«Una guerra de película» (Eduardo Alvariza)

Mariquitas en la selva

Es realmente graciosa, pero por encima de todas las cosas, inteligente. En el primer nivel hay una burla explícita a las películas de guerra, en especial a las que trataron el tema de Vietnam, esa herida que aún continúa supurando, y más específicamente a Pelotón, con una buena dosis de chorros de sangre, vísceras al descubierto, soldados que agonizan y dicen no sentir sus piernas y héroes que caen de rodillas en cámara lenta, con los brazos hacia el cielo, una imagen que ha inmortalizado Willem Dafoe y el afiche correspondiente.

Pero con gran velocidad e ingenio Una guerra de película se transforma en un brulote sobre el cine y su trastienda, tratando los consabidos intereses económicos, las pujas por mantener el control de la filmación, las presuntas aristas artísticas, las peleas, los cambios en el guión, las manías de los actores y la mayor o menor compenetración con los personajes que deben interpretar. En una palabra: la locura que implica hacer cine. De un lado, los que financian la empresa y viven en un universo de números; del otro, los que gastan ese dinero y viven en un universo estético.

Es así que un grupo de actores, algunos multipremiados como el australiano Kirk Lazarus (Robert Downey Jr., impecable como siempre), otros intentando borrar una imagen de comedia barata como Jeff Portnoy (Jack Black, en su salsa) o en franca decadencia como Tugg Speedman (Ben Stiller, sumamente eficaz), se encuentran en plena selva rodando la clásica contienda bélica entre yanquis y charlicong, bajo las órdenes de un director inglés un tanto alterado (Steve Coogan, muy bien) que se llama… Damien Cockburn (en español sería Damien Pijaquemada).

Las cosas no salen como deberían porque en una escena digna de Peter Sellers, alguien desatina con una buena dosis de napalm. Acto seguido llega la micción vía satélite del productor a todo el equipo de rodaje, un ametrallamiento de insultos de los más bajos, víboras, arañas y jabalíes rumiantes que salen de la boca de Les Grossman, un señor regordete, pelado y fanático del rap (Tom Cruise, absolutamente genial).

Como toda empresa que intente desentrañar qué fue lo que ocurrió realmente en Vietnam, ésta también lleva un asesor, un hombre que experimentó en carne propia el lodo, los ruidos de la selva, las mutilaciones y el indescriptible sonido que hace un hombre al morir en manos de los sucios amarillos, es decir, un veterano de guerra, un duro que dice tener pesadillas cada vez que duerme en una cama y asegura haber conocido cara a cara el horror. Pues bien: este veterano (Nick Nolte, un papel hecho a medida) aconseja al director colocar minicámaras escondidas en el corazón de la jungla y «soltar al pelotón de actores mariquitas para que sepan lo que es bueno», lejos de sus trailers con aire acondicionado, celulares y crema de enjuague. Y así, con la cercanía de una refinería de heroína y un grupo de narcotraficantes, empieza la verdadera guerra de película.

Hay chistes de brocha gorda con otros más finos, pero ambos conviven bien. Al fin de cuentas estamos en la selva, y en la selva hay de todo, arriba hermosas estrellas y abajo cada de animales.

Stiller tiene dos momentos sublimes: cuando hace de tarado cien por ciento tarado, y cuando vira hacia la oscuridad tipo Kurtz y habla desde las tinieblas, porque ha tenido la suerte de hacer «una función diaria a teatro lleno».

Una película de Vietnam, aunque sea una comedia, necesita muy buena música, algo así como el contrapeso necesario para combatir la humedad y la frondosa vegetación. Y aquí sobresalen los veteranos Tom Fogerty y Edgar Winter, quienes conocieron los ’60 en toda su dimensión y excesos. Y además suena el vampiro Mick Jagger, que sigue tan campante.

Para los cinéfilos hay un festín aparte, con muchas referencias a películas y algunos rostros celebres a descubrir en brevísimas apariciones: Mickey Rooney, Tobey Maguire, Jon Voight (que supo ser una víctima de Vietnam en Regreso sin gloria), Alicia Silverstone y Jennifer Love Hewitt.

El guión está firmado por Ben Stiller, Justin Theroux y Etan Cohen (ojo, no confundir con Ethan Coen, el hermano de Joel), y goza de buena salud hasta el final. Lo mismo puede decirse de la dirección de Stiller: es su mejor comedia. Hasta Matthew McConaughey está bien.

«Una guerra de película» (Tropic Thunder) EE.UU., 2008. Dirección: Ben Stiller. Guión: Ben Stiller, Justin Theroux y Etan Cohen. Duración: 107 minutos.

E.A.L. (Búsqueda)

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