«Gángster americano» (Eduardo Alvariza)

Amo y señor de Harlem

Sólo por haber filmado Los duelistas, Alien, el octavo pasajero, Blade Runner y Thelma y Louise, el cineasta británico Ridley Scott merece un lugar entre los artistas más destacados de la imagen. Pero además de estos clásicos, Scott tiene otras películas interesantes que hablan de la diversidad temática en la que se mueve con comodidad: los policiales Peligro en la noche y Lluvia negra; las aventuras históricas 1492, la conquista del paraíso, Gladiador y Cruzada y la bélica La caída del Halcón Negro. Para hacer honor a la verdad, digamos que también bodrios como Leyenda, Hasta el límite y Hannibal.

Con Gángster americano, Scott vuelve al género policial. Basada en un caso real, la película cuenta el ascenso hacia el Olimpo de los dólares del narcotraficante afroamericano Frank Lucas (Denzel Washington), un sujeto que a fines de los ’60 y comienzos de los ’70 llegó a tener más poder que la mafia vendiendo la mejor heroína, traída directamente de Asia, al precio más barato. Lucas aprendió modales, secretos del prójimo y negocios trabajando junto a Bumpy Johnson, un conocedor del bajo mundo que lo apadrinó hasta su muerte.

Para hacer frente al poderoso maleante es necesario tener un policía e incipiente abogado con fuertes convicciones éticas como Richie Roberts (Russell Crowe), capaz de encontrar un millón de dólares en la maleta de un auto «sucio» y devolverlos a las autoridades ante la mirada atónita de su compañero, que ya se relamía con la posibilidad de disponer de semejante montaña de billetes. La honestidad de Roberts no le vale de nada en la vida afectiva, quebrada por un reciente divorcio y la pérdida de la custodia de su hijo.

En aquel entonces las calles de Harlem eran tan peligrosas como la jungla en la que se encontraban empantanados los soldados norteamericanos en Vietnam. La pesadumbre de la guerra, el paulatino goteo de la derrota, es una constante a través de las pantallas de televisión y del rostro apesadumbrado de Richard Nixon, lanzando advertencias en nombre del mundo libre. Los soldados se inyectaban heroína en los prostíbulos de Saigón, en tanto los yonquis neoyorquinos hacían lo propio con los sobrecitos de Blue Magic, manufacturados en el cuartel general de Lucas, donde las trabajadoras mezclaban y pesaban la mercancía desnudas, una curiosa disposición para evitar los robos.

La adicción a los opiáceos no solo ganaba terreno entre los soldados y los marginados de la ciudad. La corrupción policial también se ponía en sintonía con el mal aliento de las calles. Hay un chiste recurrente en Gángster americano y es que nadie puede creer (ni policías ni maleantes) que Roberts haya devuelto el millón de dólares.

No hay que esperar nada nuevo ni deslumbrante a nivel cinematográfico, pero lo que está servido está muy bien servido, con una reconstrucción de los ’70 en varios planos (aquellos pantalones, aquellas camisas, aquellos autos y aquella música) y una fotografía opaca, de colores bajos. Si bien hay referencias boxísticas puntuales (la pelea entre Alí y Frazier) e incluso a películas de la época como Contacto en Francia de William Friedkin, no hay lugar para la nostalgia ni para remansos placenteros. El tono de la película es duro, cortante, y es una buena decisión que debe agradecerse al guionista Steven Zaillian (La lista de Schindler, Pandillas de Nueva York) y al propio Scott.

Alguien llamó a esta película una «Caracortada negra» o «El Padrino de Harlem». Nunca se sabe cuando ni exactamente por qué una realización se termina convirtiendo en un clásico, pero es probable que Gángster americano de un modo u otro se haga un lugar entre los mejores ejemplos policiales de Brian De Palma, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese.

El elenco, en cambio, es desparejo. Por un lado destacan el sobrio rendimiento de Russell Crowe y las pequeñas apariciones de Cuba Gooding Jr., Carla Gugino, Ted Levine y Josh Brolin. Decepciona, en cambio, que Denzel Washington no pueda salir de su acostumbrado hombre recio, bueno o malo, que lanza miraditas pesadas a su alrededor. Lo mismo sucede con Armand Assante, un abonado a los papeles de mafioso descarado y de una sola pieza.

Más allá del éxito comercial que obtenga la película y sin develar nada importante de su desenlace, la historia de Frank Lucas merecería una segunda parte, que en cierta forma está anunciada, aunque tal vez no sería exactamente un policial o una de gángsters.

«Gángster americano» (American Gangster) EE.UU., 2007. Dirección: Ridley Scott. Guión: Steve Zaillian, basado en un trabajo periodístico de Mark Jacobson. Denzel Washington, Russell Crowe, Chiwetel Ejiofor, Josh Brolin, Lymari Nadal, Rza, Yul Vázquez, Ruby Dee. Duración: 157′

Eduardo Alvariza (Búsqueda, 17/01/2008)

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