand con gastos pagos. No se generó ninguna venta. Pero los viáticos incluyeron huevos, gel de baño, desinfectante, harina, juguetes, sombreros, zapatos y más de 30 litros de leche. La denuncia sobre el viaje desembocó en una inspección de los gastos en torno al evento. Los negocios ilícitos casi terminan con el Festival.”

Los viajes de personas (jerarcas municipales y otros) a Festivales europeos, “para aprender de ellos”, fueron práctica común con las diversas intendencias según se señala al comienzo.

Y continúan Solomita y Alemán: “En 2002 Morelli organizó su última muestra. La Intendencia bajó los costos, destinó 120 mil dólares al evento. Morelli renunció. Entonces vino Cinemateca. Cobraba 20 mil dólares. El rubro, en su totalidad, era de 70 mil dólares.

  • La hora de los hornos

Cinemateca realizó tres Festivales. Todos los años la Intendencia confirmó la contratación con menos de 40 días de anticipación. En 2006 se llamó a una licitación para realizar la prensa, invitados y comercialización. La ganó Daniela Cardarello, quien había organizado la prensa de los Festivales en las ediciones 2003 y 2004, contratada por Cinemateca. Fuera de la licitación presentó a la Comisión Organizadora de Festivales de la IMM un proyecto para gestionar el Festival, que incluía mantener a Cinemateca a cargo de la dirección artística. Esa propuesta no se llevó a cabo.”….

“Cinemateca cobraba poco pero la Intendencia quería más glamour. Por eso aceptó aumentar el presupuesto del Festival. Alejandrina Morelli realizó las ediciones 2007-2008. Presupuestó 100 mil dólares. Ganó la licitación por la dirección artística asociada a Roxana Ukmar, ex integrante de la Comisión Organizadora de Festivales. La licitación estaba dividida en dos partes, la correspondiente a prensa, invitados y comercialización la ganó José Prada, socio de Daniela Cardarello en la empresa Pauta.”

“Pauta ganó la licitación de las ediciones 2009-2010 proponiendo un presupuesto mayor, 180 mil dólares, y una participación del 50 % en las ganancias por publicidad. Pero Alejandrina Morelli, quien también se había presentado a la licitación, impugnó el fallo por la modificación de ese porcentaje. Se llamó entonces a una nueva licitación. La propuesta de Pauta en esta oportunidad volvió a las condiciones detalladas en el pliego de la licitación y ganó nuevamente. Estos trámites retrasaron el festival, que en el año 2009 se realizó por primera vez en marzo. Nuevamente no hubo tiempo para gestionar con privados.”

“Para 2010 Pauta previó un nuevo formato de comercialización. “Queríamos cuatro sponsors macro y eliminar a los pequeños. La Intendencia mantenía el derecho de negociar con los entes públicos y ministerios. En 2009 cerraron un acuerdo con Antel por 15.000 dólares. Nosotros les propusimos mejorar el pago con Antel y en julio de 2009 les hicimos una propuesta de sponsor principal por 50 mil dólares. Hablamos con Antel y fueron muy abiertos. En diciembre nos enteramos por el directorio de Antel que habían cerrado con la Intendencia con 15.000, cuando íbamos a ocuparnos nosotros. Perdieron plata y la oportunidad de re-jerarquizar el evento.”

“Ocho días antes de que Oscar de los Santos firmara el decreto de liberación de fondos el semanario ‘Búsqueda‘ publicó una nota donde anunciaba el cambio de gestión. Ya no se licitaría a organizadores para el festival, sino que la Dirección General de Cultura de la IMM se haría cargo. Lo había resuelto un Comité Organizador integrado por el Municipio de Punta del Este, ASOPROD (Asociación de Productores del Uruguay), la Liga de Punta del Este, Cines Hoyts, Uruguay Film Comission y el ICAU (Instituto de Cine y del Audiovisual del Uruguay). “El tema del proceso de selección de la forma de gestión es más amplio que una licitación. Fue una opción que se tomó entre otras posibles opciones. Fue parte de una de las primeras decisiones de esta comisión”, explicó Martín Papich, director del ICAU.”

“En esta edición el Festival no tiene Director Artístico. El Jefe de Prensa es Jorge Jellinek y la producción general -incluyendo las tareas de logística- la maneja Sergio Miranda. El ICAU se encarga de organizar y financiar los 8 mil dólares del premio Work in Progress, que se otorga a trabajos sin terminar. Además, junto a la Comisión, organizó el Comité Asesor Honorario, constituido por los cineastas César Charlone, Álvaro Brechner y Gonzalo Arijón. Los tres viven en el exterior. Su participación consistió en un mail donde recomendaban películas que pudieran conformar la programación.”

