«El caso de Richard Jewell» (Mathías Dávalos)

Todo héroe es político

Como en sus recientes películas Francotirador, Sully y 15:17 Tren a París, Clint Eastwood continúa abordando al héroe desde su esencia, con historias basadas en hechos reales. Personas que no solo responden a su deber —accidental o no—, sino que también enfrentan jerarquías y órdenes superiores que los cercan y cuestionan una vez cometieron sus propósitos, quizá los actos centrales de sus vidas.

En El caso de Richard Jewell el héroe es un guardia de seguridad que evitó un mal mayor tras la explosión de una bomba casera durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, que dejó dos muertos y 100 heridos. Su enfrentamiento es ante dos poderes harto consolidados en Estados Unidos: el FBI y la prensa. Ambos socavan su integridad al abordar los hechos por intereses propios y acusarlo de sospechoso de terrorismo.

Desde la soledad de Jewell (Paul Walter Hauser), Eastwood extiende su crítica a un país. Con ingenio, el director junto con el guionista Billy Ray rodean al personaje de prejuicios: adulto que aún vive con su madre y extiende apenas su contacto social con su abogado Watson Bryant (Sam Rockwell), su obesidad, su amor por las armas. La imagen central de su hogar, base de su familia y de su contexto, es un cuadro de Jewell como policía. Eastwood revela una ambigüedad ambiciosa con otro cuadro, en las oficinas del FBI, con una bandera confederada en el centro de la escena. ¿Es una declaración política? ¿Es una crítica a esa agencia? El autor podrá decir en algún momento qué representaría esa imagen, pero será fuera de la pantalla, donde su importancia pierde valor. En tanto, agrega una mirada hostil al FBI, contraria a su complaciente retrato en J. Edgar (2011), biopic sobre el primer director de la oficina federal.

El director de Los imperdonables y de Million Dollar Baby es uno de
los pocos iconoclastas del cine actual. Por su condición política de
republicano es resistido por el establishment de Hollywood y por ciertos sectores «progresistas» de su país. Esto más por falta de tolerancia ajena ante una evidente ambigüedad narrativa o manifestaciones del autor fuera de la pantalla que a una certeza de juicio. En esta película el ataque del director es a la prensa y su rescate es de un héroe blanco, sureño y de una inocencia entre la candidez y la torpeza. A propósito, el diario Atlanta Journal-Constitution, donde fue primeramente publicada la historia que apuntó a Jewell como sospechoso del atentado, presionó a Warner Bros por el enfoque de su periodista Kathy Scruggs, responsable del artículo y presentada como trepadora, borracha y mentirosa. Pero por otro lado están Bobi, la madre de Jewell —una monumental Kathy Bates— y Nadya (Nina Arianda), pareja y asistente de su abogado, ambas figuras de carácter y bondad. La mirada del director no se centra en géneros o ideologías. Pero en estos tiempos, ciertos jueces impostados eligen qué, cómo y a quién se juzga. Se llegó a descalificar a la actriz Olivia Wilde por haber interpretado a Scruggs. La seriedad parece no abundar en algunos lugares.

Como costumbre, Eastwood distingue su cinematografía con una narración tersa, lineal y clásica. La fotografía de Yves Bélanger se destaca en los momentos de construcción del personaje central en base a primeros planos y presencia de oscuridad, sea en una cena en su casa, una llamada telefónica o en un interrogatorio con agentes del FBI. El montaje de Joel Cox se comprende en favor de esta tensión. Es el caso de la escena en la que el abogado dilucida una clave en favor de su defendido, que se intercala con imágenes de archivo del récord mundial en los 200 metros de atletismo que el estadounidense Michael Johnson logró en los juegos de Atlanta. 19.3 segundos. En ese mismo tiempo Bryant recorre la distancia del lugar donde explotó la bomba hacia el teléfono desde donde se realizó la llamada anónima a la policía.

Llegando a sus 90 años, Eastwood vuelve a dar una clase de cómo contar un relato austero pero luminoso, marcado por la angustia y evitando toda demagogia. Su optimismo por las personas en lugar de las instituciones dignifica su arte, tan político como humano.

Dirección: Clint Eastwood. Guion: Billy Ray. Fotografía: Yves Bélanger. Montaje: Joel Cox. Elenco: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Olivia Wilde, Jon Hamm, Kathy Bates. EEUU. 131 minutos.

Mathías Dávalos (Exclusivo para accu.uy, 23/01/2020)

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