«El gran Gatsby» (Eduardo Alvariza)

Redford versus DiCaprio: Ganó el viejo

Como actores, no hay comparación posible. Leonardo DiCaprio (Los Ángeles, 1974) ha dado varias muestras interpretativas de gran calidad, desde el adolescente subnormal de ¿A quién ama Gilbert Grape? (Lasse Hallström, 1993) hasta el veterano director del FBI en J. Edgar (Clint Eastwood, 2011). Más loquito o menos loquito, hacia afuera o hacia adentro, es un actor de carácter, avasallante y por lo general dispuesto a sorprender.

En cambio, lo mejor que podemos decir de Robert Redford (Santa Mónica, 1936) es que se ha comportado con dignidad en el gran concierto de las actuaciones. No ha dado ninguna clase magistral, donde el verdadero talento estalla en la mirada y se expande hacia los gestos y los movimientos. Podemos decir de Redford estuvo correcto en esta película o en aquella otra, pero genial nunca.

Pero, pero… siempre hay un pero. El viejo Redford está mucho más acertado como Gatsby que DiCaprio. Dio en el clavo del personaje. Tal vez lo supo adaptar a su porte distante, a su propia naturaleza poco dúctil a los gestos y a las expresiones. El actor más limitado le ganó al más histriónico con la vieja táctica de no mostrarlo todo, de ocultar, en definitiva de sugerir.

El Gatsby literario es un individuo solitario, misterioso, una presencia seductora de pasado incierto que a la larga se va convirtiendo en alguien más humilde y sencillo, quebrado, enamorado a pérdida, iluso. Pero esa sencillez que se termina de endosar a la majestuosidad de su casa y sus fiestas, es en definitiva la riqueza del propio personaje. Y así era Redford en la película de Jack Clayton.

DiCaprio cayó en la chatura, fue devorado por una versión de cotillón como la de Baz Luhrmann. En vez de actuar de Gatsby se compró una careta. De todos los actores que lo acompañaban en la empresa -y más aún con el rol principal a su cargo- debía esperarse lo mejor. Casi que no había competencia posible. Un tipo que fue capaz de hacer aquel desesperado y tremendo personaje de Solo un sueño (Revolutionary Road, de Sam Mendez, 2008), uno de los mejores de su generación… Y sin embargo, no, no y no.

Hay una secuencia altamente significativa y es la que ilustra el primer encuentro de Gatsby con su amada. Mientras Redford se muestra impaciente, nervioso, inseguro pero con una vaguedad que todavía incluye la extrañeza de un señor al que muy pocos llegarán a conocer a fondo. DiCaprio se lanza casi enseguida desde la impaciencia al amaneramiento histérico y fuera de control. Tal vez el director le pidió eso. O DiCaprio creyó que así era fiel a Fitzgerald. O estaba incómodo en el set y tenía que ir al trailer a ponerse una pomada.

Redford tenía 38 años cuando hizo de Gatsby. DiCaprio casi lo mismo. El viejo ganó, pero todavía seguimos esperando al gran Gatsby.

E.A.L. (Búsqueda, 23/05/2013)

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