«Dobles vidas» (Martín Imer)

Reflexiona sobre los cambios culturales

Como bien afirma Olivier Assayas, director de esta película, en la introducción que escribió para presentarla en el mundo, la sociedad es una masa en continuo cambio, aunque muchas veces no terminemos de entender el porqué de estos, especialmente si uno como individuo siente que las cosas están bien de la forma en la que están. Día a día presenciamos como la ciencia y la tecnología van presentando diversas creaciones con el fin de hacer nuestra vida más sencilla y avanzada, pero también sucede que de vez en cuando nos encontramos también en un lugar cambiante: de testigos pasamos a ser rehenes de tanto progreso, tratando de aferrarnos a aquellas cosas que antes eran la norma pero ahora son inconvenientes, caras. Una de ellas es el disfrute del material físico con fines culturales; llámese libro, película o CD es innegable que estos placeres están haciendo una rápida transición a lo digital con la presencia de los e-book, el streaming y la descarga digital. Estas opciones pueden resultar, para un consumidor casual, una enorme ventaja, ya que tiene el mismo producto pero en una versión mucho más accesible, cómoda para los tiempos que uno tiene en el día a día y que no requiere de mucho espacio. Pero para quien disfruta de tener un espacio especial en su casa lleno de ese precioso material al alcance de su mano estas alternativas son el peor enemigo: en la colección hay un orgullo personal, tangible y disponible tanto para el consumo propio como para la exhibición a los otros, una forma de compartir tanto lo que tengo como lo que sé.

También hay otro cambio importantísimo a la hora de consumir información: los enormes medios de comunicación han tenido que abrirse a las distintas vías digitales nuevas que se nos presentaron a lo largo de estos últimos años (redes sociales, blogs). Actualmente cada individuo puede usar internet como un megáfono para hacerse escuchar, muchas veces aportando cosas útiles y valiosas o usando esta herramienta para herir y escudarse detrás del anonimato o la popularidad. La línea entre medios confiables y las tan famosas «fake news» (que siempre estuvieron, hay que decirlo, aunque antes bastante más comedidas, enmascaradas) es cada vez más delgada y borrosa; aquel respeto que imponía la figura que estaba en medios convencionales va en descenso y la idea general es de igualdad. Nunca estuvo más presente ese concepto que en la actualidad: la distancia entre autor y lector, comunicador y comunicado, se va achicando y es algo que puede ser positivo como negativo, recompensarte o profundamente hiriente. Mucho de eso se analiza durante el metraje de Dobles vidas.

Leonard y Alain son dos viejos amigos que además tienen una relación comercial: el primero es un escritor y el segundo su editor de siempre. En la primera escena del film los dos se reúnen para hablar del más reciente manuscrito de Leonard; trabajo que Alain por primera vez rechaza. La negativa es contundente y el escritor queda conmocionado aunque con la idea fija de que para él se trata de un gran libro, opinión que comparte Selena, esposa del editor, la cual tratará de cualquier forma de que el libro se publique, sobre todo porque entre ella y el autor hay un romance secreto. Pero no es el único: la editorial está en proceso de digitalizar toda su biblioteca por lo cual contratan a una joven para encargarse del proceso, la cual no tardará en enredarse con su jefe: Alain. Lo que sigue parece formar parte de uno de los libros de Leonard, quien no puede desligarse de sí mismo a la hora de escribir lo que todos consideran «auto ficción»: escribir sobre su vida y sus relaciones con los demás, poniéndoles nombres falsos aunque muy evidentes.

El resumen de la trama parece ser el de una comedia romántica de enredos y eso es lo que la película quiere que creamos: la anécdota menor le da forma al producto pero en realidad todo va por los carriles de la discusión sobre lo digital y lo físico; las formas cambiantes del consumismo y nuestra relación tanto con la cultura como con los cambios en general. La generación que retrata el film está en el medio de un mundo que les presenta una única propuesta: adaptarse o morir. Por supuesto que se trata de un fallecimiento metafórico, pero para alguien de 40 – 50 es lo mismo que la muerte en vida, la resistencia inútil a una forma de cultura en decadencia. Lo peor, tal vez, está del otro lado: la adaptación es para muchos una forma de traición e ignorancia. No hay un punto medio y el paso implacable del tiempo parecería obligar a estos personajes a decisiones extremas e irremediables para seguir estando en la onda, incluso a la fuerza. En los momentos de extensas conversaciones sobre el tema es donde más brilla esta producción a fuerza de un guion audaz e incisivo, tal vez demasiado insistente con el diálogo pero de todas formas atractivo, elevado por la calidad de sus intérpretes quienes aportan naturalidad a los roles y una dirección inteligente que va oxigenando al público con constantes movimientos de cámara y rápidos cambios de plano, evitando así que todo el conjunto termine por darle al espectador una sensación irremediable de claustrofobia. Es cierto que no es tan potente cuando se centra en la trama en si ya que no parece haber sido el principal interés de su autor pero incluso ahí es donde se agradece profundamente la presencia de una actriz fenomenal y todo terreno como la Binoche, que despliega todo su dinamismo y rango actoral en los momentos que el guion apuesta a la comedia y los enredos amorosos, haciendo gala de la complicidad que tiene con el director incluso en detalles menores como una insólita auto referencia que se haya en los momentos finales de la película.

Pero hay un punto clave sobre el debate principal que en Dobles vidas se esboza sin darle mucha importancia: la posición económica en la que uno debe encontrarse no sólo para poder darse el lujo de comprar algo en físico sino incluso de plantearse la alternativa. Por supuesto que hay durante el transcurso del film varias discusiones sobre el dinero pero todos los personajes se encuentran en una posición privilegiada, en donde no existe la necesidad de tener prioridades. Se conversa sobre las elecciones del público respecto a los precios (no sólo entre los e-books y los físicos sino también entre gustos, autores) pero siempre en la base de que el consumidor puede acceder a cualquiera de los dos y tiene la suficiente conciencia e inteligencia para darse cuenta de la diferencia. El problema con esto es que no existe un argumento contrario, algo con lo que exista una alternativa o una voz distinta que permita tener propiamente un cruce. Sólo en una soberbia conversación entre el editor Alain y la contratada Laure el espectador puede comprender que en definitiva todos estos cambios son estéticos, superficiales pero no alteran lo más importante: que los poderosos siempre serán los mismos y ganarán exactamente lo mismo no importa en qué forma mientras tenga resultado. Los intelectuales seguirán siéndolo, los incultos seguirán siéndolo y más allá de que cambien las formas nadie va permitir en definitiva un cambio radical que ponga en riesgo cimientos tan establecidos y que generen tanto poder a quien lo tenga como la cultura. Como bien cita la chica a El gatopardode Lampedusa, «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

Pero incluso asumiendo que el film sólo se centra en un sector social y sus inquietudes sobre el final el director toma una decisión que será lo que abra la polémica si el espectador entiende el mensaje: se corta radicalmente el debate propuesto para dar una resolución a la situación amorosa de los personajes. Por un lado es correcto, ya que cierra bastante bien el conflicto que se presentó durante gran parte de la película, pero por otro se puede tomar incluso como una forma de evadir el dar una opinión propia sobre el tema, algo contundente que marque la posición tomada del film y por ende de su realizador. No queda del todo claro si en definitiva Assayas está a favor o en contra de la tecnología, algo que debe haber sido su intención pero que puede ser esbozado en una decisión estética fundamental: la película está rodada en fílmico, concretamente en Súper 16mm y su aspecto es efectivamente el de una película diferente, evocando a una forma de hacer y ver cada vez más nostálgica. No creo que sea un olvido: en Personal Shopper hay un accionar exactamente igual en su conclusión, cerrando la «trama principal» pero dejando deliberadamente abierta otra vertiente que era mucho más interesante. En este caso la indefinición va por otro lado y no es tan frustrante como en el film anterior pero no deja de llamar la atención dentro de un producto atractivo e interesante, que da pie a una discusión interesante tanto en sus temas como en sus formas, en sus observaciones como en sus puntos ciegos.

Dobles vidas” (Doubles vies, Francia, 2018) Guion y dirección: Olivier Assayas. Montaje: Simon Jacquet. Fotografía: Yorick Le Saux. Con Guillaume Canet, Juliette Binoche, Vincent Macaigne, Christa Théret, Nora Hamzawi.

Martín Imer (Exclusivo para ACCU, 31/07/2019)

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