El 22 de setiembre Daniela Cardarello, tras solicitar información sobre el futuro de licitación, reenvió a Carmen Suárez (Directora de Cultura de la IMM), Marciano Durán (responsable de la Dirección de Cultura de la IMM), Luis Pereyra y Martín Papich un mail de Edgardo Martolio, director de “Caras” Brasil, ex jefe de Cardarello, donde éste se mostraba interesado en patrocinar el Festival de Punta del Este. Allí expresaba: “Ahora, con gobiernos en el medio… no es lo ideal. Tu presencia es la que me garantizaría la seriedad necesaria.”Papich interpretó esto como un cuestionamiento hacia el gobierno y no como una posibilidad de financiamiento. Respondió citando el entrecomillado anterior y en el mail agrega: “En este país hoy existe una política pública vinculada al sector… seria y que da garantías”.

“Esa fue la causante de que me hagan a un lado ¿Desde cuándo que privados pongan plata es un problema para el gobierno? Si estaban disconformes con Pauta, ¿cómo se explica que Papich le ofreciera la dirección artística a Álvaro Buela, el director artístico de mi equipo?,” pregunta Cardarello.

Según Pereyra, para próximas ediciones la intención de la Intendencia es que los cargos sean concursables. Incluso propone que el cargo de Director Artístico del festival sea anual. Algo raro si se considera que la mayoría de los festivales se organizaron con poco más de un mes de anticipación. El tiempo no era un problema. Dice Cardarello: “Tal vez el problema sea que el balneario más rico del Uruguay no puede afrontar una inversión internacional de 180 mil dólares.” Algo raro si se considera que la Intendencia necesita unos 300 mil dólares diarios para poder ejecutar su presupuesto general de sueldos, gastos e inversión.

Y así transcurre el Festival, hasta llegar a la próxima 23 edición. De revisarse documentos del pasado, el número 23 es de incierto origen. Ello obedece a que en una edición anterior del Festival de Punta del Este, Washinton Algaré, diseñador gráfico y director del ICAU en el período 1998-2005, había concebido un afiche con un número del festival muy adecuado al diseño gráfico; de allí que “semanas”, “muestras” y “Europa, un cine de Punta”, fueran consideradas Festivales para así arribar al número que luciría el afiche. Una travesura menor si se le compara con instancias más complejas.

El afiche del resucitado Festival Internacional de Punta del Este es reproducido en los catálogos del evento que, con frecuentes apariciones tardías, en los últimos años tuvo desmedidos tirajes como documentaran los cuantiosos sobrantes, luego de su generosa y gratuita distribución.

  • – De repente en el verano

El primer Festival de Punta del Este dio lugar a un violento altercado entre el Dr. Carlos Quijano, director del semanario “Marcha” y cronistas del mismo. Mientras los últimos entendían que debían participar del Festival, el Dr. Quijano, aduciendo razones ideológicas, estimaba no deberían hacerlo. La actitud del Dr. Quijano obedecía a que consideraba al Festival un evento destinado a la alta burguesía. Bajo las Intendencias frenteamplistas, el evento procuró ampliar el número de sus beneficiarios: extendió las exhibiciones a Maldonado y otros centros urbanos del departamento, con entrada gratuita, al igual que las exhibiciones en el cine Cantegril. Modalidad continuada cuando la Intendencia mudó de color. Esa gratuidad no evitó solitarias plateas, con excepción de las funciones de apertura y cierre, que por rigurosa invitación convocaban a aquellas proyecciones y al cóctel a realizarse después.

Aunque posteriormente y en los últimos años el público aumentó, debieron vencerse un par de barreras sociales. Para los veraneantes “high class”, aquella gratuidad que les llevaría a compartir el recinto con sus “sirvientes”, carecía de exclusivista “glamour”. Y las clases populares, en cierto modo, “temian” acceder a ámbitos por décadas vedados.

