“Amigo lindo del alma” (Andrés Vartabedian)

Intento de aproximación a lo inasible

Luego de un largo proceso de realización, vio la luz de la proyección este documental sobre Eduardo Mateo, uno de los músicos más influyentes y reverenciados de la escena nacional uruguaya. Entre anécdotas del tiempo compartido con él y bellísimas versiones de sus canciones, Daniel Charlone propone un nuevo acercamiento a la figura del “genio”.

Algunas de las frases que podemos escuchar en el filme hablan de enorme respeto y admiración, incluso de veneración; también de lo inalcanzable:

“Desde el punto de vista armónico, yo necesito un par de reencarnaciones más para llegar a donde arribó Mateo”, sentencia Jaime Roos; “El tiene unos temas en los que yo puedo tocar, pero tiene una pila que yo no sé dónde meter los dedos”, acompaña Hugo Fattoruso.

También hablan del legado imperecedero de su talento musical y de lo influyente de su ser, más allá de la música:

“Más allá de su guitarra, de su armonía, de sus letras, lo que más me inspiró fue su libertad”, cuenta Alberto “Mandrake” Wolf; “Si la música uruguaya fuera un conservatorio, la materia «Mateo» es muy importante -discurre Fernando Cabrera-, porque tiene que ver con la ética y el espíritu; además de coraje, valentía, rompimiento, innovación”.

Así, con categóricas afirmaciones, en breves apariciones, de la flor y nata de la música uruguaya, se da cuenta de la figura, ya casi mítica, de Eduardo Mateo (Montevideo, 1940-1990). A ella se suman las palabras de su hermana, Teresa Mateo, y las de quien parece haber sido -según se puede saber a través de otros medios- “el gran amor de su vida”: Nancy Charquero.

Sin embargo, ese “dar cuenta” no pretende ser una biografía exhaustiva de Mateo. Ni siquiera una biografía, podríamos afirmar. Tampoco hay profundidad en el acercamiento a su obra; la inmersión es superficial, si vale la imagen. Aquí no hay cronologías ni recorridos por las distintas etapas de su vida y su producción autoral o discográfica.

Lo que encontramos son pinceladas, aproximaciones, fugaces encuentros con diversos aspectos de esa personalidad, humana y artística, difícil de explicar, difícil de definir, difícil de asir… Algo semejante a la semblanza, a ese “bosquejo biográfico”, como se la define. Quizá allí resida lo más importante del planteo de Amigo lindo del alma: su lucidez en comprender el vano y fútil esfuerzo que tal empresa significaría. Mateo es inenarrable, es experiencial.

Nos faltan datos, nos faltan trazos, incluso de quienes participan como una de las partes de ese falso diálogo que sostenemos entrevistados y espectadores sobre la vida y la obra de Eduardo Mateo. Nos faltan datos hasta del propio vínculo que sostuvieron, dichos interlocutores, con Mateo. Ello no parece interesarle a Daniel Charlone. Es su decisión. (Por momentos, el propio aludido asoma como pretendiendo intervenir. Para reafirmarnos algo, aportarnos alguna información; para corregirnos. O hasta para pedirnos plata prestada, ese “impuesto a la belleza” que cobraba el “méndigo”, al decir de Jaime Roos).

Sí percibimos su contacto con él, el interés que despertaba, la solidaridad, el amor, la devoción, la reverencia, la huella, el atisbo de una herida, cierto culto, las ganas de que estuviera, de que volviera. Todo da pistas de un homenaje no explicitado. Uno más. Uno más de esos que intenta reparar una falta, algo no hecho a tiempo, un deber ser autoimpuesto por la cultura musical uruguaya, que trasciende la justicia de los merecimientos. El inútil intento de saldar una deuda que se presenta eterna. Mateo sigue siendo fuente, punto de partida, punto de encuentro.

Allí están las versiones para reafirmarlo: versiones cuidadas -al igual que su bello y significativo registro-, profesionales, logradas desde el respeto y la admiración, pero también pletóricas de cariño, de placer. Versiones gozadas. Así se ven, así se sienten: contagiosas. Celebran al Mateo que fue y al que pervive. Lo “vigencian”, si se me permite el neologismo.

Mientras tanto, alguien se cuela en la imagen y emula su andar, su caminar. Cabellera blanca, manos en los bolsillos de su campera, paso corto, sin prisa, pero sin pausa, a su vez. Las aceras lo acompañan. Mateo camina por Montevideo tanto como Montevideo camina a través de Mateo. También se deforma; cierto extrañamiento aparece en su percepción, reflejada en vitrinas, espejos y ventanas. Mateo y su “locura”, Mateo y la marihuana, Mateo y su sensibilidad incomprendida, Mateo y la genialidad de su potencia creativa, de su arte desbordante; el difícil de explicar, de imitar, de tocar, de cantar; el irrepetible.

Sin embargo, su ausencia es notoria en cierto momento. Se impone su presencia en pantalla; verlo; que bromee; que cante, que diga algo; algo más que lo que escuchamos por boca de otros. Charlone ha reivindicado su presencia por ausencia, ese reforzamiento de su estar sin estar, del estar a través de otros, a través de su palabra, de su música revisitada, resignificada. Es posible. Pero Mateo hace falta. Y no solo en la escena musical uruguaya, como podría desprenderse de todo el tributo expuesto. Hace falta en las imágenes. Sus breves apariciones no resultan ser suficientes. Sabemos del poco material audiovisual registrado, de su mala calidad, de lo costoso y caro de su tratamiento para recuperarlo -si es que llegara a ser posible-, del elevado costo que representa el propio trabajo con imágenes de archivo… Sin embargo, hace falta. Se lo echa de menos. También en pantalla.

A esta aparente necesidad de más Mateo en escena, se suma la sensación de cierta contradicción en la decisión creativa de Charlone: para el abordaje de una personalidad tan poco estructurada, y tan desestructurante, a la vez, una hechura fílmica algo rígida y previsible -muy estructurada, justamente- impresiona negativamente, por oposición.

De todos modos, ello no es óbice para valorar con alegría esta posibilidad de reencuentro, este cálido acercamiento a esa figura ineludible de la música uruguaya de la segunda mitad del siglo XX. Uno de esos imprescindibles -aun sin popularidad- que nos permite pensar los devenires posteriores. Pensarnos culturalmente.

Así como las calles de Montevideo y las casas de sus amigos lo vieron partir y llegar sin mucho aviso, así como sus compañeros ocasionales de ruta se vincularon con él sin comprender sus arribos y partidas, ni sus decisiones casi surrealistas a cabalidad, así lo presenta Charlone: inaccesible en su dimensión más honda, fugaz, inabarcable; presente. El fantasma de Mateo sigue haciéndonos compañía. Bien se lame.

Título original: Amigo lindo del alma. Uruguay, 2019, 75 min. Dirección: Daniel Charlone. Producción: Daniel Charlone. Fotografía: Marcelo Casacuberta. Sonido: Daniel Yafalián. Montaje: Pablo Banchero, Mauro Sarser, Thiago Silva. Entrevistas: Andrés Torrón. Elenco: Ruben Rada, Jaime Roos, Fernando Cabrera, Hugo Fattoruso, La Triple Nelson, Mateo x 6, Martín Buscaglia, Lito Nebbia, Alberto Wolf y Los Terapeutas, Mariana Ingold, Diane Denoir, Urbano Moraes, Estela Magnone, Jorge Trasante, Joe Vasconcellos, Guilherme de Alencar Pinto, Atilio Pérez da Cunha “Macunaíma”, Hugo Jasa, Wilson Negreyra, Eduardo Lockhart, Teresa Mateo, Mio Matsuda, Maca, Colectivo Remezclación, Nancy Charquero

Andrés Vartabedian (Revista Digital Vadenuevo, 04/09/2019)

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