“El irlandés” (Alberto Postiglioni)

El relato de un maestro: armonía de forma y contenido.

Para bien de los que creemos que la mejor manera de ver una película es en una sala de cine. Se estrenó El irlandés de Martin Scorsese, en Cinemateca Uruguaya.

Los problemas que pueden afectar a los espectadores

Cuando se vaticinaba que el film no iba a estar en salas. La buena gestión de María José Santacreu (coordinadora general de Cinemateca Uruguaya) logró que el jueves 21 de noviembre, la última película dirigida por Scorsese estuviera en pantalla grande.

Todos los problemas tienen su origen en los derechos de propiedad que tiene la empresa estadounidense de entretenimientos audiovisuales, Netflix. Desde sus comienzos en 1997, en el negocio de alquiler de videos por intermedio del servicio postal. Fue creciendo rápidamente, en el año 2000 agregó recomendaciones, calificando con estrellas del uno al cinco a los filmes, una manera de interesar al cliente. Ya en el 2007 contaba con un catálogo de 100.000 títulos. Entre el 2011 y el 2012, además de invertir en producciones, el negocio se extendio fuera de las fronteras de EE.UU. y Canadá, con clientes en America Latina y Europa. En la actualidad está en buena parte del mundo, donde los usuarios pueden ver a través de PC, tablets, celulares, aparatos de televisión las “ofertas” de Netflix. Claro no están incluidos países como Corea del Norte, Siria, China.

Aunque en 2017 el documental The Square ( de Jeahane Noujan) llegó a estar nominado por la Academia de Hollywood a Mejor Documental, es con Roma (de Alfonso Cuarón) en 2018 que Netflix pisa fuerte en Hollywood, logrando tres Oscar, a Mejor film extranjero, a su director y mejor fotografía (el mismo Cuarón). Por supuesto a las Majors (los cinco estudios mayores; Warner, Paramount, Columbia, Universal, Walt Disney) no les gusta nada la tremenda expansión de Netflix y la clara competencia, por ello dificultan la distribución mundial en salas de cine. No obstante Netflix vuelve este año y nada menos que con uno de los grandes del cine estadounidense, el maestro Martin Scorsese y su El irlandés.

Me parece oportuno aclarar algunos detalles de este “tire y afloje”. Claro, muy brevemente. Pero, alcanza para recordar como están dadas las circunstancias.

El irlandés, tan mentado

Martin Scorsese vuelve a una historia de “gángters”, como antes con: Calles salvajes, Buenos muchachos, Casino, Pandillas de Nueva York, El infiltrado. Esta vez basado en el libro I heard you paint house (Te escuché pintar casas) del abogado, investigador y ex fiscal de homicidios Charles Brandt. Scorsese y su guionista Steven Zaillian (el mismo escritor que lo acompañó en Pandillas de Nueva York y La lista Schindler, por el cual ganó el Oscar) traducen a un lenguaje visual la investigación de Brandt sobre la vinculación del dirigente sindical del gremio de camioneros, Jimmy Hoffa (Al Pacino) con la mafia y la política, además de otros asuntos turbios donde intervenía Frank Sheeran.

Inicia el relato un plano secuencia, que recorre los pasillos de la residencia para ancianos donde se encuentra Frank Sheeran (Robert De Niro), un hombre muy viejo postrado en una silla de ruedas.

Por los recuerdos de Sheeran, el espectador se va informando lentamente quien es ese hombre al que llaman El irlandés.

Veterano de la Segunda Guerra Mundial, se muestra a Sheeran soldado recibiendo órdenes y matando a prisioneros, como un presagio de lo que sería su “actividad” de civil tiempo después. A fines de los años cuarenta principios de los cincuenta casi por casualidad Sheeran “entra” al cruel mundo del hampa, apadrinado por uno de los “capos”, Russell Bufalino (Joe Pesci). De ahí en adelante ya nada será igual, ni para él (convertido en un asesino a sueldo, lo del título se refiere a que, al disparar la sangre de las víctimas manchaba las paredes) ni para su familia, particularmente para su hija Peggy (Anna Paquin), que el tiempo convierte en una testigo escrutadora de la conducta inmoral de su padre.

