«Gravedad» (Jaime Costa)

Una inmensa aventura espacial

Las opiniones se dividen en calificar Gravedad como una aventura más de matinée, lo que sería discutible pero no enteramente descartable, y otros juicios extremos que van desde ponderarla como obra maestra del cine actual a creer que es una peliculita intrascendente donde no pasa prácticamente nada importante. Bueno, ante tanta diversidad de criterios sería bueno aclarar por qué la película despierta tanto entusiasmo por un lado y tanto desprecio por otro. Y lo primero que habría que hacer es dejar los prejuicios de lado, porque esta es una película de Hollywood y hay quienes creen que todo lo que viene de allí es comercial, banal, trivial, oportunista y olvidable. No por nada 2001: Odisea del espacio (1968), la mejor historia de ciencia ficción jamás filmada, es de origen británico aunque la haya dirigido el gran Stanley Kubrick. En cambio Hollywood preferiría La guerra de las galaxias y Viaje a las estrellas, calificadas según esa opinión como aventuras superficiales de mera acción física.

Lo de «mera acción física» ya es un concepto harto discutible. ¿Una película de acción, por el solo hecho de serlo, ya es superficial? Akira Kurosawa no opinaba de ese modo. Seguramente John Ford tampoco. Y una frase del celebrado director Howard Hawks, que refleja su pensamiento referido al cine, es ilustrativa al respecto: «El mejor drama para mí es el que muestra al hombre en peligro. No hay acción donde no hay peligro. Por eso, si logras acción real tiene que haber peligro. No hay acción donde no hay peligro. Por eso, si logras acción real tiene que haber peligro. Vivir o morir, ¿hay drama mayor?» Si el mexicano Alfonso Cuarón comparte ese pensamiento no importa, lo importante es que lo aplique. Y es casi seguro que admire a Kurosawa, a Ford y por supuesto a Hawks, como todo director que se respete debería hacerlo. ¿No era acaso Los siete samurai una película de acción? ¿No lo era La diligencia? ¿Y Río Bravo? Y las tres son también obras maestras del cine.

Entonces, el hecho de que Gravedad sea una película de acción no es nada malo de por sí. Pero si además es una aventura espacial a la que solo por costumbre se podría definir como de ciencia-ficción, la cosa merece aclararse. No hay ciencia-ficción acá. Lo que pasa en Gravedad es totalmente actual, pero en vez de ocurrir en el medio del mar, en un soleado desierto o en una selva llena de peligros transcurre allá arriba, a 600 quilómetros de la Tierra. Y la angustia que se contagia al espectador es que hasta en el medio del mar puede aparecer un barco salvador o una isla cercana; en el desierto podría avistarse un avión de rescate o una providencial tribu nómada en camellos; y en medio de la selva podría surgir de repente un río salvador o un pueblito perdido. Allá arriba ni siquiera hay aire, no hay ruidos, el solo no acaricia sino que calcina, la soledad es inmensa y atemorizante. A partir de ahí comienza la aventura, pero no a bordo de una nave protectora y ultratecnificada. Flotando en el espacio, a la deriva.

¿Cómo ocurre eso? Gravedad está construida en tiempo real, noventa minutos, que es lo que demora la nave en dar una vuelta completa a la Tierra a 17.500 millas por hora. Los astronautas están fuera de la cápsula (llamada «Explorer») reparando el telescopio espacial Hubble cuando se les anuncia por radio que una tormenta de basura cósmica se dirige hacia el lugar. La Dra. Ryan Stone (Sandra Bullock) es la experta en ese trabajo y es su primera misión. La asiste el veterano comandante Matt Kowalski (George Clooney) en lo que será su último viaje antes de retirarse. Hay otros dos tripulantes, pero no tiene tiempo de refugiarse dentro de la cápsula. Los cuatro son sorprendidos por la lluvia de restos de satélites y chatarra que flota en el espacio, que arremete con tal furia que destruye el Explorer y corta las comunicaciones con Houston. Los trajes protegen a los dos astronautas que sobreviven, pero el aire se agota y no hay de dónde agarrarse. Esa tensión crece desde los primeros cinco minutos y no afloja hasta el final.

Es fácil que el espectador, que está cómodamente sentado en su butaca, sienta en carne propia lo que está ocurriendo en la pantalla. Primero porque la narración es lo suficientemente realista como para transimitir esa sensación de peligro y hasta de falta de aire, y segundo porque el sistema 3D, nunca tan bien aprovechado, contribuye a que esa inmensidad espacial se convierta en un ámbito verdaderamente amenazante. Por cierto que toda la parte técnica de Gravedad es de primera. Los actores flotan, vuelan, su ingravidez está impecablemente recreada (en los estudios Shepperton de Inglaterra) y la película progresa a medida que su protagonista femenina (una excelente Sandra Bullock) lucha por su vida, en uno de los capítulos más sobrecogedores de la aventura humana. Acá hay mucho que ver porque la parte visual es fundamental, pero más que nada hay peligro, emociones, ritmo trepidante y angustia compartida, todas cualidades que merecen colocar al filme en una categoría bastante más elevada que mero entretenimiento de matinée. Es cine de algo vuelo, en el más estricto sentido de la expresión.

«Gravedad» (Gravity). EEUU-Gran Bretaña, 2013. Dirigida por Alfonso Cuarón. Escrita por Jonás y Alfonso Cuarón. Fotografía de Emmanuel Lubezki. Con Sandra Bullock, George Clooney la voz de Ed Harris. Duración: 90 minutos.

Jaime E. Costa (Búsqueda, 24/10/2013)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *