«El ganador» (Jaime Costa)

Peleas dentro y fuera del ring

Quien tenga una familia como la de Micky Ward (Mark Wahlberg) no debería jamás bajar la guardia. La madre Alice (Melissa Leo) fuma como una chimenea y tuvo seis hijas de un primer matrimonio, además de un varón, Dicky Eklund (Christian Bale), antes de casarse por segunda vez y seguir procreando. Ahora vive con su actual marido, George Ward (Jack McGee), pero mandonea a todo el mundo y tiene a todos los hijos bajo su regazo para que hagan exclusivamente lo que ella quiera. Hace años que esa mujer, aún bonita y con buena figura, hace de manager de Micky en sus frecuentes derrotas en el ring (ya tiene 31 años y no ha empezado a ganar), como antes lo fuera de Dicky, que es mayor, está destruido por la droga, es un charlatán y se pavonea porqeu una vez, allá por 1978, noqueó a Sugar Ray Leonard tal vez porque éste se distrajo o tuvo una mala noche.

Lo malo es que Dicky es el preparador de su medio hermano, pero falta a los entrenamientos porque está drogado o llega tarde a la pelea porque no sabe dónde está parado. Con ese panorama, la carrera de Micky no puede progresar, hasta que finalmente aparece Charlene (Amy Adams), una camarera muy suelta de lengua, y Micky empieza a ver las cosas de otra manera. Aunque en realidad no se sabe si ve algo, porque su expresión está siempre como ausente, acostumbrado a ser manejado por madre, hermano y hermanas, o mejor dicho manipulado. No decide nada, hasta que por azar Dicky mete la pata y va a parar (una vez más) a la cárcel, liberando al hermano de su fracasada presencia. Ahora puede ser el momento de la revancha.

Esta es una historia real y está muy ambientada en los años 80, pero es más una saga familiar que una película sobre boxeo, aunque este (mal) llamado deporte sea el nervio motor de todos los personajes. Comienza cuando HBO está haciendo un documental sobre Dicky, pero no acerca de su experiencia boxística y de su regreso, como cree él, sino como muestra de los nefastos efectos del crack sobre un ex deportista que pudo llegar a algo. Y Dicky es avasallante (herencia de la madre) pero anula a su medio hermano, que no puede o no sabe zafar de esa trampa familiar. Cuando comienza a salir con Charlene, se supone que debería lograr la aprobación de las ocho arpías que dirigen su vida, y esa reunión es la muestra cabal de lo que ellas son capaces de hacer para no perderlo de vista. Sin embargo, Micky tiene cierta independencia de movimientos, porque vive solo y depende de él mismo, pero fuera de su vivienda los tentáculos familiares son capaces de asfixiarlo, y no de amor precisamente.

Hay una falsa opinión de que la película es débil porque Mark Wahlberg como Micky hace de un tipo irresoluto y dominado. Pero es precisamente su fuerza. Lo que tiene que hacer el personaje es liberarse si puede de esa madre y ese hermano para crecer y dedicarse en serio a la profesión que ama (o tal vez la única que conoce), pero sin peleas mal programadas con tipos que pesan diez quilos más que él (que es peso welter) y lo vapulean, y con cierta disciplina para entrenar de acuerdo a los rivales con los que se va a enfrentar, conociendo sus mañas y ensayando sus propias tácticas. Recién cuando logra aplicar una metodología que Dicky jamás puedo inculcarle, se sentirá seguro y con confianza para empezar a recuperar el tiempo perdido y llegar a donde quiere, además de alguien que dirija su carrera en el sentido apropiado. Y tal vez también, en un secreto lugar de su memoria, quedan algunas buenas enseñanzas de esas que no se olvidan, y que sirven para dar vuelta una pelea en el último minuto. Pero ese no es un invento de película: es la recreación de un hecho real.

Las siete nominaciones al Oscar de El ganador pueden resultar sorpresivas, porque es un filme independiente y en apariencia no pretendía esa promoción extra. Compite como Mejor película, dirección, actor de reparto (Bale), dos actrices de reparto (Leo y Adams), libreto original (Scott Silver, Paul Tamasy, Eric Johnson, Keith Dorrington) y montaje (Pamela Martin). El director David O. Russell fue la segunda opción cuando Darren Aronofsky (El luchador, con Mickey Rourke) se apartó del proyecto, así que el coproductor Mark Wahlberg llamó a quien lo había dirigido en Tres reyes y en la no estrenada I Heart Huckabees, y no se equivocó. Tampoco eligió mal cuando Matt Damon y Brad Pitt no aceptaron el papel de Dicky, porque Christian Bale está impresionante. Perdió 15 quilos, luce desgarbado y demacrado, con los dientes estropeados y los pelos parados, una verdadera ruina. Pero todo lo que hace es un retrato cabal de un personaje que no parece recreado sino vivido de adentro, genuinamente y sin trucos. Al menos él merece un Oscar.

No se puede decir menos de Melissa Leo, la notable actriz de Río helado (por la cual estuvo nominada como figura principal). Como esa madre devoradora, se come la pantalla cada vez que aparece. habida cuenta de que las que hacen de hijas apenas abren la boca y está siempre rodeándola. Es como una fuerza de la naturaleza.

Por su parte, Amy Adams, aplaudida ya en La duda y en Julie y Julia, ofrece un matiz diferente, una mujer de carácter fuerte y decidido, justamente lo que Micky necesita para despabilarse. Todo el elenco está notable, formando ese grupo coral que hace avanzar la historia con la debida coherencia de que cada actor está en su personaje y que cada personaje está muy bien plantado. Hay muchas peleas en el ring, todas ellas de una dureza implacable, porque Micky era un boxeador que sabía absorber el castigo y acá lo castigan de sobra. También tenía un gancho de derecha fulminante. Pero las peleas son tanto dentro como fuera del ring, porque esa familia es algo difícil de llevar. Hasta para los que la miran de afuera.

A trompada limpia

Estos son algunos títulos donde el boxeo es el tema principal o al menos lo que define la esencia de sus personajes, con muchas estrellas famosas:

El campeón (The Champ, King Vidor, 1931). Wallace Beery es un boxeador de cuarta que trata de conservar a su pequeño hijo Jackie Cooper, quien lo idolatra. Tuvo una remake con Jon Voight en 1979, dirigida por Franco Zeffireli.

Honor y gloria (Kid Galahad, Michael Curtiz, 1937). Wayne Morris asciende a la fama rodeado nada menos que de Edward G. Robinson, Bette Davis y Humphrey Bogart. La remake de Phil Karlson en 1962 tenía canciones y a Elvis Presley.

Calidad de conquista (City for Conquest, Michael Curtiz, 1940). James Cagney lucha hasta quedar ciego por ayudar a su hermano músico Arthur Kennedy.

El caballero audaz (Gentleman Jim, Raoul Walsh, 1942). Errol Flynn como el campeón mundial James Corbett, con mucha acción y humor.

Carne y espíritu (Body and Soul, Robert Rossen, 1947). John Garfield se abre camino en su carrera sin reparar en medios poco honestos.

El luchador (The Set-Up, Robert Wise, 1949). Robert Ryan cae en manos de apostadores tramposos con desastrosos resultados.

El triunfador (Champion, Mark Robson, 1949). Kirk Douglas arrasa con todo hasta que una mujer fatal destruye su vida.

El estigma del arroyo (Somebody Up There Likes Me, Robert Wise, 1956). Paul Newman como el campeón Rocky Graziano y un entorno realista.

La caída de un ídolo (The Harder They Fall, Mark Robson, 1956). Humphrey Bogart como cínico agente de prensa de una camarilla mafiosa, denuncia finalmente la corrupción del boxeo.

Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, Luchino Visconti, 1959). Los hermanos Parondi, Rocco (Alain Delon) y Simone (Renato Salvatori) toman caminos opuestos en este furibundo melodrama familiar.

Requiem por un luchador (Requiem for a Heavyweight, Ralph Nelson, 1962). Anthony Quinn, como boxeador acabado, se corrompe y se degrada.

Ciudad dorada (Fat City, John Huston, 1972). El veterano Stacy Keach impulsa a su protegido Jeff Bridges en un vigoroso retrato del mundo del boxeo.

Rocky (John G. Avildsen, 1976). Sylvester Stallone en el papel de su vida como muchacho de barrio que triunfa moralmente gracias a su esfuerzo. Las numerosas secuelas nunca fueron dignas del original.

Toro salvaje (Raging Bull, Martin Scorsese, 1980). Tremenda performance de Robert De Niro como el boxeador Jake La Motta, en increíble transformación física.

Huracán (The Hurricane, Norman Jewison, 1999). Denzel Washington como Rubin Carter, el boxeador encarcelado injustamente, y su lucha por la libertad con música de Bob Dylan de fondo.