Ya se anuncia, el 23º. Festival Internacional de Cine de Punta del Este, a realizarse entre el 16 y 23 de febrero próximos. Aunque su organizadora, la Intendencia de Maldonado, anuncia que el Festival “presentará una plataforma de perfil iberoamericano”, el adjetivo “Internacional” campea orondamente sin considerar su exclusión en anteriores ediciones. De la ilegitimidad del “23”, ya nadie se acuerda. Tampoco nadie recuerda, a excepción de las muy eficientes funcionarias municipales del Festival, que la calle del cine Cantegril se llamó Gerard Philipe. Conjuntamente con los funcionarios municipales, el “staff” contratado (con nombres recurrentes a lo largo de los años desde distintas funciones) lleva adelante esta vitrina puntaesteña hábilmente pergeñada por un inversor inmobiliario. Su original finalidad comercial, ha quedado desbancada por su inoculta condición de plataforma política. Por cierto, también ofrece y ofreció la presencia de films y personalidades del cine de primera magnitud. Pero, esa es otra Historia.

Fuentes y Documentos

  • Pag web Festival Internacional de Cine de Punta del Este
  • “Tercer Ojo” (en la web. 16-3-11) artículo “La chiva no quiere salir de ahí” de M. Solomita y X. Alemán (reproducido con autorización que agradecemos).
  • Diario “Acción” (febrero de 1970).
  • “Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este (publicación oficial del evento).
  • Archivo de recortes de prensa del autor.
  • Coberturas periodísticas del autor.
  • Intendencia de Maldonado (pag. web)

Gerard Philipe: La calle que desapareció por comunista

En febrero de 1970, durante la realización de una muestra de Cine Francés, se designó con el nombre de Gérard Philipe a la calle que circunvala el cine Cantegril. De este modo se homenajeaba al formidable actor prematuramente desaparecido, quien había sido figura emblemática del Festival de Cine de Punta del Este en sus inicios. Años después, desapareció de la fachada del cine la placa metálica indicadora del nombre de la calle y hoy, un confuso sistema de señalización, indica que la misma se llama “Prado”.

Desde la restauración democrática hasta hoy, con administraciones de todos los colores, se realizaron gestiones -ante autoridades municipales y del Festival de Cine de Punta del Este-, a efectos de restituir el homenaje injustamente arrasado. La burocrática respuesta fue que no existían antecedentes al respecto.

Actuando con paños tibios, alguien colocó junto a una de las puertas del Cine Cantegril, pequeña placa recordatoria del actor francés, sin devolverle su sitial en el nomenclátor.

Al parecer a las autoridades resultó insuficiente la nota publicada por el diario “Acción” de Montevideo, en febrero de 1970, donde, quien esto escribe, relataba –en su condición de testigo presencial y periodista que cubrió el evento- aquel homenaje en el que Eduardo Victor Haedo, junto a autoridades francesas, descubría la placa hoy tan injusta como misteriosamente escamoteada, donde se leía, con las clásicas letras blancas de la época, sobre fondo azul: CALLE GERARD PHILIPE.

Según consta en la referida nota de “Acción”, Eduardo Victor Haedo manifestó en aquella soleada tarde de febrero de 1970: “Las placas son unas bocas que en los pueblos dicen a los transeúntes con la sola mención de un nombre, la aventura, la hazaña, una gloria, o un sacrificio. Punta del Este hace muy bien en llenarse de estas bocas para que el viajero comprenda lo que tiene de si la comarca y lo que la comarca siente como cosa propia dentro de los valores morales. Gérard Philipe es un soberano ejemplo de grandeza humana, maestro del teatro y del cine, de lo que es más hermoso o tanto como eso, maestro en sobrellevar con alta serenidad y con gran majestad, el peso de la gloria en un país casi familiar con ella y en un arte que ejerce influencia decisiva en la formación del gusto que es a su manera la formación de la conciencia.

Las palabras de Haedo, resuenan potentes, confiemos que prime la cordura, el respeto por legítimas decisiones adoptadas hace casi medio siglo atrás por el pueblo y el gobierno municipal, y el nombre de Gérard Philipe recupere algún día su legítimo sitial en el nomenclátor puntaesteño.

INGMAR BERGMAN

El día que no caminó por Gorlero

Para muchos está catalogado como el descubridor del cine de Ingmar Bergman…
–Es un error de formulación. Soy uno de los once descubridores de Bergman en el mismo momento y en el mismo sitio.

– El origen de la leyenda

El diálogo anterior fue publicado en el diario argentino “página/12” y los interlocutores son un periodista de esa publicación y Homero Alsina Thevenet, uno de los mayores exponentes de la crítica cinematográfica del Río de la Plata.