El relato de un maestro

Scorsese (77) toma a Sheeran como un guía que nos va a conducir, a los espectadores, por los laberintos oscuros donde se mezclan la mafia, sindicalistas y la política. La voz en “off” acompaña el devenir de muchas vidas que aparecen y desaparecen en una especie de puesta en escena trágica. El destino fatal, cada vez que interviene un personaje, es anunciado su futuro por un sobre impreso: muerto por los balazos de un sicario y la fecha del desenlace. Aclarando lo efímero que puede resultar la existencia de seres cuya escala de valores no llega a visualizar más allá del asunto inmediato (una muerte, un arreglo, un trato) todo perpetrado del lado perverso y mefítico.

Es ese punto importante, el de la corrupción, a lo que Scorsese hace referencia en esta propuesta madura que analiza la fragilidad de ciertos aspectos del sistema. Mostrando las probables vinculaciones del hampa con la política (se menciona la financiación de la campaña de John Fitzgerald Kennedy, a cambio del derrocamiento de Fidel Castro, para volver, la mafia, a instalar los casinos en la isla, o el dinero que entregó Hoffa a Nixon). También la violencia está presente, no es un estallido que irrumpe como en Taxi driver, aquí se da en dosis, como un estribillo macabro de asesinatos y muertes que acompaña el acontecer.

En el armado de esta monumental propuesta Scorsese elige a los personajes en el ocaso de sus vidas, aunque recurre al pasado ( con éstos más jóvenes, efectos digitales mediante) es en la edad donde la reflexión juega un papel fundamental donde se detiene, no en el arrepentimiento explícito, porque son seres amorales, sino en la intimidad cuestionadora particularmente en Sheeran y su inútil intento de acercamiento a su hija, la parte buena de su vida que ha perdido para siempre.

Para la composición del relato Scorsese elige un ritmo pausado, acorde a las circunstancias. Se mueve con la elegancia de un maestro que los años han aportado más sabiduría; profundiza con planos secuencias, acentúa la incertidumbre con tomas aéreas, dramatiza con primeros planos buscando la complicidad en miradas, gestos, ademanes. Nada es grandilocuente pero, que intenso y complejo que resulta.

El aporte de los actores es fundamental, la entrega de cada uno de ellos vigoriza la narración. Hacía mucho que Robert De Niro no lograba una interpretación tan convincente como su Frank Sheeran. Al Pacino, es un Jimmy Hoffa que deslumbra. Joe Pesci, con su siniestro y manipulador personaje impresiona. Pocas intervenciones de Harvey Keitel (Angelo Bruno, en la ficción) alcanza para persuadir. En realidad todo el elenco está a la altura de lo que propone el maestro Martin Scorsese.

El irlandés, es una enseñanza de como hacer buen cine con una gramática cinematográfica clara y precisa, en cuanto armoniza escenas, montaje, planos y secuencias. Una conjunción impecable de forma y contenido.

El irlandés” (The irishman) EE.UU. 2019. Dirección: Martin Scorsese. Guión: Steven Zaillian, basado en libro “I heard you paint house” de Charles Brandt. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: Thelma Schoonmaker. Música: Robbie Robertson. Elenco: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel, Bobby Cannavale, Anna Paquin, Jack Huston, Ray Romano, Kathrine Narducci, Jesse Plemone, Domenick Lombardozzi, Stephen Graham, Jeremy Luke, Gary Basaraba, Welker White, Action Bronson, Chelsea Sheete, Kate Arrington, Sebastian Maniscalco, Stephane Kurtzuba, Aleksa Palladino. Duración: 210 minutos. Estrenada el 21 de noviembre de 2019.

Alberto Postiglioni (exclusiva para accu.uy, 26/11/2019)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *