«Varda por Agnès» (Álvaro Loureiro)

Una vida para compartir     

Desde que se dio a conocer con la originalísima CLÉO DE 5 A 7 (1962), la realizadora y guionista francesa Agnès Varda (1928-2019) estableció con la mayor claridad que, por medio de sus películas, trasmitía lo que ella sentía. En aquel título, proponía seguirle los pasos a la tal Clèo por espacio de dos horas, con el  fin de revelar todo lo que le sucedía a esa joven en el tiempo señalado. Por cierto, todos los acontecimientos transcurrían en distintos rincones de un París que, a su vez, se convertía en coprotagonista de la trama. En 1965, con LA FELICIDAD (Le bonheur), aparte de sus habilidades ya conocidas por público y crítica, demostró asimismo que su comprensión del sentido de las imágenes no sólo se complementaba  con una admirable captación de la importancia del color que supo trasmitir a su fotógrafo sino también con una integración al arte de la pintura que el film mantenía con apabullante naturalidad. En los últimos tiempos de la larga vida de Agnès, no pareció tampoco difícil entender que se dispusiese a explorar el arte de las instalaciones a las cuales sabía incorporar su sentido estético con el fin de sugerir los distintos movimientos que cada instalación llevaba consigo. A lo largo de tan rica vida profesional, no resulta para nada extraño que el casamiento con su amigo y colega Jacques Demy (1931-1990) , autor de la muy recordada LOS PARAGUAS DE CHERBURGO (Les parapluis de Cherbourg) (l964), con quien compartiera innumerables inquietudes.

El verbo compartir adquiere entonces con Varda la especial dimensión que le sabe otorgar una mujer que, desde cada uno de sus proyectos, le otorga al espectador la impresión de que alguien, desde muy cerca, le está contando una historia. No es tampoco extraño, por todo lo que antecede, que, poco antes de su desaparición, Agnès mantuviera una prolongada  conferencia en París frente a jóvenes seguidores deseosos de escuchar sus reflexiones acerca del cine. La filmación de dicho acontecimiento que la propia cineasta expositora llevara a cabo y concibiera originalmente para dos emisiones televisivas resultó tan inspirada -conste que la responsable había ya cumplido noventa años- como para que el producto fuese finalmente destinado a la pantalla grande, tal como se puede ahora apreciar en la versión estrenada aquí días pasados.     

Los recuerdos de Agnès acerca de su carrera, el expresivo entendimiento con Demy, las referencias a varios de sus trabajos, una fructífera visita a Estados Unidos, la comunicación con los técnicos y asistentes de sus películas, la habilidad con que manejaba los diferentes presupuestos -léase mucho o muy poco dinero- para llevar adelante cada trabajo surgen en el presente título a lo largo de fotos, clips y registros  de varias filmaciones, por más que, sin duda alguna, la parte más disfrutable del asunto no sea otra que las imágenes de la propia Agnès Varda hablándole a la gente en una sala de proyección que ella, sabiduría y calidez de por medio, convierte en el mejor ejemplo del verbo compartir. Las cámaras de sus seguidoras Claire Dugnet yJulie Fabry se encargan de mostrar todo esto con aires conocedores. Quienes conocen la carrera de la anfitriona habrán de disfrutar VARDA POR AGNÈS de principio a fin. Y a quienes se acercan a ella por primera vez, créase o no, les sucederá otro tanto. No es extraño que al final de la proyección se escuchen aplausos.

«Varda por Agnès» (Varda par Agnés). Francia, 2019 

Álvaro Loureiro (Exclusiva para accu.uy, 02/01/2020)

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