Esos “once” descubridores a que hace referencia Alsina, son críticos uruguayos y argentinos, presentes en el II Festival Internacional de Cine de Punta del Este, realizado del 10 al 31 de enero de 1952, donde se maravillaran ante el film Juventud divino tesoro, de un para ellos desconocido director sueco llamado Ingmar Bergman. Un joven realizador, nacido en 1918, que para entonces ya había competido en los festivales de Cannes y Venecia.

La aclaración de Alsina obedece a que, con el transcurrir del tiempo, y especialmente de este lado del Río, se atribuyera el “descubrimiento” de Bergman exclusivamente a Alsina y a Emir Rodríguez Monegal (también presente en el evento), obviando a los críticos argentinos. Para finalmente hacer de Alsina el “único descubridor”, quizás a causa de ciertos reparos intelectuales a un Rodríguez Monegal que, como Alsina se había marchado del país, pero no pudo, no supo o no quiso mantener viva su “presencia” entre las nuevas generaciones; y las viejas también.

– Punta del Este no fue Maracaná

“Bergman fue descubierto en Punta del Este”, es la aseveración que sale a relucir constantemente, en especial ante cada nueva edición de un Festival Puntaesteño buscando en su pasado prestigios hoy perdidos.

El talento de Bergman fue lógicamente detectado por aquellos críticos/espectadores que no le conocían, a medida que sus películas se estrenaban. La deformación de la leyenda llevó a afirmar que sin aquellos “once” (o uno) difusores de los valores bergmanianos, el maestro sueco no habría trascendido.

Puntualicemos y supongamos:

Si a Bergman no lo conociera nadie, no significa que quienes por azar vieron primero sus películas y las valorizaran, fueran quienes detectaron un talento ignorado por los demás. Así, si un rioplatense viera en un Festival europeo a un realizador talentoso, desconocido por estas latitudes, mal puede proclamarse su “descubridor”. Término más adecuado a quien detectando aptitudes ignoradas por otros, se encargase de difundirlas.

No sería este el caso de Ingmar Bergman, unánimemente aclamado una vez que sus films arribaban paulatinamente a las salas del mundo, independientemente del episodio puntaesteño, sin repercusión extrarrioplatense.

Sintetizando toda esta “novela del descubrimiento”, el extinto crítico Jaime E. Costa, manifestó en “cinestrenos” que (estos acontecimientos) “dieron lugar a la leyenda de que Bergman había sido “descubierto” en Uruguay porque sus films no se habían exhibido aún fuera de Suecia”

Para el caso que el lector discrepe con la tesitura previa, debe señalarse que Ingmar Bergman tuvo toda la notoriedad que:

– en 1947 le brindara la presencia de su film Barcos para la India en el Festival de Cannes, donde compitiera. Faltaban cinco años para que un film de Bergman se conociera en Punta del Este.

– en 1948 generó el competir por el Gran Premio Internacional del Festival de Venecia, donde participaba con su film Música en la noche, producido un año antes. Faltaban aún cuatro años para el “descubrimiento” de Punta del Este.

Entre el 20 de agosto y el 12 de setiembre de 1952, en una nueva edición del Festival de Venecia, Suecia participa con el film Juventud divino tesoro, candidato al León de Oro, exhibida a comienzos de ese año en Punta del Este. No es imposible, pero si altamente improbable que autoridades de la “Mostra” y de “Svensk Filmindustri”, desconocieran la presencia previa de Bergman en Cannes y en la misma “Mostra” veneciana y hayan actuado al influjo del “descubrimiento“ puntaesteño. Punta del Este no concedió premios y el otorgado a Bergman lo fue por un Jurado (no oficial) de la Critíca.

– El libro, Filmoteca Nacional y Valladolid

El entusiasmo “uruguayizador” de Bergman se expandió. En 1964, cuando en Montevideo se publica “Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico”, con autoría de H. Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal, rápidamente proclamado el primer libro del mundo dedicado a Bergman. No se trataba de una aproximación orgánica al cineísta, sino como allí se aclara, de la utilización, en parte, de “una serie de artículos periodísticos publicados por los autores durante 1953-64 principalmente en el diario EL PAÍS de Montevideo, pero también en la revista REPORTER,, en un programa de Cine Arte del SODRE y en la revista FILM, …..Esos artículos han sido variablemente retocados para su edición conjunta y se han agregado asimismo otros textos nuevos.” El libro formato 14 x 19 cm. tiene 128 pp.

No sabemos si “Introducción al estudio de Ingmar Bergman” de Carlos Fernández Cuenca, es el primer libro del mundo sobre Bergman, detalle escasamente importante, pero si es anterior al volumen de Alsina y Rodríguez Monegal. El ensayo de Fernández Cuenca fue editado por Filmoteca Nacional de España, en el marco de la VI Semana Internacional del Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid, en 1961. El libro formato 24 x 17 tiene 77pp.

“Ingmar Bergman. Un dramaturgo cinematográfico” fue muy bienvenida contribución al interés de los uruguayos por el cine. Sus autores fueron grandes figuras de la cultura nacional y su análisis, lúcido, es más importante que alardear al grito de un erróneo “descubrimiento”.

– Testimonio y confesión

Apartándonos de la visión uruguaya que unos y otros puedan poseer acerca de la trascendencia e importancia alcanzada por Ingmar Bergman antes de su difusión rioplatense en Punta del Este, es conveniente transcribir lo manifestado por el prestigioso ensayista, guionista y especialista en cine de su país, el sueco Bengt Idestam-Almquist y el no menos sueco Ingmar Bergman

  1. Bengt Idestam-Almquist

En “Cine Sueco (drama y renacimiento)*, de Bengt Idestam- Almquist, cuyas últimas páginas fueran escritas en 1952, se expresa:

Con respecto a la dirección de los actores, encontramos cualidades maravillosas y verdaderos refinamientos en los films de Molander. Pero para que no se halle falto de fuerza y originalidad, es necesario que esté animado por un espíritu superior y que sea mayor el entusiasmo que inspire a los autores de sus guiones: lo que ocurre por ejemplo en Eva (1948), escrito por ese Ingmar Bergman que se hizo notar por primera vez como autor del argumento de Suplicio (Hets, 1944) de Alf Sjoberg”

“En este momento, al lado de Sucksdorf y de Sjoberg, el guionista y director Bergman es uno de los mayores talentos cinematográficos de Suecia”. (pág. 288).

Más adelante (págs. 293-294) manifiesta Idestam-Almquist: “La primera vez que nosotros los de una cierta edad, resultamos verdaderamente consciente de la nueva dirección de Bergman, fue en el film Buque de la india (1947), ………No podíamos señalar con precisión donde estaba “lo nuevo”, pero sentíamos su presencia….. y que no se había mostrado visualmente antes en ningún film, y en ningún otro país”

“En el film de arte Prisión (Fangelse, 1948-49), Bergman ha desarrollado su tema con una riqueza tal de sonidos y de armonías que puede decirse que es una obra sin igual.”…..” Conseguí traer conmigo a dos turistas que visitaban Suecia, dos directores rusos, ganadores del premio Stalin: (Sergei) Guerasimaov y (Mijail) Chiaureli y les mostré Prisión. No comprendieron nada, naturalmente, del diálogo, pero asistieron a la proyección fascinados” ‘El muchaho sabe y puede mucho’ dijeron con voz llena de admiración hablando de Ingmar Bergman”

* existe versión en español, publicada en Buenos Aires (1958), en la colección “Estudios Cinematográficos” de Editorial Losange, traducción de su edición en italiano: “Dramma e rinascita del cinema svedese”.

b) Ingmar Bergman

En la página 103 de “Imágenes”, libro de memorias de Ingmar Bergman (traducción de 1992, del original sueco editado en 1990, Tusquets Editores), el realizador sueco señala:

El verano de 1941 cumplí veintitrés años y huí a la casa de mi abuela en Dalecaria. Mi vida privada era tumultuosa…. Yo ya había escrito algo, esporádicamente y sin intención de publicar… El resultado fueron doce piezas de teatro y un libreto para ópera.”

“Me llevé una de las obras a Estocolmo y se la entregue a Claes Hoogland,….Tuve la oportunidad de montarla en el otoño de 1941. Fue un modesto éxito.”

“Entonces ocurrió que me llamaron para que fuese a ver a Stina Bergman a las oficinas de Svensk Filmindustri. Ella había visto una de las representaciones y le había parecido vislumbrar un talento dramático que debía desarrollarse. Me ofreció un contrato a tanto alzado en la sección de guiones de Svensk Filmindustri.

– Conclusión y nueva leyenda

Bergman no fue “descubierto” en Punta del Este y se cuenta que cuando algún uruguayo de paso por Europa le quiso entrevistar y comunicarle la “proeza” celeste, no le recibió.

Alvaro Sanjurjo Toucon (Especial para accu.uy, 29/01/2020)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *