«El Pepe: Una vida suprema» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

De la mejor escuela.

Joseph Goebbels, un ser deforme física y mentalmente, pudo ser el formidable teórico de la propaganda política del Siglo XX, cuyos métodos fueron igualmente utilizados en la publicidad comercial.

Goebbels, llegó a proponer la eliminación de los seres deformes, y lo hizo tan espectacularmente bien (es decir logró legitimar una monstruosidad que lo incluía) que ni él, ni el pueblo alemán, ni Hitler, le vieron tal como era.

Pero no seamos ingenuos. La propaganda comercial es política y la propaganda política es comercial. Todo ello queda englobado en diversas fórmulas cuya meta es, en definitiva, la obtención del poder. Sea este material y/o de dominio ideológico cualesquiera sea su orientación.

Tanto Vance Packard como Jean-Marie Domenach o Ariel Dorfman han analizado el fenómeno cuyos productos seguimos consumiendo.

Ya se trate de una bebida cola, un medicamento o un candidato político, la propaganda se encargará de pregonar sus bondades reales o inventadas que, el público, sabiendo de que se trata, o ignorándolo, se encargará a través del conocimiento (o desconocimiento) de permitirle alcanzar sus fines.

Pero, no vayamos tan lejos ni tan atrás en el tiempo. Los breves spots alabando hace tan solamente unas semanas a los diversos candidatos y pre-candidatos (surgidos de las luchas intestinas de sus partidos), nos demostraron cuan fácilmente, los publicitarios, pueden “vendernos” la honestidad y capacidad de las más diversas personas, realmente distantes de cuanto quiere hacérsenos creer.

Esas son las reglas de un juego cuya difusión (en paredones, prensa, cine, tv, etc.) el mundo acepta alegremente al elegir a quien le gobernará. Es decir que no oponemos reparos a quien ha llegado a la cumbre (sea político, Papa, o simplemente, nada menos que eso tan complejo e indefinible como es un “caudillo”).

Y todo esto es parte de ese logrado “spot” de largometraje que es el film de Emir Kusturica acerca de José “Pepe” Mujica.

Kusturica, un malabarista de la imagen, construye el caudillo popular a imagen y semejanza del deseo de José Mujica Cordano y sus seguidores.

En el Uruguay nadie había ido tan lejos a través del cine y, quizás, el antecedente con mayor similitud lo constituya el libro “José Serrato, una vida ejemplar”, que el remunerado periodista Juan Carlos Welker, escribiera en la primera mitad del siglo XX, a pedido del retratado.

Solamente los tontos y los ingenuos creyeron real al “american way of life” que nos envió Hollywood, o las bondades del marxismo soviético toscamente envasadas por Mosfilm. Los más avispados e inteligentes, tarde o temprano aprendieron a rescatar y disfrutar lo que hubiese de creación cinematográfica e innovación en films con cuyo contenido no concordábamos o coincidíamos parcialmente.

Kusturica ha visto cine y se nota. En los años 50, el documental argentino Los ojos del siglo, efectuaba una pormenorizada recorrida por la primera mitad de la centuria, y el supuesto fragmento registrado durante la Revolución de Octubre de los Soviets, no era sino un fragmento del film Octubre, el notable clásico de S.M. Eisenstein. Ahora, aunque aclarando su origen, parte de la lucha tupamara y la represión consecuente, es “documentada” a través de señalados fragmentos de la reconstrucción que fielmente lograra Costa-Gavras en el film Estado de Sitio. Quienes vivimos en aquel tiempo damos fé.

Esta creo que sea la mejor manera de contemplar El Pepe: Una vida suprema, tan disfrutable como un aviso de Coca Cola y su mundo felíz.

«El Pepe: Una vida suprema» (Uruguay / Argentina / Serbia). Director: Emir Kusturica. Con: José “Pepe” Mujica. Exhibido por Netflix.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Exclusiva para accu.uy, 30/12/2019)

Un comentario sobre “«El Pepe: Una vida suprema» (Álvaro Sanjurjo Toucon)”

  1. Quizás la comparación con el nazismo sea ligeramente desproporcionada. Creo que la comparación con semejantes horrores debería ser reservada para situaciones muy excepcionales, de lo contrario se desvirtúa su significado. A no ser, por supuesto, que uno sea un ser sin escrúpulos.

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