“Santiago, Italia” (Guilherme de Alencar Pinto)

Memorias de la solidaridad

El director Nanni Moretti suele aparecer en sus películas, pero aquí sólo lo vemos en dos planos. Uno es el primero, de donde salió el afiche y que se instaló como la imagen más famosa de la película: Moretti, casi de espaldas hacia nosotros, contemplando el imponente paisaje de Santiago de Chile con la cordillera al fondo. La primera mitad de Santiago, Italialidia con el gobierno de Unidad Popular (1970-1973) en Chile, presidido por Salvador Allende, y con el golpe de Estado que lo destituyó, instaurando la dictadura militar que se extendería hasta 1990. La segunda aparición de Moretti pone fin a esa primera mitad. Viene en seguida de fragmentos de la entrevista a Raúl Eduardo Iturriaga, militar detenido desde 2007 por crímenes de lesa humanidad. En un momento éste protesta porque pensaba que le iban a hacer una entrevista planteada con espíritu imparcial, y la cámara muestra al director, que le dice: “Yo no soy imparcial”, y hace un gesto al equipo, quizá indicando que dejen de filmar.

La segunda mitad de la película es más específica, y nos explica por qué varios de los militantes entrevistados hablan un italiano tan fluido. Se nos expone que la embajada italiana en Santiago fue la que por más tiempo recibió refugiados políticos luego del golpe. Llegó a haber unos 250 asilados viviendo allí por varios meses, hasta que les concedieron salvoconductos que les permitieron trasladarse al aeropuerto y viajar a Italia, donde fueron recibidos de brazos abiertos. Varios de ellos se terminaron arraigando y actualmente se sienten tan italianos como chilenos.

Quitando el pequeño componente de auto-reflexividad inherente a las dos apariciones del director, este documental no podría ser más liso. Está hecho casi todo de entrevistas tipo “cabezas parlantes”. Las declaraciones a veces están ilustradas con material de archivo. No hay música incidental, salvo sobre los créditos. Hay intertítulos que introducen cada una de las grandes secciones, y unos pocos sobreimpresos indicando datos básicos (quién es la persona que habla, dónde estamos). No aparecen las preguntas que dan inicio a las entrevistas, pero tampoco se oculta al entrevistador (a veces, escuchamos, fuera de campo, la voz de Moretti planteando alguna repregunta).

Eso que puede parecer “pobreza cinematográfica” o academicismo, en mi opinión ilustra perfectamente porqué una fórmula se convierte en fórmula: es porque, cuando se ejecuta con competencia, funciona bien. El montaje parte de la premisa de que una entrevista sirve para trasmitir conceptos a través de la palabra y de la expresión facial y vocal, así que dejan a los personajes hablar, lo suficiente como para cerrar cada idea (sea una anécdota, opinión o síntesis), aunque ello a veces insuma varios segundos de titubeos en busca de la expresión correcta. Qué placer apreciar un montaje que no parte del temor histérico y estupidizante a que el público se vaya a aburrir si ve una misma cara diciendo más que dos frases seguidas en un mismo encuadre. Es al revés: uno se engancha en la medida en que lo que nos cuentan se vuelve significativo y en la medida en que entablemos un mínimo vínculo con la persona que habla.

Para quienes tengan algún conocimiento de Historia reciente sudamericana, y sobre todo para quienes vieron su dosis de documentales sobre el asunto, la primera mitad no aporta grandes novedades factuales. No es un demérito para esta película: al fin de cuentas, la Historia está hecha para contarse repetidas veces, en parte porque la mirada se va refrescando, porque el olvido tiende a desdibujar elementos que puede valer la pena mantener presentes, y porque siempre hay generaciones nuevas que todavía no conocen tan bien el relato. En todo caso, aquí hay elementos especialmente poéticos, dado que los entrevistados elegidos son creativos, inteligentes y sus historias están cargadas de emociones. Entre ellos, Moretti eligió a tres colegas cineastas: Carmen Castillo (quien describe el gobierno de Unidad Popular como “toda una sociedad en estado amoroso”), Miguel Littín (quien califica aquella ideología como “un socialismo humanista y democrático”) y el formidable Patricio Guzmán. Las entrevistas a un par de oficiales pinochetistas ilustran la endeble justificación del golpe (la teoría de los dos demonios, la supuesta obviedad de que el gobierno de Allende “necesariamente” conduciría a una dictadura marxista-leninista de la que vinieron a salvar el país, y la premisa tácita de la doctrina de seguridad nacional). En la tercera sección, me resultó particularmente novedoso (y repulsivo) conocer la artimaña de las autoridades que consistió en asesinar una militante del MIR, tirar su cuerpo por el muro hacia el terreno de la embajada de Italia y difundir, con la complicidad de los grandes medios de comunicación, la historia de que la chica habría sido inmolada como parte de una orgía perversa realizada entre los refugiados en la embajada.

Es recién luego de más de una hora de proyección que se explicita por primera vez el que debe haber sido el principal propósito de esta realización: el diplomático Piero De Masi refiere a “un flujo de personas que se escapaban, como escapan hoy día de África”. Aquel momento histórico puede decir algo sobre la actitud actual de tantos europeos con respecto a los refugiados que llegan por el Mediterráneo. La película cierra con un par de comentarios que comparan la solidaridad que todos los entrevistados atestiguan como característica de la Italia de la década del 70, con la Italia actual, cada vez más dominada por el consumismo, la competencia, el individualismo y la consiguiente indiferencia hacia el prójimo, que uno de ellos dice que es muy parecido a lo peor de Chile.

Nanni Moretti pretendió que su película sirviera como un ejemplo positivo que inspirara una revisión de las actitudes más cerradas con respecto a la actual oleada de refugiados en Europa. Las circunstancias se dieron para que Santiago, Italia, en el momento de su estreno en Uruguay, resuene ante los acontecimientos que están teniendo lugar en Chile mismo y, ni que hablar, sobre la propuesta de reforma constitucional que se plebiscitó el domingo, y de la que, por un tris, zafamos.

Santiago, Italia”, dirigida por Nanni Moretti. Documental. Italia / Francia, 2018. Cinemateca, Alfabeta.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 29/10/2019)

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