“El cisne” (Pablo Delucis)

La edad de la inocencia

Asa Helga Hjörleifsdóttir, directora y coguionista del film, debuta en el largo basándose en una novela de 1991 de Guobergur Bergsson que lleva el mismo nombre de la película.

Ya de entrada advertimos que el relato, será a través de los ojos de Sól, una niña de 9 años cuyos padres se están separando y que, siguiendo una especie de tradición islandesa, es enviada a manera de castigo al medio rural a la granja de unos parientes lejanos. Se parte de que el contacto con la naturaleza, y la falta de todo lo que una niña de ciudad – celular incluido – tiene incorporado en su vida, puede mejorar un comportamiento no del todo ejemplar. En su devenir, la película de forma sutil y equilibrada, dejará en claro que el vivir en ese medio, tampoco es garantía de buen proceder.

El hecho de que justamente la realidad sea observada a través de una niña, no significa que lo que se trate carezca de profundidad. Si bien esos ojos se sorprenderán ante algunos hechos hasta entonces desconocidos, el autodescubrimiento, y el experimentar determinadas pulsiones – la sexual, por ejemplo – la irán acercando a sentimientos y estados, ya más maduros.

Lo onírico y la realidad mezclada con la fantasía, son una constante a lo largo de la narración. Helga maneja con buen pulso y equilibrio situaciones en que lo fantástico sale a luz en especial en los momentos en que el dolor y el sufrimiento parecen volverse asfixiantes. Una cámara generalmente en mano y nerviosa y que diversifica eficazmente sus planos, se apoya en la notable fotografía de Martín Neumeyer para sacar el mejor partido de una geografía que en su paisaje aúna lo áspero del medio, pero también lo que tiene de encantador y subyugante.

Aparte del personaje de Sol – gran labor de la niña Grima Valsdóttir – hay otros dos que resultan cruciales en la historia. Se trata de Asta, la hija del matrimonio dueño de la granja, y de Jón, un peón rural que acude al lugar todas las temporadas. Ambos con poco más de 20 años, generan entre sí y cada uno por su lado con Sól, un vínculo que como en abanico, desata emociones, amores y traiciones. Bien puede decirse que en las profundas conversaciones entre Sól y Jón, está la verdadera esencia de un filme que a medida que crece en intensidad dramática se vuelve más atractivo y fascinante.

Para el final, dos hechos que llaman la atención. El primero, es el beneplácito que genera el que llegue una película de Islandia, algo para nada común y que además de – como en este caso al menos – poder disfrutar de un buen trabajo, nos permite conocer usos y costumbres bastante dispares a las que estamos acostumbrados. El segundo punto quizás es más subjetivo y pueda explicarse en parte por lo anterior. El que se tome como natural que una niña de 9 años comparta cuarto con un adulto desconocido, y la indudable atracción que se genera entre ambos – un tímido beso en los labios es la prueba evidente -, bordea límites por momentos un tanto inquietantes. De todas formas, vale aclarar, que todo se enmarca en el tono y en las situaciones que el film quiere plantear, pero por estos lados y en estos tiempos no pasa desapercibido.

Pablo Delucis (Cartelera, 30/07/2019)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *