“Candelaria” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

De la vejez y otras tribulaciones

UNO: de los años y la revolución

La vejez, a la cual la mayoría de los humanos espera llegar, difícilmente sea una etapa atractiva. Cuando se la representa en distintas formas expresivas, el cine entre ellas, se lo hace utilizando el falso edulcoramiento (patrimonio del cine de Hollywood, bien ejemplificado por “Miss Daisy” y sus cófrades), o bien en su amarga realidad (como lo han hecho notablemente varios films de relativamente reciente data, con la dolorosa Amour -2012- de Michael Haneke a la cabeza; seguida por la hispana Arrugas (2011) cine de animación de Ignacio Ferreras, y la uruguaya La demora (2012) de Rodrigo Plá.

Esa vejez cruel, de cuerpos fláccidos o groseramente redondeados, es la que hallamos en Candelaria, coproducción multinacional, dirigida por el colombiano Johnny Hendrix Hinestroza, film empero visceralmente cubano.

La pareja de octogenarios, notablemente interpretados por Virginia Lynn y Alden Knight, así como un amigo de estos (Manuel Viveros), son personajes delineados por sus aficiones (y trabajos) y un entorno físico y moral propio, de uno de los períodos más duros de existencia ocurridos al amparo de una revolución cubana presente solamente en los largos discursos de su líder, escuchados desde la implacable realidad cotidiana (carencia de agua, alimentos, energía eléctrica, etc. etc.).

Candelaria se desdobla, es un film sobre ancianos luchando contra su decrepitud, a la vez que un dolorido retrato de unos cubanos que no desean dejar de serlo, convirtiéndose en símbolo de los habitantes de la isla. Con sus pequeñas corrupciones materiales, procurando encubrir su degradación moral, con desencanto, con amenazas, con esperanzas, inermes ante un futuro incierto. Escuchando, sin escuchar, al líder que cual un orwelliano “Hermano Mayor”, lanza su arenga radiofónica distante de la dolorosa, miserable, existencia cotidiana.

Los apasionantes planteos éticos y políticos de Candelaria, poseen el sustento formidable constituido por su conmovedora historia de amor, a su vez apoyada en una descomunal labor interpretativa.

Por momentos excesivamente teatral, Candelaria es parte de una línea de fidelidad en lo que hace a la realidad cubana, detectable en el cine de la isla (y este lo es porque fue rodado en La Habana y cubanos son muchos de sus integrantes y cubana es su historia), luego de los primeros y formidables títulos de la primera hora de la Revolución, embebidos de optimismo no ajeno a la propaganda política.

El cine del bloque comunista europeo, expuso mayoritariamente un universo magnificado y paradisíaco, en el que difícilmente pudiesen reconocerse sus espectadores. El cine cubano, especialmente el surgido durante los llamados “períodos especiales” y tras la caída de la Unión Soviética, por el contrario, no disimuló terribles carencias, permitiendo a sus habitantes la total identificación con los personajes de la pantalla.

Candelaria es cine mayor a varias puntas.

DOS: a propósito de imperiohollywoodismo, comunismo y cultura fílmica

El arma de celuloide se titula un viejo y formidable libro de David Mannig White y Richard Averson (ed. Maryimar, 1975) en el que se registra como buena parte del mundo occidental tuvo, a través del cine hollywoodiano un paradigma existencial.

Elmer Rice con su novela Un viaje a Purilia (editada en español en 1946) brinda notable exégesis del culto a “Hollywood”, como ideal de vida.

El cine norteamericano ofrecía su modelo bajo una suma de represiones donde confluían las iglesias protestantes estadounidenses y también la Iglesia Católica, acaudillando esa cruzada moral. (Véase La cruzada contra el cine (1940 – 1975) y Hollywood censurado, ambas de Gregory Black, de la Universidad de Missouri).

Mientras ese imperialismo hollywoodiano fue desenmascarado en ensayos de difusión restringida por limitaciones culturales que le llevan a ser ignorado por los “mass-media”, el gran público acompaña dócilmente y sigue, hasta hoy, consumiendo esa producción que ha mitigado su apología de “american way of life” anteponiendo superhéroes, monstruos y zombis acompasados a las política abiertamente intervencionista, reconocida por el propio cine norteamericano tanto a nivel de los grandes sellos (Apocalypse Now, El francotirador, Regreso sin gloria, etc) como de los independientes (Johnny cogió su fusil, El calabozo, etc.).

Menos sutil, la propaganda del cine comunista, careció de aquello que lograran los intelectuales del mundo capitalista: su denuncia desde dentro mismo del cine, ya se tratara de algún sector liberal de la Academia o los bien documentados ensayistas.

El alzamiento húngaro de 1955 y la “primavera de Praga” de 1968, fueron registrados de modo más o menos directo por las cinematografías del bloque soviético, que también conoció sus momentos de mostrar los quiebres sociales en la propia Unión Soviética (Tengo 20 años -1964- de Marlen Jutsiev, es título emblemático).

En la URSS de Mijail Gorbachov, surge imparable el deseo de mostrar las cosas como son. El propio Gorbachov pareció dar muestras de ello, cuando sus fotografías dejaron de ser retocadas y la mancha que atravesaba su cabeza apareció tal cual era.

Sorprendentemente, la Embajada Soviética en Montevideo, comienza a distribuir el folleto El cine siempre debe decir la verdad, un texto de Elem Klimov, Presidente de la Unión de Cineastas de la URSS, editado por la Agencia de Prensa Novosti en 1987, en que se pulverizaban las antiguas visiones idílicas del cine comunista.

Los arquetipos de la capitalista sociedad de consumo, han hallado mil y una formas de penetración cultural, no dependiendo de la ocupación de pantalla que prosiguen acaparando. Las nuevas tecnologías se han sumado y colocado por delante. Nuestra existencia está expresada en “hamburgers” y su parafernalia de ofertas: de orgasmos con la mujer/hombre que puedes diseñar en la pantalla, a plantas de plástico para interiores, o la maravilla adelgazante que podrás obtener llamando ya al teléfono…

Quien visite Cuba, la reconocerá en la sórdida veracidad de su cine, quien sin acceder a la misma desee una visión sin deformaciones, de primera mano, la tendrá en su cine de las últimas décadas.

“El cine siempre debe decir la verdad”.

Candelaria” Cuba / Colombia / Argentina / Noruega / Alemania 2018. Director: Johnny Hendrix Hinestroza. Guiòn: María Camila Arias, Johnny Hendrix, Abel Arcos Soto, Carlos Quintela.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Exclusivo para accu.uy, 21/08/2019)

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