Muhammad Ali (Alí, Michael Mann, 2001). Will Smith como el joven y aclamado Cassius Clay en un fragmento crucial de su vida (1964-74), cuando se convierte al Islam.

Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004). La entrañable relación entre un viejo entrenador (Eastwood) y su joven discipula (Hilary Swank) en un drama conmovedor y trágico.

El luchador (Cinderella Man, Ron Howard, 2005). Russell Crowe como el campeón mundial Jim Braddock y su historia estimulante en medio de la Gran Depresión.

Christian Bale

Si no ganara el Oscar esta vez, sería una verdadera injusticia. Porque Christian Bale (nacido en Gales en 1974) es un actor que se esfuerza en cada papel, a veces hasta el límite de lo tolerable. Para El ganador adelgazó varios quilos, se afeó, lució una incipiente calvicie y realmente se mimetizó con el papel, como si dejara de ser él y pasara a ser ese ex boxeador adicto al crack, anárquico en sus hábitos, posesivo en sus afectos y con una indisimulable tendencia al fracaso, aunque el filme guarde cierta compensación para ese personaje real que una vez noqueó a Sugar Ray Leonard y vive de ese recuerdo.

Bale ya había hecho algo similar para El maquinista (2004, de Brad Anderson), donde había bajado casi 30 quilos y asustaba con su aspecto esquelético, correspondiente a un hombre que no podía dormir desde hace un año. Quien haya visto la corpulencia que exhibía en Batman inicia (2005, de Christopher Nolan) podría pensar que Bale era un camaleón que se transformaba continuamente, porque en Rescate al amanecer (2006, de Werner Herzog) volvía a adelgazar para interpretar el caso real de un piloto que lograba huir de un campo de prisioneros vietnamita donde había sido muy maltratado. Tal vez nunca oyó la anécdota de Laurence Olivier cuando, ante el aspecto deplorable de Dustin Hoffman en Maratón de la muerte, le dijo simplemente: «¿Y por qué no actúa?». Pero debe de haberla oído, aunque no le dé obviamente ninguna importancia. Porque lo que es actuar, vaya si actúa.

Su origen galés no ha sido impedimento para que personifique una variedad de papeles, porque sabe adaptar su acento a cualquier circunstancia. Puede hacer Shakespeare -y de hecho ya hizo dos: Enrique V (1989, de Kenneth Branagh), y Sueño de una noche de verano (1999, de Michael Hoffman)- pero puede ponerse en la piel de un cowboy con acento muy norteamericano en El tren de las 3:10 a Yuma (2007, de James Mangold), remake del clásico western de Delmer Daves de 1957 sobre un hombre pacífico que por azar (y por dinero) debe conducir a un peligroso pistolero a prisión, asesiado por una pandilla que no lo pierde de vista.

Cuando tenía 13 años, en 1987, protagonizó El imperio del sol para Steven Spielberg, y ya fue difícil olvidarse de él. Desde entonces, nunca dejó de trabajar, superando ese difícil lapso entre la niñez y la madurez. En El agente secreto (1996, de Christopher Hampton) convencía con el patético papel de un chico retardado al que usaban con fines siniestros, pero fue en Psicópata americano (2000, de Mary Harron) donde mostró toda su fuerza como el asesino serial yuppie de la novela de Bret Easton Ellis, donde estaba realmente impresionante.

Su flamante popularidad como el Bruce Wayne de la nueva saga de Batman no le ha hecho perder su instinto actoral, que saca a relucir en cuanto papel le toque en suerte, incluso en grandes producciones como El gran truco (2006, de Christopher Nolan), Terminator: La salvación (2007, de McG) o Enemigos públicos (2009, de Michael Mann). Pero es seguramente en películas independientes como El ganador donde se siente más a gusto y puede dar rienda suelta a su versatilidad. Es un hombre muy ocupado (ya hay otro Batman en carrera), pero recién cumplió 37 años y tiene algunos papeles que todavía no ha hecho.

«El ganador» (The Fighter) EEUU, 2010. Dirigida por David O. Russell. Con Mark Wahlberg, Christian Bale, Melissa Leo, Amy Adams, Mickey O’Keefe, Jack McGee, Melissa McMeekin, Bianca Hunter, Erica McDermott, Jill Ouigg, Dendrie Taylor, Kate B. O’Brien, Jenna Lamia. Duración: 115 minutos.

Jaime E. Costa (Búsqueda, 24/02/2011)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *