«Los últimos románticos» (Analía Filosi)

“El Perro” y “El Gordo” matan el tiempo en el balneario costero de Pueblo Grande fumando porro. El primero trabaja –sin muchas ganas- como jardinero de las casas que los europeos compran para venir a vivir la última parte de sus vidas; el segundo cuida un hotel abandonado propiedad de un matrimonio austríaco que solo aparece dos veces por año, lo que lo habilita a tener allí una plantación clandestina de marihuana con su amigo. Ambos se dedican también a escribir guiones de cine juntos, inspirándose en los hermanos Coen hasta en los títulos que les quieren poner. No pasa más que eso en la vida de los dos -salvo que “El Perro” tiene una esposa y dos hijos que mantener-, hasta que uno se topa con un botín de millones de euros del que parece muy sencillo apropiarse. Complica las cosas que anda un nuevo comisario en la zona, recién llegado de Montevideo. Esta coproducción argentino-uruguaya tiene de Uruguay esa idiosincrasia de los pueblitos o balnearios costeros en los que los lugareños dependen del movimiento turístico. Mientras este no existe, se mueven a su cansino ritmo. Y Argentina podríamos decir que aporta un relato que termina jugándose más al policial con toques de comedia negra que, afortunadamente, le impide caer en ese costumbrismo de historias sin final del que las películas uruguayas parecen no poder escapar. De ahí que la película se siga con mucha atención, que el guión convenza y que las vueltas de tuerca estén muy bien pensadas (más allá de que alguna se pueda adivinar). Mucho le deben a Juan Minujín y Néstor Guzzini, dos enormes actores entre los que se establece la química ideal para que el cuento llegue a buen puerto y con mucha naturalidad. Adrián Navarro también está muy bien en el personaje de policía de pueblo. Un buen programa para pasar el rato y salir conforme. 

Analía Filosi (Sábado Show, 26/07/2019)

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